MUSEO LEGISLATIVO
Se trata de una pintura que representa a una mujer campesina descansando sobre el suelo en un entorno rural. La mujer está recostada de lado, con los brazos doblados detrás de la cabeza en una pose relajada y contemplativa. Viste una blusa azul oscura y una falda blanca que deja ver parte de sus piernas, mientras que su cabeza está cubierta con un pañuelo claro, típico del atuendo rural femenino. A su lado, en primer plano a la derecha, hay una canasta con manzanas. Al fondo, un paisaje de pradera o campo abierto con suaves colinas verdes y un cielo azulado parcialmente cubierto por nubes. La paleta de colores es cálida y terrosa. Predominan los tonos ocres, verdes y marrones, que aportan una sensación de armonía con la naturaleza. La figura femenina irradia serenidad y fortaleza. Su postura cómoda y su expresión tranquila evocan un momento de merecido descanso en la vida cotidiana del trabajo rural.

SIN TÍTULO (MUJER CON CESTO)

Fecha: 1936
Técnica: Pintura. Óleo sobre tabla
Medidas: 0.80 x 1.48 m
Descripción:

Esta obra pertenece a la etapa formativa de Alicia Penalba (1913-1982), artista argentina que alcanzaría reconocimiento internacional como escultora de vanguardia en París. Realizada en 1936, cuando Penalba cursaba sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, la pintura ofrece un testimonio singular de su aprendizaje en Argentina, antes de su radicación en Francia en 1948.

La composición presenta una figura femenina recostada en un paisaje abierto, junto a un cesto de frutas. La serenidad casi inmóvil de la figura, el cuidado en los pliegues del vestido y la sensación de tiempo suspendido remiten a la influencia de los primitivos flamencos —Jan van Eyck, Rogier van der Weyden y Hans Memling—, maestros que Penalba estudió y copió desde joven.

La postura de los brazos elevados y plegados detrás de la cabeza establece un diálogo explícito con La maja desnuda (c. 1797–1800) de Francisco de Goya. Sin embargo, Penalba transforma esa cita: desplaza la figura del espacio íntimo y la carga erótica de la maja hacia un ámbito exterior y popular. La ropa sencilla y el cesto de frutas resignifican el gesto, acercando la obra al realismo social que recorría la plástica latinoamericana de los años treinta.

La elección de la tabla como soporte, el cromatismo terroso y la pincelada robusta y volumétrica completan un cuadro de influencias en el que también se percibe la presencia del muralismo mexicano, corriente muy presente en Buenos Aires en la década. La obra articula así tradición europea y compromiso social latinoamericano en una imagen que representa uno de los escasos registros pictóricos conservados de Penalba, artista que poco después se abocaría a la escultura.

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