MUSEO LEGISLATIVO
En esta pintura se distingue la silueta de un caballo en movimiento, ligeramente arqueado, con la pata delantera levantada. Sobre él, una forma más difusa sugiere la presencia de un jinete o una prolongación vaporosa de la figura, casi como un espíritu. Predominan los tonos gris-violetas en el fondo, con la figura del caballo y su jinete sugeridos en azules desvaídos. No hay contornos precisos, sino una silueta que emerge y se desvanece a la vez, como si estuviera envuelta en niebla o humo. La textura del fondo muestra barridos horizontales del pincel, lo que refuerza la atmósfera nebulosa.

ARLEQUÍN Y CABALLO

Fecha: 1986
Técnica: Pintura - Óleo sobre tabla
Medidas: 0.60 x 0.70 m (con marco)
Descripción:

En esta pintura al óleo de medianas dimensiones, el artista ha representado un caballo que es montado por un arlequín, como su título indica. Se observa  una composición de formato apaisado, donde la atracción o fuerza se desarrolla sobre el eje central horizontal y allí se concentran los elementos de mayor poder visual, generando cierto estatismo. A la vez, la vista del espectador puede, también, posicionarse sobre el eje superior izquierdo, en el que la cabeza de ambas figuras parecen regirse por dos diagonales casi paralelas. 

En la obra la línea es abierta y no define los contornos de las figuras, por lo tanto, no genera tridimensión ni volúmenes, parece solo organizar los límites. El fondo y la figura presentan cierta uniformidad tonal, al observarla. La paleta es controlada, el artista ha optado por colores parecidos entre sí y escaso contraste. Se aprecia el dominio de temperatura fría y de luz homogénea. El artista logra una gran atmósfera de neblina y nostalgia y una escena en movimiento. Las figuras aparentan encontrarse marchando: el animal y su jinete podrían estar enfrentando una condición climática adversa.

Los caballos han aparecido en obras de arte a lo largo de la historia, con frecuencia como representaciones de este animal en la batalla. Si no fuera por lo que denota su título, se podría decir que se trata de una imagen antigua, de un guerrero de la Edad Media. En este caso, el belicoso elegido por Irureta es un arlequín, el singular y pintoresco personaje de la Commedia dell’Arte que ha inspirado a artistas por ser una figura tanto estética como alegórica.

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