Periodo:128 Reunion:7 Fecha:04/05/2010

SRA. BIANCHI,IVANA MARIA (SAN LUIS): Señor presidente: quiero dejar en claro que no estoy en contra de las uniones homosexuales, y mucho menos, de su elección de vida. Quiero contarles que la vida me ha regalado grandes amigos y muchos de ellos son gays. Los argumentos por los que me opongo al matrimonio entre personas del mismo sexo son básicamente dos. El primero de ellos es que el matrimonio es una institución especialmente heterosexual. Este es un dato antropológico del que el derecho suele limitarse a tomar nota. Una unión formal entre personas del mismo sexo será otra cosa, pero nunca un matrimonio. El segundo argumento por el que me opongo es que la unión entre personas del mismo sexo no cumple las mismas funciones sociales por las que el derecho regula y protege el matrimonio, por lo que no tiene sentido atribuirle toda la regulación jurídica de él. Un tema aparte es la adopción por parte de parejas del mismo sexo, ya que basándose en esto se busca un nuevo modelo de familia, a la que no estamos preparados como sociedad estoy segura de esto para afrontar. Hasta ahora, nos guste o no, no se ha podido reemplazar el modelo de padre, madre e hijo como la forma más viable para la adopción de un niño. Muestra de esto son los kibutz de Israel, donde una mujer o diferentes personas tomaban el lugar de padres para varios niños, o la madre en Rusia, donde el Estado se arrogó la función de padre. Ambas experiencias resultaron un fracaso y dejaron secuelas gravísimas para la sociedad. Nuestra cultura, quiérase o no, tiene parámetros fuertemente heterosexuales, conformados en el seno de esta educación familiar tradicional. Siento que un niño paternalizado por una pareja homosexual entraría necesariamente en conflicto en sus relaciones personales con otros chicos; se conformaría psicológicamente a un niño en lucha constante con él mismo y con su entorno. La finalidad de la adopción es una forma de filiación que quiere proporcionar a los menores un hogar estable y adecuado para su crecimiento físico, intelectual y moral, un entorno que sustituye todo aquello que su familia biológica le negó. Dos hombres podrán ser muy buenos padres, pero nunca podrán ser dos buenas madres, y viceversa. La familia tradicional ha pasado ya la fase experimental desde hace miles de años en la mayoría de las culturas y, muy especialmente, en la nuestra. Los resultados buenos o malos están claros, y están reflejados en la sociedad en la que vivimos. Pero de este nuevo modelo de familia no sabemos nada. Es más: siento que con la adopción por parte de parejas homosexuales estamos sometiendo a miles de chicos que han pasado por un hecho traumático, como es el abandono, a un nuevo experimento. Si esta norma finalmente se sanciona, me pregunto: ¿cómo podríamos definir qué es una familia? No podemos decir que una familia es un grupo de personas que viven juntas, porque hay gente que vive junta y no son una familia. No podemos decir que una familia es un grupo de personas que se quieren, porque hay gente que se quiere y no son una familia. Tampoco podemos decir que una familia es el padre y la madre con sus hijos, porque tampoco es así, ya que hay familias de hijos con padres y madres, familias de hijos con madres solas y familias de hijos con padres solos. Podríamos decir que una familia es un núcleo de personas encabezado por dos de ellas, las cuales hacen el amor periódicamente. Pero esto tampoco sería correcto, porque hay personas que hacen el amor periódicamente y no son una familia. Entonces, la creación de esta nueva familia expondría a esos chicos a superar pruebas mayores que los chicos adoptados por parejas heterosexuales. Yo puedo entender el deseo de los homosexuales de ser padres, pero no deben imponer este deseo al interés del menor. Para finalizar, quiero afirmar que no todo es válido, legal y legítimo en nombre del amor. Yo creo firmemente en el amor: el amor como base de una familia, como base de respeto, como algo esencial en la vida; pero en nombre del amor no todo puede ser válido ni aceptado. Hago hincapié en esto basándome en lo que para mí fueron dichos poco felices de la señora diputada Gil Lozano en la reunión conjunta de las comisiones, cuando dijo “¿Por qué no pensamos en uniones de tres o cuatro personas? ¿Por qué no nos animamos a una vida de placer?” Luego hizo alusión a la zoofilia, al decir que nos debemos permitir hacer el amor con un perro, si el perro está de acuerdo. Sinceramente, señor presidente, no podría describir mi estado y mi frustración al escuchar esas palabras y, sobre todo, mi impotencia al pensar que en ese momento morían en el mundo miles de mujeres y niños a causa de esas perversiones. Entonces, tengamos cuidado con el mensaje que damos a la gente y a los chicos. No podemos, en nombre del amor, movernos en un ambiente donde se desenfoca la sexualidad humana. La sexualidad debe ser un lenguaje de los sentimientos y del amor; el amor hétero y homosexual, pero el amor, y no el placer solo. Estoy cansada de escuchar a los llamados progres –entre comillas que presentan a la sexualidad como un mero objeto de placer, y no como una donación de una persona hacia otra. Por eso, creo que no debemos caer en un debate simplista, donde quienes estamos en desacuerdo somos conservadores y discriminadores, y quienes están a favor son progresistas, democráticos y priorizan el derecho a la igualdad. Para terminar, quiero dejarles a todos mis compañeros diputados una frase del biólogo Jean Piaget, que señala: “Denme a un niño en sus primeros años de vida y responderé por su edad adulta.” (Aplausos.)
...
Ver debate completo...

Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina | Congreso de la Nación Argentina | Av. Rivadavia 1864 - Ciudad Autónoma de Bs. As. (C.P.C1033AAV) | + 54 11 6075-7100

Nota: La información contenida en este sitio es de dominio público y puede ser utilizada libremente. Se solicita citar la fuente.