Florete y sable de Palacios
Diputado: Alfredo Lorenzo Palacios
Partido politico: Partido Socialista
Mandato: 1904-1908, 1912-1915 (renuncia) y 1963-1965
Distrito: Capital Federal
Donante: Fundación Alfredo Lorenzo Palacios en calidad de préstamo
Descripción:
Florete y sable con empuñadura francesa utilizados por Alfredo Lorenzo Palacios.
Observaciones:
Estos dos ejemplares –un florete y un sable de duelo– pertenecieron a Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América Latina. Más allá de su materialidad, nos invitan a explorar una época en que el honor personal y la política se cruzaban con las armas en la mano.
A comienzos del siglo XX, el duelo era aún una práctica ritualizada. Regido por códigos estrictos, no era un simple acto violento: implicaba padrinos, médicos, actas y lugares acordados para enfrentar con armas a quien hubiera proferido una ofensa grave. Aunque formalmente prohibido, el duelo funcionaba como una forma aceptada de reparación simbólica.
Palacios protagonizó varios episodios donde el duelo rondó como amenaza real y como performance política. En 1915, tras un enfrentamiento verbal con el diputado radical Horacio Oyhanarte, un duelo fue citado. Si bien este quedó trunco por cuestiones operativas, el hecho mismo de estar dispuesto a batirse a duelo le valió al diputado socialista su expulsión del Partido Socialista por promover un desafío de honor, que era tenido como un "comportamiento burgués". Más adelante, planeó otro duelo con el escritor Manuel Ugarte en Uruguay, que fue impedido por el propio Juan B. Justo al intervenir sobre la embarcación que los trasladaría. Incluso llegó a batirse simbólicamente con el diputado Estanislao Zeballos. En esa ocacsión, ambos dispararon, pero con balas de fogueo.
El florete –liviano, preciso, casi ceremonial– habla de la esgrima como arte y como argumento político. El sable –de hoja más firme y empuñadura envolvente– remite a los duelos de fuerza y carácter. En ambos casos, las armas condensan una época en que las diferencias ideológicas no solo se resolvían en el recinto legislativo o en la prensa, sino también en los códigos de caballerosidad heredados del siglo XIX.
Alfredo Palacios, abogado de causas populares, tribuno encendido y duelista romántico, encarnó como pocos la tensión entre modernidad política y tradiciones de honor. Estas armas, conservadas hasta hoy, son testigos silenciosos de ese cruce entre el verbo y el acero.