13. INSERCIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR DIPUTADO MONGELÓ

Indemnización a ex agentes de Yacimientos Petrolíferos Fiscales S.A. que no hubieran sido incluidos en el Programa de Propiedad Participada

Voy a iniciar mis palabras con una frase histórica del Presidente Néstor Kirchner que todos recordarán, decía Néstor el 24 de marzo del 2004 en ocasión de crearse el Museo de la Memoria en la ex Esma: “Vengo a pedir perdón de parte del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades. No es rencor ni odio lo que nos guía, sino justicia y lucha contra la impunidad”.
Hoy, con éste proyecto los diputados presentes deberíamos decir algo similar a los trabajadores de YPF, luego de tantos años, se votará una reparación histórica en nombre del Estado argentino. La historia dirá que es éste gobierno y no otro el que reparó una injusticia originada en la privatización de la petrolera nacional, hubo que esperar es cierto, había que nacionalizar nuevamente YPF, había que hacerla crecer, valorar, hacerla nuevamente pujante, y ahora luego de un periodo de tan solo tres años desde su nacionalización, es éste Gobierno en nombre del Estado argentino quien reconoce y asume el compromiso de resarcir a los ex trabajadores, a la familia ypefiana distribuida a lo largo de todo el país.
Entre diversos hechos acaecidos en la democracia, hubo dos sucesos que fueron tragedias económicas y culturales en nuestro país. Uno fue el desguace del ferrocarril, otro, la entrega de YPF.
Cuando se decidió devastar el sistema ferroviario argentino, miles de familias se quedaron sin trabajo, y centenares de pueblos desaparecieron, con ellos una cultura, una jerga, una manera de humanizar los mapas y de entender la espera, los adioses y las bienvenidas, la distancia de un abrazo, una forma de tomar mate, de celebrar diversos oficios: vendedores ambulantes, changarines, guardas; ceremonias en los andenes de domingo, jefes de estación (que tenían como hogar la estación) empanadas, vino y carnavales de vagones, santos de durmientes, patrias de trocha y terraplén. Del mismo modo, cuando se entregó YPF a la angurria neoliberal, no sólo destrozaron la empresa nacional más importante, sino que también destruyeron una cultura: la cultura ypefiana, la identidad del trabajador de YPF.
YPF, al igual que el ferrocarril, fue madre de pueblos, ciudades, parajes, escuelas, clubes, pero sobre todas las cosas YPF fue formadora de almas, creadora de identidades. El ypefiano era un obrero de los vientos (no de los vientos de los meteorólogos, sino de los vientos de pueblo) sus medallas eran las manchas de petróleo en el overol, su oficina los páramos, su gran compañera, la distancia. Subido a los cielos provincianos, en las alturas de la Argentina profunda, el ypefiano demostró su amor por la tierra, hundido en los pozos del país elevó su corazón latinoamericano, consolidando su identidad: era del país de YPF, ese país que le permitía el pan de la infancia y del porvenir, el hospital, la obra social y la integración de las regiones a través de la cultura del trabajo. Era del país de YPF, ese que trasladó al catamarqueño con su vidala a Santa Cruz, o el que llevó al fueguino a Salta (donde fue acechado por el Coquena) o al chaqueño a Chubut (donde cambió los secretos del Bermejo por el balbuceo infinito del Atlántico) ese mismo país de YPF que le brindó escuela a sus hijos, y esa ropa que compraba con descuento en la proveeduría de YPF.
El ypefiano pertenecía a esa empresa donde los compañeros de trabajo eran un mismo cuerpo: hombros, brazos, piernas, manos, cabezas, corazones, aunque también eran un alma, un alma subida a los hierros del país, a los autos que había que hacer magia para hacerlos funcionar, pero que siempre llegaban a donde debían llegar, porque el ypefiano se sentía tan de esta tierra como el petróleo que sacaba. ¡Qué iban a entender los técnicos economistas! ¡Qué iban a saber los señoritos educados en Chicago del Coquena, del Bermejo, de la proveeduría de YPF, de la escuela! Ellos que fueron instruidos en la idea de que lo civilizado es lo extranjero, cómo iban a comprender lo que era YPF para Mosconi y Tartagal, ellos que obtuvieron sus doctorados en Chicago, qué iban a saber de Ciudad Esteco, de los que significa una ciudad espectral, de lo que es el acecho de un pueblo fantasma. Mientras ellos hablaban de números, los ypefianos confundían su silencio con la tierra, mientras los pulcros economistas daban sendos argumentos a favor de la privatización de YPF, los ypefianos consagraban sus cuerpos y almas a salvar ese hogar, esa cultura, ese modo de ser, ese símbolo llamado YPF. Por eso vale destacar las dignas puebladas y las luchas de los ypefianos.
Sabemos lo que consiguió la privatización: desierto, desierto y desierto. Más de 50.000 ypefianos despedidos. Sin embargo, ellos fueron ypefianos hasta sus últimos días. Muchos no aguantaron y se suicidaron, otros, con la voz envejecida, pero con el espíritu joven de lucha, siguen recordando esa batalla cultural perdida. Las voces de estos viejos ypefianos son otros de los himnos de nuestra patria, himnos que no se escuchan en los patios de las escuelas, ni en las fechas patrias, aunque estos himnos son ecos en el alma de muchos pueblos, parajes y ciudades donde YPF será siempre la patria que está por regresar. Tal vez la patria que ya está regresando.
Hoy podemos decir, “tenemos patria”, porque hay un gobierno que se hace cargo, es éste el gobierno que quedará en la historia como el gobierno de los grandes resarcimientos, de las políticas reparatorias, porque éste proyecto es eso justamente, una política más reparatoria que encaramos en nombre del Estado Argentino que despojo de sus derechos a miles de trabajadores.
Como diputado del pueblo, me siento orgulloso de terminar mi mandato tratando y votando otro proyecto de Ley que favorece a los trabajadores de mi patria, a los ya legendarios trabajadores ypefianos de nuestra histórica empresa petrolera YPF, hoy haciendo honores nuevamente a su denominación de YPF; Yacimientos Petrolíferos Fiscales, hoy ciento con profunda emoción como la empresa de todos los argentinos abraza y reconoce a sus hijos y a su gran familia, la de los ypefianos de todo el país.
 

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