• RELACIONES EXTERIORES Y CULTO

Reunión del día 12/10/2010

- SEMINARIO INTERNACIONAL LA RELACIÓN ENTRE ARGENTINA Y CHINA PRESENTE Y FUTURO - SEGUNDO PANEL

- En Buenos Aires, a los doce días del mes de octubre de 2010, a la hora 11 y 49:
SRA. LOCUTORA Vamos a dar comienzo al segundo panel del Seminario Internacional "La Relación entre Argentina y China: presente y futuro".

El tema a considerar en este panel será el siguiente: "La perspectiva económica en la dimensión bilateral entre Argentina y China, impacto y desafíos". Será una mesa de análisis con eje económico, y el objetivo será evaluar las acciones necesarias que permitan profundizar el fortalecimiento de lazos entre los ámbitos de acción público y privado, a nivel local e internacional, para asegurar el desarrollo económico e integral de ambos países.

El moderador a cargo de este panel será el doctor Raúl Espiño, asesor de la Presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, quien a continuación explicará la modalidad de esta segunda mesa.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Buenos días. Ante todo quiero agradecer la presencia de todos ustedes y darles la bienvenida a los expositores, los doctores Enrique Mantilla, Jorge Rafael Di Masi, Ernesto Fernández Taboada y Carlos Juan Moneta.

La metodología será similar a la del primer panel. Los distintos oradores harán una exposición de unos doce minutos y luego se realizará una ronda de preguntas.

SRA. LOCUTORA En primer lugar escucharemos al doctor Enrique Mantilla, abogado especializado en negociaciones comerciales internacionales; presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, del Instituto de Estrategia Internacional y del Consejo de Comercio Exterior del Mercosur; director del Consejo Interamericano de Comercio y Producción; delegado titular empresarial en la Comisión Sociolaboral Mercosur; director de la Cámara de Comercio Internacional; miembro de Enterprise Advisory Group de la OIE, Suiza; director del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa del IEI; y consejero titular de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

Integra el Consejo Académico en Comercio Internacional de la Universidad de El Salvador. Ha recibido el premio para dirigentes empresarios de Konex en 2008. Fue árbitro del protocolo de Brasilia para la solución de controversias en el Mercosur.

SR. MANTILLA Muchísimas gracias. Felicito a la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados por la iniciativa que ha tenido para realizar este seminario. Creo que es muy importante.

Pasando al tema en tratamiento, quiero decir que la primera cuestión que debemos tener en cuenta es la diferencia existente en la perspectiva intelectual que tiene China al plantear sus relaciones, a diferencia de Argentina.

En primer lugar, comienza a hacer política a través de una estrategia -este es un cambio sustantivo de visión. En segundo lugar, es realista; cuando tiene superávit de poder, bilateraliza, y cuando tiene déficit de poder, multilateraliza. Por ejemplo, si China tiene interés en negociar con Brasil o con Argentina, no presenta su proyecto ante el Mercosur sino ante Brasil o ante Argentina. Le propone el proyecto a Brasil, el que sostiene que es una buena idea, y luego viene a nuestro país, y ocurre lo mismo. Ni Brasil ni Argentina acuden al Mercosur para definir una política común sino que cada uno va por separado. Esto muestra la diferencia estratégica que existe, tomando un ejemplo muy claro, fácilmente comprobable para todos.

En tercer lugar, en el mundo de hoy los negocios internacionales pasan de las manos financieramente fuertes a las manos financieramente débiles, y China está financieramente fuerte. En 2000 China tenía una participación del 7 por ciento en el producto mundial; Estados Unidos, Europa y Japón, del 55 por ciento. En 2015 la tríada Estados Unidos, Europa y Japón pasaría al 40 por ciento, repartiéndose el resto del mundo 16 puntos, de los cuales 9 los captaría China. Y lo más interesante es que entre 7 y 13 puntos -es decir, 6 de esos 9- ya en 2000 habían pasado a China. Esto es sustantivo, ya que explica en parte el desbalance que hoy observamos en Europa y en Estados Unidos; todas las crisis que ha habido fueron producto subyacente de un cambio fundamental en la estructura comercial internacional.

En esta filmina se observa un cuadro. En nuestro país existe un instituto de estrategia internacional, y también, desde hace varios años, un observatorio de China -su director está hoy con nosotros-, el que realiza este tipo de análisis. Se trata de una modelización de la economía china hasta el año 78. Lo importante de ese análisis es que China es un actor clave como importador de materias primas y un exportador agresivo, con una importante incorporación en su cadena de suministro internacional, principalmente de Asia. Este modelo está en cambio, pero durante todo ese período China ha pasado de exportar carbón-petróleo en 1978 a exportar biotecnología y nanotecnología en 2005; ha habido una sustantiva mejora tecnológica en sus productos de exportación, que no son diferenciables, dada la tecnología que han incorporado de otros orígenes. Este cambio es clave y sustantivo en el mercado mundial.

Ahora bien, parte de esa construcción se hizo a través de lo que se denomina ciclo de manipulación, que involucró, a partir del año 98, tanto a China como a países del Asia Pacífico. Esto significaba poner los precios de las divisas en una relación estratégica productivista y no en una relación de economía de mercado puro, con lo cual, manteniendo precios bajos y competitivos de su moneda -lo que ocurrió- han logrado una política industrial horizontal que han mantenido hasta 2005; de 2005 a 2008 inclusive revaluaron contra el dólar un 7 por ciento por año, y de 2009 a 2010 lo han tenido planchado, moviéndose ahora un 2 por ciento. Se trata de una política que ha permitido un desarrollo fenomenal en el sector industrial.

Como consecuencia de ello, el 57 por ciento de las reservas mundiales están en Asia, de las cuales un 28 por ciento se encuentran en China. Este es un elemento clave, como bien planteó el doctor Castro en el panel anterior, ya que demuestra la potencia de las manos financieramente fuertes que hoy están involucradas en China.

En 2004 nos hacíamos cuatro preguntas: ¿Tiene el mundo suficiente cantidad de productos para satisfacer la demanda china? ¿Cómo la variación del ciclo de la economía china afectará los precios de los commodities? ¿Cómo se va a absorber mundialmente la contrapartida, que son las exportaciones chinas? ¿Qué oportunidad existiría para Argentina como proveedor? ¿Argentina podría entrar en la cadena de suministro de exportación a China?

Hoy las preguntas son diferentes. Lo que está ocurriendo en China es que no solo ha aumentado y seguirá aumentando la demanda doméstica, sino que además se han introducido elementos de la nueva productividad china. Se trata de mecanismos que tienen que ver con la eficiencia del capital -y esto en el sistema financiero y en el sistema de reorganización de sus estructuras productivas, para hacerlas más competitivas y consolidadas-; con un plan de inversión en infraestructura extraordinario, que va a aumentar la productividad china en los próximos diez años en forma notable; con la eficiencia a través de nuevas políticas de protección social y educación, que ha puesto en marcha a partir de 2008; y con una política severa sobre la eco-reestructuración. Estos cuatro elementos centrales de la productividad china modifican la visión que teníamos antes. Ha pasado a un nuevo nivel y creemos que habrá una aceleración de la productividad.

Ahora, China también se plantea como un eje central de la reorganización de la eco-reestructuración dentro del sistema China-Asia, y la jugada maestra dentro de la nueva estrategia es haber cerrado el acuerdo con ASEAN, que como hecho económico es tremendamente importante porque consolida el posicionamiento industrial de Brasil como importante abastecedor de materias primas agrícolas, como aceite de palma. Esto empezó el 1° de enero de este año y es uno de los elementos centrales de la potencia que tiene China y de la reestructurac9ón que está haciendo su industria, ubicando y localizando producciones de baja productividad en países de la ASEAN e incorporando suministros en sus cadenas productivas de alta exportación.

Cuando observamos el nivel de comercio de China, que en diez años se ha incrementado un 583 por ciento, notamos que el comercio total ha aumentado con Asia y se ha duplicado con Latinoamérica y con África, pero el porcentaje de toda América Latina no llega al 6 por ciento. Somos jugadores chicos dentro de la estrategia global, pero somos jugadores importantes por otros motivos, que luego mencionaré. El comercio total con América Latina representa un 6 por ciento del comercio en 2009; el juego grande pasa por otro lado.

Haré un comentario sobre el Mercosur. El interés de China por nuestros mercados básicamente pasa por los recursos naturales, hierro, soja, petróleo, y los futuros de petróleo; además, la llave de todo el juego es Brasil. La relación real que vamos a tener con China dependerá mucho del juego y de la capacidad de unirnos con Brasil para hacerlo bien, o de las posibilidades que Brasil realmente nos brinde. Vimos que en Brasil consiguió una promesa de estatus, y luego vino a la Argentina. No lo hizo a través del Mercosur; no estamos coordinados para negociar internacionalmente con China, como había sido la promesa del Mercosur. Todos jugamos pequeños partiditos sin visión estratégica, que es la ventaja que tiene China con otros países.

La ventaja que tiene China con Brasil está extremadamente adelantada; basta pensar que de 85 mil millones de dólares en productos básicos que exporta en general Brasil, 25 mil son del mineral hierro, que es un elemento central -además de la soja- en la relación con China, que tiene la siderurgia más grande del mundo, construida a partir de 2005.

En el intercambio con Argentina lo importante es lo que viene a futuro, y cabe decir que el modelo parece del siglo XIX, es decir, hay concentración de las exportaciones en productos basados en alimentos, recursos naturales y commodities. En cambio, China tiene exportaciones industriales más diversificadas, tiene capacidad financiera -financia infraestructura, subterráneos, ferrocarriles-, tiene capacidad de hacer aportes financieros con el swap que ha hecho de 10 mil millones de dólares con el Banco Central, y promueve sus inversiones en recursos naturales.

Entonces, es como si hubiéramos vuelto al siglo XIX en la relación comercial; nos va tan bien en muchas cosas hoy porque los recursos naturales son abundantes, pero desde el punto de vista industrial, esa es la realidad. Para China son economías complementarias porque se da esta relación. Cambiarla depende mucho de nosotros.

Pero Argentina, y Latinoamérica en general, estará callada en sus posibilidades debido a que China tiene una extraordinaria capacidad de productividad y una mejoría en la potencia de sus exportaciones industriales.

El papel de la soja es clave; en 1996 o 1997 el doctor Castro, cuando exportábamos 3.400 millones, sostenía que la relación con China iba a estar marcada por la soja, y lo miraban raro. En los últimos cuatro años, en la administración de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el promedio de exportaciones de soja a China fue de 20 mil millones por año; este es el tono central.

En 2008 China hizo un plan estratégico de soja, que básicamente es un plan muy concreto y amplio a largo plazo y que debemos considerar, ya que significa una reestructuración de la industria procesadora de soja en China. Esto también incluye al aceite de soja.

No me voy a detener, pero es una cuestión estratégica; es el gran desafío de la producción de soja, que es parte de la relación.

Para finalizar diría que China es un fabuloso competidor industrial que debemos tener en cuenta; nuestra recomendación es que la relación con China debe repensarse desde la estrategia público-privada.

Hay que captar la complejidad de la relación desagregada, como socio, como cliente, como competidor, y hay que adecuar la matriz productiva a la nueva realidad. Es necesario buscar en Argentina una nueva productividad sistémica. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Agradecemos la presentación del doctor Mantilla.

Tiene la palabra el doctor Jorge Rafael Di Masi.

SRA. LOCUTORA El doctor Di Masi es abogado y posgraduado en Relaciones Internacionales; profesor adjunto de derecho internacional público, en la carrera de abogacía; profesor de "Asia en el Mundo Contemporáneo", de la Maestría en Relaciones Internacionales, en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata; coordinador del Departamento de Asia y el Pacífico, del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata; profesor visitante de la Ritsumeikan University, de Kyoto, Japón, del Instituto Tecnológico de Monterrey, México, y de la Universidad de California en Los Ángeles.

Ha sido invitado a dictar cursos, conferencias y seminarios en universidades del país y del extranjero en Japón, Corea, Estados Unidos, Macao, Singapur, Malasia, Tailandia, Vietnam, Laos, Myanmar, Australia, Brasil, México, Perú, Chile y Austria.

Ha publicado diversas obras sobre temas de integración regional y sobre asuntos asiáticos en general, en español, inglés, mandarín y japonés.

Fue presidente de la Asociación Argentina de Estudios Coreanos y representante en Argentina de la Macao Association for the Promotion of Relations between Asia and Latin America, MAPEAL.

SR. DI MASI Buenos días a todos. Es un gusto enorme estar aquí. Hace unos días, cuando me convocaron para este panel, quien me invitó gentilmente me dijo que la intención era ver qué normas podíamos proponerle a la Cámara de Diputados que permitan mejorar y promover la relación entre Argentina y China.

Soy abogado, por lo que sé cómo funciona el sistema, pero me sorprendió un poco la propuesta de pensar normas para esta temática. Se me ocurrieron dos, de un artículo cada una. Una primera que dijera "hagamos esto", "sentémonos a pensar la relación con China". Este es el primer paso fundamental, y por eso le doy la bienvenida a esta propuesta. La Cámara de Diputados puede jugar el rol que debió haber jugado siempre -y que otros poderes del Estado también debieron haber jugado- respecto de la creación de una sólida, pensada y elaborada propuesta de política exterior de nuestro país hacia la región del Pacífico Asiático.

Me parece que hay esfuerzos de distintas agencias del gobierno nacional en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto y en el de Economía y Finanzas Públicas; y también hay instituciones que trabajan sobre esta temática -muchas instituciones universitarias, muchas privadas, como las cámaras que están representadas en este panel, y otras tantas que se dedican a tratar de pensar a largo plazo esta relación.

Me parece que esto es lo que debería disponer la ley: cómo hacer para articular todos esos esfuerzos y que se materialicen en una política exterior que, como decían algunos pensadores hace muchos años, sea el reflejo de la política interior. La política exterior debe ser construida a partir de las fuerzas políticas que existen en un país, y eso debe reflejarse en el exterior. Entonces, pensemos, profundicemos, y sigamos trabajando en esta línea.

La Cámara de Diputados puede tener un rol muy importante, no como hacedor de leyes sino como poder del Estado para influir en la concreción de una política exterior determinada.

¿Cómo encarar este debate sobre China? Quienes me precedieron en el uso de la palabra brindaron riquísimos elementos al respecto. Quizá podríamos incorporar algunos conceptos más; trataré de no repetir, aunque esto será difícil porque todos los que estamos aquí venimos discutiendo y trabajando en los distintos temas desde hace muchos años.

En primer lugar, volviendo atrás algunos siglos -cuatro o cinco-, en una perspectiva histórica, veíamos que China era el eje de un sistema de Estados tributarios donde toda la región del Pacífico Asiático funcionaba en función de ese eje, y allí se establecían relaciones de cuasi dependencia entre todas las naciones asiáticas y la economía china, creando un subsistema regional que en ese momento era el más importante de la economía mundial.

En esa época comenzaron a viajar por el mundo un grupo de chinos -que luego se los conceptualizó como los chinos de ultramar-, que hoy siguen existiendo y forman como una especie de gran multinacional que existe en todo el planeta tierra, con una gran fortaleza en el Pacífico Asiático, útil para realizar negocios -los hombres de negocios conocen bien este tema-, y que muestran a China como un país central en el sistema internacional.

Si volvemos al presente vemos que China nuevamente juega ese rol como eje central de un subsistema en el Pacífico Asiático, con una real proyección hacia el resto del mundo, a través del intercambio de productos, inversiones, flujo de migrantes que salen de China para el resto del mundo para desarrollar actividades económicas.

Entonces, hoy en día en algún aspecto se está repitiendo la imagen de hace muchos años atrás. Esto nos lleva a la siguiente conclusión: si nosotros entendemos el rol que ocupa China en el Pacífico Asiático vamos a entender cómo funciona esta región del mundo. Si entendemos qué rol juega esta región del mundo en el sistema internacional, podremos entender cómo funciona, observando simplemente algunas de las cifras que aquí se han mostrado, y la importancia que esta región del mundo tiene.

En consecuencia, si sabemos cómo funciona el sistema internacional vamos a poder diseñar una política exterior que atienda a esa realidad internacional y que permita que la República Argentina tenga una inserción adecuada dentro de ese sistema. En definitiva, estamos hablando de la generación de conocimientos y la transmisión de los mismos a oídos dispuestos a tomarlos y trasladarlos donde corresponda; en definitiva, unir los esfuerzos de los distintos sectores del país para generar una política exterior hacia la región del Pacífico Asiático.

Para profundizar un poco más en el tema me gustaría plantear rápidamente lo que ha sido la respuesta de algunos países latinoamericanos ante la presencia de China en la región.

Si se quiere, podemos seleccionar tres casos testigo -México, Chile y Brasil- como patrón de análisis, viendo qué peligros enfrentamos nosotros y qué respuestas podemos dar. No quiero plantear esto exclusivamente en términos de peligros sino también de oportunidades que puede tener la República Argentina en este sistema internacional, donde un gran peso lo tiene el eje China como centro del Pacífico Asiático.

La respuesta de México pasó del entusiasmo inicial -que duró unos cinco minutos en términos históricos- a lo que hoy podemos llamar el "sino pesimismo"; México está absolutamente aterrado de los efectos de la presencia china en América Latina por dos motivos. En primer lugar, porque las industrias chinas han afectado la producción local mexicana para el mercado interno, pero también la producción local para el principal mercado demandante de productos mexicanos, que es el de los Estados Unidos. China ha desplazado a México del mercado estadounidense. Tomen el mapa y vean dónde está México y dónde Estados Unidos: a tres segundos, a diferencia de la distancia que separa a China de Estados Unidos. Sin embargo, las redes de negocios de China han desplazado a México en una parte importante del mercado estadounidense.

Esto nos lleva a hacer una lectura, aplicándolo a nuestro país: China está provocando un efecto desplazamiento en el mercado brasilero para los productos argentinos. Yo aquí pongo un signo de pregunta; habrá que sentarse, estudiar los números y ver cómo se puede encarar este fenómeno.

En cuanto a Chile, cabe decir que fue un país de una economía de pequeño tamaño en términos latinoamericanos, una economía muy abierta, con una industria no muy fuerte. El hecho de haber firmado el acuerdo de libre comercio con China no le generó demasiado efecto negativo, al igual que el Tratado de Libre Comercio que firmó Chile con Corea. Y hay una relación interesante: Chile está aprovechando el acceso privilegiado que tiene al mercado chino e incluso está generando alguna inversión en el propio territorio chileno, básicamente centrada en el sector de recursos naturales.

El modelo del Tratado de Libre Comercio en Argentina no ha sido demasiado popular, no ha sido acertado, y creo que no es un modelo que a nosotros nos sirva mucho para pensar la relación con China.

Finalmente está el caso de Brasil. Brasil plantea una lógica de relación a partir del comercio y las inversiones, aprovechando al máximo los poderes de los dos países, pero lo interesante es que Brasil plantea una agenda política muy fuerte, donde discuten la membresía del Consejo de Seguridad, el G20 y la reestructuración del sistema financiero internacional, entre otros temas. Es decir, están hablando de cuestiones de la Primera A Internacional, del eje de la agenda internacional.

Entonces, vemos que Brasil en el campo político plantea una relación con China más de igual a igual, con la idea de reformar juntos el sistema. En el campo económico ciertamente hay una radicalización -y esto es lo que está ocurriendo en Argentina, y aquí pongo un signo de atención- del patrón de compra de productos manufacturados y venta de productos primarios. Entonces, la radicalización de este patrón, tanto para Brasil como para Argentina, puede ser algo dificultoso, problemático. Este ciertamente debe ser un tema en la agenda de la relación bilateral.

Finalmente observamos que China es un mercado que presenta oportunidades extraordinarias para los exportadores argentinos. Nos vende una enorme cantidad de productos. Las comunidades chinas van creciendo y desarrollándose en todos los países de América Latina; China es un inversor y un financista -recién el doctor Mantilla mencionaba el tema del swap, por ejemplo-, y hay una presencia financiera creciente de China en América Latina. Es decir, China cubre todos los aspectos de la economía, lo que nos brinda oportunidades y también ofrece peligros. En definitiva, China puede convertirse quizá en un buen socio desarrollista para América Latina, ya que nos está ofreciendo muchas cosas que otras potencias no ofrecen. Sin embargo, ese carácter de socio desarrollista también nos puede traer algunas dificultades.

En consecuencia, retomo lo que dije en un principio: todavía hay mucho por hacer, por discutir. Lo importante será sentarnos a articular esfuerzos entre todos para lograr una buena respuesta frente a lo que es indefectible e inmodificable, que es la creciente presencia de China en los asuntos internacionales. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Agradecemos la exposición del doctor Di Masi.

SRA. LOCUTORA A continuación hará su exposición el doctor Ernesto Fernández Taboada.

Es ingeniero agrónomo, de ISEPA; tiene un master en Negocios, ASOU. Ha realizado estudios sobre financiación del Comercio Internacional, Management Estratégico, Mercados de Cambio Internacionales.

Actividades actuales: director Ejecutivo de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China desde 1994; coordinador senior del grupo Asia Pacífico (GAP); miembro del Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales; miembro de la Comisión de Comercialización del Instituto Petroquímico Argentino; docente de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata y de la Tecnicatura en Estudios Chinos Contemporáneos de la Universidad de El Salvador; docente de los cursos sobre Protocolo de Negocios en China del Instituto Confucio de Buenos Aires, en su sede de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Distinciones: recibió el premio MAGNUS en diciembre de 2002, el cual se confiere a los referentes del cambio -lo ha recibido por su gestión en la transformación de un escenario para el desarrollo de pymes exportadoras; recibió el premio Vocación Académica 2005, otorgado por la Fundación El Libro (Feria del Libro) y Lázara Grupo Editor, por su labor de acercamiento entre la cultura china y la cultura argentina. Publica habitualmente artículos en revistas y periódicos.

SR. TABOADA La Cámara de Comercio Argentina-China quiere agradecer a la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados que nos haya tenido en cuenta para participar de este seminario.

Antes de referirme a los impactos y los desafíos haré distintas consideraciones, algunas de las cuales ya se han mencionado. Como todos sabemos, China es el mayor productor de autos del mundo -acaba de reemplazar a los Estados Unidos y también superó a Alemania como principal exportador- y es la segunda potencia económica por el monto de su PBI, superando en ese sentido a Japón. Es el mayor consumidor mundial de energía -también acaba de superar a los Estados Unidos- y es el segundo importador mundial de petróleo.

China se está urbanizando rápidamente. El gobierno chino tiene la intención en los próximos diez años de urbanizar a unos 300 millones de habitantes. Actualmente China, si tenemos en cuenta la ocupación actual de su población, sería rural, dado que hay más gente viviendo en el campo que en las ciudades; la idea del gobierno chino es revertir esta situación.

El ingreso de los chinos que viven en zonas urbanas está creciendo rápidamente y se está distanciando del ingreso de los que viven en las zonas rurales. Hace diez años la relación ingreso urbano-ingreso rural era de 2,50, 2,60 = 1 y hoy es de 3 = 1. Como consecuencia del mayor ingreso de los chinos que viven en las zonas urbanas, hay más predisposición para gastar y hacerlo en forma más diversificada, ya no solamente para atender las necesidades básicas sino para cuestiones que podríamos denominar secundarias.

China se convirtió en el primer mercado mundial de artículos de lujo. Hay una feria que hasta ahora se realizaba únicamente en Mónaco, denominada Top Marks, y a partir de este año se realiza también en China, ya que es un gran comprador de artículos de lujo -sean automóviles, bebidas, comidas, ropa, joyas y demás.

Muchas empresas chinas quieren convertirse en globales y están pensando en salir al exterior haciendo inversiones o instalando sucursales. Este año China piensa aumentar sus importaciones en un 20 por ciento, importaciones que ya ahora tienen un nivel muy alto. Mucha gente cree que China solamente importa alimentos, pero no es así; China principalmente importa maquinarias, productos eléctricos, petróleo crudo, productos de alta tecnología, circuitos eléctricos, automóviles, materias primas plásticas, es decir, un universo muy amplio de productos.

En Latinoamérica hemos crecido en nuestro superávit comercial con China, sobre todo gracias a las mayores exportaciones de Brasil y de Chile. Vemos que es un momento interesante para las inversiones chinas en Latinoamérica y el Caribe.

Acerca del impacto en Argentina debemos decir que China es el principal comprador de alimentos argentinos, y también el segundo destino de nuestras exportaciones. Lentamente se está produciendo una diversificación de los productos exportados a China. Por ejemplo, este año una diseñadora argentina llamada Jésica Trosman, que seguramente habrán escuchado alguna vez, está exportando moda argentina. Además, acaba de ser invitado a participar de una feria de moda en Shangai el dueño de Cardón, el señor Nazar, que también es dueño de El Noble Repulgue, que es una casa de empanadas; aparentemente está firmando un contrato para distribuir empanadas en China. Este es otro producto interesante que se va a vender en China.

Este año, o el año pasado, se ha empezado a vender aceite de oliva en China. Hasta hace cuatro o cinco años no consumían aceite de oliva sino de palma y de soja, pero los chinos de buen nivel económico que han visitado el exterior han incorporado la costumbre de aderezar las ensaladas con aceite de oliva.

Hemos aumentado un 95 por ciento las ventas de vino tinto, sobre todo embotellado, que es lo interesante; no la venta de vino a granel sino embotellado, que es el que originariamente se distribuía en los hoteles y restaurantes de cinco estrellas. Hoy parte de la población de buen nivel económico lo consume.

También es inminente -es probable que suceda dentro de poco- la apertura del mercado chino para embriones vacunos. Esta apertura es interesantísima porque cada embrión cuesta entre 300 y 500 dólares. En este punto quiero destacar especialmente la actuación de la señora María del Carmen Alarcón, secretaria de Integración Nacional, área dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros. Hace varios meses se ha interesado particularmente por ese tema y viene avanzando rápidamente.

De modo que existe una gran posibilidad de diversificar los productos que exportamos a China. Obviamente me referiré también a algunas dificultades.

En el rubro de las inversiones chinas en Argentina cabe decir que China acaba de comprar hace poco el 50 por ciento de la empresa Bridas en 3.100 millones de dólares. Esto va en línea con la reciente jugada de China de asociarse con Repsol en Brasil, ingresando con un 40 por ciento de capital o ampliación del capital, que son 7 mil millones de dólares. Es decir que China se ha posicionado muy bien en Brasil y en Argentina en lo que es el mercado petrolero.

La mayor inversión china hasta el momento era la de la minera de Sierra Grande, donde una empresa china invirtió 50 millones de dólares, y están por invertir otros 30 millones de dólares más. En la provincia de Tierra del Fuego se acaba de firmar un acuerdo para industrializar el gas natural, producir urea, y se habla de una inversión final de 570 millones de dólares.

En nuestra Cámara estamos recibiendo semanalmente muchas consultas de empresas chinas por campos con aptitud agrícola, principalmente para cultivar.

En cuanto a los desafíos para nuestro país, podemos mencionar dos: cómo afrontar el aumento de demanda china debido a la mejora en el nivel de vida de la población y cómo crear condiciones adecuadas para recibir un mayor caudal de inversiones.

Todas las grandes empresas argentinas, que son alrededor de quince o veinte, están en China. Ahora es el momento de las pymes, pero éstas tienen algunas limitaciones -por tamaño, falta de financiación o conocimiento. Entonces, una de las tareas que tenemos que hacer todos -las universidades, el gobierno y las cámaras- es ayudarlas. Creemos que una forma de hacerlo es fomentar la formación de consorcios de exportación, y hay algunas entidades que están trabajando en este sentido, como la Fundación Standard Bank, la Fundación Exportar, la Cámara de Exportadores, y nosotros. Se trata de un gran esfuerzo; no será fácil, pero es posible.

Otra forma de fomentar la posibilidad de que se exporte más es haciendo que los bancos den créditos orientados a estas pymes para poder exportar, sobre todo créditos para financiar los pasos iniciales. Un viaje a China representa 5 mil o 7 mil dólares, y con un solo viaje no se hace nada. A China hay que viajar varias veces, hay que ganarse la confianza del comprador chino, y recién después de seis, ocho o diez meses probablemente se puede comenzar a hacer alguna operación. Aquí cabría la combinación de esfuerzos del gobierno, de privados y de la universidad.

Por su parte, a los fines de crear condiciones adecuadas para lograr mayores inversiones chinas en Argentina deberíamos vencer algunos temores iniciales que tienen las empresas chinas con respecto a la inestabilidad macroeconómica en nuestro país. Hay un temor a la realidad social, a los conflictos sindicales -conflictos que en general las empresas chinas no saben manejar porque en China no existen- y al desorden que observan en nuestra sociedad, asociado a una inacción estatal para establecer el orden.

Los inversores en general, no solo los chinos, buscan seguridad jurídica y certeza tributaria. Por lo tanto, deberíamos dar tranquilidad a los inversores, es decir, garantizar -si fuera posible- cierta certeza en lo jurídico y en lo tributario.

Brasil ejerce varias seducciones para los inversores chinos, entre las cuales está la tributaria. Es lo mismo que hace China con los inversores extranjeros, con las empresas argentinas que se van a instalar en China: les ofrece ciertas facilidades iniciales durante uno o dos años para que puedan instalarse, y al cabo del segundo o tercer año, cuando comienzan a tener ganancias, empiezan a pagar impuestos.

También hay algunas dificultades con las inversiones chinas en Argentina. Las empresas chinas en general no se dejan ayudar o asesorar. Cuando en la Cámara les decimos que para hacer una inversión en forma correcta tienen que recurrir a la ayuda de un abogado, los chinos asocian abogado con conflicto y dicen "Nosotros queremos invertir, no queremos solucionar conflictos", y ahí es necesario hacer un poco de docencia.

Los países latinoamericanos somos un poco caóticos en cuanto a las normas para invertir, a tal punto que hay estudios que se especializan en el asesoramiento a las empresas extranjeras. Creemos que la responsabilidad es de todos, no de alguien en particular. Es de las entidades privadas, como las cámaras, y de las universidades. Hoy aquí hay tres universidades -la Universidad Nacional de Tres de Febrero, la de La Plata y la de El Salvador-; todas ellas están trabajando en esto.

El Poder Ejecutivo también tiene cierta responsabilidad. Creemos que habría que repensar las normas irrestrictas a las importaciones para los productos chinos, que en la mayoría de los casos no tienen una contrapartida.

A las empresas que se protege no se les exige innovar, aumentar la producción, bajar los precios, tomar más personal. Tiene que haber una contrapartida; no es cuestión de proteger porque sí a las empresas y que después tengamos que pagar un producto un 300 por ciento más caro que si fuera importado.

Por cierto, también el Poder Legislativo tiene responsabilidades. Escuché decir a algunos inversores que las leyes 26.574, 26.590, 26.592, 26.592 y otras dos -que se han sancionado en el Congreso- complican la inversión de posibles inversionistas extranjeros, de modo que el Congreso también tiene una labor pendiente.

Hace algunos meses en la Facultad de Ciencias Económicas hubo un seminario muy interesante donde hablaron distinguidos especialistas sobre la relación con China. Al terminar el seminario le tocó hablar a un periodista chino, modesto, simpático, quien dijo: "Ustedes los argentinos teorizan mucho sobre cómo encarar las inversiones con China y le dan muchas vueltas al asunto. Nosotros los chinos hace algunos años elegimos con Brasil cuatro o cinco puntos importantes que nos parecía que podían desarrollarse para mejorar la relación bilateral. Uno de ellos era la cooperación en materia satelital. Y hoy, varios años después, ya hemos hecho en conjunto tres satélites. Lo demás viene por añadidura". Eso me hizo pensar en cerrar esta exposición con esta frase de Ortega y Gasset: "Argentinos, a las cosas". Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Agradecemos su exposición.

Tiene la palabra el doctor Carlos Juan Moneta.

SRA. LOCUTORA El doctor Carlos Juan Moneta es especialista en Relaciones Internacionales -básicamente en América Latina y Asia-; tiene una licenciatura en Argentina y posgrados -maestrías, estudios de doctorado- en El Colegio de México, en la Universidad de Pensilvania, en la Universidad de Nueva York, en la Universidad Central de Venezuela, y la Universidad de París.

Fue Secretario permanente del sistema económico latinoamericano, SELA; investigador UNITAR (ONU) y profesor e investigador en universidades de América Latina, Estados Unidos, España, Francia e institutos de Altos Estudios de China Popular.

Dirigió en 2004 y 2005 el proyecto "Política Exterior Argentina: componente económico" en la Cancillería Argentina y coordinó desde 1994 y hasta 1995, durante un año, el Centro Asia, del ISEN, MRECIC. Creó en 1997 la red de América Latina y el Caribe de Estudios sobre Asia - Pacífico, que coordinó hasta 2008.

Actualmente dirige la Especialización en Economía y Negocios con Asia - Pacífico e India, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, y la Maestría en Integración, Mercosur y Desarrollo, de la UNSE. Es profesor de posgrado en la Escuela de Economía de la UBA.

Ha participado en carácter de autor, coautor y compilador en setenta libros publicados en países de América Latina, Estados Unidos, Inglaterra, España, Francia, Japón y Rusia, de los cuales más de una docena corresponden a temas vinculados con Asia del Pacífico y con Asia-Argentina/América Latina.

SR. MONETA Muchas gracias. Al igual que los colegas que me precedieron en el uso de la palabra, me sumo al agradecimiento y la felicitación realizada a la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados por esta iniciativa. Esperemos que esta sea la primera vuelta, porque creo que da para mucho más.

Mientras me hacían esta presentación recordaba algo que los va a "shockear", pero me parece interesante como marco de referencia. En 2004 visitó nuestro país el presidente de la República China, Hu Jintao, y en 2003 la Encuesta Gallup, realizada en todo el país, consultaba lo siguiente: ¿Con quién cree usted que tiene que tener relaciones preferenciales en el campo económico Argentina, sea un país o un grupo de integración? Los resultados fueron que, después del Mercosur -con un poco más del 40 por ciento- venían Europa -con un poco más del 20 por ciento-, Estados Unidos -con el 19 por ciento-, y Asia en conjunto -con el 4 por ciento-; y para el resto del mundo el porcentaje era cero.

Si vemos nuestra política exterior con este tipo de datos, produciéndose un salto al 19 por ciento en 2004, después de la presencia de Asia con la visita del presidente Hu Jiantao, tenemos una idea de un gran espacio vacío que es el conocimiento y la vinculación de la Argentina, no solo con el continente mencionado sino también con gran parte del mundo.

En este contexto creo en las cajas rusas. La caja mayor se tocó en el primer panel y son las tendencias del sistema internacional. Yo comienzo con una serie de tendencias -no voy a hablar de esto ahora- a nivel global. Las paso con su incidencia al marco asiático y luego trabajo allí con la Argentina, el Mercosur y América Latina. Por razones de tiempo esto es imposible de hacer. Simplemente citaré dos o tres puntos de estos diferentes marcos de reflexión y visión. Pero he traído y les voy a dejar un power point completo y además un libro que he escrito con el doctor Sergio Cesarín, que está referido a China y que me parece que puede serles de utilidad.

Dicho esto, ¿qué me interesa a nivel macro? A esta altura de la reunión la mayor parte de las cosas ya han sido dichas y lo que voy a expresar va a coincidir en gran medida con lo que han manifestado el doctor Jorge Castro, el doctor Sergio Cesarín -con quien tenemos un pensamiento muy afín- y muchos otros colegas en esta mesa, como los doctores Fernández Taboada, Mantilla y Di Masi.

Por lo pronto, me parece interesante destacar algo que no se ha dicho. Estamos viendo -y este es un problema de vieja data de la política exterior argentina- el mundo por el ojo del rayo láser, es decir, estamos viendo China como si ella estuviera en Neptuno. China está en Asia. Entonces, hay que verla en el marco de una región que se llama Asia, en la cual primero Japón y ahora China están creando un enorme espacio integrado en lo económico. Esto se encuentra cohesionando fuertemente la división política hacia el futuro con proyectos como el de la Comunidad Asia del Este. Entonces, cuando se ve cualquier país del Asia hay que tener en cuenta sus interacciones, particularmente en el caso de China.

El segundo elemento que me parece importante y que afortunadamente ya fue planteado en este panel es mirar a futuro. Estamos en el segundo centenario. En la Argentina las conferencias han sido de acá para atrás. Ha sido excepcional que alguien hable hacia el tercer centenario. Esta es la idea, es decir, tenemos que ver qué cambios habrá en el sistema mundial y cuáles serán las incidencias regionales en los próximos veinte años. De eso se trata esta presentación. En ese esquema, por ejemplo, ya se han destacado -lo hizo el doctor Mantilla- los procesos de integración en Asia. Se habló de ASEAN más China. También están ASEAN más Japón y ASEAN más Corea. Todos tienen proyectos. Asimismo está la integración de los tres grandes y también la de los seis, que son China, Japón, Corea, India, Nueva Zelandia y Australia. Podría continuar así.

Estas dimensiones, respecto de las cuales no quiero suministrar números, son abismales; no se pueden imaginar. Estos procesos están en marcha. No todos van a salir, pero una parte de ellos va a concretarse, lo que implicará un nuevo contexto de relacionamiento para la Argentina, el Mercosur y demás.

El tercer elemento que quiero plantear es el sistema financiero. No voy a elaborarlo, pues el doctor Mantilla ya lo hizo de manera fantástica. Se trata de ver cómo podemos aprovechar o no y cómo tenemos que conocer el sistema financiero chino, del que sólo tenemos conocimientos relativos. Me refiero, por ejemplo, al funcionamiento del los head points, no sólo de China sino también de Singapur, de Hong Kong y demás. Se trata de millones y millones de dólares de los cuales no tenemos noticias.

Otro elemento que me parece importante es ver la competencia. Europa y los Estados Unidos están desesperados por celebrar acuerdos con China y con Asia-Pacífico. Esto lo debemos tener en cuenta a nivel nacional y del Mercosur.

El otro elemento que no tenemos en cuenta es qué está pasando en materia de ciencia y tecnología, no sólo en China sino también en otros países asiáticos. Este marco de cooperación en Asia se está dando en el marco científico y tecnológico. China e India, que son competidores en muchos mercados, están trabajando conjuntamente en tecnología de punta, particularmente en TICS, es decir, en tecnología de información y comunicación. ¿Qué implica esto a futuro para el cambio mundial si en Asia hay una codificación china, india o japonesa? Que a Occidente le van a sacar 2.300 millones de consumidores en lo que es la industria de punta. La Argentina, que tiene capacidad en recursos humanos, tecnología, TICS y demás, ¿dónde está pensando en insertarse en las cadenas internacionales de valor? Me parece que estas son algunas de las preguntas que nos tenemos que formular.

Respecto de lo que está pasando en China, me interesa destacar, dentro del power point que se está exhibiendo, lo siguiente: China está cambiando a un modelo mucho más equilibrado, que pone un peso mucho mayor en su mercado más el mercado regional. En un segundo nivel este cambio implica, entre muchas otras cosas, una reestructuración de las relaciones -esto ya fue planteado por el doctor Mantilla- con la Unión Europea y los Estados Unidos, como así también un mayor peso y participación relativa futura de los mercados emergentes, entre los cuales está América Latina.

Otro elemento es cómo China está cubriendo toda la gama de valor agregado. Esto es lo que debemos tener en cuenta: la competencia y las posibilidades o problemas serán en una gama mucho mayor a la que hoy enfrentamos.

Quiero referirme también al tema de las empresas. Con mucha corrección y muy adecuadamente hablamos de la presencia de empresas chinas. Dentro de diez años la calle Florida va a tener un porteño que por primera vez en su vida va a distinguir un rostro tailandés de uno filipino, argentino, vietnamita o indonesio. Vamos a tener muchas empresas asiáticas, no sólo en el país sino en toda América Latina, como así también una enorme inversión relativa de China y de otros países de Asia.

Quiero plantearles una pregunta central porque ustedes tienen un papel de promoción y normativo fundamental. La pregunta es la siguiente: ¿estamos preparados? Por ejemplo, estamos hablando de la falta de carteles en japonés o chino en las calles y de la falta de un tercer idioma -además del portugués y del inglés- en los menúes de los restaurantes. Esas son misceláneas. ¿Estamos preparados en cuanto a esta normativa? Va a haber inversiones en tierras. ¿Tenemos preparado un régimen de protección en materia de tierras, de recursos naturales y demás? Van a haber joint ventures. ¿Tenemos estudios suficientes preparados y certificados en negociación internacional que conozcan derecho asiático? Porque ustedes pueden entrar a China por Macao o por la línea portuguesa, y también pueden hacerlo por Hong Kong, en cuyo caso es aplicable el derecho anglosajón. Señalo todo esto simplemente para mostrar la vastedad del espacio vacío, del desconocimiento que tenemos.

Comparto en un ciento por ciento lo que ha expresado el doctor Cesarín, en el sentido de que China es una complejidad como cualquier otro país. Tenemos que adentrarnos en la complejidad para poder cooperar, disminuir cualquier problema y mejorar nuestras posibilidades.

En suma, entre 2020 y 2030 vamos a tener empresas e inversiones manejadas con recursos de primer nivel, suficientemente preparadas y con situaciones de competividad mejores; esto ya fue planteado por el doctor Mantilla.

Tendremos un crecimiento del interregionalismo en todas las dimensiones. ¿Esto qué implica? Que ahora sí podremos desarrollar redes, más allá del comercio, en lo que hace a las relaciones exteriores. Aquí el papel de los parlamentos es clave. El año pasado se hizo por primera vez una reunión del CAP y del COPAL, con partidos políticos de Asia y de América Latina. Es una enorme iniciativa. Hay que conocer a la contraparte porque de allí va a salir la legislación. No hay una relación profunda pero hay que tomar esto como un ejercicio sistemático, porque allí se "cocinan" también parte de los resultados de las negociaciones.

Me parece que mi conocimiento es suficiente respecto de los temas de Asia-Pacífico, China e India, del contexto o la administración de negocios que ha salido hoy, y de las migraciones y las limitaciones que tenemos en cuanto a los recursos humanos. Tenemos gente muy capacitada, hay argentinos trabajando en todos estos países, pero cuando vienen acá terminan haciéndolo en otra cosa porque no los toman ni el Estado ni las empresas. Esta es la verdad y se refleja en la universidad. Cuando uno dice "Tengo un especialista que vino de Japón", todo el mundo mira para otro lado y silba. Entonces, ¿dónde está el trabajo cooperativo de las empresas de este sector?

Puedo citar todas las propuestas que tenemos, pero voy a mencionar cuatro. En materia de transportes, el principal centro de transporte aéreo del mundo en 2020 estará determinado por Japón y China. ¿Dónde está la compañía aérea propia que nos va a llevar?

En materia de transporte marítimo, ¿en qué estamos? El avance tecnológico va a modificar las condiciones del transporte y de la competitividad. Dentro de veinte años habrá buques rápidos que van a cruzar el Pacífico en la mitad de tiempo. Debemos pensar en estas cosas.

Por último, no estamos utilizando organismos que tenemos. En mi vieja época -durante muchas décadas estuve fuera de la Argentina- había un organismo que era el Consejo Nacional de Asia-Pacífico, que era triádico y permitía trabajar conjuntamente a las empresas, a la Cancillería y a la Academia. Por lo que sé, hace más de quince años que está en suspenso, en hibernación. Creo que ahí tenemos un instrumento que ya mismo debe ser puesto en marcha para empezar a trabajar.

Otro instrumento es el Mercosur. Desde el punto de vista de China, Japón y muchos otros países, se llama Brasil; se ha dicho acá y lo voy a repetir con todas las letras. Entonces, como dijeron mis anteriores colegas, lo que haga Brasil va a ser muy importante, pero también lo que hagamos nosotros respecto de esto. El Mercosur tiene un acuerdo de alcance parcial con India. Mantiene conversaciones con todo el mundo, pero no tiene otros acuerdos. Entonces, creo que una política argentina debe superar el dilema filosófico de la revista Selecciones del Reader's Digest: ¿existe vida más allá del Mercosur? Tenemos que pensar con y dentro del Mercosur, pero también más allá de él.

Para finalizar quiero citar dos viejos apotegmas taoístas. El primero, que no recuerdo de memoria, dice que aquel que es capaz de ver lo que va a venir tiene sabiduría. No tenemos un segundo que perder. Ahora el mundo cambia en microsegundos.

El segundo dice que cuando una actividad satisface la necesidad de la sociedad, entonces la acción tiene éxito. En otras palabras, cuando un proyecto se ajusta a los tiempos y llega el momento justo, éste es tan preciso que no permite ningún respiro. (Aplausos.)

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Pasamos a la ronda de formulación de preguntas, a fin de continuar posteriormente con el tercer panel.

Tiene la palabra el doctor Cesarín.

SR. CESARÍN Pensando un poco en cuestiones de reciprocidad, mi pregunta o consulta está dirigida a los doctores Mantilla y Fernández Taboada. Si hay una especie de punteo de cuestiones que las empresas chinas que quieren invertir en la Argentina perciben como inconvenientes o problemas, obviamente también debe haber aspectos positivos. En consecuencia, si hiciéramos una encuesta a las empresas argentinas con interés de invertir en China o que tienen inversiones en ese país, ¿qué puntos a favor y cuáles en contra establecerían respecto del clima de negocios?

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Fernández Taboada.

SR. FERNÁNDEZ TABOADA Las empresas argentinas que han invertido en China son muy pocas y en principio encuentran un clima muy favorable para la inversión. En algunos casos hay parques industriales donde se les ofrece una cierta porción de tierra para que se instalen. También se pueden negociar desgravaciones impositivas. Hace poco Hu Jiantao dijo que las empresas extranjeras instaladas en China son empresas chinas. Esto significa que el gobierno chino no diferencia entre empresas chinas y empresas extranjeras.

Eso tiene que ver también con el tratamiento impositivo. No hay un castigo y tampoco un beneficio extraordinario fuera de los incentivos nacionales. Y lógicamente, después hay que pelear el mercado como en cualquier lado.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Mantilla.

SR. MANTILLA Una diferencia importante son las tasas de crecimiento acumulativas constantes, es decir, el tamaño del mercado. Pero más importante todavía es la tasa de impuestos. Se puede pasar de una tasa del 15 por ciento en zonas especiales a otra del 22 por ciento. Es decir que hay tasas de impuestos mucho más bajas que en la Argentina. Hay variaciones por zonas. Pero esta es una diferencia sustantiva. En términos de eficiencia y de asignación de capital la combinación es dramáticamente diferente.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Polski.

SR. POLSKI Simplemente quiero expresar algunas palabras para coincidir in totum con lo manifestado por el doctor Carlos Moneta en cuanto a que Asia es más que China. En ese sentido quiero reiterar lo que dije al comienzo de mi exposición: hace quince años el comercio con la región representaba para nosotros entre un 3 y un 4 por ciento, mientras que hoy representa un 20 por ciento, y no sólo con China.

La otra cuestión es que la agenda de trabajo con los distintos países de Asia-Pacífico se ha enriquecido en los últimos cuatro o cinco años. Quizás esto sería motivo de un ballotage, de una segunda reunión, para ver en qué temas, como por ejemplo cooperación, ciencia y tecnología -incluída la biotecnología-, etcétera. Es decir que hoy hay un claro enriquecimiento y diversificación de la agenda con los países de Asía-Pacífico. Insisto en este foro que reúne a 32 países de Asia-Pacífico o Asia del Este, América Latina y el Caribe, que es el FOCALAE. Son las dos regiones que han salido más rápidamente de la crisis y donde yo diría que hay algún grado de avidez de acercamiento entre ambas. Quiero reafirmar el hecho del crecimiento y la diversificación de la agenda con varios países de la región.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Poehls.

SR. POEHLS Quiero formular dos breves preguntas. La primera es si se avizora, en el crecimiento de China a futuro, alguna hipótesis de amesetamiento o mengua en el crecimiento y demás.

La segunda inquietud es si Chile no debería ser considerado como un aliado estratégico en Sudamérica de nuestra política exterior, teniendo en cuenta la salida al Pacífico que tiene ese país y la extensa frontera existente con Asia.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Mantilla.

SR. MANTILLA A los efectos de la tasa de crecimiento, en los últimos treinta años su valor promedio fue del 10 por ciento. A partir de 2015 se presentará en el escenario una situación un poco compleja, derivada de la deuda pública japonesa, que tiene un venturity de aproximadamente tres años y está 215 del PIB. Es decir que hay un problema importante en cuanto al crecimiento chino. Nosotros pensamos que a partir de Hu Jiantao, es decir, de 2012 en adelante, es posible que la tasa de crecimiento disminuya un poco, al 6 ó 7 por ciento, por la situación de la economía global, aunque endógenamente se irá moviendo cada vez más hacia su interior.

En lo que respecta a Chile, las exportaciones argentinas a ese país básicamente están estancadas. Lo mismo va a pasar con Colombia y Perú, porque nosotros somos un mercado de exportadores industriales en Latinoamérica, y China es muy bueno como exportador industrial. Entonces, cada vez que firma un acuerdo de libre comercio con Chile se nos plantea un amesetamiento de las exportaciones. Por eso decía al principio que América Latina es muy pequeña para China como modelo, representando un 6 por ciento de su comercio actual. Pero para nosotros es bastante decisivo en términos de la competencia en los mercados latinoamericanos para nuestras industrias.

Por eso decía que el tema central consiste en cambiar un poco esta competitividad sistémica, porque ella está pensada para un modelo intelectual que refleja realidades del pasado. En otras palabras, es más importante hacer promoción industrial para una provincia que crear una zona tóxica o impositiva, como se dice ahora, bajando los impuestos allí, y muchos menos importante insistir en la innovación y en la productividad. Tenemos modelos antiguos para hacer política industrial.

Entonces, el desafío que China nos plantea es, en el fondo, si podemos seguir viviendo con modelos intelectuales propendidos que no encuentran nuevas realidades. Ese es el centro del tema.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Moneta.

SR. MONETA Coincido plenamente con lo expresado por el doctor Mantilla. Quiero hacer un par de comentarios. En primer término, respecto de la primera pregunta que se ha formulado en cuanto a la evaluación futura de China, coincido con los números que él ha suministrado. Hay muchos factores que sustentan esa posición y que no pueden ser comentados por razones de tiempo. No obstante, también hay otras posturas. Lo que importa es que ustedes vean, cuando decimos que China llega cada vez más alto en la gama del valor agregado y que cada vez van a ser más las empresas de origen chino que van a estar a cargo de esto -este es el proceso de transferencia de valor que hay-, cuáles son los nuevos sectores. Hoy estamos en el sector automotriz. ¿Y ahora qué viene, además de las tecnologías en información y comunicación? Viene la industria verde. China está invirtiendo millones de dólares en su propia recuperación, lo que después va a significar exportación. Japón está haciendo exactamente lo mismo.

La segunda línea que va a venir -ya está planeada y en marcha en Japón; posteriormente lo estará en China- es cómo le damos confort, o sea, un mejor estilo de vida a la clase media mundial. Tenemos que pensar cómo está el otro y qué va a hacer para ver qué podemos hacer nosotros en ese contexto.

El segundo punto respecto de China está en el marco de lo expresado por el doctor Cesarín acerca de si hay competencia o puede haber una mayor divergencia en América Latina. Ustedes tienen que ver las ventajas estratégicas relativas de cada país. Brasil es, per se, un gran mercado. Chile ya tiene una puerta de entrada y de salida de productos. Perú la está instalando. Pero además Perú y Chile tienen acuerdos con los Estados Unidos, lo que implica decir "Uso esto como plataforma para entrar a un mercado grande".

Entonces, lo que debemos preguntarnos es dónde estamos nosotros en términos de esta competitividad.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Tiene la palabra el doctor Fernández Taboada.

SR. FERNÁNDEZ TABOADA Quiero hacer un comentario respecto de Chile. Como ustedes saben, en 2005 ese país firmó el primer tratado de libre comercio con China en América latina. Eso supone que los productos chilenos ingresan a China sin pagar impuestos. Pero Chile no tiene muchos productos para exportar, salvo algunos básicos. Chile identificó 120 productos que se fabrican en la Argentina, que podrían entrar a China y que nosotros no estamos vendiendo.

Entonces, en algunos casos China está viniendo a la Argentina para ver la posibilidad de llevar esos productos a Chile, darles un barniz chileno y reexportarlos a China. Hay muchas oportunidades.

SR. MODERADOR (ESPIÑO) Agradecemos a los expositores. (Aplausos.)

Pasamos al tercer panel.

SRA. LOCUTORA Damos comienzo al tercer panel: "Mecanismos de fortalecimiento de la relación bilateral del Estado argentino con China. Rol del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo". Esta será una mesa de análisis con eje político.

El objetivo es establecer los mecanismos de cooperación y acción conjunta que garanticen el desarrollo y la democracia, enfatizando la complementariedad, producción y redistribución de recursos, con estrategias de reconocimiento, solidaridad y respeto por la diversidad de las sociedades.

La moderadora de este tercer panel será la señora Lucía Alberti, asesora del Grupo Parlamentario de Amistad con China y de la señora diputada Silvia Storni.

SRA. MODERADORA (ALBERTI) Vamos a explicar la modalidad de trabajo para este tercer panel. Se abreviará la lectura de los currículum vitae a fin de que cada panelista pueda aprovechar el escaso tiempo de que dispone -siete minutos- para hacer uso de la palabra.

SRA. LOCUTORA En primer término hará uso de la palabra la señora Natasha Niebieskikwiat, licenciada en Ciencias de la Comunicación y especialista en política internacional del diario Clarín.

SRA. NIEBIESKIKWIAT Voy a ser muy breve, porque como todo periodista -y este es uno de los problemas que, por ejemplo, tenemos en nuestra relación con China-, salto de un tema a otro, aun siendo especialista en alguna área. Soy un poco caprichosa en cuanto a lo que voy a hablar porque en realidad mi especialidad no es el tema de cómo mejorar las relaciones entre uno y otro Estado. Pero tengo algo para decir al respecto -varias de estas cosas ya han sido dichas; ser últimos nos ayuda a repensar cosas que ya se han expresado y también a engancharnos tardíamente en lo que otros han dicho sobre lo que uno piensa-, aunque me parece que en algún sentido ya fue manifestado. Me refiero al cortoplacismo con que nos manejamos en nuestra relación con todo, y por ende, con China. Justamente el contraste entre un país como la Argentina y otro como China, que planifica todo a largo plazo, se hace más resonante.

Esa corta planificación que tenemos como país también está empezando a notarse con Brasil cuando pensamos en estrategias a largo plazo o no y cómo se unen oposición y oficialismo en determinados momentos cuando de políticas de Estado se trata.

Creo que para mejorar la relación con China deberíamos replantear un esquema que ayude también a los argentinos a ver a China fuera de los clichés con que los vemos hoy. Yo estaba pensando sobre qué escribimos los periodistas respecto de China. La relación con ese país para política o economía es el tema de la soja. Para los periodistas de cultura o de política internacional es el reciente premio Nobel. Para los de la sección sociedad es el barrio chino, sus festividades o la mafia china. Son todos temas un poco vacíos pero que tienen un contenido y que podrían profundizarse más.

Creo que hay muy poco pensamiento -me parece que esto lo decía el doctor Moneta-; me refiero a esto de repensar las relaciones a largo plazo, que es algo que no estamos haciendo ni siquiera con nuestro principal socio del Mercosur. Tengo entendido que en Brasil ya se está estudiando español. En la Argentina no se estudia portugués. En consecuencia, ¿cómo vamos a estudiar chino o mandarín? Es decir que estamos lejos. Y vamos a estar aún más lejos si ni siquiera lo hacemos con nuestros socios o vecinos más inmediatos.

No sólo no hay estudios de idiomas. La verdad es que en el diario en que trabajo se sabe muy poco acerca de China. Creo que es una responsabilidad de los dueños del diario, no así de aquellos a los que nos gusta la política exterior. Yo propongo muchos temas sobre China u otras cuestiones, pero la verdad es que solamente puedo desarrollar una agenda más o menos coherente sobre Malvinas, porque es un diario malvinero. Cuesta imponer desde los medios una agenda coherente que ayude a los lectores a entender un poco más lo que es China. Yo me pregunto, desde la política, qué funcionarios saben realmente sobre China; creo que muy pocos tienen conocimientos al respecto.

Asimismo, me parece que en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, con el que me vinculo a menudo por relaciones laborales derivadas del diario, realmente sólo el funcionario que es destinado a Asia o a China entiende el tema. Creo que en la Cancillería todavía están muy obsesionados con Occidente, lo que me parece algo antiguo. No hace mucho cursé una maestría en FLACSO, y considero que en materia de estudio estábamos atrasados en cuanto al tema de lo que hacían e iban a hacer los mercados emergentes.

Y no se estudiaba en profundidad lo que iba a pasar en el futuro con China, India o Brasil; solamente se estudiaba de manera antigua.

Si hay algo interesante en el periodismo es que nos enseña a anticiparnos con el título. Argentina debería anticiparse; debería capacitar a sus políticos, a sus legisladores, a sus diplomáticos, sin dejar que todo se haga sobre la base de la experiencia. Si bien los argentinos somos muy rápidos en esto, se generan distorsiones, como por ejemplo que China se pone de moda o no. Ahora está de moda, y por lo tanto nos interesa más que antes. Cuando deje de estarlo pasará al olvido, y creo que deberíamos pensar no en términos de gimnasio, de musculatura, sino más bien de ballet, o algo que se fortalezca lentamente pero a largo plazo, como hacen los brasileños.

En cuanto al Mercosur, creo el doctor Mantilla mencionaba algo interesante respecto de ir detrás de Brasil. Creo que últimamente, después de pelearnos mucho con Brasil -esto lo sé, creo que hubo hasta una serie de firmas de protocolos cuando Néstor Kirchner decidió que Brasil nos llevaba algunas ventajas y decidió no oponerse de manera infantil; o toda la clase política argentina, no creo que solo él haya sido responsable de esto- dejamos de oponernos de manera sucesiva y nos empezó a interesar la Unasur y otras propuestas de los brasileños.

Pienso que vamos detrás de Brasil en distintas cuestiones, y muchas son por temor. Hay cuestiones de Estado en las que decidimos por detrás de Brasil por temor a tener opinión. Argentina debería hacer sentir su voz con China no solo en materia económica sino también en temas políticos -como por ejemplo la política de derechos humanos de China-, sin por eso tener una relación menor sino más entendible y con menos miedo de opinar. ¿Por qué no ser socios también con Cuba o con Irán, pese a tener diferencias económicas?

No queda claro cuál es la política exterior del país y qué piensa el país con respecto a muchos temas. Estados Unidos es muy claro en ese sentido; es cierto que se puede dar el lujo de serlo, pero ¿por qué no puede serlo Argentina? Lula se relaciona con Cuba y quiere tener una posición con los cubanos, más allá de haber sido criticado por tener una política un poco difusa con los disidentes. Creo que Argentina -y también los medios de comunicación- debe tener estrategias más claras y a largo plazo. Es muy difícil, pero me parece que es sumamente posible. (Aplausos.)

SRA. LOCUTORA Continuamos con Norberto Consani, doctor en Derecho Internacional de la Universidad de París II y director fundador del doctorado y maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata y del Instituto de Relaciones Internacionales.

SR. CONSANI Hace algunos días también estuve aquí por el tema de Malvinas. Tenemos que hacer una síntesis extraordinaria por los pocos minutos de que disponemos para hacer uso de la palabra. Voy a dividir mi intervención en tres partes. La primera es histórica, aunque acá no figura el programa de historia. La segunda corresponde a una realidad de lo que me cabe, de la que por suerte no se habló y que está dada por nuestra parte de educación, ciencia y tecnología. Por último, me referiré a nuestra realidad. En parte la periodista que intervino anteriormente un poco me dio pie para esto.

Respecto de la historia simplemente quiero empezar con una reflexión de Confucio: aprender sin pensar es inútil, pero pensar sin aprender es peligroso. Entonces, nosotros tenemos que pensar nuevamente lo nuevo, sin repetir un esquema mental que ya no existe. El mundo del siglo XXI es otro mundo, que ya no pasa más por el eje eurocentrista o por los Estados Unidos. Lo acaba de decir bien la licenciada Niebieskikwiat: en algunos lugares, en la maestría, se sigue enseñando que todo pasa por los Estados Unidos o por Europa.

Respecto del tema de Asia-Pacífico simplemente quiero decir -no lo hago para hacer publicidad hoy aquí, en el seno de la Cámara de Diputados, porque no sería correcto, pero sí para que lo sepan algunos amigos que no nos conocen- que nosotros venimos trabajando en él desde hace veinte años. Nuestro Departamento de Asia-Pacífico fue inaugurado por el embajador de China en la Argentina. Es un elemento para que ustedes vean que no estamos en esto desde hoy, cuando todo el mundo está deslumbrado.

Quizás deberíamos mencionar aquí a ese extraordinario hombre de Estado que fue Chou-En-Lai. Cuando le preguntaron qué pensaba de la Revolución Francesa dijo que era muy temprano para saberlo. Es decir, hay una concepción oriental que piensa en términos históricos y mucho más allá de una simple coyuntura histórica.

Además, considerando que aquí se encuentra la delegación china presidida por el consejero político, quiero señalar que los chinos tuvieron 1.175 tratados desiguales; el último data exactamente de 1842. Se los trataba como perros. En Shangai hay un monolito que vi hace pocos días y que dice: "No se aceptan perros ni chinos".

Esa es la realidad de ese pueblo que apostó, porque hubo un señor llamado Deng Xiaoping que pensó la historia en términos contemporáneos.

Lo que debemos reflexionar acá, porque es importante, no es solamente aportar cifras, aunque algunas fueron suministradas. Si ese señor no se hubiera llamado "Deng" y se hubiese llamado "Don", quizás los chinos todavía estarían en una hambruna espectacular y peleándose como la banda de los cuatro. Pero hubo un señor Deng que pensó la historia y cómo sacar a China del atraso y convertirla en este país del que hoy habla el mundo.

Pero también tenemos que pensar en algo importante, porque simplemente se lo hace en términos de commodities y de relaciones comerciales. Quiero aportar una cifra que tiene que ver con el futuro y con la posibilidad de que la Argentina no vuelva a tener esa relación en la cual, como decía mi amigo Di Masi, reflexionemos y no pensemos en términos asimétricos.



Tenemos que pensar, por ejemplo, que hoy China invierte 70 mil millones en investigación y desarrollo, el doble que Francia y no el doble que un país subdesarrollado. Tenemos que decir que actualmente China cuenta con más investigadores que Japón y que 300 ingenieros -no abogados, y el que está hablando es uno de ellos- salen de la Universidad de China. Si pensamos en el futuro tenemos que pensar en la ciencia y la tecnología que nos va a abrir el mundo, y no en más o menos soja. Debemos pensar en la educación, como lo hacía Confucio hace mucho tiempo.

También debemos decir que actualmente China -y el doctor Moneta ya señaló algo al respecto- ocupa el primer lugar en las exportaciones mundiales de biotecnología y de tecnología de la información y las comunicaciones. Si queremos lograr el bienestar de nuestros pueblos debemos saber que hoy el mundo pasa por ahí y no por producir más o menos soja.

Por otra parte tenemos que decir que 650 mil estudiantes chinos estudian en el exterior, en las principales universidades del mundo. Esto no tiene nada que ver con la idea de esa China cerrada que nos venden, como que le tiene miedo al mundo.

Además les quiero dar un dato. Hace pocos días estuve en la Universidad de Xiamen, que creo que está ubicada entre las quince o veinte universidades más importantes de China. Estuve en uno de los tres campus que tiene Xiamen: es igual al casco histórico de la ciudad de La Plata, a la que corresponde mi universidad.

Podríamos seguir hablando muchísimo de esta historia. Pero quiero ser políticamente no correcto, como lo fui en oportunidad del debate sobre Malvinas. Los argentinos tenemos un problema muy grande. Debemos mirar hacia adentro. El infierno no está en los otros, como decía Sartre, sino en nosotros. ¿Por qué digo esto? Porque durante los treinta años en que se ha estado trabajando sobre este tema nunca se había convocado a un debate aquí, en la Cámara de Diputados.

Otro disertante dijo recién que había un Consejo Nacional sobre el Asia y el Pacífico, donde estaban puestos los tres sectores fundamentales de cualquier país serio: la política, la empresa y la academia. Esto es algo que los países asiáticos tienen muy en claro. Eso se diluyó. Y tenemos -lo sé porque en la Cancillería tengo amigos y no enemigos- una parte totalmente devaluada y ninguneada desde hace muchísimo tiempo y que está determinada por el sector de Asia-Pacífico.

Lo conocemos bien, por experiencia personal. Asia-Pacífico prácticamente no entra dentro los grandes temas de la Cancillería argentina. Decía la periodista -nada menos en un diario como Clarín- que prácticamente en la redacción o fuera de la redacción este tema no convoca.

Agradezco -y no me une ninguna relación política- al presidente de la Cámara de Diputados el haber permitido que se lleve adelante esta mesa y que -como bien alguien dijo- tenga continuidad.

Me están apurando. Tengo cinco minutos menos que los expositores anteriores, pero no importa; ya termino.

Fíjense el desconocimiento brutal que acabo de escuchar hace unos minutos de la periodista de Clarín, que mencionó que no se enseña el idioma chino. En la Universidad de Buenos Aires -que tiene al otro Confucio- hay más de 900 estudiantes que están aprendiendo chino. En La Plata este año hay casi 150 alumnos que están aprendiendo chino. Y nosotros, que inauguramos el Instituto Confucio hace menos de un año, hemos creado un impacto impresionante en la sociedad platense, en la ciudad de La Plata, no solamente desde el punto de vista de la enseñanza del idioma sino de lo cultural. Ya vinieron tres conjuntos musicales de diferentes universidades chinas a exponer en una tarde maravillosa en el Teatro Argentino -que es el más grande después del Colón-; era un martes a la tarde y el teatro estaba repleto para ver un espectáculo musical de China.

Entonces, ¿por qué los chinos crearon Confucio y apostaron, a diferencia de otros países poderosísimos, a la universidad? Porque la universidad da trascendencia. Los hombres pasan, las instituciones quedan. Este es un dicho muy claro pero que pocos conocen. La tremenda enfermedad de este país y de otros países latinoamericanos es no apostar a lo institucional.

Con lo institucional tendremos seguramente un futuro que estará muy cerca de lo que estamos conversando; sin institucionalidad, sin respeto a lo realizado y a la incorporación de los sectores que hacen un país, será muy difícil.

Seguramente no saben -sobre todo nuestros amigos extranjeros- que en 1985 el entonces presidente Raúl Alfonsín pensó en crear un consulado en Cantón, provincia de Guangdong. ¿Saben cuándo se inauguró? En 2010. Pasaron veinticinco años para tener un consulado en una de las regiones estratégicas del mundo. Recién en 2000 se inauguró el consulado en Shangai, tema al que se referirá alguien que estuvo mucho tiempo allí. Fíjense la miopía, el atraso y la pereza mental de una clase dirigente que sigue sin entender el mundo. Muchas gracias. (Aplausos.)

SRA. MODERADORA (ALBERTI) Gracias. Quiero aclararle, doctor Consani, que lamentablemente la reducción de tiempo le tocó a todo nuestro panel.

SRA. LOCUTORA Continuamos con el señor Miguel Velloso, embajador, ex cónsul general y jefe del Centro de Promoción de Shangai, especialista en temas de Asia-Pacífico.

SR. VELLOSO Voy a reducir el tiempo de mi exposición a la mitad.

Me han pegado un palo; si bien no voy a destinar mi tiempo a defenderme, haré algunas reflexiones. Efectivamente la Cancillería tiene un papel preponderante en todo este cambio; formamos parte de una institución que va creciendo junto con la sociedad.

Claramente ha habido un redireccionamiento del comercio. La Cancillería acompañó esta postura. Efectivamente, se abrió un centro de promoción comercial. También tenemos un consulado nuevo en Guangdong, en Cantón. Asimismo, hemos reforzado nuestra presencia en Hong Kong y en Beijing, donde se ha instalado una agregaduría comercial, por lo que creo que estamos avanzando y acompañando el proceso del país.

Quiero comentarles algunos aspectos que no han sido tratados, a pesar de que se ha hablado mucho. Hay dos temas claves. Uno de ellos es la complementariedad, y hace a la generación de políticas futuras; el otro es la creación de la confianza, que es un lenguaje que entienden muy bien en China. La complementariedad hace a los vínculos entre las parejas también; refiere al hecho de necesitarse recíprocamente. Este descubrimiento no es casual sino que se ha dado por una serie de intereses comunes.

Se ha hablado mucho de la sojadependencia y de muchos aspectos que están bastante acotados. Pero lo que fundamentalmente quiero señalar es cómo han encarado las cosas otros países para hacer frente a este desafío. Todos han apostado por una acción integral donde se han combinado los contenidos de la relación estratégica y los aspectos culturales, produciendo al mismo tiempo un acercamiento a la sociedad. Creo que son los vínculos más estables.

En mi opinión, el hecho de conocerse es el mejor camino para complementarse. Según un estudio que acaba de hacer el Centro de Economía Internacional de la Cancillería, nosotros tenemos en este momento la posibilidad de expandir nuestro comercio en 50 mil millones de dólares simplemente utilizando los elementos que hoy se están comercializando, ampliando la oferta exportable. Este es un tema para toda la sociedad argentina, incluso para los productores y exportadores. Para eso claramente hay que conocerse e identificarse. Estamos hablando de un continente.

Quería llamar la atención sobre este aspecto. Por ejemplo, en relación con los temas agrícolas, habíamos dicho que China tiene un 7 por ciento de tierra arable, lo que representa volúmenes monstruosos desde el punto de vista de la producción agrícola. Nosotros podemos triplicar nuestra producción agrícola en aquellos productos en los que somos realmente competitivos y podríamos llevarlos a donde China tiene mayor expertise, que me parece que es en la producción de una industria basada en la mano de obra intensiva. Pero para ello, es decir, para satisfacer la demanda china, hay que conocerla. Para eso deberíamos desplazar a nuestros empresarios y al mismo tiempo estudiar cuáles son los valores agregados que ellos están consumiendo. Creo que China consume aproximadamente 15 mil productos de la naturaleza. En Occidente no son más de 500.

Por lo tanto, la única manera de expandir y diversificar nuestro comercio es invitando a los chinos a que vengan acá. Aquí se plantea el tema de los desplazamientos: es vital conocerse, desplazarse e integrarse.

Por otra parte, considero que el tema del desarrollo de la confianza es vital. ¿Cómo hizo China, que en 1978 era un país comunista absolutamente impresentable desde el punto de vista comercial, para ganarse la confianza de la comunidad internacional y convertirse en el mayor succionador de capitales del mundo? Creó sus zonas económicas exclusivas. Al principio lo hizo alrededor de Hong Kong. Después las fue extendiendo por toda la costa este. Y ha creado miles de estas entidades, a las que nosotros perfectamente podríamos darles cabida con fórmulas nuevas en nuestro país y en toda la región.

Al mismo tiempo desarrolló el go-up, es decir, la política de ir a posicionarse en forma independiente para evitar las triangulaciones. Es decir que comercialmente ha sido un factor muy activo.

Pero el proceso en que se encuentra hoy es un poco la primera etapa del final del onceavo plan quinquenal. Estamos hablando de un país que viene siendo planificado desde 1950. Ahora se están posicionando afuera no solo desde el punto de vista comercial sino también cultural, a través de los institutos Confucio. Y también están recibiendo las demandas de todas las universidades que están invitando a participar a los estudiantes chinos. Hay sociedades que han sido mucho más avanzadas en esto, como por ejemplo las de Australia y Canadá, que tienen leyes inmigratorias que invitan al inmigrante calificado a integrarse al proceso productivo. Creo que este es un camino que también debe explorarse, porque en los últimos diez años Canadá recibió más de 100 mil inmigrantes chinos que se han incorporado a la sociedad y que al mismo tiempo son los vehículos de contacto y comunicación intersocietaria más rápidos.

Obviamente, podríamos pasarnos veinte años formando estudiantes de mandarín, lo que sin lugar a dudas sería muy útil. Pero hoy por hoy, ¿cómo han hecho las grandes empresas de todos los países? Se han integrado con las colonias que están instaladas. Nosotros tenemos en nuestro país una colonia de 80 mil chinos que, además, maneja el 30 por ciento de la cadena alimentaria. Creo que este es un factor que debe ser explotado si queremos dedicarnos especialmente a la explotación y ser un proveedor confiable de alimentos.

Tenemos una colonia de argentinos incipiente pero poderosa. Me tocó llegar a Shangai con un argentino. En este momento hay alrededor de 400 viviendo allí. Hay 30 ó 40 empresas de mediano nivel y solamente de esa manera se puede llegar a acomodar. Obviamente, se podría hablar de este tema durante horas, por lo que es muy difícil concentrarlo en siete minutos.

¿Cómo generamos la confianza? Creo que solamente ampliando el conocimiento de los distintos niveles.

Me he quedado un año sabático en China y he sido invitado por el gobierno chino a integrarme a tres universidades. Esto lo digo para comentarles cómo somos en América Latina, cómo es Argentina. Me ha tocado participar en tres conferencias muy interesantes, una de la mano de las mejores universidades europeas, donde los chinos se cuestionaban si podían insertarse con ellos, que tienen una larga tradición en América Latina. Otra conferencia fue en universidades latinoamericanas, donde también los chinos se preguntaban si sería Estados Unidos el vehículo adecuado. Han intentado también venir directamente a través de los aportes que están haciendo los organismos internacionales, como el BID; y finalmente está la vía directa, lateral, que es un poco la que estamos explorando.

Creo que el acercamiento intercomunitario es el shortcut que nos permite hacer contacto rápidamente. Por supuesto, como comentaba el doctor Mantilla, no solamente tenemos que ver las relaciones -desde una triste óptica- como factor de conflicto sino también como posibilidad de tener un socio para ingresar en el mercado asiático en general, interno dentro de China.

China es un continente, no es un país; tiene clusters -claramente identificados y diversos- en Beijing, Shangai, Hong Kong y Cantón. Cada uno debe encararse de manera diversa e independiente. Creo que hay que promover los estudios asiáticos en todos los ámbitos, no solamente en la Cancillería o en esta Cámara de Diputados; es necesario también crear comisiones tripartitas, que es un poco el objetivo de estas reuniones.

Hay grandes desafíos para encarar; creo que no queda tiempo para analizarlos, pero les dejaré documentación para que consulten luego con mayor tranquilidad. De todo esto rescato fundamentalmente la necesidad de fortalecer el diálogo y las consultas políticas de todo orden, pero también las económicas, y que haya un mayor acercamiento entre las comunidades. (Aplausos.)

SRA. LOCUTORA Tiene la palabra la señora diputada Storni, presidenta del Grupo Parlamentario de Amistad con China.

SRA. STORNI Antes de comenzar quiero pedir disculpas por haber llegado tarde. Aunque parezca increíble, desde las 21 y 30 horas del día de ayer estoy intentando llegar a Buenos Aires. Finalmente he llegado, aunque más no sea para el cierre.

Lamento haberme perdido esta jornada. Coincido con lo dicho en el sentido de que quizá todavía no se conoce demasiado o no se valora lo suficiente todo este proceso que ha venido teniendo lugar en las últimas décadas en China y que motiva que hoy sea la segunda potencia mundial.

Bienvenida sea esta oportunidad, este seminario organizado por la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, en particular por el diputado Atanasof. Agradezco esta invitación, esta posibilidad de compartir con ustedes este espacio.

No voy a agregar mucho más. Soy bastante nueva en esto. Hace pocos días fui elegida presidenta del Grupo Parlamentario de Amistad con China. Me parece que es un muy buen momento para trabajar en una agenda en común que fortalezca las relaciones bilaterales.

Francamente es importante esta posibilidad que tiene este Parlamento de relacionarse no solo con la Embajada China sino con la Cancillería y con representantes del Poder Ejecutivo.

Hemos tenido conversaciones informales sobre la necesidad de fijar una agenda común y realizar un intercambio con grupos parlamentarios similares a los nuestros que se encuentran en la República Popular China. Además, creo que la función más importante a seguir desarrollando es la de la cooperación bilateral, trabajando no solamente en el intercambio comercial -esta actividad quizá recaiga con mayor peso en la Cancillería y en el Poder Ejecutivo-, sino también en todo el desarrollo científico, tecnológico y cultural, que puede hermanar a ambos países. Esta es una de las funciones centrales de los grupos parlamentarios de amistad.

Siempre he admirado este proceso de la República Popular China, de un país que a comienzos del siglo pasado se caracterizó por tener una enorme población, situaciones de extrema pobreza y hambrunas espectaculares. Pensar que no hace tanto que pasaron esa situación y que la revolución china ha logrado su objetivo, reformulando quizás algunos de sus principios iniciales, ingresando a la economía de mercado. Ha tenido como resultado este éxito realmente asombroso y espectacular que le significa ser hoy la segunda economía mundial.

Seguramente habrá muchos aspectos para seguir profundizando, pero no deja de ser una experiencia importante para nosotros toda esta relación de intercambio con la Argentina, en particular quizás pensando en el Mercosur. Hay distintos ámbitos de intercambio, por ejemplo, en la Unión Interparlamentaria, el Foro Parlamentario de las Américas, el Parlatino y demás. Pero en esta posibilidad de intercambio bilateral con la República Popular China después de haber pasado momentos difíciles, me parece que hoy se están haciendo las rectificaciones necesarias para poder comenzar a trabajar en objetivos comunes.

Me piden hacer una síntesis pero lamentablemente no he seguido el desarrollo de todo este seminario. Me parece que los aportes de quienes me han precedido en el uso de la palabra han sido suficientemente claros. Seguramente estoy frente a expertos y esto va a implicar quizás nuevas propuestas e intercambios en el futuro que contribuirán a seguir enriqueciendo y favoreciendo este intercambio que hoy se inicia de una manera realmente satisfactoria.

Quiero expresar mi agradecimiento a todos los presentes, a los representantes de la embajada de China y de la Cancillería, a todos los invitados, a mis colegas diputados y al presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto. (Aplausos.)

SRA. MODERADORA (ALBERTI) De esta manera queda finalizado este panel.

Damos por terminada la reunión.

- Es la hora 13 y 52.

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