ARBOLEDA
Segura, Pilar
La composición se organiza a partir de una superposición densa de pinceladas cortas y cargadas que construyen un follaje vibrante y casi táctil. El artista utiliza una paleta cálida —amarillos, naranjas y rojos— que se contrapone a los verdes fríos del fondo, generando profundidad mediante contrastes cromáticos más que por líneas definidas. Los troncos verticales funcionan como ejes estructurales que estabilizan la escena dentro de este entramado dinámico, guiando la mirada hacia distintos planos del paisaje.
El gesto pictórico es protagonista: las pinceladas gruesas, aplicadas con energía, crean un ritmo visual que simula la vibración propia del bosque en otoño. En lugar de describir cada hoja, el óleo sugiere la atmósfera general del lugar mediante acumulaciones de color y variaciones tonales. Esta estrategia da al cuadro un carácter casi musical, donde los toques repetidos y modulados construyen una sensación envolvente de movimiento, luz y estacionalidad.