34. INSERCIÓN SOLICITADA POR LA SEÑORA DIPUTADA VILLAR MOLINA

Para los que venimos del interior y hemos nacido, crecido, estudiado, trabajado, y formado nuestras familias bajo una fuerte presencia estatal, sabemos lo que implican las políticas de desarrollo para el pueblo: salud, educación, vivienda, trabajo, en definitiva bienestar; y no es casualidad que un servicio público como el que tratamos hoy, “el ferrocarril”, aparezca estratégicamente asociado al desarrollo y bienestar de cualquier pueblo, región o país.
Todos aquellos pueblos nacidos en los lugares más recónditos e inhóspitos, han prosperado acompañados por la presencia del Estado. El Estado administrador, el Estado empresa, el Estado ejecutor, el Estado creador, el Estado protector, es decir, el “Estado de bienestar”. Donde existió una empresa del Estado siempre hubo bienestar para el pueblo y desarrollo del país.
Los ferrocarriles en la República Argentina fueron, son y serán siempre símbolo de progreso para todos los pueblos alejados de las grandes urbes beneficiadas por la concentración de recursos económicos, tecnológicos y humanos. El ferrocarril es el medio en el que se traslada a valores accesibles la clase trabajadora de las grandes ciudades. Solo estos dos conceptos describen la trascendencia de una prestación eficiente en el servicio de transporte ferroviario.
Es la eficiencia lo que debe primar como un valor. Un equilibrio armonioso en las variables costo–calidad, no se puede esperar que un medio como los ferrocarriles sea un instrumento solo para lucrar a expensas de la gente, como pretenden algunos privados. Los ferrocarriles en nuestro país deben cumplir la misma función social que cumple un hospital, es decir estar al servicio de la gente y para ello debemos apelar a los mejores administradores de gestión estatal, que representen los intereses de sus usuarios. Los bienes públicos no son un instrumento o eje de ajuste en la ecuación económica del Estado, los bienes públicos son los que garantizan un pueblo saludable, educado, seguro, justo y símbolo de nación, es decir un país con identidad.
Por eso, tomar la firme decisión de que el servicio de transporte ferroviario pase a ser administrado por el Estado no puede ser cuestionada, ni rechazada. Es una decisión por la cual se le devuelve al pueblo lo que es de su propiedad, como lo expresara en su canción el entrañable y querido hombre Patagónico (PIERO), “para el pueblo lo que es del pueblo, porque el pueblo se lo ganó”.
No es una frase hecha, sino que un sentimiento arraigado por siempre. A lo largo y a lo ancho del país todavía se divisan algunos carteles indicativos a la vera de las rutas que encierran ese sentimiento, estaciones ferroviarias con la leyenda “patria”, esa es la función y el sentimiento que nos despiertan los ferrocarriles, el sentimiento de la patria.
En otros tiempos en los que el mundo giraba por otros rumbos, nuestro país no fue ajeno a estos giros , y así algunos iluminados en la década del noventa expresaron que los ferrocarriles regalados eran caros para el Estado , era la época de las privatizaciones de las empresas del Estado, era la época de poner al país de pie y de cara al mundo, era traer el mundo a la argentina e insertar a Argentina en el mundo, así nos fue; que ironía, hoy por hoy, todos estamos convencidos que eso fue un gran error , porque el único que sufrió y pago con creces estas medidas nefastas fue el pueblo.
Hay algo que nadie podrá borrar nunca a través del tiempo, ni con medidas económicas o políticas sociales erróneas, y es “la historia”, nadie puede ignorar como llegan los ferrocarriles a nuestro país; ¿quién los trajo y para que’?, solo vasta tomar los libros de nuestra historia y recordar las luchas sangrientas de aquella época. Para muestra sobra un botón. Recuerdo la Ley Crotto, esta es una bisagra en la historia del ferrocarril de nuestro país. Los ferrocarriles fueron son y serán símbolos de patria, por ello como neuquina, patagónica, argentina en representación de mi pueblo; y como individuo crítico, situado y contingente, y en concordancia de la conjunción: “país, paisaje, Paisano” quiero adelantar mi voto afirmativo con la firme convicción y convencimiento, que el único responsable y mejor administrador de los bienes públicos es el Estado.
Por otra parte, creo que no solo los ferrocarriles deben pasar a la órbita del Estado sino que hoy con la medida que vamos a aprobar, es hora que todos los concesionarios de los distintos tramos hagan las inversiones correspondientes, para que todos los pueblos del interior que se han convertido en pueblos fantasmas , vuelvan a resurgir ; por ello estoy totalmente segura, que hoy no estamos re estatizando los ferrocarriles, sino que estamos recuperando los ferrocarriles y la alegría que le robaron a la gente en otros tiempos.
Está claro que este paso que hoy estamos dando, esta Ley que ofrecemos al ejecutivo conlleva el gran desafío de recuperar la conectividad a lo largo y ancho del país, volver a transitar por kilómetros y kilómetros de vías abandonadas; cumpliendo la función social a la que aludía, que nadie se haga el distraído porque este es un tema conocido por todos los concesionarios hoy vigentes, que quede claro que las concesiones deben ser en beneficio de la gente no tan solo de las empresas. La Tragedia y las victimas de once es un ejemplo más de lo que estoy ilustrando.
Espero que esta medida a corto plazo termine con la parálisis de todos aquellos pueblos y habitantes, que necesitan un medio como este, no solo para viajar, sino para acceder a otros medios y servicios que hoy son imprescindibles para el normal desarrollo de cualquier actividad, para, trabajar, estudiar, comprar, vender, producir, etc., es decir progresar.
Por último, hoy es una jornada de regocijo, de alegría colmada de fe y esperanza para todos los que sentimos y llevamos arraigado un sentir nacional en lo más profundo de nuestro ser, y para todos aquellos que vienen detrás, en la búsqueda y permanentemente reclamo de un país mejor. Por todo ello, reitero mi voto afirmativo a este proyecto de ley que marca un nuevo rumbo en los caminos de nuestros trenes.
 

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