CASA DE TUCUMÁN
La obra organiza el espacio a partir de una frontalidad estricta, donde la simetría de la fachada se ve reforzada por la verticalidad de las columnas salomónicas que enmarcan el acceso. La composición privilegia la horizontalidad del muro, interrumpida por la puerta central que se convierte en eje visual. La luz se distribuye de modo uniforme, generando un modelado suave que resalta volúmenes sin dramatismo.
El color se sostiene en una gama terrosa y apagada, que acentúa el carácter sobrio de la construcción, mientras el cielo claro aporta un contrapunto de luminosidad. La pincelada es contenida, casi invisible, lo que da al conjunto una apariencia estática y austera. Esta decisión técnica refuerza la idea de permanencia histórica y monumentalidad discreta.