Periodo:134 Reunion:17 Fecha:19/10/2016 MODIFICACIÓN DEL CÓDIGO ELECTORAL NACIONAL

SRA. CARRIZO,ANA CARLA (CIUDAD de BUENOS AIRES): Señor presidente: la posición de nuestro bloque ya fue anunciada por el señor diputado Tonelli. Yo simplemente quería hacer dos reflexiones, la primera de las cuales se vincula con lo que tienen en común casi todos los dictámenes de minoría, que cuestionan que esta reforma limita derechos. Dicen que limita derechos a los partidos, a los ciudadanos y a los candidatos. La segunda cuestión a la que haré referencia se vincula con el tema de la paridad. Con respecto al primer punto, ¿qué se cuestiona de este proyecto? Se cuestiona que limita derechos a los partidos porque prohíbe las listas colectoras. Sí, se prohíben las listas colectoras. Además, se cuestiona que se limita derechos a los candidatos porque se prohíben las candidaturas múltiples, y efectivamente prohibimos las candidaturas múltiples. Finalmente, se cuestiona que se limita el libre albedrío del elector para armar categorías en lugar de votar por partidos, y ciertamente limitamos ese libre albedrío, porque en las democracias que funcionan bien, como la Argentina, no se votan candidatos sino partidos. Todavía no hay otra fórmula: para ser candidato hay que estar en una organización. Quiero disentir entonces con el señor diputado Tonelli, con quien ayer debatíamos si esta es una reforma electoral o una reforma política. Es una reforma política, porque se innova, se altera la distribución del poder, y cuando se altera la distribución del poder, alteramos la estructura de los derechos. ¿Para quién está pensada esta reforma? Esta reforma no está pensada ni para los candidatos ni para los partidos, sino para los ciudadanos.
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SRA. CARRIZO,ANA CARLA (CIUDAD de BUENOS AIRES): Esta reforma está en consonancia con las PASO que se aprobaron en 2009. Por supuesto que se cuestiona, pero no el espíritu de las PASO sino el decreto presidencial 443/11, cuya reglamentación violó el espíritu de regulación de la competencia, de premiar partidos nacionales, minimizar el negocio de la creación del partido propio y la sobreoferta de partidos provinciales. Lo que votó el Congreso fue limitado por la reglamentación dictada en su momento por la Presidencia de la Nación mediante el decreto 443/11. De manera que nosotros volvemos a la voluntad decisional de la competencia en la Argentina sancionada en el año 2009 con la ley de las PASO. Cuestionamos la apertura, la grilla, la desarticulación, la libre oferta y la ausencia de regulación del decreto 443/11, porque preferimos limitar a los partidos y a los candidatos, pero liberar al elector de la gran limitación con la que lo castiga la dirigencia política argentina desde hace veinte años. En la Argentina, votar es muy difícil, a diferencia de lo que ocurre en otros países, donde todos los ciudadanos votan con lo que llamamos el voto sincero, es decir, entran al cuarto oscuro y tienen tres opciones: voto de preferencia, voto al menos malo o al que menos me disgusta y voto en blanco. En cambio, el elector argentino está condenado a un voto estratégico: entra al cuarto oscuro y se encuentra con cuarenta boletas. ¿Y saben qué ocurre? Cuando hay sobreoferta de candidatos, al elector le quitamos el único poder que tiene, que es la visibilidad, es decir, a quién premia y a quién castiga. Como en Tucumán, que fue el microescenario de la Argentina actual, en este país sobran partidos provinciales, sobran candidatos y falta poder ciudadano. Los ciudadanos tienen que entrar al cuarto oscuro, saber a quiénes premian y saber a quiénes castigan. De manera que digo al diputado Tonelli que hacemos política. Se critica a Cambiemos que no hace política, pero en esto coincido en que hacemos política, y buena política: partidos nacionales en el Congreso Nacional y partidos provinciales en las provincias y en los municipios. En cuanto a la paridad, lamento que hablemos de ella, porque significa tener que explicar que para la mayoría de los argentinos y de los diputados de este Congreso, no somos iguales. Tenemos que explicar que lo somos con la paridad, la cual es necesaria porque la igualdad no se da en forma natural. Voy a volver a disentir con la diputada Bregman; parece que no estamos de acuerdo con respecto a las reformas. Yo admiro profundamente a los partidos de izquierda porque tienen el 70 por ciento de las postulaciones femeninas. ¿Pero saben qué? En el 95 por ciento de la representación partidaria en la Argentina, para los partidos que son mayoría, el cupo no solamente no es un techo de cristal, sino que es un piso de barro. En once distritos del país donde la renovación parcial es de a dos y de a tres, las mujeres no ocupan el primer lugar sino el tercero, y entonces no entran. Y nos dicen: “Ojo, que hoy en el Congreso se superó el cupo; hay un 38 por ciento de mujeres”. Les pido que miren toda la serie temporal que va de 1991 a 2016 y se darán cuenta de que esta es una excepción. La pregunta es qué hicimos las mujeres con el cupo: ¿llegamos al Congreso y nos sentamos arriba del poder o lo utilizamos? En un ciclo de diez años como el que va de 2003 a 2013, este Congreso, además de todas las leyes que sancionó enviadas por el Poder Ejecutivo, aprobó 761 iniciativas nacidas, pensadas y elaboradas por diputados y senadores. ¿Saben cuántas de ellas fueron pensadas, proyectadas, lideradas y luchadas por mujeres en los recintos de ambas Cámaras? El 38 por ciento. ¿Usamos el cupo? Por supuesto que sí, y al máximo. Llegamos aquí y usamos el poder. ¿El número importa? Sí. No nos conformamos con el cupo porque queremos más. ¿Y por qué queremos más? Porque solo el 3,8 por ciento de ese 38 por ciento de leyes impulsadas por mujeres en esos diez años se vinculaban a temas que tienen que ver con la equidad de género. Entonces, ¿qué está pasando con las mujeres que llegamos al Congreso? Las mujeres que llegamos tenemos conciencia de género, pero sesgo de clase. ¿Saben por qué solo el 3,8 por ciento de las leyes impulsadas por mujeres tienen que ver con la equidad de género, como licencias, igualdad de salario, etcétera? Porque las mujeres que llegamos acá somos de clase media y clase alta; nos sobra capacidad, casi todas tenemos estudios universitarios. Yo quisiera más Ramonas Pucheta en este Congreso. Ese es el desafío de la paridad. Necesitamos mujeres de sectores populares porque el desafío de la paridad es equiparar la desigualdad entre hombres y mujeres y equiparar la gran desigualdad que tenemos dentro de nuestro propio género. Quienes estamos aquí y luchamos por la paridad aprendimos a luchar. No es que de pronto nosotros tenemos una fuerza inédita y traemos aquí la paridad. Aprendimos cómo hacerlo. De Alicia Moreau de Justo, de Evita, de Florentina Gómez Miranda, aprendimos un solo eslogan y el más importante: el poder se ejerce, no se solicita, y los derechos no se agradecen, se exigen. También aprendimos cómo exigirlos. ¿De quiénes? De las trece diputadas que en 1991 violaron la disciplina partidaria, se rebelaron y dijeron: “Queremos el cupo; si no, no votamos”. ¿Y qué nos enseñaron? Que los derechos no tienen partido sino razones, y así lo hicimos. En efecto, para lograr la paridad llevamos adelante una estrategia parlamentaria interpartidaria: todas juntas con un mismo objetivo, que es el objetivo de la equidad. Finalmente, el cupo sirve; necesitamos más porque el número nos permite definir leyes. Fui electa en 2013 y ese año ingresé a la Cámara, y tuve dos oportunidades de presenciar juramentos. Los 257 diputados aquí presentes, cuando nos incorporamos, juramos por varios modelos. Algunos tienen que ver con un aspecto religioso; en otros casos, el juramento es estrictamente secular. Pero todos aquí juramos por algo: cumplir con la Constitución Nacional. La paridad no es un favor; está contemplada en el artículo 37 de nuestra Carta Magna. Por lo tanto, cuando abordemos el tratamiento en particular de los artículos vinculados con la paridad, espero que los diputados que juraron cumplir con el mandato constitucional, así lo hagan. Si no lo hicieren, la ciudadanía y las mujeres –niñas, jóvenes y adolescentes- que hoy se manifestaron en la calle, que se lo demanden. (Aplausos en las bancas.)
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