16. INSERCIÓN SOLICITADA POR LA SEÑORA DIPUTADA GARCÍA LARRABURU

Fundamentos del apoyo de la señora diputada al dictamen de las comisiones de Legislación del Trabajo y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia en las modificaciones introducidas por el Honorable Senado al proyecto de ley que le fuera pasado en revisión sobre creación de un Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares


Hace pocos días celebramos el día internacional de la mujer como una fecha reivindicativa de los derechos del género femenino. Quiero destacar que la conmemoración no debe ser postulada como una mera señalización del calendario que nos indica una jornada cargada de salutaciones y cumplidos hacia todas las mujeres. Es muy importante que pensemos ese día como una jornada cargada de historia, de acciones concretas de una infinidad de mujeres que dieron su vida luchando por el reconocimiento de derechos negados por un orden conservador y netamente patriarcal.

Pero no es sólo el recuerdo. Es un día que nos indica que no hemos alcanzado en la actualidad la igualdad plena. Debemos permanecer activas y militando por una sociedad sin jerarquías sexistas y arbitrarias, que desgraciadamente aún persisten en ciertos espacios sociales, generando en una gran cantidad de mujeres una pesada sensación de impotencia e injusticia inexplicable.

Fue una valiente y revolucionaria mujer de nuestra historia la que con absoluta claridad remarcó que donde hay una necesidad nace un derecho, y justamente por eso estamos aquí reunidos, haciéndonos cargo, remediando una vieja deuda con, quizás, las trabajadoras más precarizadas y explotadas que existen en la actualidad.

Porque tenemos que decir las cosas claras, si bien la ley es genérica, y es lo que corresponde en una normativa de estas características, cuando hablamos del personal de casas particulares no podemos dejar de reconocer que la inmensa y abrumadora mayoría fueron y siguen siendo mujeres. Mujeres pobres, que se ven obligadas a “aceptar” a diario condiciones laborales que rememoran épocas cuasi-feudales.

Me parece no menor observar también las designaciones que revistió la tarea. Generalmente se habló de personal doméstico o de servicio, acepciones que derivan de la vieja “servidumbre” y son formas bastante livianas e incorrectas de nombrar a una trabajadora; a su vez son calificativos que se remontan a los tiempos en donde a la “servidumbre” se le negaba un trato igualitario, precisamente, porque eran consideradas menos personas, o para decirlo con precisión, se las trataba más como objetos que cómo sujetos de derecho.

Incluso, hoy en día, desde un lenguaje progresista se comete el error de invisibilizar una determinada relación laboral. ¿Quién no escuchó alguna vez a alguien decir “ella es la señora que me ayuda en casa”? Frase que está desconociendo su condición de trabajadora, porque “ayuda” te presta un amigo, un pariente, un compañero de trabajo, y lo hace sin recibir nada a cambio. Cuando por esa supuesta ayuda hay una retribución monetaria, estamos evidentemente ante una relación laboral encubierta.

Al reconocer la condición de trabajadoras esta ley viene a poner en igualdad de condiciones al personal de casas particulares con el resto de la clase trabajadora, reconociendo sus derechos y los beneficios sociales con el mismo paradigma garantista de la Ley de Contrato de Trabajo, garantizando un horario laboral de 8 horas diarias; el cobro de horas extras y francos trabajados; la licencia por maternidad; a la hora de computar las vacaciones no sólo serán más días, sino que también corresponderán a partir de los 6 meses de trabajo cuando antes eran a partir del año; licencia paga por enfermedad hasta 6 meses, cuando ahora sólo es de un mes; la garantía de contar con una ART; amplía la indemnización por despido sin causa a un sueldo por año trabajado, igualando de esta manera las normas de la Ley de Contrato de Trabajo, concibiendo además una indemnización adicional antes o después de la maternidad; se prohíbe el trabajo doméstico de menores de 16 años y establece una jornada máxima para los menores de 16 y 17 años de 6 horas diarias, asignando la responsabilidad por la continuidad de los estudios de los menores al empleador, entre otros tantos derechos que no hacen más que igualar las condiciones laborales de los trabajadores argentinos, sin diferenciar de manera completamente absurda al conjunto de los trabajadores de acuerdo con la tarea que desempeñan.

Para finalizar, señor presidente, desde ya le adelanto mi voto positivo, orgullosa de ser parte de un gobierno que desde su inicio en 2003 impulsa medidas concretas en pos de los derechos de los trabajadores. Un gobierno que constantemente lucha y da la batalla por la igualdad de género, que siempre va por más, que reconoce donde están las necesidades de su pueblo y trabaja todos los días para conseguir una sociedad más justa e igualitaria para todos los argentinos.

 

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