LEGISLACION PENAL

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Reunión del día 17/04/2018

- IVE (CONJUNTA - MAÑANA)

- En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los diecisiete días del mes de abril de 2018, a la hora 9 y 53:
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Buenos días. Comenzamos la tercera reunión plenaria de las comisiones de Legislación General, de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, de Acción Social y Salud Pública y de Legislación Penal para tratar los proyectos sobre despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Vamos a continuar con el trabajo que nos hemos planteado, en el sentido de escuchar a los expositores propuestos por cada uno de los señores diputados.

Quiero agradecer a la señora presidenta de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, diputada Alejandra Martínez; a la señora presidenta de la Comisión de Acción Social y Salud Pública, diputada Carmen Polledo y a la señora presidenta de la Comisión de Legislación Penal, diputada Gabriela Burgos. Entre ellas y yo hemos organizado todo el cronograma de trabajo para realizar estas reuniones informativas.

Antes de escuchar a los expositores deseo hacer algunas aclaraciones. En primer término, quiero informar a todos que de acuerdo con la metodología de trabajo aprobada el 20 de marzo, en la primera reunión que celebramos con los señores diputados, cada uno de los expositores tiene siete minutos para hacer uso de la palabra y un minuto antes del cumplimiento de ese plazo se les avisará que cuentan con un minuto más. Consecuentemente, les pido que sean estrictos en ese sentido.

En segundo lugar, estas son reuniones informativas y, por lo tanto, no requieren quórum para celebrarse. Este tipo de reuniones son realizadas en forma periódica por la Cámara de Diputados realiza y justamente no requieren quórum porque no están destinadas a producir un dictamen.

En ese marco quiero informarles que la actividad de la Cámara de Diputados continúa mientras se realizan estas reuniones informativas. Los señores diputados tienen la obligación de participar de reuniones de comisiones que sí requieren quórum para dictaminar y que muchas veces se realizan en el mismo horario que estas reuniones informativas.

Además, como ustedes saben estas reuniones informativas son transmitidas por el canal de televisión Diputados TV, por Youtube y también por Streaming. Por lo tanto, los señores diputados, mientras realizan sus tareas en sus despachos, pueden seguirlas a través de estos canales de difusión. Vale aclarar que al quedar grabadas luego pueden acceder a ellas de esa forma.

Considero que es bueno hacer esta aclaración porque esta Cámara desarrolla una actividad muy importante en materia de comisiones, sobre todo los martes, miércoles y jueves, en las que sí se requiere la presencia de los señores diputados para conseguir quórum y dictaminar, ya que son muchos los proyectos de ley presentados respecto de los cuales es necesario emitir despacho.

En la reunión del 20 de marzo, donde se estableció la metodología de trabajo, se acordó con los señores diputados integrantes de las cuatro comisiones que estas reuniones plenarias iban a poder celebrarse con la presencia de, por lo menos, una de las cuatro autoridades de las presidencias de las cuatro comisiones que intervienen en los proyectos sobre despenalización del aborto.

Es bueno hacer esta aclaración porque puede ocurrir que uno de los presidentes no se encuentre pro ser necesaria su presencia en otra reunión de comisión. Por eso acordamos que se pueda funcionar con la presencia de por lo menos uno de los presidentes de las cuatro comisiones a las que tienen giro los proyectos sobre despenalización del aborto.

Por último, deseo aclarar dos temas. En primer término, no se van a permitir alusiones personales de los expositores respecto de posiciones de los señores diputados referidas al tema en tratamiento. En ese caso les cercenaré el uso de la palabra.

En segundo lugar, cuando citemos a viva voz a la persona que va a exponer deberá subir al estrado quien haya sido nombrado. En otras palabras, no podrá hacerlo alguien que no haya sido citado por la Presidencia para exponer.

Agradezco a todos su presencia, en particular a los señores expositores que han tenido la amabilidad de estar aquí.

En primer término vamos a escuchar la exposición del licenciado Rodolfo Keller, a quien solicito que cuando suba al estrado se presente, a fin de que en la versión taquigráfica quede constancia de su perfil o de la institución a la que representa.

SR. KELLER Estimados legisladores del pueblo de la Nación Argentina: ante todo deseo agradecerles este espacio donde poder exponer mi visión del proyecto de despenalización del aborto.

Como mis representantes ante el Honorable Congreso de la Nación, he de considerarlos mis colegas, ya que compartimos en esto una verdadera vocación de servicio, cada uno desde la perspectiva que recibe de su profesión, pero con la misma necesidad de brindarse y ayudar a los demás, en especial a los más desprotegidos.

Mi nombre es Rodolfo Keller, soy pediatra, neonatólogo, y por lo tanto, me dedico a atender pacientes recién nacidos en extremada gravedad.

Deseo poder transmitir tres principios básicos que permitan decidir con corrección nuestro accionar. Ellos son la justicia, la dignidad y la libertad, entrelazados por un eje estabilizador que es el amor y guiados por dos actitudes positivas: generosidad y valentía, en contraposición a la cobardía y mezquindad de una actitud materialista.

En los siguientes siete ítems deseo dejar claro por qué creo que despenalizar el aborto o liberarlo es una incongruencia inadmisible.

Primero, por el derecho a vivir que todo ser humano posee por el simple hecho de existir, con más razón cuando se trata de la persona más indefensa y vulnerable -es una cobardía desde la postura de un adulto terminar con la vida de un niño; por justicia, para permitirle decidir vivir a quien aún no tiene voz; por respeto por la dignidad que toda vida merece y por libertad para que decida la naturaleza y no nuestros intereses mezquinos.

Segundo, porque creo que una madre en estado de confusión o desesperación ante la noticia de un embarazo no deseado debe recibir un verdadero apoyo, enfocado a superar su problema y no a deshacerse del mismo con un mal mayor, como es el asesinato de su propio hijo.

De esta forma se evita también la repetición del hecho y se deja una enseñanza positiva en la madre, su familia y la sociedad toda en cuanto a que los problemas se solucionan cargándolos al hombro y no huyendo, con valentía y no con cobardía.

Tercero, por respeto al dogma que puede guiarnos en todo proceso de difícil discernimiento: nunca un fin puede justificar un medio, por bueno que sea. Es como si para terminar con la pobreza matáramos a los pobres; o si para erradicar una enfermedad matáramos a los enfermos, que de todas formas luego morirán; o si para evitarles daños y persecuciones a los pobres ladrones permitiéramos que robar sea algo avalado por la ley.

Cuarto, porque el aborto en sí mismo no representa una verdadera plaga de mortalidad materna que justifique modificar las leyes y la Constitución Nacional. Quienes apoyan la despenalización del aborto refieren que hay más de 500 mil abortos por año. Si contrastamos estos datos con los números certeros de la estadística nacional de mortalidad -que cuantifican un total de 43 mujeres en edad fértil fallecidas en 2017 como resultado de abortos o legrados-, el porcentaje de muertes femeninas por esa causa sería de un 0,025 por ciento. La tasa de mortalidad por abortos correspondería a 43 mujeres por cada 500 mil, es decir, menos de una por cada 10 mil abortos, por lo que sería menor a la mortalidad prevista para un procedimiento de diagnóstico simple, como por ejemplo una endoscopía digestiva alta.

Quinto, porque hacerlo a cargo del Estado resultaría económicamente inviable, ya que para atender semejante número de abortos en forma oficial en hospitales públicos habría que financiar 45 hospitales del tamaño del Garrahan.

Les dejo los números y las reseñas para que lo puedan ver. En el Garrahan se hacen 11 mil cirugías al año. Para hacer 500 mil cirugías -que son legrados- se requerirían 45 hospitales similares al Garrahan. ¿Quién lo va a pagar? Yo no.

Sexto, porque me parece un despropósito y una incongruencia, en momentos en que la medicina está avanzando para salvar las vidas de los bebés con malformaciones severas o sostener la vida de prematuros extremos de 500 gramos o menos y se están desarrollando programas de cirugía fetal para corregir malformaciones desde la vida intrauterina. Se operan bebés dentro del útero. No sé si están al tanto de estos avances. Ahora se ayuda mucho a los bebés con meningocele y con hernia diafragmática por medio de cirugías que se les practican mientras todavía son un feto y muchos piensan que no son personas. Los estamos operando para que sobrevivan.

No me parece coherente decidir arbitrariamente quién debe vivir y quién no, y que ello dependa de la voluntad de una persona confundida.

En caso de que prospere la despenalización del aborto, los legisladores deberán definir al redactar la norma en qué período gestacional se podrá realizar. Tendrán que ponerse en el rol de jueces y decidir cuántas semanas debe tener un bebé para no considerarlo persona, que no vale la pena y que es posible matarlo. Esa decisión estará en sus manos.

¿Será más persona un feto de diez, de doce o de 36 semanas? ¿Cuál tiene derechos y cuál no los tiene? Podríamos también entonces definir que si no tiene previsto superar una determinada altura o poseer un determinado color de piel o de pelo tampoco va a tener derecho a vivir. Les aseguro que el paralelismo es válido.

Séptimo, porque si somos coherentes, en el derecho argentino sería imposible autorizar el aborto sin antes modificar el espíritu de nuestras leyes, que es la Constitución Nacional. No me voy a explayar en esto porque no quiero abusar del tiempo de que dispongo, sabiendo que luego harán uso de la palabra especialistas en leyes.

Finalmente, estimados representantes, quiero decirles que quienes decidan dar un voto favorable a la despenalización del aborto deben saber que estarán ensuciando sus manos con sangre de inocentes y que esa mancha no sale con agua, que no es posible ser indiferentes -por eso estamos acá- y que nuestro pueblo merece tener legisladores íntegros.

Les pido por favor que piensen en lo que sus padres les hubieran aconsejado hacer, que vean a cada hijo argentino como a su propio hijo y que la decisión final la tomen con conciencia y, sobre todo, con verdadero amor por la patria y por el prójimo.

Que sea el amor, la valentía y la generosidad lo que guíe nuestras decisiones. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Muchas gracias, Rodolfo.

Tiene la palabra la doctora Débora Rainieri.

SRA. RAINIERI Buenos días. Soy doctora en Ciencias Jurídicas por la Universidad Católica y profesora de Teoría del Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Estimados diputados del Congreso de la Nación: agradezco la invitación a esta reunión especial y me pongo a disposición de ustedes en lo que pueda ser de ayuda para el discernimiento respecto de si los proyectos que proponen despenalizar y legalizar el aborto libre deben ser aprobados de acuerdo con la labor que se les ha encomendado, que en este tema no es menor.

Desde los inicios de esta discusión y al leer los proyectos de ley presentados, me ha parecido que hay dos cuestiones que deberían tenerse en cuenta a la hora de decidir y que, de algún modo, han sido señaladas durante los encuentros de la semana pasada.

En primer lugar, la cuestión sobre la aplicación del artículo 19 de la Constitución Nacional en la valoración jurídica de la constitucionalidad e inconstitucionalidad de los proyectos, argumento tratado por la doctora Angélica Gelli.

En segundo lugar, el encuadramiento jurídico del derecho a la salud de la mujer embarazada que decide no continuar con el embarazo.

La cuestión sobre la protección jurídica del derecho a la vida del embrión ha sido suficientemente expuesta por los juristas, quienes mostraron cómo el orden constitucional argentino protege la vida del por nacer desde la concepción. A ello se suma el plexo normativo de los códigos Civil y Penal, que acompaña de modo armonioso ese orden constitucional.

Sin embargo, en la mención de las normas constitucionales en juego hay un argumento que debería llamarnos la atención y que merece ser analizado con detenimiento. Es el que consiste en justificar la despenalización del aborto como un supuesto derecho de la mujer a decidir sobre su plan de vida, conforme al ejercicio de su voluntad y libertad.

Aparece entonces como centro de análisis el artículo 19 de la Constitución, según el cual las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, quedan reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados.

Es decir que el derecho a la privacidad, que ampararía la vida privada de la mujer, posee límites: el orden, la moral pública y el perjuicio a un tercero. El perjuicio a un tercero: esa es exactamente la realidad que saca la decisión de abortar de la esfera de intimidad de la mujer.

Ahora bien, ¿cómo entonces se ha intentado justificar que esta decisión quedaría solo en la esfera privada, sobre la que se dice que el Estado no debe inmiscuirse? Justamente a través de mecanismos retóricos que repetidos una y otra vez van instalándose en el discurso cotidiano.

La gravedad de estos razonamientos y sus consecuencias es lo que intentaré mostrar, señores diputados.

Para poder colocar esta decisión en el ámbito de la privacidad femenina, se ha hecho necesario no solo el desconocimiento de todo tercero fuera de la mujer, sino incluso su desprecio sistemático y negación permanente.

Observen ustedes, señores diputados, que en primer lugar se niega sistemáticamente la realidad biológica del embrión, como si lo que el embrión es dependiese de la apreciación subjetiva de la madre. El embrión posee una entidad biológica, cognoscible desde lo empírico, cuya realidad no depende de ninguna subjetividad.

Se ha llegado de este modo a cierta cosificación del feto, a deshumanizarlo. Solo de esta manera se aliviana una deshumanización del derecho que otorga a la madre, a los médicos y a los laboratorios que producen Misoprostol una plena disponibilidad del embrión.

Sin embargo, con la ayuda del tiempo este argumento ha ido perdiendo fuerza, dada la evidencia palmaria que muestra la ecografía o los conocimientos cada vez más detallados de la vida intrauterina gracias a la tecnología.

Hace cuarenta años la ignorancia sobre el embrión era más entendible. Hoy, en pleno inicio del siglo XXI, la embriología descubre de modo magistral la maravilla del inicio de la vida humana, acontecimiento por demás extraordinario. No podemos negar ese conocimiento, como no lo pudo hacer el principal hacedor de la despenalización del aborto en los Estados Unidos, el doctor Nathanson, quien después de realizar miles de abortos, al contemplar la ecografía cayó en la cuenta de lo que había realizado y se convirtió en uno de los principales defensores del "por nacer".

De allí que la argumentación abortista ha tenido que afinar el lápiz para justificar, de modo más sutil, el porqué de la disponibilidad del embrión por parte de la mujer, de los médicos, de los laboratorios y de los demás implicados.

Es entonces cuando aparece el argumento de la superioridad de la mujer frente a la vida de su hijo con tópicos tales como la autonomía de la voluntad de la madre, la existencia de un plan de vida que debería anteponerse a la vida del feto o la mayor capacidad de sentir frente a la pasividad que el cigoto posee en su primera etapa de la gestación. Incluso, se ha llegado a argumentar que el embrión posee menos estatus que la orangutana Sandra; mejor ni pensemos en el caso de embriones con discapacidades o malformaciones fetales.

Estimados diputados: estos argumentos totalmente eugenésicos son los que, según criterios evolucionistas, se utilizan para seleccionar a aquellos que merecen vivir más que otros. Un aire de superioridad y de soberbia flota en esa mirada del problema y ustedes no pueden permanecer ajenos.

Asusta sobremanera y, por lo menos, resulta paradojal que en pleno desarrollo del paradigma de la no discriminación y de la igualdad de todos los seres humanos sin importar su condición, se postule inescrupulosamente un cierto desprecio hacia la vida humana en sus etapas iniciales.

Si este proyecto se aprobase, señores diputados, existirán en la Argentina dos clases de hijos por nacer: aquellos cuyos padres quieren que nazcan y aquellos cuyos padres prefieren que no nazcan. No todos los niños por nacer recibirían la misma protección de sus vidas. ¿Puede entonces encontrarse una discriminación más arbitraria que ésta?

Por otro lado, quiero señalar que la pretensión de legalizar al aborto diciendo que se corresponde con el derecho a la salud de la mujer es otra falacia argumentativa.

El embarazo sí corresponde al derecho a la salud precisamente porque toda mujer necesita ser protegida por médicos, sanatorios y medicamentos para poder llevar a cabo la gestación. El embarazo está dentro del derecho a la salud y el Estado debería poner su esfuerzo allí.

En cambio, el aborto no puede encuadrarse en el mismo derecho sencillamente porque el embarazo no es una enfermedad que necesita ser curada con esa práctica. De allí se desprende que no solo se desprecia sistemáticamente al embrión, sino también al estado del embarazo. Incluso, se ha llegado a decir que el embarazo puede ser sentido por la madre como un tumor que la invade. ¿Puede analogarse un embarazo con un tumor? Es así como se realiza permanentemente una valoración peyorativa sobre ese estado de la mujer.

Por último, pido a los señores diputados que si van a considerar al aborto como parte del derecho a la salud de la mujer, deben tener en cuenta todos los estudios científicos que existen -y que pongo a su disposición- sobre los daños irreparables producidos en la salud psíquica de la mujer que se han comprobado en países en donde hace más de cuarenta años que esta práctica está legalizada. Este es un dato científico que ustedes no pueden desconocer. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Ricardo Bach de Chazal, abogado y autor de numerosos trabajos sobre el tema en tratamiento.

SR. BACH DE CHAZAL Señor presidente: ante todo le agradezco la oportunidad que me ha dado, en el sentido de participar en esta reunión informativa en nombre de la Red Federal de Familias.

Como en reuniones anteriores se aludió a los organismos creados por algunos instrumentos internacionales de derechos humanos, considero pertinente recordar que la única misión de esos órganos consiste en colaborar con los Estados parte en la tarea de afianzar los derechos que esos tratados consagran. Sus acciones jamás deben encaminarse a legitimar o promover la violación de los derechos que reconocen los instrumentos que los crearon ni de ningún otro, careciendo en absoluto de validez los actos que pudieran exhibir ese vicio.

Lo enfatizo porque esto último es lo que con preocupación advertimos en comunicaciones, observaciones e informes de algunos de esos organismos que, por motivos puramente ideológicos, han aconsejado la convalidación legal y la facilitación de la eliminación por medio del aborto de los seres humanos más inocentes e indefensos: las personas por nacer.

Frente a ello, debemos decir, en primer lugar, que ninguno de los tratados suscriptos por nuestro país incluye al aborto voluntario como un derecho ni admite siquiera indirectamente que su práctica sea promovida o aconsejada por sus órganos de monitoreo.

Por el contrario, una interpretación de buena fe del texto de esos instrumentos conforme a su objeto y su fin debería llevar al más enérgico rechazo de esa práctica homicida. En la mayoría de estos tratados se afirma el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica de todos los seres humanos y se consagra su inviolable derecho a la vida.

Además, por lo menos desde la segunda mitad del siglo XX, nuestro país ha tenido como timbre de honor bregar en todos los foros internacionales por el expreso reconocimiento y respeto del derecho a la vida de todo ser humano desde el instante de su concepción. Un importante elenco de intervenciones, reservas y declaraciones interpretativas -algunas de las cuales transcribo en mi presentación escrita- dan cuenta de ello, siendo especialmente relevante en este sentido la efectuada al momento de ratificarse la Convención sobre los Derechos del Niño. Luego volveré sobre este punto.

Es por ello que ningún organismo internacional se encuentra facultado para imponer, proponer o tan siquiera sugerir que en la República Argentina se disponga la grave violación al derecho a la vida que supone la legalización, no punibilidad o despenalización del aborto.

En sentido concordante debemos recordar que los órganos de monitoreo también se encuentran obligados al cumplimiento de las disposiciones de los tratados que los crearon. Por lo tanto, no pueden inventar obligaciones no asumidas por los Estados en esos instrumentos ni transgredir las reglas expresamente allí establecidas.

Digo esto último porque en la mayoría de esos instrumentos existe una cláusula que establece que ninguna de sus disposiciones puede interpretarse como restrictiva de la mayor amplitud en la protección de los derechos que estuvieran vigentes en los Estados parte, sea por una norma de derecho interno o por una norma de otro instrumento internacional.

El Paco Internacional de Derechos Civiles y Políticos, relacionado con el Comité de Derechos Humanos de la ONU, contiene esa cláusula en su artículo 5°. A su vez, el Pacto de San José de Costa Rica, que es troncal en el sistema de derechos humanos de la OEA, la contiene en su artículo 29. Del mismo modo, la Convención sobre los Derechos del Niño, que crea el Comité de los Derechos del Niño, la contiene en su artículo 41.

Con esta premisa, recordemos que al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño nuestro país declaró que se entiende por niño a todo ser humano desde su concepción hasta los dieciocho años de edad. De acuerdo con ello, todos y cada uno de los derechos que la convención consagra, en particular el derecho a la vida, les son reconocidos por nuestro país a todos los niños desde el instante en que son concebidos.

El artículo 6° de la convención determina que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida. También allí se estipula que los Estados parte garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño.

De esta manera, en el ordenamiento jurídico argentino no puede haber lugar para excepciones al inviolable derecho a la vida de los niños por nacer, toda vez que las expresiones "todo ser humano desde el momento de su concepción", "todo niño" y "derecho intrínseco" son absolutas y no admiten excepción alguna ni modulaciones interesadas. Adicionalmente y también desde el instante de la concepción, nuestro país se ha obligado a garantizar en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo de todo niño.

Obviamente, el respeto irrestricto al derecho a la vida de todo niño desde la concepción y la obligación estatal de garantizar al máximo su supervivencia y su desarrollo resultan absolutamente incompatibles con la sola idea de permitir, facilitar o, incluso, proporcionar recursos públicos para su eliminación por medio del aborto.

Verificado entonces que con estos dispositivos en la Argentina se consagra categóricamente el derecho a la vida de todo ser humano desde la concepción, ninguno de los órganos de monitoreo a los que me he referido puede cuestionar ese principio ni sugerir a nuestro país su restricción o violación por medio de la práctica del aborto.

Desde 1994 la Convención sobre los Derechos del Niño y sus condiciones de vigencia gozan de jerarquía constitucional. En consecuencia, la protección de la vida de todo ser humano desde la concepción constituye un principio de derecho público constitucional que no puede ser desvirtuado por normas inferiores, como el Código Penal o cualquier otra ley ordinaria que pudiera existir o proyectarse. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Muchas gracias, Ricardo.

Tiene la palabra el doctor Juan Gregorio Navarro Floria. Le pido por favor que se presente.

SR. NAVARRO FLORIA Mi nombre es Juan Gregorio Navarro Floria, soy profesor de la Universidad Católica Argentina y doctor en derecho por la Universidad Complutense.

Agradezco, señor presidente, la posibilidad de este tiempo que voy a utilizar para referirme a un tema que me parece de la mayor importancia, como es el derecho a la objeción de conciencia y la exigencia constitucional e internacional y también de justicia de que se garantice ampliamente este derecho, sea en el marco legal vigente, sea -con más razón- si los señores legisladores deciden ampliar los casos de abortos permitidos.

La relevancia de este tema es fundamental si se advierte qué es lo que se está discutiendo. Aquí no se discute la despenalización del aborto porque ya está despenalizado en la Argentina. De hecho, porque no hay mujeres presas por abortar y de derecho porque a partir del caso F.A.L. los supuestos de despenalización son tan amplios que prácticamente no hay limitaciones.

Lo que ahora se pretende es imponer la obligación o la obligatoriedad del aborto, porque si se declara que hay un derecho humano al aborto y este derecho es exigible y no se reconoce al mismo tiempo el derecho a la objeción de conciencia y a la objeción de ciencia, se obliga a realizar abortos aún a quienes tienen profundas convicciones en contrario.

El derecho a la objeción de conciencia es un verdadero derecho subjetivo fundamental, garantizado por la Constitución Nacional y por los tratados internacionales de derechos humanos. Por ejemplo, el artículo 18 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos y el artículo 12 del Pacto de San José de Costa Rica. La libertad de conciencia que allí se garantiza quedaría desfigurada y reducida a un enunciado vacío si en el momento en que una persona quiere ajustar su vida y su obrar a los dictados de su conciencia se le impide hacerlo o, peor aún, se la castiga por hacerlo.

No estamos, como a veces se dice, en una oposición entre un mandato moral o religioso y un deber o un derecho subjetivo, sino ante un conflicto de derechos humanos.

En la objeción de conciencia hay una oposición de derechos entre la madre que pretende poner fin a la vida de su hijo por nacer -si es que la ley le reconoce un derecho a hacerlo- y el de los médicos, enfermeras y agentes de salud, que también tienen derecho a obrar de acuerdo con sus convicciones morales más profundas.

El Estado tiene la obligación de proteger ambos derechos subjetivos y armonizarlos evitando que uno destruya al otro. Aún si se reconociera el derecho de algunas personas a poner fin a las vidas de otras, el Estado también debe hacerse cargo del derecho de quienes no quieren participar en ese tipo de actos.

La libertad de conciencia está muy ligada a la libertad religiosa pero no se confunde con ella. La conciencia moral es propia de toda persona, tenga o no convicciones religiosas.

Cuando en nuestro vecino país Uruguay se aprobó la ley del aborto, el presidente Tabaré Vázquez -médico y reconocido agnóstico- la vetó, entre otras razones, porque la ley no garantizaba la objeción de conciencia. El presidente Vázquez, al referirse a la razón para vetar esa ley, dijo lo siguiente: "Al regular la objeción de conciencia de manera deficiente, el proyecto aprobado genera una fuente de discriminación injusta hacia aquellos médicos que entienden que su conciencia les impide realizar abortos, y tampoco permite ejercer la libertad de conciencia a quien cambia de opinión y decide no realizarlos más."

En la expresión más heroica, el objetor de conciencia acepta ser castigado antes que obrar en contra de su conciencia. Este es el testimonio de los mártires desde el Imperio Romano hasta la época del nazismo. Pero una sociedad democrática no quiere producir mártires, sino garantizar que todos los ciudadanos puedan vivir de acuerdo con sus convicciones.

La Corte Suprema de Justicia ha reconocido en el caso F.A.L. -tantas veces citado aquí- el derecho a la objeción de conciencia, más allá de que puede ser discutible la forma en que lo ha hecho. Este reconocimiento hay que leerlo en el contexto de otros fallos de la Corte referidos a la objeción de conciencia. Cito el caso Portillo, referido al servicio militar; el caso Bahamondez y otros más.

A nivel internacional hay una gran preocupación por proteger este derecho a la objeción de conciencia. En 2010 la Asamblea del Parlamento Europeo aprobó una resolución referida precisamente a la objeción de conciencia en relación con el aborto. Dijo el Parlamento Europeo: "Ninguna persona, hospital o institución será obligada, hecha responsable o discriminada en contra de ninguna manera por la negativa a realizar, acomodar, asistir o proponer un aborto, la práctica de un aborto espontáneo o eutanasia o cualquier hecho que pueda causar la muerte de un feto humano o embrión por cualquier razón. La Asamblea Parlamentaria enfatiza la necesidad de afirmar el derecho a la objeción de conciencia." Luego sigue diciendo cómo esto se debe armonizar con el derecho al aborto en aquellos lugares en donde está reconocido.

En nuestro país el derecho a la objeción de conciencia ha sido reconocido por diversas normas y sería muy incoherente que se lo restringiera justamente en este caso. La ley 25.673, de salud reproductiva, prevé una excepción, que se ha llamado la objeción de conciencia institucional, según la cual "las instituciones privadas de carácter confesional que brinden por sí o por terceros servicios de salud, podrán con fundamento en sus convicciones exceptuarse del suministro de anticonceptivos." La reglamentación de la ley, lo mismo que muchas leyes provinciales, extiende este derecho a personas individuales.

Asimismo, en el caso del adelantamiento del parto de bebés anencefálicos la Corte Suprema en el caso T.S c/Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2001 reconoció el derecho a la objeción de conciencia. En el mismo sentido la ley 1.044 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reglamenta este supuesto muy vecino a lo que aquí se está discutiendo.

En los casos de operaciones esterilizantes -vasectomía y ligadura de trompas-, la ley 26.130 impone su práctica cuando sea requerida, pero expresamente autoriza la objeción de conciencia, del mismo modo que las leyes de varias provincias que podría citar.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Resta un minuto de su tiempo.

SR. NAVARRO FLORIA Más allá de esto, la objeción de conciencia es un derecho constitucional que asiste a las personas aunque la norma no lo exprese. Sin embargo, hace falta que la ley sea clara y lo reglamente. En el minuto que me resta deseo señalar algunos aspectos respecto de cómo debe ocurrir.

En primer lugar, no se puede imponer la existencia de registros previos de objetores de conciencia. Ello contradice lo que manda la ley de protección de datos personales, que prohíbe formar archivos o bases de datos que exterioricen las convicciones políticas y morales de las personas. Además, este tipo de registros puede ser utilizado para discriminar personas por sus convicciones religiosas o morales, lo que sería claramente inconstitucional.

La objeción de conciencia se ejerce caso a caso, no por anticipado. Un médico puede no ser objetor en general al aborto pero sí serlo a poner fin a un embarazo en el octavo mes porque un chico tiene Síndrome de Down, que es una de las cosas que proponen los proyectos en tratamiento. Por lo tanto, no se puede prever por anticipado el registro de objetores.

Las instituciones, aunque no tienen estrictamente conciencia, tienen un ideario y pueden tenerlo. En este sentido debe reconocerse a ellas la posibilidad de negarse a realizar abortos cuando su ideario no lo permite. Esto vale tanto para instituciones confesionales como para las no confesionales.

En cuanto a la jurisprudencia de los Estados Unidos, la Corte Suprema de ese país ha reconocido en el caso "Hobby Lobby" el derecho a la objeción aún a empresas comerciales cuyos dueños tienen convicciones claras y definidas en esta materia. De manera que tanto las personas como las instituciones deben tener garantizado el derecho a la objeción de conciencia.

Señor presidente: dejaré en la comisión un texto más amplio relacionado con este tema. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Muchas gracias. Quedará a disposición de los señores diputados en la Comisión de Legislación General.

A continuación, tiene la palabra el doctor Leonardo Pucheta, abogado de la UCA, magíster en Etica Biomédica y doctor en Ciencias Jurídicas.

SR. PUCHETTA Señoras y señores, buenos días. Agradezco el espacio para poder realizar algunas consideraciones respecto de los proyectos de legalización del aborto libre que han tomado estado público.

Hasta el momento la problemática ha sido abordada desde diferentes ópticas. Mis reflexiones, de corte netamente jurídico, procurarán presentar diversos escenarios en los que se verifica una desnaturalización de la Medicina.

Presentaré sucintamente algunos ejemplos de las limitaciones que, respecto del ejercicio de las profesiones de la salud, se producirían como consecuencia de la aprobación de cualquiera de los proyectos, tanto a nivel individual como institucional. Se tomará como referencia el proyecto contenido en el expediente 0230-d-2018.

La redacción del proyecto presenta a la práctica abortiva como derecho en un doble sentido: como un derecho humano enmarcado en el derecho a la salud y como un derecho subjetivo autónomo, como derecho a acceder a la realización de la práctica del aborto o a interrumpir el embarazo. Desde ya, entendemos que no se trata de un derecho y que utilizar este lenguaje conlleva una fuerte presión contra las personas que, por diversas razones, se opusieran a la práctica solicitada y, específicamente, contra los agentes del sistema sanitario que se vieran involucrados. Ello debido a que los efectos jurídicos de la conculcación de derechos son determinados y otros bien distintos son los que corresponden a la negativa justificada de realizar prácticas penalmente perseguidas por encuadrarse en alguna de las causales de no punibilidad previstas en la ley penal de fondo.

Desde la fuerza retórica de un concepto ampliado de derecho se limitan las opciones para el galeno y para la institución sanitaria. Es que al presunto derecho esgrimido le corresponde una faz pasiva, la que se encuentra relacionada con la exigibilidad de la conducta instada y, así, repercute directamente sobre el médico o el equipo médico tratante, los demás profesionales del arte de curar involucrados o la institución sanitaria en general.

Cualquier limitación de la libertad del ejercicio de las profesiones en cuestión compromete directamente el principio de reserva, consagrado en el artículo 19 de la Constitución Nacional.

El derecho a ejercer la profesión en forma libre y sin presiones de cualquier naturaleza, así como el derecho a la objeción de conciencia y el derecho a abstenerse de garantizar resultados en la atención médica, caracterizan el principio de libertad en el ejercicio profesional.

El Código de Ética de la Asociación Médica Argentina, por ejemplo, establece en el artículo 48 que "el Equipo de Salud debe disponer de libertad en el ejercicio profesional y de las condiciones técnicas que le permitan actuar con independencia y garantía de calidad. Ninguna circunstancia que no se base en un estricto criterio científico podrá poner limitaciones al ejercicio de la libertad profesional".

A su vez, los artículos 70 y 219 consignan, en línea con lo dicho, que los miembros del Equipo de Salud tienen el derecho de ejercer la libre elección de sus pacientes y deben defender su derecho a prescribir libremente.

El corto plazo estipulado para el tratamiento de las prácticas abortivas y la inhabilitación de cualquier acto o comprobación que implicara una respuesta de la entidad sanitaria distinta de la practica abortiva, son claras expresiones de coacción, en la medida en que anulan los posibles cursos de acción fundados en conocimientos técnicos y motivados, por otro lado, en el fin propio de su labor: la defensa de la salud y la vida de sus pacientes.

Lo dicho expresa una tensión desequilibrada entre las exigencias que pesarían sobre el equipo médico interviniente y la infundada frontera trazada en la semana 14, así como la irrazonable amplitud de las causales que permitirían acceder a las prácticas abortivas en cualquier momento del embarazo.

Por su parte, del artículo 4° del proyecto surge la exigencia de un consentimiento informado. Ahora bien, ¿de qué modo el profesional podría dar cumplimiento al mandato legal previsto en la ley 26.529, en relación con la obtención del consentimiento informado, si cualquier fundamento de orden médico que desaconseje la práctica abortiva o que ponga en crisis la amplitud de las causales de liberalización del aborto posteriores a la semana 14 sería vislumbrado como una oposición al derecho humano a la salud o al derecho a la interrupción del embarazo?

Difícilmente pueda la mujer adoptar una decisión libre sin conocer, comprender y analizar una mínima información médico-biológica sobre las ventajas y desventajas de proceder a la finalización de la gestación o sus efectos, tanto para la gestante como para el gestado.

Por otro lado, se hace notar que se han atenuado doblemente los requisitos exigidos para que opere la causal del mal denominado "aborto terapéutico". El actual artículo 86 exige para su configuración la presencia de dos circunstancias: peligro para la vida o la salud de la madre y que ese peligro no pueda ser evitado por otros medios.

La redacción instada en el proyecto, en cambio, simplifica el primer elemento, aludiendo simplemente a la salud -con una amplitud excesiva, fuertemente criticada en otras exposiciones-, y elimina la exigencia que podría denominarse "terapéutica". De hecho, allí reside la única consideración de orden técnico-médica que permitiría calificar la causal como tal, pues supone la ejecución de actos médicos tendientes a la eliminación del peligro y la preservación de la salud y la vida de la madre y de su hijo. Incluso, en el ampliamente cuestionado fallo F.A.L. la Corte Suprema de Justicia de la Nación destacó en diversos pasajes la necesidad de receptar la objeción de conciencia y la intervención médica.

Luego, aunque se trata de uno de los vicios más evidentes del proyecto, dado que ha sido objeto de otras presentaciones solo destacaré la ausencia de referencias al instituto de la objeción de conciencia -individual e institucional- como otra variante de limitación para el ejercicio de las profesiones sanitarias.

Similar es la situación del aborto libre por presencia de malformaciones fetales graves, lo que también ha sido ampliamente criticado por expresar una indudable relación entre el aborto y el descarte sistemático de personas con discapacidad. En ambos casos me remito a las exposiciones precedentes.

En relación con el caso de violación, el proyecto recepta lo dispuesto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso F.A.L. Téngase presente que la mera suscripción de una declaración jurada por parte de la mujer solicitante no solo redunda en perjuicio de las víctimas de delitos contra la integridad sexual -en tanto torna inviable la persecución penal del autor-, sino que implica también un cercenamiento de la labor del equipo médico tratante.

No solo es nula la referencia a las comprobaciones periciales propias de la relación clínica, sino que, además, impide que el profesional tratante dé cumplimiento a las normas deontológicas vigentes.

En base a las consideraciones vertidas, es posible afirmar que el proyecto de liberalización del aborto que se encuentra en revisión supone violentar las convicciones de equipos profesionales enteros y de instituciones con una clara posición respecto del estatus de la persona por nacer desde el momento de la fecundación y de la dignidad especial de las personas con discapacidad.

La exigencia de una conducta determinada con total prescindencia de un fundamento clínico contraría la normativa deontológica en vigor y el principio de reserva, rasgo fundamental de nuestro ordenamiento jurídico.

La terminología utilizada en el proyecto expresa un error conceptual y luce fuertemente coactiva en relación con el ejercicio de las profesiones asociadas a la salud, generando una presión social y limitando el libre ejercicio de aquellas.

La liberalización del aborto implica una evidente desprotección de las personas por nacer y de las mujeres, en especial debido a la laxitud probatoria propuesta para el caso de violación y a la limitación de la intervención médica en todos los supuestos.

El proyecto comentado reduce la labor médica a la mínima expresión y la desnaturaliza, excluyendo la determinación de alternativas terapéuticas y de actos propiamente médicos inherentes a su competencia profesional.

Entendemos que es necesario replantear el tema a la luz de todos los bienes en juego, resguardando primordialmente los intereses de las mujeres y las personas por nacer, pero receptando también el debido respeto a la dignidad, la libertad y los derechos de los profesionales de la salud.

Confiamos en que las diputadas y diputados presentes y la sociedad en su conjunto tomarán en consideración tales bienes y que ello se expresará en reglamentaciones inclusivas que favorezcan relaciones justas y equilibradas que permitan salvar todas las vidas en juego. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el licenciado José María Aguerre, profesor de Filosofía de la Universidad Católica Argentina.

SR. AGUERRE Señoras y señores diputados: un reconocido filósofo español contemporáneo, Julián Marías, daba a entender que dentro de quinientos años la Humanidad, al recordar el siglo XX, más que por los horrores de los campos de exterminio nazis, las bombas atómicas de Nagasaki e Hiroshima y tantas atrocidades cometidas, se escandalizaría mucho más por la legalización y la aceptación social del más abominable de los crímenes: el de los niños por nacer. Creo que este es el centro de la cuestión.

Esto más allá de cómo se impuso rápidamente el tema en el corriente año en la Argentina, de los intereses tremendos que hay detrás, de la presión internacional y mediática para la aprobación del aborto y de la utilización ideológica o política que algunos hacen de todo esto. Más allá también de los absurdos y muchas veces contradictorios argumentos y de la manipulación de cifras en tiempos de la posverdad.

Sin embargo, frente a esto la ciencia, por medio de múltiples evidencias, hoy nos grita: ¡Hay vida humana! A la luz de sus avances, la filosofía clásica lo expresaría diciendo que al abortar muere un niño en acto, no en potencia, como se escuchó decir.

El niño no es "parte" del cuerpo de su mamá, solo está alojado en ella. Se trata de un ser único e irrepetible, que incluso antes de empezar a sentir ya es un "quién" y no un "qué", al igual que lo es una persona anestesiada o en coma, independientemente del momento que sienta o no sienta. Se trata de un ser humano con muchas potencialidades, que se irán desplegando poco a poco, y tardarán años en hacerlo, no catorce semanas. Salvo que optemos por su eliminación.

¿Podemos realmente no escuchar ese grito de la ciencia, que es en el fondo el grito de los que no tienen voz? O, peor aún, ¿podemos escucharlo y afirmar, por cuestiones ideológicas o un egoísmo atroz, que no nos importa? ¿Podemos justificar que se puede llevar a cabo la eufemísticamente denominada "interrupción" del embarazo si el niño sufriera una discapacidad que, según algunos, pondrá en riesgo no la salud física, sino la salud psíquica o social de la mujer?

¿Y qué decir de la posibilidad de abortar sin límite de tiempo en caso de malformaciones fetales graves? ¿Es que realmente en la Argentina también queremos acabar -como ya está cerca de suceder en varios países europeos- con los niños con síndrome de Down por medio un aborto eugenésico? ¿O en caso de violación queremos aplicar la pena de muerte al inocente? Sólo comento parte del artículo 3° de uno de los proyectos presentados.

¿Qué nos está sucediendo? ¿Cómo llegamos hasta aquí? La ausencia -para muchos- o relativización de una referencia a un absoluto trascendente; la pérdida de valores universales, muchos de ellos presentes de manera explícita en nuestra Constitución Nacional, y la identificación entre libertad y autonomía -es decir, que cada uno haga lo que quiera- están haciendo perder a nuestras conciencias obnubiladas el sentido común y la capacidad natural de distinguir lo que está bien de lo que está mal, aún respecto de un principio tan básico como el derecho a la vida, que es la raíz de los demás derechos.

Es cierto que pese a tanta oscuridad y al individualismo masificado que nos rodea, fueron muchas las voces que se levantaron durante la segunda parte del siglo XX y comienzos del siglo XXI en favor de la dignidad del ser humano. Hemos entendido la necesidad de reafirmar una y otra vez la condena a la esclavitud y a la discriminación, así como también la tan necesaria reivindicación de los derechos de la mujer. ¿Cómo, entonces, no unirnos todos para defender el derecho a la vida de los niños por nacer?

Legalizar el aborto implica abjurar de las conquistas obtenidas en la proclamación de los derechos humanos. Si por cualquier razón aceptamos que puede asesinarse a un ser completamente inocente sin posibilidad de defenderse y sentenciado por la propia mamá, abrimos un camino sin retorno que deja en manos de los que detentan el poder la decisión de quién merece o no vivir.

Mucho se debe hacer en nuestra patria para proteger a las madres, los padres y los niños por nacer, pero la muerte no puede ser la solución.

Una ley que despenaliza el aborto provocado -o sea, el asesinato de un bebé por nacer- no puede ser el camino para resolver, por ejemplo, el terrible drama de los abortos clandestinos. La legalización del crimen no lo elimina y el niño por nacer muere igual.

Ciertamente los abortos existen, pero su despenalización supone subordinar el derecho a la vida de un ser humano a otros derechos que, aunque son importantísimos, no pueden primar frente al derecho del más débil, que en este caso es el niño por nacer.

Sin duda, debemos buscar salvar las dos vidas desde el punto de vista físico, psíquico, social y espiritual. Hay mucho por hacer en ese sentido y esperamos que este debate sirva para tal fin. Señoras y señores diputados: nuestro pueblo confía en ustedes.

Claro que se pueden y deben debatir los caminos a seguir, pero no se puede debatir quién merece o no vivir. No tenemos ese derecho ni ese poder, salvo que por ignorancia, comodidad o afán de autodestrucción decidamos someternos a quienes aprovechan el aborto para controlar la natalidad y sojuzgar pueblos enteros, sacando a la vez un impresionante beneficio económico.

Hay voces que se levantan, incluso en esta sala, realmente preocupadas por encontrar una solución para las mamás que sienten que no pueden tener a sus hijos. Estas mamás son, sin duda, también víctimas y a ellas deberíamos garantizarles ayuda espiritual, psicológica y económica. Deberíamos facilitarles, como último camino, la posibilidad de dar a sus niños en adopción.

Sin embargo, desgraciadamente detrás de esta iniciativa que se está debatiendo se encuentran grandes grupos internacionales de poder.

Como dice Ekeocha, activista nigeriana en favor del derecho a la vida, el aborto es para África -y yo agrego también para Latinoamérica- otro sinónimo de colonización y no podemos ser cómplices, como se escuchó decir días atrás. Más de una vez hemos escuchado en nuestra patria hablar de liberación o dependencia, pero la verdadera liberación de un pueblo se funda -paradójicamente- en una verdadera dependencia a lo propio, es decir, a nuestra cultura, raíces, tradiciones, creencias y valores por los cuales nuestros próceres no dudaron en entregar sus vidas. No podemos abandonar el primero de todos estos valores: el derecho a la vida.

Concluyo estas reflexiones citando palabras de alguien muy querido por nuestro pueblo y conocido por todos los presentes. Estas palabras fueron dirigidas al entonces primer ministro de la India. Espero que luego de este año de debate jamás se hagan extensivas a nuestro señor presidente, Mauricio Macri, ni a los honorables legisladores.

Cito textualmente: "Temo por usted, temo por nuestro pueblo... Al permitir el aborto ha desencadenado el odio, pues si una madre puede matar a su propio hijo, nadie podrá impedir que nos matemos mutuamente... No sabe cuánto mal el aborto está haciendo a nuestro pueblo. ¡Cuánta inmoralidad, cuántos hogares rotos, cuántos trastornos mentales por culpa del asesinato de criaturas inocentes! Señor Desai, no tardará usted mucho en comparecer en la presencia de Dios, y me preguntó qué responderá usted cuando le pregunte por qué permitió que se privara de la vida a los no nacidos..." Estas palabras han sido extraídas de la carta abierta escrita por la madre Teresa de Calcuta al primer ministro de la India y a los miembros del Parlamento el 25 de marzo de 1979.

Que Argentina se libre de cargar sobre sus espaldas tanto dolor y sangre de inocentes. Muchísimas gracias por su atención. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Florencia Ratti.

SRA. RATTI Buenos días, señores diputados, invitados y autoridades de la comisión. Soy abogada, becaria doctoral del Conicet y docente en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Agradezco poder estar aquí hoy.

Sin duda este es un debate que despierta las más profundas reflexiones. Sin embargo, una de las cuestiones que más llama mi atención es el hecho de que se plantee desde una perspectiva tan sesgada.

Se pone el foco solamente en uno de los sujetos de derecho involucrados en esta problemática -la mujer embarazada- y se deja relegado al otro -que, además, puede ser otra mujer-, cuyo derecho fundamental -su derecho a la vida- precisamente se ve en riesgo. Esto es injusto. Los juristas y toda la sociedad tenemos la obligación de conocer que este debate involucra, cuanto menos, a dos seres humanos cuyos derechos subjetivos parecen estar en conflicto.

¿Cuáles son esos derechos que se contraponen? En uno de los extremos no cabe duda de que está en juego el derecho a la vida del ser aún no nacido. Se trata de un derecho que se posee desde el momento de la concepción. En efecto, desde ese preciso instante hay un ser humano con vida, tal como ha sido probado científicamente y explicado aquí por muchos expertos; incluso, ayer ha sido ratificado por la Academia Nacional de Medicina.

Por su parte, nuestro ordenamiento positivo también reconoce desde siempre el derecho a la vida a partir de la concepción en diversas normas constitucionales y legales, cuya aplicación textual no debería dar lugar a mayor debate, so pena de caer en interpretaciones forzadas, antojadizas e inconstitucionales.

Entonces, si por un lado está el derecho a la vida del niño por nacer, ¿qué hay del otro lado? ¿En qué consiste ese derecho de la madre, si es que hay uno, que podría entrar en conflicto con el derecho a la vida de su hijo? De plano advertimos que la identificación de ese derecho no es tan clara. Eso es lo que atestigua la propia historia del aborto.

En los inicios de la historia del aborto, se esgrimía el derecho a la privacidad y a la intimidad de la mujer. En esa misma línea se han invocado aquí, como justificativos para poner fin a la vida del niño por nacer, el derecho a la libertad o autonomía reproductiva, el derecho a decidir, el derecho al disfrute sexual y el derecho a la felicidad.

Estos supuestos derechos autorreferenciales e individualistas dejaron de ser eficientes cuando el ultrasonido comenzó a mostrar a un niño que se chupaba el dedo y que se movía e intentaba desesperadamente salvar su vida. Las imágenes de cualquier aborto quirúrgico lo demuestran. Entonces, fue necesario recurrir a otro argumento.

Esta necesidad de mutar el argumento también sería propiciada por la intención de trasladar el aborto de la esfera privada a la pública, con la pretensión de que no solo se despenalice su realización, sino que ésta sea garantizada y costeada por el Estado para evitar así la supuesta opresión social y sexual de la mujer.

De esta forma, una vez más se nos presenta una postura sesgada que sólo visualiza una parte del conflicto sin siquiera advertir, por ejemplo, los derechos de esa niña que está en el vientre de su madre y que también algún día será una mujer si se lo permiten.

En definitiva, así fue cómo se construyó la creencia de que es la propia vida de la madre la que corre riesgos con abortos clandestinos. Así surge el famoso "aborto legal para no morir".

Estas posturas, incluso, suelen reconocer la evidencia científica de que existe vida desde la concepción. Sin embargo, arguyen que la vida de la madre también está en riesgo y promueven una especie de elección sobre cuál vida vale más.

Ninguno de nosotros quiere que se mueran las mujeres; nadie lo quiere. Pero es preciso mostrar que esta idea de que la vida de la madre se enfrenta a la vida de su hijo reposa sobre varios sofismas: que el derecho a la vida de la mujer está en juego; que el aborto seguro salva la vida de la mujer o protege su salud física y psíquica, y que aun cuando estuviera en juego el derecho a la vida de la mujer, éste debe prevalecer sobre el derecho a la vida del niño por nacer.

Para empezar, el derecho a la vida de la mujer no está en juego a menos que ella misma lo ponga en juego. Se podría afirmar que el conflicto jurídico es entre la vida de la mujer y la vida del niño únicamente en el caso de que el embarazo por sí mismo pusiera en riesgo la vida de la madre. Ese sí es un conflicto jurídico en el que se enfrentan dos vidas y, aunque se presta a debate, no es lo que aquí nos convoca.

En el aborto provocado es la mujer la que decide realizar una práctica abortiva. Aquellos que tanto luchan porque ese derecho a decidir de la mujer sea respetado, no pueden desconocer entonces que realizarse un aborto es una decisión, es decir, un ejercicio del derecho a decidir.

Si la decisión no está contaminada por un medio social que la impulsa a no dar a luz o si es una decisión plenamente autónoma, será la propia práctica abortiva -en cualquier condición médica que se realice- la que traerá riesgos para su vida.



El único objetivo de la decisión puesta en acto será la de quitar la vida al niño por nacer que lleva adentro. Esa decisión libre es la que en algunos casos también termina con la vida de la mujer, y en los que no, tendrá efectos psicológicos de por vida.

Por supuesto que existen casos en los que la mujer, presionada por su entorno o llevada a situaciones extremas por las circunstancias, puede llegar a pensar erróneamente que el aborto es su única opción y así poner en riesgo su vida en medio de la desesperación y sin realmente decidir. No podemos desconocer esa realidad, que torna necesario trabajar sobre las causas que la han llevado a la decisión para evitar que llegue a eso y brindar la contención que necesita.

Lo que sí debemos hacer es evitar la invocación de estas situaciones extremas de vulnerabilidad para enmascarar la legalización del aborto a voluntad y demanda.

La segunda falacia que debemos desterrar es que el aborto seguro salva la vida de la mujer. El aborto es una práctica que tiene por fin primario matar a alguien para que no nazca y que de suyo es riesgosa para la mujer que no quiere dar a luz. No hay legalización que pueda eliminar el riesgo que está ínsito en la práctica. A más de ello, el estudio realizado por el doctor Koch ha demostrado que la legalización del aborto tiene una incidencia nula sobre la tasa de mortalidad materna y que son otros factores, como las políticas públicas a favor de la maternidad, los que verdaderamente reducen esa tasa.

Sin ir más lejos, la mortalidad materna ha disminuido en nuestro país en los últimos años sin que el aborto haya sido legalizado.

Por lo demás, el aborto deja grandes secuelas, no solo físicas sino también psíquicas en la salud de la mujer y que ya han sido mencionadas aquí.

En virtud de esto, la invocación del derecho a la salud para justificar la práctica del aborto también es una falacia. En cualquier diálogo no ideologizado se tendría en cuenta que no puede prevalecer una voluntad sobre una vida y cualquier legislador y juzgador debería considerar que el niño es la parte más débil en este falso dilema. El niño es inocente, el niño no ha pedido existir pero existe, el niño no tiene opción pero la madre puede tenerla. Proteger el derecho a la vida del niño no matará a la madre pero permitir el aborto para salvar la vida de la madre sí matará al niño. Las relaciones, como se ven, no son parejas.

Tanto el principio pro homine como el interés superior del niño impiden hacer prevalecer el derecho de la madre por sobre el del niño por nacer. La decisión deliberada de privar a un ser humano de su vida nunca puede ser lícita, ni como fin ni como medio para un fin bueno.

¿Cómo se resuelve esto entonces, señores diputados? El problema es que este debate se ha construido sobre una gran premisa que debe ser deconstruida: la idea de que es necesario elegir entre una vida y otra.

Señores diputados: quiero que sepan que como sociedad tenemos otra alternativa. Basta analizar el proyecto de protección integral de los derechos humanos de la mujer embarazada, presentado por quinta vez ante este Congreso, para darse cuenta de que hay mucho para hacer, para visibilizar las alternativas que existen para salvar las dos vidas, respetando y armonizando los derechos de ambos sujetos. Que no los convenzan de que tienen que elegir entre una vida y otra.

No se trata de hacer el país grande matando gente inocente, sino de asistir a las dos vidas: la de la mujer y la del niño que está en su seno. Ustedes pueden y tienen la obligación de salvar las dos vidas y no cargar con una mala decisión fundada en una falsa opción. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora María Paola Del Bosco, doctora en Filosofía, profesora universitaria y miembro de número de la Academia Nacional de Educación.

SRA. DEL BOSCO Buenos días. Es un honor para mí hablar frente a las personas que piensan las leyes y regulan con ellas la vida de la comunidad a la que pertenezco.

¿Qué significa hacer las leyes? Significa permitir el acceso a los bienes sin someternos a arbitrariedades, privilegios o prepotencias. Por lo tanto, ello implica regular que el acceso a los bienes esté realmente disponible para todos.

Como sé que todos están distraídos voy a pedir su atención por un momento. Todos los aquí presentes, del lado que sea y de los colores que sea, hemos sido rodeados por el cuidado de nuestras madres que nos ha permitido llegar hoy aquí donde estamos; todos nosotros, sin excepción. Quiere decir que hubo alguien que sintió frente a nosotros la obligación de cuidarnos y voy a explicar qué significa.

¿Qué significa "obligación"? Que reconoció en nosotros nuestra incipiente humanidad y puso a disposición de esa humanidad su capacidad, su cuerpo, sus jugos vitales, su paciencia y sus horas de sueño. Por esta razón, porque hemos sido cuidados, porque alguien reconoció que éramos seres humanos -mucho antes de que pudiéramos reclamar por nuestros derechos- nosotros estamos aquí.

Me voy a apoyar en este tema de la obligación tomando el pensamiento de una gran filósofa judía francesa, Simone Weil, que por su condición de judía debió escaparse de Francia. Por una serie de acontecimientos y por su gran insistencia, logró volver a Londres desde los Estados Unidos, donde el último año de su vida nos dejó una serie de ideas que son su legado conceptual.

Entre ellas, se dio cuenta de que Francia había caído rápidamente bajo la ocupación nazi porque se habían preocupado de los derechos y no de una contratara que ella dice precede a la noción de derecho y la funda: la noción de obligación. En ese punto, construyó la idea respecto de que la vigencia de la obligación marcaría el grado de civilización de una comunidad.

¿Qué significa estar obligado? La palabra suena horrible, pero si la explico tal vez podamos ver su costado más amable. Obligado significa que me siento ligada a quien está frente a mí porque reconozco su humanidad y eso permite que crezca una comunidad. Nosotros, al sentirnos obligados frente al otro, reconocemos su humanidad y actuamos de acuerdo con este reconocimiento; esta es la primera idea.

La comunidad se construye sobre la base de seres humanos que decidimos reconocer la humanidad de otros. Una forma de desconocimiento rompe estos lazos tan profundos existentes entre los seres humanos.

La segunda idea que quiero desarrollar se relaciona con otra gran filósofa judía, probablemente la más importante filósofa política del siglo XX, Hanna Arendt, quien también tuvo que abandonar su Alemania natal y refugiarse primero en Francia y finalmente en los Estados Unidos.

Hanna Arendt, cuando se refiere a lo propiamente humano, la acción que se manifiesta en el discurso -lo que estamos haciendo ahora- y en la construcción de un mundo humano, dice que hacen falta tres elementos. Primero, la pluralidad de las personas; segundo, nuestra libertad puesta al servicio del mundo humano, y por último, la iniciativa que cada persona nueva trae al mundo para realizar lo inesperado, lo nuevo, algo que no estaba previsto, que brinda un nuevo camino a la situación y permite en el fondo destrabar lo que parecía un obstáculo difícil de superar.

Entonces, para que haya pluralidad en libertad y cada uno pueda dar al mundo y a la comunidad a la que pertenece esa cuota de iniciativa, hace falta que todas las personas nazcan.

La tercera idea que quiero compartir es de Gerald Cohen, un profesor neomarxista inglés, quien dice que una comunidad se mide en su civilización cuando permite a todos acceder a la ventaja -que sería un estado deseable de vida- y cuando eso no es posible, proporcionarla y protegerla.

Propongo la idea de Cohen para visualizar a los niños por nacer, a estos seres humanos frente a quienes tenemos la obligación de ser también humanos. Es bueno protegerlos para que haya pluralidad y que les permitamos la ventaja de acceder a la vida; eso podría construir un mundo plenamente humano.

Mi sueño es que toda mujer embarazada esté perfectamente contenida, inclusive en las situaciones más tremendas, ya que tener un hijo no es un hecho indiferente para la comunidad. Probablemente abandonamos a las mujeres embarazadas en situación de riesgo, no estamos cerca y no les acercamos todo lo que podría facilitarles la situación que viven en ese momento.

Muchas mujeres que acceden al aborto en muchas oportunidades comentan que no hubieran llegado a él si se las hubiese entendido en su casa, si hubieran recibido el apoyo de sus maridos o sus parejas, si no hubiesen sentido odio y fastidio por el embarazo.

Quiero redondear mi exposición diciendo que sé que pensamos distinto y que por los aplausos se nota que hay enfrentamiento, pero ojalá podamos ver -cualquiera sea nuestra posición- lo bueno que son las vidas nuevas, que la Argentina sea un país joven con muchos nacimientos y que podamos protegerlos para el futuro.

Soy italiana, lo habrán notado. En Italia existe el aborto desde 1978 y uno de los primeros efectos de ello es que en ese país hay muy pocos niños. Cuando mis parientes me visitan lo primero que notan es la cantidad de niños que circulan. Ellos son un bien de la Argentina. En consecuencia, no caigamos en esa tentación.

Tengan en cuenta que un país también crece en la nueva generación, en la que habrá pluralidad, libertad y un manojo de nuevas iniciativas que destrabarán los problemas que tenemos. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Pablo María De la Torre, médico pediatra, secretario de Salud y Bienestar Familiar de la Municipalidad de San Miguel.

SR. DE LA TORRE Buenos días. Gracias por este espacio.

Voy a hablarles como profesional de la salud, como funcionario público y, al mismo tiempo, como testigo de historias difíciles, cuando por distintas razones un embarazo es motivo de angustia, desazón e incertidumbre.

En primer término, voy a referirme a los distintos argumentos que se han instalado en la sociedad. En segundo lugar, de mi experiencia al trabajar en territorio como pediatra hace ya más de quince años dentro de los barrios, principalmente con mujeres y familias vulnerables.

Quienes promueven el aborto dicen que en la Argentina se practican 500 mil abortos por año. Esto arroja una cifra de 57 abortos por hora, es decir, casi un aborto por minuto las 24 horas del día. Simplemente, un absurdo.

En 2016 se produjeron más de 80 mil muertes de mujeres por causas cardiovasculares y respiratorias, más de 34 mil por cáncer, 525 por desnutrición y 43 por abortos provocados o espontáneos.

Esto pone de manifiesto que la legalización del aborto no responde a una necesidad real del Estado, sino a intereses más poderosos, siendo el control de la natalidad y de los recursos naturales una exigencia fundamental para el desarrollo económico de un país.

En segundo lugar, utilizar a la mujer pobre como argumento para legalizar el aborto es al menos subestimar la fortaleza y la capacidad de reinventarse que tienen las mujeres, sobre todo las que he conocido en esta situación tan desesperanzadora. Quienes utilizan estos argumentos suelen estigmatizar la pobreza, sin conocerla, sin caminarla. Hablan de una necesidad desde lo ideológico, pero qué lejos están de la realidad. Para esas mujeres un hijo quizás sea su único tesoro.

Mi trabajo en territorio me permite acompañar a familias y mujeres en situaciones muy complejas de extrema vulnerabilidad, quienes, ante la noticia de un embarazo inesperado, pese al miedo y las circunstancias adversas, toman a ese bebé como el motivo que viene a resignificar sus vidas y dotarlas de esperanza.

He comprobado que si el Estado acompaña con propuestas y estrategias que eduquen y guíen el desarrollo de las madres y sus familias, se confirma que el aborto termina siendo más una postura ideológica que una necesidad social real de la gente. Ni siquiera se contempla como una salida.

Como política municipal apoyamos la vida en todas sus etapas y buscamos justamente acompañar a cada mujer vulnerable antes, durante y después de su embarazo, a través de programas como el de Prevención Materno-infantil o Mil Días, donde asisten las mujeres embarazadas. Allí las acompañan y sostienen, mejorando su autoestima y el vínculo con su hijo a través de visitas domiciliarias, talleres de preparación integral para la maternidad, de sostenimiento y de crianza, controles médicos y articulación con distintas áreas, como asistencia crítica o políticas de género.

Es ilustrativa la afirmación del doctor Elard Koch, epidemiólogo del Melisa Institute, de los Estados Unidos. En un estudio que se hizo en Chile, tras la prohibición de todo tipo de aborto, una mayor educación de la mujer y la implementación de políticas públicas, la tasa de mortalidad materna disminuyó de 41,3 a 12,7 por cada 100 mil nacidos vivos.

En los países donde se legalizó el aborto se observa aún más violencia hacia la mujer, ya que valida las presiones de parte de sus parejas, otros familiares o sus jefes por miedo de perder el trabajo.

La cirugía del aborto es a ciegas, violenta y no segura. Ningún método abortivo es seguro. Esto se ve reflejado en el aumento de muertes maternas en países como España, Inglaterra o Suiza.

En numerosas oportunidades me ha tocado acompañar a mujeres luego de que decidieran abortar. Déjenme decirles que el posaborto es devastador. No hay ningún estudio que demuestre que la salud emocional de la mujer mejore, aun en los casos de violación. No conozco a ninguna mujer que luego de un aborto haya mejorado su calidad de vida. Sí he visto sus secuelas psíquicas: depresión, trastornos de ansiedad, intentos de suicidio, baja autoestima, enojo, culpa, pesadillas sobre niños muertos, recaídas en la salud mental cerca de la fecha del aborto.

Muchas veces he escuchado preguntas como las siguientes: ¿Cómo hubiera sido la cara de mi bebé? ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera abortado?

Mi experiencia también me ha permitido ver casos en los que las mujeres, luego de un momento de fuerte duda, recibieron ayuda, apoyo y la información suficiente para poder continuar con el embarazo. He conocido varias y, a pesar de todas las dificultades que atravesaron, ninguna se arrepiente de haber continuado. Y es muy emocionante escucharlas hablar de sus hijos.

Los profesionales que atienden casos de violación saben que una solución violenta como el aborto profundiza aún más el dolor de la mujer. Incluso observan que no eliminar al niño o la niña permite superar el dolor y valorizarse como mujer.

Escucho hablar de igualdad de derechos e inclusión en distintos países, como España, donde luego abortan al 90 por ciento de los bebés con síndrome de Down, o como en Inglaterra, donde abortan al ciento por ciento de los bebés con ese mismo síndrome. En países como la India, China, Paquistán, Bangladesh, Taiwán, Corea del Sur, Indonesia, Vietnam, etcétera, faltan 100 millones de mujeres a causa del aborto selectivo. Las mujeres no son consideradas tan productivas.

Señores legisladores, hago aquí un llamado al sentido común: ¿les parece que puede ser una política pública la eliminación de una de las dos personas que atraviesan una situación de extrema vulnerabilidad? Si queremos proteger y garantizar los derechos de la mujer, sepamos que el aborto no es el camino. No se puede legitimar la muerte de un inocente. El Estado debe estar con los dos, debe salvar a los dos.

Como Estado soberano no podemos establecer políticas públicas en base a presiones y exigencias de la agenda de los organismos internacionales.

Quiero pedirles que analicen evidencia, testimonios y estadísticas libres de toda ideología, credo o sesgo. Se darán cuenta de que nuestra realidad habla por sí sola y de que es muy distinta de lo que propone este proyecto.

Deseo que escuchen el grito silencioso de aquellas criaturas argentinas por nacer que quieren hacer, al igual que todos ustedes, una patria grande. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVEZKY Tiene la palabra Cristian Weber, de la Fundación Vida en Familia.

SR. WEBER Buenos días a todos.

En primer lugar, quiero agradecerles por esta posibilidad, este privilegio de estar aquí y ser parte de este debate tan importante e histórico para nuestro país. He viajado 1.200 kilómetros para estar ahora con ustedes, y creo que valió la pena.

Mi nombre es Cristian Weber. Tengo treinta años y vivo en la ciudad de Cipolletti, provincia de Río Negro. Desde mi adolescencia realizo trabajo comunitario para impartir valores positivos en niños, adolescentes y jóvenes, tratando de escuchar e involucrarme en sus necesidades y prevenirlos de los temas que actualmente les aquejan, como las adicciones, la falta de proyección en el futuro, la inseguridad, los miedos, la falta de contención, y tantas otras cosas.

Asimismo he tenido la posibilidad de viajar como voluntario a muchos lugares de la Argentina, como así también de Brasil, de Perú y de Chile, junto con organizaciones sin fines de lucro, para realizar las tareas antes mencionadas.

Es para mí un placer ayudar y acompañar a las personas en su andar por la vida.

Lo que hoy me mueve a involucrarme en este debate no es hablar acerca del aborto, ya que se han presentado exposiciones muy buenas de parte de quienes están a favor de la vida, en contra de la despenalización del aborto.

También hemos escuchado inquietudes, preocupaciones muy válidas, de aquellos que están a favor de la despenalización del aborto, aunque ante la realidad que vivimos presentan una solución que va a terminar siendo justamente todo lo contrario, ya que va a generar nuevas inquietudes y preocupaciones a resolver.

Entonces, hoy quiero hablarles de la vida. No soy un especialista en medicina, ni en biología, ni en filosofía; por eso quiero hablarles desde otro lugar, desde mi historia de vida.

Involucrados en este debate hay mujeres, hombres, niños por nacer, familias que necesitan desesperadamente una solución a sus realidades.

Mi historia de vida es bastante particular. Desde muy pequeño siempre supe que soy adoptado; no era un secreto en la familia, sino un dato más acerca de mi identidad. A medida que fui creciendo tuve la necesidad de saber quién era mi mamá biológica. No sabía quién era, si estaba viva o dónde vivía.

Alrededor de mis quince años encontré en casa un sobre con los papeles de adopción y por primera vez supe su nombre, apellido y DNI. Por alguna extraña razón me daba vergüenza preguntarles a mis papás acerca de ella, pero a los quince años me topé con esta información.

Intenté encontrar a mi mamá biológica pero no lo pude hacer ya que a esa edad era difícil poder hacer algo por mi cuenta. Yo nací aquí, en Buenos Aires, pero estaba viviendo en el interior del país y quince años atrás no existían las redes sociales y el auge de Internet como conocemos hoy.

Años más tarde me casé y fue con mi esposa con quien iniciamos una nueva búsqueda. Obtuvimos un número de teléfono al cual llamé. Fue una locura porque ella jamás imaginó encontrarse después de veinte años con ese bebé que había dejado en un hospital para darlo en adopción.

Acordamos encontrarnos en un shopping cerca de aquí. Estábamos sentados los tres -mi esposa, mi mamá biológica y yo-, pero no sabíamos qué decirnos y permanecimos en silencio por varios minutos. Luego, sentí ganas de decirle que la había buscado para darle las gracias porque no me había abortado. Al escucharme, ella comenzó a llorar y me respondió algo que para mí fue tremendo: "todos los días de mi vida siempre estuve pensando en vos".

Esta mujer, a quien hoy admiro por su valentía, era muy adolescente cuando quedó embarazada de mí. Cuando tenía doce años fue traída desde el interior hasta Buenos Aires para trabajar forzada en alguna casa porque su mamá no la podía criar ni mantener. Fue así que después de interminables abusos quedó embarazada de manera totalmente indeseada. Pero decidió no quitarme la vida, sino darme en adopción a la maravillosa familia que me crío.

Me llamó la atención lo que ella me dijo al conocerme: "todos los días de mi vida siempre estuve pensando en vos". Quiero decirles que independientemente de que ella me haya dado la vida, o si hubiera elegido abortarme, nada hubiese cambiado el hecho de que todos los días de su vida ella siempre hubiera estado pensando en ese bebé.

Por eso, una mujer que aborta nunca puede dejar de pensar en ese bebé, en esa personita que se estaba comenzando a gestar en su interior.

Sé que hay embarazos que se dan por relaciones forzadas, por violaciones o por el hecho de no conocer los métodos anticonceptivos o su correcto uso, y no pretendo ponerme en el lugar estas futuras madres porque jamás podré jamás saber el dolor, la tristeza y el vacío que estas situaciones les producen. Pero sí sé lo que es disfrutar la vida, poder ayudar al prójimo, darle esperanzas o un abrazo al que nunca lo sintió, sabiendo que mi madre tenía el derecho -como algunos dicen- de abortarme o permitirme vivir.

Hoy ustedes tienen la enorme responsabilidad de elegir entre la vida o la muerte y el Cielo será testigo de la decisión que tomen. Quiero rogarles que no voten a favor de esta iniciativa, sino que le digan sí a la vida.

Ante la realidad que hoy viven miles de mujeres en nuestro país, debemos buscar nuevas alternativas. Algunas de ellas son la adopción, reforzar y revisar los programas de educación sexual invirtiendo en concientizar y prevenir. También hay que acompañar a todas las mujeres que transitan embarazos no deseados; muchas organizaciones e instituciones alrededor del país hacen esto con los escasos recursos que tienen.

La pregunta que hoy debemos hacernos no es cuándo comienza la vida, sino cuánto vale la vida. Permitamos entre todos que otros bebés puedan nacer como lo pude hacer yo, quien de otra manera hubiera sido un posible abortado.

Quiero decirles que una historia que comienza siendo triste, dolorosa e injusta puede, en las manos de un Dios de amor perfecto, transformarse en una buena historia para contar. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Evelyn Rodríguez, responsable de la Fundación Vida en Familia.

SRA. RODRÍGUEZ Buenos días. Mi nombre es Evelyn Rodríguez, soy responsable de la Fundación Vida en Familia de Villa Regina y quiero mostrarles unas fotos en la pantalla.

En la primera imagen que se exhibe pueden ver un bebé recién nacido. Acaban de escuchar la historia de Christian. Quiero mostrarles al bebé que aparece en la pantalla.

Hace treinta años mi esposo y yo estábamos en lista de espera para adoptar y recibimos el llamado de un juez que nos dijo que había un bebé para nosotros. Se trataba del hijito de una mamá muy adolescente, pobre, desamparada, abusada y llegada del interior.

Esta mamá tan jovencita tuvo la oportunidad de que un familiar -creemos que una tía- la acompañara y guiara para preservar la vida de este pequeño ser que estaba dentro de su cuerpo. Esta persona la acompañó y la orientó para que cuando el bebé naciera pudiera tener una familia. Así llegamos a Christian. Lo fuimos a buscar al hospital cuando tenía veinte días de vida.

En las fotos que se muestran vemos cómo Christian fue creciendo y pudo disfrutar la vida. Llegó a la adolescencia -en la foto luce cabellos largos- y junto a su novia decidieron buscar a su mamá biológica, ya que a Christian le daba vergüenza comentarnos eso a nosotros.

Todo ese tiempo guardamos sus papeles a pesar de que en el juzgado nos dijeron que los rompiéramos y tiráramos porque iban a ser para problemas. Gracias a eso él pudo luego buscar a su mamá y agradecerle por darle la posibilidad de vivir, como recién contó. Por eso es que juntos, Christian -quien recién hizo uso de la palabra- y nosotros -sus papás-, defendemos la vida.

En este marco quiero comentarles tres aportes que me parecen importantes como docente y responsable -junto con mi esposo- de la Fundación Vida en Familia, en donde desde hace más de veinte años trabajamos con personas en situación vulnerable, especialmente jóvenes y adolescentes, y donde también estamos a cargo de un centro de rehabilitación de jóvenes con adicciones.

La primera inquietud que quisiera transmitirles es acerca de la necesidad de que entre padres, educadores y toda la comunidad podamos ver cómo disminuir el embarazo no deseado. Para esto creo que tenemos que rever y consensuar entre padres y educadores el contenido de la enseñanza que se está brindando en las escuelas.

Veo en la educación sexual que se está brindando una falta de énfasis en valores tales como el respeto a la vida, el amor, la familia y la toma de decisiones responsables. Por el contrario, hay un énfasis marcado en los derechos sexuales de los adolescentes, su libertad, su deseo y su disfrute. Esto me preocupa sobremanera puesto que alienta la iniciación sexual cada vez a más temprana edad.

Por otra parte, hay una sobreestimación de la eficacia de la utilización de métodos anticonceptivos, el llamado "sexo seguro". Sabemos que esto no es así porque ya la Organización Mundial de la Salud advierte que el preservativo tiene un 2 por ciento de fallos para evitar embarazos, siempre que se utilice de manera sistemática y correcta. Pero la realidad es que muchos de nuestros adolescentes no lo hacen de esta forma, por lo que cada vez tenemos más talleres de educación sexual y embarazos adolescentes. Evidentemente, hay algo que tenemos que cambiar porque si seguimos haciendo lo mismo vamos a obtener los mismos resultados.

Por otro lado, al trabajar en una fundación que se ocupa de chicos con adicciones, nos preocupa la desmedida ingesta de alcohol en adolescentes y jóvenes. ¿Qué relación tiene esto con el embarazo no deseado en adolescentes? Esta relación es muy importante porque ya un ex ministro de Salud de la provincia dijo que muchos de los embarazos adolescentes, según estadísticas, fueron concebidos cuando la joven o su pareja se encontraban alcoholizados o intoxicados por drogas.

En el mismo sentido la doctora Mabel Bianco dijo: "El sexo no cuidado viene asociado al descontrol y las chicas que se pasaron con una borrachera al otro día no saben lo que hicieron".

Por lo tanto, la pregunta que planteo esta mañana para la sociedad es la siguiente: ¿cómo estamos cuidando a nuestros adolescentes frente a las corporaciones económicas que manejan las bebidas alcohólicas, el tabaco y los estupefacientes?

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Resta un minuto de su tiempo.

SRA. RODRÍGUEZ Por último, quiero hablar en mi condición de mamá de un bebé cuya mamá biológica vivió un embarazo no deseado, decidió preservar su vida y darlo en adopción.

Quiero comentarles que junto con muchas instituciones de todo el país a favor de la vida hemos acercado una propuesta a la señora ministra de Desarrollo Social de la Nación, la doctora Carolina Stanley. Nuestra propuesta es la siguiente: ofrecemos al Estado nacional el servicio de nuestras instituciones en el acompañamiento afectivo, emocional y, en los casos que nos sea posible, también económico y de vivienda a mujeres que atraviesan un embarazo no deseado en las diferentes provincias de nuestro país.

En tal sentido, alentaremos y ayudaremos a las mujeres que lo deseen a que puedan llevar sus embarazos a término, para dar la posibilidad de vivir a ese pequeño ser que tiene vida dentro de sus cuerpos, orientándolas a que luego del nacimiento, si así ellas lo decidieran, puedan brindar a ese bebé la posibilidad de ser adoptado -como en el caso de Christian- y tener una familia. Para ello, solicitamos al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación una línea 0800 gratuita nacional, para la atención de mujeres que atraviesan un embarazo no deseado y desean orientación y acompañamiento.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Vaya concluyendo, por favor.

SRA. RODRÍGUEZ En segundo lugar, solicitamos presupuesto para las operadoras que recibirán y derivarán los llamados.

En tercer término, solicitamos presupuesto para la difusión de la línea 0800 de atención a mujeres que atraviesan embarazos no deseados en todo el país.

Por último, pedimos hogares de tránsito para estas mujeres.

Estos tres puntos que mencioné casi no requieren presupuesto.

Para concluir, quiero decir que quienes estamos aquí, los diputados y todos ustedes, acordamos que el aborto es una tragedia. Quiero animarlos a que todos juntos trabajemos en un plan nacional por la vida, a que con humildad podamos ver cómo podemos ayudar a las mujeres que atraviesan un embarazo no deseado, cómo tratar de evitarlo -por los motivos que di antes- y ver cómo trabajar en el tema de la adopción.

Todos los que hemos estado en un proceso de adopción sabemos lo largo que resulta, pero también lo necesario que es. Muchísimas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Raúl Magnasco, director de la fundación Más Vida.

SR. MAGNASCO Buenos días. En primer lugar, quiero agradecer la mayor presencia en el día de hoy comparada con la de otras ocasiones y felicitar el cambio de modalidad que así lo permitió.

Además, quiero felicitar a aquellos diputados que -sabemos- tienen intención de legislar sobre la base de datos objetivos y fehacientes como los que hoy voy a demostrar. En tal sentido, realizo mi exposición en memoria de Keyla Jones, la primera víctima conocida por la práctica de un aborto en un hospital público.

Para poder legislar sobre un tema tan sensible como este tenemos que tener un real diagnóstico de cuál es la situación de nuestro país. Actualmente en la Argentina se cometen realmente entre 10 mil y 30 mil abortos y no las cifras que a veces escuchamos, es decir, trescientos mil, quinientos mil o un millón. De todos modos, un solo aborto es una catástrofe que debemos evitar como país. En este sentido, es importante conocer la realidad de cuántos abortos se realizan, lo que hacemos sobre la base de datos comparados con las tasas de abortos de países que lo legalizan por primera vez; claro está, aquí es clandestino.

En España -quédense tranquilos- también decían que se practicaban 300 mil abortos clandestinos antes de legalizarlo en 1985. Cuando se legalizó descubrieron que eran dieciséis mil. Y no digo "solo" dieciséis mil porque un solo aborto es una desgracia.

En Uruguay decían que eran ciento cincuenta mil o treinta mil; no se pusieron de acuerdo en el número. Cuando se legalizó descubrieron que eran seis mil. Tampoco digo "solo" seis mil porque un solo aborto es una desgracia.

Es ridículo pensar en 500 mil abortos al compararlo con los Estados Unidos, que tiene una cantidad parecida y una población de 323 millones de habitantes, donde además el aborto es legal y promocionado porque es un muy buen negocio.

Asimismo, es ridículo pensar que tenemos tantos abortos como nacimientos y me pregunto dónde están esas camas clandestinas, ya que deberían ser equivalentes a las maternidades. Podría seguir con este argumento, pero lo que más nos interesa es desmitificar estas cosas.

Debemos conocer la realidad y también saber que el aborto no es la principal causa de muerte materna como nos dicen. El Ministerio de Salud de la Nación así lo identifica con claridad. De hecho nunca fue la primera, sino la segunda de tres hasta el año 2007. Luego pasó a ser la última de las causas de muerte materna.

Estos son datos oficiales, es un número que viene en baja y hubiera estado más en baja si no fuera porque en 2012 se instaló el protocolo, como lo pueden ver en la filmina proyectada en pantalla.

De todos modos, los cuarenta y tres casos que informa el Ministerio de Salud de la Nación nos preocupan porque no se trata solo de abortos clandestinos, sino también espontáneos y de otras complicaciones relacionadas. Además está la gente como Keyla Jones, que muere por un aborto en un hospital público. Sin embargo, decimos que es la última causa de muerte materna.

¿Cuál es el problema que tenemos con el aborto legal? Básicamente, que cuando se legaliza el aborto en un país aumenta la cantidad de abortos. La experiencia en el mundo es clarísima y no podemos legislar en un tema sobre el que hay experiencia internacional; no podemos hacer la vista gorda sin importarnos la experiencia de otros países.

De los doscientos seis países que tiene el mundo -ciento noventa y cuatro reconocidos en las Naciones Unidas- solamente cincuenta y ocho tienen o tuvieron algún tipo de aborto legal por diversas causales, incluso aborto obligatorio. Sin embargo, uno solo ya es una desgracia.

De todos modos, aunque se trate de la cuarta parte del mundo, es una experiencia que debemos tomar. No podemos legislar sin tener en cuenta qué pasó en estos países porque en todos ellos hoy se vive un proceso de restricción o de abolición.

Rusia, que fue el primer país en legalizarlo en 1920 -me refiero a la Rusia comunista- pasó de veinte causales a ocho. En Polonia, el segundo país donde se legalizó el aborto, Hitler lo hizo claramente solo para las judías, ya que algunas personas piensan que no todas las vidas valen igual. Polonia está por restringirlo de manera definitiva.

El único camino posible para que no mueran más mujeres, más madres y más hijos es aborto cero. En este sentido, Polonia tiene mucho para enseñarnos y no es el único país.

La experiencia siempre indicó que al legalizarse el aborto aumenta la cantidad de procedimientos que se realizan. Estos son datos oficiales de Francia y de España, que se parecen mucho a nosotros, no solo culturalmente sino en la cantidad de población.

No había 300 mil abortos clandestinos, sino que comenzaron con dieciséis mil en 1987, al hacerse la primera estadística. Hoy subieron y pasaron los cien mil.

Uruguay está más cerca. ¿Qué pasó en Uruguay? También aumentaron y pasaron los diez mil. ¿Por qué ocurre esto? Por sentido común, claramente; porque está legalizado, permitido. Las causas son muchas y no puedo explayarme ahora.

La problemática principal de por qué aumentan los abortos al legalizárselos se debe a que con ello aumenta la morbimortalidad de la mujer y del niño. El problema es que estos no son datos oficiales, ya que en ningún país donde se el aborto se legaliza se pueden registrar las muertes producidas por abortos legales.

Esto pasa básicamente porque es un gran negocio, como lo indica el gráfico que puede apreciarse en la pantalla.

Hoy en España el 88 por ciento de los abortos que se realizan se hacen en lugares privados, en clínicas que se dedican al negocio del aborto, que es formidable. Por supuesto, se trata de un negocio que le cobran al Estado, a los contribuyentes, quienes lo pagan con los impuestos. Es seguro y gratuito, pero lo de "seguro" es teórico y lo de "gratuito" no es así, ya que lo pagan los contribuyentes.

Pero como estos lugares no tienen complejidad para atender a madres en las que se complica el aborto, las derivan en una ambulancia a un hospital público. Cuando mueren no registran que fallecieron por haberse practicado abortos legales, sino por septicemia, hemorragia u otra complejidad obstétrica.

Se trata de un muy buen negocio. Revisen las estadísticas. Todo esto es oficial y está a disposición de ustedes. Si bien acá no consta, también aumentó la cantidad de clínicas que realizan abortos en España.

Pero no necesariamente tenemos que recurrir a la experiencia extranjera. Como ya saben, en la Argentina tenemos nuestro primer caso conocido, aunque no es el único. Me refiero a Keila Jones, que murió en un hospital público de la Patagonia a los diecisiete años de edad. Por eso siempre decimos que sea legal o ilegal, el aborto mata igual. Es una técnica compleja, peligrosa, aunque digan que el Misoprostol es seguro; Keila murió con Misoprostol. En Uruguay, el aborto es legal y se entregan las pastillas para abortar en las casas; pero el aborto de Keila no ocurrió en su casa, sino en el hospital.

¿Cuáles son las consecuencias del aborto legal? Básicamente equivale a un genocidio. En este slide pueden observar la curva piramidal de la Argentina -un país donde el aborto no es legal- y la de Italia. La línea negra que observan muestra que todos los habitantes que tienen menos de cuarenta años -que son cada vez menos- coinciden con la legalización del aborto en Italia. Alguien que entiende mucho de estadísticas me dijo que no era la única causa, ya que en muchos casos la gente decidía tener menos hijos. Es cierto, hay un montón de causas, pero esa es la más importante. Si así no fuera, al ver el caso de España, por ejemplo, en 1978 tendría que haber ocurrido lo mismo, pero en España, como se legaliza ocho años después, el fenómeno de los dos mordiscos -como yo le llamo a la curva, a la pirámide- se da ocho años después, por casualidad o por causalidad con el aborto legal.

Fíjense en el gráfico de España. A la izquierda, en la parte superior, falta un mordisco chiquito; eso corresponde a la Guerra Civil Española, son las generaciones que vivieron la guerra civil, es decir, el costo de vidas que tuvo el conflicto. Abajo se ve el costo de vida del aborto. Lo que está en verde son todos los españoles que faltan desde que se legalizó el aborto en España: doce millones.

Por favor, no legislemos sin recurrir a la objetividad y a las ciencias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Gustavo Volpe, presidente de Rosario Provida.

SR. VOLPE Buenos días. No está de más mencionar que nos encontramos en uno de esos momentos trascendentales de nuestro país, en el que inexplicablemente nosotros y ustedes, señores diputados, nos vemos obligados a analizar un proyecto de ley que permite matar seres humanos en gestación.

Por supuesto, partimos de la premisa que dice que hay vida desde la concepción y hasta la muerte natural. Aquí me detengo, porque más allá de ser el presidente de una ONG donde nos dedicamos a proteger, cuidar y acompañar a mujeres, niñas y adolescentes en situación de riesgo en sus embarazos, como ser humano, padre de familia numerosa y hombre común de la calle me pregunto cómo podemos entender que en estos momentos, a esta altura de la ciencia, estemos tratando ver si hay vida o no. Realmente no lo puedo comprender, señores diputados.

Tampoco llego a comprender cómo los impulsores de este proyecto pueden pensar que el aborto sea una solución. Retomo el entendimiento científico de que el mismo ADN está desde el momento de la concepción hasta la muerte; desde ese momento hay vida. Quieren que matar al embrión, al feto, al bebé por nacer o como quieran llamarlo sea una solución, invocando la causal de la salud social.

Realmente no entiendo el concepto de salud social. Me gustaría que me expliquen, considerando la "salud social", qué diferencia puede haber el día de mañana -si esta iniciativa se aprobara- entre un bebé por nacer y cualquier ser humano en estado de vulnerabilidad y dependencia, como por ejemplo un padre anciano a quien se deba cuidar, proteger y sostener. ¿Van a tener el mismo concepto de salud social? Realmente es inexplicable, señores diputados.

Hoy ustedes tienen la responsabilidad social de proteger a los más vulnerables, a los más indefensos. Tienen la responsabilidad de legislar para todos los ciudadanos que habiten este país. ¿Están dispuestos a ser los que cedan ante los lobbies internacionales para que se desate el segundo genocidio en nuestro país? ¿O prefieren formar parte de los muchos patriotas que defendieron nuestra Nación y tuvieron las agallas para continuar defendiendo, más allá de las presiones internacionales y nacionales, a los más indefensos y vulnerables? En este caso son los dos: la madre y el niño por nacer.

Volviendo a la dicotomía en la que se presenta el aborto para salvar vidas, existen grandes y conocidos testimonios de mujeres que han abortado y nunca llegaron a sobreponerse de tamaño mal.

Si ustedes quieren, señores diputados, pueden buscar y volver a buscar, pero nunca encontrarán un testimonio de una madre que haya tenido a su hijo y se haya arrepentido. Ninguna madre se arrepiente de haber dado a luz a su hijo.

Tratamos de estar lo más tranquilos posibles ante un alud de violencia, porque no puedo llamar de otra forma al aborto. El aborto en las sociedades destruye a la mujer, destruye el eje de toda sociedad, quita el horizonte. No se negocia el derecho a la vida, porque es el primero de los derechos. Cuando perdemos ese derecho, perdemos el horizonte.

Continuando con algunas faltas a la verdad, he escuchado con atención, hace unos días y en este mismo lugar, a un periodista rosarino -y no estoy orgulloso de que sea rosarino- decir que el comienzo de la vida es a las catorce semanas. ¿Hasta cuándo, señores diputados y diputadas, van a subestimarlos a ustedes y a nosotros, a la gente común? ¿Hasta cuándo van a discutir lo indiscutible, aquello que la ciencia ya ha dado como cierto hace tiempo, es decir, el hecho de que la vida comienza en el momento de la concepción?

La ciencia define claramente el comienzo de la vida como la unión del espermatozoide con el óvulo. Horas después de ese momento se forma el genoma propio del ser humano, que es definitivo para toda la vida; solo en el vientre materno va a sostener ese desarrollo hasta el nacimiento. No hay ningún otro factor que pueda definir el comienzo de la vida humana desde un momento diferente a la concepción.

Continuando con la misma línea, ¿ustedes tienen conocimiento de que un bebé, a las doce semanas, mueve sus brazos y abre y cierra los ojos?

Pero hay algo que especialmente deben saber todos: ese bebé a las doce semanas siente dolor, señores diputados. Ese bebé siente el dolor cuando se desgarra su cuerpo para quitarlo del útero, y ni hablar de un bebé de más semanas al que se lo envenena al inyectársele solución salina. Claramente estamos hablando de una aberración.



Me voy a reiterar la misma pregunta una y mil veces: ¿cómo quieren que podamos comprender que la legalización del aborto va a salvar vidas? No, señores, una y mil veces esto no es así.

No quiero ni debo entrar en detalles acerca de cómo se realiza un aborto, ya que seguramente lo explicarán los médicos. Espero que sean valientes, se lo muestren en imágenes y que ustedes, señores diputados y señoras diputadas, tengan la hidalguía de quedarse sentados viéndolas. Creo que con la verdad se llega al entendimiento y esa cruda realidad es la verdad.

No se puede pretender matar a un bebé por nacer bajo excusas banales tales como "éste no es el momento", "fue solo un encuentro", "soy muy joven", "fue una aventura", "engañé a mi marido", "tengo otros hijos", "quiero estudiar" o "en mi trabajo ven mal el embarazo". Hay miles de excusas simplistas y egoístas como estas. No, señores, no es factible atender esas excusas y muchas otras más con el costo final de una vida humana, porque en el aborto siempre muere un bebé.

El aborto no es ni puede ser la solución a ningún problema. El derecho a la vida no se negocia. Es el primer derecho humano; si no se lo respeta perdemos el rumbo y nos quedamos sin horizonte.

Diputadas y diputados: la vida nace en la concepción y no en el consenso. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Mariano Ghilardi, médico de la UBA, magíster en Bioética de la UCA y director Regional del Conosur de los Centros de Ayuda para la Mujer de La Merced Vida.

SR. GHILARDI Buenos días. Agradezco a los honorables diputados por concederme este tiempo.

Soy médico desde hace veintiocho años. Soy cirujano ortopedista, especialista en bioética. Durante quince años trabajé en un hospital público de la provincia de Buenos Aires. Hoy no quiero hablarles desde el plano científico, sino desde mi experiencia en el campo de la acción.

Me interesa partir de un punto que tenemos en común con algunas ponencias que escuché en defensa del proyecto: nadie quiere que una mujer aborte y menos que muera. En eso estamos todos de acuerdo.

¿Cuál es el problema por el cual una mujer termina en un aborto? Un embarazo inesperado.

Hace más de diez años que trabajo de forma voluntaria en la asociación civil La Merced Vida. Se trata de una institución laica en donde se reciben a madres y padres en crisis con su embarazo, quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad en la que ante la angustia y la desesperación piensan que la solución más fácil es el aborto para deshacerse así del problema.

Cuando estos padres vienen a nuestra institución pensando en la posibilidad abortar, sus rostros muestran angustia, nervios y desesperación que nunca vi en pacientes a los que, por ejemplo, se los va a intervenir para extirpar un quiste. Ellos saben en lo más profundo de su interior que es un hijo lo que van a abortar y no -como se expresa con liviandad- un mero tejido de embarazo, coágulo o conjunto de células.

¿Cuál es la ayuda que concretamente les ofrecemos? Nos basamos en tres pilares: la acogida, la escucha y la información. Vemos como al brindarles información sobre la gestación de su hijo, al escuchar su problemática, recibirlos y dedicarles un tiempo, al realizarles una ecografía para ver su bebé, al ofrecerles programas de ayudas concretas que implican tiempo y dedicación y al poner a su disposición apoyo psicológico y ayuda económica y de inserción en nuestra sociedad, sus rostros de desesperación se transforman en expresiones de alivio y alegría, puesto que comprueban que existen otras opciones que no implican la muerte de su hijo ni las consecuencias que esto acarrearía. Muchos de estos padres nos dicen que lo van a reflexionar y pensar bien, pero por lo menos se llevan toda la información necesaria para tomar una decisión tan importante y decisiva.

Las mujeres que continúan con nosotros son acompañadas y asistidas durante el resto del embarazo y el primer año de vida de su bebé. Esto hace que se sientan apoyadas y comprendidas; sus parejas se involucran y su embarazo continúa adelante.

La legalización del aborto definitivamente no es una solución al problema.

Hemos atendido aproximadamente más de diez mil casos a nivel nacional. De ellos, más del 65 por ciento decidió continuar adelante con su embarazo.

En relación con las formas de abortar que habitualmente se divulgan, generalmente se menciona al Misoprostol como un método rápido y seguro, casi inocuo y sin complicaciones ni secuelas. Quiero decir que el Misoprostol genera fuertes contracciones con intenso dolor y hemorragias.

-Se proyecta un video.
SR. GHILARDI En la mayoría de los países en donde el aborto está legalizado se entrega la pastilla a la mujer en el hospital, pero se la manda a abortar a su casa, en donde ocurre lo que están viendo en pantalla: se pierde un coágulo en el que pueden encontrar el cuerpo de su bebé.

¿Pero qué pasa si ese aborto resultó incompleto? Hay que recurrir a la guardia del hospital para concluirlo con este procedimiento que se exhibe y que se llama legrado. Este procedimiento también es el que se utiliza para abortar en embarazos de más de diez semanas; recordemos que el proyecto en discusión permitiría abortar hasta la semana catorce.

Este procedimiento quirúrgico puede traer un montón de complicaciones, como infecciones, cicatrices uterinas, infertilidad, perforaciones del útero o hemorragias que no se pueden detener.

¿Qué vamos a hacer y qué va a ocurrir con nuestro frágil sistema de salud pública a nivel nacional? ¿Está preparado para destinar las pocas camas disponibles a la realización de abortos o resolver sus complicaciones? Sin dudas, esto permitirá que el aborto clandestino continúe y, además, le abrirá las puertas a las clínicas privadas para que -como sucede en otros países y mostró Raúl Magnasco previamente- hagan fortunas ofreciendo un aborto supuestamente de mejor calidad.

En la asociación también recibimos a mujeres, hombres y abuelos que han pasado por la traumática experiencia de un aborto. Llegan con profundas secuelas psicofísicas y emocionales al darse cuenta de la pérdida de un hijo, un nieto o un hermano.

El aborto no solo lastima a la mujer, sino también a toda una familia y a la sociedad entera. Estas mujeres son acogidas en la asociación de la misma manera; jamás son juzgadas, por el contrario, son comprendidas y contenidas. El dolor de ellas, de sus parejas, de sus familias y de sus otros hijos es enorme. Lleva mucho tiempo ayudarlas a perdonarse, a sacarles el enojo con ellas mismas y su entorno.

Hay una falta de información previa y una ausencia de ayuda posterior al aborto. Esto ocurre en la mayoría de los países en los que el aborto es legal. Después del aborto las mujeres se quedan sin contención de ningún tipo. De hecho, en España hay cantidad de demandas contra el Estado por la falta de apoyo psicológico posaborto, ya que las mujeres deben afrontar solas el vacío de la ausencia de ese hijo que ya no está, al que no pudieron ver ni llorar.

Las secuelas posaborto no son algo teórico; nosotros las vemos muy frecuentemente.

No quiero dejar de referirme a la cifra de los 500 mil abortos clandestinos. Como ya se ha manifestado en distintas ponencias, hay claras evidencias de la falacia de considerar esta cifra como real.

La metodología utilizada para calcular esta cifra se basa en encuestas de opinión subjetivas con factores de expansión, por lo que poseen escasa o nula reproducibilidad ya que están sometidas a sesgos de selección, memoria e ideología de los sujetos entrevistados. Esta metodología, según describe el epidemiólogo chileno Elard Koch en sus múltiples trabajos científicos publicados, se ha aplicado en otros países, como por ejemplo México. Allí, en el Distrito Federal, el aborto es legal hasta la semana doce de gestación.

En varias oportunidades he tenido la posibilidad de estar en México luego de la legalización del aborto. Visité varios hospitales materno-infantiles en donde se realiza esta práctica y dialogué con las mujeres que desde muy temprano, solas y angustiadas, hacían la cola para realizarse un aborto. Ninguna de ellas tenía cara de felicidad o alegría; en cambio, sí pude observar mucho temor.

A esto se suma el hecho de que el trato de los agentes de la salud que las recibían dejaba mucho que desear, ya que con el correr del tiempo ellos también se habían deshumanizado ante la realización de esta práctica. Las mujeres eran sólo meros objetos a las que les hacían sentir que les estaban haciendo un favor.

Sin dudas, en México la legalización del aborto lo había banalizado y se había convertido en una oferta más del menú de opciones para corregir un embarazo inesperado.

Concluyendo, señoras y señores diputados, les pido que legislen a favor de las dos vidas. El aborto, sin dudas, no es la solución; en cambio, sí lo es la prevención y la acogida adecuada de la mujer que tiene un embarazo inesperado.

En mi experiencia el aborto sólo deja como saldo una mamá, un papá y toda una familia lastimada con heridas muy profundas que sólo la comprensión, la atención y la ayuda pueden resolver. Muchas gracias (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Ayelén Alancay, directora de la Fundación Más Vida.

SRA. ALANCAY Pido a los señores diputados que escuchen a los 700 mil argentinos que, como mi hija en este momento, se encuentran en el vientre materno.

Desde el día 18, su corazón comenzó a latir con gran fuerza, con su tipo de sangre distinto al mío y con su ADN único e irrepetible.

La señora expositora hace escuchar un audio de los latidos del corazón.
SRA. ALANCAY Les pido, señores diputados, que no silencien este sonido de vida.

Dedico esta ponencia a la memoria de Keila Jones.

Nos dicen que con la legalización o despenalización vamos a disminuir o prevenir la muerte de madres pobres por abortos clandestinos, y yo me pregunto: ¿por qué murió Keila?

Tuve la oportunidad de conocer a la familia Jones, una familia destrozada por el dolor de perder a su hija de 17 años. Imagínense por el dolor y el sufrimiento que tuvo que atravesar esta familia. Keila era una adolescente con toda una vida por delante, deportista, capitana del equipo de básquet de El Maitén. Tras un embarazo inesperado comete el error de acudir al único hospital para pedir un consejo, topándose con una inescrupulosa residente, Estrella Perramón, miembro de la red de profesionales por el derecho al aborto seguro -entre comillas- y legal, quien la incita a abortar. La interna a Keila en el hospital y le realiza un aborto medicamentoso, utilizando Misoprostol, la droga que tanto promueven como una práctica segura aquellas que están a favor del aborto.

Cada dos horas la residente le aplicó este medicamento a Keila y, como mostraron en el video anterior, expulsa parcialmente a su hijo muerto. Luego, Keila fue devuelta a su hogar. Los días subsiguientes sufrió fuertes dolores y hemorragias. A sus padres nunca les avisaron que ella se había realizado un aborto, siendo que era menor de edad.

A los 5 días de una agonía vivida por la familia Jones, Keila fue trasladada al hospital de Esquel -de alta complejidad- debido a su situación. A raíz de que ella estaba muy grave, los médicos empezaron a notar que su estado iba empeorando cada vez más, y entonces le avisan a los padres que su hija había atravesado un aborto.

El 5 de diciembre, cuando le faltaba una semana para terminar el secundario, Keila muere por una septicemia a causa del aborto inducido por una médica en un hospital público.

A los promotores de esta ley les pregunto: ¿qué palabras de consuelo tienen para la familia Jones?, porque yo no las tengo. Dos muertes que se pudieron evitar: la de Ángel, como lo nombraron sus abuelos, y la de Keila. Dos vidas truncadas por el flagelo del aborto.

Otro punto que también quiero rescatar en este debate es que el aborto es una discusión realmente discriminatoria. Desde sus orígenes, tuvo un impacto eugenésico. Uno de los primeros en legalizarlo fue Hitler, solamente para judíos, dándole más valor a la vida de los alemanes por nacer.

Hoy se busca dar más valor a la vida de los hijos planificados, condenando a muerte a muchos argentinos por nacer tan solo por haber sido inesperados o, como algunos los llaman, "no deseados".

Yo soy producto de un embarazo inesperado. Vengo de la provincia de Jujuy -una provincia humilde-, de una familia muy humilde, y realmente no siento que mi vida tenga menos valor que la de ustedes.

Queremos una Argentina inclusiva, un Estado que garantice el primer derecho humano: la vida, ya que sin este derecho fundamental no podemos construir un Estado de derecho justo.

Les pido, señores diputados, que escuchen el sentir del pueblo argentino. Desde la vuelta a la democracia no hubo una manifestación tan masiva como la de la Marcha por la Vida, a lo largo y a lo ancho del país, convocando a más de 2 millones de argentinos que salieron a las calles para decir: "Sí a la vida. No queremos aborto en la Argentina. Que vivan los dos". (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Verónica Schabb, periodista especializada en la problemática en tratamiento.

SRA. SCHABB En primer término, quiero saludar a todos los diputados y diputadas presentes. Mi nombre es Verónica Schabb y soy licenciada en Ciencias de la Comunicación. En esta mañana me gustaría hablar sobre el rol de los medios masivos de comunicación frente al debate de la despenalización del aborto. Vivo en Mar del Plata, y he venido aquí para hacer esta ponencia. Muchas gracias por la oportunidad.

Durante las últimas semanas se ha expresado la necesidad que tienen la sociedad y el Estado de debatir el tema de la despenalización del aborto para encontrar soluciones que den respuesta a un problema que no puede continuar en el campo de la clandestinidad.

Personalmente, como licenciada en Ciencias de la Comunicación considero que los medios de comunicación, en general, no están cumpliendo con su rol de informar y difundir las características de la nueva ley de despenalización del aborto y sus consecuencias de implementación para el Estado, nuestro sistema de salud, ni tampoco las consecuencias para la mujer y las mamás adolescentes. Además, el abordaje mediático no incluye todos los temas relevantes que atañen a esta temática.

Estoy a favor de la vida y de las dos vidas, tanto de la madre como del hijo en gestación. No desconozco ni soy indolente frente a la realidad que sufren y han sufrido las mujeres que tomaron la decisión de realizar un aborto, pero considero que ese no es el único tema que debe abordarse si realmente queremos una discusión madura sobre las implicancias de la despenalización del aborto considerando la realidad social, económica e institucional de nuestro país.

Un debate maduro debería asegurar la veracidad de la información y el abordaje de todos los actores y ámbitos involucrados.

En este sentido, es obligación de los medios masivos de comunicación brindar información exhaustiva sobre las características y alcances de la nueva ley en discusión y no detenerse pura y exclusivamente en algunos ejes temáticos que escuchamos diariamente, donde se ha estigmatizado a la mujer de escasos recursos económicos, se ha asumido que la despenalización del aborto es la única herramienta válida para la solución de la mortalidad de mujeres y el embarazo no deseado; y la repetición de cifras, sin fundamentación estadística, sobre la cantidad de mujeres que mueren al año por causa del aborto.

Deberían crearse espacios de difusión y discusión, más allá de este recinto, para escuchar las voces de profesionales de la salud sobre lo que significa realizar un aborto en la semana 14 de gestación; por ejemplo, describiendo el estado de crecimiento en esa etapa del niño por nacer y cuáles son las metodologías implementadas para la realización del mismo.

Si bien en este recinto es auspiciosa la posibilidad de escuchar todas las voces, todos sabemos que la mayoría de la ciudadanía no tiene la oportunidad ni el tiempo necesario para la participación del debate.

No se ha escuchado a través de los medios masivos de comunicación la opinión personal de los profesionales de la salud debido a la obligatoriedad de la práctica del aborto y cuáles serían las implicancias legales y las herramientas jurídicas con las que cuenta cada actor sanitario llegado el caso de oponerse a realizar esta práctica.

La ciudadanía desconoce cuál será el efecto en hospitales y centros de salud de la aprobación de una ley de estas características, considerando el desabastecimiento, deterioro, abandono y disminución de profesionales durante los últimos años, quienes por diversos motivos están optando por trabajar en instituciones privadas y no en el sistema público de salud.

Los medios masivos de comunicación deberían dar a conocer la opinión de los padres, en especial de niñas adolescentes de 13 a 16 años de edad, respecto de la no participación en la posible decisión de sus hijas de someterse a un aborto. Recordemos que en Argentina la mayoría de edad es a partir de los 18 años y el nuevo Código Civil establece algunas diferenciaciones respecto de las decisiones que niños y niñas pueden tomar entre los 13 y los 16 años de edad respecto de su salud.



El artículo 26 de la ley 26.994 dice: "Se presume que el adolescente entre trece y dieciséis años tiene aptitud para decidir por sí respecto de aquellos tratamientos que no resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan un riesgo grave en su vida o integridad física". Para esto, es necesario que los adolescentes cuenten con la información sobre las consecuencias psicológicas, afectivas y físicas que produce el aborto.

En general, los medios masivos de comunicación abordan este tema comparando nuestro país con los países desarrollados, pero sin considerar que el Estado argentino, durante los últimos años, ha fracasado en las políticas de educación sexual, prevención del embarazo adolescente y contención del adolescente. Recordemos que América Latina y el Caribe son la segunda región con mayor fecundidad adolescente en el mundo, solo superada por África Subsahariana.

En la Argentina, cada 1.000 nacimientos, el 54 por ciento corresponde a madres adolescentes de 10 a 19 años de edad, según el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de 2016. Cada año nacen en el país 3.000 bebés de niñas de 10 a 14 años de edad. El embarazo adolescente está relacionado con la deserción escolar, el alto porcentaje de "ni-ni" -que quiere decir que no trabajan ni estudian- y adolescentes que hacen trabajo doméstico no remunerado o están al cuidado de sus hermanos o familiares, propio de una sociedad patriarcal.

La maternidad se ha vuelto un proyecto de vida ante un sistema educativo expulsivo y de falta de oportunidades laborales. Además, el 80 por ciento de las mujeres encuestadas en este informe no buscaban quedar embarazadas, pero no utilizaban métodos anticonceptivos. Esto contradice lo que muchos medios aseveran en el sentido de que las adolescentes quedan embarazadas para acceder a la asignación universal por hijo, sin considerar otros factores altamente intervinientes.

Además, los programas de educación sexual y reproductiva y las campañas de prevención del embarazo son escasas y esporádicas y están exclusivamente destinadas a la población femenina, cuando todos sabemos que los embarazos son el producto de la acción conjunta del hombre y de la mujer.

Si bien es ingenuo pensar que si un tema está abordado por los medios significa que la sociedad es parte activa del debate en cuestión, considero que cuando el sistema estructural de protección a la vida y a las familias en nuestra nación está tan debilitado, los medios de comunicación deberían dar un paso superador y sumar temas al debate, de una manera consistente, sobre medidas preventivas de inclusión y políticas de contención del adolescente, sobre programas de prevención de embarazo adolescente para hombres y mujeres, y sobre programas de educación de salud sexual y reproductiva para hombres y mujeres. También debería revelar las opciones alternativas existentes para mujeres embarazadas, debatir sobre la deficiente ley de adopción e incluir la figura del hombre, con sus derechos y obligaciones, en todos los temas que atañen al derecho a la vida, tanto de las madres como del niño por nacer. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Jorge Cabaña, médico pediatra, jefe de la Unidad Intensiva Pediátrica del Hospital de Quemados Doctor Arturo Illia, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



SR. CABAÑA Buenos días a todos. Quiero agradecer la oportunidad que me dieron de estar acá. Trataré de ser breve.

Con respecto al proyecto de ley en tratamiento, quiero decir que estamos ante un tema muy complejo, ya que se está tomando la decisión de cuidar y preservar la vida de uno de los dos involucrados en esta situación, y esto es una injusticia.

Hay varios hechos que demuestran claramente que la vida está puesta en juego desde el momento de la concepción. Es por eso que existe legislación que nos muestra que el ser que se encuentra en el vientre materno tiene derechos y deben ser tenidos en cuenta al momento en que una madre desea tomar la decisión de interrumpir su embarazo. Este es un dato muy importante a tener en cuenta.

Nuestro país fue el primero de Latinoamérica en reconocer la necesidad de contar con una fecha para celebrar el Día del Niño por Nacer. Además, fue el primero del mundo en instituirla efectivamente, en diciembre de 1998, a través del decreto 1.406/98, del 25 de marzo de 1998. De acuerdo con los preceptos de ese día, la vida tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible. Es más, sin vida no hay derechos humanos, y sin ellos no hay libertad.

Se considera a todo ser humano desde el momento de la concepción. Especialmente en su etapa prenatal, el niño es un ser extremadamente frágil e indefenso, salvando la natural protección brindada por su madre. La vida es el mayor de los dones, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible. El derecho a la vida no es una cuestión de ideología ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana.

En cuanto al concepto de "persona por nacer", hay una ley que hace referencia a él. Ya muchos hablaron sobre el particular. Yo no soy abogado sino médico, pero de todos modos no quise detenerme en la parte médica que tocaron. No obstante, quiero destacar la incongruencia de no tener en cuenta los derechos del ser por nacer. La Convención sobre los Derechos del Niño de la República Argentina declara como "niño" a todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad. Esto es muy claro. De manera que tomar una decisión sobre ese ser es estar violando sus derechos.

El Código Civil y Comercial de la Nación también se pronuncia sobre el concepto de "persona por nacer". El artículo 19, que ya fue mencionado, dice: "Comienzo de la existencia. La existencia de la persona humana comienza con la concepción." La finalidad de este artículo es establecer el primer momento de existencia de la persona, y lo ubica en la concepción, entendida como fecundación, ya sea dentro o fuera del seno materno. Esto es importantísimo. Se reconoce a la persona por nacer como sujeto de derecho y, por ende, protegido por la legislación civil, siendo pasible de adquirir derechos y obligaciones, colocándose el eje en la noción de "concepción".

Por otra parte, se ha creado una legislación para la interrupción legal del embarazo, o ILE. Con esto se buscó solucionar casos especiales. El artículo 86 del Código Penal y la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el "caso F.A.L.", de 2012, hacen mención a que las personas tienen derecho a la interrupción legal del embarazo en el caso de que el embarazo represente un peligro para la vida de la mujer y este peligro no pueda ser evitado por otros medios; en el caso de que el embarazo represente un peligro para la salud de la mujer, entendida la salud como el bienestar físico, mental, emocional y social; y, por último, en el caso de que el embarazo provenga de una violación.

Si en 2015 el ministerio hizo el protocolo de ILE con el fin de estandarizar las prácticas y dar acceso al derecho, no entiendo por qué ahora no se necesita ese protocolo, o una autorización judicial o policial. La víctima de violencia sexual debe recibir el tratamiento de inmediato. En este sentido, entre las obligaciones del sistema de salud está solucionar las demoras innecesarias en la atención.

En conclusión, veo que por un lado hablan de tener la decisión para bajar la mortalidad materna en los abortos ilegales sin tener en cuenta el derecho que tiene el niño a nacer. Se trata de un ser que tiene derecho a elegir, y que no puede. El Estado es el que se tiene que hacer cargo de la elección del menor, y esta elección siempre tiene que favorecer la vida.

Por lo tanto, no es necesaria una ley para despenalizar el aborto. Hoy el aborto se puede hacer, siempre y cuando uno acepte que fue una violación, o en algunas otras situaciones especiales que ya marcamos. Sabemos que estas situaciones pueden ser dudosas, pero hoy ya está establecido así: para realizar abortos tienen que cumplirse algunas de las condiciones que autoricen la interrupción legal del embarazo (ILE).

No se justifica que exista una ley solamente para que haya mujeres con menores recursos que puedan hacerlo en condiciones más seguras, ya que toda la situación es siempre injusta para el niño por nacer. Ahí está lo más importante de todo esto. El Estado tiene que evitar que se hagan los abortos clandestinos, ya que su deber es cuidar los derechos del niño por nacer.

Lo que realmente tendríamos que mejorar es la capacidad de mejorar la información que tienen nuestros jóvenes, el conocimiento para llevar a cabo una paternidad responsable y poder vivir una sexualidad lo más responsable y adulta posible.

El objetivo al que debemos apuntar es prevenir el embarazo no intencional, garantizando el derecho a estar informados, a recibir educación sexual y salud reproductiva, y teniendo acceso a los métodos anticonceptivos de forma gratuita. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Carolina Alvarado, de La Merced Vida.

SRA. ALVARADO ¿Es el aborto la solución que como sociedad queremos dar a las mujeres que se encuentran frente a un embarazo no deseado?

Quiero compartir con ustedes nuestra experiencia de muchos años acompañando a mujeres con embarazos no deseados, en situación de vulnerabilidad económica o afectiva y que ven al aborto como una solución. Quiero hacerlo desde tres miradas: cómo se siente la mujer que piensa en abortar, qué ocurre cuando decide seguir adelante con su embarazo y qué sucede cuando aborta.

¿Cómo se siente una mamá que piensa en abortar? Desesperada, con una profunda angustia y miedo ante un embarazo que no fue buscado, que no es deseado y del que no encuentra salida. En muchos casos se siente presionada por su pareja y tiene miedo a ser abandonada; por su familia; por el trabajo, que no puede darse el lujo de perder; por sus amigas, que insistentemente le dicen "¡Estás loca!" o "¡Te vas a arruinar la vida!"; por el entorno, que le dice "No estás preparada para ser madre" o "Un hijo te va a cortar tus estudios, tu carrera y tu desarrollo personal".

Frente a esta realidad abrumadora, la mujer se siente completamente sola. Si bien es una decisión trascendental en su vida, no quiere detenerse a pensarlo porque, si lo hace, puede que no tenga las fuerzas necesarias para abortar, porque en su fuero más íntimo, ninguna mujer quiere abortar.

Si bien en un principio piensa que el aborto es una solución, no tiene idea de qué se trata, ni sabe las terribles consecuencias físicas a las que se expone. Por sobre todo, no sabe de las dolorosísimas consecuencias psicológicas, de las que nadie le habla, ni siquiera aquellas mujeres que han abortado.

Cuando le damos información sobre el aborto y sus consecuencias, le contamos la evolución de ese hijo en su vientre. Cuando escucha el latido del corazón de su hijo, su propio corazón da un vuelco, porque toma conciencia de que no es un mero conjunto de células, tal como ella creía o le decían, sino que ahí está su hijo. Cuando la escuchamos, la contenemos y la abrazamos, ya no se siente sola. Con información y mucha contención, ella logra darse cuenta de que el aborto no es una solución. Ella misma encuentra sus propios recursos y la fortaleza para optar libremente por su hijo.

¿Qué pasa con la mamá que decide seguir con su embarazo? En primer lugar, encuentra paz, porque a pesar del miedo a lo que vendrá, siente que tomó la decisión correcta. Después, en muchos casos, empieza una etapa de perdón, de perdonarse a sí misma, ya que siente una gran culpa por el solo hecho de haber pensado en abortar. Es muy importante acompañarla y sostenerla en este punto y decirle: "Fuiste valiente, tuviste el coraje de seguir adelante a pesar de todas las dificultades. Le regalaste a tu hijo la vida, le permitiste vivir".

La naturaleza es sabia: nos regala nueve meses de preparación, que son fundamentales para que las mamás puedan, poco a poco, ir conectándose con su hijo. Cuando finalmente nace, los testimonios son absolutamente conmovedores. Dicen: "¡Hoy lo tuve en brazos por primera vez!", "¡Es tan linda!", "¡Soy tan feliz!", "¡Estoy tan agradecida!", "¡No puedo imaginar mi vida sin él!", "¡Es mi paz!", "¡Es mi príncipe!", "¡Es la luz de mi vida, de mis ojos!"

No tenemos un solo caso en que la mujer se haya arrepentido por haber seguido adelante con su embarazo. Ese hijo no solo transformó su vida, sino también la de su familia y todo su entorno.

A pesar de todas las dificultades -que seguramente van a seguir estando- y de haberse quedado sola frente a su maternidad tras ser abandonada por su pareja por no haber abortado, ese hijo le trajo una felicidad completamente impensada para ella nueve meses atrás. Su hijo le dio un nuevo sentido a su vida y le dio fuerzas para seguir adelante.

¿Qué pasa con la mujer que aborta? La paz que tanto anhelaba y confiaba encontrar después de abortar, nunca llega. Por el contrario, encuentra dolor, tormento, angustia, tristeza y remordimiento porque sabe que ya no hay vuelta atrás. Es desgarrador cuando nos vuelven a llamar desesperadas, destrozadas y arrepentidas para decirnos: "¿Por qué no las escuché cuando ustedes me quisieron ayudar? Sentí que si tenía a mi hijo, con él morían mis sueños y mis proyectos, que no iba a poder progresar, que me iba a arruinar la vida. Opté por mi trabajo, mi pareja y mi carrera antes que por mi hijo, y ahora no me lo puedo perdonar. Tuve cobardía, no pude defender lo que sentía, y ahora no tengo fuerzas para levantarme. Me transpiran las manos, no puedo salir de casa, tengo ataques de pánico, lloro todo el tiempo sin motivo, no puedo dormir, tengo pesadillas, no puedo sacarme ese día de la cabeza. ¿Cómo hubiera sido mi hijo? No puedo mirar a mis otros hijos a los ojos; me enojo con ellos y con mi pareja. ¿Por qué lo escuché? Estoy agresiva. Estoy enojada con la vida. Me volví una persona amargada. Si pudiera volver el tiempo atrás y pedir un deseo, pediría volver a tener a mi hijo conmigo."

Así es como nos van describiendo lo que nosotros conocemos como el síndrome post-aborto, del que nadie quiere hablar. ¿Todas las mujeres que abortan experimentan estos síntomas? ¿A todas se les hace evidente este daño? En nuestra experiencia, en la mayoría de los casos, en algún momento de sus vidas aflora el sentimiento de culpa. Puede que se manifieste poco tiempo después del aborto, puede que logren bloquearlo y permanezca oculto por mucho tiempo, o puede que llegue en el final de sus vidas. En muchos casos, a pesar de padecer muchos de estos síntomas, no logran asociarlos al aborto porque han logrado enterrarlo en lo más profundo de su ser, junto con el recuerdo de su hijo. Esto lleva a que sea mucho más difícil sanar.

¿Es este el tormentoso futuro que como sociedad queremos ofrecer a la mujer que se encuentra vulnerable frente a un embarazo no deseado? El aborto deja en la mujer un daño muy profundo, una herida que la va a acompañar por el resto de su vida.

Por eso, desde nuestra experiencia acompañando a tantas mujeres, puedo asegurar que si realmente queremos ayudar a la mamá que sufre un embarazo no deseado, el aborto no es la solución. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Ignacio de la Riva, presidente de Prodeci.

SR. DE LA RIVA Soy abogado y doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid, en España.

Llevamos días, meses y años escuchando argumentos a favor y en contra de la despenalización del aborto. Las posturas parecen irreconciliables. Surge entonces una propuesta: ¿por qué no dejar que cada mujer tome la decisión que considere más adecuada? ¿Quién es el Estado para inmiscuirse cuando es ella, en definitiva, quien habrá de soportar en carne propia las consecuencias de su decisión?

Esta idea nos enfrenta a un problema clásico del derecho: la tensión entre la autonomía personal y el interés general y el derecho de los otros. Nuestra Constitución sintetiza magníficamente la regla que hay que seguir para resolver esta tensión. El artículo 19 dice: "Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados."



La pregunta que hay que hacerse, entonces, es si en el caso de un aborto estamos frente a una "acción privada" o si, por el contrario, es un tema que afecta al orden público y a terceros y debe, por lo tanto, ser objeto de regulación legislativa.

A poco que se analice el tema, habrá que admitir que la decisión de abortar no limita sus efectos a la mujer embarazada.

Más allá de toda disquisición biológica o filosófica, para el derecho argentino vigente, desde el momento de la concepción existe "otra" persona humana, distinta de la mujer, que es precisamente el niño por nacer. Los tratados internacionales de jerarquía constitucional -ya suficientemente analizados en esta sala- y el propio artículo 19 del Código Civil y Comercial así lo establecen.

A su vez, el otro progenitor, el padre, el gran olvidado, es tan responsable de su hijo concebido como la madre, y la continuidad o no de la vida de su hijo concierne tanto a una como al otro. Esto basta para descartar la idea de que el aborto constituye una "acción privada" de la mujer. Esa conducta afecta también, directamente, al niño por nacer y a su padre.

Puesto en estos términos, queda despejado un primer equívoco. Pensar que la ley no pueda fijar, imperativamente, una pauta de comportamiento en esta materia porque de ese modo estaría imponiendo una determinada creencia -filosófica o religiosa- a personas que no la comparten, resulta una falacia. En definitiva, de eso se ocupan las leyes: de imponer reglas de conducta, exigiendo ciertos comportamientos y reprimiendo otros, sin que ello suponga avasallar las convicciones que cada uno pueda tener en su fuero íntimo.

Aceptada, entonces, la pertinencia de que el legislador dicte un régimen sobre la problemática del aborto, debemos preguntarnos sobre sus alcances.

También en este punto la Constitución es clara y explícita. Su artículo 75, inciso 23, manda al Congreso "dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia".

¿Y qué sería un régimen integral de protección de la madre embarazada y de su hijo por nacer? Tenemos un buen ejemplo de ello en el proyecto de ley que tramita bajo el expediente 324/2018, que año tras año vienen proponiendo varios legisladores sin que el cuerpo legislativo se decida a tratarlo. Básicamente, apunta a brindar a ambos -madre e hijo, desde la concepción y hasta los 18 años de edad- asistencia y contención en todos los planos: médico, alimenticio, psicológico, económico, escolar, jurídico y laboral.

EI Estado tiene el deber, constitucional y moral, de brindar esa contención. Si de verdad se quiere salvar vidas, tal como se declama de uno y otro lado de este debate, un sistema de protección integral será mucho más eficaz y humanizante que cualquier otra cosa. Venimos de escuchar los testimonios de la gente que trabaja en La Merced Vida. Los números son abrumadores: de 10.000 mujeres que fueron con el propósito de abortar, el 65 por ciento cambió de opinión libremente solo por haberles dado contención y acompañamiento. ¿Dónde está el Estado? ¿Por qué no hace algo similar en paralelo?

Quiero explicar otra cosa respecto de este régimen integral. Me parece que entre sus ingredientes no puede faltar el deber de brindar una información completa y veraz a la madre embarazada, algo que curiosamente a los sostenedores del "derecho al aborto" les genera rechazo. ¿Por qué tanto miedo a la verdad, a exponer a la mujer embarazada todo cuanto se sabe sobre ese "conjunto de células" que lleva adentro, cuando la ciencia y la tecnología hoy permiten que desde muy temprano vea con sus propios ojos en qué consiste ese "conjunto de células"? ¿Será que temen que ella sola, sin necesidad de ninguna otra explicación, repare en que ese "conjunto de células" es asombrosamente parecido a un bebé, que tiene ojos, nariz, manos, pies y un corazón latiendo?

Finalmente, el régimen integral que se propone no puede prescindir de la protección penal de la vida naciente.

Me hago cargo de que la mujer que aborta es muchas veces una víctima más, producto de las circunstancias extremas que la rodean y de su absoluto desamparo. En atención a esta realidad, ¿debería eliminarse toda norma que contemple una condena penal para la mujer que aborta?

La respuesta a esta pregunta no será equilibrada ni justa si omite considerar que toda norma penal se dicta con vistas a tutelar un bien jurídico, que en este caso no es ni más ni menos que la vida, y la vida de un ser absolutamente indefenso, cuya protección solo puede provenir de la ley. Lo cierto es que, sin el consentimiento de la madre, el aborto resulta impracticable en la inmensa mayoría de los casos, lo que significa que para dar protección eficaz al niño por nacer, la ley penal no puede obviarla.

Si se elimina esa protección con respecto a la madre embarazada, se le está diciendo que ella puede, en su privacidad, decidir sobre esa vida naciente sin consecuencia alguna, lo cual deja al niño por nacer en el más completo desamparo.

El argumento más irrebatible en favor de la necesidad de que el Estado brinde protección penal a la persona por nacer lo proporcionan, paradójicamente, los propios abortistas cuando destacan la falta de autonomía del embrión. Es precisamente en razón de esa falta de autonomía, de su dependencia absoluta de la madre, de su total incapacidad de defenderse contra lo que ella pueda decidir en la más completa intimidad, que ese embrión, esa persona minúscula, necesita indefectiblemente del amparo de la ley penal, también frente a su madre. (Aplausos.)





















SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Como usted bien dice, son trascendidos. Los trascendidos son trascendidos. La única verdad es la realidad, como diría el general.

Paso a leer la primera pregunta del diputado Schlereth para Evelyn Webber. Dice así: "Desde su experiencia de madre adoptiva de un niño recién nacido que pudo haber sido abortado y como fundadora de una organización social que trabaja con adolescentes y jóvenes socialmente vulnerables, ¿qué aporte daría la línea 0-800 para la mujer en crisis, respecto del valor de la vida de la mujer y del niño por nacer?"

Dispone de tres minutos como máximo para responder. Si lo puede hacer en menos tiempo, mejor, así podemos responder más preguntas.

SRA. WEBBER Desde nuestra experiencia familiar, nosotros comentamos el hecho de que nuestro hijo adoptivo tuvo una mamá que fue cuidada y ayudada por una tía para que Cristian pudiera nacer y luego ser dado en adopción.

Creemos que una línea 0-800 cumpliría esa misma función: toda mujer que esté en una situación crítica sabrá que hay una mano tendida para ayudarla. Nosotros queremos ayudarla. Pedimos al Estado, a la ministra de Desarrollo Social de la Nación, doctora Stanley, que por favor nos reciba. Las instituciones pro vida, es decir, a favor de la vida, queremos ayudar a todas las mujeres. Por eso pedimos al Estado que nos ayude con una línea 0-800 nacional para que toda mujer, incluso la que vive en el paraje más remoto de nuestro país, sepa que estamos para ayudarla si se encuentra en una situación crítica.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Lospennato para el doctor Keller. Dice así: "¿Cuál es la diferencia entre un embrión producto de una violación y otro producto de una relación consentida? Si no hay diferencia entre ambos embriones, ¿considera usted que deberían prohibirse los abortos legales que en nuestro país se practican por violación? ¿Considera usted que debe condenarse por homicidio a los médicos que en prácticas de fertilización descartan embriones? La decisión sobre los abortos legales derivan del Código Penal desde 1921. ¿Estaban confundidos los legisladores de ese momento, o solo las mujeres violadas son las confundidas?



SR. KELLER Gracias por la pregunta.

No es bueno contestar con otra pregunta, pero les pregunto -porque tal vez estoy confundido-: ¿hay pena de muerte en la Argentina? Entiendo que no. ¿Es válido condenar a muerte al violador? Estamos hablando de un embrión concebido por una violación versus uno concebido por un embarazo deseado. Claramente, no hay diferencia. Yo soy médico. Biológicamente, son dos bebés, cada uno de ellos con toda su integridad, con toda su dignidad, con toda su libertad y con todo un futuro por delante. Entonces, si no hay pena de muerte para el violador, o alguna otra pena similar -que se la merecería más que el bebé-, ¿por qué vamos a matar a un bebé, si no es el culpable de la violación? Hagamos justicia, por favor; no injusticia. Y hagámosla con valentía; no con cobardía. No huyamos de los problemas.

Lo que ustedes finalmente decidan acá va a hacer docencia. Ustedes van a enseñar con las leyes. Entonces, si a nuestros hijos o a nuestra población les enseñamos que de los problemas se sale huyendo, ¿qué clase de sociedad vamos a dejar? ¿Qué enseñanza vamos a dejar a nuestros hijos? Seamos valientes.



SRA. DONDA PÉREZ ¡Esa no es la respuesta!

SR. KELLER Discúlpeme, diputada, pero es la respuesta a su pregunta.

SRA. DONDA PÉREZ Pero no está respondiendo...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Por favor, diputada, deje que el doctor termine de responder.

Doctor Keller: la pregunta se refiere a los embriones.

SR. KELLER Como dije, los dos embriones son exactamente idénticos y los dos merecen vivir.

SRA. DONDA PÉREZ ¿Los legisladores de 1921 estaban equivocados?

SR. KELLER No conozco a los legisladores de 1921. Lo que yo sé es que...

Varios hablan a la vez.
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Les pido que no dialoguemos.

Continúe con la respuesta, doctor Keller.

SR. KELLER Respetémonos. Más allá de estar en una o en otra tendencia, creo que todos buscamos el bien, y eso es bueno. Todos queremos ayudar a las personas. Primero, a la mamá en problemas, que es la que tiene conciencia y a la que podemos ayudar directamente. Pero nosotros también queremos ayudar al bebito por nacer, que también es una persona, como Cristian. Lo menciono porque me emocionó muchísimo el caso.

Yo no conozco de leyes. Tal vez la diputada deba hacer esa pregunta a alguien que conozca sobre la legislación de 1921. Lo que conozco es que la Constitución Nacional respeta el derecho a la vida desde la concepción; me parece que eso viene desde antes de 1951 y se repitió en 1994, con la reforma de la Constitución. Perdón si me equivoco, pero -repito- no soy legista ni abogado.

En cuanto a la pregunta de la diputada, reitero lo que ya respondí: biológicamente los dos bebés son idénticos y, por lo tanto, tienen los mismos derechos.



SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta del diputado Torello para el doctor Pucheta. Dice así: "Usted mencionó expresiones de limitación en el ejercicio de la profesión médica. En ese contexto, ¿cuáles podrían ser las repercusiones contra aquellos profesionales que se opusieran a la realización del aborto?"

SR. PUCHETA Muchas gracias por la pregunta.

En efecto, lo que traté de presentar en la ponencia fueron distintas variables de violencia ejercida contra los médicos y limitaciones contra el ejercicio de su profesión.

Como primer punto, señalamos la cuestión terminológica. Yo me había basado en el expediente 230, pero esto recorre todos los proyectos. Todos presentan la práctica abortiva como un derecho humano o un derecho subjetivo autónomo. De modo que no habría posibilidad de expedirse en sentido contrario. De hecho, habíamos hablado que limitaba primero la posibilidad de plantear alternativas de orden terapéutico, propiamente médicas. Inhibe la constatación pericial específica, que correspondería a los casos de violación.

Por otro lado, este es un aspecto que no ha sido lo suficientemente explorado, e inhibe al médico a asesorar a su paciente para que pueda obtener el consentimiento informado. El consentimiento informado supone una serie de datos médicos y biológicos fundamentales para entender no solo lo que implica la práctica en términos de riesgos y alternativas sino también la entidad biológica que está siendo gestada.

Pero para referirme específicamente al planteo de las posibles repercusiones, si tomamos en consideración los protocolos de aborto no punible que están vigentes en algunas provincias, independientemente de cuáles son los mecanismos a través de los cuales se explicita, ya han destacado las limitaciones de los listados de objetores de conciencia, lo que genera no solo alguna vulneración de tipo constitucional sino la estigmatización práctica de los profesionales que objetan. Imaginen un médico objetor de conciencia, jefe de un servicio que brinda servicios o prestaciones a las que se opone íntimamente. No parecería ser razonable. Imagino que no debe ser habitual que un jefe de servicio de obstetricia se oponga al aborto.

Como planteaba, entiendo que el proyecto de la campaña -y todos los proyectos en general- plantean distintas alternativas. La mayoría de ellos no recepta la objeción de conciencia ni institucional ni individual, y algunos incluso proponen consecuencias penales para el médico objetor. De manera que las consecuencias van a estar libradas a la imaginación de los abogados que asesoren a los que pretendan querellar.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Simplemente para que quede constancia, aclaro que varios de los 9 proyectos en tratamiento contemplan el tema de la objeción de conciencia.

Esta es una pregunta de la diputada Banfi para el doctor Keller. Dice así: "Una mujer sufre un ACV en la semana 12 de su embarazo. Continuar con la gestación pone en riesgo su vida, según un parte médico. Usted, como médico, ¿qué decisión tomaría?: ¿salvar la vida de la madre o continuar con el embarazo?"

SR. KELLER La escuché y la estoy pensando.

Tengo buenos ejemplos, pero no de ACV sino de enfermedades graves que ponen en riesgo la vida de las madres durante el embarazo.

Un ejemplo es el caso de una paciente con una insuficiencia hepática severa, fulminante, que pudo haber sido ocasionada por el embarazo. Es uno de los casos donde se puede indicar hacer el aborto. En nuestro hospital, sin embargo, se optó por hacer el trasplante hepático durante el embarazo, que es una técnica bastante inédita. Hoy esa pacientita, Sofía, es paciente mía. La tuvimos internada en neonatología porque nació prematura y ahora está muy bien. Es absolutamente sana.

Otro ejemplo es el caso de una paciente que tenía un cáncer de mama y necesitaba hacerse quimioterapia y radioterapia. La radioterapia iba a afectar irremediablemente el embarazo hasta perderlo. Entonces había que abortar para proceder a su curación. No obstante, la madre decidió postergar su tratamiento. Y fue así que nació el bebé. Ese niño y otro que tuvo después son pacientitos míos. Optaron con valentía.

Una mujer con ACV -hay distintos grados de afectación de la masa encefálica- no necesariamente tiene que suspender su embarazo para poder recuperarse. No suele ser el embarazo el facilitador de los accidentes cerebrovasculares. Puede serlo la embolia del líquido amniótico llegando al final del embarazo. Pero eso es algo que sucede al final y basta con hacer la cesárea de urgencia. Nace así un bebe viable, de término; y si es un poco prematuro, lo atenderemos en neonatología con mucho gusto, como hacemos habitualmente. Pero no sería una indicación hacer un aborto. Por supuesto que cada caso hay que revisarlo. Y siempre a favor de la vida, de buscar un objetivo positivo. Pero, reitero, puede haber ocasiones en las que haya que finalizar un embarazo por una causa terapéutica, ya que de lo contrario terminarían falleciendo la madre y el hijo.

Les menciono un último ejemplo. Me ha tocado recibir a un bebito de 23 semanas de gestación cuando la madre estaba gravemente enferma en plena epidemia de influenza, hace 2 o 3 años. Falleció el bebito de 23 semanas, y al poco tiempo también falleció la madre. Son experiencias tristes. No es lindo decirlas acá. La única forma que había de salvar a los dos era haciendo cesárea y tratando de que ambos salieran adelante. Se les aplicó toda la terapia intensiva posible pero lamentablemente ambos fallecieron.

Esas situaciones ocurren también. Es embromado tratar de sacar una ley por la excepción, por la causa rara. Pensemos positivamente.

SRA. BANFI No respondió lo que le pregunté.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Ya está, diputada. Tenemos muy poco tiempo y nos quedan muchas preguntas por leer. Tengamos respeto por todos los señores diputados que quieren que se formulen sus preguntas.

SRA. DONDA PÉREZ No hablemos los diputados, pero que por lo menos los invitados respondan lo que se les pregunta.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Pido por favor a todos los expositores que, cuando respondan, se ciñan a lo que se les pregunta.

Esta pregunta es del diputado Incicco para Gustavo Volpe. Dice así: "Si por favor nos puede describir o comentar cómo es el proceso de aborto no punible en el sistema de salud pública de la provincia de Santa Fe".

Sr. Volpe.- No es fácil responder esa pregunta. Le diría que en la ciudad de Rosario el aborto no punible está desmadrado. Allí el Ejecutivo no nos responde los pedidos de informes sobre la cantidad y cualidad de los abortos que se están realizando.

También puedo contarles que en las salas de emergencia de las villas les dan misoprostol a las chicas y luego las mandan a sus casas, para que después lleguen a los hospitales con un aborto en curso. Digamos que lo que se está haciendo en Rosario es realmente una ruleta rusa.

Pero en esas salas de emergencia no solamente les dan misoprostol sino también la pastilla del día después; la reparten sin ningún tipo de control ni de registro. Creo que todos los que están acá conocen el daño que hace tomar más de una pastilla del día después dentro de un período de 6 meses. En Rosario, las chicas, desconociendo lo que les puede suceder, la están tomando todos los fines de semana. Es increíble. Como dije, ya hemos presentado varios pedidos de informes al Ejecutivo pero no nos responde.

Como corolario les puedo contar que la provincia de Santa Fe comenzará a fabricar misoprostol. El negocio se cierra de esta forma.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Esta pregunta de la diputada Donda Pérez para José María Aguerre dice así: "¿Cree que países como Canadá, Inglaterra, Holanda o Italia cargan sobre su historia sangre del abominable crimen de permitir matar? ¿Usted está de acuerdo con la donación de órganos cuando alguien no tiene actividad cerebral?".

SR. AGUERRE Con respecto a la primera parte de la pregunta, comencé mi exposición hablando de los horrores del Siglo XX, que son innumerables. Pero para limitarme a la contestación de la pregunta, quiero hacer una aclaración. Cuando aquí se decía que tal vez el Siglo XX sea recordado por el horror del aborto, de ninguna manera esto va en contra de recordar también el genocidio armenio, la Shoah, el nuevo genocidio de cristianos que ha empezado en Medio Oriente en el siglo XXI, el de Ruanda o las grandes guerras. Creo que en todos los países enumerados el crimen del aborto sigue siendo parte o suma a todo ese horror. Esta es mi apreciación.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Quedó sin responder la segunda parte de la pregunta, que dice: "¿Usted está de acuerdo con la donación de órganos cuando alguien no tiene actividad cerebral?"

SR. AGUERRE Me parece que esa pregunta no forma parte de lo que se está discutiendo aquí. Además, desde mi lugar de profesor de filosofía no me siento tan capacitado para responder como sí seguramente lo están otros en esta sala.

SRA. DONDA PÉREZ ¿Pero usted está de acuerdo o no?

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY El señor Aguerre ya respondió, diputada.

Tengo una pregunta de la diputada Polledo para alguno de los abogados aquí presentes. Dice así: "Si el aborto supone eliminar la vida de una persona, ¿por qué la pena que prevé el Código Penal es sustancialmente inferior a la del homicidio? ¿Es usted consciente de que penalizar a la mujer que aborta es obligarla a recurrir al aborto clandestino, con los riesgos que ello entraña?"

SR. DE LA RIVA Quiero aclarar que no soy especialista en Derecho Penal. Pero, repasando el Código Penal a raíz de esta charla, me llamó mucho la atención ver que, en realidad, los delitos contra la vida contemplan una serie de diferentes contextos de atentado contra la vida y asignan distintas escalas penales para cada uno de ellos.

Es por eso que nos encontramos, por ejemplo, con homicidios dolosos, es decir, homicidios en situación violenta -no estoy hablando del homicidio culposo-, que tienen una pena mínima de 3 años. Por otra parte, nos encontramos con que los delitos de aborto agravados llegan hasta penas de 15 años. Entonces, la primera apreciación que hay que hacer es que esa diferencia tan notoria no es en todos los casos.

Justamente, es esta disparidad de tratamiento que encontramos en el Código Penal respecto de los atentados contra la vida la que me hace pensar que la distinta pena en los distintos casos no tiene que ver -como a veces se dice- con que una vida vale más que la otra. Por el contrario, tiene que ver con otros factores que el legislador evalúa y que lo llevan a tratar más severamente unos casos que otros.

Y ahí vamos al tema del aborto: ¿por qué el aborto, en general, tiene una pena tan baja? Obviamente, hay obras que ilustran sobre esto y dan otros argumentos. Pero mi apreciación -reitero que no soy especialista en Derecho Penal- es que, frente al aborto, el legislador tiene que lidiar con la siguiente situación: por un lado, defender la vida de la persona por nacer y, por otro, pensar en esa mujer que muchas veces está viviendo una situación dramática -porque está desamparada, no tiene quien la acompañe- y entonces toma una decisión en ese contexto. De allí que no me parezca extraño que la pena para el aborto sea una pena sensiblemente menor que la prevista para el homicidio. No por esto hay que sacar la conclusión de que la vida del no nacido vale menos, sino que se ponderan estas distintas circunstancias y se fija una pena acorde a esa situación; pena que, por otra parte, permite que esa mujer no vaya a la cárcel, ya que es una pena que puede ser aplicada en suspenso. Me parece que todo eso es una política legislativa acertada en lo que se refiere a la pena.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Esta es una pregunta de la diputada Alejandra Martínez para el doctor Pablo de la Torre, quien ya no se encuentra presente. De todas maneras, la voy a leer para que quede constancia. Dice así: "Usted refiere que hay intereses más poderosos detrás de esta iniciativa, sugiriendo de esa forma que existe algún factor político velado que está operando en esta discusión. Considero, por el contrario, que esas lecturas comparativas no hacen más que restarle legitimidad a un debate que se está dando de frente. Quisiera saber cuáles son esos intereses y a qué se refiere con esa afirmación."

¿Alguien está interesado en responder esta pregunta?

SR. D´ONOFRIO Gracias por la pregunta. Me animo a responderla porque mencioné un tema similar.

Es sabido que en los países desarrollados la pirámide poblacional tiene una característica muy determinada y su economía está basada en ese control poblacional. Creo que con eso se responde.

Los países endeudados sufren una fuerte presión de los organismos internacionales para que cumplan con sus obligaciones. Entonces, se recorta por los más pobres. Creo que detrás de esto, claramente, lo que no se quiere son niños pobres.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Esta es una pregunta de la diputada Rista para el licenciado Aguerre. Dice así: "¿Usted cree que si sigue penalizado el aborto se conseguirá disminuir esta práctica? ¿Por qué?"

SR. AGUERRE Creo que hay muchísimo positivo para hacer para tratar de disminuir el aborto clandestino, que es uno de los flagelos que nos afecta. Pero de ninguna manera creo que la despenalización sea el camino. Me parece que lo dejé en claro en mi ponencia.

No creo que con la muerte de un inocente se pueda resolver el aborto clandestino. Sí creo que hay muchísimo para hacer en educación, en formación, en acompañamiento, en preparación; y, por supuesto, en sancionar a aquellos que deben ser sancionados por realizar estas prácticas ilegales. Pero, reitero, no creo que el camino sea la despenalización.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Josefina Mendoza para el doctor Bach. Dice así: "Acorde con sus argumentos y lo contemplado actualmente en el Código Penal, ¿usted cree que éste debería ser modificado y repenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en los casos que prevé el actual artículo 86?"

SR. BACH Creo que el artículo 86, en su segunda parte está derogado, precisamente porque la Argentina ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño diciendo que "niño es todo ser humano desde la concepción".

Como esa Convención dice que todo niño -no algunos, sino todos- tiene derecho intrínseco a la vida, es necesario concluir que al adherir a esa Convención, siendo una ley posterior al Código Penal de 1921, ha quedado derogado. Es una derogación implícita.

Por otro lado, al elevarse a rango constitucional esta Convención -según el artículo 75, inciso 22)-, en las condiciones de su vigencia -lo que incluye a la ley 23.849 y la declaración ratificatoria de la República Argentina-, resulta que el Código Penal, en su artículo 86, segunda parte, es incompatible con esto. Por lo tanto, creo que está derogado.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Me quedó la duda sobre el caso FAL.

SR. BACH En el caso FAL fui amigo del Tribunal y propuse esta consideración en la Corte. Creo que la Corte se equivoca porque la visión que ha dado en este caso es sesgada.

Considero que así como la golondrina no hace al verano, un fallo no hace jurisprudencia. Contradijo dos fallos anteriores de la Corte, el caso Elvira Sánchez y el caso Portal de Belén.

La actual composición de la Corte la integra el doctor Rosatti que hizo un comentario crítico al fallo FAL, justamente, marcando esta contradicción que existe entre la Convención de los Derechos del Niño, elevado a rango constitucional con la interpretación que la Corte ha hecho.

Me parece que el caso FAL, si se me permite, ha sido una violación del ordenamiento jurídico argentino, hecha por los jueces. A veces pasa y es un delito.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Gracias por la respuesta ampliatoria.

Tengo una pregunta para Débora Ranieri de parte de la diputada Teresita Villavicencio.

En base a su posición, nuestras normas protegen la vida del embrión sin excepciones. Según su opinión, ¿cómo compatibiliza tal afirmación con la regulación del artículo 86 del Código Penal?

SRA. RANIERI Puedo repetir lo que dijo el doctor Bach de Chazal. Desde la Constitución del 94, el orden argentino protege toda vida por nacer.

Por otro lado, esos artículos del Código Penal fueron hechos en un contexto totalmente diferente al que hoy se discute. ¿Por qué digo esto? Primero, porque se consideraba que de toda madre discapacitada podía nacer un hijo discapacitado, y se le agregaba el tema de la violación por la cuestión de las mujeres violadas durante la guerra, con lo cual es un momento totalmente eugenésico.

Por otro lado, el que esté en riesgo la vida de la madre, compete al médico salvar las dos vidas y no elegir una sobre otra.

Aprovecho para decirles a ustedes, diputados, que deben tomar una decisión sobre qué es el embrión para poder decidir si le quitamos el derecho o se lo dejamos. Si el embrión es una cosa y lo podemos manipular y descartar, entonces, el aborto podrá ser aprobado; si el embrión es un ser humano y eso lo demuestra la ciencia, ¿qué ser humano puede animarse a decir que no tiene derecho a vivir?

Por otro lado, quién de ustedes se atreve a decir que una vida no merece ser vivida, tráiganme a este recinto una persona que diga: "hubiera preferido no nacer". Toda vida tiene posibilidades de conocer a la madre, saber que alguien lo ama, saber que tiene miles de posibilidades.

Es una visión extremadamente destructiva y además me duele que esto provenga generalmente de las mujeres. Mujeres que además, justamente, si han sufrido una violación por parte de los varones, no deberían ejercer violación sobre el hijo porque es la misma lógica de la cual se quieren defender atacando al niño inocente.

Por eso, les hago este llamado de atención.

APV

LG

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta para el doctor Puchetta de parte de la diputada Austin.

Usted cuestionó el fallo FAL y el proyecto en cuanto a que no exigen la denuncia penal para que proceda la causal violación. ¿Cree que acaso debería reformarse el Código Penal para que los delitos contra la integridad sexual no sean una instancia privada?

SR. PUCHETTA Entiendo que la pregunta no está asociada al proyecto que estamos tratando. Por lo tanto, mi comentario respecto del fallo FAL está asociado al modo en que se ejercía algún tipo de violencia contra los médicos en la medida que no permite constataciones periciales propias de las que corresponde para constatar la comisión del delito.

La cuestión de política criminal que plantea el interrogante no tiene relación con el proyecto, así que creo que no corresponden mayores consideraciones de mi parte.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La siguiente pregunta es para el licenciado Rodolfo Keller, de la diputada Mayra Mendoza.

Usted habló de justica, dignidad y libertad. Mi pregunta es la siguiente: ¿qué libertad le corresponde a la mujer al decidir sobre su propio cuerpo?

Asimismo hizo mención al costo económico que le demandaría al Estado la aprobación de la ley. Entonces, le pregunto: ¿no es garante el Estado de la salud pública, en este caso, aplicable a la salud de las mujeres?

SR. KELLER No soy licenciado, soy médico.

Con respecto a la libertad, es un término muy amplio pero está ligado a la justicia y a la dignidad. No se es libre por poder elegir lo que uno quiera, en el momento que nuestra elección afecte al que tenemos al lado. Entonces, desde chiquititos aprendimos que la libertad termina donde empiezan los derechos de los demás.

¿Una madre tiene libertad para elegir? Claro que sí. Tiene la libertad de ser feliz, de llevar adelante su embarazo, de dar a luz a pesar de la adversidad. No tiene el derecho de asesinar, como no lo tenemos ninguno.

En segundo lugar, los términos económicos que mencioné surgen del número que las personas que están a favor de la despenalización del aborto, que nos hablan de alrededor de 500 mil procedimientos quirúrgicos que llevarían una enormidad incalculable de dinero que el Estado -el Estado somos todos nosotros, lo pagamos con nuestros impuestos, sale de nuestros bolsillos- se va a tener que hacer cargo.

Yo dije que no quiero que mi dinero vaya a la industria de la muerte. Hay una industria detrás de todo esto. Hay dinero invertido a favor de estas leyes. Esas personas muy inteligentes que van a ganar con esa ley están escondidos y no están acá en este recinto. Los voceros, los que están a favor de la despenalización del aborto, les hacen ver a esas personas una mitad irreal de una verdad que le quieren hacer creer -que no es tal-, pensando que otorgándoles la libertad a las mujeres para que elijan, se va a ahorrar un problema. Todas las exposiciones de hoy fueron bastante explícitas en hacernos ver que no se libera ninguna mujer del problema.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Una pregunta para Evelyn Rodríguez de la diputada Karina Banfi. ¿Usted cree que una mujer que abandonó a su hijo para que sea dado en adopción tuvo la libertad plena para decidir sobre su propia planificación familiar?

SRA. RODRÍGUEZ Creo que para esta mamá, la mamá de Cristian, gracias a que hubo un familiar cerca de ella que la guió para que tomara la mejor decisión del mundo que ella entendía que podía tomar. Le dio a Cristian la posibilidad de vivir.

Hoy Cristian está al lado mío y está defendiendo la vida porque esa mamá fue orientada por alguien que le dijo: es verdad fuiste abusado, sos pobre, sos jovencita, estás desamparada, pero permitile a este ser que está dentro tuyo, dale la posibilidad de vivir.

Saben que cuando la mamá biológica lo conoció a Cristian, no sabía nada él, había perdido su registro. Cristian la buscó, se puedo acercar y decirle: "gracias porque me permitiste vivir". Esa mujer es ahora también la abuelita de nuestros nietos, de las dos hijitas de Cristian. Y ellas también le dicen "abu". Cuando una de ellas me dijo: ¿Sabés que la "abu" tal, me regaló este globo? A mí, me dio una tremenda emoción en el corazón. ¿Por qué? Porque esta mamá tuvo a Cristian y hoy Cristian tiene su familia, porque estuvo esta tía que le dijo: dale la oportunidad de vivir.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La siguiente es una pregunta para Carolina Alvarado, de parte de la diputada Alejandra Martínez.

¿Usted considera que el proceso emocional que describió respecto de las mujeres que abortan o no abortan, puede generalizarse, ya que lo ha descripto sin referenciar excepciones? ¿Basa dicha información en evidencia científica? De ser así, ¿cuál es la disciplina que rinde esta evidencia? ¿Considera que su experiencia sobre este proceso emocional es suficiente para negarle la posibilidad de abortar a una mujer que lo decide más allá de su opinión al respecto? ¿No le parece que esa solución es una forma de paternalismo incompatible con la autonomía de las personas, uno de los principios de nuestro ordenamiento jurídico?".

SRA. ALVARADO Son muchas las preguntas, y no sé si voy a poder recordar cada una de ellas.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Responda lo que pueda.

SRA. ALVARADO De acuerdo.

Creo que fui bastante explícita cuando dije que hablaba desde la experiencia de recibir a más de 16.000 mujeres. Hemos llevado determinadas estadísticas internas, que son las que nos permiten hablar de este modo.

Los ejemplos que fui dando son ejemplos concretos de mujeres que hemos recibido. No se puede generalizar porque cada mujer es única, y cada mujer que se acerca vive una realidad diferente. Esto quiere decir que simplemente intenté mostrar diferentes situaciones que vivimos en el acompañamiento que hicimos a las mamás.

Todos estos años de experiencia han sido suficientes como para decir que el aborto trae mucho daño a la mujer y no es la solución. No es negarle una salida a la mujer sino todo lo contrario: es pensar en ella. Es tratar de protegerla y cuidarla en un momento en que está sumamente vulnerable porque está sufriendo. A veces un simple acompañamiento, con información para que sepa a qué se está enfrentando, puede ser la solución. Y eso no es negarle nada.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Victoria Donda para el doctor Ricardo Bach De Chazal. Dice así: "Si la ley argentina es tan clara como plantea, por qué cuando un embarazo es riesgoso para la mujer el derecho resguarda a esa mujer y no al embrión?".

SR. BACH DE CHAZAL No creo que el derecho resguarde a la mujer y no al embrión. Justamente, porque el embrión tiene derecho a la vida, ya que es un ser humano, una persona. El Pacto de San José de Costa Rica, que tiene jerarquía constitucional en la Argentina, dice que persona es todo ser humano. Lo mismo dicen los anteriores tratados de la ONU. Es decir que se trata de una persona y merece protección.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando hay un embarazo en riesgo, como plantea la diputada? La solución no es matar al chico. El aborto terapéutico no es terapéutico porque no cura. Si matan al chico, de todos modos la enfermedad continúa. ¿Qué es lo que puede pasar? Que sea indispensable practicar algún tratamiento médico para salvar la vida de la madre, y que eso implicaría un riesgo para el niño. En ese caso, que es el efecto no querido, indirecto, del tratamiento, puede ocurrir que el niño muera. Allí no hay culpabilidad para nadie porque se trató de salvar la vida del niño, se trató de que naciera con vida, más allá de que luego ocurriera una fatalidad.

Entonces, no hay privilegio de uno sobre otro. De hecho, eso está prohibido. La Convención de los Derechos del Niño dice que el interés superior del niño es la consideración primordial para todas las medidas legislativas, administrativas, sanitarias y demás, en instituciones públicas y privadas. De manera que el privilegio podría pensarse en sentido contrario, aunque no es lo que yo creo. Yo creo que valen igual los dos.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una última pregunta de la diputada Mayra Mendoza para el licenciado José María Aguerre. Dice así: "¿Usted cree que los grandes grupos económicos incitan a las mujeres a abortar? ¿Qué ganancia tendrían con esta práctica médica? ¿En qué evidencia científica se basa cuando afirma que las mujeres que abortan sufren trastornos mentales?".

SR. AGUERRE Evidencias hay. Se ha hablado del síndrome de post-aborto y se han dado citas. El estrés post-aborto, por ejemplo, queda en muchas mujeres que se han realizado el aborto.

Con respecto a lo primero, sería muy largo de explicar y tengo nada más que dos minutos. De modo que voy a ser muy breve. Podríamos empezar desde hace mucho tiempo atrás. En el año 1974 salió el Informe Kissinger, que seguramente los presentes conocen. Entre otras cosas, este informe menciona la importancia de hacer el control de la natalidad en los países desarrollados. Una de las partes del informe dice que ningún país ha reducido su población sin el recurso del aborto. De allí en adelante, esto va apareciendo en distintos organismos internacionales que buscan el control de la natalidad.

Ese mismo año -1974-, en la Argentina alguien dijo que esa "amenaza comprometía aspectos fundamentales del destino de la República, promoviendo el control de la natalidad, desnaturalizando la fundamental función maternal de la mujer, y distrayendo al fin a nuestros jóvenes de su natural deber como protagonistas del futuro de la patria". Estoy citando al general Perón en el decreto 659 de 1974.

Desde allí hasta nuestros días encontramos muchos más ejemplos, como el parental control, etcétera. Hace poco tiempo el presidente de Estados Unidos justificó el aborto no deseado en China, y la política de un solo hijo, que ahora es de dos hijos. Hay una presión muy fuerte de los organismos internacionales para el control de la natalidad.



SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Más allá de que quedaron algunas preguntas pendientes, vamos a dar por finalizado este primer bloque.

Quiero agradecer a todos los expositores por su presencia. Hemos tenido una jornada de debate muy buena, con posiciones muy profundas.

El segundo bloque va a comenzar 14 y 30, es decir que 14 y 15 deberíamos estar acercándonos a la sala para poder respetar el horario y cerrar a término.

- Es la hora 13 y 37.