PROYECTO DE LEY


Expediente 6806-D-2016
Sumario: DESIGNASE CON EL NOMBRE DE "CENTRO CULTURAL DEL BICENTENARIO" AL CENTRO CULTURAL DEL BICENTENARIO PRESIDENTE DR. NESTOR CARLOS KIRCHNER. DEROGACION DE LA LEY 26794.
Fecha: 29/09/2016
Proyecto
El Senado y Cámara de Diputados...


Derogación de la Ley Nº26.794.
Artículo 1º.- Denomínase “Centro Cultural del Bicentenario” al centro cultural ubicado en la manzana delimitada por las calles Sarmiento y Bouchard y las avenidas Leandro N. Alem y Corrientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Artículo 2º.- Instrúyese al Poder Ejecutivo para que, en el plazo de 180 días y mediante la autoridad de aplicación de la presente ley, realice una encuesta destinada a la población en general con el fin de ponderar una denominación adicional para el Centro Cultural del Bicentenario.
Dicha encuesta incluirá los nombres de personajes destacados de la cultura argentina, cuyo aporte a sus respectivos campos sea notorio y profuso. Tendrá un carácter no vinculante, facultándose al Poder Ejecutivo a que conserve la sola denominación “Centro Cultural del Bicentenario” por razones de oportunidad, mérito o conveniencia.
La nómina de referentes culturales sobre los que versará la encuesta será elaborada por la autoridad de aplicación de la presente ley, atendiendo a criterios tales como la importancia y vigencia de su obra; su impacto en el desarrollo de las artes nacionales; y la representación de distintas disciplinas y regiones del país.
La encuesta se efectuará por los medios y en la forma que establezca la reglamentación, pudiendo llevarse a cabo a través de internet.
Artículo 3º.- Derógase la Ley Nº26.794.
Artículo 4º.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.-

FUNDAMENTOS

Proyecto
Señor presidente:


El presente proyecto tiene por objeto recuperar la denominación original del Centro Cultural del Bicentenario, que evoca los doscientos años de la Revolución de Mayo, y -en consecuencia- deroga la Ley Nº26.794. Asimismo, instruye al Poder Ejecutivo a fin de que arbitre los medios necesarios para realizar una encuesta, dirigida a la población en general, con el objeto de ponderar una denominación adicional para este centro cultural.
El proyecto reconoce como antecedentes los expedientes 4105-D-2016 (Nanni, Miguel) y 6121-D-2015 (Durand Cornejo, Guillermo Mario), que modifican el art. 1º de la Ley Nº26.794. Considero, sin embargo, que corresponde derogar esta última norma, cuyo único fin era rebautizar al Centro Cultural Bicentenario con el nombre del ex presidente Néstor Carlos Kirchner.
En el año 2006 se resolvió instalar este espacio en el edifico histórico del Correo Central, llamándose a un concurso internacional de anteproyectos en el que se presentaron más de 340 estudios de arquitectura. Por decisión unánime del jurado resultaron elegidos los estudios Bares y Asociados (B4FS) y Becker-Ferrari.
Las obras comenzaron en los primeros meses de 2010, inaugurándose la "parte noble" del edificio en el marco de los festejos por el bicentenario de la Revolución de Mayo. En ese momento el centro espacio aún llevaba por nombre: “Centro Cultural del Bicentenario”.
No obstante, con la sanción de la Ley Nº26.794 se perdió esta denominación, que hacía justicia al contexto histórico en el que se inauguró el edificio y que –al mismo tiempo- evocaba un hito tan significativo para nuestro país como la gesta independentista de mayo. El centro cultural fue rebautizado con el nombre del ex presidente Néstor Kirchner. Considero que fue éste un yerro de importancia.
En primer término, la derogación de la Ley Nº26.794 se relaciona con la necesidad de contar con un espacio cultural libre de proselitismos, de banderas partidarias o de connotaciones políticas. El Centro Cultural del Bicentenario, construido con fondos públicos y en base al sacrificio de los contribuyentes, nos pertenece a todos, y su nombre debe poder contener la diversidad y la pluralidad de ideas y miradas que enriquecen el país.
Esto no significa que deba excluirse la política de los ámbitos públicos. Las personas que dedicaron su vida a los asuntos de todos están en nuestras calles y en nuestros billetes, y forman parte de la historia. La vida social está teñida por la política, que en alguna medida la constituye.
Sin embargo, la saturación del espacio público con referencias a una figura propia del entonces partido gobernante, y que no tenía relación alguna con el propósito del edificio en tanto centro cultural, no logró dar cuenta de esa riqueza que nutre nuestra convivencia. En este sentido, el homenaje resultó un tanto extemporáneo: Néstor Kirchner había abandonado la presidencia hace sólo cinco años en el momento en el que se sancionó la ley en cuestión, y su esposa –Cristina Fernández de Kirchner- aún ocupaba la primera magistratura.
Por eso mismo la Ley Nº83/1998 de la Ciudad de Buenos Aires, que el Gobierno Nacional reputó no aplicable, exige el transcurso de diez años desde la muerte de la persona cuyo nombre se pretende para una calle o lugar público. Es una norma razonable, que establece un plazo dentro del cual debe reflexionarse en torno a la dimensión y significatividad de la figura en cuestión. Pero estos parámetros no se tomaron en cuenta con la sanción de la Ley Nº26.794.
Es preciso, además, distinguir los enfoques ideológicos de los distintos gobiernos y la neutralidad del Estado, cuya amplitud debe garantizarse a raíz de la forma republicana que la Nación se dio para sí. En este sentido, la identificación de un edificio público con una figura del partido en aquel entonces gobernante lesiona su carácter común y reduce su potencialidad como lugar de encuentro, excluyendo simbólicamente a las minorías que también forman parte del Estado y la sociedad.
Esta tradición personalista, que busca equiparar al gobernante, al gobierno y al Estado, no es una novedad de nuestros tiempos. Según el historiador Daniel Balmaceda, fue el virrey Santiago de Liniers el primero en denominar una calle de Buenos Aires con su nombre.
Sin embargo, no estamos hablando de una dimensión menor o irrelevante en la vida social. Los símbolos inciden en forma directa sobre el modo en el que construimos nuestras nuestros relatos, nuestras costumbres, nuestra cultura. Y la apropiación simbólica de espacios comunes es, también, una forma de moldear la historia a través de la mitificación de sus protagonistas.
El país atraviesa un clima social de división y antagonismo, y el Gobierno Nacional se ha propuesto, como eje de gestión, tratar de modificar ese panorama a través de la unión de los argentinos. Pienso que la recuperación del nombre original del Centro Cultural del Bicentenario colabora con ese propósito, ya que refiere a un episodio fundacional de nuestra historia, con el que podemos identificarnos sin distinciones.
Es el momento oportuno para emprender esta tarea, ya que estamos en el año del bicentenario de nuestra independencia. En el 2010 conmemoramos la Revolución de Mayo con el inicio de las obras de este centro cultural, y en el 2016 podemos recordar la declaración de nuestra independencia devolviéndole al espacio su designación original.
Aun así, considero que el nombre de este edificio debe reflejar su propósito como foco de cultura. Se trata del centro cultural más grande de Latinoamérica, y se encuentra situado en el seno de una ciudad llena de arte como es Buenos Aires. La producción artística argentina es disfrutada y respetada en todo el mundo, y sus protagonistas también merecen un homenaje en una casa de cultura tan importante.
Las artes, como así también las ciencias, las profesiones liberales o los deportes, son actividades de una jerarquía autónoma. No son apéndices de la política: tienen sus propias tradiciones. En este sentido, la cotidianeidad el Centro Cultural del Bicentenario no se vincula con la vida de Néstor Kirchner, sino con el quehacer de las y los escritores, músicos, bailarines, actores, escultores, pintores, realizadores audiovisuales y demás artistas argentinos.
Por ello, el proyecto instruye al Poder Ejecutivo a que realice una encuesta, destinada a la población en general, para conocer qué artista debe ser escogido para bautizar al Centro Cultural del Bicentenario con un nombre adicional, en virtud del lugar que aquel ocupa en los imaginarios de la sociedad. Es una iniciativa basada en la doctrina del gobierno abierto, y en particular en su pilar conceptual de participación.
Se ha objetado que la realización de una encuesta semejante puede redundar en la subestimación de aportes menos actuales, populares o conocidos. Si bien es una observación válida, ya que es improbable que los artistas menos difundidos sean considerados –lo que en modo alguno menosprecia su obra-, ello no implica que el método no sirva para involucrar a los ciudadanos en la decisión.
Creo que la cultura es un fenómeno vivo, que se construye todos los días. El centro cultural más grande del continente no tiene por qué reflejar, en su nombre, las preferencias de las academias que definen el canon. Por el contrario, debe expresar la importancia de una obra en la vida concreta de los argentinos, y la encuesta es una técnica adecuada para lograr este propósito.
El carácter no vinculante de esta encuesta, que deberá ser reglamentada por el Ejecutivo, responde a las diversas contingencias que pueden afectar su implementación, desde la escasa participación de los ciudadanos (que redundaría en una encuesta desierta) hasta la afectación de los métodos empleados (como la detección de bots en la plataforma virtual), entre otras hipótesis.
Por todo lo expuesto, solicito a mis pares que acompañen, con su voto afirmativo, el presente proyecto de ley.
Proyecto
Firmantes
Firmante Distrito Bloque
MARTINEZ, SILVIA ALEJANDRA JUJUY UCR
PASTORI, LUIS MARIO MISIONES UCR
Giro a comisiones en Diputados
Comisión
LEGISLACION GENERAL

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