33. INSERCIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR DIPUTADO VILLA

Muchos diputados de los aquí presentes supongo que no pueden dejar de saludar esta iniciativa de incorporación del sistema ferroviario a la gestión del Gobierno y al patrimonio de la Nación.
Sobre todo, si ellos provienen del interior, como es mi caso, concretamente de San Juan, una provincia cuyana que desde comienzos del siglo pasado, imaginó el ingreso a la geopolítica del Océano Pacífico con un ferrocarril transcordillerano.
El Poder Ejecutivo Nacional nos hace saber, con un crudo realismo, lo que cualquier argentino podía imaginar sobre el fracaso de la privatización ferroviaria.
Nos dice que ha fracasado la disposición inversora, la asunción empresaria del riesgo. Por consiguiente, hasta ahora tenemos que aceptar que las empresas “se han ajustado al mero cumplimiento de estas metas”.
Yo no encuentro otra explicación, sin pretender que sea la única, que no sea predominio de una cultura rentística que busca obtener el máximo de beneficios como resultado de su control total o parcial de un mercado, en este caso tarifas, pasajes y fletes, sin realizar las inversiones necesarias.
Me parece útil traer a cuenta que alrededor del año 1959 las críticas del campo nacional hacia el Plan Larkin señalaban una verdadera conspiración de la industria del transporte de carga, de las grandes cementeras, del caucho y el combustible para los camiones. Claro que el transporte automotor no asume el mantenimiento y expansión de la red con recursos públicos.
Esta breve referencia histórica nos remite a un capítulo conmovedor de la defensa popular del patrimonio de los argentinos. Estoy cerca de pensar que aquellas luchas por los ferrocarriles y un cierto enfoque de la soberanía, comienzan ahora a saldarse.
Tenemos que ponderar que, a partir de la nueva instancia que nos reúne, con la creación de Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado se estará produciendo un giro de la macroeconomía de transporte ferrovial y su geopolítica.
El territorio no es un espacio abstracto. El territorio es la base material de conexiones y vínculos. Precisamente, la historia de los ferrocarriles argentinos bien puede ser escrita desde sus estaciones ferroviarias con sus pueblos atentos al arribo del tren. El arribo del tren era un hecho social en el sentido más exacto del término.
Apreciado de ese modo el artículo 1° del proyecto de ley sometido a esta Honorable Cámara, cuando señala los objetivos de conectividad e integración territorial, no dice algo diferente.
En este último sentido, tanto la integración como la promoción de las economías regionales serán los primeros efectos positivos de la puesta en marcha del nuevo sistema ferroviario.
Aquellos que escribieron la historia de nuestros ferrocarriles entrevieron, pero no estudiaron con un enfoque amplio el sistema argentino de transportes.
Con esto solamente quiero decir que la ley sometida a la aprobación de esta Honorable Cámara se inscribe en una revolución de los transportes de la Argentina en el siglo XXI.
Su primer momento ha sido la línea aérea de bandera y su segundo momento la decisión presente de creación de un ente ferroviario nacional. Por todo lo dicho y con esta expectativa mi voto será por su aprobación.

 

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