MADONNA Y EL NIÑO
La obra se centra en la tradicional iconografía de la Virgen con el Niño, estructurada con un fuerte eje vertical que guía la mirada desde la irradiación superior hacia las figuras centrales. La composición genera un efecto de ascensión mediante la luz cenital que atraviesa el cielo y envuelve los rostros, reforzando el carácter sacro.
El contraste cromático entre los rojos y verdes de los paños y el fondo azul intenso crea un equilibrio armónico y a la vez dramático, situando la escena en un espacio etéreo, casi sin anclaje terrenal. La pincelada suave en las figuras contrasta con el movimiento dinámico de las nubes, lo que acentúa la sensación de revelación. El resultado es una imagen devocional que combina serenidad y solemnidad.