2 DE ABRIL

Del Artísta fotográfico Diego Paruelo

miércoles 10 de junio
Lugar
Congreso de la Nación Av. Rivadavia 1864, CABA.

La Dirección General de Cultura de la Cámara de Diputados, se complace en presentar la muestra fotográfica ¨"2 de Abril", un recorrido por la vida después de la guerra de Sergio Gasco, ex combatiente de Malvinas.

Con un guión curatorial a cargo del reconocido historiador Federico Lorenz que narra la relación entre el reportero gráfico y el ex combatiente, el ensayo apela a reflexionar sobre las consecuencias de la guerra en la esfera individual y la posguerra de Malvinas en la sociedad Argentina..

Conocí a Diego Paruelo a través de una fotografía que me impactó: eran una mujer y su hijo sosteniendo la chaquetilla de un soldado. Supe, cuando desde lejos me acerqué a esa imagen exhibida en el Museo de la Memoria de Rosario, que el ojo que había hecho ese recorte de la realidad era muy sensible. Intuí que compartíamos algunas cosas: su mirada sobre Malvinas era perpleja, melancólica, y empática con quienes habían vivido esa experiencia. Al tiempo, en un cuadernillo educativo que preparamos junto con la Comisión Provincial por la Memoria, las fotografías de Diego fueron parte de él, naturalmente. Tenían que estar, porque narran como pocas las consecuencias de la guerra en la esfera individual, y la posguerra de Malvinas en la sociedad Argentina.

Sergio Gasco, el soldado conscripto que Diego biografió con sus imágenes, fue uno entre miles de los que marcharon a combatir a las islas en nombre de todos nosotros. Algo que muchos olvidan cuando hablan con ligereza del conflicto de 1982, en un sentido o en otro, esto es: como una gesta o como un cúmulo de inutilidades.

Gasco estuvo apostado en el Monte Longdon, como infante del Regimiento de Infantería 7. Allí se produjo una de las batallas más duras de la guerra. Sergio Gasco sobrevivió y conservó algunos objetos de su paso por las islas: la chaquetilla vacía desplegada en esa foto; un par de guantes manchados y con los dedos deshechos y sucios. Diego lo conoció en en el Sur del Conurbano de Buenos Aires en 2000, mientras vendía lapiceras para subsistir en un país que se deshacía y comenzó a hacer su trabajo.

Las imágenes que construyó con su cámara reflejan la soledad, lo incomprensible, lo irreparable que es cargar con la memoria de la guerra vivida, aun cuando haya reconocimiento social. Por oposición, basta imaginarse cómo se multiplican esos sentimientos cuando lo que los soldados encontraron al volver fue insensibilidad e indiferencia. Sergio Gasco murió de cáncer en 2003. Joven, con la batalla y los muertos a cuestas. Diego murió en forma inesperada en el verano de 2019. Contó, en una entrevista, que la agonía de Gasco lo había impactado de tal manera que estuvo varios meses sin ver sus fotos, aunque sabía que algo tenía que hacer con ellas. ¿Este es un país que se come a sus jóvenes? ¿Exponerse a la realidad tiene siempre esos efectos? ¿Debemos convivir con ese tipo de injusticias? Son todas preguntas que la muestra “2 de Abril” disparaba con Diego en vida, y que hoy me asaltan ante la doble pérdida.

Yo no conocí a Gasco, pero sí a otros muchos como él. Muchos de ellos ya tampoco están. Con Diego nos cruzamos a finales de 2018 en la calle, a la ida o a la vuelta de una marcha, o en la entrada del colegio donde trabajo, ya no recuerdo. Pero sí sé que nos habíamos escrito para "hacer algo con sus fotos” y mis textos. Reforzamos la voluntad de cumplir con ese proyecto en un contexto que sabíamos hostil. Su muerte nos ganó de mano.

Escribió Thomas Edward Lawrence, uno de los líderes de la revuelta árabe durante la Gran Guerra: “Una muerte individual puede producir un agujero momentáneo, como una piedra lanzada sobre el agua. Pero desde allí se 
extienden ondas de dolor”. Diego supo captar esas ondas encarnadas en la vida de Gasco. Su trabajo revela un espíritu sensible y solidario. Lo mejor que se puede hacer, a pesar de esos círculos concéntricos que se prolongan, por Gasco, por él, y por tantos, es mantener esos dos valores fundamentales, ser tanto mejores que la sociedad que envió a Sergio a combatir y luego se olvidó de él, como que estos días aciagos en los que el trabajo de Diego implica, por más alegría del alma que desparramara a diestra y siniestra, portar un dolor a veces muy difícil de soportar.

Federico Lorenz 

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