5. INSERCIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR DIPUTADO KOENIG

Sostenibilidad de la Deuda Pública

La deuda externa es una gran estafa. No existe ningún periodo de nuestra historia en que podamos comprobar que el incremento significativo de la deuda redundó en mejoramiento de las condiciones de vida para los sectores populares.
Alejandro Olmos, militante de la resistencia peronista y denunciante del fraude de la deuda externa de la última dictadura genocida, impulsó una causa donde finalmente se probaron las responsabilidades de aquella estafa. Olmos afirmó: “La deuda es el cáncer que carcome las instituciones y envilece a los gobernantes. Desaloja a los trabajadores de las fábricas y del campo, mientras arroja al desamparo a las víctimas de los ajustes.”
El 13 de julio pasado se cumplieron veinte años del histórico fallo del juez Ballesteros, que aunque llegó tarde y cuando las penas estaban prescriptas, corroboró la existencia de cuatrocientos setenta y siete ilícitos.
El fallo no solo condenaba la acción de los máximos responsables políticos y económicos, sino también de directivos y gerentes de empresas públicas y privadas. A los privados, el entonces director del Banco Central, Domingo Cavallo, les estatizó la deuda. Entre ellos, al grupo Macri. Las empresas públicas eran obligadas a endeudarse para obtener divisas que quedaban en el Banco Central, para luego ser volcadas al mercado de cambios. Esto fue el principio de su vaciamiento, que acabó legitimando su privatización en los noventa.
Este fallo expresaba la existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto plazo y altas tasas de interés en el mercado interno. Todo eso, como dirían en Palermo Hollywood, sazonado con ajuste permanente y acompañado de un nutrido colchón de fuga de divisas.
Cualquier similitud con la realidad reciente de la Argentina, lamentablemente, no es una mera casualidad.
Esta breve síntesis tal vez nos sirve de marco teórico para analizar la tragedia a la que nuestro país fue sometido por un gobierno que dejó a la Argentina en un estado de virtual default.
Según el informe "Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019", del Banco Central de mayo de 2020, entre diciembre de 2015 y principios de 2018, aproximadamente 8 de cada 10 dólares que ingresaron al país desde el exterior tenían su origen en colocaciones de deuda y capitales especulativos. ¿Será esa la lluvia de inversiones de las que hablaba el macrismo? La deuda externa, igual que siempre, no implicó ningún impacto positivo en la vida de los pueblos. Igual que siempre, los gurúes económicos se paseaban por los diferentes medios de comunicación exaltando las virtudes de endeudarse.
Mientras tanto, la deuda se convirtió en una carga desproporcionada. En 2019, el peso de la deuda pública alcanzó una incidencia del 90 por ciento del PBI y sus intereses comprometieron más del 20 por ciento de los recursos tributarios. La deuda denominada en moneda extranjera representa 5,6 veces el valor de las reservas internacionales en poder del BCRA y 3,8 veces el monto de las exportaciones anuales de bienes.
La contracara de esta fenomenal deuda fue una abultada fuga de capitales.
El informe del Banco Central sostiene: “La fuga de capitales presenta en el período una notable concentración en unos pocos actores.” Y realmente es notable. El uno por ciento de las empresas que compraron dólares, lo hicieron por 41.124 millones de dólares. Y el uno por ciento de las personas físicas, compró 16.200 millones de dólares.
El informe es demoledor en sus conclusiones e indica que la fuga de más de 86 mil millones de dólares en concepto de formación de activos externos tiene su equivalencia en términos de menor crecimiento e inversión, mayor desempleo y deterioro en la distribución del ingreso.
La deuda de ese periodo tiene cifras notoriamente similares. Argentina ha liderado desde 2016 el ranking de países de mayor emisión de deuda entre los países emergentes. ¿Alguien vio en ese periodo un mejoramiento correlativo de la vida de los argentinos y las argentinas?
Todos recordamos las palabras del ministro Dujovne diciendo que cuando Macri asumió, el país estaba altamente desendeudado. Porque el endeudamiento se mide en relación con el PBI y con la capacidad de pago de una nación. La única verdad es la realidad, aunque desde la bancada de la derecha se pretenda licuar las responsabilidades diciendo que todos los gobiernos contrajeron deuda. El gobierno del ingeniero Macri vino, entre otras cosas, para hacer subir exponencialmente la deuda y beneficiar a los fugadores.
Si hay algo que reconocerle al gobierno del Macri es que empujó al mismísimo FMI a violar sus estatutos al prestar unas cifras sin precedentes a país alguno y destinadas mayoritariamente a la fuga de divisas. ¿No hay responsabilidades de los bonistas y del FMI en prestar irresponsablemente?
El peronismo en el gobierno, salvo una excepción, siempre ha iniciado ciclos de desendeudamiento, consciente de que su bandera es la liberación de la patria. El primer gobierno del general Perón fue el primero en cancelar totalmente la deuda en el año 1948, declarando el 9 de julio de 1949 en la ciudad de Tucumán la independencia económica. Lo mismo ocurrió con los gobiernos peronistas de Néstor y Cristina.
Eso mismo vamos a hacer ahora. El presidente Alberto Fernández ha tomado una firme decisión en este sentido. Ayer el ministro Martín Guzmán cerró un acuerdo con los acreedores que hace a la deuda sostenible, es decir, pagable. Y esto empieza a marcar la diferencia con la contraída irresponsablemente por Caputo y su banda del “mejor equipo de los últimos cincuenta años”.
En medio de esta situación acuciante que vive el mundo y que por supuesto afecta a nuestro país, es una buena noticia comenzar a cerrar un capítulo del desastre económico-financiero que dejó Macri. Sabemos que toda negociación implica ceder parte de lo que se cree. Saber gobernar es saber hacerse cargo.
Cada vez que el neoliberalismo fue hegemónico, desde la dictadura genocida para acá, incluido el periodo de Menem en que se impuso ese programa utilizando en vano el nombre de Perón y Evita, lo que hicieron fue incrementar la deuda. Y eso lo acompañaron con las palabras explicitas o implícitas que pronunciaran los liberales decimonónicos en boca de Avellaneda en 1876 en este Congreso: “Ahorraremos sobre el hambre y la sed de los argentinos para honrar la deuda.” Honrar la deuda… Ajustes y privaciones para pagar esa gran estafa, esa cadena de dependencia, enriqueciendo a los mismos de siempre y empobreciendo al pueblo.
Pues bien, nosotros también queremos honrar la deuda y reconocemos solo una deuda principal, que está por encima de todas las otras deudas: la deuda que el Estado tiene con las grandes mayorías que se ven privadas de todo y sufren esta pandemia más que nadie; mientras algunos, como ese que es mejor turista que presidente, está dándose la gran vida en París en un hotel que cuesta 1.800 euros la noche. Para nosotros es claro: la deuda es con el pueblo.
Muchas gracias, señor presidente.

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