Mulata
Cogorno, Santiago
La composición se articula sobre una estructura dinámica construida por gestos amplios y superpuestos. Predominan trazos marrones y blancos que funcionan como ejes direccionales, generando una red de líneas que se cruzan y tensan en el espacio pictórico. Estas líneas no buscan describir formas estables, sino impulsar un movimiento interno que guía la mirada en espiral, desde los bordes hacia un centro apenas insinuado. La paleta oscura sostiene un clima de densidad, mientras que los contrastes bruscos entre opacidades y transparencias refuerzan la sensación de profundidad fluctuante.
En la zona superior, el azul intenso y el ojo definen un foco visual que organiza el resto de la obra. Ese punto concentra la mayor carga expresiva.