LITORALEÑA
Pérsico, Marino
La pintura organiza su espacio en dos planos: el primero, bajo la sombra de la enramada, concentra objetos cotidianos como la mesa, el banco y los frutos de la pesca, tratados con pincelada suelta pero de contornos definidos. Este sector crea un marco íntimo que contrasta con la lejanía abierta del paisaje. La diagonal que conecta mesa, troncos y figuras suspendidas conduce la mirada hacia el horizonte.
La atmósfera se construye a partir de una paleta cálida, con rojos y naranjas que dominan el cielo y se funden con los tonos terrosos del suelo. El contraste con los verdes y azules aporta frescura y vibración. La pincelada es expresiva, dejando entrever un lirismo que equilibra lo narrativo con lo evocativo.