Período:127 Reunion:10 Fecha:16/09/2009 CUESTIÓN DE PRIVILEGIO


SR. PRESIDENTE(FELLNER) Para una cuestión de privilegio tiene la palabra el señor diputado por la Capital.


SR. IGLESIAS, FERNANDO ADOLFO (CIUDAD DE BUENOS AIRES): Señor presidente: quiero plantear una cuestión de privilegio porque por muchos motivos me siento ofendido en mi carácter de legislador y representante de los ciudadanos que me han elegido.
Adhiero a las expresiones de los colegas que me precedieron en el uso de la palabra con respecto a la irregularidad de esta sesión, pero también quiero puntualizar la forma del tratamiento en la vergonzosa reunión conjunta que se celebró en el día de ayer. Fue una reunión que terminó sin quórum y con despachos que eran firmados en las oficinas de los señores diputados sin ningún tipo de legitimidad. Esto nos ha impedido presentar un dictamen de minoría.
Fue una vergüenza. Creo que ni siquiera en una asociación vecinal que tiene que discutir si pone o no una cancha de bochas se debate de esa manera, con semejante grado de desorganización y de avasallamiento de los derechos y de las capacidades de los diputados.
Yo me pregunto si es posible discutir un proyecto de ley sin tener el texto delante para poderlo leer, también me pregunto si es posible considerar en una hora y media 215 modificaciones al texto de la iniciativa.
Creo que hay algunas cifras muy contundentes: seis años tuvo este gobierno mayoría en ambas Cámaras y no hizo nada con respecto a esta ley. Seis meses discutieron los foros convocados por el licenciado Mariotto con invitación exclusiva.
Seis horas tuvimos los diputados de tres comisiones para tratar en condiciones vergonzosas los 157 artículos del proyecto de ley y las 215 modificaciones. Fueron seis horas de las cuales tres se utilizaron para que nos leyeran lo que no podíamos tener porque no nos habían llegado las modificaciones.
El método es coincidente con el texto de la ley: una ley que treinta y una veces menciona al Poder Ejecutivo nacional y ni una sola vez al Parlamento. No menciona ni una sola vez al Congreso de la Nación y ni una sola vez a la oposición.
Por su parte, a la Cámara que usted preside, señor presidente, la menciona sí, pero una vez sola, para decir que el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos sancionan con fuerza de ley. Señor presidente: ésa es la única mención que tiene la Cámara que usted preside en todo el texto de un proyecto de ley de 157 artículos.
Me felicito de que los diputados que van a votar esta ley, este atropello a la libertad de expresión, hayan tenido el tiempo entre anoche a la una de la mañana y hoy a las diez para leer este proyecto de ley, este bodoque de 157 artículos con 215 modificaciones, más los textos de todas las audiencias públicas.
Decimos que este Parlamento está siendo degradado y está siendo tratado como una mera escribanía, aunque es peor que una escribanía, porque los escribanos tienen más tiempo que los diputados de la Nación para leer los documentos que se ponen a su consideración. Ningún escribano permitiría que le pasaran un documento de esta extensión, para producir ocho horas después un dictamen sobre su validez o invalidez jurídica.
Ese es sólo el primero de los puntos que me ofenden en mi calidad de diputado. El segundo son las expresiones de ciertos diputados del oficialismo que se acordaron de los derechos humanos en el 2003 y no tuve el honor de ver en la plaza de Mayo durante la dictadura. Tampoco tuve el honor de verlos en esta Cámara ni en el Senado, cuando muchos representantes de la oposición planteaban la derogación de la obediencia debida y del punto final; y ahora vienen a hablar como si hubieran inventado los derechos humanos.
Asimismo nos dicen, como se señaló ayer en un discurso vergonzoso, que figura en la versión taquigráfica de esa sesión vergonzosa, que todos los que estábamos en contra de esta ley estábamos a favor de la ley de la dictadura. No puedo permitir esa ofensa al diputado que la hizo, y no lo voy a mencionar para no darle la oportunidad de seguir desvirtuando e insultando tanto a mí como a los demás señores diputados.
Sí puedo decirle que el crimen de la dictadura, el horrendo genocidio de la dictadura no fue el crimen y el genocidio contra un solo partido sino contra todos los argentinos. Fue un crimen contra la democracia y no sólo contra uno de sus partidos.
Cualquiera que haya vivido esas épocas y que se haya tomado el trabajo de observar lo que estaba sucediendo, sabe que cayeron argentinos de todas las banderías políticas y muchísimos que no tenían una bandería política definida.
Así que basta de decir que el crimen genocida se hizo sólo contra un partido y basta de decir que las víctimas han sido los trabajadores. Es cierto que las principales víctimas fueron los trabajadores, pero no la burocracia.
Quienes nos acercamos al movimiento de derechos humanos a principios de los 80, en plena dictadura, nos enterábamos por los compañeros de las fábricas de cómo la burocracia entregaba a sus propios compañeros y delegados para que no le disturbaran el control de las fábricas. Así que las víctimas fueron los trabajadores, no la burocracia.
Cierro mi exposición diciendo que también me siento ofendido por las expresiones del señor diputado Rossi, quien al finalizar la sesión anterior dijo textualmente que se esperaba que en el tratamiento de este proyecto de ley, los diputados tuviéramos la dignidad de los presidentes de los clubes del fútbol argentino.
Esto es una vergüenza. Me gustaría que los integrantes del bloque del diputado Rossi reflexionaran sobre un presidente de bancada que se dirige a ellos instándolos a tener la calidad y dignidad de los secuaces del señor Julio Grondona. Espero que nadie se comporte de ese modo, pero me temo –viendo como se están desarrollando las cosas que muchos tendrán ese nivel de dignidad y de comprensión de las necesidades de la República y del pueblo argentino.


SR. PRESIDENTE(FELLNER) La cuestión pasará a la Comisión de Asuntos Constitucionales en los términos que ha sido planteada.



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