18. INSERCIÓN SOLICITADA POR LA SEÑORA DIPUTADA HERRERA (G.N.)

Adelanto mi acuerdo con el proyecto de ley.

No quiero soslayar las críticas de la oposición que pasan por criticar el artículo 2°, inciso b, y 3° del proyecto de ley en el sentido de que ni es un proyecto de nacionalización ya que permite al ejecutivo renegociar los contratos de concesión vigentes.
Quienes así opinan olvidan que en nuestro sistema de contrataciones públicas preside el principio de colaboración del sector privado con el sector público, lo que es altamente beneficioso para cuando el estado no está en condiciones técnicas o financieras de ejecutar un servicio u obra pública.
Además, quienes así opinan parecen preferir que sigamos manteniendo el sistema de privatizaciones impuesto por el punto 8 del llamado Consenso de Washington a nuestro país en la década de los 90.
Ya lo dijo Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno en "Argentina Derrumbe Neoliberal y Proyecto Nacional": "La política de combate a lo peor debe no solo conservar o gerenciar, sino transformar; no se trata de concebir (utopía) o de mantener (conservadurismo) la mejor sociedad ideal posible, sino de transformar la sociedad real por la supresión o la reducción de lo peor" (cfr. Andrés Comte-Sponville).
Este proyecto de ley se inserta en las realidades de argentina que le tocó enfrentar a éste gobierno y en el plan esbozado por varios intelectuales y expertos, suficientemente explicitado en la literatura del mes de febrero de 2003, e incluso antes, y que éste gobierno recogió y ejecutó haciéndolo propio.
Ahí ya se hablaba de “la falta de una clase empresaria capaz” en Argentina como uno de “los pésimos a combatir” por el nuevo modelo. Pero había otros “pésimos”, que había que deconstruir para terminar con el neoliberalismo y construir el nuevo modelo que encarna éste gobierno, tales como “El hambre y la Desocupación”, “13,4 millones de personas no tenía protección médica”, “no tenía seguridad social 9,3 millones de personas”, “la perdida de la soberanía nacional”, “la disgregación nacional”, “la desindustrialización”, “la hegemonía del sector financiero”, “la jubilación por capacitación”, “el sistema fiscal injusto e ineficiente”, “la apropiación privada de la renta de los recursos naturales”, “las cargas de la deuda externa y la evasión de capitales”, “la falta de recursos y desarticulación de la educación y la investigación científica”, “la degradación de las economías regionales”, “la defección de los partidos políticos tradicionales”, “la falta de sentido nacional”, “la ineficiencia y la corrupción de gran parte de la clase política”. Todos esos problemas económicos, sociales y políticos tuvieron que ser incorporados en la agenda del gobierno. Agenda que no termina de completarse a final de éste ciclo, por lo que es necesario que el modelo continúe.
Por eso, que no se diga que hacerse cargo de la administración de los ferrocarriles no estaba en la agenda de este gobierno. Es falso que éste gobierno recién puso la mira en ello después de la tragedia de once. Muchos miembros del gobierno, incluso de ésta Cámara, han escrito sobre estas cuestiones e integraron las listas del gobierno por ser conocidas su ideario y convicciones.
Se decía entonces: “Un problema que se plantea en los muchos países subdesarrollados capitalistas es la escasez de empresarios; ellos son en teoría quienes deben gestionar la economía, pero en demasiados casos carecen de las aptitudes gerenciales, de la visión de mediano plazo y de la percepción del interés nacional (al cual de todos modos estaban ligados, aunque lo ignoren). Dura tarea la de hacer capitalismo sin capitalistas.
Aquí deben comenzar a distinguirse las diferentes situaciones. En primer lugar están las empresas grandes y dentro de ellas las estratégicas. Varias han sido privatizadas y compradas en general por empresas transnacionales; deberán volver al control nacional bajo la órbita del Estado. Las empresas grandes no estratégicas quedarán sujetas a los controles normales, dentro de la iniciativa privada. Las empresas medianas y pequeñas serán apoyadas en su acceso al crédito (a tasas normales), a la tecnología y a la comercialización interna y externa; es apoyo serpa especial en los casos de las empresas recuperadas. La falta de una burguesía nacional deberá suplirse con la conjunción de pequeños y medianos empresarios, cooperativas y empresas recuperadas, y sobre todo con empresas productivas mixtas o estatales”.
En síntesis, no está en la ideología de éste gobierno el estatismo a ultranza, sino que con pragmatismo recoge la solución posible que no pasa por ser fanático del sector público o del sector privado, sino que considera que ambos se deben complementar bajo determinados parámetros.
 

 

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