SAN MARTÍN Y SU HIJA
Zuretti, Juan
La composición se sostiene en un equilibrio triangular: la hija de San Martín, ubicada a la izquierda, genera un movimiento curvo que se prolonga en el manto, mientras que San Martín se erige más rígido y frontal, reforzando la verticalidad. La relación entre ambas figuras produce un contrapunto entre lo gestual y lo estático.
La paleta es sobria, dominada por negros, grises y matices violáceos, con leves toques cálidos en los rostros, que focalizan la atención en la comunicación entre ambos. El contraste entre la solidez oscura del primer plano y la atmósfera clara del fondo otorga profundidad espacial. La pincelada es contenida, con veladuras suaves que unifican la escena, orientando la lectura hacia el vínculo simbólico más que hacia el entorno natural.