MUSEO LEGISLATIVO
La imagen muestra una pintura que representa una escena con gran carga alegórica. En primer plano, un hombre desnudo, musculoso y de aspecto heroico avanza por un campo árido esparciendo semillas con la mano derecha, mientras con la izquierda sostiene parte de una tela blanca que cubre su cintura. Su postura es decidida, con la mirada fija hacia adelante, transmitiendo acción, propósito o siembra del futuro. El paisaje montañoso del fondo sugiere un entorno natural imponente, con cumbres nevadas y cielos abiertos. Detrás de él, en contraste marcado, aparece una figura agazapada, de aspecto oscuro y con alas, que parece una criatura demoníaca o alegórica del mal o del pasado. Esta figura se arrastra en la tierra con una expresión de esfuerzo o sufrimiento y tiene una planta marchita a su lado, lo cual podría simbolizar infertilidad, decadencia o corrupción. La composición, de acuerdo a su título, parece sugerir la lucha entre el bien y el mal, el esfuerzo por la construcción frente a la tentación o el retroceso. El uso de la luz destaca la figura del sembrador, dándole un carácter noble y casi divino, mientras que la otra criatura permanece en la sombra, reforzando el contraste simbólico.

EL BIEN Y EL MAL

Fecha: 1922
Técnica: Pintura. Óleo sobre tela
Medidas: 1.35 x 2 m
Descripción:

En esta pintura horizontal, Rebolledo Correa estructura la escena por el choque entre verticalidad y horizontalidad. La figura central se afirma en un eje dominante que ordena el campo y tensa su relación con la otra, más baja y plegada. El claroscuro recalca la oposición: la luz exalta el cuerpo que asciende y la penumbra absorbe su contraparte, plenamente consciente de evitar lo narrativo.
Dueño de un estilo propio con influencias impresionistas, por su interés en la luz solar, el artista desarrolló escenas luminosas al aire libre. Aquí el juego de luces y sombras plantea la lucha entre el bien y el mal, tema universal en la historia del arte. Las diagonales de la montaña y las líneas de fuga conducen la mirada al horizonte y expanden la profundidad.
La paleta combina cálidos en el primer plano con fríos en la lejanía, intensificando el contraste temático. La estructura triangular estabiliza el conjunto y regula el equilibrio entre fuerzas opuestas. Así, la organización formal y la alegoría se integran en una síntesis plástica que sostiene la potencia expresiva de la obra.

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