PROYECTO DE DECLARACION


Expediente 5662-D-2016
Sumario: EXPRESAR BENEPLACITO POR LA BEATIFICACION DE MARIA ANTONIA DE PAZ Y FIGUEROA, REALIZADA EL 27 DE AGOSTO DE 2016, EN LA PROVINCIA DE SANTIAGO DEL ESTERO.
Fecha: 30/08/2016
Proyecto
La Cámara de Diputados de la Nación
DECLARA:


Expresar beneplácito por la Beatificación de María Antonia de Paz y Figueroa, más conocida como Mama Antula, realizada el día 27 de Agosto de 2016, en la Provincia de Santiago del Estero.

FUNDAMENTOS

Proyecto
Señor presidente:


Desde muy joven comenzó a trabajar con los jesuitas (Compañía de Jesús) colaborando en la organización de ejercicios espirituales. Luego partió a Buenos Aires donde durante veinte años de su vida se dedicó a predicar el mensaje de Cristo.
En 1795 fundó la Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires, la que aún sigue cumpliendo su misión.
Falleció el 7 de marzo de 1799 en dicha Casa. Sus restos descansan en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad (la escuela de la piedad), de la ciudad de Buenos Aires; la congregación llamada Hijas del Divino Salvador, que siguiendo su ejemplo fundaron el Santuario de San Cayetano, desde el siglo XX llamado barrio de Liniers, Buenos Aires. San Cayetano y San José eran los santos en los que tenía mayor devoción María Antonia de Paz y Figueroa.
Vida de María Antonia de Paz y Figueroa y sus “beatas”
En 1760, en Santiago del Estero, María Antonia de Paz y Figueroa reunió a un grupo de chicas jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los padres jesuitas. En aquel entonces se las llamaba “beatas”; ahora se les dice laicas consagradas. Durante veinte años María Antonia estuvo al servicio de los padres jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los ejercicios espirituales.
Cuando se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767, María Antonia pidió al mercedario fray Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras que ella se ocuparía con sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales. La amistad con los jesuitas la siguió manteniendo vía epistolar.
Viajaba caminando descalza
Tiempo después abandona Santiago del Estero para organizar ejercicios espirituales en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. “Mama Antula” —así empezaron a llamarla— era una mujer con un estilo muy peculiar. Los viajes los hacía caminando descalza y pidiendo limosnas. No quedan testimonios de cuántas veces preparó ejercicios en algunas ciudades, pero sólo en Tucumán se hicieron sesenta. A pesar de sus viajes por montañas, desiertos y parajes que
desconocía, jamás sufrió percance alguno. En Catamarca padeció una enfermedad y fue desahuciada por el médico. “Me encomendé al Sagrado Corazón y me encontré curada pronto, sin ningún remedio”, aseguró. Una vez se rompió una costilla, en otra ocasión se dislocó un pie “pero fui curada una y otra vez por una mano invisible”, repetía.
En Córdoba y Buenos Aires
En menos de un año organizó en Córdoba ocho tandas de 200 y 300 personas. Y siempre conseguía las limosnas suficientes como para mantener a toda esa gente e incluso en ocasiones había un excedente que sería para ayudar a pobres y presos.
Pero en Buenos Aires no fue muy bien recibida. Los niños que vivían en las afueras de la ciudad al verla llegar con los más de 200 esclavos que María Antonia trajo desde Santiago comenzaron a apedrearla y abuchearla. El obispo mostró desconfianza y postergó la respuesta por nueve meses, mientras solicitaba informes sobre María Antonia. Luego no sólo le dio autorización sino que además se convirtió en un gran admirador y le dejó un nada despreciable legado.
Terminantemente opositor fue el virrey Vértiz, dada su antipatía visceral hacia todo lo que fuese jesuítico. En esa actitud firme permaneció por dos años y con poderes sobre el terreno religioso, le negó a María Antonia la autorización para organizar los ejercicios espirituales. Hubo un gran revuelo en ese entonces y solo se hablaba de ella, ya que realizaba los ejercicios de forma clandestina en casas alquiladas por el obispo a algunas familias concurrentes a la iglesia. Las personas cercanas a la nobleza comenzaron a concurrir a estos a escondidas y cuando se supo hubo un gran revuelo y María Antonia no pudo seguir ocultando esto. Había conseguidos unos terrenos en las afueras de Buenos Aires, actual independencia 1190 por medio de donaciones donde se utilizaban a estos esclavos para la siembra y cosecha de cultivos. Practica que conocía muy bien ya que era la fuente de trabajo de sus padres. Se dice que los esclavos fueron un "obsequio" de despedida por parte de sus padres cuando ella partió de Santiago. Las promesas de un mejor trabajo en el centro de Buenos Aires junto con la fe que depositaban en cristo gracias a la predicación de María Antonia habría sido el motor para el gran viaje que realizaron a pie. Al descubrirse oficialmente sus prácticas María Antonia se vio obligada a tener una reunión con el Virrey actual. Se llegó a un
acuerdo donde ella accedió a ceder sus esclavos al Virrey y ponerlos a su servicio en su finca personal si este aceptaba las prácticas y le facilitaba mano de obra para la construcción de su sede religiosa.
Una que vez que esto se hizo oficial la gente de la nobleza y personas de alto poder económico y social que proliferaban en aquel entonces y que no tuvieron que ocultarse para concurrir a los ejercicios realizaron grandes donaciones a María Antonia para poder realizar la construcción de la actual casa de ejercicios espirituales en aquellos mismos terrenos de independencia al 1190.
En tanto, dos amigas suyas habían emprendido en Salta y Tucumán la organización de los ejercicios espirituales. Este hecho, unido a la trascendencia que cobraba esta práctica religiosa, la alentó a darle forma a su pequeño grupo de beatas, con una serie de pasos que comenzaron en un postulantado, la vestición del hábito, y la formulación de votos privados.
Tiempo después Madre Antula fue invitada desde la Banda Oriental (hoy Uruguay) para propagar los ejercicios espirituales.
Miles de ejercitantes porteños
Hacia 1788 escribió Ambrosio Funes una carta contando que en ocho años habrían hecho ejercicios espirituales unas setenta mil personas. Por eso proyectaba una casa dedicada especialmente a estas prácticas. Como respuesta obtuvo la donación de tres parcelas de terreno contiguas. Pero faltaba todo lo demás, de manera que inició nuevamente a solicitar ayuda y tuvo como apoderado en esta tarea a Cornelio Saavedra.
La práctica de los ejercicios espirituales pasó a convertirse en una de las actividades religiosas más prestigiosas de la vida porteña, y tanto los sectores de abolengo, como los de condición humilde encontraron en Mamá Antula a la persona a quien encomendaban sus oraciones por diversas necesidades.
En 1784 el obispo de Buenos Aires, Sebastián Malvar y Pinto, enviaba una carta al Papa informándole que durante los cuatro años en los que se habían realizado los ejercicios espirituales en esa ciudad, habían pasado unas quince mil personas, sin que se les haya pedido “ni un dinero por diez días de su estadía y abundante manutención”.
La gravitación de María Antonia
En Roma, las cartas de María Antonia a sus amigos los jesuitas, después de ser traducidas al latín, francés, inglés y alemán, eran enviadas a distintas naciones, en particular a Rusia, único país que no había acatado el destierro de los jesuitas. Ciertos conventos franceses se habían reformado al leer sus cartas. La importancia asignada por el obispo de Buenos Aires a los ejercicios, lo llevó a disponer que “ningún seminarista se ordenase sin que primero la beata certificase la conducta con que se hubiesen portado en esos ejercicios”. Con lo cual se asignaba a María Antonia un papel significativo en la Iglesia porteña de ese entonces.
En una homilía celebrando la santidad del continente americano, el Papa Francisco ha dicho "Que en la comunión universal de los santos y, en especial, en la corona de los santos americanos, nos acompañe fray Junípero Serra e interceda por nosotros, junto a tantos otros santos y santas que se han distinguido con diversos carismas". Entre ellos y ellas, el Papa ha señalado particularmente los "Misioneros incansables como fray Francisco Solano, José de Anchieta, Alonso de Barzana, María Antonia de Paz y Figueroa, José Gabriel del Rosario Brochero".
El retiro final
María Antonia sentía que le flaqueaban las fuerzas. Contaba sesenta y nueve años y no pudo ver concluida su obra. Murió el 7 de marzo de 1799. Pero el grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en una pujante congregación religiosa en 1878, que hoy desarrolla sus tareas apostólicas en varias provincias. El corazón de la Madre Antula sigue palpitando en la Santa Casa de Ejercicios que se conserva en Buenos Aires como uno de los edificios más antiguos de la ciudad y atesora viejos recuerdos en forma de imágenes, muros, puertas y patios, que constituyen un patrimonio vivo de la historia argentina.
Señor presidente, por las razones expuestas y el enriquecedor criterio de los Señores Miembros de este Honorable Cuerpo, solicito quieran tener a bien brindar acompañamiento al presente proyecto de declaración.
Proyecto
Firmantes
Firmante Distrito Bloque
MORALES, MARIANA ELIZABET SANTIAGO DEL ESTERO FEDERAL UNIDOS POR UNA NUEVA ARGENTINA
Giro a comisiones en Diputados
Comisión
RELACIONES EXTERIORES Y CULTO

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