DESPUÉS...
Marenco, Susana
La composición se organiza en torno a un eje central que concentra la tensión del conjunto. Las figuras, dispuestas en un movimiento envolvente, generan una sensación de profundidad emocional y espacial. Las pinceladas amplias y enérgicas estructuran el ritmo visual, acentuando los contrastes entre luces frías y sombras densas. El color se convierte en vehículo expresivo: las zonas cálidas emergen como foco de intensidad, mientras los tonos oscuros delimitan el dramatismo del entorno.
La repetición de gestos y direcciones refuerza la idea de multitud y resonancia interna, como si cada figura vibrara con la emoción del grupo. La composición sugiere un movimiento circular, que atrapa al espectador dentro de una atmósfera cargada de tensión y humanidad.