LEGISLACION PENAL

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Reunión del día 08/05/2018

- IVE (CONJUNTA - MAÑANA)

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los ocho días del mes de mayo de 2018, a la hora 10:
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Damos comienzo a la octava reunión plenaria de las comisiones de Legislación General, de Acción Social y Salud Pública, de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia y de Legislación Penal de la Cámara de Diputados para tratar los proyectos de ley sobre despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

En primer lugar, quiero agradecer a todos los expositores que han concurrido en el día de hoy. Tenemos una larga jornada con alrededor de cincuenta y cuatro expositores.

También quiero agradecer la presencia de los señores diputados. Hoy tenemos una larga jornada de día martes en la Cámara con muchas reuniones de comisiones, por lo que agradezco mucho su presencia. Mañana tenemos sesión, por lo tanto, hoy es un día de mucha actividad dentro de la Cámara. Por eso es muy importante y valorable la presencia de los señores diputados, más allá de que -reitero- estas son reuniones informativas, por lo que no requieren quórum para celebrarse porque no están destinadas a producir dictamen. Además, esta reunión puede funcionar con la presencia de al menos una de las cuatro presidencias de las comisiones que la convocan. Esto es lo que se ha acordado en la metodología de trabajo que propusimos a los diputados en la primera reunión que tuvimos de este plenario el 20 de marzo.

Por otro lado, quiero agradecer a las presidentas de las comisiones que integran este plenario junto a la Comisión de Legislación General: la diputada Carmen Polledo, de la Comisión de Acción Social y Salud Pública -aquí, a mi derecha-; la diputada Gabriela Burgos, de la Comisión de Legislación Penal; y la diputada Alejandra Martínez, de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia.

Del mismo modo, quiero recordar que cada exposición tendrá una duración de siete minutos; cuando cada orador llegue al minuto seis, le voy a informar que le queda un minuto. También hemos previsto en las últimas reuniones que las exposiciones sean en forma alternada de manera de poder generar un mejor intercambio entre los diferentes expositores. También quiero recordarles que si algún expositor quiere referirse a alguna exposición anterior puede hacerlo; justamente, ello ayuda a que el intercambio enriquezca el debate, que es la idea.

En estas ocho jornadas realizadas hemos escuchado alrededor de 300 exposiciones, todas muy interesantes. Creo que lo que ha enriquecido el debate fue la posibilidad de intercambiar diferentes visiones sobre una misma temática y de diferentes lugares de especialidades o experiencias vividas por cada uno de los que han expuesto aquí. Por lo tanto, es una buena sugerencia continuar con esta línea.

Por otra parte, y como ya mencioné, vamos a tener alrededor de cincuenta expositores hoy para llegar al plazo que nos hemos fijado antes del 31 de mayo de este año. A tal fin, hemos ido ampliando la cantidad de expositores por día y seguramente seguiremos en las próximas jornadas con ese mismo número para cumplir con el objetivo.

Al final de cada bloque, el de la mañana y el de la tarde, vamos a dejar un tiempo para las preguntas que van a realizar los diputados. Por lo tanto, en la medida de sus posibilidades, solicito a los expositores que se queden hasta el final del primer bloque de la mañana. En el horario de las preguntas es cuando los diputados pueden sacarse las dudas y también los expositores pueden ampliar lo que no pudieron hacer en los siete minutos.

También, quiero recordarles que este debate es transmitido a través de los medios digitales de comunicación de la Cámara de Diputados, esto es Diputados TV, YouTube y streaming, donde es impresionante la cantidad de entrada y de seguimiento que hay por parte de la sociedad, demostrando el interés por este debate histórico que estamos realizando. Creo que estamos dando un ejemplo al poder debatir un tema tan importante con altura y con respeto. Quiero agradecerles a los expositores y a todos los diputados que participan de este debate.

Aquí tenemos un resumen de los antecedentes de cada expositor, y les pido que si hay alguna información incorrecta o alguien quiere ampliar sus antecedentes, que lo haga a partir del momento en que se acerque al atril. Gracias.

Tiene la palabra la doctora Laura Belli, doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, profesora universitaria, presidenta de Economía Feminista.

SRA. BELLI Buenos días a todos y todas.

Como quedó claro en las reuniones anteriores, al debatir sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo se puede apelar a diferentes tipos de argumentos, tanto para sostener posiciones a favor, como en contra. Sin embargo, los argumentos sobre los cuales deberían fundarse las decisiones de los/as legisladores/as son aquellos que hacen referencia al aborto como un problema de salud pública.

Esto no significa que tengamos que ignorar la dimensión ética de esta cuestión ni tampoco lo que la ciencia tiene para decir al respecto, ambas esferas contribuyen al debate. Sin embargo, frente a desacuerdos que históricamente no han logrado conciliación entre las posiciones encontradas, la realidad nos enfrenta con un hecho ineludible: la prohibición, lejos de impedirlo, empuja a las mujeres a abortar en la clandestinidad, poniendo en riesgo su salud y sus vidas.

Para debatir acerca de la permisión o prohibición del aborto es importante especificar de qué hablamos cuando hablamos de vida ¿Hacemos referencia a todo tipo de vida? ¿Hablamos de vida humana? ¿O acaso estamos apelando al concepto de persona? No se puede pasar por alto que las implicancias de elegir una u otra definición para intentar zanjar este debate llevan a conclusiones muchas veces opuestas.

La comunidad filosófica, con su larga historia, no ha alcanzado nunca acuerdo sobre el tema. Los atributos que hacen que un ser vivo sea considerado persona -es decir, un ser poseedor de ciertas características y merecedor de ciertos derechos- nunca fueron definidos de modo unánime.

La comunidad científica tampoco logró nunca consenso sobre este tema. Ni siquiera pudo probar, de modo irrefutable, que la vida comience con la concepción, un término vago que, de por sí, involucra graves problemas conceptuales.

Las opiniones personales son también importantes, pero estas no pueden ni deben guiar la discusión. Los diferentes miembros de la sociedad tienen visiones muy diferentes sobre cuándo comienza la personalidad -o la vida humana- y está bien que así sea. La falta de acuerdo sobre algunos temas es parte de las características deseables de una sociedad democrática y pluralista.

Pero en este momento lo importante es alcanzar un consenso sobre la posición que se debe adoptar a la hora de legislar sobre el aborto. Es por ello que debemos abordar el tema desde la óptica de la salud pública y no a partir de cuestiones filosóficas, científicas o creencias personales.

Así se acordó en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, de la ONU, que se celebró en 1994, en El Cairo, hace casi un cuarto de siglo. Allí, por primera vez, se instó a los gobiernos a considerar que los abortos en condiciones de riesgo son "una importante cuestión de salud pública", así como también una causa importante de mortalidad materna. Así lo muestran también las cifras, que ofrecen un panorama imposible de ignorar.

Ya se ha dicho muchas veces, pero este número no puede dejar de mencionarse y lo repetiremos hasta el cansancio: en la Argentina se realizan, aproximadamente, 450.000 abortos clandestinos por año y, la gran mayoría, en condiciones sanitarias absolutamente inadecuadas.

Las complicaciones por aborto inseguro son la primera causa individual de muerte materna en 17 de nuestras 24 provincias.

La Argentina había asumido el compromiso de reducir un 75 por ciento la mortalidad de las mujeres en el embarazo, parto y puerperio, como parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Actualmente, esta tasa duplica la meta que el país se había comprometido a alcanzar. Es decir, no solo no alcanzó a cumplir con este objetivo, sino que se ha mantenido relativamente estable durante los últimos veinte años. En este aspecto, se nos considera un país "estancado".

Además de una cuestión de salud pública, el aborto ilegal es también un problema de inequidad. En los países donde este derecho no es reconocido, las consecuencias de la ilegalidad golpean con más fuerza a las mujeres más pobres, que son las que no pueden acceder a un aborto seguro.

Acceder a un aborto puede costar en nuestro país entre 3.000 y 30.000 pesos, dependiendo del método. Las mujeres que carecen de los medios necesarios para interrumpir su embarazo en condiciones seguras recurren a métodos terriblemente precarios.

Entonces, las mujeres que pueden pagar abortan de forma segura y las que no, arriesgan su salud y su vida en el intento. Porque donde el Estado está ausente, se afirman y reproducen las desigualdades entre las personas. Es por ello que no alcanza con la despenalización de la práctica. Si no se garantiza el acceso al aborto legal, seguro y gratuito, no se resuelve el problema. Sin aborto legal, la pobreza seguirá siendo un determinante de salud en estos casos.

De acuerdo con el último reporte sobre el tema a nivel mundial, entre los años 2010 y 2014 se produjeron en el mundo 25 millones de abortos en condiciones de clandestinidad e inseguridad. En América Latina tres de cada cuatro abortos caen bajo esta categoría. Esto representa una de las más amplias e injustas brechas en materia de salud entre las naciones desarrolladas y en desarrollo.

Las restricciones legales a la interrupción voluntaria del embarazo no disminuyen el número de abortos practicados y este debería ser el punto central del debate.

El derecho al aborto es una deuda fundamental de nuestra democracia; fue ratificado por las recomendaciones que el comité de expertos de la CEDAW de la ONU realizó en noviembre de 2016 a la Argentina. Es el Estado quien debe velar por la salud de las mujeres, no solo a través de la legalización del aborto, sino también de la articulación adecuada de los programas de salud sexual.

Que una mujer esté dispuesta a correr riesgo de muerte para interrumpir un embarazo que no quiere llevar a término es muestra de que sus derechos -a la salud, integridad, desarrollo, a su cuerpo y su privacidad- no están siendo reconocidos ni protegidos.

La decisión de interrumpir un embarazo nunca se toma a la ligera; los derechos de las mujeres tampoco deberían considerarse de ese modo. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Marisa Leno, ginecóloga y obstetra, profesora de la Universidad Patagonia Austral, fundadora de la ONG Patagonia Viva.

SRA. LENO Buen día. Es un honor para mí estar acá.

Como ginecóloga quiero exponer primero mi preocupación por legalizar un procedimiento que de por sí presenta para la medicina un riesgo quirúrgico de vida, o por jerarquizar al Misoprostol como la solución vía oral o cervical, cuando en Europa -continente abortista por excelencia- ya ha sido removido de la venta por los riesgos de hemorragias incoercibles y rupturas uterinas que esta droga genera. Sin dudas, para mí como médica, es incompresible que a esto se lo llame salud pública.

El aborto seguro no existe porque sencillamente es una situación antinatural, impropia de la naturaleza humana y dista mucho de ser la solución que se plantea, quizás desde el concepto mágico de quienes desconocen los riesgos y de verdad pretenden salvar vidas.

Votar esta ley sería avalar que, con el argumento de un derecho, una mujer ingrese en un sistema del Estado, a realizar un procedimiento que ponga en riesgo su vida. O sea, el Estado será entonces responsable de la muerte de esta mujer, quedando sin argumento la seguridad que se promete. No se trata de avalarlo porque igual se hacen abortos, sino de buscar y encarcelar en serio a quienes, conociendo todos los riesgos, siempre los realizaron con fines lucrativos.

Expongo ahora ambas problemáticas sobre las cuales basamos este debate que son las mujeres víctimas de violencia y aquellas que viven en situación de pobreza en nuestro país, ya que doy por sentado que no debatiremos en esta Honorable Cámara acabar con una vida basándonos solamente en el deseo como tal.

Trabajo hace diez años todos los días con las víctimas. En ellas el problema no es el hijo engendrado en violaciones -el 90 por ciento dentro del ámbito intrafamiliar-, sino la violencia que sobre ellas se sigue ejerciendo, y el aborto muchas veces forma parte de la decisión de su agresor o del miedo de criarlo en ese ámbito. Ellas no necesitan que la sociedad calme su conciencia borrando la consecuencia de su violación cotidiana; necesitan debates tan extraordinarios y serios como este para que realmente sean liberadas con políticas claras y penas efectivas y concretas sobre un violento que cada vez más se apropia de sus decisiones.

La mujer de cualquier edad saldrá del hospital después de un aborto y volverá al ámbito donde fue violentada, y solo habremos tapado con un dedo el incomprensible calvario cotidiano para el cual todavía no hay presupuesto, faltando en nuestra Patagonia, por ejemplo, casas contenedoras, trabajos dignos para combatir su dependencia económica y mayor cantidad de profesionales para asegurar sus derechos.

Una vez más, creemos entender el pedido de las víctimas y ejercemos sobre ellas la invisible violencia de instarlas a terminar con la vida de sus hijos en vez de girar nuestras cabezas y enfocamos en los agresores que, por cierto, no han estado presentes en este debate, y son con los cuales trabajamos hace siete años para evitar que sigan gozando de la liviandad de penas, mientras sus víctimas llevan la carga de lo que un aborto implica en su cuerpo, su alma y su espíritu. Esa mujer, nunca será la misma. ¡Qué mediocre respuesta estaríamos dando para el valor que realmente tiene una mujer en nuestro país! ¡Qué falta de visión del dolor real que una víctima de violencia soporta! El agresor, continuará violentando mientras la sociedad de vanguardia festeja el logro obtenido sobre los derechos femeninos.

Nosotros, a los violentos los hacemos cargo e intentamos reeducar sus conductas empoderando a la mujer y dándole herramientas creíbles, no soluciones ficticias que desgarren su ser, como el aborto seguro. En nuestra estadística, dentro de la ONG que lidero, el 95 por ciento de las víctimas no pensaron en el aborto, aun siendo este producto de una violación, y el 5 por ciento restante fueron contenidas y sostenidas para seguir adelante con el embarazo, el cual resultó sanador y límite para su vida de violencia. Se pueden salvar las dos vidas.

En cuanto a las mujeres que sufren pobreza, quiero contarles que, en mi experiencia de veinticinco años, no son ellas las que desesperadamente acuden a pedir un aborto, porque tienen un sentido de fortaleza y pertenencia sobre sus hijos muchas veces mayor que aquellas que por deseos personales despersonalizan a quien se forma en su útero.

Ellas no necesitan una ley que avale la muerte de sus hijos; necesitan que de una vez por todas se visibilicen las oportunidades que les faltan y se dignifiquen sus vidas para criar a sus hijos y no tener que decidir acabar con ellos.

Una vez más, ejercemos sobre la mujer una mirada de violencia de género, haciéndola cargo de tomar una decisión que legal o no legal la lastima igual y la entristece de por vida.

Al salir del hospital seguirán viviendo en extrema pobreza y no será un aborto sino varios, porque no generamos una ayuda real ni sostenida en el tiempo; solo calmamos nuestra conciencia creyendo que la hemos ayudado y le hemos quitado un peso de encima. En diez años habremos naturalizado tanto este acto que en nuestros jóvenes formará parte de sus métodos de anticoncepción, generaremos menos conciencia del cuidado, menos conciencia en el varón -protagonista olvidado, otra vez, en esta responsabilidad-, sin ninguna consecuencia de su acto y, por ende, sí tendremos un problema serio de salud pública con mayor índice de enfermedades de transmisión sexual y complicaciones maternas.

Trabajo con el dolor y la desesperanza cada día en Caleta Olivia. Somos muchos en un rincón de Argentina que excede a esta gran ciudad. Argentina no es solo Buenos Aires y las marchas en Plaza de Mayo. Hicimos 2.000 kilómetros para pedirles que miren en todo el país porque hay otra realidad además de la que muestran algunos medios de comunicación o no muestran si las cifras no les conviene para su cruzada vanguardista. Somos millones los que esperamos leyes que sumen, y no que resten vidas. Soy una mujer de una profunda e inquebrantable fe en Dios y es mi oración que al votar puedan hacer historia, mostrando al mundo que en Argentina se defienden las dos vidas, que la vida no se discute y se respeta generando leyes en este recinto que realmente dignifiquen a las mujeres.

El aborto es una elegante y pseudoprogresiva manera de quitarles a las mujeres su bien más preciado en pos de una igualdad mentirosa que solo traerá en ellas más angustia y humillación. Con el aborto legal estaremos cada vez más lejos de poder decir "Ni una menos". Gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Gabriela Vázquez, jueza del fuero laboral de la Nación y consejera de la Magistratura del Poder Judicial.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la licenciada Carmen Carrizo, licenciada en Psicología y especialista en familia y pareja, quien es referente de la Red Varón, ONG Patagonia Viva.

SRA. CARRIZO Señor presidente: mucha gente se pregunta sobre el síndrome posaborto, otros niegan su existencia, pero desde la clínica sabemos que todo aborto -espontáneo o provocado- conlleva antes del año una aparición significativa de diversos malestares, afectando no solo a la mujer sino también a los vínculos de pareja, familiar e incluso al facultativo que acompaña a la misma, solo que se visibiliza en el tiempo.

La decisión de abortar siempre se toma bajo condiciones de un fuerte estrés, de temores, de dudas y de una absoluta soledad en relación con la intervención quirúrgica.

Las diferentes miradas interdisciplinarias que plantean la despenalización del aborto son, aparentemente, una forma de resguardo a la mujer, ya que no están registrando que desde la concepción existe una vida independiente de su cuerpo. Prueba de ello son los diferentes estados emocionales y físicos que atraviesa la mujer durante la maternidad, que siente que posee un cuerpo extraño en su interior, de portar con otra vida, otro ser, uno totalmente indefenso y sin posibilidad de supervivencia fuera del vientre materno.

Erich Fromm, psicoanalista culturalista, en su libro El arte de amar nos señala que la persona tiene la necesidad de trascender, si no lo hace construyendo, lo hará destruyendo, pero dejará una huella.

El aborto es una acción tan violenta sobre el propio ser que deja una huella, un recuerdo que se tendrá que decodificar cuando haya pasado la urgencia de solución del problema que representa el bebé no planificado.

Por ello, las implicancias psicológicas y físicas siempre son a largo plazo y pueden llevar a la muerte a quien decida abortar. Facilitar el duelo, deshacer la culpa, reelaborar el perdón, precisan de un trabajo a largo plazo que garantice la integración emocional del deseo y motivación a la vida de una mujer que busca trascender.

Por ello, el peor engaño es el juego de palabras con el que esta ley manipula a quienes terminarán cargando el peso emocional y físico con el paso del tiempo; porque todo en el ser humano es proceso y en la mujer, aún más, el peso emocional.

Cuando los mecanismos de defensa de la negación, la represión, el activismo y los psicofármacos comiencen a ser insuficientes, yo me pregunto, cuando esto pase ¿quiénes nos haremos cargo? ¿La sociedad está preparada para las consecuencias de este síndrome? ¿O qué política de Salud Mental está siendo diseñada para la contención de una mujer en tal estado de vulnerabilidad?

Como profesional de salud desde hace 20 años, les aseguro que habrá consecuencias. La legalidad del aborto inaugura un nuevo escenario social donde la vida programada y autómata de la próxima generación estará determinada por quién vive y quién muere.

En Francia, dicha ley fue sancionada en diciembre de 1974. El valor de la vida hoy es relativo. La enajenación y pérdida de proyectos vitales a largo plazo en adolescentes y jóvenes ponen en peligro el futuro social y político de una Nación que en la actualidad está tratando de revertir una decisión que no arrojó los resultados que se habían planificado y esperado.

Habiendo transitado la práctica en contextos sociales complejos, en Córdoba, con niñas, niños y adolescentes en villas de emergencia, y de haber trabajado 12 años en mi provincia -Santa Cruz-, como parte del equipo técnico de Dirección Regional de zona norte, dependiente del Consejo Provincial de Educación; como coordinadora en el Área del Joven en la localidad de Las Heras -ciudad marcada por los suicidios colectivos de adolescentes y jóvenes- por más de una década, les aseguro que vi todas las formas de pérdidas y carencias: las físicas, las materiales, las emocionales y las espirituales. Pese a estar formada para trabajar con angustia, equipada para ser un soporte en la elaboración de los traumas y el dolor psíquico, les puedo asegurar que por encima de este trauma -trauma es perforación-, el aborto es un tipo de perforación tan profundo que se inscribirá en el cuerpo: trastornos nerviosos, de ansiedad, pesadillas, trastornos de alimentación, falta de vitalidad, pensamientos obsesivos y fijaciones, son solo algunas de las secuelas que formarán parte de la vida cotidiana de la mujer.

En el fondo, señores, la mujer tiene un saber que la une a ese bebé, a esa personita, sabe que tiene conciencia, que hay latidos, que hay un ser en formación, que no es una interrupción, que no hay vuelta atrás; ese saber quedará internalizado y se transformará con el tiempo en la dolencia de una memoria del cuerpo que siempre le recordará que hubo vida.

Me pregunto: ¿a esto le llamamos libertad? Porque es una ilusión que se prepara la madre para transitar este proceso donde una parte de ella misma se pierde. La negación de esta realidad se traducirá en la promiscuidad, en los arranques de ira o de tristeza, porque ya no habrá en el mundo un lugar seguro para tanto dolor.

Esta depresión, señores diputados, nos deja entrever que no existe el aborto seguro porque nadie puede salvar a otro cuando faltó a su conciencia y condición como ser humano.

Por eso, insto a ustedes -nuestros representantes legales-, a que puedan reflexionar todas las miradas interdisciplinarias que pasaron y que pasarán por este recinto.

Gracias por darme la oportunidad de ser portavoz de una tierra tan lejana y desconocida para ustedes, que pese a ser atravesada por crisis y quiebres económicos en la actualidad está llena de miles de personas que somos capaces de dejar a un lado los problemas personales, la comodidad que provee un sistema familiar, un círculo de amigos para descomprimir tanta presión social y carencias y ponerle voz a los que no pueden defenderse.

¡Amo mi Nación! Una vez fuimos el granero del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial; fuimos la esperanza, y creo que estamos desafiados una vez más a transformarnos en esa Nación que cobijó a tantos con esperanza, cuánto más a nuestros futuros ciudadanos que representan esa esperanza.

Confío plenamente en que Dios los guiará en la mejor decisión y la mayor oportunidad para un cambio que conserve el derecho de nacer. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Marcelo Ferrante, doctor en Derecho en Yale.

SR. FERRANTE Buenos días. Hay muchas razones -del tipo de razones en las que se fundan las políticas públicas- que llevan a modificar nuestra legislación de modo que esta asegure:

1) Que la decisión autónoma de una mujer de interrumpir su embarazo durante las primeras semanas de gestación sea una decisión lícita, una decisión que la mujer tiene derecho a tomar;

2) que las instituciones estatales no puedan interferir en esa decisión;

3) que también sea lícita la asistencia profesional, especialmente médica, para llevar a cabo esa decisión;

4) que esa asistencia forme parte de las prestaciones médicas básicas que se corresponden, no solo con el derecho fundamental a decidir sobre el curso de nuestra vida, sino también con nuestro derecho fundamental a la salud.

Para mí, esas razones son suficientes para promover la modificación que se propone y que dio lugar a estas discusiones. Pero no es a esas razones a las que quiero prestar atención en estos pocos minutos. Quiero hablar de la razón central que se opone a esa modificación.

Muchos expresan su oposición a la reforma sobre la base de la convicción de que las personas tenemos un derecho a la vida desde nuestra concepción. Cuando esa convicción es genuina, es decir, cuando no es vacía o incoherente, la oposición a la reforma es entendible: decir de alguien que tiene un derecho a la vida parece ser equivalente a decir del resto que tenemos cierta obligación en relación con ese alguien, de no provocar su muerte y de ayudarlo a mantenerse con vida.

Propongo pensar unos minutos sobre esa oposición. Preguntarnos: si yo tengo la convicción de que nuestros embriones son tales que tienen un derecho a la vida, ¿debo oponerme al proyecto de reforma? Muchos parecen entender que sí. Yo voy a invitarlos a pensar algo distinto: que declararse partidario de un derecho a la vida desde la concepción en rigor no dice nada acerca de la posición que uno tiene sobre un proyecto como el propuesto. La reforma propuesta es compatible con esa convicción; no la niega, no la rechaza.

Para eso voy a subrayar una idea relativamente sencilla y de la que seguro han hablado acá ya muchas veces. La idea es que los derechos, o las obligaciones que corresponden a los derechos, tienen una dimensión de peso o de fuerza: hay algunos que son más fuertes que otros. En condiciones ideales, debemos satisfacer todos y cada uno de los derechos, debemos cumplir todas y cada una de las obligaciones correspondientes a esos derechos.

Pero las condiciones de la vida social no son ideales. A veces nuestros derechos chocan entre sí, en el sentido de que no es posible cumplir con uno sin interferir con el otro.

Es en esos contextos donde se ve esa diferencia de fuerza o peso: decir de un derecho que tiene más fuerza o peso que otro no es más que una forma de decir que, en ciertas condiciones, es de algún modo permisible interferir o afectar un derecho para asegurar o cumplir con el otro.

Creo que esta idea de que hay derechos que son más fuertes que otros, en ese sentido específico, es una idea que es fácil de ver. Lo que no siempre se ve es que reconocer que en un caso especial de conflicto o colisión de derechos, un derecho tiene más fuerza que otro, no significa que aquel a quien le toca tolerar la interferencia no tenga efectivamente un derecho.

Precisamente, el hecho de que quien padece la interferencia tiene efectivamente un derecho es lo que da cuenta de que muchas de estas situaciones son trágicas o nos obligan a reducir al máximo los daños o compensar cuando esto es posible, cosas que no parecen tener sentido siquiera cuando lo afectado no es un derecho de otro.

Con esta idea propongo volver a mirar la reforma que está en discusión, para intentar mostrar que no hay contradicción entre, por un lado, el reconocimiento de que tenemos un derecho a la vida desde que somos embriones y, por otro, la modificación fundamental que ahora se propone, en particular, la permisión de la interrupción del embarazo durante las primeras semanas de gestación, sin indicación de motivos.

Defender esa reforma -insisto- no significa desconocer que tengamos un derecho a la vida desde nuestra concepción. Una propuesta de reforma que despenaliza la interrupción temprana del embarazo no es una forma de negar ese derecho.

Una propuesta de reforma como esta exige reconocer que todas las personas tenemos un derecho fundamental a nuestra autonomía, a nuestra libertad, a elegir nuestro plan de vida y, por lo tanto, entre otras muchas cosas, a decidir por nosotros mismos si, cuándo y cómo convertirnos en padres o madres.

Este es el derecho crucial en esta discusión. Defender el proyecto exige reconocer este derecho y requiere entender que este derecho de la mujer en ocasiones puede entrar en conflicto con el derecho a la vida de un embrión y que es razonable pensar que hay un período breve de tiempo -de unas cuantas semanas- en el que el derecho de la mujer es más fuerte que el del embrión. Pero pasado ese punto el balance cambia, quizás porque el derecho a la vida de una persona que aparecería con su concepción va ganando fuerza con el tiempo de modo que, en un principio, durante las primeras semanas de la existencia embrionaria, ya puede ser un derecho importante, pero ciertamente no tanto como para no ser superado por un derecho tan importante como el de decidir sobre el sentido de nuestras vidas.

Pero a medida en que el embarazo prospera, el derecho de la persona por nacer gana fuerza y en apenas unas semanas -doce, quince, dieciocho, eso lo discutimos después- el derecho a la vida de la persona por nacer gana tanta fuerza que supera, en un eventual conflicto, al derecho fundamental de los demás a decidir autónomamente si, cuándo y cómo ser madres o padres.

Claro que es posible pensar de otra manera. Es posible pensar, en particular, que el embrión que resulta de la unión de dos células sexuales es ya inmediatamente tan persona como cualquiera de nosotros, con exactamente los mismos derechos fundamentales y con idéntico peso.

Personalmente, creo que es más razonable la idea de que nuestros derechos van ganando peso relativo a medida en que prospera nuestro desarrollo prenatal, y que alcanzamos el valor pleno de esos derechos en algún punto anterior al nacimiento, pero bien posterior a las primeras semanas de vida embrionaria. Esta idea se ajusta mejor a muchas otras muy generalizadas, que compartimos casi todos y que vemos reflejadas en el derecho penal actual.

Pero no es la razonabilidad de esta idea del peso o valor incremental de los derechos lo que quiero subrayar hoy. Solo quiero destacar lo cercana que está esa idea para quien siente y tiene la convicción de que ya desde la concepción somos seres con derechos. Y, por lo tanto, lo cercana que está la posibilidad de aceptar la reforma que se propone también para quien piensa así.

En otras palabras, la controversia no es homicidas versus buenos samaritanos. Hay apenas una divergencia marginal acerca de cómo llegan a tener nuestros derechos el peso pleno que tienen cuando se está terminando el embarazo.

En definitiva, derecho de las personas por nacer, sí, y derecho de la mujer a la interrupción temprana del embarazo, también. No hay ahí una contradicción; hay solo una mirada razonable de los derechos en juego. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Marino Miguel Muñoz, presidente de la Fundación Nacer de Nuevo.

SR. MUÑOZ Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina, señores diputados y diputadas: soy Marino Muñoz, psicólogo social, presidente de la fundación Nacer de Nuevo desde el año 2003.

Desde hace quince años hacemos rehabilitación y contención social en la ciudad de Trelew, provincia del Chubut.

En todos estos años hemos atendido cientos de casos de síndrome posaborto en mujeres y hombres. Normalmente, las personas llegan sin saber cuál es el origen de los trastornos de alimentación como anorexia o bulimia o buscan ayuda porque tienen profundos dolores emocionales como angustia, culpa, pena e insatisfacción. Hombres y mujeres buscan una salida al consumo del alcohol y las drogas. La mayoría de esas personas no conectan esos síntomas con la interrupción de un embarazo realizado hace años. Para algunos suele ser un descubrimiento que el aborto provocado les haya traído tan prolongados dolores emocionales.

Legalizar el aborto sin tener en cuenta el impacto psicosocial será una tragedia para nuestra querida Argentina.

De esto se vale la predica abortista: del silencio acerca de los efectos psicosociales posaborto. No dicen nada acerca de las variadas consecuencias sociales de la interrupción voluntaria del embarazo.

Se deben revisar los estudios y estadísticas sobre las consecuencias sociales en España y los Estados Unidos después de varias décadas de despenalización. En siete minutos no tengo tiempo suficiente para mostrar la tragedia social que produce la interrupción voluntaria del embarazo en los países que ya lo legalizaron.

Hay quienes afirman que no hay tal síndrome posaborto -si quieren pueden ponerle otro nombre-, pero son graves los trastornos que sufren las personas que abortan: hombres y mujeres, vuelvo a remarcar. Hay quienes dicen que no existe tal síndrome porque no está en el listado de la Asociación Americana de Psiquiatría, que es quien elabora el manual de estadísticas y diagnóstico. Esto es tan ridículo como decir que si mañana borramos la Gripe A del manual de estadísticas médicas no existirá más tal gripe porque ya no está en el listado.

Los que trabajamos en el campo social, todos los días tenemos un formidable recordatorio de los efectos a largo plazo del aborto. Menciono a los hombres remarcadamente porque ellos también sufren el síndrome postaborto.

Los hombres pueden dividirse en dos grandes grupos. El primero, los que presionaron a las mujeres a abortar, los que pagaron, los que quisieron, entre comillas, matar un problema no sabiendo que crearían infinidad de nuevos problemas a los que no es posible matar. Este grupo de hombres siente culpa de por vida. La interrupción del embarazo no es una decisión feliz para una mujer; ellas llegan empujadas, amenazadas, presionadas, maltratadas y humilladas. Quienes llevan a la mujer a tal situación no pueden quedar tranquilos en sus conciencias.

El segundo grupo son los hombres que perdieron un hijo y sufren el duelo por su muerte; son hombres a quienes les arrebataron un hijo. De estos hombres nadie habla, nadie se inspira en sus derechos, son tratados en calidad de sementales, y a veces ni siquiera en tal calidad porque a los sementales se los cuida muy bien, mientras que a estos hombres, no. Estos hombres no son tenidos en cuenta, es como si no existieran.

Señores: sin la participación activa de los hombres no habría embarazo, no habría niño a quién matar y no estaríamos discutiendo aquí durante horas. Cada ser humano que muere por el aborto tiene un padre. Y voy a repetirlo a toda voz. Cada niño por nacer que muere por una interrupción voluntaria del embarazo tiene un padre.

No puedo dejar de hacer mención a los profesionales y trabajadores de la práctica abortista, porque también atendimos a muchos de ellos. Alguien debe tirar los desechos humanos o mejor dicho alguien tiene que recoger y tirar restos humanos como deshecho, humanos descuartizados; alguien tiene que limpiar sangre humana en instrumentos, ropas y piso; alguien tiene que hacer el trabajo sucio en el aborto. Todas estas personas quedan afectadas.

Solo haga ahora un ejercicio imaginario de cómo se sentiría usted si trabajara donde se manejan restos de humanos descuartizados. ¿Cómo sería para usted salir de su trabajo y sentarse con su familia a cenar? Estas personas que hacen abortos -cientos de abortos-, quedan afectadas de por vida.

La dimensión de esta tragedia social ya se cuenta en millones de personas afectadas en Argentina. Si es cierto como dice la corporación abortista que en Argentina se practican unos 500.000 abortos anuales, entonces, sumamos 500.000 seres masacrados, más 500.000 madres afectadas directamente, más 500.000 padres afectados directamente -ya llevamos un millón y medio de personas afectadas-, más cientos de miles de profesionales y trabajadores de la salud afectados de por vida. Cerca de dos millones de personas ya son afectadas cada año en la Argentina.

Señores diputados: ustedes pasarán a la historia de todos modos. Pero si despenalizan el aborto esto se va a multiplicar y si hay que atender 500.000 abortos anuales se necesitará crear unos doce hospitales como el Garrahan y profesionales pagados para que funcione esa maquinaria legal de masacrar vida humana.

Entonces y solo entonces la falacia del aborto gratuito se caerá porque el aborto nunca fue ni es ni será gratuito: por cada aborto se paga. Cada aborto será pagado con plata del Estado, es decir, con plata de todos los argentinos. Millones de dólares irán directo a la corporación abortista.

Señores diputados: el aborto es básicamente un negocio multimillonario. Pero no todo es dinero. El impacto psicosocial será semejante al de la sociedad española: una verdadera catástrofe social provocada por sus legisladores. En 30 años que lleva la masacre abortista en España -y por otros tantos factores-, han invertido la pirámide poblacional y tienen más viejos que niños. En estos momentos, en promedio, cierran anualmente 60 escuelas, porque no tienen niños. Revisen esa evidencia. No quiero esto para la Argentina.

En este bendito país también tienen lugar los argentinos que están por nacer. ¡No al aborto! ¡Salvemos las dos vidas! ¡Salvemos todas las vidas! (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Marisa Herrera, doctora en Derecho, investigadora del Conicet, integrante del equipo de redacción del Código Civil y Comercial de la Nación.

SRA. HERRERA Señor presidente: agradezco mucho la invitación para estar hoy acá y participar de este gran debate.

En estos siete minutos voy a demostrar cómo el Código Civil y Comercial de la Nación no solamente no prohíbe la legalización del aborto en la Argentina sino que además acompaña, reafirma y consolida un debate como este.

El Código Civil que se fue -que es el código que algunos creen que sigue vigente, por la mirada conservadora que tienen- es un código claramente legalista, con una fuerte impronta del derecho canónico, patrimonialista -solo le importaba el patrimonio y después, en todo caso, las personas-, elitista, clasista, patriarcalista, machista y ni hablar de la idea de la incapacidad de las personas.

Por su parte, el actual Código Civil y Comercial de la Nación es un código que no tiene nada que ver con el código anterior. Se trata de un código pensado y construido desde los derechos humanos como columna vertebral. Por eso mismo, sus artículos 1° y 2° se refieren al derecho civil constitucionalizado-humanizado. ¿Qué implica esto? Implica un código que es consecuencia de muchas legislaciones. La Argentina es un orgullo a nivel legislativo en cuanto al matrimonio igualitario, la identidad de género, las técnicas de reproducción asistida, etcétera.

El Código Civil y Comercial de la Nación es respuesta a todas esas leyes, incluso al femicidio, la trata, la violencia de género, lo cual implica que es un código diferente, que interpela a los civilistas de una manera distinta, para repensar prejuicios que se tenían en materia de derecho civil. También implica un código para una sociedad multicultural, claramente laica y con protección al más débil.

El famoso artículo 19, del que mucho se habla y poco se profundiza, tiene que ser leído obligatoriamente de arriba hacia abajo, pero justamente el famoso caso Artavia Murillo, del 28 de noviembre de 2012, reafirmado en el proceso de seguimiento de sentencia en febrero de 2016 -además del caso Fontevecchia-, lo que hace es reafirmar que es obligatorio para la Argentina respetar los derechos o la jurisprudencia que emane de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

¿Qué se entiende por concepción en este famoso fallo? Básicamente dos elementos centrales. En primer lugar, que en técnicas de reproducción, la protección del derecho a la vida comienza recién cuando el embrión está transferido a la mujer, antes no hay persona en los términos del artículo 4.1 de la Convención.

Además, habla de gradualismo. Esto quiero decir que tenemos que empezar a diferenciar: embrión de persona no nacida o concebida y de persona nacida. Esto implica que no puedo regular igual lo que de base es distinto, justamente, porque si lo hago, a alguno le hago perder su identidad.

El artículo 20 de nuestro Código Civil y Comercial de la Nación entiende por concepción el plazo del embarazo. Nadie va a dudar que si hoy tengo tres embriones criopreservados en un centro de fertilidad y me hago el test de embarazo, me va a dar negativo. Si como en el Código Civil está asimilado la concepción al embarazo, nunca jamás el embrión no implantado va a ser embarazo.

Además, el propio artículo 574, cuando se refiere a la persona por nacer, en materia de reconocimiento, lo hace en beneficio a cuando la persona nazca. A tal punto que si no nace, se lo tiene como si nunca el reconocimiento hubiera sucedido.

Por otro lado, también se considera de manera errónea el tema de los alimentos, que son a la mujer embarazada y no a la persona por nacer. El propio Código Civil nos señala que es a la mujer embarazada. Ningún defensor de menores, por derecho propio, puede iniciar alimentos a la persona por nacer, porque justamente el tema de los alimentos es a la mujer embarazada.

En relación con las técnicas de reproducción asistida, nuestro Código Civil y Comercial se refiere a la posibilidad de revocar el consentimiento hasta antes de la transferencia. Esto sigue la lógica de la ley 26.862, de cobertura en técnicas de reproducción humana asistida, de 2013, donde se permite la revocación -o sea, lo reafirma-, habla de donación de gametos y embriones, y de la criopreservación.

Se trata de una ley que nunca fue declarada inconstitucional sino que, por el contrario, su constitucionalidad fue reafirmada el año pasado en un fallo de una de las Salas de la Cámara Civil. Si se puede revocar el consentimiento hasta antes de la transferencia del embrión, puedo donar y criopreservar embriones, es obvio que el embrión no es persona. Es más, la propia ley que sanciona el Código Civil y Comercial establece de manera expresa que tiene que haber una ley especial para regular los embriones. En este momento, en el Congreso se encuentra el proyecto contenido en el expediente 0091-d-2017, que justamente regula ese tema, porque tiene que haber una ley especial.

Si el Código Civil y Comercial se dedica a cosas y personas, es claro que el embrión debería haber estado regulado allí y no lo está, porque no es cosa ni persona.

En el campo de la bioética existen numerosas naturalezas jurídicas sui generis vinculadas con los órganos, los tejidos, las células madre, que no son ni cosas ni personas, lo cual tiene que ver con una visión moderna y el desarrollo de la ciencia.

La primera conclusión es que el embrión no es persona, o dicho como Doña Rosa: "El embrión no es un argentino con derechos".

Dicho sea de paso, tampoco es lo mismo una persona nacida que una persona no nacida. No solamente que en esto seguimos al Código Civil de Vélez Sársfield sino que el propio artículo 21 del Código Civil y Comercial, el siguiente, señala: "Los derechos y obligaciones del concebido o implantado en la mujer quedan irrevocablemente adquiridos si nace con vida. Si no nace con vida, se considera que la persona nunca existió".

El Código Penal, en 1921, regulaba en forma diferente el homicidio simple del delito de aborto, porque en este último establecía una pena de 1 a 4 años y en el homicidio simple, de 8 a 25 años. Entonces, era obvio que para el Código Penal, en 1921, no era lo mismo una persona nacida que una persona no nacida.

La segunda consideración es que claramente el concebido o persona no nacida no es igual que una persona nacida para el Código.

Este Código Civil y Comercial es un gran código, a lo mejor por eso algunos lo quieren reformar en una nueva comisión de reforma, que se creó este año por el decreto 182/18. A lo mejor porque se dieron cuenta de que es un código claramente rupturista, que acompaña las ampliaciones de derechos, con lo que ello significa.

Es un código basado en la igualdad real y sustancial, que habla para el más vulnerable, de los conceptos de empoderamiento, fortalecimiento y emancipación. Asimismo, habla de prevención -que es una cuestión muy fuerte-, de autonomía, de libertad, en especial, de las adolescentes, por ese famoso artículo 26 que tiene tanto peso en todos los proyectos de ley que estamos analizando.

En definitiva, recordando al gran Rodolfo Walsh, quiero citarlo en relación con todos los que tenemos un rol social: "Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra". (Aplausos.)

¡Nuestro Código Civil y Comercial es historia viva de su tierra, es un código que claramente es consecuencia de una mirada profunda de los derechos humanos, que tiene cara de mujer, y por eso este es un Código para una sociedad más igualitaria, más justa, más democrática y claramente más humana para las mujeres! (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el señor Esteban Rubén Blanco, para dar su testimonio personal, por la adopción de un niño que iba a ser abortado por parálisis cerebral.

SR. BLANCO Buenos días. Vengo desde Esquel para contarles mi testimonio personal. Con mi esposa tenemos dos hijos. Siempre quisimos agrandar la familia. Vengo de una tradición de familia numerosa. Soy el mayor de 10 hermanos: 7 varones y 3 mujeres. Uno de ellos adoptó un bebé cuya mamá, víctima de violencia, intentó abortar.

Mi sobrino Andrés nació a los 6 meses de vida y a los 5 años fue visible su Trastorno Madurativo Moderado. Sin embargo, actualmente concurre a 5° grado de una escuela común, habiendo recuperado el 80 por ciento de su discapacidad, y trabaja en un Taller de Capacitación Laboral.

En 2009, fue abanderado en la Escuela de Equinoterapia en Paraná; y en 2014, recibió el premio al mejor alumno integrado por parte del Consejo de Educación de Entre Ríos. Andrés Blanco es sobreviviente de un aborto.

Por nuestra parte, siendo privilegiados padres de dos hijos: Elisabet y Cristian, ante la imposibilidad de poder seguir gestando luego de varios abortos espontáneos, integramos una lista para adopción y un día nos venció el cansancio de ir y venir inútilmente, y desistimos.

La vida nos sorprendió dándonos la oportunidad de tener otra hija. Su mamá fue una adolescente de 15 años, quien fuera violada por su progenitor biológico, quedando embarazada en un contexto de vulnerabilidad: una niña dando a luz a otra niña, y luego dejando que esta fuera adoptada.

Las autoridades buscaban una familia que le brindara cariño y la cuidara en el breve tiempo en que viviría: un año, según el pronóstico de los médicos. Sus diagnósticos eran parálisis cerebral, lo que le impedía succionar para alimentarse, y además presentaba fisura palatina, pie bot bilateral y luxación en los codos. Como si esto no fuera suficiente para un cuadro bastante complejo, no demandaba alimento.

Los médicos nos anticipaban que esta nena nunca abriría los ojos, no podría llorar ni expresarse de manera alguna.

Los primeros días de su vida nos vieron visitando el hospital para conocerla; fue amor a primera vista. Luego, para ir a darle su alimento, por sonda, para cambiarle los pañales, etcétera. Las enfermeras nos dijeron que esta niña nos esperaba.

Después solicitamos una guarda preadoptiva y comenzamos a darle identidad con un nombre. La llamamos Jemima Victoria. Con mi esposa y dos hijos cursando la secundaria decidimos traerla a nuestro hogar, hacerla nuestra hija, nuestra hermana, amarla, cuidarla y darle todos nuestros recursos anímicos, espirituales y materiales para que tuviera una vida digna.

A los 50 días de nacida llegó a casa, luego de muchos trámites y la ayuda de los médicos, enfermeras y funcionarios judiciales. Se nos otorgó la adopción plena, instituto previsto en la Convención de los Derechos del Niño, incorporada a la Constitución Nacional en el artículo 72, inciso 22.

A pesar de los múltiples estudios médicos realizados -tanto en Chubut como en Mendoza-, nunca supimos con certeza la razón de la discapacidad de Jemima, pero lo cierto es que fue traída al mundo y era una niña digna de ser amada y de desarrollarse como persona.

Tuvimos un aprendizaje acelerado para alimentarla con sonda, darle su medicación, brindarte cuidados intensivos las 24 horas y estar atentos a sus reiteradas e incontrolables convulsiones. Comenzamos a hablar de Ospolot, Topamac, Valium, Karidium, de cuadro convulsivo crónico, callosidades cerebrales, entre otros términos nuevos para nosotros.

Su primer bostezo dio lugar a una celebración. Jemima abrió sus ojos, lloró. Se expresó a su manera. Nos brindó su dulzura mirándonos con ojos bien abiertos, viajó miles de kilómetros por el país, por ejemplo, para visitar a sus hermanos que ya estaban cursando la universidad.

Jemima recibió amor de este, su padre, de su mamá del corazón: Raquel, quien llevó la parte más pesada durante más de 5 años de sus cuidados. Jemima fue amada tiernamente por sus hermanos.

Nuestra hijita también fue a la escuela y se las ingeniaba para dejar bien en claro que no le gustaba quedarse allí. Jemima luchó y se aferró a la vida por 5 años y 3 meses, y nos dejó una lección de vida, un recuerdo imborrable en nuestras vidas y en muchas más personas.

Partidarios del aborto dirían que Jemima no debería haber nacido por ser el resultado de una violación. Es más, ya hay legislación por la cual su madre podría haberla abortado, el artículo 86, del Código Penal. Ella hubiera sido destrozada en el vientre de su madre adolescente con la realización de un aborto.

Pero Jemima fue traída al mundo y para nosotros fue un regalo de Dios. La vida triunfando sobre la muerte y el amor venciendo el dolor.

No hay razón para realizar abortos a nuestro entender, ni siquiera en caso de violación -aunque la ley ya lo permite-; no es necesaria una nueva legislación como los proyectos abortistas pretenden y para lo cual habría que modificar la Constitución Nacional y anular o eliminar todos los compromisos internacionales asumidos que tienen rango constitucional y defienden la vida desde la concepción y hasta la muerte natural. Si así fuera, se podría abortar a los niños con Síndrome de Down, lo cual sería un verdadero genocidio condenable desde todo punto de vista.

Si Jemima pudo nacer y pudo vivir, con todas las contras que tuvo, si nosotros pudimos adoptar una niña con estas características, amarla y cuidarla, habrá sin duda alguna muchos niños, más allá de cómo fueron gestados, que merecen nacer y merecen vivir.

En nombre de Jemima y de muchos niños y niñas por nacer, levantando la voz por los que no tienen voz, pido a los diputados que legislen por la vida, a favor de la vida en todo sentido y en toda circunstancia, contra todo intento de imposición de intereses a nivel mundial, sin términos medios ni negociaciones de ningún tipo con los promotores y mercaderes de la muerte. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Débora Ferrante, sindicalista. No tengo los datos de la organización sindical, por lo que le solicito que amplía sus antecedentes.

SRA. FERRANTE Buenos días a todos y a todas. Voy a hablar desde mi rol de mujer sindicalista, de la Corriente Federal de Trabajadores y Trabajadoras.

Las mujeres somos una parte esencial en el funcionamiento de la sociedad. Cuando hablamos de mujeres que abortan, nos referimos a las que ya son madres, las que no lo son, las que no lo quieren ser y a las que tal vez consideran serlo en un futuro. Pero principalmente, hablamos de las trabajadoras, es decir, hablamos de todas las mujeres argentinas. Porque todas las mujeres somos trabajadoras. Con o sin remuneración, todas ejercemos tareas adentro y afuera de nuestros hogares.

Las mujeres trabajamos todos los días de nuestras vidas. Muchas de nosotras tenemos la doble jornada, es decir que trabajamos afuera y adentro de nuestros hogares. Y otras tantas decidimos tener una triple jornada, que es la militancia política o sindical.

Como representante de las trabajadoras, este es un aspecto que no puedo dejar de nombrar porque si la mujer que decide abortar es sostén de familia, el peso de su decisión es demasiado fuerte para ella y para su entorno.

Las mujeres que abortan son trabajadoras. ¿O acaso nadie se plantea que las mujeres que abortan son las mismas que cuidan a sus hijos, los educan en las escuelas, los curan en los hospitales, deciden leyes en el Congreso, venden café en la calle, atienden en la farmacia de la esquina o son gerentas en empresas?

Les tengo una noticia: las mujeres abortan porque deciden hacerlo, porque hay un montón de cuestiones y problemas alrededor de esta determinación que las influyen. Y aunque eso no está en cuestionamiento en este debate, creo que es necesario decirlo.

Las mujeres no podemos elegir sobre nuestros cuerpos sin que haya una penalización sobre esta decisión. Esta sanción puede ser económica, legal, moral o de salud. No importa la penalidad que se nos aplique, lo que importa es que existe. Nosotras no tenemos los mismos derechos que el resto de los ciudadanos porque cuando decidimos sobre nuestros cuerpos nos sancionan, nos condenan o morimos; no importa cómo, pero nunca la vamos a sacar barata.

La muerte es la peor de las consecuencias del aborto clandestino, pero también hay otras que no son visibilizadas, como por ejemplo la pérdida de dinero que esa decisión le genera a la mujer. Si una mujer que trabaja en relación de dependencia quiere interrumpir un embarazo no deseado no solo tiene que pensar en las consecuencias físicas y legales del aborto sino también en las económicas.

No pasa simplemente por el hecho de que la mujer tiene que gastar dinero que no tiene planeado, sino que además, al ser una práctica ilegal, no puede blanquearlo en el trabajo y pierde tanto los días que se ausente como el presentismo, que en algunos casos puede llegar a representar un 20 por ciento de su salario. Todo esto sin perder de vista que inclusive pueden perder su fuente laboral por un aborto clandestino.

Hoy en día, un aborto clandestino cuesta alrededor de 30.000 pesos y la mayoría de las mujeres tienen ingresos menores a los 12.000 pesos mensuales. La alternativa no quirúrgica y más económica de aborto seguro es la pastilla de Misoprostol que cuesta alrededor de 3.000 pesos la caja, si tenés la suerte de que te lo recete un médico, porque si lo comprás de manera ilegal, se duplica o triplica el valor. O sea que un aborto casi seguro -porque este medicamento no siempre funciona en un ciento por ciento- cuesta lo mismo o más que el salario mensual de una trabajadora.

Sí, voy a hablar solamente de nosotras en este caso porque no podemos suponer a priori que haya un compañero asistiéndonos emocional o económicamente en esta dura decisión.

Lo más espantoso del aborto clandestino es que además de ser caro, es punible. No solo peligra la vida de la mujer en esta decisión sobre su cuerpo, sino que también peligra su libertad. Una falsa libertad porque no somos personas libres si no tenemos derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos.

El aborto es una decisión desesperada para las mujeres. En Argentina se estima que mueren 400 mujeres al año como consecuencia de abortos clandestinos, es decir, más de una por día.

Cuando las mujeres no pueden contar con los recursos económicos para acceder a un aborto seguro, mueren. Son mujeres que están bajo la desidia de un Estado que no quiere otorgarles la libertad de decidir sobre sus cuerpos, sus futuros y sus propias vidas. El Estado debe cuidar el bienestar de toda su ciudadanía. Si el Estado tiene la problemática de que el 17 por ciento de las mujeres que se realizan abortos clandestinos muere por año y tiene al alcance de la mano la solución a este dilema, no hay razón lógica para no tomarla.

El feminismo y la militancia sindical me dejaron grabado a flor de piel que lo personal es político. Cuando la decisión de una mujer es la misma que la de medio millón más al año, se convierte en una necesidad que el Estado debe atender. Y si esta decisión personal se lleva la vida de una por día porque no es una práctica legal, se convierte en un problema de toda la ciudadanía y el Estado es responsable.

Hoy ustedes tienen la posibilidad de sacar a todas las mujeres de la clandestinidad y hacer posible que el derecho a decidir sobre sus cuerpos no sea vulnerado. Es obligación del Congreso legislar en consecuencia de lo que necesitan las mujeres.

Como decía la compañera Eva Perón, donde existe una necesidad nace un derecho. El aborto legal, seguro y gratuito es una necesidad que debe convertirse en un derecho para las mujeres argentinas. Dentro de la militancia sindical todos y todas sabemos lo que significa precarizar, es decir, que algo es precario, inseguro o de poca calidad.

A las mujeres argentinas nos precarizan el salario, nos precarizan las fuentes de trabajo, pero sobre todo nos precarizan la vida, porque el aborto clandestino es la precarización de la vida de las mujeres argentinas. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra María Constanza Alemán, licenciada en Enfermería, docente en la Universidad del Chubut y representante de la Asociación Civil Cuenco de Luz.

SRA. ALEMÁN Muy buenos días a todos. Agradezco al diputado Jorge Taboada y a los grupos provida de Chubut la oportunidad de estar acá. Yo también vengo de lejos, soy de Puerto Madryn. Soy licenciada en Enfermería, docente de la carrera de Enfermería en las materias de Antropología del Cuidado, de Bioética, de Investigación y de Práctica Integrada. Además, formo parte de la Asociación Cuenco de Luz, cuya finalidad es cuidar a las personas en el final de la vida a través de los cuidados paliativos y mediante la filosofía Hospice.

Para los que no saben qué son los cuidados paliativos y la filosofía Hospice, les comento que surgió en la década del 60 en Inglaterra, justamente para volver a humanizar el sistema de salud que se había deshumanizado. A raíz de estas leyes que estamos discutiendo, todo el sistema de salud se fue deshumanizando y hoy Europa quiere volver a recuperar lo que llamamos la humanidad dentro de la medicina. Por eso los cuidados paliativos consideran a la persona, desde la concepción hasta su muerte natural, como una unidad biopsicosocial y espiritual, que tiene su desarrollo en el tiempo y todo lo que le sucede desde el primer minuto de vida hasta el último forma parte de su biografía única e irrepetible.

Ya se han dado en este debate fundamentos biológicos, psicológicos, metafísicos y jurídicos que afirman la realidad de la persona humana desde su concepción.

Todos estos fundamentos que se dan desde la teoría se ponen en evidencia cuando uno puede ver en vivo y en directo un embrión o un feto que es parido en un aborto, sea natural o provocado, porque el aborto no es otra cosa que el adelanto de un parto; y eso a veces tampoco se tiene en cuenta. Cuando hay un aborto, lo que se está haciendo es adelantar un parto.

No hay posibilidad de ver otra cosa que un cuerpo humano con sus brazos, piernas, cabeza y corazón. Y es tan grande la evidencia que cuando el aborto es provocado se evita por todos los medios que la mujer lo vea y se desecha lo antes posible, trabajo que normalmente hacemos los enfermeros. Y esto también atañe a todo el sistema de salud porque -alguien ya lo dijo- nosotros estamos incluidos en esto y también nos afecta porque nos toca hacer el trabajo sucio: desechar a estas personas y ponerlas en una bolsa roja.

Así, cuando se hacen los controles para verificar el embarazo o ver en qué etapa gestacional se encuentra, se apaga el sonido para que no se escuchen los latidos del corazón o se da vuelta el monitor para que la mujer no vea la imagen del ecógrafo. El Protocolo IVE, que es un protocolo que como todos sabemos en algunas provincias como la mía, Chubut, está vigente, sugiere: "En caso de realizarse la ecografía se debe preguntar a la mujer si quiere ver la imagen o escuchar los latidos. Si no lo desea, es de suma importancia tomar los recaudos necesarios para que aquello no suceda. A su vez, si es posible, facilitar distintas áreas donde se puedan evaluar separadas aquellas mujeres que buscan una interrupción de aquellas que reciben cuidados prenatales".

Ante todo esto me pregunto, ¿por qué tenemos que ocultar información si no hay nada malo en ella? Si estamos tan seguros de que lo que late no es el corazón de una persona, ¿por qué no dejamos que se escuche? Si lo que se ve en el monitor no es un ser humano, ¿por qué no dejamos que se vea? Si lo que se extirpa del cuerpo de la mujer es solo un conjunto de células, ¿por qué tenemos que desecharlo evitando por todos los medios que la mujer lo vea? ¿Qué clase de práctica médica es que no se quiere definir, y hasta por momentos pareciera que no importara, qué es lo que se está eliminado del cuerpo de la mujer?

Sabemos, sin embargo, que no es lo mismo extirpar la vesícula, el apéndice o un pulmón. Ningún trabajador de la salud debería realizar una práctica sin tener la seguridad de lo que está haciendo.

Sigo preguntándome cómo vamos a informar correctamente para que la mujer pueda decidir con autonomía, tal como lo exige el protocolo IVE en su página 26. Dice así: "Es necesario que la persona que toma la decisión cuente con la información adecuada para poder evaluar las diferentes opciones. Esta información debe estar científicamente validada..." En este debate se ha puesto en duda el conocimiento científico. Entonces, ¿qué conocimiento científico le vamos a dar?

El mismo protocolo agrega: "Se recomienda la utilización de materiales didácticos para hacer más comprensibles las explicaciones". Me pregunto qué clase o tipo de material didáctico deberíamos usar si solo el hecho de ver un muñequito con la forma del feto resulta agresivo. ¡Mucho más la forma en que se le quita la vida al mismo!

Si hoy decimos que el valor de la vida humana es relativo, ¿en qué vamos a fundamentar nuestra enseñanza? ¿Desde qué lugar le vamos a pedir a las próximas generaciones que la cuiden y la defiendan?

Nuestra Ley de Enfermería Nacional, que es la ley 24.004, establece en su artículo 10: "Son obligaciones de los profesionales o auxiliares de la enfermería: a) Respetar en todas sus acciones la dignidad de la persona humana, sin distinción de ninguna naturaleza;

"b) Respetar en las personas el derecho a la vida y a su integridad, desde la concepción hasta la muerte".

Creo que tenemos que dejar de lado las divisiones ideológicas o religiosas para poder tener un debate honesto, ya que se trata de vida, de vida humana, justamente, lo que tenemos en común todas las personas y en lo que se fundamentan los derechos humanos que están por encima de los criterios personales.

Si realmente queremos solucionar el problema de las muertes por aborto y nos interesan las vidas de todas las mujeres, tenemos que poder mirar más allá y poner todo nuestro esfuerzo en proyectos que vayan al fondo del problema.

¡Nadie quiere el aborto! Se plantea como una salida, como un mal menor, para solucionar el problema de los embarazos no deseados de cualquier índole, pero el fin no puede justificar los medios, sobre todo cuando en ese medio hay dos vidas en juego.

Busquemos soluciones superadoras que apunten a la educación y al acompañamiento de la mujer en todas sus etapas de desarrollo y en todos los niveles socioculturales, para garantizar la salud y la autonomía de las mismas sin que tengan que pasar por el flagelo del aborto.

Virginia Henderson, que fue una teórica de la enfermería, describió con elocuencia el poder interno de la enfermera como la "conciencia del inconsciente, el amor a la vida del suicida, los ojos de quien ha perdido la vista, el medio de locomoción para el infante, la voz de los débiles o incapaces de hablar".

¡Soy mujer y también soy enfermera! ¡Hoy me toca defender a las que sufren y ser la voz de los que no pueden hablar! ¡Muchas gracias y que Dios nos bendiga! (Aplausos.)

SRA. GARCÍA Mi nombre es Candela García. Soy militante feminista y lesbiana, de Nuevo Encuentro Ciudad de Buenos Aires. Desde 2013, junto con mis compañeras, sostenemos consejerías en las que compartimos información sobre cómo abortar de manera segura con pastillas.

En la última década, la Argentina se caracterizó por haber promovido leyes de avanzada, que otros países han tomado como modelo a seguir. Nuestra legislación sobre violencia contra las mujeres, fertilización asistida, parto respetado, identidad de género y matrimonio igualitario son algunos de los ejemplos que convirtieron a nuestro país en un faro para el mundo en materia de derechos civiles y humanos. Esto no fue magia sino el resultado de un gobierno que supo escuchar y traducir en derechos las luchas históricas del movimiento feminista y de la comunidad LGBTIQ.

En materia de aborto también hubo avances, pues tuvimos un Ministerio de Salud comprometido con que se garanticen los abortos ya permitidos por el Código Penal. Para esto, se elaboró la Guía técnica para la atención integral de los abortos no punibles, y se capacitó a efectores de salud en todo el país.

Además, la publicación del Manual de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto contribuyó a popularizar la información sobre el uso de Misoprostol de manera revolucionaria, lo cual desplazó las prácticas de aborto inseguras. También se incorporó a las pastillas de Misoprostol a la lista de Precios Cuidados, para garantizar un precio accesible en las farmacias.

Estas políticas, que ampliaban derechos, fueron desmanteladas por el actual gobierno. El ajuste también impacta en el acceso al aborto seguro. Esto podemos verlo en el aumento de un 450 por ciento del precio de las pastillas de Misoprostol en los últimos dos años. No podemos permitir que continúen estos retrocesos.

El aborto es una práctica cotidiana en la vida de las mujeres, lesbianas y varones trans. Se estima que en la Argentina hay 500.000 abortos por año. En esta práctica el Misoprostol tiene un rol central.

Los abortos permitidos por el Código Penal ya se realizan con pastillas en el sistema de salud. Hace décadas que la OMS recomienda el uso de Misoprostol como la forma más segura de abortar. Además, es una práctica que resulta infinitamente menos invasiva que cualquier intervención quirúrgica. Una de las ventajas principales del aborto con pastillas es que permite su práctica ambulatoria durante el primer trimestre.

Es decir que usar el Misoprostol en casa es lo recomendado por diferentes organismos internacionales de salud. No es necesario abortar en un hospital. Sabemos muy bien de las violencias y hostilidades que el sistema de salud ejerce a través del racismo, la xenofobia y la discriminación por orientación sexual, de género y clase. Los malos tratos, el abuso de la medicalización y la falta de respeto a nuestras decisiones son moneda corriente para nosotras en el sistema de salud.

Por eso, es fundamental que el acceso al aborto se garantice sin someternos a la violencia de la corporación médica. Abortar en casa nos propone una escena que rompe con el histórico relato disciplinador. No abortamos en la oscuridad de una clínica clandestina que nos genera un trauma de por vida. Abortamos en nuestras casas, mientras seguimos con nuestras vidas cotidianas, rodeadas de las personas que elegimos.

¡Abortamos porque queremos elegir nuestro futuro y qué hacer con nuestros cuerpos! ¡Abortamos porque queremos! Debemos tener una mirada crítica sobre la obligatoriedad de hospitalizar el aborto ya que puede generar obstáculos en el acceso a este derecho. Conocemos la gran demanda de atención que recae sobre los hospitales de nuestro país, así como las grandes distancias que algunas tienen que recorrer para acceder a un hospital.

Por eso, el acceso al aborto debe ser garantizado en los centros de atención primaria de la salud. Hay que capacitar y sensibilizar a los profesionales de nivel básico para que brinden información correcta, actualizada y completa. En este sentido, las organizaciones sociales deben ser contempladas como un actor clave en la difusión de la información sobre el aborto seguro.

La experiencia de legalización del aborto en otros países demuestra que las leyes pueden generar restricciones en lugar de garantías.

Algunos obstáculos en el acceso al aborto legal son: la falta de capacitación en cuestiones de género y derechos humanos en los efectores de salud, los requerimientos innecesarios que retrasan el acceso al aborto, o las médicas y médicos objetores de conciencia, que niegan la atención.

La ley uruguaya es el ejemplo de legalización más cercano a nuestro país. Si analizamos la implementación de la ley en estos últimos cinco años sabemos que permitir la objeción de conciencia es uno de los mayores obstáculos en el acceso al aborto.

En ocasiones, las personas que quieren abortar tienen que trasladarse hasta 400 kilómetros para llegar a un hospital donde haya médicos dispuestos a brindar atención. La cantidad de profesionales que se oponen a realizar la práctica genera que en algunas regiones de Uruguay ni siquiera se haya difundido la existencia de la ley. El acceso al aborto no puede estar condicionado a la voluntad de médicos y médicas.

Debemos seguir el ejemplo de la ley de matrimonio igualitario en nuestro país, que no permite la objeción de conciencia por parte de los funcionarios en los registros civiles. Ellos tienen la obligación de cumplir con su función pública, más allá de sus creencias personales. La misma lógica debe aplicarse a la ley de aborto legal.

Otro obstáculo que encontramos en la experiencia uruguaya es la exigencia de una entrevista con tres profesionales y la obligación de reflexionar durante cinco días antes de obtener las pastillas. Esto no solo burocratiza y dilata de manera innecesaria el acceso a un derecho sino que además desconoce la capacidad de agencia y autodeterminación de quien quiere abortar. Se ignora que antes de acudir al servicio de salud, la persona ya está decidida.

Es imperioso que se sancione una ley que no permita al personal de salud persuadir, condicionar o cuestionar las decisiones tomadas por las personas gestantes. Esta práctica va en contra del principio de autonomía que rige nuestro Protocolo de Aborto no Punible y le otorga al Estado el poder de tutelar nuestra autonomía y condicionar la soberanía sobre nuestros cuerpos.

Exigimos que la legalización materialice en un derecho lo que ya ocurre de manera cotidiana; exigimos que se garantice el acceso al aborto; exigimos aborto legal con Misoprostol, gratis en el servicio de salud y a precios populares en las farmacias; exigimos poder abortar en nuestras casas; exigimos información que nos empodere para tomar decisiones de acuerdo con nuestros deseos; exigimos una ley que termine con el estigma y permita visibilizar que el aborto es parte de nuestra vida cotidiana. ¡Nosotras abortamos con orgullo y al closet no volvemos nunca más! (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Wilma Rommel, pastora de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, miembro de la Federación Evangélica en la Argentina.

SRA. ROMMEL Buenos días. Estoy aquí en nombre de las iglesias de la Federación Evangélica en Argentina. Es una asociación de ocho o nueve iglesias; entre ellas, las seis iglesias que proceden de la reforma protestante del siglo XVI.

Quiero compartir un versículo del Evangelio de San Juan, donde Jesús dice: "Yo he venido para traer vida, y vida en abundancia". Esto lo repite Jesús una y otra vez a lo largo de su ministerio. Pero, ¿qué es vida en abundancia? O traducido en un concepto más secular: vida en libertad; libertad en tanto y cuanto exista dignidad -y dignidad significa calidad de vida- y respeto por las y los prójimos que nos rodean.

El concepto de vida en abundancia o calidad de vida, en lo referido a las condiciones culturales y materiales de la existencia, es tener lo necesario. Tener acceso a alimentación saludable, educación, acceso al cuidado de la salud, trabajo digno, remuneración adecuada para acceder a la seguridad social. Hasta aquí es todo lo que debería ser.

No quisiera tanto debatir en el primer momento sobre el aborto sí o aborto no, sino sobre lo que desde la perspectiva luterana y de nuestras iglesias, fundamentada en la lectura de los Evangelios y del Apóstol Pablo llamamos la teología de los dos reinos. El reino terrenal -la ley para una saludable convivencia entre las personas, que llamamos "democracia"- y el reino de los cielos -Evangelio-, es decir, mi relación con Dios, que finalmente se traduce en la vida cotidiana, en mi encuentro con las y los demás.

¿Dónde actúa Dios frente a esta situación? Dios actúa tanto en el ámbito del Evangelio, perdonando pecados, ofreciendo la vida eterna y haciendo de los creyentes nuevas criaturas todos los días. Sería como decir que Dios tiene dos manos y usa una para protegernos de nuestra propia maldad e interés egoísta viendo que haya leyes que nos protejan y sistemas que aseguren su cumplimiento, y usa la otra mano para salvarnos haciéndonos nuevas personas, salvas, santas o como queramos llamarlas.

Hasta el pleno establecimiento del reino o hasta nuestra muerte seguiremos siendo ambas cosas a la vez, justos, justas y pecadores, y por lo tanto, necesitamos de ambos ámbitos, de las dos esferas: el reino de los cielos y el de -si me permiten- las leyes, esas leyes que nos protejen y que nos ayudan a ser personas dignas.

Desde este punto de vista un cristiano/a no debe oponerse al buen ejercicio de la ley a favor de toda la ciudadanía solamente por no estar de acuerdo con la libertad que ofrece una determinada ley. A lo que una ley debe apuntar es al cuidado e integridad de la personas.

Aborto sí o aborto no, no es el punto en este momento, sino sobre la seguridad en la que se llevan a cabo los abortos.

Las iglesias usan el lenguaje de pecado para referirse a muchas prácticas menos ideales que podrían ser incluidas bajo el paraguas, entre comillas, de lo que Dios quiere o no. El problema está en que una comparación de lo que sería o no pecado a lo largo de los veintiún siglos del cristianismo muestra que el concepto de pecado no está fijado por Dios en tablas de piedra, sino que fue cambiando a lo largo de los siglos. ¿O no fue aceptada la esclavitud durante tantos siglos de nuestra existencia humana?

Argumentar desde la Biblia para mover a ustedes, personas elegidas para legislar para todo un país -y no para una iglesia-, a votar a favor o en contra de la interrupción voluntaria de un embarazo es, por lo tanto, muy relativo.

No se puede hacer una traducción inmediata de textos producidos por grupos judíos de hace 2.000 a 3.000 años para nosotros hoy, sin considerar la enorme distancia hermenéutica que nos separa.

La experiencia y la preocupación del Israel bíblico era la escasez de personas y por eso prácticamente todos los textos que podríamos traer enfatizan la posibilidad de la maternidad y en especial de tener un hijo varón para heredar o como fuente de trabajo. No habla de la legalización del aborto, un tema que no estaba en el orden de esa agenda de aquel entonces.

Por otro lado, a los autores bíblicos no se les ocurrió preguntarles a las mujeres si querían tener los hijos que tuvieran, si consideraron la posibilidad de abortar o si alguna lo llevó a la práctica; ese no era un tema que estaba en juego. Que la gente religiosa conservadora no se pregunte estas cuestiones no quiere decir que no sucedieran, sino simplemente que no quedaron registradas.

A la luz de estas consideraciones, no les llamará la atención que haya personas religiosas, aun clérigos y clérigas de diversas denominaciones, que tengamos distintas opiniones sobre la legalización o no del aborto. No hay una posición cristiana en contra mientras se demoniza toda posición a favor de la despenalización.

Hay gente creyente en contra y hay gente creyente a favor. Por eso estoy aquí, para que quede claro que también hay personas de mucha fe y mucho compromiso cristiano que estamos a favor de la despenalización del aborto. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra María José Lubertino, fundadora de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito; profesora de Principios de Derechos Humanos y Derecho Constitucional de la UBA; integrante de la Red de Defensoras del Ambiente y el Buen Vivir; doctoranda en Derecho Constitucional; diputada nacional, mandato cumplido; y abogada feminista.

SRA. LUBERTINO Muchísimas gracias, señor presidente. La única corrección que quiero hacer es que soy doctoranda y no doctorada, para que después no digan que hice usurpación de títulos que no corresponden.

Si bien la pastora habló a favor de la despenalización del aborto, debo aclarar que yo también voy a hablar en ese sentido, a pesar de la intercalación ya que soy parte de este colectivo a favor de los derechos de las mujeres.

Estamos aquí para dialogar sobre las razones y las mejores soluciones a un problema que nos afecta a todos y a todas, no solo a las mujeres, pero que se cobra la vida de las mujeres. Yo creo que el debate central en esta reunión tiene que ver con si deconstruimos, derribamos, la última norma discriminatoria contra las mujeres que queda en nuestra legislación nacional.

Déjenme decirles que traigo el saludo y el apoyo de la Red de Feministas Políticas Latinoamericanas y del Caribe, muchas compañeras diputadas nacionales y senadoras de distintas partes de América Latina, que nos están viendo en este momento a través de streaming, y que las invitan también a ser parte de esa red.

También quiero decir que hay una Red de Cofeministas Latinoamericana, que no solamente defiende los derechos de las mujeres sino la vida en términos muchos más amplios que la de las personas humanas, porque también defendemos a las personas no humanas, defendemos los derechos de la naturaleza, defendemos los derechos de los ríos, de los ecosistemas y también estamos a favor de la legalización del aborto. Hemos expresado ese apoyo a través de varias declaraciones en distintos países.

El debate central es sobre la discriminación a las mujeres. Cabe mencionar que fui presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, desde 2006 a 2010, no fui interventora sino presidenta, por mandato de esta Casa. Es decir que fui propuesta por el Congreso de la Nación por consenso.

En ese contexto, tuvimos intervención en múltiples casos donde incluso la Argentina fue condenada por incumplimiento de las normativas y de los marcos internacionales en materia de derechos humanos, por causa de no practicar los abortos no punibles que están en nuestro actual Código Penal.

Por esos motivos, en 2007, desde el INADI, formulamos una recomendación general a los distintos gobiernos provinciales y al gobierno nacional, haciéndonos cargo de lo que señalaban los organismos internacionales de derechos humanos, recomendándole a la Argentina la modificación de las normas vigentes.

Durante estos días, a lo largo de las manifestaciones de estos trescientos expositores quedó claro que los organismos internacionales de derechos humanos y los tratados, tal como son interpretados por esos organismos, no prohíben, no vedan, no vetan, la posibilidad de la legalización del aborto.

Voy a dejar, a las presidencias de las distintas comisiones, el listado de recomendaciones y observaciones realizadas por los distintos comités de derechos humanos, CEDAW, de los derechos del niño, del Comité de Tortura, el Comité de Derechos de las Personas con Discapacidad.

Aquí están las distintas recomendaciones y observaciones a la Argentina -desde 1992 hasta la última que tengo registrada, que es de 2016- donde solicitan que se modifique la legislación y no solamente que se practique en los casos de aborto no punible. Es decir que expresamente le indican remover los obstáculos y modificar la legislación en casos aún no contemplados por la legislación vigente. Aquí están todos los textos, no los voy a aburrir con todo esto pero quiero dejar constancia.

Por otro lado les quiero contar que fui contraparte en una investigación muy importante, que queda plasmada en el libro que les estoy mostrando. En este sentido, con el Center for Reproductive Law and Policy y con el Center for Women's Global Leadership, de la Universidad de New Jersey, realizamos -desde la década del 90, durante diez años- un relevamiento de todas las leyes y jurisprudencia de América Latina en relación con las situaciones y prácticas violatorias a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

La conclusión de todos estos estudios e investigaciones fueron indicaciones concretas, país por país, de los motivos por los cuales era necesario modificar estas leyes y estas prácticas.

A lo largo de todos mis años de experiencia hemos pasado por distintos momentos y etapas históricas. Tuve el orgullo de estar en esta Casa como una empleada, como asesora, en la época en la que todavía no había cupo y había muy pocas mujeres. Recuerdo a la doctora Florentina Gómez Miranda, a quien no puedo dejar de mencionar en el debate de hoy. Cuando salíamos a la calle, por la Avenida Entre Ríos, le gritaban "asesina" y "abortera", por haber dicho que había que practicar los abortos. Si hoy Florentina estuviera aquí seguramente estaría hablando y acompañando a las mujeres más jóvenes de todas estas fuerzas políticas, de manera transversal, diciéndonos que hay que dar el siguiente paso.

Nosotras estuvimos acá, en muchas luchas con las que se fueron modificando muchísimas leyes, desde la equiparación de los hijos matrimoniales y extramatrimoniales, desde debates relacionados con el matrimonio igualitario, hasta la ley de identidad de género. Siempre nos dijeron con argumentos fundamentalistas que las cosas no podían cambiar; sin embargo, han cambiado y las hemos ido modificando las mujeres.

Represento a un colectivo de cofeministas al que no solo le preocupa la vida de las personas, una vida más humana, sino que además defiende los derechos de la naturaleza, los derechos de la persona no humana. Hemos luchado por los galgos y hasta hemos abrazado árboles para que no se destruyan bosques -el señor diputado Lipovetzky conoce nuestras luchas- y no vemos contradicción.

Se trata de temas que nos preocupan y quisiéramos ver a todo este despliegue de fuerzas en defensa de la vida discutiendo aquí, en conjunto, contra las fumigaciones y los agrotóxicos, que están haciendo estragos.

Muchísimos casos de embarazos deseados están acabando mal. Incluso hay investigaciones en la Universidad de Rosario sobre los pueblos fumigados, otras sobre casos de minería con cianuro y sobre la contaminación del agua. Efectivamente, esos casos están terminando en situaciones de pérdidas de vidas, muchas de ellas deseadas, y de personas con autonomía probada; sin embargo, no tenemos un debate similar a este.

Creo que el punto nodal es que con estos trescientos expositores quedó claro que la ineficacia del sistema penal es total, que falta educación sexual para decidir, que todavía no se cumple con las leyes vigentes, que hay un retroceso en el presupuesto de la educación sexual en todo el país e incluso en el otorgamiento de anticonceptivos en los servicios de salud de la propia Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde uno acude a una comuna y no hay preservativos.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Su tiempo.



SRA. LUBERTINO Esta lucha por el aborto legal radica solamente en el punto de reconocer la autonomía de las mujeres y en avanzar en derechos.

Estoy absolutamente convencida de que vamos a tener una buena ley, producto de muchas de las diputadas jóvenes -y no tan jóvenes- aquí presentes, que están transformando lo que fue un lugar oscurantista y medieval en algo que tenga que ver con la vida, para que ella vuelva a entrar al Congreso de la Nación.

Tenía una imagen para proyectar...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Ya se cumplió tu tiempo.

SRA. LUBERTINO Espero que, en el mapa de todo el mundo, en el que la mayor parte de los países está pintado de color verde, la próxima vez que lo expongamos en algún lugar la Argentina también tenga ese color. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Valeria Zimmerman, doctora en Veterinaria por la UBA, quien actualmente reside en Estados Unidos.

Quisiera aclarar que cualquier tipo de material que quieran dejar a los señores diputados deben entregarlo en la Presidencia, donde quedará a disposición del legislador que quiera obtenerlo. No se puede hacer entrega de ningún tipo de material directamente a los señores diputados.

SRA. ZIMMERMAN Como médica veterinaria, desde chica tuve pasión por los animales, la naturaleza y la vida. Cuando veía caminando por la calle a una mujer con un cochecito y otra con un perro, yo miraba al perro. No me podía imaginar cómo iba a hacer para amar a mis hijos más de lo que amaba a los animales; me parecía imposible.

Sin embargo, cuando nació mi primer hijo me enamoré a primera vista; quedé pasmada ante tanta maravilla. Cuando nació mi primer hijo fue amor a primera vista, inmediatamente me enamoré de esa bellísima personita tan delicada, tan completa, tan perfecta, tan inocente y tan pura. El amor que sentí me hizo desear ser la mejor mamá del mundo. ¿Qué tengo que hacer yo para jamás causarle daño a este hijo mío? ¿Qué debo hacer para protegerlo de todos los males y acechanzas del mundo?

Pronto, como veterinaria, observé que en la naturaleza la gallina cuida de sus huevos, la vaca está con su ternero, la leona defiende a diente partido a sus cachorros. Pero el único animal que abandona a sus crías es el ser humano; el único animal que le puede hacer daño a sus crías es el ser humano. Eso siempre me llamó la atención.

Tuve un embarazo de riesgo debido a una trombofilia no diagnosticada, en los Estados Unidos. Allí el aborto es legal. Cuando empecé con complicaciones, el obstetra que me atendía me sugirió terminar con ese embarazo y buscar uno nuevo. Ese consejo nefasto hizo que cayera en mí toda la confianza en el personal médico. Fue horrible.

¿Cómo pensar y confiar que este doctor estaba haciendo lo humanamente imposible para salvar a las dos vidas? Pasé una soledad y una angustia muy grande esos seis meses que hice reposo. Gracias a Dios, hoy mi hija Belén, de 9 años, está conmigo.

En el año 2012 quedé embarazada nuevamente. Esta vez, estando de visita en la Argentina. Grandísima fue la alegría cuando descubrimos que no había un corazón, sino dos: eran mellizas. ¡Qué felicidad! ¡Qué alegría! Pero el embarazo se volvió a complicar. Gracias a Dios, estaba en manos de un grandísimo y excelente médico obstetra argentino. Él me decía: "Haremos lo imposible para salvar no las dos vidas, sino las tres". Sentí una enorme tranquilidad al saber que yo estaba en manos de alguien que ama la vida, y si bien fue muy diferente para mí atravesar esos momentos tan duros, pude hacerlo con mucha paz gracias a su acompañamiento.

Finalmente, pasé por la tristísima experiencia de dar a luz a mis mellizas a las 19 y 20 semanas. Eran del tamaño de la palma de mi mano. Estaban perfectas, bellísimas, con sus manitos, sus uñitas, su boquita, su cabecita, su lengüita. Todo se veía. Con mi marido las abrazamos, les cantamos, las besamos, las bautizamos y luego, con el acompañamiento de este médico, las enterramos. Plantamos un rosal para cada una de ellas, en su honor, y celebramos su corta vida. Ellas vivieron muy poquito.

Hoy por hoy, cada vez que alguno de esos rosales florece, recordamos a nuestras queridas hijas Inesita y Clarita. ¡Qué bueno es haber pasado esta experiencia en la Argentina, en esta tierra donde el niño por nacer es protegido! ¡Qué buena es esta tierra para nacer!

Las mujeres que abortan no pueden hacer su duelo; no saben el sexo de su bebé, pero hubieran querido saberlo. No tienen una fecha de cumpleaños, no han dado la vida por salvar a su hijo, ni tampoco pudieron enterrarlo. No saben qué pasó con él ni dónde está su cuerpecito, si en un tacho de basura o en un laboratorio que lucra con su cuerpito despedazado. Su bebé no tiene nombre, no lo pueden nombrar. Es un desaparecido.

Pero el cuerpo de la mujer lo sabe, ya que luego de una pérdida voluntaria o involuntaria de un embarazo, clama por su bebé: los pechos se llenan de leche aunque le hayan dado la inyección para inhibir su producción. Mientras los pechos gotean, también gotean de los ojos sus lágrimas amargas.

El cuerpo tiene memoria física, porque luego de esa pérdida la mujer continúa manchando, lo que nos recuerda que en nuestro vientre antes había alguien. Las hormonas bajan, y una siente un dolor y una soledad que nadie puede comprender. Es la angustia de estar literalmente vacío.

Si uno quiere acompañar a una mujer dándole el verdadero apoyo, el que realmente necesita, ella seguramente elegiría seguir con la vida de su bebé.

Quien ama verdaderamente y busca el bien de la mujer, ¿puede desearle que pase por lo que yo pasé? ¿Qué es amar a la mujer vulnerable?

Voy a decirles dos cosas: el amor verdadero busca el bien del otro, y el amor verdadero da vida. Si queremos y amamos a nuestras mujeres, debemos ayudarlas y escuchar con mente abierta a quienes ya han pasado por esta experiencia dolorosa.

En los Estados Unidos, que es el país donde resido, el Estado trabaja muy bien con este acompañamiento, de dos maneras muy concretas: primero, se asocia muy bien con las instituciones intermedias y con las instituciones sin fines de lucro. Las considera socias y les da fondos estatales porque saben que estas instituciones pueden dar mejor calidad de atención que el Estado mismo.

En segundo lugar, las leyes de adopción tienen múltiples modelos y son mucho más flexibles. El tiempo promedio para adoptar ante un juez es de dos meses y medio. Tengo varias amigas que han adoptado hijos intraútero y pudieron participar del parto de sus bebés y se los pusieron a la mamá adoptiva directamente en su pecho, piel con piel.

Para terminar, yo pregunto, señores diputados, ¿qué los motiva a debatir esto? ¿Qué los motiva a votar? Una sociedad será justa solamente cuando busque todo aquello que es bueno, verdadero y bello. Yo pregunto, ¿qué hay de bello en el aborto? ¿Qué hay de bonito en el aborto, qué hay de lindo en el aborto? ¿Qué belleza aporta a la sociedad? Y entonces, cómo no reconocer la bondad de defender al vulnerable, la verdad de la evidencia científica y la realidad y la belleza en la ternura de un niño y su madre. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Laura Arregui, presidenta del Centro de Estudiantes del Instituto Libre de Segunda Enseñanza.

SRA. ARREGUI Buenos días a todos y todas: como presidenta del Centro de Estudiantes del Instituto Libre de Segunda Enseñanza, como estudiante involucrada en la Coordinadora de Estudiantes de Base y como militante estudiantil, vengo en pos de representar las voces de compañeros y compañeras que circulan en los secundarios.

Así, comenzaré hablando sobre la necesidad de comprender que el debate por el aborto seguro, legal y gratuito es de índole sociocultural, económica, jurídica y, por consecuencia, ideológica.

Me parece sumamente importante remarcar que los estudiantes hace tiempo venimos reclamando por la real implementación de la ley de educación sexual integral. Traer a colación este reclamo es deliberado, ya que si debatimos acerca del porqué de la necesidad de la legalización del aborto, es complementario hablar acerca de educación sexual.

En vista de una realidad en donde la juventud, esta generación -que, se quiera o no, va a ser el futuro del país-, debe buscar por sus propios medios, si es que puede, la información precisa acerca de cómo mantener relaciones sexuales sanas, debemos preguntarnos, ¿cómo se pretende decidir sobre cuerpos ajenos si ni siquiera se brinda la información necesaria sobre prevención y cuidados?

Múltiples argumentos similares a "usen preservativos si no quieren quedar embarazadas" son el claro ejemplo de la falta de educación sexual. Entonces, a falta de educación sexual integral, ¿realmente se espera que todos los estudiantes sepan cómo prevenir embarazos o conocer las consecuencias de las enfermedades de trasmisión sexual?

La información que muchos podemos tener depende de las condiciones en las que vivimos; condiciones a las que no todos pueden acceder y, por consiguiente, el debate debe ser comprendido como una interpretación histórica de la cual su composición clasista forma parte y de ahí su índole ideológica.

Otro argumento, pivote "Pro-Vida" y mereciendo su debate en esta instancia, es sostener: "Si no quieren tener un hijo, pero quedaron embarazadas, pueden darlo en adopción". Tal opinión no puede ser compartida en cuanto a la obligación implícita sobre el deber de continuar un embarazo. ¿No le están privando al sujeto gestante el poder y el derecho de decidir sobre su cuerpo?

Diputados, diputadas: a la hora de decidir, ¿van a hacer la vista gorda sobre las tantas imposibilidades que se presentan en distintas realidades, donde llevar adelante un embarazo es sumamente difícil? Reitero, corresponde al debate darle una perspectiva de clase y es innegable que las menos pudientes tienen sobre sus espaldas el peso de la decisión que se tome aquí.

No debemos dejar de ver y analizar aquellas realidades que nos son ajenas por el solo hecho de no vivirlas. Sabemos que hay mujeres y adolescentes que acaban muriendo, dadas las condiciones de higiene a las que se someten por recurrir a una intervención del embarazo en un lugar clandestino.

Sabemos que ningún método anticonceptivo es eficaz al ciento por ciento. Sabemos que la ley de educación sexual integral no está aplicada. Sabemos que los abortos se producen en clínicas privadas o en clandestinidad. Estamos hablando de salud pública, cuestión política -sin duda alguna- y, por lo tanto, se vuelve indispensable hablar de las condiciones que atraviesan a cada clase social en cuanto a recursos, accesibilidad, información y formación.

Asimismo, supongamos un caso hipotético en donde todos sepan de la existencia de preservativos. ¿Es de esa forma que creen que los embarazos no deseados van a dejar de ocurrir y, en consecuencia, los abortos? La realidad es que los embarazos no deseados no tienen una única causa; éstas son varias y no son para nada ajenas a la juventud: anticonceptivos que, como se dijo, pueden fallar o bien un caso de violación en donde desde niñas hasta adultas quedan embarazadas.

Sin embargo, no vivimos en un mundo perfecto, sino en una realidad donde cada relación sexual lleva la posibilidad de quedar embarazada.

Es indispensable que el Estado responda con la real aplicación de la ley de educación sexual integral, porque se reducirían las posibilidades de un embarazo no deseado, y esto es a partir de la información y con la ley de interrupción voluntaria del embarazo, porque ninguna es ajena a la posibilidad de quedar embarazada, pero muchas son externas a la posibilidad de interrumpirlo en forma segura.

Sin cambiar el eje, una y otra vez la cuestión de clase es transversal al debate. En otras palabras, interpreta este movimiento social con perspectiva de género y de reivindicación de la mujer, como uno de los pilares del movimiento nacional, que constituye un proyecto de país que se fundamenta en la lucha por la legalización del aborto -siendo éste seguro y gratuito- y la aplicación de la ley de educación sexual integral.

Finalmente, hago un último enfoque relacionado especialmente al sector estudiantil. Éste se basa en la necesidad urgente de un protocolo de prevención ante casos de violencia de género en las instituciones, porque con la prevención también se educa, se sigue formando y se les permite a los estudiantes tener un abordaje de contención dentro del marco institucional.

Entonces, solicitamos protocolos para prevenir abordar y contener; educación sexual para decidir; anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para no morir.

Diputados y diputadas, hace ya días vienen escuchando exposiciones sobre esta decisión que puede cambiar el rumbo del país y que, sin duda, interviene en el desarrollo del mismo. Es necesario comprender que toda cuestión de salud pública es una proyección política acerca del modelo de país que se pretende.

Hago un llamado a la conciencia social y nacional de todos para que a la hora de decidir sobre la salud pública de la Argentina lo hagan en reparo de lo que la legalización acarrea.

De igual manera, espero que no se hagan oídos sordos a lo que el sector estudiantil pide, porque somos un pilar fuerte e importante dentro de la sociedad. Si esperan un futuro comprometido con la causa nacional, entonces nuestra formación y educación deben ser completas y de calidad. Los estudiantes tenemos una perspectiva basada en una nueva interpretación histórica, social, cultural y política; no dejen de escucharla porque son nuestras voces las que van a orientar el futuro del país.

Por un proyecto de país con una real aplicación de políticas públicas, pedimos por el aborto legal, seguro y gratuito. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Eduardo Sambrizzi, doctor en Derecho, miembro de número de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires y miembro de la Academia del Plata.

SR. SAMBRIZZI Seguidamente expondré algunas ideas sobre la persona humana, el derecho a la vida y el aborto.

En primer lugar, cabe recordar que de acuerdo al artículo 19 del Código Civil y Comercial, la existencia de la persona humana comienza con la concepción, en la que se crea un nuevo ser. Eso mismo acaba de afirmar la Academia Nacional de Medicina en su reciente declaración del 22 de marzo último, reiterando de tal manera declaraciones anteriores.

Es precisamente desde ese momento, desde de la concepción, que la vida humana merece protección jurídica, no produciéndose en el embrión -de allí en adelante- ningún cambio ontológico. Cada etapa del desarrollo del embrión exige la anterior, ya que se trata de la misma realidad, del mismo ser, que no llegará nunca a ser humano si no lo es ya entonces.

También para la Constitución Nacional la vida humana comienza con la concepción. En efecto, en el artículo 75, inciso 22, de la Constitución se incorporaron a la misma distintas convenciones internacionales, entre otras la Convención sobre los Derechos del Niño, que nuestro país aprobó mediante la ley 23.849, a la que formuló una reserva en el sentido de que "debe interpretarse que se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad".

En el artículo 6° de dicha convención se establece que "los Estados partes reconocen que todo niño tiene derecho intrínseco a la vida" y que "los Estados partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño".

Resulta claro, por tanto, que no se puede sostener que todo niño tiene derecho a la vida y la vez afirmar que algunos no tienen ese derecho.

Además, en el artículo 75, inciso 23, de la Constitución se establece la protección del niño desde el embarazo, de lo que resulta el reconocimiento del derecho a la vida desde antes del nacimiento.

Por todo lo cual la Corte Suprema de Justicia de la Nación sostuvo, en el caso "Portal de Belén", que: "El derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana, preexistente a toda legislación positiva y que resulta garantizado por la Constitución Nacional, derecho presente desde el momento de la concepción, reafirmado con la incorporación de tratados internacionales con jerarquía constitucional". Eso mismo dijo la Corte en un fallo posterior, en el conocido caso "Sánchez".

Ahora bien, si para nuestro país se es niño desde la concepción, y si como resulta de la Convención sobre los Derechos del Niño, los Estados parte -entre ellos la Argentina- reconocen que todo niño tiene derecho a la vida, debiendo garantizar ese derecho, la Argentina no puede dictar una ley que permita el aborto.

La persona humana tiene una dignidad intrínseca, objetiva, poseída por todos, que es inherente a su carácter de persona, lo que le confiere una serie de derechos fundamentales, de carácter inviolable y que no pueden ser impunemente conculcados; entre otros, a que se respete su vida desde el comienzo de su existencia. Y ese derecho es patrimonio de todo hombre por el solo hecho de serlo, por lo que no puede encontrarse a disposición de la voluntad -mayoritaria o no- de las demás personas.

Las personas no tienen distintos grados de dignidad, debiendo recordar que el artículo 51 Código Civil y Comercial dispone: "La persona humana es inviolable y en cualquier circunstancia tiene derecho al reconocimiento y respeto de su dignidad". El abandono del principio de la indisponibilidad de la vida humana podría llevar, más tarde o más temprano, al principio opuesto de la disponibilidad absoluta de la misma.

Cuando la libertad suprime la vida, es una libertad que se suprime a sí misma. El aborto no puede nunca celebrar la libertad porque su fin es suprimir la vida. En el aborto se suprime la libertad del niño que va a nacer.

Es usual escuchar, como uno de los argumentos a favor del aborto, que la mujer tiene derecho a disponer de su cuerpo, como si la persona por nacer -en cualquier estadio de desarrollo en el que se halle- fuera una parte de la madre, lo que no es así: el ser que está en el vientre de la mujer no es parte de su cuerpo, sino un cuerpo distinto, que tiene una identidad genética propia y que inclusive puede tener una sangre incompatible con la de su madre. Como dice Julián Marías, la persona por nacer no es parte del cuerpo de la mujer sino que se encuentra alojada en el mismo.

Además, la mujer no es la única protagonista en el tema del aborto, puesto que también existen al menos otros dos: el padre, cuyo derecho a proteger su paternidad y la existencia de su hijo no puede ser desconocido; y el niño bajo el plan de exterminación, que se encuentra indefenso, sin voz y a merced del arbitrio de su madre.

Lo cierto es que resulta una sorprendente contradicción el hecho de que, no obstante reconocerse los derechos humanos como inherentes a toda persona y previos a toda constitución y legislación, y justo en una época en la que se afirma públicamente el valor de la vida, el derecho a la vida misma queda prácticamente negado y conculcado, en particular, en uno de los momentos más emblemáticos de la existencia, como es en la primera etapa de su desarrollo.

Nunca -escuchen bien- en la historia mundial se cometieron tantos atentados contra la persona concebida en el seno materno como los perpetrados en el curso de las últimas décadas, siendo realmente aterradora la cantidad de víctimas de este nuevo holocausto.

No desconozco -sino por el contrario- las difíciles situaciones en las que pueden encontrarse muchas mujeres con motivo de su embarazo, con respecto a lo cual debe actuar el Estado. Creo que deben prevenirse los embarazos no deseados y que se debe respetar, ayudar y atender a las madres que no quieren o no pueden criar a sus hijos. Pero ello -que es ciertamente relevante- se halla muy alejado de aprobar una legislación que permita matar al ser humano cuando se encuentra en el vientre de su madre. Por más que exista un conflicto entre ambos, deben prevalecer los derechos del niño como expresamente establece la Convención sobre los Derechos del Niño, debiendo en todo caso facilitarse su adopción por terceras personas.

El Estado nunca debe involucrarse en la eliminación de seres humanos inocentes, ya que su verdadera obligación es garantizar su interés superior y su supervivencia.

Los legisladores deben tener muy presente que las normas que se sancionen a nivel nacional o provincial que autoricen la muerte provocada de modo directo de una persona inocente carecen de validez constitucional -y así lo será mientras no sea reformada la Constitución Nacional-, resultando irrelevante que los afectados tengan unas horas, una semana o tres meses de gestación, pues todas las personas tienen el mismo derecho a la vida desde su concepción.

La aprobación del aborto implica el desconocimiento de la dignidad que tiene toda persona humana, no pudiendo haber verdadera democracia si no se reconoce la dignidad de cada persona y no se respetan sus derechos. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la licenciada Marisa Matía, ex coordinadora del Programa de Salud Sexual y Reproductiva de la Provincia de Buenos Aires, diplomada en salud, derechos sexuales y reproductivos, docente e investigadora de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, miembro de la IDEP Salud.

SRA. MATÍA Agradezco la oportunidad de participar en este debate y de poder aportar mi experiencia de trabajo en relación con el aborto.

A partir de 2006 conocí la realidad de las mujeres que abortan en nuestro país desde el trabajo realizado en el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. El aborto es una realidad que expresa las profundas desigualdades en materia de salud entre las provincias y hacia el interior del país.

Comprendí que el aborto es un problema de salud pública, de justicia social y de derechos humanos, que representa desde hace décadas la primera y segunda causa de muerte materna, y que estas muertes son evitables. Son las mujeres pobres las que mueren por abortos clandestinos.

Comprendí también que el Estado es el responsable de garantizar el acceso al aborto seguro y de reducir estas desigualdades; que los profesionales de la salud que allí se desempeñan son funcionarios públicos que deben respetar el derecho y garantizar la salud integral, acompañando las decisiones adoptadas por las mujeres.

Por el contrario, la evidencia muestra un sistema de salud inequitativo e injusto. Muchas de estas mujeres ya habían pasado por el sistema de salud, y aun así no se les brindaron respuestas oportunas a sus necesidades, siendo expulsadas y expuestas a la clandestinidad del aborto. En algunos servicios se les practicaban legrados sin anestesia como acción punitiva frente al aborto, sometiendo a las mujeres a tratos crueles e inhumanos.

La objeción de conciencia es utilizada de manera excesiva y es propiciada en muchas ocasiones por la misma corporación médica. La objeción de conciencia no exime a los profesionales de la salud de su responsabilidad de derivar oportunamente y garantizar el acceso a la práctica.

También quiero aportar la evidencia científica que he generado desde el Programa de Salud Sexual y Reproductiva de la provincia de Buenos Aires, donde me desempeñé como coordinadora entre los años 2011 y 2015.

La evidencia aquí presentada fue publicada en 2016 por un suplemento especial de la FIGO, la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, editado por el doctor Aníbal Faúndes, y aquí me referiré a los resultados del Programa de Atención a Mujeres en Situación de Aborto en centros de atención primaria de la salud.

El Programa Provincial de Salud Sexual y Reproductiva fue creado en 2003 mediante la ley 13.066. A pesar de esa iniciativa y de la mejora de otros indicadores de salud, la mortalidad materna continuó incrementándose hasta 2010.

Un estudio sobre la situación de salud de las mujeres realizado en la provincia en 2011 demostró que el 87,5 por ciento de las muertes por aborto ocurrieron en los estratos de peor condición social. Sin embargo, desde 1921 el Código Penal argentino establece las causales de aborto legal cuando el embarazo es producto de violencia sexual o cuando corre peligro la salud o la vida de la persona gestante. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud sostiene que la salud debe entenderse de manera integral, abarcando los aspectos físicos, psíquicos y sociales.

A partir del fallo FAL, el Ministerio de Salud actualizó el Protocolo de Aborto No Punible en la Provincia de Buenos Aires, incorporando los modelos de declaración jurada y consentimiento informado para acceder a la práctica.

La evidencia publicada, y que aquí se presenta, se basó en dos estrategias principales: en primer lugar, la reducción de riesgos y daños en centros de atención primaria en tres municipios de la provincia, y en segundo término, la prestación de servicios de interrupción legal del embarazo -ILE-, en centros de atención primaria de la salud y hospitales.

Con respecto a la primera estrategia, las consejerías han permitido detectar situaciones de aborto legal que requieren de un nuevo posicionamiento del equipo de salud acompañando las decisiones adoptadas por las mujeres. Para el primer nivel, la respuesta institucional fue la indicación del procedimiento farmacológico para ser llevado adelante de forma ambulatoria o la derivación al segundo nivel de atención.

En relación con la segunda estrategia, en estos mismos centros se capacitó luego a médicos generales y obstétricas en el marco legal y normativo que regula el acceso a la ILE y la aplicación de la técnica de aspiración manual endouterina, también llamada AMEU.

Por último, el programa se integró al trabajo en red con organizaciones sociales a través de consejerías integrales en salud sexual en el territorio.

Los resultados de la experiencia desarrollada mostraron lo siguiente. Primero, el número de consultas se multiplicó de manera significativa en los centros de atención primaria seleccionados, al igual que la detección de situaciones de ILE.

En segundo lugar, la incorporación e incremento de la práctica de AMEU en los centros de salud, sin que se haya registrado complicación alguna y con una alta aceptación por parte de las mujeres que lo eligieron.

Por último, las consejerías territoriales contribuyeron a la captación temprana y a experiencias de acompañamiento, transitando un camino de mayor autonomía de las mujeres en la gestión de los abortos.

Si bien esta experiencia es acotada, la evidencia sugiere que la mayoría de los casos de ILE pueden resolverse en los centros de salud, dada la baja complejidad de los procedimientos recomendados, tanto si se trata de aborto con medicamentos como a través de AMEU, reservando el acceso al nivel hospitalario a aquellas pacientes con complicaciones.

En la provincia de Buenos Aires hay un número creciente de equipos de atención primaria, en su mayoría liderados por médicos generales, que demuestran mayor nivel de compromiso con la atención de las mujeres en situación de aborto.

Uno de los mayores obstáculos encontrados fue la falta de aprobación del misoprostol por parte de la ANMAT en la composición requerida para la práctica de ILE, que es de 200 microgramos. Estas y otras políticas tuvieron impacto en la disminución de la mortalidad materna por aborto y en los egresos hospitalarios.

Para concluir, quiero decir que este debate debe contar con la evidencia científica necesaria, pero no solamente aquella que surge de la academia; también debe incorporar los resultados de las políticas y programas exitosos, como así también las experiencias de las organizaciones sociales y de autogestión de las mujeres que abortan en los barrios, con las redes de acompañamiento. Deben tenerse en cuenta sus saberes y prácticas emancipadoras, basadas en el derecho a una vida digna y al pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.

Por eso, señores legisladores y legisladoras, necesitamos una ley que garantice la atención de los abortos que, como queda demostrado en este trabajo, requiere de prácticas de baja complejidad que pueden implementarse en los centros de atención primaria de la salud, a los que acuden las mujeres más vulnerables. (Aplausos.) Sr. Presidente (Lipovetzky).- Tiene la palabra el doctor Marcelo Domínguez, médico tocoginecólogo y ecografista.

SR. DOMÍNGUEZ Señor presidente de la Comisión de Legislación General, doctor Daniel Lipovetzky, señores diputados y diputadas de la Nación, señoras y señores: es para mí un honor tener la posibilidad de exponer en esta Honorable Cámara.

Haré mi exposición estrictamente desde el punto de vista médico-biológico, dejando de lado todo comentario que pudiera tener que ver con la religión, la Constitución Nacional o los pactos a los que adhiriera oportunamente el gobierno argentino.

Yo quiero, en esta oportunidad, referirme a dos temas. El primero tiene que ver con la discusión del comienzo de la vida y se centra en el desarrollo embriológico y anatómico del corazón, el comienzo de la circulación cardíaca embrionaria y su correlación con la ecografía. El segundo tema es una breve explicación de la forma técnica de cómo se realiza un raspado uterino evacuador, sus pros y sus contras.

El ciclo menstrual de la mujer dura aproximadamente veintiocho días. El día veintinueve sería el primer día de atraso menstrual.

Primera y segunda semanas del ciclo menstrual de la mujer: período estrogénico. Luego de la menstruación el movimiento hormonal promueve que los folículos del ovario crezcan, uno de estos se vuelve dominante y va a ser el responsable de la ovulación.

Tercera y cuarta semanas el ciclo menstrual, período progestacional. Aproximadamente el día catorce del ciclo menstrual, empezando la tercera semana, se produce la ovulación y la consecuente formación del cuerpo amarillo.

Ponemos como fecha teórica ese día catorce del ciclo menstrual para suponer la fecundación de ese óvulo por un único espermatozoide, con la consecuente formación del huevo o cigoto, primera célula del ser humano, única y absolutamente diferente de todas las demás células, con su propio genoma, un individuo de la especie humana claramente diferente de su madre.

Aproximadamente para el día veintitrés del ciclo menstrual se produce la implantación de ese nuevo ser en el endometrio materno, que fue hormonal y vascularmente preparado, generosamente, para anidarlo.

En la quinta semana del embarazo se produce el proceso de gastrulación, de disco bilaminar a disco trilaminar. Aquí se forman los tubos cardíacos, el corazón primitivo, pudiendo ya identificarse las dos aurículas y los dos ventrículos.

Al final de la quinta semana el corazón empieza a latir.

De la semana sexta a la décima se considera el período embrionario. A esta altura del embarazo todas las estructuras externas e internas del embrión ya tienen forma adulta. El embrión va adquiriendo aspecto más humano, humanidad que ya tenía desde el primer día.

La ecografía transvaginal detecta un embarazo intrauterino en la semana cuatro y media.

Todos los textos de embriología coinciden al decir que el corazón del embrión comienza a latir al final de la quinta semana, cuando el embrión tiene una longitud de entre 1,5 y 3 milímetros.

La demostración de la actividad cardíaca fetal es el hallazgo médico, tangible, individual y más importante a la hora de confirmar que existe vida embrionaria, vida que comenzó con la fecundación.

Como tema secundario me gustaría comentarles a los señores diputados y diputadas cómo se realiza raspado uterino evacuador. Acá mucha gente ha hablado de ese tema, pero me parece que nadie les comentó cómo es.

Existen dos técnicas para evacuar el útero: raspado y aspiración.

El raspado uterino evacuador es una práctica quirúrgica considerada una operación de cirugía mayor, que conlleva internación, quirófano, anestesia general, médico ginecólogo, médico cardiólogo, médico ecografista, medicación y estudio anátomo-patológico; es de regla que todo el material extraído del cuerpo debe ser estudiado en anatomía patológica. En este caso particular podríamos estar encubriendo un coriocarcinoma. Luego del procedimiento la paciente necesita reposo, seguimiento médico y seguimiento psicológico.

Técnicamente, una vez que la paciente está anestesiada, se la coloca en posición ginecológica y se realiza antisepsia loco-regional, se coloca un espéculo en la cavidad vaginal, se lo abre, se toma el cuello de útero con una pinza Erina, se realiza una histerometría -medición del útero- y se comienza a dilatar el cuello del útero hasta lograr que pase la bujía número 8. Se elige la cureta y se raspa las paredes del útero según técnica. Lo que debemos lograr es evacuar convenientemente el contenido uterino, preferentemente con la ayuda y apoyo de un médico ecografista.

Eso se llama raspado uterino evacuador, con el feto muerto, y aborto, con el feto vivo.

La otra técnica es el aspirado. Con una cánula, en la misma posición ginecológica y por presión negativa, se aspira el contenido uterino. Es menos agresivo.

¿Qué ventajas tiene el raspado uterino evacuador? Ninguna.

El raspado uterino evacuador debe ser el último recuso del ginecólogo, debe realizarlo cuando todos los otros medios hayan fallado.

A continuación voy a enumerar las desventajas del raspado uterino evacuador.

Si bien es una práctica habitual de la ginecología, son múltiples las razones por las que se debe tratar de evitar realizar un raspado uterino evacuador: riesgos secundarios de la anestesia; perforación uterina; infección, tanto por el procedimiento como por los restos ovulares; sinequias, esto es, cicatrices que quedan en las paredes del útero por pasar la cureta -su máxima expresión es el síndrome de Asherman, donde la cicatriz es tan grande que se produce hipo o amenorrea, es decir, falta de menstruación, con esterilidad secundaria-; metrorragia -hemorragia de origen ginecológico-; daño psicológico, y daño social.

En particular quiero referirme al caso de un embarazo de catorce semanas.

Un feto de catorce semanas es una persona hecha y derecha. Mide 12 centímetros de la cabeza a la cola, pesa 100 gramos. Hace ya dos semanas que terminó la organogénesis, es decir, se formaron todos los órganos. El bebé es exactamente igual a nosotros, mueve brazos, piernas y dorso, abre y cierra las manos, parpadea y empieza orinar.

Como tiene huesos no se puede hacer un raspado y se tiene que hacer un parto prematuro; un parto prematuro, a sabiendas de que ese bebé va a nacer por vía vaginal y se va a morir asfixiado. Luego de ello hay que hacer uno o dos raspados, ya que la placenta queda adherida a la cavidad uterina.

Mi opinión personal, después de haber ejercido la profesión por más de 35 años, como médico ginecólogo, obstetra y ecografista, es que la mujer es la más grandiosa creación de la biología. Es un ser completo. La mujer no solo es cuerpo -biología- sino también es alma, es psique, es amor.

Considero que es absolutamente imposible que una mujer no se emocione y llore al escuchar el latido de su hijo. Considero que es absolutamente imposible que una mujer no se angustie con la pérdida de su hijo.

Considero que es imposible que una mujer no se deprima al ver malogrado el mayor regalo que le pudo haber sido dado.

Considero que es imposible que una mujer pueda elegir voluntariamente la interrupción de su embarazo y no tener luego consecuencias emocionales y psicológicas. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la licenciada Florencia Maffeo, socióloga, integrante de la campaña.

SRA. MAFFEO Buenos días a todas y todos. Agradezco tener la posibilidad de hablar en este debate y espero poder compartir algunos de los aprendizajes y reflexiones que he hecho como socióloga que investiga acerca del sistema de salud, desde la Universidad de San Martín y desde FUSA, pero fundamentalmente por mi experiencia acompañando a mujeres en situación de aborto y en situación de violencia y como parte del movimiento feminista, al que pertenezco por ser miembro de la colectiva feminista Conurbanas y en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Los abortos existen; ya quedó demostrado en las diferentes exposiciones que hubo. Las personas con capacidad de gestar abortan por múltiples razones, bajo su propia conciencia y moral, que no es lo que está en discusión aquí, ya que el Estado no puede imponer una moral única, sino que tiene la obligación de legislar sobre políticas públicas que garanticen derechos.

La legislación actual, al plantear el aborto permitido como una excepción de no punibilidad, no es interpretada por la mayoría de la población como un derecho real, si bien el fallo "F.A.L." y la Guía de interrupciones del embarazo del Ministerio de Salud de la Nación lo han considerado de esta forma, a partir del trabajo del movimiento feminista y profesionales de la salud comprometidos y comprometidas con los derechos, en oposición a quienes obstaculizan y niegan derechos con interpretaciones maliciosas.

De acuerdo a un monitoreo social que realizamos en FUSA y Católicas por el Derecho a Decidir en el año 2015, la mayoría de las mujeres que encuestamos, usuarias del sistema público de salud, no sabían que podían acceder a una interrupción del embarazo bajo las causales de violación y riesgo para la salud o la vida.

Además, la mayor parte manifestó que ante una hipotética situación de aborto no recurriría al sistema de salud por miedo a ser juzgadas o denunciadas por los profesionales.

Hoy en día, para que una persona que decide abortar pueda acceder a un aborto no punible o interrupción legal del embarazo, debe atravesar múltiples situaciones de maltrato y violencia institucional, de acuerdo al lugar donde vive, su edad, estado de salud -física, psicológica y social-, identidad sexual, clase social, país de nacimiento, neurodiversidad, discapacidad, etcétera.

Esta violencia institucional se basa en la negación de las interrupciones legales del embarazo o en su obstaculización y dilación de la práctica.

Para acceder al sistema de salud, las personas con capacidad de gestar, en su mayoría mujeres heterosexuales, deambulan por múltiples instituciones atravesando una ruta crítica. Este concepto, utilizado habitualmente para hablar de violencia de género, es extrapolable al aborto y lo utilizo para denunciar falencias en las respuestas institucionales y ejercer reclamos en pos de garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, tal como sostiene Claudia Teodori.

La negación del Estado a que una parte de la población no pueda ejercer su libertad reproductiva y, sobre todo, a llevar adelante su proyecto de vida, de una vida digna, como sostienen los tratados de derechos humanos, constituye una forma de violencia simbólica que se legítima cuando el Estado no sanciona a aquellos profesionales de la salud que con sus prácticas violentan y torturan a las personas que llegan a sus servicios de atención solicitando una ILE, o con un aborto en curso, ni capacita a los profesionales para que trabajen desde un paradigma de derechos.

Esta ruta crítica se delinea con el paso por diferentes servicios, organismos e instituciones. Algunas mujeres pasan por cuatro servicios de salud diferentes hasta llegar a un acceso seguro; otras llegan a consultorios de dudosa seguridad higiénica; otras caen en organizaciones, de quienes se hacen llamar Pro-Vida, donde primero les dicen que las van a ayudar, las engañan con una promesa de aborto, para luego tomar sus datos, acusarlas de asesinas, pasarles videos mentirosos y nefastos, y hostigarlas telefónicamente durante meses sin respetar la decisión de las mujeres, a diferencia de las organizaciones feministas que ofrecemos información y acompañamiento cualquiera sea la decisión de la mujer.

Esta ruta crítica es más difícil cuando las mujeres están viviendo una situación de violencia conyugal, ya que son revictimizadas y humilladas en muchísimos casos en los servicios de salud de diferentes instituciones.

El embarazo -además- es un factor que suele iniciar o incrementar la violencia de género, por lo cual estas mujeres corren más riesgos. Los violentos usan el embarazo tanto para ejercer un mayor control sobre la mujer, como también para hostigarla y denigrarla. También sucede la violencia de padres a hijas, que son nada amenazadas con ser echadas de sus casas si quedan embarazadas, por lo que se ven empujadas a abortar a escondidas por miedo a represalias.

Los tiempos para salir de la situación de violencia no son los mismos que para acceder a un aborto. Por eso es importante que los profesionales de la salud estén capacitados en la atención de la violencia, como muchos de ellos lo hacen, y no sean servicios expulsivos en los que las mujeres no puedan consultar.

Si tenemos profesionales capacitados, las van a escuchar y a acompañar en su decisión, no como han dicho aquí, que los violentos empujan a las mujeres y nadie hace nada; eso sucede con un mercado clandestino. Si tenemos profesionales en salud pública eso no va a pasar, así como no sucede en los casos de interrupciones legales del embarazo.

Las acompañantes siempre estamos pensando en cómo acompañar a esa mujer que necesita y está solicitando una interrupción del embarazo; cada mujer atraviesa esa interrupción en forma diferente.

Una ley de interrupción voluntaria del embarazo no solo ayudaría a contener estas situaciones sino a reconocernos como mujeres con derechos. Esta ley es uno de los eslabones que falta, uno de los más importantes para el reconocimiento de la autonomía.

El Estado no puede seguir tutelando la vida de las mujeres y las personas con capacidad de gestar. La decisión debe ser de quien pone el cuerpo y no quedar a interpretación y voluntad de otro.

Necesitamos una ley de interrupción voluntaria del embarazo para mejorar la calidad de vida de la población y para reconocernos como ciudadanas plenas aquellas personas que hoy podemos gestar.

La prohibición del aborto, como ya se ha dicho, no solo incumple con diversos tratados sino que, además, va en contra de lo dispuesto en leyes sancionadas por este mismo Congreso de la Nación y que se han convertido en un modelo, como la ley 26.485, para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres, que en su artículo 3° especifica los derechos a una vida libre de violencia, a la integridad física, el respeto a la dignidad, a la intimidad y a recibir información y asesoramiento adecuado, así como evitar toda conducta que produzca revictimización.

Además, la penalización del aborto va en contra de la ley de derechos del paciente, que sostiene en su artículo 2° los derechos a la asistencia sin distinción ni discriminación, al trato digno y respetuoso, a la confidencialidad, a la autonomía y a la información.

Diputados y diputadas, hoy tienen la posibilidad histórica de reconocer un derecho que sistemáticamente nos ha sido negado desde el Estado, en el camino que tenemos de construir una sociedad más justa y libre de violencias machistas, que respete la decisión de cada una respecto a cómo construir su proyecto de vida.

Nosotras ponemos el cuerpo todos los días; hoy les toca a ustedes poner el voto por el aborto legal, seguro y gratuito. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Elard Koch, investigador y científico del Melisa Institute, de la República de Chile.

Tal como acordamos para todos los expositores extranjeros que han tenido la deferencia de viajar hasta aquí para exponer, les daremos una ampliación del tiempo de hasta treinta minutos. Todos los expositores extranjeros que sean propuestos y vengan a participar tendrán esta misma cantidad de tiempo. Tenemos un listado de aproximadamente unos diez o quince y cada uno tendrá treinta minutos como máximo para realizar su exposición.

Si ello implica que debemos estar más tiempo para cumplir con el parámetro del 31 de mayo, lo vamos a hacer y en ese caso debatiremos hasta la hora que sea necesaria. Esto no va a cambiar el parámetro del 31 de mayo como fecha límite para terminar con las exposiciones.

SR. KOCH Es un placer estar aquí, queridos diputados y diputadas de la hermana nación de Argentina.

Como investigador he venido a participar en este debate, que es muy interesante. Como experto he estado en otros debates de Latinoamérica, dado que nuestro instituto ha estado investigando el tema de los determinantes de la salud materna en distintos países de Latinoamérica, como por ejemplo, en Colombia, Chile y México.

En particular, hemos investigado el impacto de las leyes del aborto sobre la mortalidad materna, por lo que hoy realizaré una síntesis de la evidencia científica más reciente sobre este tema.

La maternidad es un precioso bien para la humanidad y la Declaración de los Derechos Humanos la consagra en su artículo 26, diciendo que: "La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados especiales". Esto me llama la atención porque es el único que establece una condición, en la que hay seres humanos especiales, que son las madres y los infantes. Por lo tanto, los países integrantes de las Naciones Unidas se comprometen a mejorar los estándares de salud materna e infantil en el mundo.

Más allá de estas consignas, de estos buenos propósitos y del ámbito jurídico, hay un tema relacionado con lo concreto, que es la evidencia científica respecto de cuáles son las intervenciones que ayudan a reducir y mejorar la salud materna. Entre ellas se plantea, por ejemplo, que las legislaciones del aborto son necesarias para reducir las muertes maternas y mejorar la salud materna en las poblaciones.

Quisiera dar un breve marco conceptual. ¿Qué es evidencia científica? La entendemos como un marco de conocimientos que se genera a partir de la experimentación y la observación de relaciones causales, que pueden explicar o limitar la realidad de un fenómeno. A partir de ese conocimiento podemos predecir ese fenómeno, explicarlo e informarlo.

Desde ese punto de vista actualmente se habla de la medicina basada en la evidencia, vale decir, cuál es la mejor evidencia experimental posible para que tal fármaco o tratamiento pueda tener un efecto sobre, por ejemplo, el cáncer de mama. También se habla de salud pública basada en evidencia, que es un modelo que hace veinte años está instalado en Europa, particularmente en Finlandia y otros países que lo han desarrollado muy bien, y que está relacionado con la evidencia epidemiológica disponible que nos permita tomar las mejores decisiones -en campañas de vacunación y en políticas públicas- que ayuden a mejorar la salud de las poblaciones e individuos.

La evidencia tiene jerarquías. Por ejemplo, la opinión del experto en ciencia, en medicina y también en salud pública constituye el menor nivel de evidencia, precisamente porque no está basada en estudios experimentales.

El mayor nivel de evidencia viene de los estudios experimentales y de las revisiones sistemáticas de esos estudios que permiten sacar una conclusión de una relación causa-efecto, su existencia o su refutación, y cuantificar cuál es el efecto de un determinado factor sobre una enfermedad o sobre un indicador de salud.

¿Qué es la mortalidad materna? La mortalidad materna se define como aquellas muertes que ocurren dentro de los primeros 45 días, durante el embarazo o durante el parto. Hoy día también se da una definición de mortalidad materna tardía, que incluye las muertes que ocurren hasta un año después del parto.

¿Cómo se clasifica la mortalidad materna? Se clasifica, primero que nada, en causas directas, que son aquellas obstétricas, como por ejemplo una eclampsia o un aborto espontáneo. En segundo lugar están las causas indirectas, que no están relacionadas con el propio embarazo o que son producto de enfermedades que complican la gestación.

Entonces, ¿cómo se mide la mortalidad materna? A través de una tasa, que se llama razón de mortalidad materna. Dicha tasa se calcula tomando el número de muertes maternas -o el número de muertes que ocurren durante el embarazo, el parto o el puerperio, los 45 días después del parto-, el cual es dividido por el número de nacidos vivos. Ese valor se expresa generalmente por cada 100 nacidos vivos y se utiliza para comparar a los países y a las regiones entre sí.

A través de este ejercicio se realizan estudios para evaluar o monitorear el progreso de los países según este indicador. Cuando un país presenta menos de 50 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, ha alcanzado un alto estándar de salud materna; cuando registra 20 o menos, ya está dentro de los cincuenta países con menor mortalidad materna en el mundo.

Se trata de un indicador de desarrollo humano. Vale decir que mientras menor sea la mortalidad materna, mayor será el puntaje de desarrollo humano que tienen los países.

Lo más importante para evaluar esto es el registro epidemiológico de estadísticas vitales. Es decir que necesitamos contar cuántos niños nacen y cuántas mujeres mueren durante el parto, el embarazo o el puerperio.

Cuando uno evalúa los distintos registros, se encuentra con que en el continente americano hay ocho países que están en lista A, es decir, que presentan registros razonablemente buenos o íntegros desde el punto de vista de la Organización Mundial de la Salud. Entre ellos figuran la Argentina, Chile, México, etcétera.

Lo que se ha determinado en estos países -por ejemplo, en este estudio que publicamos en Public Health, en Inglaterra-, es que cuando se analiza el índice de mortalidad materna en los informes globales, en general estos tienden a inflar las muertes maternas de aquellas naciones que tienen buenos registros.

Por lo tanto, es fundamental que los países que cuentan con buenos registros realicen sus propios estudios de mortalidad materna y mortalidad infantil para evaluar los progresos de sus políticas de salud pública y no tomen los informes globales, que más que nada van a ser útiles en aquellos países o regiones menos desarrolladas, donde hay más pobreza y donde no hay buenos registros de estadísticas vitales.

¿Qué es un experimento natural? Cuando uno quiere evaluar el efecto de una política pública o de un fenómeno natural -por ejemplo, el de una campaña de vacunación-, se realiza muchas veces lo que se denomina "experimento natural". ¿Por qué? Porque no se puede hacer un experimento sancionando una ley de aborto para un grupo de personas y dejando excluido a otro. Eso no puede hacerse, no se puede comparar. Por lo tanto, se realiza este diseño que en epidemiología se llama "experimento natural", donde el epidemiólogo o el investigador no tiene control sobre la variable de exposición ni tampoco puede manipularla.

En este caso podríamos, por ejemplo, evaluar el efecto de ciertas políticas públicas. ¿Qué es lo que se realiza generalmente? Se evalúa, por ejemplo, el efecto de un terremoto y se observa la tendencia de mortalidad antes y después de ese suceso.

También podríamos analizar el efecto de una ley que restrinja el consumo de tabaco en los espacios públicos y podríamos evaluar a largo plazo cuál es la mortalidad por cáncer o por enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Es decir, analizamos lo que ocurrió antes y después de la sanción de la ley y tratamos de cuantificar este efecto en una tendencia continua. Generalmente tiene que haber un período de veinte años o de veinte meses, por ejemplo, para realizar el estudio. Por lo tanto, tiene que haber varios puntos de tiempo para poder hacer la evaluación.

Podríamos evaluar, por ejemplo, el efecto de una ley que aumenta las penas por conducir bajo los efectos del alcohol. En este sentido, en Chile se promulgó la llamada "Ley Emilia", luego de que lamentablemente una persona que conducía en estado de ebriedad terminara matando a esa niña. Dicha ley endureció las penas por este tipo de delitos, y luego de su sanción hemos notado una disminución de los accidentes fatales por consumo excesivo de alcohol. Ahí tenemos un experimento natural, donde se evaluó el efecto de una política pública.

Lo mismo ocurrió, por ejemplo, cuando se inició como política pública la suplementación de las harinas con ácido fólico, lo que permitió que disminuyera la incidencia de nacimientos con anencefalia y espina bífida en Chile. Entonces, se cuantifica el efecto de la política pública antes y después de la promulgación de la norma.

Actualmente hay dos experimentos naturales en torno de las leyes de aborto. En los años 60, 70, 80 y 90 no había experimentos naturales realizados sobre esta materia. Se pensaba entonces que las leyes sobre aborto reducen la muerte materna, basados en simples correlaciones entre las dos variables. Generalmente se observaba que los países europeos -con un alto grado de desarrollo humano, con buenos estándares de salud materna y con leyes más permisivas- tenían menos mortalidad materna, y que los países con leyes más restrictivas -que generalmente eran los más pobres, con menores niveles de educación, donde las mujeres ven más vulnerados sus derechos, etcétera- tenían mayor mortalidad materna. Pero esta correlación no necesariamente era causal.

Este estudio está publicado en la revista americana PLOS One y fue realizado en conjunto con la Universidad de Carolina del Norte. Se trata de un artículo que tiene un alto impacto y que actualmente está en lo más alto de un ranking en cuanto a la evidencia científica. Como pueden ver en la pantalla, ocupa el tercer lugar entre todos esos artículos, y está en el top 5 de los millones de artículos que se han publicado últimamente en torno de esta cuestión.

En este estudio, en el experimento natural en Chile, se evaluó el efecto de varias políticas públicas, incluida la prohibición o derogación del aborto. En este caso lo que se esperaría es que la derogación del aborto terapéutico aumentara o tuviera algún efecto en la mortalidad materna, dado que la hipótesis causal es que, si usted restringe el aborto, la mortalidad materna aumenta. ¿Por qué razón? Porque aumenta el número de abortos clandestinos, etcétera, y por ende debería aumentar esa tasa de mortalidad.

En dicho estudio se evaluaron varias políticas públicas: el cambio en la ley de educación para aumentar el nivel de escolaridad general de la población, que incrementó drásticamente la escolaridad de las mujeres en Chile; los programas de salud materna; planificación familiar; pesquisa y control prenatal; alimentación complementaria; amplio acceso a distintos métodos de regulación de la fertilidad en los servicios de salud; atención obstétrica de emergencia, etcétera, y el cambio en la ley de aborto en 1989. Es decir que hubo suficientes puntos de tiempo para evaluar básicamente qué ocurría con la ley de aborto y con todas estas otras variables. Lo cierto es que uno tiene que hacer un análisis exhaustivo si quiere establecer una relación causa-efecto.

Estas políticas públicas se controlaron con las variables que les he mencionado. Además, uno debe tener muy claro en ciencia que una correlación no significa causa y efecto. Generalmente a esto en inglés se lo llama correlation is not causation, o sea, la correlación no implica una relación de causa y efecto; simplemente implica que dos fenómenos cambian juntos.

Por ejemplo, hubo muchos estudios que mostraron la relación entre el consumo de café y la enfermedad coronaria, y hubo alarma por esto. Pero estudios en mayor profundidad determinaron que no era el café el que producía la mayor enfermedad coronaria, sino que era el consumo de tabaco el que confundía esa relación, porque los que bebíamos café tendíamos a fumar, y quienes no lo bebían, no fumaban. Entonces, no era el café el que provocaba el riesgo. Y hoy en día sabemos que el café es un protector cardiovascular por sus efectos antioxidantes. Ese es un ejemplo de cómo a veces hacemos conclusiones erradas, sobre la base de simples correlatos que son por azar o variaciones que simplemente ocurren por simultaneidad.

Teniendo claro esto uno puede observar, por ejemplo, que la escolaridad de las mujeres se correlaciona en forma inversa con la mortalidad materna; mientras más años de educación, menor mortalidad; mientras menor es la escolaridad, mayor es la mortalidad materna, y así sucesivamente uno puede ir observando este tipo de correlaciones. Pero es muy importante tener claro que esto no significa que exista relación causal. Para que haya una relación causal, debe haber un análisis de todos estos factores y determinar si hay un efecto independiente de cada una de estas variables sobre el indicador que estamos investigando, en este caso, mortalidad materna.

También ocurre con la fertilidad; a mayor fertilidad hay mayor muerte materna, es una correlación fuerte. Lo mismo pasa con la atención profesional del parto: mientras aumenta la atención profesional del parto y se hace universal, la mortalidad materna cae, y lo mismo ocurre con el agua potable y el saneamiento básico. En general, las epidemias que ocurren por enfermedades intestinales y enfermedades infecciosas afectan más a las mujeres embarazadas; por ejemplo, cuando ocurrió la epidemia de H1N1, súbitamente aumentó la muerte materna en varios países, entre ellos la Argentina, y luego, pasada la epidemia, volvió a bajar la mortalidad materna en este país.

Con respecto a la postergación de la maternidad, las mamás que van postergando la maternidad, van siendo mamás más viejitas, las mayores de 35 años, tienen mayor riesgo obstétrico y más riesgo de patologías, porque tienen más obesidad, más diabetes, más hipertensión. Por lo tanto, entonces, en la medida en que se van educando y van buscando otros rumbos van postergando la maternidad y se produce este efecto paradójico sobre la salud materna.

Con respecto al ingreso económico, se refiere a los recursos materiales de los cuales uno pude disponer.

¿Cuáles son los resultados? La mortalidad materna en Chile se redujo durante estos cincuenta años en un 94 por ciento; la tasa de mortalidad materna llegó a ser de 18 por cada 100.000 nacidos vivos, y ya en 2008 alcanzamos el segundo puesto junto a Canadá, Uruguay y Estados Unidos, que eran los cuatro países del continente americano que con menor mortalidad materna actualmente. Chile está entre los cincuenta países con menor mortalidad materna en el mundo. Actualmente tiene 12 por cada 100.000 nacidos vivos, y con la maternidad tardía llega a 18 por cada 100.000 nacidos vivos.

Las causas de muerte materna variaron drásticamente. El 30 por ciento o más eran por algún tipo de aborto, ya sea espontáneo o inducido -hay distintos tipos de aborto-, y después de 2009 ya prácticamente había desaparecido la muerte por aborto en Chile. La muerte por aborto, como pueden ver ustedes, es menos de una en 4 millones de mujeres en edad fértil. Actualmente, es muy baja y es un evento raro e infrecuente, y es lo que hemos observado en la mayor parte de los países latinoamericanos, incluida la Argentina.

Después de que se prohibió el aborto, la mortalidad materna continuó reduciéndose y esto ha llevado consigo la tentación de decir que esta correlación es debida a que se prohibió el aborto. Como les dije antes, correlation is not causation, es decir la correlación no significa que la ley de aborto haya sido el factor y, efectivamente, los estudios mostraron que esta reducción en la mortalidad materna no fue debida al aborto.

Cuando descomponemos la pendiente de los distintos períodos históricos y analizamos 1989, nos damos cuenta de que básicamente ha habido tres cambios de pendiente -como se ve en el gráfico-, a saber: una fase lenta, una fase rápida y una fase estacionaria. Efectivamente, en 1989 no hubo cambios detectables en la tendencia de la mortalidad materna. ¿Qué significa eso? Básicamente significa que el último cambio de pendiente fue en 1981 y continuó en forma constante hasta el año 2003. No hubo efecto de la legislación del aborto sobre la mortalidad materna. Esto nos permitía decir que no teníamos efectos detectables y que el efecto del cambio de legislación era nulo. Lo que se debía haber producido era que la mortalidad materna se incrementara.

Cuando evaluamos controlando con los diversos factores, nos dimos cuenta de que los factores que redujeron la mortalidad materna se cuantificaron y pudimos decir básicamente qué factor contribuyó más y cómo contribuyeron, cómo se organizan entre ellos para causar la reducción de la mortalidad materna. En cuanto a la educación de la mujer, por cada año que aumentaba la escolaridad de las mujeres, la mortalidad materna se reducía en 29 puntos; la atención médica durante el parto la reducía en 12 puntos; el agua potable la reducía en 9 puntos; el saneamiento, en 3,7, y la postergación de la maternidad la aumentaba en 8,1.

¿Qué se observó cuando se hacían los análisis de vías causales? Se observó un efecto favorable a medida que aumentaba la educación de las mujeres, se duplicaba el efecto en la atención del parto y se aseguraba el acceso al agua potable y el saneamiento básico, mientras que la postergación de la maternidad tenía un efecto contrario, vale decir, aumenta la mortalidad materna.

Entonces, la educación apareció aquí como un eje central, es decir, en la medida en que aumenta la escolaridad de las mujeres, aumenta el uso de los servicios de salud pública, aumenta el control del embarazo y aumentan en general todos los factores que influencian positivamente la salud materna.

Esto es lo que llamamos la paradoja de la fertilidad. Actualmente, lo que ocurre en países que han alcanzado altos estándares en salud materna y un buen nivel de escolaridad de la población femenina en general, es que se enfrentan a este envejecimiento de la maternidad, a estas mamás que cada vez son mamás más tardíamente y que tienen más riesgo obstétrico. Por eso es que en algunos países desarrollados se está viendo un aumento de muerte materna producto de patologías crónicas, como eclampsia, hipertensión o diabetes.

Aquí vemos el efecto del aumento de la educación, como les decía, y del acceso a los servicios de salud materna. ¿Cuáles son estos? Detección precoz y control prenatal -cuatro controles, como mínimo, deben realizarse durante todo el embarazo-; atención profesional del parto, y acceso universal a la atención de urgencias obstétricas.

El gran problema de muchos países latinoamericanos es que en sus zonas rurales las mujeres no acceden a la atención oportuna obstétrica de emergencia y entonces mueren por una hemorragia o por una complicación de un aborto, sea espontáneo o sea inducido, porque básicamente si el aborto se llega a complicar, teniendo una baja letalidad no debería producir muerte. Si produce una muerte es porque no recibió la atención obstétrica oportuna; cualquier tipo de aborto, no solamente el aborto inducido, sino también el aborto espontáneo.

Una mujer, generalmente analfabeta, que está en zonas rurales muy extremas, tiene un aborto incompleto, espontáneamente, no se da cuenta, se infecta, tiene una asepsia y se muere. Eso hoy en día es infrecuente, producto de la mejora en general de las condiciones de salud en nuestros países, pero en los países donde hay zonas rurales que todavía son de difícil acceso se dan estos casos y se siguen observando; con menos frecuencia, pero siguen apareciendo. Hay países como Guatemala y El Salvador que tienen regiones rurales de muy difícil acceso, donde las mujeres no tienen acceso a este tipo de atención y todavía hay mucho analfabetismo. En algunas regiones de México también pasa.

El aumento del nivel de educación controló el efecto de la disminución de la fecundidad, la postergación de la maternidad aumenta en la medida en que la educación de las mujeres se incrementa, es un fenómeno que va a ocurrir. La mujer posterga la maternidad; en la medida en que se educa, va participando en el mercado laboral, estudia distintas carreras como medicina, ingeniería, etcétera, en la medida en que ha ingresado la mujer a este nuevo orden de desarrollo, porque en los años 60 la mujer latinoamericana estaba muy postergada. Actualmente, esta mujer va teniendo mayor empoderamiento y hace uso de los distintos métodos de regulación de la fertilidad, control del embarazo, etcétera y, por lo tanto, se advierte una mejoría general en el estándar de salud. Por eso es fundamental llegar a las zonas donde hay pobreza, donde no hay educación, donde las mujeres todavía son analfabetas y no han salido de este pobre desarrollo humano. Eso es fundamental.

El cuarto hallazgo es que este aumento de la educación de las mujeres tiene efectos sinérgicos sobre otras variables. El segundo experimento natural fue publicado en el British Medical Journal tres años después. Hubo mucha controversia por este estudio, que fue el primer experimento natural, robusto, que se había publicado y que había evaluado muchos factores a la vez y había establecido un efecto nulo sobre las muertes maternas.

¿Qué ocurre con eso? Como el aborto es un tema complejo, eminentemente político, genera controversias en distintos sectores. Por lo tanto, se nos encomendó otro estudio, esta vez financiado por la Universidad de Carolina del Norte y por la Fundación FISAR, con varios investigadores de la Universidad de Utah y de la Universidad Autónoma de México -UNAM-.

Este estudio, que también lo realizamos en México, tuvo un alto impacto. Fue publicado en 2015 y, en general, lo que se hizo fue evaluar, en otro diseño de experimento natural, cuál era el impacto de las leyes de aborto.

México tiene un régimen federado compuesto por treinta y dos Estados, cada uno con su propia ley de aborto. El distrito de la Ciudad de México tiene un amplio acceso al aborto porque lo tiene libre, a demanda, en lo que se denomina termination of pregnancy o interrupción del embarazo.

El diseño que se utilizó fue básicamente el de dos poblaciones: se toma una población expuesta al factor -en este caso, la legislación del aborto- y se compara con otra población que no está expuesta a ese factor. Luego se evalúan y cuantifican los efectos entre ellos y se controla a la vez mediante once variables, en lugar de siete, porque incluimos violencia contra la mujer embarazada. En efecto, había datos de todos los Estados mexicanos, bastante rigurosos, sobre la base de encuestas realizadas, y podíamos cuantificar el nivel de violencia contra la mujer embarazada y comparar sus efectos.

Como pueden ver en la filmina, los Estados tienen distintas leyes de aborto. Por ejemplo, por violación, prácticamente todos; a demanda, solamente el distrito de Ciudad de México; por razones socioeconómicas o indicadores sociales, solamente el estado de Yucatán, etcétera; había distintos códigos.

Los treinta y dos Estados se dividieron en dos grupos, y los que tenían aborto permitido en caso de anomalía fetal congénita, más cualquiera de las otras causales que observan en la filmina, se clasificaron como Estados más permisivos o liberales -como quieran llamarlos, nosotros los consideramos más permisivos desde el punto de vista legal-; y por otro lado, los estados menos permisivos, que eran los que no tenían esta combinación.

Cuando se comparan entre sí, en general se observaban, paradójicamente, menores índices de mortalidad materna en los Estados con leyes menos permisivas, y esto también trae la tentación de pensar que las leyes restrictivas del aborto reducen la muerte materna.

Sin embargo, nuevamente debo recordar que correlation is not causation. No es la ley de aborto; esto se observaba y era consistente: los Estados con leyes menos permisivas tenían menos mortalidad materna. ¿Qué ocurría? Lo mismo que en el estudio chileno, es decir, que estos Estados -en general- tenían mejor desarrollo humano, mejor nivel de escolaridad, mejor acceso a la atención profesional del parto, a servicios obstétricos de urgencia y mayor escolaridad de las mujeres. Esos factores explicaban la reducción de las muertes maternas, no las leyes de aborto ni los cambios constitucionales que estadísticamente no eran significativos.

Vale decir, los dos experimentos naturales llegan a una conclusión similar: la mejor evidencia actualmente disponible de experimentos naturales que han evaluado directamente el impacto de las leyes de aborto no permite sostener que dichas leyes reduzcan las muertes maternas, sino que son otros los factores que provocan esa reducción, sea con una ley más permisiva o con una menos permisiva.

Otro de los factores que hemos investigado se refiere a las estimaciones de abortos en Latinoamérica. Esta ha sido una investigación bastante ardua porque, como los países latinoamericanos tienen leyes restrictivas o no permisivas, los abortos ocurren en la clandestinidad; por lo tanto, no podemos contarlos directamente del modo en que contamos las muertes maternas. Solo se puede recurrir a estimaciones y ello no es un problema menor.

Es importante estimar los abortos que ocurren en la población, porque es la única forma de prevenirlos, o bien diseñar estrategias de salud pública para reducir su número. En este caso, ¿cómo vamos a determinar la magnitud del problema si no sabemos cuántos abortos ocurren? Para calcular los recursos necesarios para su prevención, así como diseños y estrategias de prevención proporcional, e incluso si se quiere promover una ley de aborto, se debería saber cuántos ocurren. Esto es necesario para saber cuántos servicios tendrán que disponerse, ya que no se trata de algo gratuito.

Efectivamente, se han publicado varios trabajos en distintas revistas y se revisaron las estimaciones que se hicieron en los años 90. Existe una de Argentina realizada por las investigadoras Silvia Mario y Edith Pantelides, y también investigaciones realizadas en Guatemala, Perú y otros países.

En la filmina pueden ver los tres métodos que se utilizan para estimar los abortos: encuestas de auto-reporte, que no son muy fiables porque las mujeres, por la estigmatización, no cuentan que han abortado; encuestas de opinión a terceros, y estimación epidemiológica.

En general, los abortos en Latinoamérica se habían estudiado con este tipo de encuestas, que eran encuestas de opinión en instituciones de salud, y aplicadas a profesionales que generalmente estaban sometidos a distintos tipos de sesgo: de selección, ideología, memoria, etcétera. Se calculaba un factor de multiplicación por diez a estos valores que se estimaron mediante encuestas, que son prácticamente de opinión y muy difíciles de reproducir, y siempre se llega a un resultado circular, es decir, al mismo número de abortos y, por lo tanto, nadie progresa.

Eso nos llamaba mucho la atención y hubo una gran polémica al respecto. Incluso hay cartas publicadas por parte del Instituto Guttmacher, con el que hemos intercambiado esta evidencia.

En relación con las estimaciones de abortos con métodos más fiables, independientemente del operador -lo que significa que no importa quién los haga porque no dependen de quién los hace ni tampoco de la ideología o partido político al que cada uno pertenece-, mostraron claramente que había sobreestimaciones de abortos.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Su tiempo, por favor.

SR. KOCH En algunos casos, esas sobreestimaciones eran de más de diez veces. En el promedio general, según estas encuestas de los años 90, se calculaba en alrededor de más de diez veces los abortos que realmente se pueden estimar con métodos objetivos.

Quisiera dejarles esta información como insumo para esta discusión e importante debate que están teniendo. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Antonella Peres, en representación de la agrupación Franja Morada.

SRA. PERES Buenos días a todos y a todas.

Estar hoy acá presente para transmitir la opinión de la organización estudiantil más antigua del país, como lo es la Franja Morada, en la discusión parlamentaria para despenalizar y legalizar la interrupción del embarazo, resulta ser un momento histórico.

Este momento histórico es el fiel reflejo de la lucha feminista. Durante décadas, el movimiento se ha embanderado para que las mujeres podamos ser libres y esa libertad implica poder decidir sobre nuestro propio cuerpo, poder conocer y ejercer nuestros derechos.

Cuando hablamos de interrupción del embarazo hablamos de salud pública y de que más de tres mil mujeres han muerto por abortar clandestinamente. Hablamos también de educación sexual integral. La Franja Morada, como organización política estudiantil, ha levantado esta consigna en las aulas, en los consejos directivos y en las calles.

La interrupción del embarazo, como parte de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, es un derecho humano, negado e invisibilizado por esta sociedad machista y patriarcal que cercena y violenta los cuerpos de las mujeres.

Quienes se opongan o continúen sosteniendo lo contrario son unos y unas violadores y violadoras de los derechos humanos y, por ende, unos y unas feminicidas, ya que la falta de acceso a un aborto en condiciones seguras produce por año la muerte evitable de miles de mujeres, niñas y adolescentes.

El deceso de una mujer en manos del Estado se produce cuando la desidia y la moral son ley.

En la Argentina actualmente impera el sistema de causales a la hora de acceder a un aborto no punible.

Una persona con capacidad de gestar puede acceder a una interrupción legal del embarazo cuando haya sido víctima de violencia sexual y/o cuando su salud estuviera en riesgo. Sin embargo, la simple voluntad de decidir sobre el propio cuerpo todavía no es tenida en cuenta, y por eso resultaría una conquista histórica y una deuda saldada para y con el movimiento de mujeres conseguir la sanción del proyecto de ley, que se presentó por séptima vez en este Congreso.

La clandestinidad del aborto mata; la maternidad obligatoria mata; las muertes maternas evitables son femicidios estatales; la obstaculización o prohibición de un aborto es tortura.

Ningún sistema democrático puede permitir que las mujeres tengamos vedado el acceso a un derecho básico como es decidir sobre nuestro propio cuerpo y nuestra propia vida.

El derecho a la vida, a la salud y a la libertad son derechos humanos y deben ser garantizados. No hay poder en el mundo que pueda negarnos el ejercicio pleno de nuestros derechos; no hay iglesia que pueda frenar nuestra voluntad.

A ustedes, los y las antiderechos, les preguntamos: ¿qué le van a decir a esa hija, a ese hijo, a esa madre, a ese padre, a ese amigo, a esa amiga, de la muerte evitable de esa mujer? ¿Salvemos las dos vidas? Qué falta de escrúpulos. La vida de esa mujer no la devuelve nadie.

La posibilidad de debatir el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo es una oportunidad que no debemos tomar a la ligera sino que debe ser tomada con responsabilidad. En las manos de ustedes, nuestros legisladores y legisladoras, está la chance de salvar vidas, de darles voz a nuestros cuerpos invisibilizados, acallados y denigrados.

Señores diputados y diputadas: en su voto está la obligación de reconocer que nuestros derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos, y está el deber de otorgarnos nuestra plena autonomía. Las mujeres somos los únicos seres humanos que aún no somos autónomas ni soberanas. Sus opiniones personales no cuentan a la hora de decidir sobre un interés común, porque ustedes han elegido el camino de la política para cambiar las condiciones sociales en las que vivimos. Cumplan con su obligación y apoyen los derechos de las mujeres. Hablen por las que ya no pueden hablar.

Ustedes tienen que entender que la decisión es nuestra. Como dicen las compañeras feministas brasileñas, la mujer decide, la sociedad respeta, el Estado garantiza y la Iglesia no interviene.

Desde la Franja Morada vamos a seguir dando esta pelea, porque se lo debemos a ellas, a las que nos precedieron, a las correligionarias y compañeras feministas, a quienes nos inculcaron una lucha que ahora es la lucha de todas.

Por eso, para que nuestro cuerpo sea nuestro territorio, para que nuestro cuerpo tenga voz y para que las muertes de ellas, las que ya no están, no hayan sido en vano, es imperativo que su voto sea afirmativo para nosotras, para nuestra posteridad y para todas las mujeres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Milena Páramo Bernal, coordinadora en la Argentina del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres.

SRA. BERNAL Buen día a todas y todos. Celebro el inicio de este importante debate en el Congreso de la Nación y agradezco la invitación que me hiciesen a participar de él. Soy coordinadora nacional de CLADEM Argentina. Así es nuestro nombre, más cortito y memorioso.

Dirijo mis palabras a las diputadas y diputados de la Nación, pero especialmente a las miles de adolescentes y jóvenes que en todo el país están siguiendo este debate tanto en vivo como en diferido. Hay muchos varones también; por favor, siéntanse aludidos.

Voy a hablar del embarazo y la maternidad infantil forzada, esta vez refiriéndome al grupo de niñas menores de 15 años.

En la gráfica que ven en pantalla se muestra el total de nacidos vivos de niñas de entre 10 y 14 años, entre 1983 y 2006. Puede observarse allí que desde el retorno de la democracia se han producido en la Argentina 103.509 nacimientos de madres de entre 10 y 14 años. Esto nos da 3.062 nacimientos en promedio por año, lo que implica 8 partos por día de niñas y 3 por hora. Son cifras terribles, pero sabemos que hay cierta gimnasia nacional en negar o banalizar estos datos.

En este debate ya nos tocó ver cómo, contra toda evidencia -incontrastable por demás- presentada por expertas con datos oficiales, han negado que el aborto ha sido por muchos años la principal causa individual de fallecimientos.

La segunda gráfica muestra la tasa de fecundidad específica del mismo grupo quinquenal de niñas. La tasa de fecundidad específica es la relación entre el número de nacimientos sucedidos en un país por año de este grupo etario, dividido por el total de niñas de esas mismas edades, expresado por cada 1.000 niñas.

En la década de los 90 -quiero que observen esto- la línea va por encima de la media, y en los años 2000 se sitúa por debajo. Resulta por ello interesante pensar qué pasa con la fecundidad en las niñas en períodos de crisis.

La tercera placa muestra la tasa de fecundidad específica de 2012, año más próximo al promedio que es, como dije, 3.062. Aquí vemos que Formosa, Chaco, Misiones y Corrientes encabezan este ranking por encima de la media nacional.

Sobre la base de estos datos se puede afirmar, por ejemplo, que una niña de entre 10 y 14 años del NEA está ocho veces más expuesta al riesgo de ser madre que una niña en CABA.

¿Qué dicen en este sentido los estudios acerca del embarazo y la maternidad en la niñez y en la adolescencia temprana? En el informe mundial "Maternidad en la niñez", de 2013, el secretario general adjunto de ONU y director de UNFPA de esa época, por entonces el doctor Babatunde, dijo: "Cuando una niña queda embarazada, su presente y futuro cambian radicalmente, y rara vez para bien" (...) "...se desvanecen sus perspectivas de trabajo y se multiplica su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión y la dependencia".

En nuestro balance regional de 2006, que aquí muestro, sostenemos que un embarazo infantil forzado se produce cuando una niña menor de 15 años queda embarazada sin haberlo buscado o deseado y se le niega, dificulta, demora u obstaculiza su interrupción.

Sobre los riesgos, cabe señalar que estos trabajos y otros, incluida una reciente investigación del Ministerio de Salud de la Nación sobre el tema -realizada en 2017 y que por supuesto recomiendo-, coinciden en identificar que las niñas y adolescentes más jóvenes se exponen a riesgos más altos, multiplicados por dos y a veces por cinco, que las de mayor edad. Me refiero con esto a muerte materna, infecciones, riesgos cardiovasculares, eclampsia, fístula obstétrica, parto prematuro, mortalidad neonatal e incidencia del bajo peso; también altas tasas de depresión, pensamientos de suicidio, etcétera.

Entre los riesgos sociales, se advierte que el embarazo y la maternidad infantil potencian todas las vulnerabilidades previas como la pobreza y la exclusión; afectan las relaciones sociales de la niña en el hogar, no solo en el interior de su familia sino con su entorno; condicionan todas sus posibilidades futuras en general y, como lo expresó el doctor Babatunde, también respecto de su educación y perspectivas.

En este recinto y en los medios hemos escuchado expresiones violentas, estigmatizadoras y poco empáticas sobre las niñas y las adolescentes por parte de la usina creadora de la campaña del bebito, del tipito, del feto gigante, del uso de imágenes amarillistas, del uso inapropiado y doloroso de referencias al Holocausto y de la campaña "Cuidemos las dos vidas". También se ha usado la Convención sobre los Derechos del Niño para hablar de los derechos del embrión y del feto. Ahora bien, yo pregunto: ¿les escuchamos hablar de los derechos de estas niñas? ¿Hablaron acaso de sus derechos a la salud, a la educación, a la integridad personal, al desarrollo integral, a una vida libre de violencias? Casi que se ha escuchado que se promociona y se enaltece la violación.

Una buena parte de estos embarazos son producto justamente de eso, de violaciones, según los términos del Código Penal argentino, en los casos de niñas menores de 13 años; y en el grupo de 13 y más, si bien tienen capacidad de consentir, de ningún modo se descarta que también sufren violaciones y que están en riesgo su vida y su salud.

Otra pregunta: ¿consideran ustedes que quienes han venido a contarnos sus estrategias de contención, que grosso modo consisten en presionar a niñas y mujeres para que sí o sí prosigan con embarazos en cualquier circunstancia y condición, piensan en las dos vidas? Ya escuchamos a Norma, la mamá de Ana María Acevedo, a quien aprovecho para enviar un saludo. Además, esa supuesta contención produce maternidades infantiles forzadas, con todos los riesgos y consecuencias de corto y largo plazo.

Por este debate hemos conocido una suerte de protocolo no formalizado de actuación que consiste en utilizar la Biblia para sembrar culpas o el Código Penal para infundir miedo o prediagnosticar síndromes no reconocidos por la OMS, parapetados desde el poder que da la relación médico-paciente.

Existen otras propuestas perversas salidas de esa misma usina, como la de sacar al feto a los cinco meses del seno materno y otorgar asignaciones.

Aquí quisiera hacer un paréntesis. ¿Se acuerdan lo que se ha dicho de las adolescentes en relación con la asignación universal por hijo? Si hay un dinero público moralmente cuestionado y estigmatizado, ha sido el de dicha asignación.

También han propuesto adopciones desde el útero, que puede ser, entiendo yo, una variante de la subrogación de vientres. En fin...

Una pregunta más. ¿Ustedes han visto organizar marchas contra el gatillo fácil, avanzar judicialmente contra quienes abusan de niñas y de niños también o promover acciones contra el abuso y la cultura de la violación? La respuesta se la dejo a cada quien.

Finalmente, y con mucha alegría, hemos visto cómo adolescentes y jóvenes en las casas y calles de todas partes han tomado como suya la demanda de la campaña y la demanda histórica de todos los feminismos. Hemos visto que agitan en la calle y en todas partes "educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir", porque estas consignas tienen que ver con sus vidas, con su presente y con su futuro.

Nos sentimos juntas en este trabajo cotidiano de hacer un mundo más justo, más equitativo, más igualitario, despatriarcalizado y con una economía en función de las personas y no viceversa.

Quiero hacer una referencia mínima respecto de la intervención del doctor que nos antecedió en la palabra, del Melisa Institute, pero también del Instituto Molecular de la Universidad Católica de la Santísima Concepción en Chile. Es cierto que hay una tendencia en aplicar correlación cuando esta no implica causalidad. En todo caso, hay que decir que muchas de esas muertes maternas son prevenibles, y en la práctica sabemos que no se les informa a las mujeres el riesgo de vida. Lo que estamos diciendo es que, frente a las mujeres que tienen un embarazo y que tienen en riesgo su vida, lo mínimo que corresponde al profesional es informar a la paciente de las consecuencias que tiene y, de este modo, que la mujer decida. De este modo, sí hay una relación directa entre el riesgo de vida de la madre y la mortalidad materna.

Como mensaje final, debo señalar que a esta ley la vamos a ganar por la fuerza de la razón y por la fuerza del movimiento. Es hermoso saber que hay tanta juventud detrás de esta propuesta. Les invito a escuchar las palabras de la vicepresidenta del Uruguay, en una reciente entrevista, en la que habló sobre lo que ella considera que es un derecho logrado por las mujeres en el sur. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra última oradora, la doctora Marcela Durrieu, médica especialista en salud pública, diputada nacional mandato cumplido y militante feminista.

SRA. DURRIEU Señor presidente: gracias por invitarme a hablar en este debate.

Yo les cuento que hace más de medio siglo que milito en esto que, en general, se ha llamado genéricamente el movimiento de mujeres, y durante todo este tiempo hubo varios debates de esta naturaleza.

Quizás, el primer debate de este tipo desde 1983 fue el del divorcio, y las personas más grandes se acordarán de que cuando se discutía algo que hoy nos parece tan normal había movilizaciones en la calle, muchas personas fanatizadas, a favor y en contra del divorcio, y era muy difícil un debate tranquilo. Alguno mencionó que a los que estaban a favor del divorcio, de la misma manera que ahora se nos acusa de asesinos, se los acusaba de promover que las mujeres íbamos a quedar en la calle, que los hombres no se iban a hacer cargo.

Con menos voltaje quizás trascurrió la ley de trasplantes, pero es lo mismo. En supuestas defensas basadas en lo biológico, pero que en el fondo tenían un contenido religioso, se decía que había que esperar la muerte natural; la muerte natural significaba la muerte sin intervención médica, como si las muertes hoy no tuvieran siempre intervención médica. También hubo un debate bastante difícil y, sin embargo, la ley se aprobó y hoy nadie la discutiría.

Ni hablemos de la ley de salud reproductiva. Algunos se acordarán de niños de escuela primaria movilizados en la calle, con cruces y banderas. Y, últimamente -aunque un poco menos- pasó lo mismo con la ley de matrimonio igualitario.

Yo lo que quiero decir es que detrás de todas estas posiciones nunca se decía que había una idea religiosa, porque era muy fácil decir que nosotros no somos un Estado teocrático y entonces no se puede legislar en función de ideas personales. O por lo menos deberían explicitarse y decir "Yo digo esto porque tengo una idea religiosa" en lugar de disfrazarlo de falsas posturas científicas.

No necesito explicar las consecuencias benéficas que tuvieron todas estas leyes, porque además de sus cometidos específicos, produjeron cambios culturales. Pero aliviaron el dolor de muchas personas y ayudaron a ir construyendo de a poco una sociedad menos discriminatoria y más justa.

Entonces, deberíamos estar de alguna manera prevenidos contra las posturas fanáticas en este tipo de debates. Así creo que va a suceder con esta ley.

Esta ley va a ser sancionada porque, como dijeron muchos aquí, el movimiento de mujeres es imparable. Esta ley está empujada por una nueva generación de mujeres muy jóvenes que no van a aflojar.

Pero también quiero decir que el contexto es totalmente diferente de lo que describía. En primer lugar, en la calle hoy hay una sociedad abierta a debatir sin estigmatizar. A veces, hay gente acá adentro que estigmatiza, pero cuando uno habla con las mujeres de la calle, están dispuestas a escuchar, a escucharse mutuamente, y a ver cuál es la mejor solución para un problema que todos sabemos que existe.

También es la primera vez que hay un debate interno de este tema, acá adentro, con participación de la comunidad, un debate serio, respetuoso, con todas las voces, y este debate produjo un efecto que quizás no esperábamos, que es el debate en la sociedad civil. Rompió tabúes y silencios. Es curioso porque yo milito con mujeres -y milito con mujeres de un partido político, no del feminismo puro- y me encontraba con muchas mujeres que decían "¿Pero ustedes están a favor del aborto?", "No, nosotras estamos en contra del aborto". Porque suena a tabú, suena a "de esto no se puede hablar", como que estar a favor de la ley de despenalización del aborto es estar a favor de abortar.

Cuando explicábamos qué era lo que estábamos debatiendo, cambiaba la situación; muchas de ellas habían tenido uno o más abortos, habían acompañado a abortar a amigas y a hijas.

Quizás no sea perceptible para la gente más joven, pero también hay un cambio muy profundo en la Iglesia Católica, salvo -como siempre- un pequeño sector, pero muy fácil de identificar. No hay ahora un monseñor Baseotto amenazando con tirar a un ministro de Salud desde un helicóptero con una piedra en el cuello por plantear que había que despenalizar el aborto.

La verdad es que el papa Francisco extendió el permiso a todos los curas para poder absolver el aborto por tiempo indefinido y reconoció la complejidad de la actual realidad familiar -estoy leyendo para que sean las mismas palabras-, y sin mencionarlo estaba aludiendo a las situaciones de divorciados y homosexuales.

Obviamente, siempre hay más papistas que el papa, literalmente, y siempre hay quienes estarían encantados con un Estado teocrático, que impusiera al resto sus ideas religiosas. Insisto, nunca se habla de ideas religiosas, porque lo que se hace es disfrazarlas de posiciones pseudocientíficas, y aquí he escuchado muchas.

En este sentido, quisiera hacer una reflexión para que empecemos a repasar algunas cosas. En primer lugar, repitamos que todos estamos a favor de la vida y terminemos con algunas cuestiones maniqueas.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Resta un minuto de su tiempo.

SRA. DURRIEU En segundo término, abortar no es un método anticonceptivo, en eso estamos todos de acuerdo, y también en que hay que disminuir la mortalidad materna por todas las causas. La mortalidad materna por aborto es una pequeña causa, pero también hay que ocuparse de las otras.

Por último, hay que proteger el embarazo desde la concepción, si la madre decide llevarlo adelante; no veo contradicción en esto.

Estoy intentando acortar el tiempo porque siete minutos no alcanzan para decir mucho. Solo quiero decir que soy médica, especialista en salud pública, y hay cosas que uno no puede tolerar. No se pueden usar argumentos pseudocientíficos, incluso miradas sesgadas de esto que se llama medicina basada en la evidencia o consistencia estadística basada en la evidencia. Nosotros tenemos la obligación de decir la verdad y reconocer que hay cosas que la ciencia no sabe.

Afirmar que la vida existe desde la concepción es estirar mucho el concepto. Desde el punto de vista biológico el embrión está vivo -del mismo modo que un tejido o una célula-, pero es un grupo de células que todavía no tiene un cerebro funcionando y lo que lo convierte en un ser humano es la actividad cerebral, la conciencia de sí. Entonces, decir que hay vida desde la fecundación, si el 70 por ciento de los huevos no se implantan o que porque hay una composición...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Por favor, vaya redondeando su exposición.

SRA. DURRIEU La placenta, que tiene la misma carga genética, no explica que eso es un ser vivo.

Voy a concluir aquí pero considero que algunas miradas son muy peligrosas ya que podrían terminar con prácticas como los trasplantes y la fertilización asistida. En este último caso, se descartan muchísimos embriones y al respecto hay algo muy patriarcal: descartar embriones para ser madre está bien, pero hacerlo para no ser madre, está mal. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY A continuación daremos lectura a las preguntas para que sean respondidas por señores los expositores.

Ocupa la presidencia la señora diputada María Gabriela Burgos, presidenta de la Comisión de Legislación Penal.
SRA. PRESIDENTA BURGOS Voy a dar lectura de una pregunta del señor diputado Sergio Wisky para la doctora Marisa Leno, quien -afirma- basó parte de su ponencia en el retiro del medicamento Cytotec en Francia. La primera pregunta dice así: "¿Me podría dejar la cita del trabajo científico donde avala esta afirmación que hizo? ¿Qué revista científica lo publicó?"

La segunda parte tiene varias preguntar: "Del trabajo que usted seguro ha leído y en parte avala su disertación, ¿me puede decir datos como, por ejemplo, si fueron indicados por médicos, cantidad de mujeres tratadas con Cytotec y cantidad de mujeres que tuvieron complicaciones? ¿Las semanas del embarazo que cursaban las mujeres eran menores a catorce? ¿Qué promedio de semanas de embarazo tenían las que presentaban complicaciones y qué promedio de semanas los embarazos de las mujeres que no tenían complicaciones? ¿Tenían contraindicaciones como trastornos de la coagulación de base?"

Formulo la última pregunta, aunque la doctora Leno no se encuentra presente. Dice así: "Por último, usted en este recinto está diciendo que el Manual de la Organización Mundial de la Salud, Aborto sin riesgos: Guía Técnica y de Políticas para Sistemas de Salud, segunda edición, en su indicación del uso del Misoprostol, en su página 22 y 23, formula una falsedad científica y con esto la OMS está poniendo en riesgo a todas las mujeres del mundo que estén bajo este tratamiento".

Señor diputado, la persona que había hecho esa presentación no se encuentra en el recinto.

La siguiente pregunta es de la señora diputada Karina Banfi para la doctora Marisa Leno, que aunque no esté presente, igualmente voy a leerla. Dice así: "¿Cree usted que la mujer víctima de la violación no acude a la práctica del aborto porque cree que es ilegal? ¿Cree usted que mantener la punibilidad sobre la práctica médica mantendría la clandestinidad del aborto poniendo en riesgo la vida de las mujeres?"

Tengo otras preguntas para la doctora Marisa Leno, de parte del señor diputado Marcelo Wechsler. Dice así: "¿Cómo llama a los abortos espontáneos? ¿Son antinaturales? ¿Cuántos abortos espontáneos se producen en relación con los partos? ¿Usted piensa que hay que penalizar también a las mujeres que tienen abortos espontáneos?

La pregunta que leeré a continuación es para la señora Carmen Carrizo, aunque tampoco está presente. De todas formas voy a leerla. Dice así: "¿Qué pasa cuando una mujer da a luz un bebé no deseado? ¿Cuál es el porcentaje de depresión posparto de mujeres que no quieren ser madres en relación con las que desean un hijo?"

La siguiente pregunta es de la señora diputada Karina Banfi para la sería Marisa Matía. Dice así: "¿Qué opina acerca de la siguiente afirmación: sostener la punibilidad de la práctica del aborto sobre el médico afecta principalmente a las mujeres pobres y más vulnerables?

SRA. MATÍA Sí, por supuesto el trabajo presentado, por lo menos desde la evidencia en la provincia de Buenos Aires, da cuenta de que la punibilidad del aborto afecta la salud de las mujeres más pobres, ya que ellas son arrojadas al sistema clandestino.

El estudio de situación de salud, que se hizo por primer vez en 2011, arrojó claramente que, de acuerdo con la clasificación de hogares que tomamos a partir del INDEC, las mujeres que fallecían por aborto tenían que ver con aquellas agrupadas en los sectores de peor situación social, los estratos 3 y 4, que nucleaban más del 80 por ciento de las muertes.

Por lo tanto, claramente la punibilidad afecta a las mujeres pobres, que no tienen capacidad de pago, porque justamente las que acceden a abortos seguros son las que pueden pagar una clínica privada. Por otro lado, son aquellas que muchas veces no llegan a sortear los obstáculos de accesibilidad al sistema de salud. No sé si he contestado la pregunta.

SRA. PRESIDENTA BURGOS Muchas gracias.

La siguiente pregunta es de la señora diputada Romina Del Plá para la doctora Marisa Herrera y dice así: "¿Podría ampliar la situación de las adolescentes en relación al proceso de la interrupción del embarazo y el concepto de autonomía progresiva?"

SRA. HERRERA Básicamente el concepto de autonomía progresiva es de índole constitucional y convencional, que figura en la Convención sobre los Derechos del Niño, artículos 2° y 3°, y en las Observaciones Generales N° 12 y 14 del Comité de Derechos del Niño con sede en Ginebra.

Además, no solo es una obligación sino que el Código Civil y Comercial, en línea con la visión de derechos humanos, regula en el artículo 26 el principio de autonomía progresiva.

De hecho, de los diez proyectos de ley que están en la Cámara de Diputados -uno referido a despenalización, por lo cual no, y otro relacionado con los casos de aborto no punible, y por lo tanto, tampoco-, en ocho de ellos se profundiza lo relacionado con la legalización del aborto, y el artículo 26, más allá de algunas diferencias que puedan tenerse, es respetado en lo que se considera invasivo o no invasivo.

Igualmente, con el avance del aborto con el uso del misoprostol, ya que el procedimiento consiste tan solo en la toma de un medicamento, gran parte de estos casos involucrarían técnicas no invasivas. O sea que la adolescente perfectamente podría hacerlo, tal como lo dice el artículo 26 del Código Civil.

Por consiguiente, me parece que los proyectos de ley ya han receptado este artículo 26, que se refiere a la aplicación en la práctica de la autonomía progresiva y que está vigente desde el 1º de agosto de 2015.

SRA. PRESIDENTA BURGOS Tenemos una pregunta de la señora diputada Cecilia Moreau para el doctor Koch: "¿Cuáles son los motivos para decir que una mujer es vieja para ser madre a los 35 años, y qué opina de las mujeres que son madres después de los 40?"

SR. KOCH En realidad no tengo ningún motivo. Se trata simplemente de una forma coloquial de decir que ha aumentado la postergación de la maternidad. Es básicamente eso, una forma coloquial.

En este sentido, efectivamente se observa que el riesgo obstétrico aumenta en forma exponencial después de los 35 años. Eso es lo que ocurre cuando la maternidad envejece, y digo esto porque hay una postergación excesiva en los distintos países a medida que estos se van desarrollando y en los cuales va aumentando, como les decía, el empoderamiento de las mujeres.

Si bien esta situación tiene muchas consecuencias positivas, incluso para la salud materna, paradójicamente también tiene este efecto negativo sobre la mortalidad de la mujer. Cada vez más aumenta la cantidad de primíparas después de los 35 años. Ellas, a partir de esa edad, presentan más roturas uterinas y más riesgos de complicaciones obstétricas en general, lo cual obviamente desacelera las curvas de reducción de mortalidad materna en los distintos países. Esto ocurre incluso en los países más desarrollados, algunos de los cuales hoy día están registrando un aumento de mortalidad materna, tal como sucede en los Estados Unidos y en España.

SRA. PRESIDENTA BURGOS Tenemos otra pregunta de la señora diputada Carla Pitiot para Valeria Zimmerman: "¿Podría contarnos, por su experiencia, cómo es el sistema de adopción en los Estados Unidos?"

SRA. ZIMMERMAN Muchas gracias por la pregunta. Lo que yo puedo contarles es la experiencia con amigas mías que han adoptado. No soy especialista en el tema, pero sí conozco casos.

La profesora de chelo de mi hijo adoptó cuatro hijos. Ella, además, es sobreviviente de un aborto. Su mamá quiso abortarla dos veces con inyección salina, y a raíz de eso se arruinaron sus riñones y, entre otros problemas, tampoco pudo tener hijos. Esto es así porque, como saben, las gónadas se desarrollan junto con los riñones.

Esta señora -que sí es experta en adopción- es una de las referentes en esta materia en todo el Estado de Georgia, lugar donde resido. Ella adoptó a cuatro chicos, cada uno de ellos a través de un modelo diferente.

Su primer hijo vino por medio de una adopción privada, en el que la amiga de una amiga le contó sobre una chica que estaba embarazada y que tenía fecha para abortar el martes de la semana siguiente; esto ocurrió un viernes. Entonces, ella decidió encontrarse con esa chica y le dijo: "Yo voy a adoptar a tu bebé". Cuando se encontraron, la madre vio si eran compatibles...

SRA. BANFI En la Argentina está prohibida la adopción privada.

SRA. ZIMMERMAN Bueno, estoy contando cómo son los modelos en Estados Unidos...

Varios señores hablan a la vez.
SRA. ZIMMERMAN Perdón, pero me preguntaron cómo es esto en los Estados Unidos.

Entonces, la adopción privada fue muy rápida y mi amiga pudo estar presente en el parto de su bebé. Inmediatamente se lo dieron y pudo estar con él piel con piel.

El segundo caso de adopción fue el de un bebé cuya mamá estaba intoxicada por abuso de sustancias, razón por la cual un juez determinó todos los derechos parentales para la madre adoptiva. Ese es otro modelo de adopción; en este caso una adopción cerrada, en la que la madre biológica no tiene derecho a decidir sobre ese hijo, ni éste podrá en el futuro saber de dónde viene.

A ese chiquito tuvieron que dejarlo siete horas en neonatología para desintoxicarlo, y luego de eso, a la primera persona que llamaron para que estuviera con él fue a la madre adoptiva.

Eso es algo muy bueno, porque de esa forma el chico no pasa por múltiples instituciones y múltiples manos. Se sabe que un niño puede recuperase de un primer desapego; pero la segunda vez, esto es muy duro.

El otro modelo importante contempla la capacidad de hacer tránsito con derecho a la adopción, tal como también ocurrió en el caso de mi amiga. Esto implica que cuando el niño está en tránsito puede quedarse directamente con esa familia, que lo recibe sin necesidad de pasar, como decía, por múltiples instituciones y múltiples manos. Esto es algo muy exitoso. (Aplausos.)

SRA. PRESIDENTA BURGOS Tiene la palabra la señora diputada Banfi.

SRA. BANFI Señora presidenta: por la función que nosotros tenemos en el Congreso, quiero pedirle encarecidamente que cuando se hagan preguntas cuyas respuestas quizás no son conocidas por los expositores, de las que solo tocan de oído, se les informe que pueden responder que no saben. Esa es una función social para todos los que nos están escuchando.

Nosotros no podemos hablar por boca de jarro de cosas que desconocemos, porque en este Congreso tenemos una función política y una responsabilidad pública de no desinformar a la gente. Tampoco debemos generar expectativas que incluso en el derecho argentino están vedadas. Así que, por favor, si no saben lo que les preguntan, digan "no sé", y eso estará muy bien. Hay que respetar la palabra de todos y también el no conocimiento de un tema. (Aplausos.)

SRA. ZIMMERMAN ¿Puedo decir algo más? Mi idea es simplemente tirar la pelota para que el tema genere curiosidad y ustedes investiguen al respecto.

SRA. PRESIDENTA BURGOS Muchas gracias.

Tiene la palabra el señor diputado Del Cerro.

SR. DEL CERRO Perdón, pero creo que no entendió la pregunta. Si uno habla de sistemas, no podemos remitirnos a meras anécdotas o conocimientos que no tienen ninguna fundamentación en ninguna ciencia, ya sea social o biológica. (Aplausos.)

SRA. PRESIDENTA BURGOS Tiene la palabra el señor diputado Goicoechea.

SR. GOICOECHEA Creo que debemos ser respetuosos con todos los invitados.

En mi caso, como médico he escuchado decir que un embrión o un feto es una larva, y aun así fui respetuoso y tolerante. Así que les pido ese mismo trato con los invitados. Cada uno de ustedes podrá después discernir sobre la cuestión. Pero me parece una falta de respeto tratar de censurar a alguien que puede dar su opinión sobre esta vivencia, más aún tratándose de alguien que vive en el exterior. Ante todo, creo que debemos tener consideración y respeto hacia nuestros invitados. (Aplausos.)

Varios señores hablan a la vez.
SRA. PRESIDENTA BURGOS Señora diputada Banfi: más adelante podremos tener el diálogo entre nosotros.

Acá se hicieron todo tipo de preguntas, se ha escuchado una gran cantidad de cuestiones personales e incluso se formularon preguntas que nada tenían que ver con los temas sobre los cuales se disertó. Hemos tenido la posibilidad de preguntar todo. Así que si estamos en este nivel de tolerancia y nos estamos escuchando todos y todas, pienso que debemos seguir en esa misma línea.

Luego podremos tener el debate entre nosotros, los legisladores, una vez que concluyamos con la etapa de las disertaciones. (Aplausos.)

Me quedan dos preguntas; una de ellas, del señor diputado Filmus está dirigida a la doctora Marisa Herrera. Dice así: "¿Cuál es la razón por la cual se cita el Código Civil como instrumento legal que impide el aborto legal?"

SRA. HERRERA Agradezco mucho esta pregunta porque me permite también aclarar algo que me parece fundamental. El Código Civil y Comercial de la Nación, vigente desde el 1º de agosto de 2015, es un Código diferente. Es totalmente distinto y con otra base en comparación con el código que fue derogado. Por lo tanto, tenemos lo viejo y lo nuevo en tensión. Es decir, seguimos teniendo una mirada vieja sobre una legislación nueva, que cree que lo único que vale es el Código, y éste se inserta en un sistema de derechos humanos en virtud de los artículos 1° y 2°. Justamente se autoimpone dinamizarse a la luz de los derechos humanos.

Por ejemplo, la Convención Interamericana sobre Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, aprobada el año pasado, automáticamente forma parte de este bloque. Es decir que el Código Civil también se nutre de esa normativa.

En otras palabras, hoy ningún buen civilista puede realmente serlo si no conoce los tratados internacionales sobre derechos humanos y también las convenciones y opiniones consultivas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, porque forman parte de este bloque normativo y agrandan o amplían el Código Civil y Comercial. Me parece que eso tiene que ver con una mirada legalista solo de un código o una mirada claramente pluralista, como la que tiene el nuevo Código Civil.

SRA. PRESIDENTA BURGOS La última pregunta es para el señor Marino Miguel Muñoz, de parte de la señora diputada Banfi. Dice así: "Usted habló del rol del hombre en los casos de aborto. Se refirió al síndrome posaborto en el hombre. ¿Cuál es su opinión cuando este hombre es un violador? ¿Qué opina de los embarazos de menores de edad producto de una violación? ¿Debe ir presa si se hace un aborto?"

SR. MUÑOZ Yo podría haberme referido a muchos grupos, pero me referí solamente a dos: a los hombres que empujan, que pagan y que maltratan a las mujeres hasta que llegan al aborto porque -hay que decir la verdad-, en los años que llevamos en esta tarea de contención social, encontramos que el aborto no es una decisión feliz. Las mujeres no llegan felices a esa decisión.

Por otro lado, los hombres que han perdido un hijo, a quienes se les ha arrebatado un hijo, que no han podido tener ninguna participación en la decisión de la vida de ese hijo y se enteraron solamente de que ese hijo fue abortado, tienen un duelo, tienen una pérdida, tienen que elaborar una serie de cosas que les lleva a situaciones muy similares en cuanto a la problemática que vive la propia mujer por las decisiones del aborto.

Por eso equiparo en que los síntomas son diversos, y por eso es un síndrome, porque son diversos, es aleatorio, se presenta de distintas maneras y hemos visto casos en donde esa situación tan violenta, inclusive por ver el aborto espontáneo en su pareja, los deja afectados y tienen unas experiencias muy difíciles de superar. Me referí a esos dos grupos.

En cuanto a si un violador necesita ser encarcelado -creo que esa fue la pregunta-, por supuesto, eso lo contempla la ley y es un acto que debe ser penado. Lamentablemente nuestro país tiene una deuda, un déficit en la Justicia en este sentido, y vemos muchos violadores sueltos. Yo me refiero al lugar donde yo estoy, no sé de este lugar, pero quisiéramos ver a los violadores en la cárcel.

En cuanto a la mujer que aborta, no he visto, no conozco -a lo mejor me puedan informar- que ninguna mujer que haya abortado en este país haya terminado presa. En ese punto no se puede decir que se aplicó la ley para apresar a una mujer porque haya abortado. Creo que no hay registro en este país por eso.

SRA. PRESIDENTA BURGOS Muchas gracias. Vamos a reanudar a las 14 y 45 para continuar con las disertaciones programadas para esta tarde.

Gracias a los disertantes, quienes estuvieron presentes desde temprano y hasta ahora. Esto enriquece y engrandece el debate que luego tendremos los legisladores.

Es la hora 13 y 54.