LEGISLACION PENAL

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Reunión del día 12/04/2018

- IVE (CONJUNTA)

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los doce días del mes de abril de 2018, a la hora 10 y 5:
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Agradecemos por estar aquí tanto a los diputados y a las diputadas, como a los expositores.

Damos inicio a la segunda reunión informativa referida a la despenalización del aborto o interrupción voluntaria del embarazo. Hemos tenido una jornada muy fructífera el martes pasado. Esperamos que la segunda jornada que hoy estamos comenzando se desarrolle con el mismo tono de respeto, tolerancia y profundidad.

Agradezco también a las señoras presidentas de las demás comisiones que integran este plenario junto a la Comisión de Legislación General, que presido. Me refiero a las señoras diputadas Silvia Alejandra Martínez, presidenta de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia; Carmen Polledo, presidenta de la Comisión de Acción Social y Salud Pública, y María Gabriela Burgos, presidenta de la Comisión de Legislación Penal.

Quisiera hacer dos o tres aclaraciones. En primer lugar, cuando se invite a un expositor a hacer uso de la palabra y se anuncie su nombre solamente vamos a permitir que hable esa persona que ha sido citada. Si alguien más pretende hablar sin haber sido previamente convocado, no le será permitido exponer. Esto, a fin de respetar las reglas de juego que hemos impuesto para este debate desde el primer momento.

Por otra parte, quiero comentarles que seguiremos con la misma metodología que utilizamos en la primera reunión, de manera que podremos hacer las preguntas luego de haber escuchado las exposiciones. Así que pedimos a los señores diputados que vayan tomando nota de las preguntas que puedan surgir luego de cada una de las presentaciones y las acerquen con anticipación, de manera que podamos armar un cronograma de preguntas.

Por último, pedimos a los expositores que en lo posible permanezcan en la sala hasta el final de la reunión, justamente para dar respuesta a cada una de las preguntas que formulen los señores diputados.

La primera expositora es la señora Andrea D'Atri, licenciada en psicología de la UBA; especialista en estudios de la mujer, docente e investigadora.

SRA. D'ATRI La lucha por el derecho al aborto en la Argentina tiene una historia que no empezó el martes pasado. Solo por mencionar algunos momentos, quisiera señalar a los primeros grupos feministas que exigieron el aborto legal a principios de los años 70, mientras el gobierno peronista de la mano de López Rega prohibía los anticonceptivos.

Luego vino la dictadura genocida que impuso a sangre y fuego los valores católicos a la Nación, con la complicidad de la más alta jerarquía de la Iglesia Católica.

Desde 1985 organizamos los Encuentros Nacionales de Mujeres, y así, después de muchos años el debate por el derecho al aborto se instaló fuertemente. En los años 90, Menem instituyó el Día del Niño por Nacer, a pedido del Vaticano, algo que los gobiernos posteriores no quitaron del calendario oficial.

Durante los tres gobiernos kirchneristas, la lucha por el derecho al aborto volvió a tomar impulso, especialmente de la mano de la campaña nacional que presentó este proyecto que hoy debatimos, sistemáticamente, pero nunca fue tratado por el Congreso por expreso pedido del Poder Ejecutivo, que disciplinó al bloque oficialista, aunque varias diputadas y diputados de su bloque lo habían firmado.

Quiero recordar, entonces, y rendir homenaje a la abogada feminista y de izquierda que redactó el primer borrador de este proyecto que estamos debatiendo: nuestra querida Dora Coledesky, presente.

Esta lucha persistente del movimiento de mujeres explica por qué el debate instalado durante tantos años ya arrojó el resultado de una mayoría que se pronuncia a favor de la despenalización y la legalización del aborto en la Argentina.

Por falta de tiempo no voy a poder citarlas, pero hubo diversas encuestas -incluyendo algunas del propio gobierno y de grandes medios de comunicación-, todas las cuales arrojaron este resultado que los militantes del movimiento de mujeres conocemos desde hace mucho. Sin embargo, en estas audiencias se presentan quienes quieren volver atrás este debate de largos años y, además, no argumentan sobre lo que verdaderamente estamos debatiendo.

Nosotras apoyamos el proyecto presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, que ha sido firmado cada vez por mis compañeras y compañeros diputados Myriam Bregman, Nathalia Seligra y Nicolás del Caño. Pero además se debatirán otros siete proyectos, todos ellos de despenalización y/o legalización del aborto, presentados por diputados de distintos bloques del oficialismo o la oposición.

Por eso, decimos que deberían pronunciarse a favor o en contra de las diversas opciones que estos proyectos establecen, porque no estamos discutiendo cuándo es el comienzo de la vida humana ni mucho menos acerca de nuestras personalísimas apreciaciones sobre las leyes existentes, sobre los derechos ya consagrados o cómo nos gustaría -en función de nuestras propias creencias- que las mujeres vivieran su sexualidad y ejercieran su capacidad reproductiva.

Digo esto porque en la primera audiencia tuvimos que escuchar argumentos verdaderamente increíbles de parte de quienes se oponen a este derecho. No solo son increíbles, sino que también son ofensivos y agraviantes. Por ejemplo, el doctor Bianchi se burló de nuestra lucha por la igualdad ridiculizándonos y diciendo que cuando dos personas -un hombre y una mujer- se postulan para un puesto gerencial, se elige al hombre si la mujer está embarazada; pero la mujer tiene otra misión tanto o más importante que ser gerente, como la de dar a luz. Eso dijo el doctor Bianchi.

Digo al doctor Bianchi que la inmensa mayoría de las mujeres somos asalariadas y que la mayoría de las mujeres asalariadas, además, somos precarizadas.

Cuando las mujeres trabajadoras pensamos interrumpir un embarazo lo hacemos porque sabemos que la patronal nos dejará dejar en la calle al conocer esa noticia; o si estamos desocupadas, sabemos que no nos vadmitirán en ningún trabajo estando en esa situación porque muchos dicen que las mujeres se realizan solamente en la maternidad; además, quienes son dueños de empresas no quieren madres como empleadas.

También escuchamos a la doctora Basset, que aludió al caso "FAL", de la niña abusada y embarazada, para quien su madre solicitó un aborto terapéutico, diciendo brutalmente que ese embarazo en realidad le salvó la vida porque con eso frenó el abuso.

Al respecto deberían informarse -si es que no actúan maliciosamente o por ignorancia-, ya que en la Argentina existe una ley de educación sexual integral y la Iglesia presiona para que no sea implementada realmente en todos los niveles de la enseñanza. Deberían saber que también existe una ley de salud sexual y reproductiva, y la interrupción legal del embarazo conforme a diversas causales; que la Corte Suprema de Justicia falló en el caso "FAL" sentando jurisprudencia sobre la interpretación amplia y no restrictiva del artículo 86 del Código Penal, y que estamos debatiendo si el Congreso derogará los artículos 86 y 88 del Código Penal y legalizará el aborto durante las primeras catorce semanas del proceso gestacional, garantizando que esa práctica pueda realizarse en los hospitales públicos.

"Educación sexual para decidir; anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para no morir": este ha sido el lema de nuestro movimiento de mujeres durante más de una década en que venimos llevando adelante esta lucha.

Nos impacienta que en vez de debatir lo que hay que discutir en el Congreso se nos quiera retrotraer a cuestiones que ya están saldadas. Nos impacienta que se dilate el debate con quienes no quieren argumentar contra los proyectos que defendemos sino imponer sus creencias personales.

Eso nos impacienta y nos urge, porque mientras tanto, las jóvenes más pobres del pueblo trabajador siguen sometiéndose a prácticas inhumanas para interrumpir embarazos y siguen muriendo por infecciones generalizadas, hemorragias y perforaciones uterinas.

Por eso, el martes pasado estuvieron esas mujeres en la puerta del Congreso. No solo eran miles de adolescentes y jóvenes, sino también enfermeras despedidas del Hospital Posadas, los trabajadores mineros de Río Turbio -quienes al día siguiente fueron reprimidos en su protesta-, porque son ellas, sus hijas, sus madres, sus hermanas y amigas las que viven la discriminación que profundiza las cadenas de la explotación que les depara este régimen social.

Las mujeres de Pan y Rosas junto a todo el movimiento de mujeres seguiremos movilizándonos hasta que el Congreso convierta en ley nuestro derecho.

Queremos que los nombres de estas jóvenes muertas, las jóvenes pobres hijas del pueblo trabajador, retumben como un grito en el Salón de los Pasos Perdidos.

Sabemos que nuestros derechos se debaten en el Congreso, pero estamos convencidas de que los conquistamos en las calles con nuestra lucha. Cada uno de los pasos que las mujeres dimos y seguiremos dando en las calles, nunca serán pasos perdidos. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Pedimos a todos los expositores que no hagan alusiones personales sobre diputados presentes o no; porque, en definitiva, aquí buscamos escucharnos sobre aspectos vinculados a la temática en discusión sin aludir a posiciones personales de los diputados. Por supuesto que también transmitiré esta aclaración a los expositores de la tarde.

Tiene la palabra la doctora María Elena Barbagelata, abogada y diputada mandato cumplido.

SRA. BARBAGELATA Muchísimas gracias por la invitación; es un honor estar aportando en este trascendente debate.

En primer término, quiero señalar que la penalización de la interrupción voluntaria del embarazo vulnera el derecho de las mujeres a la no discriminación y la igualdad, la salud y la atención médica adecuada, la vida, la libertad y dignidad, la privacidad, la autodeterminación; el derecho a decidir sobre el número de hijos y el intervalo entre sus nacimientos, a la libertad de conciencia y religión y a verse libres de tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Tanto el Comité de Derechos Humanos como el Comité de la CEDAW han recomendado, desde 1996, que se revise la legislación que criminaliza el aborto para evitar muertes de mujeres o daños permanentes en su salud.

Al adoptar normas de carácter penal, el legislador no puede desconocer que la mujer es plenamente un ser humano digno. Por lo tanto, en lugar de considerarla y convertirla en un simple instrumento de reproducción de la especie humana debe tratarla como ser humano.

Penar la interrupción voluntaria del embarazo implica considerar que la mujer no es un sujeto de derecho sino una cosa, que no puede decidir sobre su cuerpo, que no tiene libertad ni dignidad; que no merece el respeto a la capacidad de decisión sobre su salud, su maternidad, sus proyectos, planes de vida y privacidad; o sea que otros deciden por ella.

Hace ya más de veinte años que decidir libremente el número de hijos y el intervalo entre sus nacimientos es un derecho reconocido como parte de los derechos humanos. Tal capacidad de decisión se conoce como "derecho a la autonomía reproductiva", que está explícitamente establecido en el artículo 16 de la CEDAW.

Al penalizar la IVE se viola también el derecho a la intimidad, que incluye el derecho de toda mujer a decidir sin interferencias sobre sus funciones reproductivas. Penar es discriminatorio; la aplicación de esta pena afecta a las mujeres en forma desproporcionada. La discriminación no es solo directa; también asume formas indirectas cuando los efectos negativos pesan sobre las mujeres y no sobre todos los miembros de la sociedad en general, y con mayor razón, cuando sus efectos recaen en especial sobre las mujeres pobres.

Penar no previene la interrupción del embarazo, cuyo número, según estimaciones, alcanza las quinientas mil prácticas por año. El martes pasado ya se planteó aquí el estudio de la CEPAL. Ese número no se reduce por la supuesta amenaza penal. Criminalizar la IVE con penas privativas de la libertad de hasta cuatro años, como hoy rige, pone de manifiesto que tampoco se cumple con la finalidad de la pena, cuyo objetivo es la resocialización de quien es sancionado. Tal como afirma nuestra Constitución Nacional y los convenios de derechos humanos, la pena solo sirve como castigo y genera un trato cruel hacia las mujeres. Lo hemos visto en muchísimos casos, algunos muy recientes, como el caso Belén, que seguramente vamos a tratar en el día de hoy.

En definitiva, lo que se castiga es la decisión de no querer convertirse en madre. Existen disponibles otros recursos más idóneos para evitar los abortos, como las medidas extrapenales, es decir, fuera del derecho penal. Se trata de medidas de seguridad social y de salud sexual y reproductiva, incluyendo la educación sexual.

La pena privativa de libertad debe ser el último recurso, la última ratio por su naturaleza represiva, cruel y discriminatoria. Es inaplicable en la práctica y opera tan selectivamente que solo persigue a las mujeres más vulnerables. La figura penal opera como una amenaza que termina fortaleciendo el circuito económico de las prácticas clandestinas de salud y la comercialización irregular y monopólica de los medicamentos, como sucede con el Misoprostol. Este medicamento tiene un 2.700 por ciento más de costo si lo comparamos con lo que cuesta, por ejemplo, en Francia. Hemos hecho la denuncia ante el INADI, la cual está pendiente de tratamiento.

Además, la aplicación de esta pena sin discriminación resulta materialmente imposible. Si realmente fuera una pena aplicable tendríamos que estar privando de la libertad, por lo menos, quinientas mil mujeres por año, más los profesionales intervinientes, lo que da la pauta del despropósito de los que insisten en mantener esta figura penal.

Penar, además de ser un recurso inidóneo, es innecesario. La pena por aborto es contraria al principio de necesidad. Su efecto real conduce a aumentar los abortos inseguros y la mortalidad materna.

El derecho a la vida de una mujer supone el derecho a no morir por razones evitables relacionadas con el embarazo; pero este derecho es violado cada minuto.

Según un estudio de Alda Facio -experta del comité de la CEDAW- de acuerdo a UNPFA, UNICEF y UNIFEM, por cada minuto que pasa una mujer muere en el mundo durante el embarazo o el alumbramiento, situación que sigue prácticamente inalterable desde 1990 con enormes diferencias entre países desarrollados y países en desarrollo.

Finalmente, quiero señalar que la penalización de la interrupción voluntaria del embarazo constituye también una forma de violencia contra la mujer y, por lo tanto, una discriminación.

La última recomendación del comité de la CEDAW es reciente. Se trata de la recomendación número 35 del mes de julio de 2017. En el punto 18 expresa lo siguiente: "Las violaciones de la salud y los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, como la esterilización forzada, el aborto forzado, la tipificación como delito del aborto, la denegación o postergación del aborto sin riesgo, la atención posterior al aborto, la continuación forzada del embarazo y el abuso y el maltrato de las mujeres y las niñas que buscan información sobre salud, bienes y servicios sexuales y reproductivos, son formas de violencia por razón de género que según las circunstancias pueden constituir tortura o trato cruel, inhumano o degradante".

Me parece trascendente que este debate salga del marco estricto del derecho penal; esto va mucho más allá. En realidad, el derecho penal es muy resistente e impermeable en torno de los cambios de los derechos humanos de las mujeres. La prueba está en que venimos manteniendo una figura que cumplirá cien años -desde 1921-, cuando la mujer carecía de voz y voto. Es más; ni siquiera era un sujeto pleno de derechos y se la trataba como una incapaz. Mantener hoy una mirada de hace cien años parece no resistir otra mirada de derechos humanos y mucho menos con perspectiva de género.

He tenido el honor de trabajar en la penúltima comisión de redacción para reformar el Código Penal de la Nación. Conozco las dificultades del ámbito penal para abordar la evolución de los derechos humanos y reconocer realmente con todas sus fuerzas los derechos de las mujeres. En el año 2014 presentamos el anteproyecto y allí no se incluyeron reformas importantes. Sin embargo, hay una alternativa que fue presentada e incluida en dicho proyecto.

Estoy convencida de que el Parlamento estará a la altura del desafío señalado en el artículo 3° de la CEDAW, que marca que no solo es una opción para el Estado transformar la legislación sino que se convierte en un deber y un compromiso modificarla y transformarla para posibilitar el ejercicio efectivo de los derechos humanos de las mujeres con perspectiva de género. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el señor Alejandro Katz.

SR. KATZ Señoras diputadas, señores diputados: desde que se inició el debate sobre la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo la plaza pública se pobló de voces. Ellas expresan la variedad, la diversidad de puntos de vista, los énfasis y los matices de las distintas posiciones, y dan cuenta de la pluralidad, vastedad y riqueza de nuestra sociedad y de nuestro tiempo.

Las intervenciones que hemos escuchado han sido valiosas, aunque no todas se han ocupado del problema que nos convoca. En efecto, entre otras cosas, hemos oído y leído explicaciones acerca de cuál es el origen de la vida, cuándo comienza la persona humana, si vida y persona son lo mismo; sobre responsabilidad individual, potestad del Estado, y el lugar de las creencias religiosas en las leyes de una sociedad secular.

Las discusiones han sido valiosas y relevantes, pero no todas son pertinentes. La mayor parte de esas discusiones está relacionada con principios y valores y, por lo tanto, los argumentos no están destinados -no podrían estarlo- a buscar acuerdos.

Está bien que así sea: los principios son irreductibles, están vinculados con historias personales, experiencias, subjetividades, pertenencias e identidades, educaciones recibidas; no necesariamente se hallan relacionados con evidencias o con lo que otros sostienen para afirmarse en otras creencias o para ser escépticos.

Una discusión sobre principios es una discusión destinada a decidir quién es mejor, porque cada uno abraza determinados principios con la convicción de que son moralmente superiores a otros principios alternativos. Nadie defendería honestamente principios que cree moralmente despreciables, que justifiquen dañar, lastimar, humillar a uno mismo o a los demás.

De modo que discutir sobre los principios es discutir por qué cada uno de nosotros cree que su posición es moralmente mejor que la de los demás. Eso no ayuda a encontrar puntos de acuerdo. No se trata de ganar una discusión -por eso estamos aquí-, sino de ver cómo elaboramos conjuntamente una respuesta legislativa para que las cosas sean mejores de lo que son, en función del bien común, del interés general y no en contra de alguien.

Por ello, voy a concentrarme en un argumento mucho más modesto que tiene por objeto sugerir que es posible quitar la amenaza de persecución penal sobre las mujeres que interrumpen su embarazo en las primeras catorce semanas de gestación sin que ello entre en contradicción con los principios de quienes, hasta ahora, se oponen a hacerlo o dudan de la corrección moral de hacerlo.

Como todos sabemos, la legislación vigente permite interrumpir el embarazo si este es producto de una violación o si pone en peligro la vida de la mujer o su salud. Permítanme indagar qué nos dicen esas razones sobre el pensamiento del legislador.

Cuando este decidió que se privilegiará a la mujer si hay un conflicto entre su salud o su vida y el embrión, estableció -así lo dice la ley desde 1921- una jerarquía según la cual una vida en plenitud es superior a una vida en potencia, una vida consciente de sí misma, autónoma. La vida de un miembro de pleno derecho de nuestra comunidad moral tiene un valor diferente y superior a la vida de un embrión.

A su vez, la violación como la otra causa que habilita la interrupción del embarazo sin amenaza de persecución criminal deriva de algún modo de la anterior, en el sentido de que parte también de reconocer que el estatuto moral y jurídico del embrión es inferior al de la mujer, pero agrega a ese argumento un elemento fundamental: la voluntad de la mujer.

La excepción de la violación a la persecución penal expresa la convicción del legislador de que la mujer no puede ser obligada a llevar a término una gestación contra su voluntad, pero lo hace con los elementos que su época permitía: en 1921, la violación era el único hecho al que podía atribuírsele un embarazo involuntario. Pasó un siglo.

Hoy, no es difícil reconocer que dicha voluntad incluye, entre otros, el derecho a la integridad del propio cuerpo, los derechos reproductivos y, tan importante como ello, un derecho a la autonomía con la que se toman fundamentales decisiones vitales.

Hay muchas situaciones en las que un embarazo puede no ser deseado, más allá de la violación. El caso menos controversial es el del fracaso del método de control: una pareja toma precauciones para evitar un embarazo y sin embargo la técnica utilizada falla. Sin embargo, hay incontable cantidad de otras situaciones en las cuales un acto de sexo consentido puede conducir a un embarazo no deseado.

No es posible tipificar bajo una única denominación todas esas situaciones que resultan de un análisis íntimo que involucra elementos sociales, familiares, financieros, morales, profesionales y emocionales en una combinación única cada vez. Y el resultado de esa combinación permite decidir racional y responsablemente a una mujer que la interrupción del embarazo es la única posible entre todas las demás opciones.

Por ello, la ley debe incluir la decisión razonada de la mujer como una causa suficiente para resolver la interrupción de un embarazo en el primer trimestre de gestación; esa modificación no altera las bases morales de la legislación vigente sino que da sentido pleno a la voluntad del legislador: la vida y la salud de la mujer deben privilegiarse, y su voluntad no puede ser forzada.

Entenderlo así, creo yo, es el único modo de reconocer lo que ocurre y lo que seguirá ocurriendo: la modificación de la legislación provocará un cambio no en las prácticas sino en las condiciones en que estas se realizan, permitiendo que sean sanitaria y efectivamente adecuadas, suprimiendo así, parcialmente, la manifiesta y extrema iniquidad que hoy existe entre mujeres que pueden pagar una aborto privado de suficiente calidad médica y aquellas que se ven obligadas a hacerlo en condiciones miserables. Tal como está, la ley ya no puede cambiar la conducta ni sancionar a quien la infringe. Entonces, es momento de cambiar la ley.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Mario Sebastiani, médico de la división Ginecología y Obstetricia del Hospital Italiano de Buenos Aires.

SR. SEBASTIANI Señor presidente, señores legisladores: es un honor está aquí con ustedes. Les voy a dar una visión ética, no "la" visión ética.

El aborto es un dilema entre la vida de una mujer, la autonomía de una mujer, y la vida de un embrión. Para algunos, esto es ya una visión que alcanza para inclinar la balanza o para convertir en un imperativo ético la defensa de la vida del embrión. Sin embargo, considero erróneo que se mire al aborto apropiándose de una ética o una creencia personal cuando la realidad de la calle, de la vida de nuestras mujeres muestra que necesitamos una ética social, una ética de valores políticos, de valores relacionados con la salud pública y la dignidad de las mujeres.

Vuestros valores individuales son muy respetuosos, vuestras religiones, también, pero en realidad no deberían entorpecer las políticas públicas que aporten bienestar a los ciudadanos.

Por otro lado, la historia actual y pasada -independientemente de la permisibilidad o de la restricción de las leyes- demuestra que el aborto se convierte aquí y en otros países en una situación y en una decisión absolutamente individual de la mujer, pero con repercusión en toda la sociedad.

Existen múltiples visiones sobre el concepto de persona, pero en una sociedad pluralista, en un Estado laico, ninguna de ellas debiera ser tomada de manera taxativa y aun peor, manipulada. La bioética permanentemente reflexiona sobre el estatuto del embrión, pero bien se cuida de tener una respuesta cerrada y taxativa. Esto se debe a que la ética no es moral ni es religión sino una disciplina racional y crítica, y como tal se nutre de un diálogo multidisciplinario. Este diálogo del estatuto del embrión se alimenta de las reflexiones de la ciencia, la genética, la moral, la ética, la filosofía, la religión y la filosofía del derecho.

Afirmar que un embrión es una persona desde el momento de la concepción puede ser válido para un legislador, una ley o una religión, pero no para la filosofía ni tampoco para la ciencia. Este sería un claro ejemplo de manipulación de una ética.

Es por ello que se requiere una reflexión bioética respecto del aborto, porque efectivamente estamos tratando de vida, de muerte, de enfermedad, del papel del Estado, de leyes y de políticas públicas.

La discusión de la sociedad no debiera ser la condena moral sobre el aborto, sino cómo se les da protección a las mujeres y qué medidas se habilitan para la disminución del número de abortos.

La sociedad, ustedes, no legislaron si era moral o ético el matrimonio igualitario, sino que reconocieron el derecho al matrimonio a personas de un mismo sexo. Este ha sido un evento paradigmático e iluminador respecto de nuestra sociedad en temas controvertidos, y además ha sido un ejemplo para nuestro país y para otros. Lo mismo resolvieron ustedes, después de discusiones acaloradas, sobre la vasectomía, la ligadura tubárica, la ley de fertilización asistida o el divorcio.

Hasta ahora, la sociedad y los legisladores han decidido penalizar a la mujer que interrumpe un embarazo sobre la base de la defensa de la vida del embrión. Lo increíble es que se ha mencionado que el aborto es un asesinato, pero varios de ustedes se han cuidado bien de no decir que las mujeres son asesinas. Esto, por supuesto, no les conviene.

Los resultados de la penalización han sido la enfermedad de las mujeres: cincuenta mil internaciones en los hospitales públicos de mujeres que no tienen ventajas económico-sociales; la muerte de un colectivo de entre cincuenta y cien mujeres, también pobres, y un número cuatro a cinco veces superior de abortos que en los países en los que esta práctica se encuentra legalizada.

Por lo tanto, me parece que revisar la legislación que tenemos es para ustedes un imperativo moral y ético. Mantenerla tal y como está sería exactamente cronificar esta desgraciada escenografía del aborto.

Son varios los factores afectados y las consecuencias con una ley que penaliza el aborto, entre los cuales cabe señalar que se sostiene la clandestinidad, lo que afecta la salud y la vida de las mujeres. Por otra parte, no existe la prevención del embarazo no deseado si no legalizamos el aborto. No se establece un diálogo entre la mujer y la sociedad, a menos que la situación se complique. Es recién ahí que aparece la sociedad.

Por lo tanto, debemos reconocer que cuando afectamos a la mujer estamos afectando a su entorno personal y familiar y a las cargas del Estado. Darle cobertura al aborto seguro es dignidad para las mujeres y expresión concreta de la salud púbica.

¿Cómo podemos hablar de salud pública si tenemos un aborto penalizado? Esto es un absoluto contrasentido a esta definición.

También quiero señalar que debe ser analizado el principio de autonomía, pero no manipulándolo en cuanto al papel de la mujer en gestación o que interrumpe un embarazo. Si existe el derecho de tener hijos, debe existir el derecho de no tenerlos. De la misma manera, deben ser analizadas las miradas de los principios de no maleficencia, beneficencia, y tratar de articularlos con el principio de justicia para que nos equipare a todos. Esto, porque las leyes -como dice Adela Cortina, una eticista valenciana- son la ética de mínimos, son lo que nos iguala a todos.

En lugar de discutir si están bien o mal el aborto, la obligación ética de la medicina y la sociedad toda, debemos intentar disminuir el número de abortos y darle seguridad a cada mujer que interrumpa un embarazo.

Recordemos, además, que el aborto es catorce veces menos peligroso que un embarazo y un parto. Por lo tanto, es un contrasentido obligar a las mujeres a llevar adelante un embarazo no deseado. Por eso la prevención en materia de salud de la mujer debe estar por encima de la prevención sobre la vida y la salud del feto, y esto es ética, sociedad, salud y dignidad.

Se necesita un diálogo que proteja a las mujeres y que disminuya la cantidad de abortos. En vez de seguir discutiendo sobre la moralidad de los hechos, debemos avanzar en la protección de la salud de las personas.

Por lo tanto, señores legisladores, si gana el "sí" se abre una puerta, una ventana a que seamos un país moderno, democrático, pluralista y con dignidad y seguridad para las mujeres; pero pregunto qué ocurre si gana el "no". ¿Quién gana? Les pido que hagan esta reflexión el día que vayan al recinto.

Si gana el "no", ¿quién gana? Los embriones, no, y eso ha sido demostrado. ¿Por qué? Porque tenemos más abortos que en los países en los cuales esta práctica ha sido despenalizada.

Las mujeres tampoco ganan, porque no tendrán dignidad yendo a la inseguridad, la clandestinidad y la muerte. Por favor, les pido que reflexionen sobre esto. Muchas gracias por haberme escuchado. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Vanina Biassi, dirigente del Plenario de Trabajadoras y delegada de los No-Docentes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

SRA. BIASSI En primer lugar, quiero manifestar lo siguiente. Este debate tiene que ser caracterizado como una discusión que se producirá sobre la base de un rotundo fracaso del Estado sobre una problemática que existe, que se plantea en la realidad cotidiana de la vida de las mujeres y sobre la cual las cifras ya se han planteado de manera extensa. Se producen quinientos mil abortos al año; tenemos entre cincuenta mil y ochenta mil mujeres que son internadas con complicaciones por abortos; hay una cantidad de mujeres muertas y otras que también han sido mutiladas -aunque no sabemos cuántas son exactamente estas últimas-, y así podríamos seguir.

Esto indica el fracaso de la política del aborto clandestino que el Estado nacional argentino mantuvo durante toda su existencia bajo diferentes variantes.

El aborto clandestino es un negocio para las clínicas privadas, donde las mujeres de ciertos sectores o de una clase social acomodada pueden practicarse un aborto seguro. Esto no ocurre en este país solamente desde hoy o desde ayer, sino desde siempre: en las clínicas privadas las mujeres se han podido practicar abortos seguros.

El aborto es un mecanismo de disciplinamiento social, fundamentalmente contra las mujeres en general, pero particularmente contra las mujeres pobres. El aborto es también una herramienta política.

Por otra parte, quiero hacer un señalamiento respecto de algo que se estuvo diciendo el martes por parte de juristas. El Código Penal se ha mostrado con una mirada absolutamente ineficiente en relación con esta problemática, porque ciertamente no vemos que estén detenidas quinientas mil mujeres al año, por ejemplo. Eso no ocurre. Tampoco vemos que se haya detenido siquiera a las cincuenta mil u ochenta mil mujeres que pueden quedar internadas por complicaciones a causa de abortos clandestinos.

Además, quiero hacer una corrección. El Código Penal en un Estado como el nuestro no es solo un instrumento para aplicar penas: es una herramienta política, es un instrumento ideológico que establece las bases de una sociedad. Durante toda su existencia el Estado nacional argentino y los gobiernos que transitaron este Estado nacional les han dicho a las mujeres de este país que si abortan son asesinas, que deben ir presas, que tienen que ocultar este tipo de prácticas.

En ese sentido, el Código Penal ha resultado ser enormemente efectivo porque, insisto, estamos en presencia de una herramienta política y de un mecanismo de control social del cual son absolutamente conscientes las iglesias que desfilaron por este estrado el martes pasado, defendiendo la clandestinidad del aborto.

Entonces, el Código Penal es un instrumento fundamentalmente político y me parece muy importante tener esto en cuenta. Cuando se dice a una mujer que es una asesina o que será penalizada por hacer esta práctica, el Código Penal está sometiendo al conjunto de las mujeres. Ahora bien, a nosotros no se nos escapa que acá hay una extorsión en curso.

Yo quiero hablar un poco e introducir para el debate parlamentario los elementos políticos del presente. Como decía, aquí hay una extorsión en curso.

En primer término, se ha abierto el debate porque se ha puesto de pie un movimiento de mujeres hermoso que logró durante estos últimos treinta años combatir todas estas políticas del Estado argentino y de las iglesias. Este movimiento ha logrado sobreponerse a eso y también consiguió que una mayoría entre la población abrazara la causa del aborto legal. Este es un mérito impresionante del movimiento de mujeres.

En segundo lugar, el gobierno pone esto en debate porque está peleado con la Iglesia Católica y, como hace mucho tiempo que dejamos de "chuparnos el dedo", queremos mencionar este tema.

Frente a esto, el gobierno ha tenido un primer logro, deben estar muy contentos porque resulta que, en menos de un mes, el papa Francisco pidió disculpas por sus gestos. En menos de un mes, cuando el gobierno no se lo esperaba, el papa Francisco mandó una esquela a Macri diciéndole que tenía que seguir gobernando bien (sic). Y finalmente, estableció una exhortación papal en la que resume la problemática que estamos discutiendo en la Argentina e introduce la cuestión acerca de que si vamos a defender mucho a los fetos y a los embriones, por favor también recordemos a los pobres, lo cual fue mencionado por Carrara, en este estrado, el martes pasado.

Esta es mi interpretación política. Estoy acá como dirigente política. Quiero que eso quede claro para todos aquellos que se molestan con las interpretaciones políticas. Soy mujer y hago interpretaciones políticas respecto de lo que pasa.

Entonces, también estamos en presencia de una extorsión y queremos advertirles a aquellos que quizás se engolosinan con los gestos papales en estos días, que el movimiento de mujeres analizará todo lo que está pasando y defenderá su derecho a la legalización del aborto en las calles; como lo hizo el último 8 de marzo con una movilización de más de un millón de personas en todo el país. No vamos a dejar que detrás del movimiento de mujeres se terminen enjuagando acuerdos que tiren por la borda las aspiraciones de este enorme movimiento.

Les quiero ofrecer otro argumento, En estos días aquí se está hablando acerca del achicamiento del Estado, con mucha presencia. Entonces, se despiden trabajadores y trabajadoras, hay mucha preocupación en achicar el Estado. Nosotras tenemos una fórmula para darles: hay que legalizar el aborto, porque como aquí se dijo, el aborto clandestino es tremendamente caro para el Estado...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Le queda un minuto, por favor.

SRA. BIASI Entonces, resulta que tenemos un montón de mujeres internadas y un gasto superlativo del Estado; pero los diputados, las diputadas y el gobierno no están dispuestos a terminar con el ello.

Finalmente, quiero decirles lo siguiente: el movimiento de mujeres está luchando plena y conscientemente por este derecho. Iremos adelante y trataremos de convencer a cada legislador o legisladora. Somos conscientes de que lo vamos a seguir haciendo desde las calles, movilizadas y respetando absolutamente un principio.

A diferencia de muchas de las que se han parado acá, nosotras hablamos por nosotras mismas, no en nombre de nadie. Hablamos por nosotras mismas; nos alcanza con las mujeres de diferentes sectores, trabajadoras y estudiantes, que nos estamos movilizando por este derecho para saber que solo por ellas -si eso fuera necesario aclararlo-, solo por nosotras es necesario aprobar este derecho. Luego, muchas de las que hoy no quieren hablar, o muchas de las que hoy no pueden hablar, serán beneficiadas con este derecho que hemos podido conquistar. Nadie puede expropiar la voz de las mujeres, hablamos por nosotras mismas y les reclamamos que terminen con esta actitud del Estado y legalicen el aborto de manera inmediata. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Manuel Sebastián Ochandio, abogado y presidente del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos.

SR. OCHANDIO Buenos días, señor presidente, diputadas y diputados, compañeras del movimiento de mujeres y demás disertantes.

Nosotros, desde el Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, que eventualmente presido, queríamos hacer alguna aclaración acerca del debate político respecto de los proyectos a favor de la despenalización del aborto en la Argentina.

En primer lugar, quiero aclarar una falacia simbólica. Aquí no se está debatiendo entre un sector que está a favor de la vida y un sector que está a favor del aborto. Acá estamos todos a favor de la vida, aún con nuestras diferencias.

Lo único que sucede es que algunos encuadran el análisis de los proyectos desde la concepción hilemórfica -me refiero al tomismo y sus creencias cristiano-religiosas- y otros lo hacemos -como creemos que debe hacerse- desde el derecho y la salud pública.

En ese marco, señalamos que nuevamente en la Cámara de Diputados de la Nación se da una discusión política entre dos sectores que, cuando los partidos políticos no debaten internamente, vuelve a surgir. Así se dio con el matrimonio civil, en el siglo XIX; la educación laica, gratuita y obligatoria, en el siglo XIX; la capacidad plena de la mujer, la patria potestad compartida, el divorcio vincular, en el siglo XX, y en el siglo XXI, con las leyes vinculados a los derechos sexuales, la libertad de género, la igualdad de género y la educación sexual integral.

Hablamos de dos sectores -laicismo y clericalismo- que en el marco de un Estado laico debaten estas cuestiones. Las diputadas y los diputados son funcionarios públicos de un Estado laico.

¿Qué es el clericalismo? Es la actitud política de un culto o conjunto de cultos que intentan imponer a toda la sociedad su subsistema normativo religioso.

¿Qué es el laicismo? Intenta que el derecho sea el principal subsistema religioso que nos rija a todos porque la norma jurídica se construye en este marco, o sea, en un contexto en el que hay un debate pleno y todos los sectores intentan estar representados, más allá de sus creencias morales o religiosas. La costumbre, la moral y la religión no tienen relación con el derecho ni deben tenerla, porque nos encontramos en un Estado constitucional de derecho.

Al encuadrar el debate debemos aclarar dos falacias más vinculadas al hecho de aprobarse estos proyectos -unificados o no- que despenalizan el aborto en la Argentina y consagran un nuevo derecho para las mujeres en el país. Todo reconocimiento de derechos pasa por tres etapas: la represión, la tolerancia y el reconocimiento en el ordenamiento. Entonces, vemos que siempre hay un sector político progresista. ¿Qué es el progresismo? Tratar de incorporar en el ordenamiento el reconocimiento de nuevos derechos. Por otro lado, hay un sector que reacciona frente a eso y que intenta mantener el statu quo.

La historia de las leyes que hemos enumerado muestra que el laicismo siempre ha tenido una actitud progresista y el clericalismo, una actitud de reacción basada en mantener el statu quo. No estoy hablando de retrogrado; me refiero a reacción frente a un intento de reconocer nuevos derechos.

La segunda falacia es jurídica. El martes estuvo presente un exministro de la Corte Suprema de Justicia. Se dijo que, en caso de aprobarse estas leyes, deberíamos denunciar dos instrumentos internacionales de protección de derechos humanos: la Convención Americana de Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño. La primera falacia consiste en lo siguiente. El artículo 4°, inciso 1), de la Convención Americana, señala que en general los Estados protegen la vida a partir del momento de la concepción. Debe interpretarse como todo instrumento en las condiciones de su vigencia. ¿Quién les da las condiciones de su vigencia? Se las otorga la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que en el caso "Artavia Murillo contra Costa Rica" estableció que el objeto de protección es la mujer embarazada y el embrión o feto va teniendo una protección gradual. Pero esto no puede sobreponerse sobre la protección de la mujer embarazada.

Cuando se incorporaron dichos instrumentos al artículo 75, inciso 22), de la Constitución Nacional, esto fue aclarado por el convencional por la mayoría, Raúl Alfonsín, el 2 de agosto de 1994, cuando señaló que el Estado se obliga a ayudar socialmente a la mujer embarazada pero esa norma no es incompatible con una legislación que penalice el aborto ni tampoco con una legislación que no lo penalice. Aclaradas las condiciones de la vigencia, se hizo lo propio con la falacia de que deberíamos denunciar a la Convención Americana.

La otra falacia es que por el principio del interés superior del niño deberíamos denunciar a la Convención de los Derechos del Niño. ¿Quién le otorga las condiciones de la vigencia? El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, que viene recomendando al país que cambie la legislación por las niñas y adolescentes que se ven sometidas a prácticas abortivas clandestinas, a la muerte y la vulneración de sus derechos.

Debería enumerar algunos fallos en ese sentido, pero no me quiero extender en el uso de la palabra.

Asimismo, quiero referirme a lo que ha hecho la jurisprudencia nacional respecto de estos artículos del Código Penal. Concretamente, ha dejado de penalizar la práctica abortiva, más allá de que sea aborto no punible conforme a la actual normativa.

Más allá del fallo "FAL", les voy a brindar a los legisladores datos sobre casos similares pertenecientes a la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.





En la causa P86052, no se penalizó a una mujer que fue al hospital público luego de una práctica abortiva, sin declarar contra ella misma de manera expresa y mostrando su cuerpo -según dijo el fiscal-, y demostró o denunció que había practicado un aborto clandestino. La Corte desestimó la acción porque dijo que nadie en esa condición estaría declarando contra sí misma. Lo mismo sucedió en el caso "M. L. s/aborto..." Tengo para los diputados información que les puedo pasar.

En definitiva, se trata de una norma que está entrando en desuetudo, salvo su utilización por el fiscal de alguna provincia -como Tucumán, donde el clericalismo presiona hasta la educación religiosa actual- o como ocurrió el año pasado en Salta -que quiere dar el ejemplo y usar el Código Penal como herramienta política- o, como bien dijo la compañera, en esos casos tenemos alguna condena ejemplificadora.

Sin embargo, las cortes provinciales y la Corte nacional ya están usando este tipo de proyectos, de alguna manera, en la jurisprudencia. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Natalia Gherardi, directora ejecutiva del ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género).

SRA. GHERARDI Señor presidente: soy una persona afortunada, tuve los hijos que quise tener, en el momento en que elegí ser madre junto a quien quise tenerlos.

Además, ninguno de esos embarazos implicó un riesgo para mi vida ni generó un peligro para mi salud física, psíquica y social. Tampoco fui sometida a violencia sexual de la que resultara un embarazo forzado. Soy una persona afortunada, es claro, pero también privilegiada, con acceso a la educación, a la atención integral de la salud, con condiciones materiales y simbólicas para poder elegir y desarrollar un plan de vida, planificar y elegir la maternidad.

¿Cuál es el problema con estas afirmaciones? El ejercicio de la libertad no puede estar librado a la buena fortuna ni ser resultado de una suma de privilegios que escapan a una enorme cantidad de mujeres, de niñas y de adolescentes de nuestro país. Los privilegios pueden ser invisibles para quienes gozamos de ellos y las normas tienen la obligación de promover condiciones que garanticen el acceso a los derechos, con estándares de igualdad.

Las personas que hoy integran el Congreso, que son muy distintas de quienes trataron el aborto por primera vez hace casi cien años, tienen la obligación de legislar más allá de sus creencias o elecciones personales.

Quiero referirme a un tema central: el uso del derecho penal para regular el aborto no solamente ha sido ineficaz para disuadir a las mujeres que desean interrumpir sus embarazos, vistas las elevadas estimaciones de abortos clandestinos que conocemos, sino que además ha sido una herramienta utilizada de una manera espuria para limitar el acceso a los derechos que hoy ya contempla nuestro ordenamiento jurídico.

Lo cierto es que desde 1921 el aborto está parcialmente despenalizado en la Argentina. Es legal cuando corre peligro la vida, la salud de una mujer o en los casos de violación. Y no es solamente una disculpa del castigo penal, es un derecho, eso es lo que dijo la Corte en el caso FAL, del año 2012. La Corte sostuvo que las mujeres tienen derecho a interrumpir el embarazo y que el Estado nacional, provincial o municipal tiene la obligación de garantizarlo. La Corte no solamente afirmó que no se infringe la ley si se realiza un aborto en esos casos, sino que el Estado y sus agentes incurren en responsabilidad civil, penal o administrativa si no se garantizan los medios para garantizar ese derecho.

Reconocer el aborto, dijo la Corte, no solamente es compatible con la Constitución sino también con los tratados de derechos humanos. No hay contradicción entre habilitar el reconocimiento del derecho al aborto y establecer medidas para proteger a la mujer embarazada, como hace la Constitución. Tampoco es incompatible el aborto con los tratados internacionales de derechos humanos como han señalado repetidamente.

Tan así es que, como mencionaban recién, los órganos que interpretan esos tratados nos han dicho a la comunidad internacional en el caso Artavia Murillo, en el caso de la Corte Interamericana, y muy concretamente a la Argentina, que tenemos la obligación de avanzar en la despenalización para no incumplir sus tratados.

Entonces, ¿qué está en debate en el Congreso? Se trata de pasar de un sistema de causales como el que está vigente a uno que incluya plazos. Una regulación que reconozca la falibilidad y la imposibilidad de implementar el sistema actual, que está plagado de barreras, que no es universal, ni accesible, ni igualitario en el ejercicio del derecho a la interrupción legal del embarazo. Hay un derecho pero las mujeres no lo podemos ejercer.

Las noticias de diferentes lugares del país -muchas compañeras de distintas provincias podrán decir esto con mayor claridad- muestran la existencia de infinidad de barreras institucionales, democráticas, ideológicas para garantizar el acceso a los derechos reproductivos y al aborto legal. La magnitud de esas barreras se puede ver en las cifras escandalosas de abuso sexual infantil, de mujeres sometidas a violencia sexual aun dentro del matrimonio y por parte de parejas y exparejas. Es enorme la cantidad de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual en comparación con los pocos abortos legales registrados en el sistema de salud.

¿Qué quiere decir esto? ¿Quiere decir que todas eligieron seguir adelante con un embarazo? ¿O es que la cantidad de barreras formales, informales, simbólicas y los prejuicios, la estigmatización, no les dejaron opción ni les dieron acceso al derecho a elegir interrumpir un embarazo al que hoy deberían tener garantizado su acceso de acuerdo con lo que dice nuestra legislación y nuestra Corte?

Entonces, el Congreso hoy no debe debatir si el aborto se legaliza en un país donde rige una prohibición absoluta. Este no es el caso de otros países de nuestra región que han atravesado ese debate recientemente, aunque eso parecen sugerir algunas voces que se escucharon en este ámbito, que proponen convencer a quienes son víctimas de violencia sexual a que cambien de opinión y acompañen esa decisión como si ese fuera el único destino posible.

Esa posición refuerza la culpabilización de las mujeres y las expulsa del sistema de salud. El debate que hay en el Congreso solamente puede ser superador. El principio de progresividad y no regresividad de los derechos humanos nos impide volver a tiempos anteriores a 1921.

El Congreso tiene que debatir si abandona una norma exclusivamente basada en causales, a favor de una norma que incluya y contemple plazos, que establezca un límite temporal -catorce semanas propone el proyecto de la campaña-, dentro del cual será necesario acreditar ante el sistema de salud la existencia de esas causales. La diferencia es importante, pero, al mismo tiempo, no es abismal.

Nuestro ordenamiento jurídico, que ya admite la interrupción del embarazo, hace que sea innecesario e irrelevante para este debate preguntarse cuándo comienza la vida. Nuestro ordenamiento jurídico ya reconoce la protección incremental de la vida. Lo que debe debatir el Congreso es la eliminación de la actual necesidad de explicitar las razones para solicitar la interrupción, bajo amenaza de sanción penal. Las mujeres siempre tenemos razones; las mujeres y las adolescentes siempre tenemos razones y motivos. La pregunta es si tenemos que darlos frente a la amenaza de la coerción de la libertad.

Las razones de cada una serán íntimas y no tendrán que someterse a escrutinio, y eso será importante no solamente para las mujeres por tener el derecho al acceso sin miedo a ser denunciadas, sino también para los equipos de salud, que podrán tener mayor garantía y certidumbre sin temor a denuncias espurias de colegas, jefes de servicios, directores y directoras de hospital que promueven la violación de la ley y persiguen a quien la cumple. Mejorar el acceso al aborto en las primeras semanas permitirá no solamente dar un paso hacia el reconocimiento de la igualdad de las mujeres respetando su autodeterminación reproductiva sino que además dará certeza al sistema de salud sobre sus obligaciones y condiciones de legalidad, confidencialidad y seguridad. Sobre todo, significará avanzar hacia una sociedad que no imponga concepciones morales o religiosas a otras personas bajo amenaza de prisión, y garantizar las condiciones para elegir. Por eso, la legalización del aborto tiene que estar acompañada de la efectiva implementación de la educación sexual integral, el acceso a métodos anticonceptivos y la trasformación de las desigualdades estructurales que hoy condicionan la vida y la autonomía de las niñas adolescentes y mujeres. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Laura González Velasco, consejera del Consejo Económico y Social de CABA y representante de MUMALA.

SRA. GONZÁLEZ VELASCO Buenos días a todos, a todas y a "todes", como dicen las pibas, como dicen mis hijas también enseñándonos a mirar de manera más amplia el mundo.

Estamos acá porque nos encontramos hablando del aborto legal y de una deuda que tiene la democracia en relación con los derechos humanos de las mujeres. Estamos hablando de una causa de salud pública y de justicia social, porque son las más pobres y las más jóvenes las que mueren en la Argentina por aborto clandestino.

Estamos hoy acá, y también estamos en las calles y en cada lugar donde haya que dar el debate, porque sabemos que este proyecto lleva una consigna en la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito, y que es la séptima vez que se presenta en el Congreso. Esta vez, la iniciativa está encabezada por la firma de nuestra compañera diputada, María Victoria Donda Pérez, pero también cuenta con la firma de otros setenta y un diputados. Además, creemos que muchos más legisladores van a sumar su acompañamiento.

Este proyecto viene llevándose adelante desde hace muchos años y es empujado con una consigna: educación sexual integral para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.

Creemos que esa consigna expresa que cuando estos tres puntos son parte de una política integral, no solamente las mujeres gestantes no mueren sino que se realizan menos abortos. Esto es lo que indica la experiencia de los países más desarrollados del mundo. Tenemos, además, experiencias más cercanas a nuestra región, como la del Uruguay, de la cual también debemos aprender bastante.

Sabemos que son las mujeres pobres y jóvenes las que mueren y por eso decimos que esta es una causa de justicia social.

Nuestra compañera Victoria Donda Pérez proponía que este proyecto se llamara "María Campos", porque esta mujer, una santiagueña que tenía cinco hijos, murió a causa de un aborto clandestino días antes de la presentación de esta iniciativa en el Congreso.

Por otra parte, saludamos el hecho de estar discutiendo por primera vez esta iniciativa en el Parlamento, y también que el presidente haya dicho en ocasión de la apertura de las sesiones ordinarias que debía llevarse adelante una política de educación sexual.

Sin embargo, el presidente se olvidó de una palabra muy importante que define tanto la ley nacional 26.150 como la ley 2.110 de la Ciudad de Buenos Aires, normas con las que contamos desde hace ya doce años. Me refiero a los términos "educación sexual integral", porque no se trata solamente de saber cómo usar un anticonceptivo -y tenerlo a mano, por supuesto, como parte de las políticas públicas-, sino también de hacerlo valer. El uso de los métodos anticonceptivos debe ser algo que permita el empoderamiento a las mujeres y forme parte de una cultura en varones, en mujeres y en todas las diversidades sexuales.

Para lograr ese objetivo debemos avanzar sobre las distintas formas de violencia; necesitamos evolucionar y transformar los estereotipos; necesitamos también un cambio cultural para que esto definitivamente no sea una negociación en la que perdemos las mujeres ante el hecho de usar o no un preservativo.

Lamentablemente, quienes hoy se oponen al aborto también lo han hecho durante muchos años y han trabado la implementación de las leyes de educación sexual integral en la Argentina. Por eso, hoy también tenemos esta deuda.

Por supuesto que es necesario que se sancione la ley de aborto legal, pero también existe una deuda con todos y todas, que es que se implemente la ley de educación sexual integral y la de salud sexual y reproductiva a través de políticas públicas concretas.

Esto implica presupuesto, decisión política y que en cada una de las provincias y en la Ciudad de Buenos Aires esto se lleve adelante de manera concreta, porque hemos investigado y sabemos que es muy poca la implementación. La propia UNICEF ha marcado que en la Argentina cada cinco minutos una adolescente es madre, y que también en nuestro país cada tres horas una niña de entre 10 y 14 años es madre. Cabe señalar que la mayor parte de estos casos es producto de abusos intrafamiliares.

La educación sexual integral también previene los abusos, los acosos y todas las formas de violencia hacia nosotras. También enseña a respetar las diversidades sexuales y a avanzar y promover la igualdad de tratos, oportunidades y derechos entre varones y mujeres. Esto es, en definitiva, lo que necesitamos transformar para avanzar sobre las asimetrías y los lugares de poder que hoy en nuestra sociedad sostienen una cultura machista y patriarcal. De eso se trata esta cuestión, y debemos transformarla.

En estos debates que escuchamos cotidianamente en el Congreso referidos a cuándo comienza la vida, nos olvidamos no solamente de atender la ciencia, sino también de que cuando se aprobó en la Argentina la ley de fertilización asistida no existía el problema que hoy está habiendo cuando se trata del cuerpo de la mujer.

Pareciera que cuando en el cuerpo de la mujer está el embrión, ese embrión tiene vida, y con esto quiero decir que pareciera que se está discutiendo, en definitiva, qué soberanía tenemos las mujeres sobre nuestros propios cuerpos.

De eso se trata esto, sin ninguna duda, y sería muy importante que en todas las religiones los varones entendieran que las mujeres estamos hoy en una situación de desigualdad en nuestra sociedad, en todos los planos. Probablemente lo entenderían si en cada uno de esos puestos de poder, en el interior de esas religiones, también hubiera mujeres.

Debemos pensar en políticas públicas, y tenemos que exigir al Estado que lleve adelante las que sean necesarias para que en la Argentina las mujeres dejen de morir por abortos clandestinos.

Entendemos que el acceso gratuito a los anticonceptivos en los barrios es absolutamente importante para garantizar ese derecho que tenemos las mujeres: el acceso a una salud pública de calidad e integral, que empiece por las escuelas con la educación sexual integral y se articule con el sistema de justicia y de salud.

Por último, quiero decir que en la Argentina hace tres años fue Chiara, una joven víctima de femicidio, la que nos movilizó a realizar el primer "Ni Una Menos". Vemos que hoy esas pibas están movilizadas; esas pibas son las que están exigiendo que haya educación sexual integral en las escuelas; esas pibas son las que están diciendo: "Nuestro cuerpo es nuestro, queremos soberanía sobre él"; son ellas las que se cosen en sus mochilas el pañuelo verde y lo llevan por toda la ciudad. Son esas pibas las que nos dicen que hay muchísima esperanza. Esta es una marea verde en la que ellas son la ola más alta que ya no se puede parar.

Creo que existen enormes condiciones para que esta norma, la ley del aborto legal, pueda ser sancionada, y pienso que significará un enorme avance para los derechos humanos de las mujeres y para el país. Pero también creo que, se apruebe o no la ley, esto que se ha generado ya es imparable. Lo que está avanzando es imparable, porque son las jóvenes las que están empoderadas, las que están diciendo que quieren educación sexual integral y también están expresando: "Ni una menos por aborto clandestino en la Argentina". (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Mariana Carbajal, de profesión periodista.

SRA. CARBAJAL Buenos días a todos y a todas. Muchas gracias por permitirme participar de este debate.

¿Cuántas mujeres hemos atravesado por esa incertidumbre espantosa de pensar que podemos estar embarazadas en un momento en que de ninguna manera lo queremos? Esa es una escena familiar en nuestras vidas. A veces esa angustia se disipa porque la razón del retraso no era esa; otras, incluso en más de una ocasión, cuando se confirma el embarazo -ese que no queremos, que no esperamos, que no deseamos-, el mundo se nos viene abajo.

Los métodos anticonceptivos fallan. Ninguno es completamente seguro. Pero hay otras razones por las cuales las mujeres enfrentamos embarazos que no queremos continuar. A veces no tenemos acceso a anticonceptivos, o nuestra pareja -violenta- nos esconde las pastillas y no deja que nos cuidemos. Esto pasa, no es un mito.

Un embarazo también puede ser inconveniente cuando atravesamos una situación económica precaria, tenemos hijos y no podemos hacernos cargo de uno más, o cuando nos enteramos de que el feto tiene una malformación incompatible con la vida.

Las mujeres no andamos contando a viva voz estas cosas; las vivimos en soledad, en la intimidad, con una pareja, si acompaña y contiene, o con amigas.

Cuando una mujer enfrenta un embarazo que no quiere continuar, por las razones que sea, lo que más quiere es interrumpirlo. Acompañé a amigas en ese proceso, pasé teléfonos de médicos que practicaban abortos en clínicas clandestinas, informé sobre centros de salud donde asesoran sobre el uso de Misoprostol o hacen interrupciones de embarazo en condiciones seguras. Y más recientemente compartí celulares de socorristas y activistas feministas que acompañan a las mujeres en la experiencia del aborto. Incluso, pasé esa información a gente que alguna vez, en acaloradas discusiones, me dijo que no estaba de acuerdo con el aborto hasta que un día el problema le estalló en la cara y la realidad -una hija adolescente embarazada- le hizo cambiar de opinión.

También, como periodista, escuché a madres desesperadas porque algún juez negaba, ilegalmente, un aborto a su hija discapacitada mental, que había quedado embarazada por abuso sexual. En el hospital, sin ese permiso, le negaban la práctica arbitrariamente. Así sucedió a Vicenta, la mamá de L.M.R., el caso por el cual el Estado argentino fue condenado ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Vi los ojos vidriosos de ella y de su hija. Como periodista, además, denuncié los fundamentalismos religiosos metidos en la salud pública que negaban abortos terapéuticos y dejaban morir a chicas como Ana María Acevedo, con un cáncer de mandíbula, 19 años y tres hijos.

Escribí sobre mujeres, muchas de ellas, adolescentes o madres de proles, muertas como consecuencias de abortos inseguros, como María Campos, de 37 años, fallecida el 28 de febrero en el hospital regional de Santiago del Estero.

A veces ni llegué a conocer sus nombres. Conté sobre esas muertes anónimas que alimentan la vergonzosa tasa de mortalidad por gestación de mujeres en la Argentina. Me indigné hasta las lágrimas por tanta injusticia e inequidad. Finalmente, de eso se trata, siempre han accedido a un aborto seguro, clandestino pero seguro, aquellas que han podido juntar el dinero y la información necesaria para tener una interrupción del embarazo en condiciones seguras. Las que se mueren, claro, son las más vulnerables, como María; pero ninguna mujer aborta alegremente, aunque abortar sea lo que más quiere en ese momento. El aborto es el último recurso, es esa práctica médica por la que no quisiéramos pasar nunca, pero que nos puede salvar la vida cuando se pintan las dos rayitas rosas del test de embarazo.

Desde que tenemos la primera menstruación vivimos temiendo un embarazo no deseado. Cuando somos niñas todavía crecemos con el temor a la violación de ese tipo extraño que nos puede agarrar en una calle oscura. Después, cuando disfrutamos del sexo consensuado, el temor persiste, porque sabemos que el preservativo puede romperse, salirse o quedar adentro. Le pasó a una amiga, a una amiga de una amiga y un día nos pasa a nosotras. Es un miedo que un varón no puede llegar a imaginar; aunque para él también puede ser inconveniente un embarazo, definitivamente no es lo mismo. Lo que está en juego son nuestras vidas, las de las mujeres.

Después de veinte años de militar desde los medios de comunicación por una ley que despenalice o legalice el aborto, hoy no puedo dejar de pensar en las tres mil treinta mujeres que, desde la recuperación democrática, murieron por abortos inseguros. Todas ellas, muertes evitables. Tampoco puedo dejar de pensar en las ciento treinta y cinco que cada día se internan en hospitales públicos por problemas relacionados con una interrupción del embarazo; dos de cada diez tienen 19 años o menos. No se trata de un Boca-River, ni de "aborto, sí" o "aborto, no". El aborto ya existe, alrededor de cuatrocientas cincuenta mil mujeres recurren a esta práctica cada año.

La criminalización no las persuade de no abortar, lo único que logra es poner en riesgo sus vidas y su salud. Es imprescindible que se garanticen la educación sexual integral, la entrega de anticonceptivos para evitar los embarazos que no buscamos ni queremos, y que el Estado nos ampare cuando en la desesperación decidimos abortar.

Ninguna ley que despenalice o legalice el aborto obligará a interrumpir un embarazo a quienes no quieran hacerlo. "No habrá más abortos", dicen estudios en otros países. Las políticas públicas integrales en salud sexual y reproductiva permiten, incluso, bajar las tasas de aborto.

¿Qué dudas pueden tener a esta altura, señoras y señores legisladores? ¿Qué pretenden los que se pronuncian en contra? No podrán tapar el sol con las manos. El aborto seguirá existiendo y, sin despenalización y legalización, seguirá matando. ¿Es tan difícil entenderlo?

Finalmente, quiero compartir con ustedes una foto. Se trata de María Campos. La familia me pidió que la muestre hoy aquí. Alguna diputada propuso ponerle su nombre a esta ley en el momento que sea aprobada.

Se exhibe una fotografía.
SRA. CARBAJAL Allí la vemos, en una selfie rodeada de sus cinco hijas; la mayor tiene 15 años y la menor está por cumplir 3 años, en estos días. Nunca más podrán abrazarla. La mató la criminalización del aborto. Si hubiese podido acceder a un aborto en un hospital público no habría recurrido a la sonda que le causó la infección generalizada. Tenía seis hijos, entre ellos, un varón, y no quería tener más.

Diputados y diputadas: de ustedes depende que no haya más Marías. Tienen la oportunidad histórica -como ya se dijo- de saldar esta deuda con las mujeres. Sin aborto legal no hay "ni una menos". (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Analía Bruno, médica generalista del Centro de Salud Comunitario del barrio de Pompeya.

SRA. BRUNO Quiero aclarar que desde hace catorce años trabajo en ese centro de salud. Pertenezco a la red de profesionales de la salud por el derecho a decidir que forma parte activa de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto.

Quería traer aquí la experiencia de este trabajo cotidiano acompañando a las mujeres en sus decisiones reproductivas y no reproductivas.

Como médica generalista mi tarea cotidiana es atender la salud de las personas, realizar el control de los niños y niñas en sus procesos evolutivos, de sus madres y de las mujeres que consultan por métodos anticonceptivos. En esta tarea de catorce años acompañé a muchas mujeres.

Pensando en lo vertiginoso de los cambios de los últimos años puedo decir que, al principio, por convicción personal y militancia feminista, acompañaba a estas mujeres que consultaban y se hacían el test de embarazo enterándose allí cuando aparecían las dos rayitas. Las acompañaba en voz baja. No podían enterarse ni siquiera mis compañeras o compañeros de consultorio. Quienes estaban atendiendo a otra persona en el consultorio contiguo, no podían escuchar que yo brindara información sobre el uso seguro del Misoprostol o que estuviera abriendo la puerta a esas mujeres para que pudieran expresar todo lo que les pasaba ante la noticia del embarazo inoportuno, no deseado, no planificado.

Hoy, luego de todo lo que hemos aportado a esta lucha, podemos decir que hay abundancia en los argumentos con respecto a que esta es una deuda de la democracia. Se trata de un problema de salud pública. Hay una enorme cantidad de abortos clandestinos y la penalización no evita que esto ocurra. Es redundante seguir hablando de estos argumentos.

Una puede contar qué pasa en lo cotidiano y me parece que ello sirve mucho más para seguir sumando nuevos argumentos. Entonces, como decía, en este transitar, y gracias al fallo de la Corte Suprema de Justicia en 2012, la elaboración del Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo, confeccionado por el Ministerio de Salud de la Nación, llegamos a estar en centros de salud de la Ciudad de Buenos Aires, así como también en Rosario, pero hablo desde este lugar, es decir, un centro de salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

También hay que hacer una mención de la enorme heterogeneidad que tenemos en nuestro país; hoy, en Rosario o en la CABA, contamos con Misoprestol y podemos acompañar a las mujeres para que aborten de manera segura, pero, como se mencionó recién, en Santiago del Estero y en un montón de otros lugares, las mujeres mueren por abortos clandestinos, por técnicas inseguras, por infecciones generalizadas.

Entonces -para no irme por las ramas-, quisiera testimoniar y contar que en este marco legislativo actual, en esta ambigüedad, más allá de todo lo que tenemos como argumentativo desde lo legal, respecto de una mujer que fue atendida por el equipo de salud del que formo parte tuvimos que transitar una judicialización. Fueron catorce meses de angustia por la denuncia de un varón violento que no estuvo de acuerdo con que su pareja abortara legalmente y fuera acompañada por nosotras desde el centro de salud.

Esta mujer relató esos catorce meses de judicialización como una tortura. Cada vez que tenía que llegar a Tribunales para ser expuesta a pericias psiquiátricas o psicológicas o tener que dar cuenta de todas sus vulneraciones victimizándose de manera constante -siendo nuevamente violentada por el sistema judicial-, relataba todo eso como una tortura. Sinceramente, no fue grato estar judicializada junto con mis compañeras del centro de salud.

Finalmente, esta situación fue interpretada como un aborto legal por la jueza que al azar tuvo la causa. Por lo tanto, fuimos sobreseídas, pero se trató de catorce meses de angustia, de tener que ir a dar cuenta de que nosotras habíamos hecho todo en el marco de la ley.

Entonces, en relación con esto -y aunque sea autorreferencial-, no quiero dejar de mencionar la importancia de lo que se viene remarcando hoy sobre la necesidad de avanzar y dejar de regular nuestras vidas, nuestros cuerpos, en el Código Penal. El aborto tiene que estar despenalizado.

Siguiendo con esto, quiero hablar de la importancia de la legalización del aborto. Hoy, como decíamos, podemos garantizar el acceso a abortos seguros bajo las causales que tenemos, más allá de estar expuestas a la judicialización, como mencioné.

Es muy importante la legalización porque ello importa la existencia de políticas públicas que implementen, diseñen y monitoreen el acceso a abortos seguros.

Ya lo dijimos al momento de la presentación del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, el 6 de marzo: necesitamos producción pública de Misoprostol. No podemos seguir estando presas de un laboratorio que monopólicamente produce oxaprost. También necesitamos la aprobación de la Mifepristona, que junto con el Misoprostol logra el 90 por ciento -casi el ciento por ciento- de los abortos seguros, en el primer trimestre.

Por supuesto, también necesitamos la implementación de la aspiración manual intrauterina en todos los niveles de atención de los centros de salud del país. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la licenciada en psicología Andrea Berra.

SRA. BERRA Buenos días a todos y todas. Estoy muy contenta, feliz, de estar aquí, de compartir con ustedes algo que tiene que ver con la experiencia de acompañar a mujeres en la decisión de interrumpir un embarazo.

Soy profesional de la salud -psicóloga- e integro la Red de profesionales de la salud por el derecho a decidir. También actúo en representación de mis compañeros y compañeras de la campaña nacional por el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, de la que formo parte.

El aborto, para mí y quienes ponemos el pecho diariamente acompañando a las mujeres en su decisión de interrumpir el embarazo, es una visión que se reduce no solamente a lo jurídico y a lo legal, sino también al sufrimiento que padece una mujer -desesperante, angustiante-, que puede llevarla a ideas que pongan en riesgo su propia vida y su salud por la desesperación de sostener un embarazo que no buscó, que no desea. Ello, sin encontrar la manera de poder interrumpir ese embarazo de manera segura.

El aborto no se reduce solamente a un tema legal o jurídico; es una cuestión de salud. Ya habrán escuchado el martes, también hoy, y seguirán escuchando los martes y jueves siguientes, que se trata de un tema de salud pública, que involucra a las mujeres y a los profesionales que nos desempeñamos en el sistema de salud.

En la Argentina, el aborto fue y será un hecho en la vida sexual de las mujeres. No lo podemos negar. Aun en los países donde el aborto está totalmente penalizado, las mujeres abortan igual. Hace más de quince años que estoy en un centro de salud de la Ciudad de Buenos Aires. Es un centro de salud pública, donde me desempeño como psicóloga, y en el último tiempo, hace dos o tres años, conformamos un equipo de interrupción legal del embarazo.

Somos ochocientos los profesionales que venimos conformando equipos que acompañamos a las mujeres a abortar de manera segura, legal y gratuita, dentro de lo que es el acceso al derecho al aborto y dentro de la despenalización parcial que el Código Penal de nuestro país establece por tres causales.

Voy a hablar de las mujeres, de la voz de las mujeres y de las barreras que ellas encuentran en el acceso a la interrupción legal, segura y gratuita.

Son muchas las mujeres que he conocido en este tiempo y sé que serán muchas más. Son mujeres pobres y jóvenes, pero también mujeres con recursos económicos y no tan jóvenes; mujeres argentinas, mujeres migrantes, mujeres blancas, mujeres de pueblos originarios, con estudios o sin ellos, con pareja o sin pareja, solas o acompañadas, y la lista es interminable porque cada mujer que he conocido da un significado determinado a su situación de embarazo y ella es la que también puede dar significado de por qué decide, en determinado momento, interrumpirlo. Esto, en relación con la subjetivización de su psiquis.

¿Por qué se acercan las mujeres a la salita? ¿Por qué se acercan al centro de salud? Ellas, en realidad, no saben, no conocen en general las tres causales por las cuales el aborto está despenalizado en la Argentina. Esto es importante decirlo. Las mujeres se enteran, arman la legalidad del aborto en el intercambio con los profesionales de la salud. Se acercan y tienen la valentía de decir que no pueden o no quieren continuar con ese embarazo. ¿Por qué? Pero también tienen miedo de morir en un aborto, por eso se acercan al centro de salud. Se acercan creyendo que el aborto no está permitido, hablando en voz baja, buscando a algún profesional que las ayude; y somos los profesionales formados desde la perspectiva de género con enfoque de derecho quienes les damos el acceso al aborto legal, seguro y gratuito a estas mujeres.

Reciben la atención del derecho con calidad y con lo que cada uno puede armar con su efector de salud.

Como decía mi compañera Analía Bruno, en la ciudad de Buenos Aires tenemos la posibilidad de acceder al Misoprostol como una decisión de política local.

Las mujeres vienen por información que se transmite por el boca a boca. No hay folletería sobre esto en los centros de salud ni tampoco una política pública que transmita el derecho al aborto legal. Las mujeres, como decía, llegan por el boca a boca, al igual que los profesionales de la salud, quienes también se transmiten la información de esa manera.

Por otra parte, como psicóloga, en diferentes oportunidades me han preguntado lo siguiente: ¿el aborto genera un trauma psíquico? ¿Afecta la salud mental de la mujer?" La respuesta es "no".

El aborto seguro, legal y gratuito no genera ningún tipo de trauma en las mujeres que deciden abortar. La decisión de interrumpir un embarazo no implica trauma psíquico ni patología mental. El sufrimiento psicológico que puede desencadenarse en una mujer ante un aborto depende del contexto normativo, legal, social, cultural y político en el que ese aborto es realizado. No es lo mismo para una mujer someterse a un aborto en la clandestinidad que hacerlo desde el acceso al derecho.

Es decir que lo que genera patología y sufrimiento psicológico para la mujer es la clandestinidad, situación con la que se quiere terminar una vez que se sancione el proyecto de ley sobre interrupción voluntaria del embarazo.

Otra pregunta que me formulan es la siguiente: ¿qué les pasa a las mujeres que cursan un embarazo no deseado y que no pueden interrumpirlo? ¿Qué les pasa cuando se acercan al efector de salud -como ocurre en la mayoría de los casos- y no encuentran un equipo para la interrupción legal del embarazo y el aborto es denegado?

¿Saben qué les pasa a esas mujeres? Aquellas que intentan interrumpir un embarazo y no lo consiguen -razón por la cual deben continuar con la gestación de manera forzada porque no les queda otra opción-, padecen un trauma psicológico.

Hemos hablado también de la tortura. En este sentido, la denegación del derecho al aborto por parte del Estado ha sido considerada por el relator del Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas, como tortura hacia la mujer.

Sí; en la Argentina se tortura a las mujeres a las que se les niega el acceso al aborto legal, seguro y gratuito. Esto pasa en nuestro país. Hay violencia institucional hacia esas mujeres, y esta es nuestra responsabilidad. Tanto los profesionales de la salud como las políticas públicas deben permitir que se termine con la desigualdad y la inequidad en relación con el acceso a esta práctica, así como también con la violencia que sufren las mujeres en su decisión de ejercer el derecho de la autonomía sobre sus propios cuerpos.

Considero que apostar por la interrupción voluntaria del embarazo es apostar a una sociedad más equitativa, más igualitaria y con menos violencia. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Estela Díaz, secretaria de Género de CTA nacional.

SRA. DÍAZ Buenos días. Agradezco que me hayan invitado a participar de esta audiencia.

Quiero destacar que nos encontramos acá debatiendo los proyectos de ley sobre interrupción voluntaria del embarazo gracias al movimiento feminista, al movimiento de mujeres y al movimiento social que han logrado construir un debate público. Se ha logrado interpelar al sentido común respecto de este tema, sacar de la clandestinidad esta práctica en relación con la discusión social, construir despenalización social, posibilitar que hoy estemos debatiendo este asunto y que sea ineludible para este Parlamento poner sobre la mesa esta cuestión.

También quiero decir -y hablo en nombre de la Central de Trabajadores de la Argentina- que todo esto forma parte de la campaña por el derecho al aborto desde su inicio, en el año 2005.

Nuestra central nace en los años 90 a raíz de una ruptura sindical producto de una decisión de los trabajadores y las trabajadoras de enfrentar las políticas neoliberales, cosa que suena mucho en estos tiempos.

Claramente -por ser el período de los 90 y haber feministas sindicalistas que militaban en su seno-, incorpora una agenda que planteaba que el debate por los derechos de las trabajadoras y trabajadores era ineludible e inescindible de la discusión por la igualdad de género, los derechos sexuales y reproductivos, la no violencia contra las mujeres y la despenalización del aborto.

En los primeros congresos definíamos la despenalización; luego, incluimos definiciones por la despenalización y legalización del aborto porque también fuimos comprendiendo en el proceso de qué se trataba en cada una de estas cuestiones.

Como central sindical integramos la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas, que es la expresión sindical, regional más importante del continente americano, afilia a cuarenta y ocho organizaciones de veintiún países, lo cual representa a cincuenta millones de trabajadores y trabajadoras de nuestro continente.

Quiero compartir con ustedes que, en el último Congreso de la CSA, Confederación Sindical de las Américas, de 2016, se incorporó el inciso 5º a la resolución 13, que habla de la igualdad y equidad de género. Dice así: "La CSA promoverá que sus organizaciones establezcan la lucha a favor de los derechos sexuales y reproductivos, la descriminalización del aborto y el derecho de las mujeres a decidir. El aborto inseguro, que es realizado en condiciones precarias de salud e higiene, se considera como un grave problema de salud pública."

Me parece importante traer esta resolución aquí porque la CSA tiene en su seno afiliadas que están ligadas al socialcristianismo y a muchas visiones cercanas a la Iglesia Católica. Sin embargo, como representantes de trabajadoras y trabajadores de las Américas se construyó un consenso que dio cuenta de que así como discutimos que necesitamos un modelo de desarrollo inclusivo, humanizador, que construya justicia social e igualdad, esto supone -sin dudas- la igualdad plenas de derechos para las mujeres. Esto supone cuidar la salud y la vida de las mujeres trabajadoras de las Américas. Eso supone legalizar y descriminalizar el aborto, y así lo ha resuelto la confederación, reconociendo la pluralidad y la diversidad, pero construyendo este consenso, que esperamos que este Congreso también logre.

Como segundo aspecto que quería compartir con ustedes, aquí se han preguntado y yo también me pregunto: si la penalización es ineficaz, no disuade cuando se decidió abortar, cuando se decidió interrumpir el embarazo, es injusta socialmente y es un grave problema de salud, ¿por qué se mantiene? ¿Por qué los sectores "antiderechos" persisten e insisten en oponerse a que se cambie una ley tan profundamente injusta vigente en la Argentina, que prontamente tendrá cien años?

Voy a presentar un escrito porque debido al recorte de tiempo no hablaré de muchos de los aspectos que están en debate. Me interesaba puntualizar en esta discusión el hecho de que existe una operación ideológica y política que se pone en juego cuando se debate la cuestión de la vida. Hay un posicionamiento moral religioso que se quiere imponer al conjunto y una visión respecto de la discusión de la vida que pone la prioridad en la vida en gestación, en la vida del embrión. Nos engañan, no hay franqueza cuando se dice que se priorizan ambas vidas.

No es así en la propia vida de cada uno o de cada una de nosotras. Hay momentos en los que no hay empate en la vida, sino que se trata de una "final"; entonces, es una vida o la otra la que se pone en cuestión.

Quienes están en contra de este cambio de ley...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Le queda un minuto, señora Estela Díaz.

SRA. DÍAZ Decía que aquellos a quienes nosotras definimos como "antiderechos", priorizan la vida del embrión. Elegir la vida del embrión, humanizar la vida del embrión es deshumanizar la vida de las mujeres; es quitarnos derechos y desvalorizar nuestra vida. Esto se inscribe nada más ni nada menos que en una historia milenaria de la humanidad. Esto es patriarcado, machismo y nada tiene que ver con la lucha de la vida, que es nuestra lucha y no se la vamos a regalar. Luchamos por la vida, por la vida justa, por la vida con igualdad, con libertad, sin discriminación y con derechos. Ahí están las mujeres y los jóvenes.

Esta historia está cambiando y el Congreso Nacional tiene la enorme oportunidad de construir una ley que dé dignidad y derechos al conjunto de las mujeres de la Argentina. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la escritora Claudia Piñeiro.

SRA. PIÑEIRO Señoras diputadas y señores diputados, ¿por qué estoy acá? Porque soy mujer, madre y escritora. Sin embargo, no expondré como mujer o madre, sino como escritora.

Algunos dicen que los escritores tenemos ciertas antenas con las que podemos captar lo que está pasando en una sociedad y, además, la facilidad de traducirlo a palabras. Quiero que sepan que después les vamos a repartir un listado de doscientas escritoras argentinas que están a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. (Aplausos.) Somos doscientas escritoras y vamos a ser más, porque nos vamos a juntar el próximo martes para firmar la misma carta que firmaron las actrices.

Si ustedes tuvieron la suerte de leer en el último año algún libro escrito por una escritora argentina, no tengan dudas que esa escritora está en este listado que les vamos a repartir, porque están casi todas, no se me ocurre una que no esté.

Además de esas antenas los escritores tenemos la posibilidad de pararnos en distintos puntos de vista. ¿Qué es el punto de vista? Es mirar la sociedad desde el lugar que nos toca a cada uno.

En este debate estamos viendo que hay un punto de vista que quiere anular al otro. Los que están a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo no obligan al otro a interrumpir el embarazo; quieren tener ese derecho. En cambio, los que están en contra de la ley de interrupción voluntaria del embarazo quieren imponer su punto de vista al otro.

Hay una novela de John Irving -permítanme la digresión- que se llama Los príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra. En esa novela hay un doctor, el doctor Larch, un personaje extraordinario. Irving hace esta novela monumental sabiendo de filosofía, de ética, de historia y de medicina.

El doctor Larch tiene que llevar adelante un orfanato, al que van las mujeres pobres a dejar a sus hijos que serán dados en adopción. Pero un día, yendo a comer con la gente que banca ese orfanato, los ricos de Maine -quienes lo invitan y son los que le piden detrás de las cortinas si puede hacer un aborto a la hija, a la prima, a la tía y a quien sea-, Larch se da cuenta de la situación y dice: "Pero por qué tengo que ayudar a las mujeres pobres a tener un hijo y a los ricos, a interrumpir un embarazo". Y también dice Larch: "yo voy a ayudar a las mujeres pobres, yo me pongo en el lugar de las mujeres pobres y las mujeres pobres también podrán hacer su aborto".

John Irving es tan buen novelista que también pone el punto de vista de un niño que fue dado en adopción y que va quedando en ese orfanato porque nadie lo adopta. Se llama Homero Wells. Homero Wells crece, se hace muy amigo de Larch y casi tienen una relación de padre e hijo. Son padre e hijo. Sin embargo, Larch sigue pensando que tiene el deber de ayudar a las mujeres pobres a hacerse un aborto de la misma manera que a los ricos, quienes se lo piden y ponen plata para llevar adelante ese orfanato.

Además, los escritores tenemos algo que la escritora Ivonne Bordelois llama "conciencia lingüística". Esto significa que las palabras -el lenguaje- construyen realidad. Existe una especie de supermercado gratuito de palabras en el que elegimos aquellas que se nos ocurren y las usamos. El problema es cuando alguien nos quiere robar o dejarnos sin una palabra. Ahí es donde nos damos cuenta de su valor y allí deja de ser gratuito. Concretamente, en este debate también nos están queriendo robar una palabra. Hay un autor llamado Timothy Snyder, quien escribió un libro llamado "Sobre la tiranía", donde advierte sobre determinadas operaciones que se dan en la democracia que conducen a situaciones cercanas a la tiranía. Una de las cuestiones que describe es cuando un sector de la sociedad se apropia de un símbolo, signo o palabra y, a partir de allí, se excluye al resto de los que integran esa comunidad. Eso está pasando hoy en la Argentina con la palabra "vida". Cada vez que alguien dice que está en contra de la ley de interrupción del embarazo porque está con la "vida", nos excluye a todos los que no estamos de acuerdo con ese concepto y que sí queremos una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo. Me está excluyendo a mí, a doscientas escritoras, a muchos de mis amigos y amigas y a muchos de ustedes. Entonces, no debemos permitir que nos roben la palabra "vida", pues nosotros también estamos a favor de la vida.

Puntualmente, en Europa no están en contra de la vida. En todos los países europeos existe una ley sobre el aborto; lo propio ocurre en Uruguay. En Italia -donde el tema no pudo ser votado en el Congreso debido a que la religión católica tiene un peso muy alto en ese país- se llamó a una consulta popular y más del 50 por ciento de sus ciudadanos votaron a favor de la ley de interrupción del embarazo. ¿Esto qué quiere decir? ¿Que los italianos no están de acuerdo con la vida? ¿Acaso los europeos son asesinos? ¿Son asesinos los uruguayos? No. Nos robaron una palabra. Nos están queriendo robar una palabra.

Por ello, creo que hay gente que lo hace inocente e ingenuamente. Pero no puedo permitir que los señores diputados, los ministros de este gobierno o el señor presidente de la Nación pequen de ingenuos.

Cuando ustedes dicen que no están de acuerdo con una ley de interrupción del embarazo y al mismo tiempo afirman "estoy de acuerdo con la vida", llevan a cabo una operación del lenguaje para separar a la sociedad y dejarnos a nosotros afuera. Eso no lo acepto, no lo quiero. Y se lo voy a decir al señor presidente, con el cual tengo una deuda tremenda porque él abrió este debate. Creo que es grandiosa la apertura de este debate y que, en su carácter de presidente, haya tomado las banderas de tantos colectivos de mujeres que vienen luchando desde hace años para la concreción del mismo. Se lo agradezco al señor presidente, pero ahora le pido algo más: no vuelva a decir que lo hace porque es por la vida, pues yo también estoy por la vida y defiendo la ley de interrupción voluntaria del embarazo. No nos ofendan ni discrimen más. Todos estamos por la vida. Ustedes opinan que la ley no es lo mejor y nosotros pensamos que sí. Pero por la vida estamos todos. (Aplausos.)

Quiero formular una referencia literaria más. Seguramente habrán escuchado hablar de la teoría de los seis grados de separación. Dicha teoría está tomada de un cuento. Concretamente, un escritor húngaro de apellido Karinthy, bajó con las antenas y escribió un cuento que se llama "Cadenas". Este autor expresa que cuando uno empieza a hablar con otra persona enseguida encuentra a alguien en común. Es como cuando decimos "el mundo es un pañuelo". Les sugiero que pregunten. Tienen sentadas en sus casas, entre las amigas de sus hijas, a mujeres que se hicieron un aborto. Y hay menos de seis grados de separación para encontrar a alguien que se haya hecho un aborto.

Finalmente, les pido que abracemos a esas mujeres, digámosle que no van a ir presas y que van a poder hacerse un aborto -no en condiciones clandestinas- y con las mismas posibilidades que una mujer rica. Además, ustedes, señores diputados, que están por votar en contra, piensen lo siguiente. Hace poco tiempo se sancionó la ley de matrimonio igualitario. Si revisamos los argumentos en contra de esa norma, sentirán vergüenza quienes formularon dichos conceptos. Creo que hay gente que no debe querer que aparezcan esos argumentos pues deben sentir una gran vergüenza acerca, no sólo de lo que votaron, sino de las barbaridades que dijeron. Se trata de barbaridades similares a las que se están escuchando hoy en día en contra del aborto.

Entonces, ustedes, dentro de unos años van a tener que mirar a los ojos a sus hijos y a sus nietas y decirles cuando ellos les pregunten "¿es cierto que vos votaste para que una mujer tenga dentro de su cuerpo un embrión? "¿Es cierto que vos hiciste eso?" (Aplausos.) Y ustedes van a tener que decir que sí. Y los ojos de esas personas les van a transmitir el horror; les van a transmitir la sensación de estar frente a alguien que cometió un acto aberrante, tal vez un delito. ¿Saben una cosa? Cambiaron los tiempos. Las mujeres estamos acá para defender nuestros derechos y no nos vamos a retirar. Así como nosotras vamos a seguir defendiendo nuestros derechos, les pedimos, por favor, que cumplan con su deber. (Aplausos.)

Varios señores diputados hablan a la vez.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Por favor, después vamos a tener tiempo de hacer las preguntas que consideremos necesarias.

Varios señores diputados hablan a la vez.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Señores diputados y diputadas: si quieren hacer preguntas, luego podrán hacerlas. Les pido por favor que no dialoguemos porque todos tienen derecho a expresarse.

Tiene la palabra el doctor Roberto Gargarella, abogado, sociólogo y doctor en Derecho.

SR. GARGARELLA Dado que ya se han expuesto muchos de los argumentos más importantes y conocidos a favor de la despenalización del aborto, quiero concentrarme en tres cuestiones menos exploradas, relacionadas con las ideas de democracia, derechos e interpretación del derecho.

Comienzo haciendo referencia a la cuestión democrática, que sintetizo en este argumento que parece difícil de comprender, pero no lo es: la validez jurídica de una norma depende de que ella se apruebe con el acuerdo de las personas a las que la norma afecta. Para decir lo mismo con un ejemplo: si en la Sudáfrica de hoy rigiera una ley sobre la discriminación racial escrita exclusivamente por la minoría blanca, ello no representaría un insulto legislativo hacia la mayoría de color. Estaríamos frente a una ley afectada en su validez jurídica, que debería ser repudiada en términos democráticos. Esto es así porque la validez de una ley no deriva de la mera circunstancia de que una determinada cantidad de manos se levanten al mismo tiempo para sancionarla. La vigencia de una ley puede depender de la fuerza en que se apoya, pero su validez, que es lo que nos importa...

Varios señores diputados hablan a la vez.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Lo interrumpo un segundo, doctor Gargarella.

Señores diputados y diputadas: venimos acá a escuchar a los expositores. Si tienen alguna opinión, tendrán tiempo en las preguntas para poder expresarse. Ahora escuchemos a los expositores, a quienes hemos invitado para exponer y expresarse. Por favor, continúe con el uso de la palabra, doctor Gargarella.

SR. GARGARELLA Decía que la vigencia de una ley puede depender de la fuerza en la que se apoya pero su validez, que es lo que nos importa, depende del acuerdo democrático que la sostiene. Se trata de un principio ya instalado en el derecho argentino. Piénsese en lo que la Constitución establece en materia de comunidades indígenas, por ejemplo, en el artículo 75, inciso 17), o a través del Convenio 169 de la OIT. Las normas que afectan a tales comunidades hoy en la Argentina no son válidas si sus miembros no son consultados por anticipado.

La normativa que rige el aborto en la Argentina es producto de un acuerdo celebrado en 1921 por varones acomodados y de religión católica, en la mayoría de los casos. No se trata de que los varones y los católicos no deban formar parte del acuerdo al que hoy podamos llegar sobre el aborto. Se trata de que ellos no pueden seguir siendo dueños exclusivos de ese acuerdo, menos aún marginando a quienes más van a sufrir las consecuencias de lo que ellos decidan.

Por lo dicho, las normas que regulan el aborto en la Argentina no solo son vetustas o desafortunadas. Se trata de normas jurídicamente impugnables que este Congreso tiene la obligación de reemplazar por otras informadas -ahora sí- por la voz de una diversidad antes ignorada. Al respecto, de una vez por todas la Legislatura deberá tomar nota del histórico compromiso asumido por nuestra Constitución a favor de los derechos de las mujeres y debe considerar, por ejemplo, la igualdad real de oportunidades o las sanciones positivas también obligatorias en relación con las mujeres.

Pocos documentos en el mundo, como nuestra Constitución, han puesto su foco tan claramente sobre las mujeres para definir, a partir de ellas, cuáles son las precondiciones que debe cumplir todo acuerdo democrático. La legislación sobre el aborto, en consecuencia, debe aprobarse atendiendo a esos claros reclamos constitucionales.

Luego de estas notas sobre el principio democrático, quiero decir algo sobre la cuestión de los derechos. Contra la tradición del derecho natural, conviene decir que los derechos no se descubren en el firmamento como las estrellas o los planetas. Por el contrario, y como dijera Carlos Nino, los derechos representan uno de los más grandes inventos de la humanidad. Son creaciones nuestras. Por eso, tenemos el deber de discutir sobre esos derechos, tal como aquí lo venimos haciendo.

En segundo lugar, quiero decir algo relacionado con la posibilidad de decidir democráticamente sobre los derechos. Hoy existe una clara mayoría social que apoya el aborto, por lo cual los demócratas que estamos a favor de la despenalización podríamos ahorrarnos el esfuerzo argumentativo, llamar a una consulta popular e imponer por la fuerza de la democracia nuestra decisión sobre los restantes. Pero no es eso lo que debemos hacer, ni es lo que estamos haciendo. Debemos resolver los profundos desacuerdos que tenemos sobre los derechos no a través de la fuerza, sino conversando democráticamente. No debemos hacer nosotros lo que una minoría ha venido haciendo hace siglos con los derechos de las mujeres.

Cuando reconocemos el derecho fundamental que tenemos de discutir y regular los derechos, avanzamos de un modo significativo en discusiones como las que aquí se celebran.

Permítanme dar un ejemplo de lo que digo: en su presentación frente a esta sala, la estimada constitucionalista María Angélica Gelli dio uno de los pocos argumentos contrarios al aborto merecedores de atención. Ella sostuvo que quienes defienden el aborto a partir del artículo 19 de nuestra Constitución construyen su postura asumiendo que dicho artículo solo habla del principio de autonomía y olvidan que el mismo establece un límite fuerte en el "daño sobre terceros". El problema del argumento de Gelli -que depende del controvertido supuesto según el cual el embrión constitucionalmente es un tercero- es que desestima nuestro derecho a regular los derechos. En este caso, a regular el "daño a terceros". Para que se entienda lo que digo: el artículo 19 de nuestra Constitución de ningún modo establece que nuestras acciones no pueden afectar a terceros, ni dice que toda acción que perjudique a un tercero deba resultar prohibida o penada. Por ejemplo, el derecho de huelga, como el derecho a la crítica política, están constitucionalmente protegidos, por más que el ejercicio legítimo de esos derechos pueda perjudicar muchísimo a muchísimos terceros. Más todavía, en casos como los citados, la protección del derecho original -como a la expresión o a la huelga- puede desplazar por completo al derecho afectado de los terceros. Por ejemplo, mi derecho a la crítica política es susceptible de desplazar por completo el derecho al honor del funcionario público. Todo depende, entonces, del tipo de derechos de los que hablamos y de las formas particulares en que los regulamos. La discusión no se termina, entonces, sino que recién comienza cuando se alude a los daños sobre terceros.

Finalmente, me voy a referir brevemente a la cuestión imperativa. De las muchas teorías que hoy coexisten en materia interpretativa, hay dos en particular que se destacan. Por un lado, encontramos a quienes consideran que la interpretación constitucional es una ciencia que se encuentra a cargo de los científicos del derecho. Por otro lado, muchos pensamos que la interpretación del derecho depende de nuestros más profundos acuerdos en materia interpretativa. En estos días escuchamos numerosas posturas del primer tipo: juristas que interpretan la Constitución combinando normas de jerarquía por completo disímiles y ofreciendo datos inverosímiles; juristas que al final del día nos revelan el significado verdadero del derecho que ellos conocen y que todos los demás, supuestamente, desconocemos.

Piénsese por caso en la argumentación presentada aquí por Rodolfo Barra. Barra ofreció una lectura interpretativa que convierte al bloque constitucional en un manojo de reglas estrictas con respuestas cerradas; presentó como universal una posición que era la suya propia, extraña para cualquier otro, ciega a la jurisprudencia de nuestra Corte y ajena a lo dicho por la Corte Interamericana. Si se me permite, se trató de un ejercicio similar al de épocas pasadas, cuando encontrara en la Constitución un derecho a la re-reeleción que ningún otro sabía que existía.

Pero el punto que quiero marcar es otro. Quiero decirles a los legos que pueden quedarse tranquilos porque la Constitución no es, como la presentan algunos, un coto de caza con acceso restringido. Mucho menos en casos como estos, en los que no hablamos de reglas fijas, sino de estándares abiertos -tales como autonomía, igualdad y daños- que hacen un llamado para que entre todos argumentemos.

En casos como el del aborto, caracterizados por un profundo desacuerdo moral que nos atraviesa enteros, el significado de la Constitución no debe entenderse nunca como dependiente de códigos secretos, conversaciones privadas o historias que desconocemos. El significado de la Constitución depende de los acuerdos a los que lleguemos de forma abierta, inclusiva y franca. Por ello mismo, definir hoy lo que dice nuestro derecho en materia de aborto exige que escuchemos con especial cuidado las voces que hasta hoy hemos acallado: las de las abusadas, las explotadas, las maltratadas, las humilladas y las ofendidas.

La legislación sobre el aborto que hoy tenemos, como también la que autoriza disparidades salariales o la que se desentiende de la violencia de género, son resultado directo de esa exclusión que viene dándose en los hechos. La igualdad necesita de otro derecho. Otro derecho debe ser posible. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra María Rachid, dirigente social del área de Derechos Humanos y del Colectivo LGBT de la Argentina.

SRA. RACHID Buenos días a todos, a todas, a todes.

Podría compartir los cientos de argumentos que hemos aprendido en la militancia por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito de muchas otras compañeras que estuvieron antes que nosotras, a las que les agradecemos todo lo que nos han enseñado y a quienes les reconocemos el trabajo que nos ha llevado a la posibilidad de estar hoy hablando de este tema en el Congreso de la Nación. En honor a todas ellas, me gustaría mencionar a la querida Dora Coledesky, que no pudo ver su militancia cristalizada en una ley, pero sí pudo compartirla con quienes aprendimos de ella en este camino. (Aplausos.)

Podría hablar de muchas de las cuestiones que hacen a la militancia por el derecho al aborto, pero sé que antes y después de mí habrá muchas otras compañeras con más conocimiento y experiencia para hablar de todo eso. Por eso preferí realizar un aporte a este debate desde otro lugar, desde otras militancias que también he transitado.

Las lesbianas, gays, bisexuales y trans tenemos mucho en común con las mujeres que abortan. Nosotras y nosotros también fuimos delito y somos delito -hasta con pena de muerte- en muchos lugares del mundo. Somos delito, somos enfermedad y somos pecado.

En la mayoría de los casos, los mismos sectores que quieren mandar a la cárcel a las mujeres que abortan son aquellos que impulsaron las leyes que nos criminalizaron, son quienes nos definen como enfermos, "perversos" y si -como las mujeres que abortan- decidimos hacer lo que queremos con nuestro cuerpo y nuestro deseo, entonces, somos también pecadoras y pecadores.

Cuando hablamos de estos sectores, no nos referimos a los fieles de alguna religión, sino a sectores muy minoritarios de esos fieles y sus jerarquías institucionales, porque la mayoría de ellos está a favor del aborto legal, seguro y gratuito; así como lo estaba del matrimonio igualitario.

Queremos hablarles sobre las posiciones que han asumido esos sectores, porque nosotras y nosotros las conocemos bien y nuestros compañeros y compañeras han padecido el dolor y hasta la muerte -como muchas de las mujeres que abortan- que generan sus posiciones o -debo decir- sus imposiciones.

¿Sabían que recién en el año 2012, al día siguiente de la aprobación de la ley de identidad de género, se derogó el último artículo de un Código de Faltas que nos criminalizaba en Argentina? Cuando se fundó la Federación Argentina LGBT eran dieciséis las provincias del país que nos criminalizaban expresamente.

¿Sabían que hasta el año 1990 la OMS ponía a la homosexualidad en una lista de enfermedades mentales y que todavía tiene a la transexualidad como un "trastorno"? ¿Sabían que hay una encíclica "divina" que es parte del dogma de la religión católica, que dice que somos una "desviación de la naturaleza"?

¿Por qué digo esto? Porque los mismos sectores que sostuvieron esto, que se negaron a reconocer nuestras identidades y nuestras familias, que repudiaron y rechazaron nuestros derechos, quienes propusieron una "guerra de Dios" en contra del "plan del demonio", que eran para ellos nuestros derechos, son casualmente los mismos que quieren meter presas a las mujeres por abortar. Podría hasta señalarles todos los oradores y oradoras que se repiten.

Pero también son los mismos que mandaron a la cárcel a Galileo Galilei por decir que la tierra era redonda, que quemaron brujas por ser mujeres fuertes y que persiguieron y quemaron vivos a científicos y filósofos a través de la Santa Inquisición; en muchos casos son los mismos que se callaban mientras se los llevaban, acá nomás, hace poco. Son los mismos que se opusieron al matrimonio civil, porque en nuestro país, hasta 1888, los matrimonios solo podían celebrarse por Iglesia y siendo católicos.

Son los mismos que se opusieron al voto de la mujer, no sólo porque nuestro rol estaba dentro del hogar, cuidando a "nuestros niños", sino que llegaron a argumentar que no teníamos alma o inteligencia.

Son los mismos que se opusieron al derecho a divorciarse y a volverse a casar, y los que aún consideran que quienes lo hacen, viven en pecado.

Son los mismos que se opusieron al matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. Los que, al igual que a los afrodescendientes en el apartheid, nos decían que no había que "legislar igual para lo que no es igual".

Son los mismos que se oponen a la educación sexual, al uso de anticonceptivos para evitar embarazos no deseados, a los preservativos para evitar infecciones de transmisión sexual, los que se oponen a las relaciones prematrimoniales. Todo esto lo han hecho siempre en nombre de la ciencia, en nombre de la naturaleza y en nombre de Dios.

Esos sectores, estos mismos sectores, que sostenían que la tierra era cuadrada, llegando a asesinar a quienes dijeran cualquier otra cosa, pretenden siempre explicarnos la naturaleza y desarrollar posiciones "científicas" sobre lo que debemos o no debemos hacer con nuestras vidas.

Esta vez, nos dicen que un par de células de aquellas que la naturaleza y la ciencia descartan todos los meses porque no implantan -a las que no les ponemos nombre ni les hacemos un DNI- es un ser humano cuya vida vale más que la de cualquier mujer. Y aunque esta vez no pueden ahorcamos ni quemarnos vivas, pretenden que vayamos a la cárcel por creer que son solo eso, un par de células, y por decidir en consecuencia lo que queremos hacer con nuestros cuerpos y con nuestro plan de vida. No siempre lo hacen con la bondad y la calma con la que aparecen algunas personas de esos sectores en estos debates.

También desde los despachos de algunos senadores advierten a legisladores y legisladoras diciéndoles que harán campañas contra sus candidaturas desde los púlpitos de las iglesias, como hicieron en el debate por el matrimonio igualitario.

Los y las subestiman, como subestiman a sus fieles y a la sociedad. Tenemos muchos ejemplos para dar, pero por mencionar solo uno, una senadora de una provincia, que votó por el matrimonio igualitario a pesar del temor que le generaron esas advertencias, al año siguiente ganó las elecciones a gobernadora por más del 70 por ciento de los votos.

Desde la Federación Argentina LGBT, venimos a pedirles, diputados, diputadas, que no se dejen intimidar por estos sectores, que voten de acuerdo con la evidencia científica real -no de acuerdo con videos y fotos trucadas-, que sean leales a sus convicciones más profundas, que luchen contra la hipocresía y que no se confundan porque estos sectores están siempre del lado de la historia que quiere ir para atrás.

El reconocimiento del derecho al aborto legal, seguro y gratuito va a ser una realidad en nuestro país. Lo que tiene que decidir cada uno y cada una de ustedes es de qué lado de la historia van a quedar para el futuro. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Mabel Bianco, médica y presidenta de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer.

SRA. BIANCO Es un gusto estar aquí porque este es un momento que esperamos desde hace muchos años, y llegó. Lo estamos gozando.

Voy a hacer algo distinto de lo que ustedes estuvieron escuchando porque quiero hablar de las coincidencias. Tenemos tantos disensos, que por qué no buscamos las coincidencias.

Quiero decir que hay una coincidencia que me parece que está aquí, que es que todos y todas queremos que haya menos abortos. Lo que me parece que no es compartido es cómo queremos esto y si lo queremos para que haya menos enfermedad y muerte en las mujeres. Este es un punto sobre el que vamos a volver.

Entonces, si esa es la primera coincidencia, yo quiero felicitarlos, pero también quiero pedirles compromiso porque gracias a esta discusión hemos tenido un cambio y ahora tenemos una coincidencia; los que antes decían que no querían la Educación Sexual Integral y que querían el Programa de Salud Sexual y Reproductiva y demás, ahora están todos de acuerdo. ¡Bienvenido sea! Pero, entonces, quiero decir, y ahí viene lo que les pido independientemente de lo que voten, es que en realidad se fijen -todos vienen de una provincia- qué pasa en sus provincias o en sus localidades con respecto a esto. ¿Se cumple? ¡No! Entonces, si todos reconocemos que hay que hacerlo para prevenir, empecemos por ahí, exijan que se cumpla, averigüen en sus Poderes Ejecutivos qué está pasando. ¿Por qué todavía no llega a los chicos la educación sexual integral? ¿Por qué? ¿Hay miedo? ¿Hay oposición encubierta? Bueno, creo que ese es un camino.

El otro camino es la salud sexual y reproductiva. (Aplausos.) La salud sexual y reproductiva nos costó más de doce años de discusiones en esta casa y en la casa de enfrente. Yo, como soy antigua, puedo decir eso. Esas discusiones recién se saldaron cuando tuvimos la crisis del 2001 y 2002. Con la pobreza, nuestro país, y por lo tanto nuestros legisladores, descubrieron la mortalidad materna y la mortalidad infantil.

Vengo de la salud pública, de la epidemiología y estudio los números desde hace muchos años. Veníamos hablando de esta situación y por ello éramos considerados subversivos, pero los niños se morían, las mujeres se morían y todos lo ignoraban hasta que ese dato los desnudó.

Entonces, Tucumán fue el lugar -los que vivieron en esa época se acordarán, aquí hay gente joven que quizá no se acuerde-, ahí se descubrió. Muy bien, ahora entonces tenemos que actuar en consecuencia. Si estamos de acuerdo con esto, averigüen, pidan la información en sus provincias y en sus localidades. Todavía hay muchos grupos que no tienen acceso a la salud sexual y reproductiva, y los primeros son las y los adolescentes. Y no hablo de los confines de la Patria, me quedo aquí, en el Gran Buenos Aires, donde todavía es la mayoría.

La provincia de Buenos Aires es la gran deudora respecto de la educación sexual integral que aún no se implementa. Desde que un niño llevó un blíster a la casa después de una clase -como soy histórica, insisto, creo que esto fue en el 2003, por ahí- nunca más se habló en la provincia de Buenos Aires. Y no podemos conseguir que esto se aplique para los chicos y las chicas. Entonces, por favor, ¡hay una ley! ¡Por favor, ustedes mismos ocúpense de que se cumplan las leyes! Porque las leyes no las hacemos para que haya adornos en los escritorios, es para que les lleguen a la gente; este es el primer camino.

Si estas son las cosas en que coincidimos, ¿por qué no pensamos cómo hacemos? Si nosotros tuviéramos buenos servicios de educación sexual, deberían llegar a todos los colegios, a todos los niños y ser esclarecedores. No es que se los obligaría a que tomen un método o a que hagan esto o aquello, porque ninguna de las leyes que sancionamos con la democracia y que dieron derechos, obligan; ninguna. Y si obligaran estaremos para decirles que están legislando mal, porque ninguna ley debe obligar a nadie a hacer algo que no quiere.

Pero también les recuerdo que la omisión en la legislación es una forma de obligar, y esto es una omisión. Esto es una omisión porque la que elije -no la que obligamos- hacer una interrupción se ve obligada a hacerlo poniendo en riesgo su salud y su vida.

Y como esto es algo que pasa y que cruza a todos los sectores sociales y a todas las clases sociales, las y los invito a que se pongan en la situación de esas mujeres. Porque lo interesante de esto es que uno puede tener ideas teóricas muy buenas, que fundamenten la vida o lo que sea, pero cuando se vive la situación en un marco de necesidad, la mujer con su grupo familiar toma la decisión y la implementa. Pero debe hacerlo en un ambiente de seguridad y de tranquilidad. Entiendan que estamos revictimizando a las mujeres.

Cuando hablamos de la violencia y nos oponemos, tienen que entender que esto también es violencia. Les pido que se pongan en ese lugar. El hecho de votar esto no significa que vamos a obligar a alguien. Van a permitir que a algunas mujeres que lo decidan lo puedan llevar a cabo de una forma en la que no pongan en riesgo su vida y su salud. Ahí estarán haciendo una contribución.

Ustedes van a seguir pensando de la misma manera y eso me parece muy bien. Traten de hacer cosas en sus ámbitos diciéndoles a sus amistades y conocidos lo que ustedes crean, pero no les pongan impedimentos a las mujeres porque hay mucho sufrimiento. Cuando una mujer enferma o se muere por un aborto clandestino deja a una familia a la deriva. No es cierto y es un mito que esto es algo que les pasa a las mujeres que no tienen hijos.

Quiero agregar que nuestra Constitución Nacional no prohíbe el aborto. Los tratados e informes existentes nos indican que hagamos algo para disminuir las muertes maternas y asegurar la vida de las mujeres. Esto está en manos de ustedes. No queremos obligarlos a que hagan lo que no quieren, pero sí que se pongan en el lugar de esas mujeres y lo entiendan. Ustedes pueden seguir pensando lo que deseen; tienen todo el derecho como lo tenemos nosotros. Pero no las obliguen a las mujeres. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Soleda Deza, abogada del caso Belén.

SRA. DEZA Agradezco la invitación que me han formulado para estar en este momento que considero histórico y que nos permite -si se aprueba el proyecto de legalización del aborto- ser una sociedad un poco más justa.

Vengo a hablar como abogada, como feminista y como defensora de los derechos humanos de las mujeres y de la vida. Vivo en Tucumán, única provincia argentina que aún no ha adherido a la ley de salud sexual y procreación responsable. Una provincia en la que la educación religiosa está presente en todas las escuelas públicas, cosa que no ocurre con la Educación Sexual Integral. Se trata de una provincia que tuvo encarcelada a Belén durante 29 meses como consecuencia de haber sufrido un aborto espontáneo dentro de un hospital. Luego, ella fue liberada por el movimiento de mujeres.

¿Qué es lo que quiero decir en este momento? Como abogada he acompañado profesionalmente -lo sigo haciendo- a niñas y mujeres que, cursando embarazos forzados o riesgosos para su vida y salud, ven obstaculizado su derecho a abortar como consecuencia del accionar inescrupuloso de profesionales de la salud que anteponen sus conciencias privadas a sus obligaciones públicas.

Sé de la indignidad de mendigar un aborto que es legal en los hospitales desde hace cien años. Sé de las resistencias culturales y el estigma que se activa cada vez que nombramos la palabra "aborto" dentro de las instituciones de salud. Asimismo, conozco el patriarcado judicial que opera nuestros cuerpos, porque además de Belén he defendido a otras mujeres acusadas de aborto, como María Magdalena, que estuvo procesada durante tres años hasta ser sobreseída.

Hoy por hoy, una de las excusas más usuales que tienen aquellos que están indecisos o no son tan radicales en oponerse a este proyecto, radica en explicar lo que sucede con el artículo 85 del Código Penal en cuanto a que la penalización del aborto no se aplica en los hechos, es decir, en la vida de las mujeres.

Vengo hoy a argumentar, con datos de mi provincia, todo lo contrario. Sí existe interés estatal en criminalizar a las mujeres y perseguir este delito. Es hora de que asumamos, como señala Ferrajoli, que el proceso penal en sí mismo es una pena debido a la estigmatización que genera, por la violencia que apareja y por la selectividad con que opera el derecho penal. El proceso penal -no solo las condenas- son un castigo.

Junto con Alejandra Iriarte y Mariana Álvarez, en el año 2012 relevamos los últimos veinte años de judicialización del aborto en mi provincia. Eso nos dio como resultado que 534 causas se judicializaron por dicha consecuencia. De esas 534 causas, el 97 por ciento tiene a las mismas mujeres abortantes como imputadas.

Además de ello, hay algo muy paradójico: el Estado no solamente persigue abortos provocados o autoprovocados, sino que también persigue abortos que no son delitos. A partir del año 2008 relevamos que un 24 por ciento de las causas que ingresaron en el sistema penal con mujeres imputadas por aborto se corresponden con eventos obstétricos adversos, como es el caso de un aborto natural o espontáneo. Digo esto porque así están caratuladas las causas. Belén, dos años después, perdería casi tres años de su vida en uno de estos procesos que son más morales que penales.

Si bien el 79 por ciento de esas más de 500 mujeres criminalizadas por aborto terminan con sus causas archivadas, es importante tener presente que solo el 1 por ciento resulta sobreseída. ¿Qué quiere decir esto? Que solo cinco mujeres lograron que la Justicia clausure definitivamente sus procesos penales. El resto, 513 mujeres, si pretendió o pretende sacar un certificado de buena conducta, no lo va a lograr. Tampoco logrará obtener uno de antecedentes penales. ¿Por qué? Porque sus causas continúan abiertas. De hecho, al día de hoy, Belén -un año después de haber sido absuelta- no consigue un certificado de buena conducta porque la misma Cámara que la condenó sin pruebas no libra el oficio que necesita para que sus antecedentes penales y su prontuario se limpien.

Pero además hay otras razones para terminar con la injusticia de la criminalización en sí misma. Por una razón de igualdad es necesario acabar con una figura penal que impacta de forma desproporcionada en las mujeres y que compone un mensaje estatal de maternidad obligatoria. No somos úteros vacíos y ocupados. Somos personas, hemos nacido con vida y por eso gran parte de nosotras estamos acá defendiendo nuestros derechos.

Por otra parte, una razón de ciudadanía nos señala que es imperioso considerar que mientras subsista la penalización del aborto por voluntad de la mujer en cualquier etapa gestacional, las mujeres vamos a continuar siendo ciudadanas de segunda. ¿Por qué? Porque nuestros cuerpos están sometidos a un mandato de gestar, nuestra soberanía reproductiva está acotada, nuestro placer está vetado y, finalmente, nuestra libertad se continúa sacrificando en orden a mandatos religiosos o morales que no son compartidos por todos.

En pos de una justicia social y reproductiva sabemos que solo la legalización del aborto terminará con el statu quo que avala -con hipocresía- que solo quienes contamos con algunos privilegios de clase podamos acceder, en cualquier momento, a un aborto en clínicas privadas, relegando así a las mujeres de sectores populares a la morbimortalidad del aborto clandestino, a la inseguridad de esas muertes, o bien a la maternidad forzada.

También es importante legalizar el aborto por una razón de salud pública. No voy a volver a la cifras, pero si, según el Ministerio de Salud, 500.000 mujeres abortan al año de forma clandestina, el 18 por ciento de las muertes maternas son por complicaciones por aborto y hay más de 49.000 egresos hospitalarios al año, está claro que quienes se oponen a la legalización del aborto no defienden la vida sino que, por el contrario, están a favor del aborto clandestino.

Digo esto porque considero que "vida" no es un concepto estrictamente biológico que se reserve exclusivamente para la valoración moral, ética o religiosa del embrión. Las mujeres también tenemos vida y merecemos calidad de vida, algo que se pone en crisis cada vez que nos enfrentamos al dilema "cárcel o muerte".

Para finalizar, es por una razón de laicidad que exigimos a nuestros representantes que, más allá de sus creencias personales o religiosas, sean capaces de deponer sus propias preferencias para lograr la construcción de consensos sociales verdaderamente inclusivos que permitan o donde quepan los planes de vida de todos y de todas.

Por esta razón, señores diputados y diputadas, los invito a pensar que no estamos discutiendo aborto sí o aborto no. Estar a favor de la legalización del aborto no supone acordar moralmente con el hecho de abortar. Como sociedad democrática debemos decidir si una mujer que aborta dentro de las primeras catorce semanas debe estar presa. Eso es lo que estamos discutiendo.

Señoras y señores diputados: ni una presa, ni una muerta más por aborto. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Claudio Lozano, economista y diputado nacional, mandato cumplido.

Aprovecho que quedan únicamente dos oradores para pedir a los señores diputados que vayan formulado sus preguntas. Asimismo, les pido a los expositores que no se retiren así pueden responder dichas preguntas.

SR. LOZANO No puedo dejar de comenzar diciendo que participo con sumo placer de un debate que considero histórico. Me parece sumamente importante que el Parlamento nacional se haya abierto a reconocer una discusión de esta naturaleza. Considero que esto supone un avance en términos de calidad democrática y de ciudadanía, como también un reconocimiento a la tarea persistente e impecable del movimiento de mujeres que a lo largo y ancho del país ha planteado esta discusión.

De acuerdo con todas las encuestas, hoy queda claro que hay un consenso social dominante a favor de la despenalización del aborto. Desde que la Campaña pisó este Parlamento por primera vez -siendo yo diputado nacional de Unidad Popular, la fuerza política en la que participo- siempre la acompañamos y lo hicimos porque en esta Argentina, que es una Argentina donde lo que prima es la infantilización de la pobreza, en donde prácticamente la mitad de los pobres son pibes y la mitad de los pibes son pobres, cada año tenemos más de 100.000 chicas menores de 19 años que quedan embarazadas y 7 de cada 10 embarazos no son intencionales.

Tenemos mujeres que a los 29 o 30 años ya son abuelas de hijas que tienen 15 años y que ya tuvieron uno o dos hijos. Tenemos una realidad en los asentamientos y en los barrios más postergados, donde una generación equivale a 16 años. Tenemos una Argentina donde a 12 años de la Ley de Educación Sexual, solo 2 de cada 10 alumnos de secundaria declaran haber recibido contenidos integrales en materia de educación sexual. En cinco años de secundaria, el promedio de horas de educación sexual que reciben los adolescentes está en el orden de las ocho horas y media. El 70 por ciento sale de la secundaria desconociendo dicha ley. Los presupuestos asignados para este tipo de objetivos son absolutamente insignificantes.

En este marco, tenemos una Argentina con estimaciones de entre 360.000 y 500.000 abortos al año, donde desde el comienzo de la democracia el relevamiento nos habla de más de 3.000 mujeres muertas por embarazos que terminan en abortos. Tenemos cerca de 50.000 egresos hospitalarios ligados a esta problemática y el 19 por ciento de ellas son menores de 20 años.

En la era de los medicamentos, donde el misoprostol permitiría resolver esta situación sin intervención quirúrgica, aún este medicamento no ha sido autorizado por la ANMAT para uso ginecológico. Por el contrario, hoy está monopolizado por un laboratorio que pone precios en la Argentina que superan un 1.000 por ciento lo que cuesta en otros países del mundo.

En 2013, el 50 por ciento de las muertes por embarazo terminadas en abortos involucró -fundamentalmente- a mujeres de entre 15 y 29 años; dentro de esto, 9 adolescentes de entre 15 y 19 años.

En 2010, la mortalidad materna fue de 77 mujeres cada 100.000 nacidos, pero 14 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 166 en Formosa. El 30 por ciento de la mortalidad materna tiene que ver con la problemática del aborto y el 23 por ciento de esas muertes tiene que ver con chicas menores de 20 años; el 54 por ciento, con menores de 35.

En realidad, ese escenario que nos plantea la Argentina obliga cotidianamente a cientos de miles de mujeres a tener que optar entre el aborto ilegal o tener un hijo no deseado. Frente a esto, las consignas que levanta la campaña: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir, es una demanda clara, plena, respecto a la necesidad de una política integral donde este proyecto que se está discutiendo hoy ocupa un lugar fundamental.

Desde nuestro punto de vista, aprobar este proyecto implica terminar con la hipocresía, reducir la desigualdad y fortalecer la democracia. Terminar con la hipocresía porque no estamos hablando de lo que va a ocurrir a partir de que apliquemos este proyecto, estamos hablando de lo que ya ocurre. No es que estamos discutiendo si va a haber abortos, el aborto existe. Hay una realidad objetiva de la cual hay que hacerse cargo; ignorarla es un acto de hipocresía.

Reducir desigualdades porque está claro que la clandestinidad en la que sumimos estos mercados que lucran con la vida de las mujeres, en realidad discriminan, en primer lugar, sobre la calidad del servicio que se presta; y en segundo lugar, centralmente discriminan contra aquellas mujeres, jóvenes y pobres, que son las que efectivamente tienen las mayores dificultades frente a esta situación.

Cuando hablo de fortalecer la democracia, me refiero a que la democracia es aquel régimen que logra garantizar a cada uno y a todos los individuos la posibilidad de decidir sobre su propia historia. Mal podemos pensar que estamos garantizando autonomía a la hora de decidir sobre su propia historia cuando la mujer no puede decidir sobre su propio cuerpo. La maternidad no puede ser nunca un acto de imposición, tiene que ser una elección de vida.

Para terminar, está claro que penalizar el aborto no resuelve el problema de que haya menos abortos, lo único que genera es que los procedimientos para llevar adelante el aborto sean más inseguros y consecuentemente lo que hace es elevar el riesgo de la vida de las mujeres.

Está claro que en los países donde esto se ha legalizado, en algunos de ellos los abortos no han crecido sino que se mantienen igual; en muchos otros han bajado, pero lo que ocurrió en todos los casos es que las muertes por aborto bajaron de manera sustancial.

Hay miles de vidas en juego. Está claro que aprobada esta ley, nadie que tenga una creencia que vaya a contramano de esto está obligado a abortar. Me parece que estando miles de vidas en juego, los legisladores tienen una decisión histórica en sus manos. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la última oradora del primer bloque de la jornada, Mónica Menini, abogada salteña, especializada en Derecho de Familia, Infancia, Adolescencia y Violencia de Género.

SRA. MENINI Tal como he sido presentada, soy salteña y vengo desde la provincia de Salta.

Podría dar muchos datos adversos de mi provincia respecto de este tema, pero voy a tratar de tomar estos minutos -que con honor y orgullo por representar a mis compañeras tengo en este Congreso de la Nación- para contarles las experiencias de las niñas, adolescentes y mujeres que sufrieron abusos, maltratos, violencia, abortos, a quienes como abogada he acompañado la mayor parte de mi vida.

Nosotros, en este debate, estamos hablando de despenalización y eso claramente significa sacar del Código Penal como delito la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14, más también tendríamos que hablar con mucha claridad de legalización porque la legalización significa que el Estado garantice esa práctica.

En mi provincia he acompañado muchos casos de muchas mujeres, especialmente niñas también, que habiendo tenido el derecho a un aborto legal encontraron una y otra vez obstáculos para lograr la práctica efectiva.

Entonces, ¿qué ha sucedido? Una niña wichí que fue violada en banda por nueve hombres, teniendo 12 años y siendo discapacitada, cursó un embarazo hasta los siete meses. Recién ahí le hicieron una primera ecografía para que nos vengan a decir que además estaba cursando un embarazo anencefálico.

Una mujer, la madre de esa niña a la que le hemos puesto un nombre de fantasía -Juana- para poder nombrarla -el caso se ha conocido como "Justicia por Juana"-, que vive en una comunidad que se llama Alto de la Sierra, que necesita hoy día 1.800 pesos para llegar desde allí hasta la ciudad de Salta -muchas veces para poder bajar el precio de ese transporte en vez de tomar un colectivo las mujeres se suben atrás de un camión con sus niños enfermos-, en la enorme desesperación que le daba ver cómo el embarazo continuaba producto de una violación, siendo legal su interrupción, y que Juana caía día tras día en una profunda depresión, desde ese confín del territorio de nuestro país logró llegar a nosotras. Cuando esa criatura llegó a nosotras, no solo cursaba un embarazo que era anencefálico y que legalmente debería haber sido interrumpido, sino que además todavía tenía su documento del día en que nació, nunca se había renovado. Pero además, nunca había sido diagnosticada su discapacidad ni tenía el correspondiente certificado; además, no habla castellano y entonces los jueces dijeron que como no le entendían no podían tomarle declaración.

Yo he visto, señores diputados y diputadas, a una niña de 13 años, que cuando una asesora de menores se presentó con una medida cautelar por el niño por nacer y un juez de familia le hizo lugar a esa medida, la niña dentro del hospital le dijo a su mamá que se iba a tirar por la ventana. Como la mamá no la dejó, la niña decidió dejar de comer. A sus 13 años decía: "Yo no quiero seguir adelante con este embarazo. Yo no quiero tener un hijo. Yo lo que quiero es volver a la escuela y preparar el viaje de egresados de séptimo grado". Eso decía. ¿Y saben lo que hizo? Se tapaba la cabeza con la sábana cuando le querían dar de comer; bajó nueve kilos internada dentro de un hospital público porque se quería matar, porque no quería seguir ni con su vida ni con lo que la estaban obligando a llevar adelante.

También he visto mujeres discapacitadas mayores de edad y nunca me voy a olvidar los ojos de una compañera, de una mujer que me miraba como diciendo: "¿Es legal o no es legal?", que se confundía cuando le decían que siguiera adelante con el embarazo porque después podía dar al niño en adopción. Y ella tenía que explicar lo inexplicable, pero tenía que explicar, y lo hizo cuando dijo: "mi mamá se hace cargo de mí porque yo soy discapacitada, ¿cómo le voy a decir a mi mamá que, además, se haga cargo de otra criatura? Yo no puedo seguir adelante con este embarazo".

Señores diputados y señoras diputadas: yo he escuchado a una mujer de cuarenta años, que sufrió todos los tipos de violencia dentro de su pareja, contarme que cada vez que quería salir de esa situación de violencia, su compañero le decía: "les voy a contar a tu familia y a nuestros amigos que vos abortaste a los diecinueve años". Había abortado en una relación prematrimonial que había tenido con él, luego se casó, tuvo hijos y él durante veinte años la amenazó con contarles a los demás algo que claramente refleja un estigma social. Mucho más para las mujeres que son de determinadas clases sociales.

Entonces, hoy vengo a decir -yo he leído los proyectos, diputados y diputadas- que cuando hablan de equipos interdisciplinarios no va a haber equipos interdisciplinarios en lugares como Alto de la Sierra, donde el único médico que podía atender a Juana es boliviano, se recibió en una universidad que no es de este país y estaba contratado como monotributista por el Ministerio de Salud de mi provincia. Además, el perito no pudo llegar porque que en épocas de lluvia, en verano, se anegan los caminos -ustedes lo habrán escuchado- y no se puede llegar durante semanas a lugares como ese. Seguramente lo han visto en la televisión. Las inundaciones a veces son más complicadas, y a veces menos, pero se producen en todos los veranos, y esa es nuestra realidad.

Les quiero contar que el Ministerio de Salud de mi provincia nos ha informado que no hay objeción de conciencia institucional en mi provincia, es una decisión oficial de la provincia de Salta. La objeción de conciencia institucional en una próxima ley que diga que va a ampliar derechos, a nosotros nos lleva para atrás. Entonces, señores diputados y diputadas, voy a cerrar diciéndoles que es muy necesaria la despenalización y la legalización del aborto para todas las mujeres.

Como vengo de una provincia con la mayor diversidad étnica de Argentina les digo que legalicen y despenalicen el aborto para las mujeres que hablamos castellano; pero también para las argentinas que hablan wichí, chorote, chané, guaraní, toba y mapuche. (Aplausos.) Muchas gracias por escuchar; ya era hora. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Vamos a empezar con las preguntas, que tengo muchísimas ya que varios diputados han hecho más de una. En este sentido, voy a priorizar leer la primera pregunta de cada uno de los diputados y después, si tenemos tiempo, continuaré con las siguientes preguntas de aquellos diputados que hayan formulado más de una.

Tengo una pregunta de la diputada Karina Banfi para el doctor Gargarella. Dice así: "Dijo Sebastiani que la salud de una mujer debe estar por encima de la gestación de un feto. En términos del derecho, ¿cómo puede explicar la supremacía de un derecho sobre otro, o cómo puede resolverse el choque de ambos derechos, si es que existiera?

Tiene la palabra el doctor Gargarella.

SR. GARGARELLA Es una de las preguntas vinculada con lo más importante que tiene el derecho. No hay una fórmula matemática para resolver estas cuestiones y por ello lo que nos queda es argumentar y dar razones. El derecho tiene estándares basados en cómo pensar situaciones de conflicto. Debemos ver cuál es el derecho que hay de cada lado.

Por ejemplo, hay derechos que tienen que ver más con el nervio básico de la Constitución y de la democracia, o sea, la libertad de expresión. Uno entiende que esto tiene un status de súper derecho. Entonces, se puede decir que ese tipo de derecho desplaza a otros.

Uno debe asumir desde el comienzo que las situaciones de choque de derechos siempre van a generar conflictos dolorosos y puede ocurrir que debamos perder algo que nos importa. Entonces, no debemos pensar que estamos ante una situación respecto de la cual podamos salir libremente sin costo alguno. Eso implica costos y por eso tenemos que razonar, argumentar y ver cuál es el derecho que prima. Hay casos en donde está involucrada claramente la salud y la vida de la madre y no pueden sino desplazar otros valores que también queremos que se protejan.

Concretamente, para el derecho, ese tipo de respuestas ya están bastante estandarizadas, pero no estamos imponiendo argumentos de autoridad. Esto debe discutirse y tenemos que brindar razones. Es lo único que nos queda.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY A continuación voy a leer una pregunta de la señora diputada Schmidt Liermann dirigida a la licenciada Andrea Berra. Dice así: "La psicóloga interviniente aseveró que los abortos no dejan secuelas psicológicas. Entonces, le pido si me puede aclarar si conoce el síndrome post aborto -post abortion syndrome- que se presentó en el congreso científico internacional sobre aborto voluntario. Designa el cuadro patológico que comprende un complejo de síntomas desencadenados tras la realización de un aborto voluntario. Afecta fundamentalmente a las mujeres que han abortado y han llevado a varias, incluso, al suicidio."

SRA. BERRA Depende del contexto normativo. Un aborto puede ser una situación en que la mujer lo viva como un sufrimiento excesivo. Si el contexto normativo le genera estigmatización, rechazo o culpabilidad, ahí es donde se le plantea el trauma a la mujer. Otra cosa distinta es la situación de aborto o cuando la mujer accede al mismo por una decisión consciente, responsable y ejerciendo su derecho. Esto no genera trauma.

Además, quiero aclarar un punto relacionado con el trauma respecto del acceso al aborto. En Argentina no existe ningún estudio psicológico que muestre que hay un arrepentimiento de la mujer. Hay diversos estudios e investigaciones de tesis propias en Argentina, basados en evidencia científica, que muestran que las barreras de acceso al aborto son las que generan trauma en las situaciones que padece la mujer.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Voy a leer una pregunta de la señora diputada Terada dirigida al señor Alejandro Katz. Dice así: "¿De dónde y sobre qué argumento legal surge y se justifica su aseveración acerca de que la vida de la mujer es superior a la vida del embrión y/o persona por nacer?"

SR. KATZ El argumento más claro está reflejado en el Código Penal argentino, que establece que en caso de peligro para la salud y la vida de la mujer el aborto es legal. Eso supone el establecimiento de una jerarquía que el legislador impuso hace casi un siglo. Hay muchos argumentos filosóficos y legales para defender esta posición.

Concretamente, voy a dar algunos ejemplos que son diferentes, pero todos robustos. Tomemos el caso de una mujer que cursa un embarazo posterior a una violación y que siguió a una relación consensual con su pareja. Ella cree que está embarazada de su pareja y cuando nace el bebé, ya sea por rasgos físicos de cualquier tipo, establece que no puede ser sino un hijo de la violación. En ese caso, ninguno de nosotros aceptaría que se cometa un infanticidio. Sin embargo, todos, y el Código Penal así lo establece, aceptamos un aborto en el caso de una violación. Esto implica reconocer una jerarquía distinta entre el embrión y el niño ya nacido. Ya la estamos reconociendo. El Código Penal lo establece, nuestra cultura lo acepta y nuestra moral no se contradice con eso.

Argumentos para explicar lo dicho hay muchos. Para complementar la postura de Roberto, uno de ellos es el que supone que se puede interpretar el conflicto entre una madre -cuya salud peligra en el embarazo- y el embrión o feto que lleva dentro como uno de defensa propia. Se puede interpretar que el embrión o el feto están amenazando la vida de la madre y que la madre tiene derecho a defenderse. Pero en ningún caso aceptaríamos matar a la madre para que sobreviva el embrión. Con lo cual, en este caso también estamos aceptando que hay una jerarquía diferente. Esto es algo que está instalado en nuestra cultura y está reconocido en nuestra legislación. Por lo tanto, no podemos volver a discutirlo como si nunca lo hubiéramos hecho.

Lo que tenemos que hacer es tratar de entender que el legislador, en épocas en las que no se le reconocía a la mujer el derecho al voto, ni el derecho de potestad sobre los hijos, ni derechos de ningún tipo, reconoció que no podía ser obligada a gestar contra su voluntad.

Cien años después, esa voluntad del legislador tiene que extenderse a otros elementos que atentan contra la voluntad de la mujer y que ya no pueden serle impuestos. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la señora diputada Mónica Macha para Mariana Carbajal: "Desde tu función como periodista, ¿creés que es necesario marcar la diferencia entre despenalización y legalización del aborto? ¿Por qué?"

SRA. CARBAJAL Por supuesto que es necesario. Si solamente se despenaliza, seguiríamos dejando desamparadas a las mujeres que necesitan acceder a un aborto en el marco de la legalidad. Volveremos a marcar la diferencia de que quienes puedan tener acceso a un aborto seguro van a recurrir a un aborto seguro, mientras que quienes no puedan pagarlo, ni tener la información para hacerlo, seguirán poniendo en riesgo su vida. Me parece que despenalizar sin legalizar es quedarnos a mitad de camino.

En estos días escuchaba cómo algunos planteaban que se despenalizaría el aborto para las mujeres y no para los profesionales que hacen la práctica de la interrupción del embarazo, lo que me parece un retroceso enorme. No avanzaríamos en ampliación de derechos, sino que seguiríamos condenando a las mujeres de sectores más vulnerables a poner en riesgo su vida y su salud cada vez que decidan, por la razón que fuera, interrumpir voluntariamente un embarazo.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta para Soledad Deza por parte del señor diputado Schlereth: "Escuché reiteradas veces que en la Argentina se realizan entre 360.000 a 500.000 abortos por año. Varios oradores lo mencionaron. ¿Cuál es la fuente de esa información y cuál es la metodología o rigor científico que da certeza de su veracidad?"

SRA. DEZA La fuente es el Ministerio de Salud de la Nación y se encuentra en el Protocolo para la Atención Integral de Personas con Derecho a Interrumpir un Embarazo. De hecho, toma los datos de un estudio de Pantélides. El mismo Ministerio de Salud dice que en la Argentina se realizan entre 379.000 y 522.000 abortos al año. Yo participé de la revisión de ese protocolo. No me acuerdo específicamente de la página en donde se indican estos datos, pero están allí. De todas formas, podemos aportar la información. No ando con el protocolo en la mano porque me parecía que no era necesario, pero puedo y me ofrezco a acercarlo.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Por favor, señora Deza. Toda la información que puedan alcanzar será circularizada entre todos los señores diputados.

Tengo una pregunta para el doctor Gargarella por parte de la señora diputada Silvia Lospenatto: "¿Podría darnos algunos ejemplos de sentencias que interpretan el artículo 19 de la Constitución Nacional, según los criterios mencionados en su exposición?"

SR. GARGARELLA Hay criterios bastante establecidos, tanto a nivel nacional como internacional. En su momento, un caso crucial fue el de New York Times versus Sullivan, en los Estados Unidos. Pero la Argentina tuvo muchos otros casos. En el área de la libertad de expresión tenemos un caso vinculado con el periodista Joaquín Morales Solá y otro vinculado con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca. En ambos casos la idea fue que podía desplazarse el derecho al honor del funcionario público en honor de preservar la crítica política. Esto forma parte de una práctica muy establecida y estandarizada donde en casos de choque de derechos debemos pensar cuáles son los derechos que están en juego. En este último caso, lo que se decidió es que merecía desplazarse el derecho al honor, aun cuando eso pudiera implicar un daño a terceros. Sí, hubo un daño a terceros, pero prevaleció algo más importante.

En la Argentina tenemos una larga tradición vinculada con la caricatura política. Lo hemos visto, por ejemplo, en el caso que afectó al expresidente de la Rúa. Podía haber una caricatura política que impactara en su popularidad y afectara su honor de modo dramático, pero de ningún modo el hecho de que apareciera un daño a terceros significaba que el acto de la crítica y de la expresión debía ser limitado. En dicho caso hubo un choque de derechos y una afectación seria a terceros. Por eso digo que es habitual que perdamos cosas que queremos preservar. Hay una afectación a terceros que es seria, pero decidimos privilegiar otro derecho. Como dijo en el caso New York Times, nada es más importante que preservar la posibilidad de una crítica política abierta y desinhibida.

Ello forma parte de la tradición asentada en el razonamiento jurídico internacional y nacional. Hay mucha jurisprudencia calma y tranquila sobre ese tipo de temas. Lo mismo sucede en los casos de protesta, pero hay cosas que son más importantes a la hora de determinar qué preservar. ¿Perdemos algo? Sí, perdemos algo que nos importa.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta para el doctor Sebastiani por parte de la señora diputada Karina Molina: "¿Por qué afirma que el aborto es catorce veces menos peligroso que un parto y/o embarazo?"

SR. SEBASTIANI Porque lo dice la evidencia científica. Existen trabajos que lo demuestran. Quiero que no se enojen si digo que resulta peligrosa la ternura de tener bebitos. Los embarazos y los partos son peligrosos. Puede haber infecciones, hemorragias, hipertensiones, etcétera. La interrupción del embarazo, de ser legal -y más hoy con el avance farmacológico-, no tengan ninguna duda de que resultaría menos peligroso.

Para que se den una idea, cuando en los Estados Unidos el aborto era quirúrgico moría más gente por una inyección de penicilina mal dada que por un aborto quirúrgico en un hospital o en una clínica. Hasta diría, si no se enojan, que esto es de sentido común.

Con respecto a la otra pregunta, simplemente quiero decir que también la comunidad internacional dice que por cada aborto complicado que ingresa, hay diez que no lo hacen. Ese es el motivo por el cual hay que cambiar la realidad de esos 450.000 abortos que esta clandestinidad mantiene en un evento límbico.

Quiero pensar que un día voy a vivir en un país donde sabré cuántas muertes son por cáncer de mama, por cáncer colon, por cáncer de pulmón, por endiometrosis o por diabetes. Voy a saber que existen 320.273 abortos, tal como me entero cuando googleo las cifras de cualquier país que lo tiene despenalizado. Pero la verdad es que esos 450.000 abortos límbicos vienen del conocimiento científico.

¿Cómo se interpreta en un país el número de abortos cuando son clandestinos? Una forma es a través de las internaciones, que fueron 46.000 en el año 2016, según el Ministerio de Salud de la Nación y del Organismo de Estadística y Censo, un organismo totalmente apolítico. Si multiplico esas 46.000 internaciones por diez, me voy a 460.000. Ese es el tema.

¿Es verdad? No, señores. Mientras siga penalizado y clandestino, no es verdad. Un día vamos a tener en claro cuántos son, y ahí podremos hacer políticas públicas. (Aplausos.)

SRA. MOLINA No respondió lo que yo pregunté.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY ¿Quiere agregar algo, doctor Sebastiani?

SR. SEBASTIANI No sé cuál es la protesta.

SRA. MOLINA Me parece que el doctor dio una interpretación personal y yo le pregunté datos científicos.

SR. SEBASTIANI No los tengo en este momento. Créame que la interrupción de un embarazo en el primer trimestre es menos riesgosa que un embarazo y un parto.

SRA. MOLINA Esa es su interpretación.

SR. SEBASTIANI No, le prometo al Congreso de la Nación que voy a traer los elementos correspondientes, pero no lo dude.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Aquí tengo una pregunta para la doctora Natalia Gherardi de la diputada Victoria Donda Pérez.

Se ha dicho que al legalizar el aborto, las intervenciones aumentan. Sabiendo que ELA es una de las más prestigiosas de las organizaciones conocidas, ¿cuál es el resultado de la legalización en países como España?

SRA. GHERARDI Alguna aproximación de estos datos fueron presentados por Mariana Romero en la reunión que mantuvieron el martes. Algunos estudios de países que han transitado la legalización en los últimos años muestran que después de un primer período la cantidad de abortos registrados aumenta. Siguiendo un poco lo señalando recién por Mario Sebastiani, la clandestinidad y la penalización hacen que haya una cantidad importante de abortos que no se registren.

Entonces, el primer impacto que tiene la legalización es el del registro. Inicialmente, hay una cantidad importante de abortos que no se conocían. Entonces, no es que aumenta la cantidad de abortos, sino que empiezan a ponerse en claro y en papel.

Concretamente, lo que tengo presente para decir son datos de la Ciudad de México DF, donde se muestra que después de la legalización, en 2007, 2008, 2009 y 2010 hay un primer período donde aumenta hasta el 2011, levemente. En 2012, se amplió la accesibilidad de los casos de abortos legales. Pero después de dicho año, sigue una escala descendente donde disminuye la cantidad de abortos en 2013, 2014 y 2015.

Si les interesa, este es un trabajo del doctor Patricio Sanhueza, de 2016, en México DF. Como este, seguramente, hay trabajos que muestran datos parecidos en Uruguay y en España.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La siguiente pregunta es de la diputada Scaglia para la doctora Bruno: "¿Cuántos abortos puede realizarse una mujer con misoprostol? ¿Los que desee? ¿No hay riesgos?"

SRA. BRUNO El misoprostol es una medicación esencial declarado por la OMS y la verdad es que una mujer puede realizarse la cantidad de abortos que necesite porque no va a poner en riesgo ni su salud en el momento de utilizar la medicación ni su futuro reproductivo.

El misoprostol solo genera contracciones en el útero y el desprendimiento de los tejidos que componen el embarazo. El cuerpo tiene una respuesta similar a lo que ocurre en un aborto espontáneo y no hay riesgo. Siguiendo con lo que ya se estaba diciendo, va a ser mejor que esa mujer pueda interrumpir de manera segura con misoprostol que seguir un embarazo forzado, enfrentarse a una maternidad forzada y a los riesgos que el embarazo y el parto acarrean.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La pregunta es para Natalia Gherardi y se la formula la señora diputada Brenda Austin: ¿Cómo conjugás la idea del principio de no regresividad de los derechos que mencionaste con los mandatos que surgen en los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional y de sus comités, en particular, la CEDAW y el Comité de los Derechos del Niño?

SRA. GHERARDI El principio de no regresividad de los derechos humanos se refiere a la obligación del Estado de moverse siempre positivamente, avanzando en la garantía de los derechos.

El estado actual de la situación establece un cierto estándar de legalización o despenalización parcial de algunos casos de aborto y eso implica cierto grado -pequeño, acotado y con las dificultades que conocemos- de libertad para acceder a esas prácticas en esas condiciones.

Entonces, retroceder en esa legalización sería violatorio de las obligaciones del Estado de avanzar en la garantía para el ejercicio de los derechos. En particular, la CEDAW y el Comité de los Derechos del Niño se refieren expresamente al derecho a la salud, a la educación, a la integridad física y personal y a la vida libre de violencia.

Entonces, nuestra obligación como Estado es avanzar positivamente en las condiciones que aseguren que todas las mujeres, niñas y adolescentes puedan acceder a esos derechos en condiciones más amplias, más libres y más progresivas.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Esta es una pregunta para Claudia Piñeiro, que aunque no se encuentre presente la voy a leer igual para que quede registrada en la versión taquigráfica. La pregunta es de la diputada Leonor Martínez Villada: "Según su posición como escritora, los vocablos y palabras crean realidad. Mi pregunta es: ¿cuál es su concepto con respecto al verbo interrumpir? Este verbo transitivo viene del verbo latino interrumpere, que quiere decir: frenar, parar o interceptar la continuidad en un lapso de tiempo. Es decir, puede volver atrás. En este caso, ¿no crea una realidad diferente? ¿No sería 'eliminar' la palabra justa?"

Luego se la transmitiremos a Claudia Piñeiro.

Aquí tengo otra pregunta de la diputada Bianchi para el doctor Sebastiani: "¿Qué piensa de los distintos blogs, páginas, números telefónicos que guían a mujeres para realizar abortos con el uso de misoprostol? ¿Tiene riesgos? ¿Cuáles?"

SR. SEBASTIANI Ninguno, me parece que es exactamente la ayuda que se les puede brindar a las mujeres en un contexto de ilegalidad, que es el acompañamiento, la docencia, el mostrarles qué significa una interrupción con pastillas, el proveerles las pastillas. Es exactamente el camino que hizo Uruguay antes de despenalizar el aborto, con lo cual ya había logrado disminuciones significativas en la mortalidad y la morbilidad.

Me parece que la sociedad es sensible a las necesidades de las mujeres, o al menos, una enorme parte de la sociedad.

En cambio de verle peligrosidad, yo me sacaría el sombrero. Realmente, haría un homenaje a este colectivo de mujeres que acompañan a las otras mujeres que quieren interrumpir un embarazo. Además, está en las redes sociales. Así se van resolviendo los problemas cuando tenemos clandestinidad. Así es como se arregla la gente, pero la verdad es que lo hace muy bien. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Esta es una pregunta para Analía Bruno, de parte de la señora diputada Villavicencio:

"¿Cuáles son las condiciones en las que tendrían que avanzar la legislación y las políticas públicas para garantizar la práctica del aborto?"

SRA. BRUNO Es muy bueno tener la oportunidad de profundizar en esto. El recorrido de muchos equipos de salud para garantizar el acceso a interrupciones legales del embarazo actualmente nos muestra que acompañando a las mujeres en una escucha activa y proveyendo el insumo para que puedan lograr abortos seguros -como es en el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con la provisión de misoprostol en estos casos- se disminuye los riesgos a la salud integral.

Digamos que una mujer acompañada por un servicio de salud puede manifestar cuáles son todas su problemáticas, y si bien valoramos un montón -como se mencionó hace un rato- la posibilidad del acceso a información sobre el uso seguro de misoprostol en las redes sociales, que es difundido por el movimiento de mujeres, el poder estar en el marco de una atención de salud va a hacer que disminuyan los riesgos a la salud integral. También hace que disminuyan los abortos involuntarios.

Quiero comentarles una anécdota de la práctica. Hace dos años una adolescente de trece años acude al centro de salud acompañada por su familia y la familia era la que solicitaba el aborto. Cuando pudimos darle escucha activa a esta adolescente, ella manifestó que quería seguir con el embarazo y así la acompañamos desde el centro de salud. Si esa chica no hubiese tenido la oportunidad de ser escuchada sobre sus decisiones, sobre sus deseos, iba a ser sometida a un aborto clandestino e involuntario.

Otra de las cosas que también favorece la posibilidad de la legalización y el acompañamiento desde los equipos de salud y de los equipos interdisciplinarios es que haya posibilidad de autonomía y elección. Si no tenemos las dos opciones, si no tenemos por un lado la acción de interrumpir o la opción de seguir con un embarazo es coerción. Si una mujer no puede tener la posibilidad de las dos opciones, está obligada a una maternidad forzada.

Y por último, la legalización va a favorecer los controles post aborto, que son muy importantes, y el acceso a métodos anticonceptivos. Y para redondear y repetir...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Por favor, vaya terminando.

SRA. BRUNO Es importante porque me parece que va a dar la posibilidad de que realmente las mujeres podamos acceder a abortos seguros. En cuanto a la producción pública de misoprostol, se vuelve a decir lo mismo pero no podemos seguir teniendo misoprostol fabricado por Laboratorios Beta, que es de mala calidad. Mundialmente hay un 90 por ciento de efectividad en las interrupciones de embarazo con misoprostol. En la Argentina, con oxaprost, ese porcentaje es menor porque el oxaprost es de mala calidad.

También falta mifepristona. La ANMAT tiene que aprobarla...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Su tiempo, por favor.

SRA. BRUNO ...porque junto con el misoprostol se generan abortos seguros y menos traumáticos, como así también la implementación de la aspiración manual endouterina en todos los centros de salud. Tenemos que dejar de ser...

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Su tiempo, doctora. Discúlpeme, pero tenemos que ser estrictos.

Una pregunta para el doctor Mario Sebastiani de la diputada Mayra Mendoza: "¿Qué opina sobre la objeción de conciencia? ¿Cómo debería abordarse esta cuestión en los hospitales?"

SR. SEBASTIANI Es un interesante conflicto de derechos entre el derecho del profesional a no tener que hacer cosas que riñen con sus creencias, con su moral, con su estética y el derecho de los pacientes.

Pienso que es un conflicto pero tiene resolución. ¿Y cuál es la solución? Uno no puede impedir el derecho del otro, motivo por el cual yo creo que si existe la objeción de conciencia, ese señor, si es bien nacido, o esa señora, si es bien nacida, tiene que garantizar el derecho del otro; mientras esto se cumpla no veo conflicto. No veo un gran conflicto y por supuesto voy a manifestarme diría sorprendido, y si quieren, en contra. No puedo creer que existan los conflictos de conciencia institucionales. Estas paredes no tienen ningún conflicto, el techo no tiene conflicto, la lamparita no tiene conflicto, los que tenemos conflicto somos los que estamos acá sentados, somos los humanos. (Aplausos.)

Entonces, es inadmisible esta situación, pero yo creo que se puede resolver perfectamente bien. El derecho de las personas debe respetarse y la sociedad, seguramente, respetará a este núcleo de profesionales, sea abogado, bombero, policía, médico, o quienes fueran que tengan alguna objeción de conciencia. (Aplausos.)



SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Una pregunta para Claudio Lozano de la diputada Olga Rista: "Me gustaría si puede ampliar lo que sucede hoy en la Argentina con la utilización del misoprostol."

SR. LOZANO Las dos cuestiones que mencioné motivaron que hiciéramos una presentación ante el INADI, junto a la ex diputada María Elena Barbagelatta -que todavía no fue respondida- relacionada con el hecho de que es un medicamento que no ha sido autorizado como de uso ginecológico. En la Argentina no es un medicamento de carácter esencial. En ese marco, se favorece la práctica monopólica de un laboratorio -BETA- que no solamente discrimina en contra de la calidad, sino también en términos de la accesibilidad por el hecho de que el precio, en algunos casos, llega a estar entre 1.000 y 1.500 por ciento arriba de lo que está en otros lugares del mundo.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Esta es una pregunta para el doctor Sebastiani de parte de la diputada Araceli Ferreyra. Dice así: "¿Es cierta la afirmación de que producida la fecundación y conformado el ADN ya queda determinado un ser humano único e inmutable desde esa etapa inicial hasta el fin de sus días?"

SR. SEBASTIANI Totalmente. Ahora, de ahí a llamarlo "persona" es más complicado. Es vida humana y va a tener un ADN que, efectivamente, se nos va con la muerte. Es decir, nace y se va con la muerte.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Hay una pregunta de la señora diputada Carla Carrizo dirigida al doctor Roberto Gargarella. Dice así: "El día martes algunos expositores señalaron las inconstitucionalidades del fallo FAL. ¿Podría brindar su opinión sobre la constitucionalidad o no del mismo?"

SR. GARGARELLA ¿La constitucionalidad del fallo FAL? El fallo puede ser resistido tal como sucedió en estas mismas audiencias. Me refiero a desconocer lo que establecen el derecho argentino y el derecho internacional. Pero el fallo es absolutamente sostenible. Inclusive, es un fallo muy modesto, como suelen ser los fallos de esta Corte. Es minimalista, muy equilibrado, buscando no generar conflictos. Yo lo criticaría por razones contrarias, o sea, por ser un fallo minimalista. Pero está ajustado a lo que establece la Corte Interamericana, lo que ha determinado la

Comisión Interamericana y lo que han aconsejado todos los organismos internacionales. Considero que es un fallo muy difícil de atacar, salvo que se quiera desconocer lo obvio.

En la presentación del doctor Barra simplemente negaba lo que es el derecho vigente en Argentina que incluye las decisiones de la Corte Interamericana. Uno debe negar la realidad jurídica argentina para afirmar lo que aquí se ha dicho. Insisto en que el fallo es minimalista y está perfectamente ajustado a las normas constitucionales y convencionales.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Voy a leer dos preguntas más. El resto de las consultas se las haremos llegar a través de la secretaría de la comisión.

La primera de ellas pertenece a la diputada Bianchi y la podrá contestar quien lo desee. Dice así: "Se ha mencionado que el misoprostol está monopolizado. ¿Usted piensa que se debería realizar producción masiva del mismo o daría prioridad a otros medicamentos esenciales no cubiertos aún por el Estado?"

SRA. BRUNO Es un medicamento esencial declarado por la Organización Mundial de la Salud. Sabemos que el misoprostol salva vidas. Tiene que ser producido públicamente por el Estado. Esto disminuiría costos y favorecería el transitar los abortos utilizando misoprostol de buena calidad.

SR. LOZANO Me parece importante establecer una relación. Si no se despenaliza el aborto, es difícil que se interprete como esencial. Una cosa trae la otra. No es casual que hoy no sea un medicamento esencial en la Argentina.

SRA. DEZA Creo que no es necesario que se despenalice. El medicamento ya es considerado esencial por la Organización Mundial de la Salud. De hecho, el Ministerio de Salud de la Nación en el protocolo correspondiente -sugiero que lo busquen en la página- lo coloca como método preferido para las interrupciones legales de embarazo que ya tenemos en nuestro país.

¿Qué es lo que ocurre en la realidad? Como la ANMAT no lo autoriza para circular en la dosis que el protocolo indica, se crea el mercado negro y se crea la receta off label. Pero en verdad el misoprostol sí es un medicamento esencial y está indicado por nuestro propio Estado para los casos de aborto.

SR. KATZ Señor presidente: pido permiso para hacer una muy breve intervención.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Adelante, señor Katz.

SR. KATZ Quiero citar dos estudios muy importantes que hablan de algo que hasta ahora no se ha mencionado. Me refiero a qué pasa con los hijos de embarazos no deseados. Uno es un estudio de Pop-Eleches, del año 2006, que señala que los hijos de embarazos no deseados tienen mayor probabilidad de sufrir consecuencias tales como bajo peso, mayor mortalidad infantil o abortos fetales tardíos. A su vez, Gruber ET/AL encontró en 1999 que en Estados Unidos los embarazos no deseados resultaban de hogares inestables, de madres solteras, hogares de mayor pobreza y marginalidad, con hijos con mayor probabilidad de nacer con bajo peso y de morir en la infancia.

Me parece que es importante señalar que hay efectos para los niños que nacen de embarazos no deseados. Los mismos están muy bien estudiados y documentados.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta para Estela Díaz por parte de la señora diputada Mayra Mendoza: "¿Por qué considera que la despenalización no es suficiente para abordar esta problemática?"

SRA. DÍAZ Reitero algo que ya se ha contestado acá: no alcanza solamente con la despenalización. En nuestro propio proceso de discusión, nosotras tuvimos un debate respecto de esto. Es necesario que se despenalice, pero legalizarlo garantiza el acceso a la práctica. Este ha sido un debate histórico para los derechos de las mujeres. Pensemos que nos llevó veinte años de democracia tener el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva que solamente regulaba prácticas absolutamente permitidas.

Me tomo un minuto más para hablar sobre un tema que surgió en torno a la atención de la vida en gestación, o de los embriones, y la diferencia con la persona humana. Escuché en los debates de la reunión del martes, como así también en los medios, que se habla de algo que señala el artículo 19 del Código Civil -gracias al lobby confesional este Código muy moderno recoge muchísimo los derechos de las nuevas familias- que señala que se es persona humana desde la concepción. Quiero que se lea este artículo en relación al artículo 21 de dicho Código, que dice que si no se nació con vida, es como si no se hubiese existido. Evidentemente, este es otro artículo más que muestra la diferencia entre un embrión y una persona nacida. Supongo que de ninguna de las personas que estamos aquí, el día que fallezcamos se va a decir que es como si no hubiésemos existido. Por lo menos, lo deseo.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Muchísimas gracias a todos. Tuvimos una jornada excelente. Agradezco a los expositores que nos han ilustrado de una excelente manera y también a los señores diputados y diputadas que han estado aquí presentes formulando sus preguntas.

Hoy a las 14.30 continuamos con el siguiente bloque de la reunión.

Nos vamos muy contentos por el desarrollo de la jornada de esta mañana. (Aplausos.)

Es la hora 13 y 28.
- En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los doce días del mes de abril de 2018, a la hora 14 y 41:
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Continúa la reunión informativa del plenario de las cuatro comisiones que están interviniendo en el tratamiento de los proyectos de ley sobre despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Por la mañana tuvimos un primer bloque de expositores que están a favor de la despenalización. Ahora escucharemos a los expositores que están en contra. Quiero agradecer a todos por la presencia; valoramos mucho que hayan podido venir.

Vuelvo a dar las gracias a las presidentas de las comisiones de Acción Social y Salud Pública, diputada Carmen Polledo -a quien tengo a mi derecha-, de Legislación Penal, diputada Gabriela Burgos, y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, diputada Silvia Martínez, quienes, junto con la Comisión de Legislación General, que yo presido, tienen la responsabilidad de organizar este plenario.

También quiero recomendar y expresar la necesidad de que en las exposiciones no se hagan alusiones personales a las posiciones políticas de los señores diputados. Además, solamente se permitirá que hable el expositor que ha sido convocado y que se encuentra en el listado de expositores. Cada uno contará con siete minutos para hablar y, cuando falte un minuto, la Presidencia les avisará para que vayan cerrando su discurso.

Tiene la palabra la señora Carolina Anahí Mangold, quien va a hablar sobre el síndrome de estrés postraumático.

SRA. MANGOLD Señor presidente: vengo a contar mi experiencia. Soy de Santa Fe y tengo 29 años. A los 15 o 16 tuve un atraso de tres semanas. El chico con el que estaba saliendo me trajo tres pastillas que se llamaban Oxaprost. Me dijo que tomara primero una, a la media hora otra y que después me colocara una en forma intravaginal.

Lo hice pensando en que me iba a venir, pero a las pocas horas empecé a descomponerme mucho; fui al baño, vomité y me comenzó a venir abundante. Pero no era solo sangre, empecé a despedir restos de carne. Mientras los miraba, vi que entre esos restos había un pedacito como si fuese un corazón. En ese momento me temblaba todo el cuerpo como ahora y lo único que pensaba era: ¿qué estoy haciendo?

Al poco tiempo le dije a este chico que tenía otro atraso. Me volvió a dar las pastillas y me dijo que las tomara sí o sí. Yo no quería, pero volvió a decirme lo mismo. Lo hice porque me dijo que las tomara delante de él, pero no las tomé todas porque tenía mucho miedo por lo que me había pasado; entonces tomé solo una. En ese momento despedí mucha sangre, pero como el atraso que tenía era de poco tiempo, no fue más que sangre.

Vengo acá porque hoy lo puedo contar, pero lo que viví hace catorce años fue un trauma muy fuerte. No conseguía la alegría y todo lo que hacía me hacía infeliz. Gracias a Dios, tuve la posibilidad de hacer dos retiros muy fuertes que me ayudaron a sanar mucho esta herida que nunca deja de sangrar del todo.

Una de las cosas que me pasó durante esos años era que sentía vergüenza y miedo de contarlo. Sufría muchas pesadillas. Soñaba con cosas muy feas todo el tiempo; soñaba con mucha a sangre y fuego.

Creo que el aborto no es la solución. Hoy, gracias a Dios, tengo una hija que se llama Brunela. Cada vez que se acerca a jugar con ella un nene de 13 o 14 años, no puedo dejar de pensar que podría ser su hermano.

Quiero contar también que en uno de los retiros que hice, al que fueron mamás que habían abortado, hablé con algunas de ellas para ver si se animaban a venir, pero muchas me dijeron que todavía no habían sanado del todo y que no podían escuchar la palabra aborto.

Si ustedes me dicen que el síndrome posaborto no existe, yo digo que es mentira porque lo viví en carne propia. Tuve la bendición de que me ayudaran mucho a sanar y por eso hoy puedo estar acá hablando; pero hay muchas mujeres que no tienen ayuda, que están calladas. A aquellas que me estén mirando, les digo que las entiendo porque durante mucho tiempo callé por tener miedo y vergüenza, y me escondí. Porque eso es lo que produce el aborto: hace que te escondas, que sientas vergüenza y mucho miedo por el qué dirán.

Hoy quiero ser la voz de las mujeres que abortaron y que sienten ese dolor. Las que no lo sienten, yo sé que en el fondo de su corazón saben que no es un aborto; es un hijo. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Pedro Martínez, jefe del Servicio de Cirugía Bariátrica y Metabólica del Hospital Universitario. No tengo identificado qué hospital universitario es, pero luego el doctor lo aclarará.



SR. MARTÍNEZ Señor presidente: trabajo en el Hospital Universitario Austral.

Agradezco este espacio para hablar sobre las técnicas de aborto y la mortalidad materna en la Argentina. Para mi exposición, proyectaré unas imágenes en Power Point. El que voy a presentar es un material apto solo para mayores de 13 años, edad que contempla el proyecto de ley.

Entre los métodos para terminar con la vida de un ser humano intrauterino se encuentra una pastilla que se toma hasta la séptima semana de gestación. Se lo denomina "aborto seguro" aunque, en realidad, según reportes del New England Journal of Medicine, tiene complicaciones.

Estados Unidos tiene una tasa de infecciones fatales por Clostridium sordellii de 0,58 cada 100.000 abortos médicos. Un 5 por ciento requiere aborto quirúrgico, que es de lo que vamos a hablar.

En la pantalla se puede observar cómo se hace un aborto por succión. El 85 por ciento de los abortos en el mundo se lleva a cabo por este método, a través de una cánula que se conecta a un sistema de aspiración potente que va aspirando y succionando las distintas partes del cuerpo. En las imágenes se puede observar la cabeza.

El corazón de un niño de doce semanas late a una frecuencia de ciento cuarenta latidos por minuto. Esa sombra que pueden observar allí es la del aspirador, que entra y sale violentamente del cuerpo; el feto se mueve en forma desesperada, cambia de posición para intentar escapar de ese instrumento que lo amenaza. Lo que se señala es la boca abierta del niño, su grito silencioso y desesperado por su inminente muerte. Su frecuencia cardíaca aumenta a doscientos veinte latidos por minuto, no dejando dudas de que este niño percibe el peligro y el dolor. El aspirador retrae al niño, pedazo por pedazo, quedando solamente la cabeza, que se extrae utilizando una pinza tipo fórceps o grasper.

Otra técnica es la dilatación y curetaje, que se practica a fines del primer trimestre de embarazo o principios del segundo, cuando el feto ya es demasiado grande para ser extraído por succión.

Como ustedes pueden observar en la pantalla, se dilata el cuello uterino y luego se procede a descuartizar el feto con un instrumento quirúrgico que se llama cureta. Ahí se ve cómo van saliendo cada una de las partes del cuerpo humano.

Sus complicaciones pueden ser: lesiones en útero, cérvix, intestino o vejiga, hemorragia, infecciones, embarazos futuros con complicaciones y muerte materna.

La evidencia médica ha demostrado científicamente que ser humano es desde la concepción y que tiene una carga genética propia, totalmente distinta a la de la madre.

Otra técnica de aborto es por inyección salina. Este método se utiliza después de la semana dieciséis de gestación. El líquido amniótico que está dentro de la bolsa amniótica para proteger al feto es extraído con una larga jeringa a través de la pared abdominal de la madre, y en su lugar se inyecta una solución salina concentrada. El feto ingiere esta solución que le produce la muerte por envenenamiento, deshidratación, hemorragia del cerebro y de otros órganos. Además, esta solución salina produce graves quemaduras en la piel del feto. Unas horas más tarde, la madre comienza un parto prematuro y da a luz un bebé muerto o moribundo que muchas veces se mueve. Muchas mujeres que han realizado abortos salinos aseguran haber sentido los movimientos desesperados del bebé a medida que la inyección hacía efecto. El bebé muere en una agonía indescriptible.

La Organización Mundial de la Salud precisa que, después de las veinte semanas de embarazo, se debe causar la muerte del feto en el útero antes de provocar el aborto.

En pantalla se puede ver cómo el fetito aún tiene algunos reflejos.

Otro método de aborto es por dilatación y evacuación, comúnmente utilizado durante el tercer trimestre o cuando el segundo está bien avanzado. Como ustedes saben, la viabilidad de un bebé es a partir de la semana veinticuatro de gestación.

Una opción es inyectar al bebé digoxina, droga que se utiliza para tratar problemas cardíacos, pero que en dosis muy elevadas puede causar un paro cardíaco al bebé. Luego se administran fármacos para la dilatación cervical; la mujer retorna a su hogar y allí podrá expulsar parcial o completamente el feto. Al tercer día regresa a la clínica para que se le extraigan las partes del bebé que no pudo expulsar, utilizando pinzas tipo fórceps o grasper.

La complicación más importante es cuando no se consigue extraer la cabeza; entonces, deben ser más agresivos y fracturarla para facilitar su extracción. El hueso fracturado puede lesionar el útero y otras partes blandas del aparato genital.

Otras complicaciones son hemorragias, infecciones, sinequia, muerte materna, daño en la fertilidad y embarazos futuros complicados.

Por lo que pueden ver en pantalla, no hay dudas de que se trata de un ser humano.

Las muertes maternas en Argentina durante 2016 fueron 245: 135 por causas obstétricas directas, 67 por causas obstétricas indirectas y 43 por abortos, incluyendo embarazos ectópicos, anomalías de la concepción y abortos espontáneos.

Durante el mismo período nacieron 728.000 niños vivos. En los países desarrollados la muerte materna es tan solo de 12 por 100.000 nacidos vivos. Si excluimos los abortos como causa de muerte materna en Argentina, durante 2016 tuvimos 27,74 por cada 100.000 nacidos vivos. Reducir esta problemática sí sería una política de salud, en la que no se mataría a uno de los involucrados.

Se estima que en 2016 los abortos clandestinos en Argentina fueron aproximadamente 500.000. En el mismo período, el ministerio reportó 43 muertes maternas por abortos, por todas causas. Es decir que la mortalidad materna por abortos clandestinos es del 0,0086 por ciento.

En mi especialidad, que es la cirugía general, una de las cirugías más prevalentes es la colecistectomía, es decir, extraer la vesícula. Un estudio en 370.000 pacientes evaluados en Estados Unidos demostró que la tasa de mortalidad por sacar la vesícula en forma laparoscópica es del 0,5 por ciento. Vale decir que es más seguro el aborto clandestino en Argentina que sacarse la vesícula en Estados Unidos por cirujanos e instituciones de ese país.

Estimados legisladores: por favor, levanten sus manos en contra del aborto y sean la voz de ese bebé que tiene un grito silencioso. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Silvia Judith Birnenbaum, bioquímica especialista certificada en Bioquímica Clínica, área Inmunohematología y Banco de Sangre.

SRA. BIRNENBAUM Señor presidente: muchas gracias por este espacio.

Me quiero referir al problema de la disponibilidad de componentes sanguíneos para lograr el descenso de la mortalidad materna por hemorragias asociadas al aborto.

Las hemorragias se encuentran dentro de las complicaciones más habituales en el posparto y en el posaborto, ya sean espontáneos o inducidos. Son la segunda causa de muerte materna en nuestra población. Con frecuencia son intensas y requieren transfusiones.

La asistencia urgente es necesaria para preservar la vida o la salud de la mujer. Si no se administra el componente sanguíneo adecuado en el momento oportuno, el cuadro puede complicarse evolucionando a una hemorragia más profusa que deriva en falla multiorgánica con riesgo de muerte.

Este sangrado masivo es fatal a menos que se apliquen medidas terapéuticas en los primeros sesenta a noventa minutos. Para esto es importante que se adopte un protocolo rápido, organizado, sistematizado y que se disponga de sangre. Ese es el problema que tenemos hoy en día en los bancos de sangre.

El sistema de salud debe estar preparado para prevenir las complicaciones por sangrado severo en este contexto, ya que es una de las principales causas de muerte materna en Argentina.

Las hemorragias, en ocasiones demandan hemocomponentes en cantidades importantes. Este escenario, en particular en las zonas más remotas del país o donde la accesibilidad a los establecimientos de salud se dificulta, puede poner en peligro la vida de las mujeres al no disponer oportunamente de sangre.

La distribución de los recursos sanitarios es un tema controvertido. No obstante, es evidente la necesidad de contar con concentrados sanguíneos disponibles y seguros en todo el territorio nacional para lograr un descenso de la mortalidad materna.

Detrás de cada unidad de sangre hay muchas tareas. Para ello se debe contar con recursos profesionales calificados, infraestructura acorde a la norma y con capacidad operativa suficiente, insumos y reactivos de calidad óptima para el tamizaje de infecciones y la calificación inmunohematólogica.

Garantizar la cobertura de las necesidades de componentes sanguíneos con productos de similar calidad en toda la Nación y en forma oportuna es una deuda pendiente. El propósito es aportar a las mujeres mayor seguridad en la atención de su salud reproductiva, ya que muchas mueren o sobreviven con secuelas y discapacidades importantes por fallas del sistema.

Argentina cuenta con graves problemas al poseer un régimen sanitario diezmado y con falta de recursos humanos críticos para la atención de la paciente obstétrica. Para asegurar una equitativa y oportuna distribución de componentes sanguíneos se debe actualizar la Ley Nacional de Sangre y asignar un presupuesto para la promoción de la donación, ya que se dificulta en el contexto actual la convocatoria de donantes voluntarios, que son los más seguros.

La única forma de disponer de unidades de sangre es tener donantes, debido a que no se puede elaborar por medios artificiales. Es necesaria la participación social para el mantenimiento de la provisión de sangre y componentes requeridos en todo el país. Para esto, el único camino es la educación en todos los niveles dirigida a la donación voluntaria y altruista. Contar con ciudadanos formados e informados en donación es el primer paso para elaborar productos de calidad y en cantidad suficiente, y asegura un futuro con mayor disponibilidad de sangre para atender estas emergencias.

Las diferencias provinciales en los sistemas sanitarios -tanto desde el punto de vista de las capacidades como de las necesidades- atentan contra la salud reproductiva de las mujeres. Es urgente fortalecer la Red de Sangre Segura mediante la implementación de nuevas herramientas de gestión entre centros regionales de hemoterapia, bancos centrales y unidades transfusionales con el fin de prevenir las complicaciones asociadas a la reserva y el manejo de sangre.

Asistir estas hemorragias severas es responsabilidad del sistema de salud. Para esto, es fundamental trabajar sobre la asignación de recursos, tanto tecnológicos como humanos, en cada unidad transfusional del país, así como su mejoramiento y modernización, junto con la creación de nuevas unidades transfusionales en los lugares donde la demanda poblacional o las extensas distancias entre el asentamiento y los bancos centrales lo justifiquen.

Es imperioso perfeccionar la red de comunicación y el abastecimiento de hemocomponentes, principalmente en las áreas alejadas de los centros de hemoterapia, para asegurar la disponibilidad de sangre en momentos de necesidad. La falta de equidad en la distribución del recurso sanguíneo surge de fallas en los mecanismos de planificación y abastecimiento, en los que se deben considerar aspectos como el acceso geográfico y el tiempo de entrega o recarga de inventario. La clave es ofrecer este recurso en oportunidad, cantidad y calidad.

La Argentina tiene una deuda con la salud reproductiva de la mujer. Para comenzar a saldarla, se debe poner el enfoque en muchas áreas; entre ellas, el recurso sanguíneo: se necesitan políticas institucionales serias y ejecutables para implementar programas de donantes voluntarios, establecer procesos que garanticen la disponibilidad y protocolos para el abastecimiento de sangre, así como también planificación para el almacenamiento y manejo de reservas, ya que los componentes deben estar en mínima cantidad en todas las unidades transfusionales del país.

Es necesario que las instituciones que prestan el servicio de transfusión cuenten con un mecanismo que permita garantizar a la paciente la seguridad de estar recibiendo un producto que ha sido verificado.

Trabajar sobre estas acciones mejorará la cobertura de las necesidades transfusionales de estas hemorragias masivas en forma oportuna y suficiente, con productos de igual calidad en toda la Nación. Al mismo tiempo logrará optimizar la disponibilidad y la administración de recursos escasos e irremplazables. La óptima distribución de recursos sanguíneos es una demanda básica de justicia social.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Camila Duro, vicedirectora de Formación de Frente Joven.

SRA. DURO Estimados diputados: a los que quedan, doy las buenas tardes. Estoy aquí en representación de las mujeres que formamos parte de una fría estadística de mortalidad materna; entre ellas, las treinta y una mujeres que murieron en 2016 como víctimas del aborto inducido.

Esta causa me mueve personalmente, lo que me llevó a comprometerme con la ONG a la cual represento. Me gustaría poder estar hablando de este tema de forma neutral; pero, por honestidad intelectual, al haberlo investigado no me es posible dadas las circunstancias de este debate.

Analizaré tres casos -uno de Europa y dos de Sudamérica- para comenzar a abordar la temática de la mortalidad materna por aborto inducido.

Antes de continuar, me gustaría saber si está preparada la presentación en Power Point que traje.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Me informan que las imágenes no se pueden proyectar porque el documento no es de Power Point sino que tiene el formato PDF.

SRA. DURO No hay problema, señor presidente.

En primer lugar, tenemos el caso de Polonia. La historia del aborto en ese país se remonta al año 1942, durante la ocupación nazi, cuando por primera vez es legalizado en ese territorio: mientras las mujeres polacas podían abortar libremente, las alemanas lo tenían restringido por completo, incluso so pena de muerte. La política de perfeccionamiento racial se valió del aborto para purificar y descartar a aquellos que no eran de raza aria.

Después de la Segunda Guerra Mundial se volvió a la ley anterior, la ley de Polonia, que restringía esta práctica. Por segunda vez se legalizó el aborto el 1956 bajo la dictadura de Joseph Stalin. Luego de muchos años, en 1993, esta práctica volvió a estar restringida en un gobierno democrático.

Al prohibirse el aborto comenzaron políticas públicas en simultáneo para el cuidado de la salud materno-infantil. Polonia hoy tiene la tasa de mortalidad materna más baja del mundo: 3 por cada 100.000 nacidos vivos.

Luego tenemos México. Analizaremos este caso ya que es uno de los pocos donde se da una real unidad sociocultural y una diferencia legislativa según el Estado. Cuando en 2007 el Distrito Federal aprobó el aborto legal durante el primer trimestre de embarazo, el resto de los estados restringió aún más el aborto en sus jurisdicciones.

Entonces, compararemos la mortalidad materna por aborto inducido entre los años 2002 y 2011. Los resultados -es una lástima que no se pueda proyectar la presentación que preparé- son contundentes: los estados más restrictivos comenzaron y terminaron el período de análisis con menor mortalidad materna y en promedio se ubican 11,3 puntos debajo de los estados más permisivos.

A su vez, los estados más permisivos tuvieron en promedio el doble de muertes por aborto inducido que los más restrictivos. Durante todo el período se observa una tendencia mayor en los estados más permisivos.

La conclusión es aplastante: la tasa de abortos y de mortalidad materna por aborto inducido baja por factores independientes y externos a la norma permisiva acerca del aborto.

Por último, analizaré el caso de Chile. Nuestro país hermano cuenta con una de las tasas de mortalidad más bajas del mundo y especialmente de Sudamérica: 15 por cada 100.000 nacidos vivos. Este dato es de 2015.

En el año 1989 el aborto es fuertemente restringido en Chile. A raíz de esto se realizan investigaciones profundas acerca de qué consecuencias trae esto en la mortalidad materna. Los resultados que arrojan son los siguientes: de 1989 a 2009 -o sea, un período de veinte años- la mortalidad materna por aborto inducido baja un 96 por ciento. Es decir, en sólo veinte años, con una política restrictiva del aborto y abocándose a solucionar los problemas circunstanciales y ambientales que son causa de esta realidad, Chile logra ponerse a la cabeza del progreso en materia de salud para las mujeres.

Junto con esto, en dicho país se analizaron los casos clínicos de los embarazos vulnerables por diferentes motivos: pobreza, temor, violencia, progreso laboral, acceso a mejores oportunidades, etcétera. Se tomaron aproximadamente 3150 casos durante el año 2013. Esto arrojó que la coerción -es decir, la presión externa- forma parte del 44 por ciento de los motivos por los cuales las mujeres querían realizar un aborto.

Por último, la realidad de poder analizar las causas nos lleva a generar políticas eficientes para solucionar esta problemática.

Entonces, vayamos a la realidad: el aborto legal también mata. La situación en nuestro país es la siguiente: en 2016, treinta y una argentinas fueron víctimas del aborto inducido. Murieron a manos de inescrupulosos médicos o narcotraficantes a quienes no les importó mancharse las manos con sangre. Yo vengo hoy acá por esas treinta y una mujeres que tienen la fuerza de un huracán para afirmar que el aborto mata doblemente.

Tenemos un caso muy cercano, de 2015, en el Hospital de Esquel, donde el aborto legal -o supuestamente legal- se llevó la vida de Keyla Jones en el marco de un protocolo de aborto no punible. ¿De qué aborto seguro me hablan? Keyla murió por el misoprostol suministrado por la doctora Estrella Perramón, médica generalista. Lamentablemente, Keyla pasó a ser un número dentro de la estadística de mortalidad materna del Ministerio de Salud. Solo eso, un número. Con 17 años, sus sueños no importaron; su familia y su vida, tampoco. No le importó a la trabajadora social ni a la médica que le practicó el aborto sin el consenso de sus padres.

En segundo lugar, el misoprostol no es una droga que haya sido diseñada como abortiva, sino que ése es un efecto secundario. De hecho, es una droga que está en retroceso en el mundo. Francia la prohibió hace apenas muy poco tiempo y en Estados Unidos se encuentra en franca decadencia luego de que trascendieran varias muertes por abortos legales y seguros con misoprostol. Según el manual que distribuye la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito, su administración por vía vaginal es recomendable y no tiene efectos adversos: ya en 2005 la Agencia Nacional de Seguridad de Medicamentos francesa prohibió terminantemente dicha aplicación, especialmente combinada con la mifepristona, ya que el riesgo de sepsis se vuelve altísimo. Es de sentido común advertir que un medicamento que induce fortísimas contracciones y hemorragias no puede ser un cuento de hadas.

Paso a las conclusiones. Primero, debemos desmitificar que la permisión del aborto solucionará o mejorará la situación en materia de salud pública.

Segundo, es importante remarcar que el aborto es un fracaso social. Todos nosotros debemos comprometernos con la salud y los derechos de las mujeres. La solución se encuentra en el acceso a recursos sanitarios básicos como el agua potable, la educación de calidad, la salud para cada argentina, la planificación familiar y la reivindicación de que nadie debe ser tratado como una cosa. Por ende, la educación debe promover relaciones amorosas y sexuales sanas basadas en el respeto y la dignidad del otro. Las políticas de justicia y amistad social en ninguna circunstancia deben llevarnos a juzgar y discriminar a la mujer embarazada y con hijos; ni laboral ni social ni educativa, ni por razones de edad, ni por condición económica ni por cualquier otro motivo de segregación.

Tercero, el aborto legal sólo cambia de manos al responsable directo de las muertes por aborto inducido. Señores diputados: el Estado será responsable de la muerte de mujeres que necesitan ayuda y soluciones reales. El aborto pone un parche y pretende tapar con un chicle masticado la rotura del Titanic. El problema es grave, es real; entonces, no busquemos falsas soluciones facilistas que someten a las mujeres a un proceso físicamente doloroso y peligroso.

Cuarto, nos encontramos a casi cien años de esta política de descarte iniciada por Lenin en la Unión Soviética en 1920. Progresemos verdaderamente como sociedad buscando soluciones acordes a la ciencia y la técnica del siglo XXI. Legislemos para la vida; salvemos las dos vidas del fracaso social del aborto. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La Presidencia aclara que la presentación en PDF de la señora Camila Duro, que no se pudo exponer, quedará a disposición de los señores diputados.

Tiene a la palabra el doctor Eduardo Menem, quien entre tantos otros cargos ejerció el de presidente de la Convención Nacional Constituyente que reformó la Constitución Argentina en 1994.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora María Moscoso, quien es abogada y miembro del Foro de Políticas de Género del Consejo Provincial de las Mujeres de la provincia de Córdoba.

SRA. MOSCOSO Señor presidente: el aborto es un tema de muchísima importancia en la realidad social de cualquier país. La existencia de esta práctica en el mundo es innegable.

Ahora bien, lo más importante al momento de abordar de modo integral el tema es poder dilucidar, haciendo el mayor de los esfuerzos, las causas reales y profundas del aborto y obviamente también las consecuencias.

Soy militante de la causa provida desde hace más de veinte años, cuando tuve por primera vez un micrófono delante de mí a los 11 años. Hace doce años que participo de los Encuentros Nacionales de Mujeres para llevar la voz provida a ese espacio social y más de diez que acompaño a mujeres en situaciones extremas frente a la maternidad inesperada.

Estoy aquí porque he podido ver, comprobar y concluir que la única causa que tiene el aborto es la soledad de la mujer frente a él.

Aprendí que la soledad no se trata solamente de una cuestión objetiva, como cuando no contamos con la presencia de otro cercano nuestro. También tiene una cuestión subjetiva, interna, existencial cuando, pese a estar aparentemente acompañados por alguien más, sentimos que hay un lugar, un problema, un pensamiento al que solo nosotras podemos acceder.

El aborto se ubica justamente en ese lugar, a veces inaccesible a los ojos y la percepción del otro; en ese lugar está la mujer con su embarazo inesperado. En esa soledad hay barreras que impiden llegar al corazón y a la mente. Esas barreras son los problemas reales que la rodean: la pobreza, el abandono, la cantidad de hijos, la violencia, una enfermedad, la incertidumbre, algún proyecto a medio camino y el miedo. Todos ellos, y no su embarazo, son entonces los causantes de la soledad que siente; son las más pesadas piedras del camino.

Ahora bien, se trata de problemas evitables los que la rodean, esos que la hacen sufrir, que le provocan miedo, que le duelen, que la condenan y la dejan sola.

Estoy convencida de que la mujer que piensa en abortar lo hace porque, ante la maternidad inesperada, valora que no hay otra salida. En esos momentos es habitual que no reciba propuestas superadoras que hagan que confíe en que puede asumir esa maternidad, y recibir de la sociedad apoyo y no condena.

Ofrecer el aborto como solución es ningunear los problemas reales de la mujer; es asumir que como sociedad estamos dispuestos a dejarla sola con ellos, a condenarla al abandono y la indiferencia, a que sus problemas subsistan después de que su hijo muera, a que esa ausencia le duela sin tener siquiera el derecho a decirlo.

Las mujeres llegan a pensar en el aborto en soledad frente a estos problemas. No puede seguir pasando que la sociedad les dé la espalda o, peor aun, las presione a abortar, aunque ellas realmente no lo quieran.

Es necesario un compromiso personal, social y estatal de acompañar a todas desde la concepción, sin plazos y sin condiciones.

Como mencioné antes, he conocido y acompañado a mujeres de diversas edades y condiciones que, ante un embarazo inesperado, valoran esta posibilidad.

De todas ellas, recuerdo algunas que me enseñaron muchísimo, algunas que fueron transparentes y que se animaron a compartir la verdad de su dolor. Ellas me enseñaron que la mujer no quiere el aborto, que las que lo piensan o realizan creen que es la única salida, y que después de eso sus problemas siguen ahí y se les suma un dolor.

He podido ver que pueden rápidamente dejar de pensar en el aborto cuando se rompe esa soledad con una presencia real y no juzgadora. El aborto es evitable con la presencia responsable de todos, pero también del Estado. Ante el aborto tenemos la posibilidad de estar con la mujer y la vida, tanto de ella como la de su hijo, o con el fracaso social de abandonar a ambos.

También tengo claro que los niños vienen en madre. Para cuidar al niño del aborto tenemos que cuidar a la mujer embarazada, así no morirá nunca más una mujer por aborto; la única manera de que nadie muera por esta causa es que no se hagan abortos.

De todas las que recuerdo, creo que hay una mujer que merece estar presente hoy; por eso me permito contarles su historia.

Ella tenía 35 años y cuando la conocí cursaba un embarazo inesperado. Había llegado al ejercicio de la prostitución para comer ella y la hija de 3 años que tenía a cargo en ese momento. No sabía quién era el papá de su hijo, no tenía trabajo, hacía poco que había perdido su casa y vivía de prestado con una hermana que le había dicho: yo te acepto a vos y a tu hija, pero no quiero a nadie más acá.

Nos entrevistamos con ella después de un primer mensaje de texto que escribí muchas veces y que al final, después de muchos intentos, decía: sé de tu situación y queremos ayudarte. La respuesta, que tardó pocos minutos en llegar, decía clarito: ¿quién sos? Ya tengo las pastillas.

Le dijimos que solo queríamos hablar con ella antes de que hiciera cualquier cosa, que nos esperara, que nos diera una reunión; ese encuentro llegó unos días después. Nos dejó claro que ella quería hacerlo antes de que estuviera "enterito", porque a una amiga le había pasado que cuando abortó vio que había un niño; entonces, ella no quería que le pasara eso. Parecía decidida, pero en la ecografía a la que la acompañamos nos enteramos de que se trataba de una niña de doce semanas de gestación.

En ese contexto, comenzamos a valorar las posibilidades de ayudarla. Pensamos en qué podía necesitar para seguir adelante con ese embarazo. No teníamos para ofrecerle nada: no teníamos casa ni trabajo ni plata ni nada de lo que aparecía entre sus necesidades más importantes.

Éramos todos estudiantes. Pensamos en algunas intenciones de solucionar sus problemas, pero todas iban a durar poco tiempo.

Después de eso nos limitamos a unos pocos mensajes hasta que un día me dijo: los quiero volver a ver. Está bien; yo no voy a abortar, pero con una condición. En ese momento sentí que pasó una eternidad, hasta que dijo: yo no aborto, pero con la condición de que ustedes me acompañen el día del parto porque yo no quiero tener nunca más un hijo sola.

Ella me demostró que todos teníamos la solución para que esa niña naciera, que todos éramos capaces de acompañarla para que ese 2 de abril -hoy hace diez días de que la nena cumplió ocho años-, estuviéramos ahí con ella. Con esta mamá y con su hija confirmamos que, si rompemos la indiferencia, si realmente estamos al lado de cada mujer, los abortos son evitables. Así, avanzamos hacia la construcción de una sociedad más justa e inclusiva donde ningún niño y ninguna mujer tendrán que sufrir la enorme violencia del aborto. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Marcos Mauricio Córdoba, de la Universidad Austral de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

SR. CÓRDOBA Señor presidente: tan solo a modo de información y para que tal vez se interprete de mejor modo la motivación de mis palabras, quiero aclarar que soy profesor titular de Derecho de Familia de la Universidad de Buenos Aires; no de la Universidad Austral.



SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Disculpe, doctor; lo teníamos asentado de otra manera. Hizo bien en aclararlo.

SR. CÓRDOBA Soy yo quien pido disculpas, porque el error debe haber surgido de mí. Quiero hacer esta aclaración porque considero que es pertinente respecto de lo que yo voy a expresar. Nada de lo que diga aquí va a estar motivado en cuestiones de fe sino exclusivamente en los valores, reglas y principios jurídicos que rigen en la República Argentina.

Por una cuestión de tiempo, no voy a reiterar aquello que tan claramente he escuchado exponer respecto de las normas de jerarquía supralegal por parte del senador -mandato cumplido- Eduardo Menem, quien fue el último que se refirió a esta cuestión. Tan solo voy a agregar aquellas cuestiones que considero que suplementan la idea.

En la República Argentina rige un principio social de solidaridad que además está fomentado por el orden jurídico a través de imposiciones obligatorias. Existe una solidaridad que es espontánea y voluntaria, y otra que es impuesta por el orden a través de prestaciones de asistencia.

Tanto una como la otra imponen colocarse en el lugar del otro en la relación jurídica. Es decir, el comportamiento solidario es aquel que en la actividad propia considera las necesidades del otro y, en determinados casos, se hace cargo de ellas.

Dentro de esta imposición de solidaridad que rige en la República Argentina existen grados de exigencia. La primera solidaridad es en el ámbito de la familia, que tiene una antigua historia jurídica nacida en el derecho romano clásico. Es lo que se conoce como pietas familiae; es decir, ser piadoso con la situación del otro.

No me voy a referir a evoluciones históricas porque el tiempo no me lo permite, pero sí diré que ese principio de solidaridad nos rige porque el pueblo de la Nación Argentina, a través de sus representantes, así lo ha llevado a la estructura jurídica en su conjunto.

Dentro de este orden solidario, en el cual se encuentra en primer grado la familia, se tienen en consideración como elementos y sujetos de mayor protección a los vulnerables. Así es que los más vulnerables son los que reciben la máxima protección del ordenamiento jurídico. Esto lo vemos a través de la protección de las personas que no han desarrollado aún todas sus facultades como para desenvolverse por sí mismas -es decir, los denominados niños- y también las personas que han perdido aptitudes por edad avanzada. La solidaridad apunta, en primer grado, a la defensa de ellos.

En el marco de este memorándum que estoy haciendo voy a avanzar hasta reiterar tan solo dos de las normas supralegales. La primera es el artículo 4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que indica que es la concepción el instante en que comienza la protección.

Este artículo, al igual que la observación respecto de la Convención sobre los Derechos del Niño efectuada por la República Argentina, nos impone recurrir a la ciencia biológica para determinar qué es concepción. No para determinar qué es persona, porque eso lo determina el jurista y en la Argentina se ha establecido que persona es aquel sujeto de derechos activos y pasivos. Lo que nos falta es el dato de la biología. Entonces, debemos recurrir a ella porque los juristas nos dedicamos a la ciencia social, que no es exacta. La ciencia exacta es la biología.

Voy a hacer referencia al profesor Lejeune. De tal magnitud es su jerarquía que fue quien descubrió cuál es la causa del Síndrome de Down. Lejeune sostiene que la concepción comienza con la penetración del esperma en el óvulo. Es cierto que desde la biología nos informan sobre un variopinto de posibilidades que, entre otras, pasan por la octava semana desde que se produjo esta introducción. Algunos llegan más allá e incluso hacen referencia al desarrollo del sistema nervioso central.

Pero lo cierto es que la biología -ciencia exacta- hasta ahora nos brinda distintos estados a los cuales atribuir una misma consecuencia, que es la concepción. Es decir, el comienzo de la vida humana.

El primer planteo es si la estructura jurídica argentina solo defiende persona o si también defiende vida humana que no sea persona. Defiende vida humana, aunque no sea persona. En este sentido, un elemento humano fuera de un cuerpo humano no es persona y está defendido por la organización jurídica de la República Argentina. Si yo quito durante un instante un órgano del cuerpo y lo mantengo artificialmente afuera, aunque eso no es persona no tengo el derecho de dañarlo ni de eliminarlo ni de privarlo de su funcionamiento.

Entonces, asiste la razón a los que anteriormente han dicho que la intención de modificar la estructura jurídica argentina requeriría no solamente de una ley común de nuestro Congreso sino también de ese Congreso especial que los legisladores de la norma común designan para modificar la Ley Fundamental.

Quiero agregar tan solo esto: si la biología discute cuándo se producen la concepción, yo tengo que atender que rige en la República Argentina también -y con mucha más fuerza desde el 1° de agosto de 2015- lo que se llama prevención; es decir, lo precautorio.

Si yo no sé si lo que hay dentro de ese organismo es un niño, una persona, no puedo eliminarlo ante la precaución que debo tener frente a la falta de certeza de si debo abandonar su protección.

Aquí hay distintos intereses en juego: la pobre mujer que sufre durante el tiempo remanente de gestación por llevar en su interior aquello que no quiere tener, el trauma posviolatorio que en muchos casos sufre -que, por cierto, no elimina el aborto-, el síndrome posabortivo -que, por supuesto, es causado por el aborto-, y la potencialidad de la vida de una persona de ser sujeto de felicidad y sujeto posible de dar felicidad a aquellos que la quieran introducir en su familia. Es decir, estamos eliminando la posibilidad de que tal vez ahí esté la felicidad de ese ser, unido a otro ser, a través de un cordón en cada uno de cuyos extremos hay una persona a proteger. Debemos proteger a través de la prevención. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Lipovetzky).- Tiene la palabra el doctor Juan Esteban de Erquiaga, médico especialista en psiquiatría.

SR. DE ERQUIAGA Honorables diputados de la Nación: la práctica del aborto provocado es nociva para la mujer ya que es una pérdida real de un hijo, deseado o no, bienvenido o no. La mujer madre sabe esto en lo más profundo de su ser.

En los fundamentos del proyecto se omiten los efectos adversos de la práctica del aborto medicalizado y garantizado por el Estado. Ya hay antecedentes en España de mujeres que han abortado legalmente y que ahora reclaman al Estado la omisión de esas posibles consecuencias en el consentimiento informado.

Me quiero referir entonces a los efectos psicológicos y psiquiátricos que el aborto tiene en la mujer que lo elige y lo padece, en sus otros hijos y en la sociedad. En la madre, los efectos psicológicos son comparables con la neurosis de guerra o con el llamado trastorno de estrés postraumático.

En primer lugar, el aborto impide a la mujer hacer el duelo. Si el aborto es tan solo un procedimiento menor y no se pierde nada, se le niega a la mujer esta reacción psicológica normal ante una pérdida. Toda mujer sabe que el test de embarazo positivo o la ausencia de menstruación es sinónimo de un hijo en camino. El duelo por el niño abortado es siempre difícil; ya lo demostró Carolina Mangold en su exposición. Tanto el aborto provocado como el espontáneo son pérdidas reales de niños, sean o no deseados.

En el texto El día después del aborto, el doctor Philippe de Cathelineau dice: "La negación es ciertamente el principal factor que agrava la dificultad del duelo. Porque el cumplimiento de este requisito psicológico implica adherir al hecho mismo de la muerte de una persona. Esa es la razón por la cual es particularmente difícil cumplir el duelo de un desaparecido mientras su cuerpo no sea hallado e identificado.

"La dificultad se agrava cuando se niega la existencia misma de la persona, porque entonces se niega a fortiori su muerte. Ese rechazo de la realidad vivida anestesia artificialmente el dolor de la pérdida del niño y lo atenúa momentáneamente. Pero imposibilita a la madre cumplir con el requisito del duelo."

Tenemos dos víctimas del aborto: una muere y la otra sufre secuelas psicológicas profundas, constantes y graves. Pueden aparecen tardíamente después de un estado latente que quizás sea largo. Los desencadenantes pueden ser variados, pero los aniversarios son duros.

Canadá tiene un servicio telefónico de ayuda a las víctimas del aborto. En ese país, el aborto es legal desde 1968; por lo tanto, investigadores como Philip Ney cuentan con una casuística suficiente para respaldar sus conclusiones. Psiquiatra y pediatra canadiense con más de treinta años de experiencia en el tratamiento de mujeres con secuelas psicológicas posaborto, utilizó la base de datos de este dispositivo de ayuda telefónica para señalar que la mayor frecuencia de llamados se producen entre los seis y los nueve meses de producido el aborto, período coincidente con la fecha probable de parto, y a los doce y veinticuatro meses, coincidentes con el aniversario del aborto. La necesidad de llamar en la fecha probable del parto es para Ney una confirmación de la idea de que el embarazo es un biorritmo que, de ser truncado, deja a la mujer en un estado de inestabilidad emocional.

La no elaboración del duelo desencadena defensas psicológicas ante ese dolor psíquico y despliega mecanismos de defensa tales como la negación, la disociación y la racionalización, y síntomas como embotamiento, vacío afectivo, tristeza, sentimientos de culpa, desconfianza, inestabilidad emocional y relacional, depresión, cólera, ideación suicida, psicosis, consumo de sustancias y suicidio. La madre imposibilitada de hacer el duelo puede reactivarlo con la llegada de otro hijo, desencadenando la sintomatología antedicha.

En este contexto puede ver dificultada la vinculación con el nuevo hijo, quien quedará expuesto a un cuidado negligente. Asimismo, el niño sobreviviente puede desarrollar síntomas comunes a todo sobreviviente; síntomas de orden existencial y a su vez los propios de ser un sobreviviente al aborto: ambivalencia hacia los padres, culpabilidad existencial, angustia, desconfianza e incluso desórdenes más graves en su psiquismo. Son seres amenazados en su existencia. Sometidos al arbitrio de la reflexión de sus padres, atados al deseo de sus padres. Esto genera en el sobreviviente un estado de permanente zozobra ligado a la ambivalencia sentida hacia los padres, puesto que ellos son, a la vez, los que dicen amar y los que son capaces de matar. Siendo víctimas tanto la mujer como el padre del niño y los hermanos, se establece un patrón de repitencia de estos síntomas y una importante carga de morbilidad psíquica en la sociedad en su conjunto. Esta es una razón para no aprobar una ley que despenalice el aborto y buscar modos para asistir a la mujer que no desea el embarazo.

Para el doctor Philip Ney, es sumamente importante aclarar la idea confusa de la deseabilidad porque de ella depende que la gente viva o muera. La deseabilidad es una filosofía muy destructiva y está relacionada no solo con los niños nonatos -aborto-, sino también con las personas discapacitadas -eugenesia- y los ancianos -eutanasia.

Concluyo entonces: el aborto es una práctica nociva para la mujer que lo elige y lo padece, poniendo en riesgo su salud física, psíquica y social. Es una práctica nociva para la sociedad en tanto que tendrá miembros dañados por haber abortado o por ser sobrevivientes del aborto. La República Argentina no debe permitirse legitimar este daño con una ley. Por el contrario, debe legislar sobre cómo proteger a la madre que no desea un embarazo, para que pueda darle término dando vida extrauterina a su hijo, y si no revirtió su decisión de criarlo por sí misma, para que pueda darlo en adopción. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Lorena Fernández, a quien tengo identificada como una referente social.

SRA. FERNÁNDEZ Soy de la Villa 31. En primer lugar, quiero decir que estoy cansada de que todas se cuelguen de nosotros que somos pobres.

Somos personas que vivimos en una villa y que pensamos que el aborto es matar. Todas tenemos más de un hijo; yo tengo cuatro. Tengo una hija de 13 años y me casé con el papá. El me pidió que abortara y yo le dije: si querés que aborte dame el dinero y yo aborto. Me fui a una clínica, hablé con la doctora y le dije: yo no quiero matar a un hijo, ya me hicieron abortar a los 16 años mis propios padres. Por eso decidí irme.

Vivía en Río Gallegos y me vine para acá con una mano atrás y otra adelante; solamente tenía dinero en el bolsillo. Hoy mi hija tiene 13 años. Agradezco a Dios que primero pensé en el hijo que estaba por venir; no pensé en mi pareja ni en que era mi esposo. Pensé: si yo mato, estoy matando una vida y me estoy matando yo sola, porque todavía recuerdo cuando me hicieron abortar un hijo a los 16 años. A pesar de que pasaron muchos años, todo el tiempo lo estoy recordando. Por eso me dije: matar de nuevo, no.

Mis hijos son mis hijos y mi cuerpo, como todos dicen, es mi cuerpo. Entonces, decidan. Pero hay métodos para que se cuiden todas las mujeres; todas podemos cuidarnos. Si tuviste relaciones anoche porque estuviste de joda con el primero que te bajó el calzón: agarrá, tomá la pastilla del día después y listo. No esperes un mes para decir: la regla no bajó, entonces aborto. Lo primero que hacen es tomar una pastillita para que les baje. Después, la consecuencia es que la mujer no se recupera; el cuerpo, aunque sea joven, a lo largo del tiempo siente lo que pasó.

En la juventud pasan muchas cosas. Hoy en día las chicas de 13 o 14 años no piensan con la cabeza; piensan con la bombacha. Los hombres dicen: yo te quiero, dame la pruebita del amor, vamos a un hotel. Después, bajan los calzones a las pendejas -la voy a hacer así de corta y a hablar como en la jerga de la villa-, le dejan un hijo y nadie se hace cargo.

Lo primero que dicen los padres es: andate de la casa. La chica se va, con 14 o 15 años, con un hijo en brazos; pero decidió no abortar y salir adelante, como hice yo. Vine de Río Gallegos con un hijo en mi vientre sin conocer a nadie. Me metí a vivir en la villa. Hoy doy gracias a todas mis amigas, que no tienen uno o dos hijos sino cinco, seis o siete. Cuando les pregunto qué opinan del aborto me dicen: son unas trolas las que abortan, porque se fueron a "garchar", no pensaron, se chuparon todo, fueron esponjas y por un momento de calentura no pensaron que un hijo podía venir.

Acá están hablando todas mujeres. Hombres hay alguno por allá, pero ¿solamente las mujeres tenemos la culpa? No. ¿Por qué no hay también educación sexual para los hombres? Hay mucha educación sexual, pero son todas mujeres. ¿Y los hombres qué? ¿Nosotras autoengendramos? ¿Nosotras solas nos ponemos el esperma y nos hacemos un hijo? No. Los hombres también tienen que decidir por el hijo. ¿Alguna vez preguntaron: che, quiero abortar, vos qué opinas? ¿Preguntaron a sus parejas? Me imagino que son todos padres. ¿Preguntaron alguna vez a la mujer si quería abortar? Todos decían: sí, vamos, abortá; pero ¿decidieron sobre la vida que están tirando?

A mí me dolió ver el video de cómo sacaban a pedazos a un inocente. Sacaron una vida a pedazos como si fuera un perro. En realidad, los perros cuidan más a sus hijos que los seres humanos.

Hoy estamos todas, me incluyo, representadas por ustedes, porque creo que acá están todas las que no apoyan el aborto. ¿Por qué tengo que matar a un inocente? ¿Por qué, si yo abrí las piernas? No me obligaron; mi pareja no me puso una pistola en la cabeza y me dijo: che, abrí las gambas que te la voy a dar. No. Tanto el hombre como la mujer, los dos, tienen que decidir; no solamente la mujer.

Si es una violación, bueno. Pero si hoy dicen "legalicemos el aborto", están legalizando más violaciones porque va a ser un anticonceptivo más. Algunas pensarán: quedo embarazada, voy a hacer un aborto, un aborto no es nada.

Pero después, a los 30 o 40 años, el cuerpo de la mujer pide tener un hijo y no puede. Amigas mías murieron en el intento de abortar pese a que fueron a clínicas especializadas, por así decirlo.

Para mí es una cagada que una mujer vaya a ponerla y aborte. Para mí es una cagada. Yo creo que no hay nadie de afuera ni de adentro de la villa que opine que nosotras -mujeres pobres- tenemos que abortar porque es la nueva decisión del que resuelve por nosotras.

Quiero que vayan todos los que están presentes a las villas y pregunten a cada mujer si está de acuerdo con el aborto, si creen que está bien o está mal. Pero no les laven la cabeza diciendo que tienen que abortar; pido que pregunten por sí o por no, no que den un ejemplo ni nada. Pregunten a cada mujer de la villa -que como todos dicen, son pobres- si está de acuerdo con el aborto. Van a ver cuántas hay.

Tengo amigas y sobrinas que sufrieron los abortos, y que hoy en día quieren tener hijos y no pueden porque fueron lastimadas en el útero. A mí me costó muchísimo tener un hijo. Si quiero buscarlo hoy en día, no lo puedo tener por una sola razón. Mis hijos no nacieron con uno o dos kilos; nacieron con peso excesivo -cuatro kilos-, pero sanos. Hoy soy la mamá más feliz del mundo y estoy en contra del aborto, me digan lo que me digan.

Así que, a los que tienen que decidir, les digo: no aprueben esta ley. Que no se aborte a nadie; por mí y por los hijos de los hijos den vida, no muerte. (Aplausos.)

SRA. GONZÁLEZ SELIGRA ¿Me permite, señor presidente...?

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY No daremos la posibilidad de diálogo, señora diputada.

SRA. SCHMIDT LIERMANN A la mañana no nos dejaron hablar, así que ahora no van a hablar.



SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Permítame responder, señora diputada.

No abramos el diálogo. El objetivo es escuchar a los expositores y las reglas son iguales para todos.

SRA. GONZÁLEZ SELIGRA Pido al señor presidente que interrumpa a los expositores por igual. A la mañana, acotó bastante a los expositores.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La expositora no hizo referencia a algún legislador en particular. Cuando comenzó la reunión, aclaré que no iba a permitir referencias personales a los señores diputados.



SRA. GONZÁLEZ SELIGRA Pero hizo referencia a las mujeres. Habló de bajarse los calzones y demás.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Las reglas fueron claras y yo dije que solamente iba a interrumpir en caso de que haya alusiones personales a alguna diputada o a algún diputado de la Nación.

SRA. GONZÁLEZ SELIGRA Entonces, le pido que sea equitativo y que considere las alusiones a las mujeres, porque yo me sentí ofendida como mujer.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Respetemos la voz de cada uno de los expositores. Venimos haciéndolo desde el principio y creo que estamos dando a toda la sociedad un muy buen ejemplo de respeto y tolerancia con este debate en el Parlamento.



SRA. BIANCHI Si el señor presidente me permite, hay asesores en la sala y supuestamente no pueden estar.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY No está permitido el ingreso de asesores. Si son periodistas, lo tienen permitido; pero si son asesores, les solicito que se retiren. Si pertenecen a los medios de prensa, deben permanecer sentados en los lugares que les fueron destinados y evitar circular por la sala.

Tiene la palabra el rabino Fishel Szlajen, quien es doctor en filosofía.

SR. SZLAJEN Señor presidente: cuatro son los puntos principales que abordaré muy sucintamente y en los que se dirime hoy el problema bioético del aborto.

El primero es la retórica. Debe prescindirse de expresiones como "aborto libre" o "interrupción del embarazo", ya que son eufemismos que operan en la opinión pública: "libre", sugiriendo lo abortivo como correcto y su negativa como opresivo, e "interrupción", mintiendo por la absoluta irreversibilidad y discontinuidad en la muerte del ser humano concebido, imposibilitando reanudar su vida. Es tan manipulador como decir que la decapitación no es la muerte del sujeto sino la interrupción del flujo sanguíneo hacia su cabeza.

Así, objetivamente, se peticiona por el derecho al aborto a demanda; no solo su despenalización sino también su legalización, dado que demanda la asistencia y protección del Estado para su comisión.

El segundo punto es si el feto es o no persona. El estatus de persona es jurídico, no científico. Si bien ya desde la Biblia, persona es solo al nacer en término y/o poseer viabilidad, no se otorga ninguna potestad sobre el embrión, dado que es un ser humano.

En varios ámbitos de la ley bíblica, de hecho, se acciona u omite, permitiendo o incluso obligando a transgredir ciertos preceptos para no obstaculizar el normal desarrollo del embrión y, en favor de su vida y bienestar, incluso la posibilidad de que un marido agonizante adquiera bienes en nombre del feto. Esto obedece al reconocimiento del ser humano por su genotipo, más allá de su estatus jurídico.

Es decir, todas las diversas y debatidas definiciones actuales de vida humana y su comienzo, son siempre en grado y accidente, pero no en naturaleza y sustancia. Son fenotípicas y acordes a las etapas madurativas del ser humano concebido, pero dicha fenomenología acontece debido a un genotipo como sustrato individual y diferente de otro, el cual comienza con el cigoto, un organismo vivo humano, individualmente diferenciado, que funciona por sí mismo sin perder su nivel estructural hasta su muerte y con fuerza inherente de crecimiento y desarrollo.

Es por ello que la propia Biblia, ya como cuna de la civilización occidental, reconoce la vida humana desde la concepción. Todo ello hoy está respaldado por la actual bibliografía embrionaria, biológica y genética.

Este reconocimiento genotípico del embrión como ser humano trasciende incluso ciertas normas bíblicas, las cuales, si bien se aplican luego del cuadragésimo día de la concepción o después del tercer mes de gestación, no implican en absoluto su desconsideración como ser humano.

Por ello, desde la concepción y hasta la ancianidad y muerte hay un proceso continuo de vida humana, no existiendo un punto de inflexión objetivo en lo ontogenésico del ser humano.

De hecho, la fenomenología madurativa continúa en la infancia, la adolescencia y la adultez sin que un adulto pueda matar a un niño por ser perjudicial a sus intereses, argumentando no haber completado alguna etapa madurativa.

Esto da lugar a la absoluta prohibición de abortar a demanda, preceptuada ya desde el Génesis 9:6, donde explícitamente se prohíbe el asesinato de un ser humano dentro de otro, refiriéndose precisamente a una mujer embarazada.

Luego, matar a un ser humano que no amenaza la vida de otro basándose en criterios fenoménicos fijados por alguna semana posconcepción resulta antojadizo, careciendo de fundamento racional, científico y moral, dado que no hay ningún cambio en su ontogénesis similar al nulo cambio biológico del feto durante los pocos centímetros en los que pasa del útero materno a la exterioridad del mundo.

El tercer punto es el derecho sobre el propio cuerpo.

El derecho a decidir sobre el propio cuerpo manipula intencionalmente la realidad por no tratarse de una cuestión corpórea del sujeto para consigo mismo, sino primordialmente de dos vidas humanas distintas, donde natural y transitoriamente una se encuentra dentro del cuerpo de otra.

Aquí se impone el precepto: "No depondrás contra la vida del prójimo", citado en Levítico 19:16 sin especificar desde qué etapa fenoménica rige. Estos postulados, como base civilizatoria, prohíben matar al humano por utilidad, beneficio o satisfacción de necesidades y, al igual que la vida, no son racionalizables, fijándole límites o restricciones para su vigencia o validez, porque si no estos postulados caducan.

Por ello, aplican a toda etapa fenoménica de la vida humana más allá del estatus jurídico de persona y, por ende, desde la concepción.

De hecho, bajo un sentido racional de la vida, un ser humano por nacer, al igual que un adulto que carece de conocimiento, conciencia o que haya perdido la capacidad inteligente, no son sino criaturas funcionales desde lo biológico, privados de aquello predicado como constitutivo específico del ser humano.

Pero el embrión sí tiene el potencial de actualizar todas y cada una de las características ausentes en los demás conforme avanzan las etapas de su natural desarrollo, concluyendo así en una mayor racionalidad para matar a cualquiera de aquellos adultos, más que al embrión.

Nuevamente emerge lo infundado de los selectivos criterios madurativos-funcionales más allá del propio genotipo del ser humano vivo, conduciendo a arbitrarias legalizaciones de matanzas.

El cuarto y último punto son las excepciones. En un solo caso la Biblia exige abortar: cuando la vida del embrión amenace inexorable y ciertamente la de su madre, priorizando la vida de ésta por ser primera. Pero dicho caso es tipificado bajo la ley de "persecutor", pudiendo matar a quien amenace cierta y efectivamente la vida de otro, aun no siendo consciente de ello.

Los casos de anencefalia y de irreversibles patologías degenerativas o terminales, donde el feto morirá indefectiblemente, son tipificados como de gran necesidad,

permitiendo el aborto con severas restricciones en tiempo y forma, motivados por criterios similares que se aplican a la mujer embarazada por violación, encontrándose en serio y cierto riesgo psicofísico.

No obstante, estos casos son cuantitativamente insignificantes respecto de los más de 50 millones de abortos inducidos anuales en el mundo -según datos proporcionaos por la Organización Mundial de la Salud-, cuya mayoría son embarazos no deseados por ser conflictivos respecto de los intereses personales, familiares o sociales y hasta por control de natalidad, reales motivos de la actual petición por la legalización del aborto a demanda.

Como conclusión, el aborto a demanda no es un problema sanitario, jurídico o económico sino humano, como síntoma más crudo de la ética de la mismidad donde el individuo y sus intereses son el bien supremo, falseando hasta la propia realidad descriptiva con el fin de no coartar su arbitrariedad, legalizándola.

Por eso, la elección es simple. Se acepta el postulado y base civilizatoria "no asesinarás", vigente ya desde el cigoto o, a sabiendas de la falta de fundamento, se decide antojadizamente desde cuándo a ese ser vivo individual se le dice humano, anterior a lo cual se legaliza su matanza, contradiciendo la finalidad del Estado como defensa y garantía de toda vida humana bajo su espectro de poder.

Si solucionamos, en lugar de eliminar, debemos evitar los embarazos indeseados mediante eficientes políticas sociales y educativas de prevención y anticoncepción, más el desarrollo de políticas de asistencia a la mujer en conflicto con su embarazo.

La ley es una restricción habilitante para la vida de todos; no un instrumento que avala los intereses de unos por sobre la vida de otros y de los más indefensos.

Atendamos a lo ya advertido por el padre del contrato social, Jean-Jacques Rousseau, quien afirmó que cuando la violencia de la pasión prevalezca sobre el horror del crimen, en el deseo del mal también se encontrará un derecho. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Eda Lía Abad Monetti. Es médica clínica, jefa de la unidad coronaria y de cardiología, y actualmente directora general en el sanatorio municipal "Dr. Julio Méndez".

SRA. ABAD MONETTI Señor presidente: muchas gracias por escucharme.

Efectivamente, soy directora de una institución, de un sanatorio de obra social, pero no represento la opinión de esa obra social sino la mía en particular.

Lo que me movió a presentarme es justamente haber sido cardióloga clínica, haber ejercido ininterrumpidamente mi profesión en ese sanatorio a tiempo completo, haber tratado a gente de distintas clases sociales y con diversos niveles académicos y educativos, y haber apoyado embarazos en riesgo. Por eso creo que tengo algunos aportes para hacer sin entrar en lo anecdótico o personal.

Lo que me llama también a razonar esto son algunas cosas que he escuchado y que motivaron mi reflexión.

Estamos hablando de interrupción voluntaria del embarazo. Es decir, se pretende legislar sobre la posibilidad de que una mujer declare indeseado su embarazo y diga que ella puede disponer libremente de un ser. Para poder justificar eso, no lo define como vivo ni como persona y dispone de él físicamente. O sea, lo elimina con algún método médico que puede elegir pero que generalmente tampoco conoce.

Otras veces, lamentablemente este deseo está abonado por la falta de una compañía y continencia médica que dé seguridad a una mujer aterrada porque tiene una cardiopatía, que por ahí a veces no justifica el riesgo, o un cáncer recidivado -como me ha pasado- y no sabe que existen posibilidades reales y totalmente razonables de tratamiento.

En primer lugar, estamos hablando mucho del presunto derecho de la mujer a abortar. Es decir que vamos a extender el hecho de abortar a todas las situaciones y no solo a las que se contemplan hasta ahora. Esto sería una novedad, realmente. Pero en ningún momento se menciona al ser humano concebido ni su estatus de ser humano vivo ni de persona.

Como médica estudié embriología en la primera etapa de mi carrera. Recuerdo que el profesor nos dijo, cuando estábamos estudiando el embrión y la cuarta semana de desarrollo, que era lo más maravilloso que había en el universo. Todos pensamos que el ser humano era lo más maravilloso y empezamos a decir las pavadas que a veces dicen los jóvenes de 18 o 19 años. Él dijo: señores, lo más maravilloso es la célula huevo. Aclaro que no era un hombre religioso y que jamás habló de valores morales. Simplemente era un maravillado científico que nos enseñó que, de los veintitrés cromosomas aportados por el óvulo y los veintitrés del espermatozoide, a partir del momento llamado "fecundación" surgía un ser vivo; un ser vivo como era cada uno de los que estábamos ahí estudiando. No existe hoy en el universo maravilla más grande e increíble, con información genética sobre los ancestros y lo que se va a transmitir a la descendencia, que ese formato tan minúsculo.

No hablemos de formatos, de tamaños ni de tiempos. La célula huevo -lo declaro con pasión- es para mí un ser humano vivo. Como ser humano vivo tiene, en primer lugar, derecho a la dignidad y a la vida, y como médica no puedo matarlo ni justificar a mis colegas. No puedo entender que alguien considere que una matrícula médica sea una licencia para matar.

Digo esto porque creo que matan y siento pena por ellos. En la mayoría de mis colegas, son objetores de conciencia. Uno solo de ellos se negó en forma definitiva a discutir el tema conmigo porque alguna vez me reconoció que realmente estaba dudando. ¿Por qué estaba dudando? Quiero recordar a un conocido profesor de filosofía, Mario Caponnetto, quien habla de convencer a la gente de la realidad de la situación de vida de un embrión, de un feto, de una célula huevo o cigoto con criterio filosófico, refiriéndose a la filosofía de la naturaleza.

Un conocido periodista dijo hace poco que una célula huevo era un ser en potencia. Realmente aplicó muy mal la teoría aristotélica de la filosofía de la naturaleza; yo considero que es un ser vivo humano y en acto, con potencia y privado nada más que de la potencialidad que implica en el tiempo el desarrollo de su forma aguda. O sea, va a adquirir formas para las cuales es capaz y de las que está privado; nada más que eso.

La naturaleza es dinámica porque implica cambios continuos. Hay procesos naturales que son inexorables, en tanto no sean abortados en su desarrollo. Quien nos mata hoy, mata a quienes vamos a ser mañana, dado que vivimos inmersos en una naturaleza viva, en cambio y movimiento en función del tiempo. Reitero: en función del tiempo. Fuimos una célula huevo entera y viva, y ahora somos lo que somos. Yo, por ejemplo, soy una mujer de 64 años que ahora está hablándoles y espera llegar a ser una anciana si nadie la mata.

Diremos entonces que no se reconoce a un ser humano vivo en el cigoto. ¿Nos reconocemos a nosotros mismos en nuestras fotos de niños, adolescentes y, lamentablemente, de adultos jóvenes? Es la evidencia visual de los muchos "yo" que fuimos en una etapa temporal en el curso de nuestra vida.

Vivimos en un montón de realidades materiales relativas y necesitamos puntos de referencia porque el tiempo es una magnitud variable. Entonces, entendamos que nadie puede detentar el derecho de interrumpir ese proceso de vida en ningún estadio, edad o momento. Nadie es nadie; nadie puede disponer de la vida de nadie desde su concepción hasta su muerte. Toda vida es sagrada, independientemente del juicio moral que merezca esa vida. No interesa qué clase de persona sea; esa vida merece respeto. La he respetado como médica y he ayudado a que las personas vivan mejor.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene un minuto para terminar su exposición, doctora.

SRA. ABAD MONETTI El último punto es el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo.

Ni la célula huevo ni el feto ni el embrión son parte del cuerpo de la mujer. Es más, si la mujer tuviera algún tipo de intimidad mayor que la que le permite su inserción en el endometrio, lo abortaría por razones inmunológicas porque lo reconoce como un ser distinto.

De hecho, es bien sabido que, en los protocolos sobre aborto, se usan inmunoglobulinas para evitar la sensibilización de la madre ante la posibilidad de que haya incompetencia materno-fetal a nivel de la constitución sanguínea de grupo y factor RH; sobre todo de este último. Si el producto de nuestra concepción fuera un órgano nuestro, no engendraríamos hombres porque nosotras no damos el sexo; el sexo lo aporta el cromosoma "Y" del hombre. No podríamos tener hombres; tendríamos seres clonados o más o menos clonados parecidos a nosotras.

Es una tragedia que alguien disponga mal de su cuerpo. Somos libres de hacer lo que queramos, pero no de matar al producto de nuestra concepción.

Como médica puedo afirmar que nunca tuve que afrontar una situación en la cual debiera interrumpir un embarazo. Gracias a Dios pude acompañarlos con mucha felicidad, con mucha conciencia y con mucho apoyo del equipo médico, aun en casos muy dramáticos. Puedo decir que a veces, lo que induce a una mujer a abortar, es la falta de continencia adecuada y lamentablemente también nuestra carencia médica, de la cual me hago cargo. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Alejandro Williams, abogado y maestrando en Ética Biomédica.

SR. WILLIAMS Señor presidente: agradezco este espacio y reconozco a los señores diputados presentes la oportunidad de debatir. Rescato además el carácter democrático que reviste que estemos aquí reunidos.

En línea con esto, quiero proponer una perspectiva de análisis un poco diferente. No me voy a ceñir a los argumentos técnico-jurídicos porque creo que ya se ahondó en esto el día martes. Voy a proponer una perspectiva de análisis desde la disciplina del análisis de las políticas públicas.

La razón por la cual elijo este enfoque es porque me parece que tiene la virtud de poner en relación el problema, o la supuesta objetivación de un determinado problema, con la solución propuesta. Es ahí, en este descalce entre el problema percibido y la solución propuesta donde yo me quiero centrar.

Por la escasez de tiempo del que disponemos no abundaré en los argumentos respecto a la verdadera dimensión del problema derivado de la demanda de aborto porque de eso ya se habló el martes. Tampoco voy a profundizar mucho en un aspecto que, de todos modos, es relevante, como son las soluciones que se han adoptado en otros países respecto, por un lado, a la maternidad vulnerable como problemática y su impacto estadístico y, por el otro, a los impactos estadísticos disímiles que han tenido la penalización y la despenalización del aborto.

Para todo esto me remito al informe que realizamos en el Centro de Bioética, Persona y Familia, del cual participo, en el que plantemos que hay una especie de falacia ecológica, hablando en términos de razonamiento y estadísticas, a la hora de presentar el impacto que supuestamente la legalización o penalización del aborto tiene sobre la maternidad vulnerable.

Entonces, pasando más específicamente a mi tema, yo destacaba entonces la virtud de este análisis de políticas públicas de permitirme romper con el habitual enfoque jerárquico de la política y empezar a ahondar, por ejemplo, en cómo un tema ingresa en agenda, cómo se define, cómo se califica esa problemática y cómo después se vincula con una solución concreta.

En este punto hay tres factores que tienen una importancia decisiva, y para esto me remitiré a los fundamentos de los distintos proyectos que se han presentado. Todos ellos hacen referencia a los organismos internacionales: Organización de las Naciones Unidas, Organización Mundial de la Salud, etcétera. Lo curioso es que estas menciones se reiteran en los proyectos a favor de la despenalización y también en aquellos que están en contra.

Hoy va a haber una ponencia muy vinculada con la obligatoriedad o no de la legalización del aborto para nuestro país en términos de normas internacionales, así que no me voy a explayar.

Sí voy a mencionar un mecanismo de colaboración, un poco de incentivo y un poco de disuasión, que ejercen los organismos internacionales, en particular el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento y el Banco Interamericano de Desarrollo. En efecto, puedo nombrar, para que quede en la versión taquigráfica y para conocimiento de los legisladores a quienes les interese investigarlos, préstamos del Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento -números 7.412, 7.225 y 7.409- y del Banco Interamericano de Desarrollo -números 1.903 y 2.424- que incluían cláusulas de condicionamiento del financiamiento a la sanción de políticas vinculadas al aborto incluido dentro del concepto de salud reproductiva.

Otro factor decisivo a la hora de instalar en la agenda la cuestión del aborto son los medios de comunicación. Este es un modelo que se repite en otros países. En efecto, en Estados Unidos hay mucha investigación al respeto y no podemos perder de vista que en la Argentina la despenalización del aborto goza del total favor de los grandes grupos de multimedios, lo cual es un factor de influencia decisivo sobre los diputados en este contexto.

En tercer lugar, se encuentran los grupos de presión. En efecto, desde las políticas públicas se podría decir que hay una especie de neocorporativismo en el cual determinadas organizaciones se arrogan la representación de ciertos colectivos sociales, empezando por el de las mujeres, haciendo gala de la cantidad de organizaciones. Acá me remito nuevamente a los fundamentos de los proyectos que apoyan la despenalización.

Estos son tres grandes factores configuradores de cómo el problema entra en la agenda.

Por otra parte, un tema importante es la calificación. Acá nuevamente hay una ambigüedad en los fundamentos de los proyectos respecto a si el problema es la demanda de abortos o la maternidad vulnerable. Claramente, inclinarnos por una u otra respuesta nos va a llevar a soluciones diferentes.

En este sentido, como dije, no me voy a remitir a la cuestión macro de las políticas que han adoptado los países para atacar el problema de la maternidad vulnerable, sino que voy a hablar de la cuestión micro, de las investigaciones publicadas en revistas indexadas y prestigiosas sobre las razones por las cuales las mujeres abortan.

Esto me parece relevante a la hora de trazar un vínculo entre la solución propuesta -legalización del aborto irrestricto hasta el noveno mes de embarazo- y el problema o supuesto problema de la maternidad vulnerable.

Entonces, hay estadísticas de las más variadas. En países como Pakistán, por ejemplo, al preguntar a las mujeres las razones por las cuales acudían a un aborto, un 30 por ciento aludió como factor decisivo tener muchos hijos, el 27 por ciento haber fallado en los métodos de contraceptivos y un 18 por ciento se refirió al sexo del niño.

Con esto vemos que los problemas de la mortalidad materna o la maternidad vulnerable y el de la demanda de abortos están solapados. No toda la demanda de abortos responde a cuestiones de mortalidad materna. Esto se nota más cuando vemos estudios hechos en países más desarrollados como Estados Unidos, donde los argumentos de las madres para abortar en algunos casos son la carrera profesional, mantener la relación con su actual pareja, etcétera.

Según un estudio basado en 987 casos de mujeres que han abortado, cuando se les preguntó por las consecuencias positivas, el 31 por ciento dijo que no había ninguna e hicieron mención al dolor, la vergüenza o la culpa, y cuando se les preguntó por consecuencias significativas negativas, un 23 por ciento mencionó el haber quitado la vida a un ser humano.

Si tomamos estudios de países más marginales, como Túnez, el 42 por ciento de las mujeres que buscaban un aborto ya había realizado otro antes. Entonces, es aquí donde yo planteo la pregunta a los señores diputados: ¿a los cuántos abortos vamos a resolver los verdaderos problemas a las mujeres?

Acá vuelvo al vínculo entre el problema y la solución. Si decimos que el problema es la maternidad vulnerable, a los cuántos abortos -reitero- le vamos a resolver el verdadero problema a la mujer.

Podría seguir mencionando estudios de Vietnam, de Estados Unidos, etcétera, pero el tiempo es escaso.

Un estudio del Elliot Institute for Social Science Research dice que el 90 por ciento de las mujeres que abortan reportan baja de autoestima, el 50 por ciento haber caído en la adicción al alcohol y las drogas, el 66 por ciento haberse representado el suicidio y, en efecto, el 28 por ciento haberlo intentado.

Estos son estudios que los tengo aquí para quien quiera consultar posteriormente las fuentes.

Una tendencia que se está empezando a verificar en la Argentina y que se ha dado en todos los países en los cuales se ha debatido el aborto es que del discurso más radical se pasa a un discurso intermedio. Me parece importante mencionarlo, por el rumor de que una solución intermedia, que no vulnere los derechos que el tipo penal pretende defender, sería la derogación del artículo 88 del Código Penal que trata sobre el aborto autoinfligido. En el contexto del fallo "F.A.L.", que considera que cuando no está penado el aborto es un derecho, y considerando que el aborto autoinfligido puede ser con misoprostol, me parece que eso sería lo mismo que entregar todas las banderas. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora Graciela Moya, médica y doctora en ciencias biomédicas.

SRA. MOYA Señor presidente: en primer lugar, quiero agradecer el haberme dado la oportunidad de presentar mi perspectiva como profesional para que tengan más elementos que les permitan tomar una decisión más justa.

Tengo una doble formación, tanto en medicina como en bioética, y por eso puedo hablar desde la práctica en genética médica y por asistir a familias con enfermedades que pueden producir discapacidad o ser diagnosticadas desde la vida prenatal. También puedo hacerlo desde la ética médica, como formación transdisciplinar que apoya a los pacientes para que tomen la decisión más acertada para sus familias en forma libre y responsable.

Muchas veces, las familias viven situaciones que las confrontan con la toma de decisiones, no solo médicas sino también morales, donde lo central es reconocer el valor de la vida humana y que la vida del hijo no sea un accidente imprevisto, sino que surja de la responsabilidad de dos personas maduras, mediante un acto de amor y de entrega mutua por el bienestar del niño.

Reconozco el derecho de una pareja a planificar su familia y el de decidir no criar al niño, pero como médica no puedo reconocer el derecho a terminar con su vida por no haber sido prevista.

A pesar de que el inicio de una nueva vida humana tiene un claro correlato biológico, comprobado científicamente y evidenciado por las técnicas de fertilización in vitro y con las imágenes ecográficas de los equipos de más baja complejidad, continúa siendo tema de discusión.

El debate nos obliga a preguntarnos por qué es necesario definir el momento del inicio de la vida de un nuevo ser humano y el respeto que merece su dignidad.

La respuesta a esta inquietud es que existen muchos intereses, además de médicos: intereses científicos, económicos, sociales y políticos que involucran esta definición.

Sin embargo, no hay ninguna duda de que el inicio de la nueva vida humana depende de mecanismos biológicos moleculares bien comprobados, que se inician en el momento de la fusión de las membranas del óvulo y el espermatozoide. Desde ese momento comienza una cascada de eventos moleculares a nivel bioquímico y genético, independiente, autorregulada, que permite que el cigoto se desarrolle como una vida orgánica, incipiente, en forma organizada, gradual, con un orden jerárquico y coordinado, debido a un programa genético de desarrollo propio de la especie. Así, este cigoto tiene la capacidad de desarrollarse en un ser humano adulto con características propias que se encuentran inscritas en el patrimonio genético de sus células.

Los estudios genéticos prenatales demuestran indudablemente que el niño por nacer es un individuo genéticamente distinto de sus padres. Porta información genética proveniente de ambos, pero expresada con características propias que conforman una persona completa diferente de ellos, desde el mismo inicio de su vida y durante todas las etapas posteriores.

Por lo tanto, el ser humano desde su etapa embrionaria y fetal ya es un ser humano real, no en potencia. Sólo está en potencia su desarrollo pre y postnatal. El ser humano "es" persona en virtud de su naturaleza racional, no se "convierte en" persona debido al ejercicio de las funciones adultas propias, como son la autoconciencia, la capacidad de relacionarse, la sensibilidad o la racionalidad.

Sin embargo, a pesar de esta evidencia, para algunos es difícil aceptar que desde la fecundación existe el derecho a que la nueva vida humana sea respetada y promovida. Esta dificultad surge porque, si se reconociera esta obligación de proteger la vida humana desde la fecundación, se verían limitados sus intereses personales, profesionales y económicos. La protección de estos intereses se acrecienta a medida que surgen nuevas maneras de manipular la vida humana temprana en beneficio de la vida humana adulta. Ello genera una controversia entre quienes defienden el inicio de la vida desde la fecundación, y quienes retrasan ese reconocimiento a un momento posterior y arbitrario durante la gestación.

El no respeto de la vida humana sólo porque no está plenamente desarrollada y en posibilidad de ejercer todas las funciones del ser humano adulto, sienta sutilmente las bases para una doctrina peligrosa. Esa doctrina es el antihumanismo, que sólo piensa la realidad desde el punto de vista del desarrollo o de la autonomía, y no desde el respeto por la dignidad intrínseca del ser humano. Por lo tanto, otorga amplios poderes a los más fuertes para decidir sobre la vida de otros. Esta postura suscita la posibilidad de que la influencia de esta teoría invite a establecer leyes que gradúen la dignidad humana, lo que justifica eliminar a los más débiles por no estar plenamente desarrollados, ser dependientes, y no ser conscientes, autónomos o productivos.

La humanidad ya ha vivido momentos muy dolorosos cuando ha cedido a un grupo más poderoso el reconocimiento de la dignidad de cada uno de nosotros. Cuando hablamos del derecho al aborto, hablamos del derecho a elegir eliminar una vida humana frágil. La finalidad del aborto es eliminar esa vida, más allá de considerar si ese muy joven ser humano tiene o no dignidad completa. El aborto genera una política de desamparo de la mujer en situación de vulnerabilidad, y de falta de protección y contención tanto para la madre como para el niño. Sabemos que nuestro ordenamiento jurídico protege la vida humana en todas sus fases y circunstancias. También sabemos que nuestro país cuenta con todos los recursos humanos, científicos y económicos necesarios para promover ambas vidas.

Por ello, es indispensable instaurar políticas que promuevan la sexualidad responsable, que protejan a la mujer embarazada en riesgo y a su hijo, y que tengan como eje central la custodia de la vida humana desde el inicio y en todas sus circunstancias.

Queda en manos de ustedes, nuestros legisladores, la decisión de proteger ampliamente la vida de todos y cada uno de los seres humanos que sean concebidos en nuestro país. Termino con la esperanza de que ustedes van a tomar esa decisión con la más profunda responsabilidad humana. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora María del Carmen Martínez Perea, del Observatorio Internacional de Políticas Públicas y Familia.



SRA. MARTÍNEZ PEREA Señoras y señores diputados: buenas tardes.

Mi exposición es a título personal. Soy pediatra, neuróloga infantil y bioeticista. Lamento que no lo hayan dicho eso.

Voy a exponer sobre varios temas, algunos de los cuales ya han sido tocados previamente, como por el ejemplo el referido a la parte legal. Después vamos a ver la parte médica, las consideraciones bioéticas y, por último, las conclusiones.

Dentro de los aspectos normativos están los derechos humanos. Mi ponencia hablará de los derechos humanos en el embrión.

Los derechos humanos son el reconocimiento de la dignidad inalienable de los seres humanos. Los tratados internacionales con jerarquía constitucional no deben ser violados por los proyectos de ley, en especial los que se refieren al derecho a la vida.

Voy a mencionar algunos textos. Estimo que la parte normativa ustedes la manejan fluidamente, y los abogados ya han hablado al respecto.

Sabemos que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y los Estados miembros adhieren a estas declaraciones. Me refiero especialmente a las declaraciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, del Pacto de San José de Costa Rica, así como a lo contemplado en los códigos Civil y Penal de la Nación Argentina y en la Constitución Nacional.

Con respecto a las garantías y declaraciones sobre los niños, niñas y adolescentes, es importante aclarar que en ningún caso son considerados de menos, incapaces o carentes. Esas son cualidades. Por el contrario, son considerados como personas en su totalidad. Son seres humanos completos y con dignidad, poseedores de facultades y potencialidades a desarrollar, y titulares de derechos civiles que les deben ser reconocidos por el solo hecho de existir.

Entonces, con el aborto no punible, ¿a quién le quitamos esas garantías, si la ley los protege? La Convención sobre los Derechos del Niño reafirma el interés superior del niño, que implica reducir la mortalidad infantil y de la niñez, y asegurar su aplicación independientemente del sexo, color, opinión política, impedimentos físicos, lugar de nacimiento o cualquier otra condición referente al niño, a sus padres o a sus representantes. ¿El impedimento físico, el color, el sexo o cualquier otra condición, va a ser vulnerada o abolida por un capricho o interés?

Los derechos humanos también están contemplados en nuestra Constitución. El derecho a la vida existe desde el comienzo de la concepción. La máxima autoridad de nuestro país de las ciencias biológicas dice: "La existencia de la persona humana comienza desde la concepción". Esta declaración ha sido ratificada en 2010 y nunca ha sido rectificada.

También se puede destacar el Congreso Internacional de Aborto realizado en Washington, donde después de varios días de deliberación, los especialistas de las diferentes áreas llegaron a la conclusión de que no se encontraba ningún elemento objetivo para decir que no había vida desde el momento de la concepción. Eso es categórico.

En cuanto a los aspectos médicos, la medicina es sinónimo de medicamento, es decir, la sustancia que permite prevenir, aliviar o curar las enfermedades. Los médicos somos los que ponemos en práctica, en acto, esa administración. En el juramento hipocrático juramos que tenemos absoluto respeto a esta vida humana.

El Diccionario de la Real Academia Española señala que el embrión de la especie humana -el objeto de esta charla- es un ser vivo en las primeras etapas de su desarrollo, desde la fecundación hasta que adquiere las características morfológicas y estructuras principales de la especie para ser feto y luego nacer.

Por ello, estos seres humanos tan vulnerables necesitan ser defendidos, pues no pueden abastecerse solos ni luchar contra quienes los agreden.

Si actualmente se ha abolido la pena de muerte y por ley ningún país la puede volver a restituir, me pregunto qué es lo que hacemos cuando ocurre un aborto. Se trata de una persona viva desde el momento de la concepción. Si no tuviera vida, ese óvulo fecundado no podría anidarse ni seguir el programa genético que tiene; es de una individualidad única: es una persona humana irrepetible.

El inicio de la vida es irrefutable, es desde la concepción, como lo ha sido y se ha demostrado a diario en todos nosotros, con dignidad humana, que es el valor interno e insustituible que le corresponde al hombre en razón de su ser, no por ciertos rendimientos que prestan ni por otros fines distintos del mismo. Es decir, una persona no es persona porque necesite hablar, consentir o tener conciencia, como dice el utilitarista Peter Singer. Nosotros, cuando dormimos, no nos movemos, no pensamos, no razonamos y seguimos siendo personas. Es como si cualquiera de nosotros tuviera un traumatismo, una fractura, un accidente cerebrovascular o como si, frente a un padre que ha perdido la razón, dijéramos que no es persona. ¿Cuál es la diferencia, señores? ¿Que no le conocemos la voz? ¿Que no lo hemos visto? ¿Que no hemos hecho ni entablado lazos de amistad o emocionales? ¿Quiénes de ustedes no tienen esos afectos? Saben lo que es.

Entonces, con el mismo derecho que queremos quitarle la vida a este niño se la podríamos quitar a cualquier otro hijo o a cualquier otra persona, porque la única diferencia es que está detrás de la puerta.

A esta altura de la reunión, y en razón se interrumpirse el suministro eléctrico en la sala, el señor presidente invita a pasar a un breve cuarto intermedio. Luego de unos instantes:
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Agradecemos al personal de la Cámara de Diputados que trabajó para resolver el inconveniente eléctrico a la brevedad.

Continúa en el uso de la palabra la doctora Martínez Perea.

SRA. MARTÍNEZ PEREA Señor presidente: hablamos de la parte normativa, de los aspectos médicos y ahora haremos un comentario bioético donde reflexionamos sobre lo que es esta persona humana, que es el embrión, el objeto de nuestra alocución.

Partimos del concepto de que la persona, el ser humano, no tiene un valor monetario o productivo, sino que tiene un valor supremo, independientemente de sus actos o producción útil.

En este sentido, dimos el ejemplo de que cualquiera de nosotros que no tuviese la movilidad de un brazo o de una pierna, por enfermedad o por cualquier motivo -como un accidente cerebrovascular-, no por eso va a ser descartado por no tener utilidad.

Sabemos que en la historia de la humanidad hubo muchos ataques contra los débiles mentales y también contra quienes tenían discapacidad motora. Una persona hizo una comparación muy buena que quiero mencionar. Las personas no son como los animales, que cuando están cojos o no pueden dar leche o no pueden producir algo, son matados. Las personas tienen dignidad y no porque no podamos realizar actos carecemos de esa dignidad o ese derecho.

Una persona existe aun cuando no pueda realizar actos o movimientos que traduzcan todas sus expresiones, tanto en sus capacidades físicas como intelectuales.

En la actualidad, frente a los grandes avances técnico-científicos, surgen diferentes preguntas respecto a la utilidad, el costo, la manipulación y el rol de la familia y el Estado y, sobre todo, se pone en duda el derecho a la vida de la persona por nacer.

Recalco: primero es persona, un ser vivo, y el complemento temporal es el momento por nacer.

Observamos que estas preguntas se relacionan con un objeto cosa y no con una persona humana.

Si el embrión es invisible -entre comillas- para algunas personas, ¿desde cuándo y hasta cuándo tiene derechos humanos?

En la proyección observamos -disculpen, soy neuróloga infantil- el desarrollo del cerebro. Este no aparece al tercer o cuarto mes o a los catorce días; aparece en el momento de la concepción, y tan así es que a partir de los veinte o veintiún días se cierra un polo anterior y un polo posterior. Si el polo anterior no se cierra, se va a producir la hidranencefalia; si no se cierra el posterior, se produce el mielomeningocele. Quiere decir que no es que aparezca el cerebro en un momento de la vida como si cayera la hoja de un árbol en otoño; el cerebro está desde un comienzo, y así ocurre con cada uno de los órganos de nuestro cuerpo.

Esto que pueden observar aquí en el slide es la morfogénesis, una de las etapas de la fase embrionaria.

Nuestro acto médico es el que realizamos en el desempeño de nuestra profesión frente al paciente, por lo cual es necesario respetar los principios éticos: no maleficencia, beneficencia, libertad con responsabilidad, justicia y, ante todo, defensa de la vida humana.

Como conclusiones, expusimos las normas y todas apoyan el derecho a la vida. Demostramos, desde el punto de vista médico, la correlación entre el respeto a dichas normas y el accionar de la medicina, en concordancia con el juramento hipocrático.

¿Se deduce un accionar que pretende no respetar normas mundialmente reconocidas y ratificadas por nuestro país?

El aborto es una eliminación y no una interrupción de un acto. Podemos interrumpir el suministro de algo como la luz, que luego puede encenderse nuevamente, pero aquí hay una eliminación del producto, y no se elimina una cosa sino una persona.

¿Qué queremos? ¿Cambiar las leyes naturales, las ciencias biológicas, la medicina? ¿En pos de qué queremos hacerlo? ¿Para justificar una ley?

Cada uno toma sus conclusiones.

Se debe deducir que se pretende no respetar normas que están mundialmente reconocidas y ratificadas.

Se propicia anular una vida en el momento de su mayor vulnerabilidad. Si hasta al procesado se le ofrece el derecho a la duda, está sujeto a protección y demás, ¿cómo al ser más indefenso no le ponemos una tutela, una persona que pueda defenderlo? Se propicia anular una vida.

Estas imágenes que pueden observar en el slide se correlacionan con las que se producen al realizar aborto y se pierden las pequeñas partes del cuerpo de una persona que; con más o menos desarrollo, es una persona humana.

La naturaleza del hombre es lo humano. La naturaleza de esta mesa, de este atril, es la madera; la del hombre es lo humano. Aunque pintemos este objeto con algo que parezca bronce o metal -hay muy buenas características y ofertas de mercado-, seguirá siendo madera. Aunque la persona tenga el nombre de embrión, de feto, tenga defectos físicos y demás, seguirá siendo una persona humana.

Decimos que este anteproyecto de ley pretende anular la naturaleza humana del embrión y quitarle la vida, sin respetar lo amparado por la Constitución Nacional en contraposición a una de las mayores conquistas de la civilización, que es abolir la pena de muerte.

Los pueblos del mundo, señores, eligen a sus representantes con la expectativa de que respeten las leyes y los representen. Pero no es ético negar la vida a un ser humano por nacer a través de un aborto no punible.

El embrión es persona humana y tiene derechos humanos. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Miguel Schiavone, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina.

SR. SCHIAVONE Con estas breves reflexiones espero aportar verdades científicas, a las mentes abiertas a la razón; fundamentos éticos, a los que luchan por la vida priorizando a los más débiles; y, visión holística, a los que sienten el dolor de la pobreza y del sufrimiento humano.

Sin embargo, como ustedes saben, los fundamentos científico-técnicos difícilmente modifiquen la forma de pensar de los fanáticos ni la de los que se mueven por intereses meramente políticos, a pesar de lo cual intentaré que revisen críticamente sus posiciones, dentro del marco del debate impulsado por el gobierno nacional.

Abordaré el problema del aborto y la mortalidad materna en cuatro dimensiones: biológica, bioética, de salud pública y de política demográfica.

Desde la biología, no hay duda de que el huevo o cigoto recién fecundado es un ser viviente. Los filósofos y juristas podrán debatir si se lo denomina persona, pero quiero resaltar que se trata de un ser viviente que, por las características genéticas y el desarrollo embrionario que tendrá, es un ser humano. Sí, un ser humano en desarrollo. Tenemos que cambiar el eje del debate; no se trata de ponernos de acuerdo sobre el concepto de persona. Si hablamos de ser humano, nos quedará claro que ese ser viviente, débil, frágil, al que queremos eliminar, es un ser humano con todos los derechos que le corresponden.

La genética establece claramente que el óvulo recién fecundado posee la misma secuencia de ADN que tendrá el ser humano adulto, que a su vez no es igual al de la madre. El embrión entonces no es un órgano de la madre -como el hígado, el pulmón o el riñón-, aunque dependa de ella para alimentarse. La madre, generosa, le da casa y comida, pero no es un órgano de ella.

Este embrión único, singular, tiene una vida tan respetable e inviolable como la de cualquiera de todos nosotros. Sobre estas afirmaciones hay poco margen de debate; basta con recorrer publicaciones y textos de embriología y genética con los que enseñamos a los alumnos.

La otra dimensión es la de la bioética: la defensa de la vida debe extenderse desde la fecundación hasta la muerte natural. El desarrollo embrionario y el nacimiento no establecen una diferencia que trace una línea clara entre un ser humano desarrollado y uno no desarrollado. La finalidad del genoma es alcanzar el desarrollo del individuo adulto; el proceso comienza en el momento de la gestación y se extiende durante toda la vida.

Para justificar el aborto, algunos se atreven a afirmar que existe un punto en la vida en que se alcanza el desarrollo. Con este mismo razonamiento, ¿está un recién nacido desarrollado? Si aún no sabe caminar, ni leer, ni hablar.

Aplicando esta "lógica ilógica", y dado que no han desarrollado algunas de sus funciones, ¿podemos incluir a los discapacitados? ¿Son menos personas por no tener un desarrollo pleno de sus capacidades?

Las organizaciones de derechos humanos y seguramente la Justicia, que siempre protegieron a los más frágiles, deben entender lo que estamos defendiendo.

Recordemos una frase importante del pueblo inglés: "Los pueblos se diferencian según la actitud que asumen frente a las personas más débiles".

La otra dimensión es la de la salud pública. Las últimas estadísticas publicadas por el Ministerio de Salud afirman que en 2016 hubo 245 muertes maternas; de ellas, 43 fueron por aborto, pero el 80 por ciento restante fue por causas obstétricas directas e indirectas, como diabetes, hipertensión y otras enfermedades previas de la mujer, sepsis, hemorragias y otras complicaciones del embarazo y parto.

¿Quién se preocupa por estas otras 202 muertes de mujeres? Más aun, teniendo en cuenta la responsabilidad que tiene el propio Estado y su sistema de salud. Me refiero a la falta de control del embarazo, por ejemplo. Hay gente hipertensa que muere por una enfermedad previa de hipertensión, diabetes u enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Esto sucede porque no se controla el embarazo. También por falta de obstétricas, ya que no hay una política de recursos humanos en el sector de la salud. También ocurre por maternidades inseguras, por falta de sangre -como se dijo recién-, por falta de insumos, por la existencia de áreas quirúrgicas deficientes y por la incapacidad de resolver procedimientos anestésicos en un sistema de salud fragmentado, ineficiente e injusto.

Un informe de 2015 del propio Ministerio de Salud dice que el 56 por ciento de las maternidades en la Argentina son inseguras porque no cumplen con las condiciones obstétricas y neonatales esenciales establecidas por la OMS en 1986. ¿La legalización del aborto va a resolver este problema? A su vez, dice que en 2016 en la Argentina murieron 525 mujeres por deficiencias en la nutrición y anemias nutricionales. Estos son problemas que se resuelven con un medicamento muy barato que se llama comida.

El repertorio de muertes femeninas en 2016 sigue así: 233 muertes por tuberculosis, 194 por Chagas y 3 por tétanos. Por estos motivos, me asombra mucho que estemos hablando del tema del aborto, que está vinculado con una falla general del sistema de salud.

La otra falacia la constituye la afirmación de que una ley de aborto no punible reduce la mortalidad materna. Los hechos concretos demuestran que el aborto es legal en los Estados Unidos desde 1973 y, sin embargo, su tasa de mortalidad materna es de veintiséis veces más alta que la de Irlanda, en donde el aborto está prohibido. ¿Dónde está la diferencia? Los Estados Unidos poseen un sistema de salud mercantilizado con altos gastos y con sectores excluidos, sin acceso al sistema. En cambio, Irlanda tiene un sistema de salud basado en un esquema público estatal, con menor gasto y mejores indicadores sanitarios.

La OMS afirma que la mortalidad materna es una tragedia global: 585.000 mujeres en edad fértil, en plena etapa productiva y creativa de sus vidas, fallecen por año. El 99 por ciento de ellas vive en el mundo subdesarrollo, en el mundo pobre -como diríamos nosotros-, y menos del 1 por ciento habita en los países desarrollados. ¿Qué tienen en común estas mujeres que mueren en regiones con legislación dispar? Tienen en común la pobreza. Las evidencias demuestran que la pobreza es el mayor factor de riesgo de la mortalidad materna. El aborto es solamente un factor de confusión.

Siempre se asoció la mortalidad infantil con la pobreza, la exclusión social y las barreras para acceder al sistema de salud. Si las regiones con altas tasas de mortalidad infantil tienen también elevadas tasas de mortalidad materna, ¿por qué no vincular esta última al mismo factor causal?

El problema es la pobreza, en cualquiera de sus expresiones: económica, social, educacional, de salud pública y también espiritual. Las evidencias demuestran que la legalización del aborto no reduce la mortalidad materna. Seguramente va a contribuir a reducir la mortalidad infantil al seleccionar los nacimientos. Pero de lo que estamos seguros es que este debate eclipsará la discusión de fondo sobre la pobreza y sus consecuencias que, hoy por hoy, afecta al 28 por ciento de nuestra población.

Por otra parte, está la dimensión de las políticas demográficas. En las cumbres mundiales sobre población se intenta permanentemente fomentar el aborto. Este interés de los grupos de poder no es filantrópico ni inofensivo. Ellos promueven que haya menos gente para preservar los recursos no renovables del planeta. De otra manera, si crece la población mundial, el altísimo nivel de recursos que estos grupos mantienen no podrá sostenerse. Este dato no puede ser ingenuamente ignorado.

A modo de conclusión, quiero decir que defender la vida no es una cuestión religiosa, científica, política, filosófica ni de militancia. Es una cuestión de derechos humanos básica, y nacer es el primer derecho de cualquier persona. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Eleonora Pagano, licenciada en Biología y doctora en Química Biológica de la Universidad de Buenos Aires.

SRA. PAGANO Buenas tardes.

Quiero agradecer a los señores diputados por permitirme exponer mi mirada sobre este tema tan delicado. Se trata de la mirada de una científica, pero también la de una mujer y una madre.

Desde un punto de vista biológico, el debate de si el embrión está vivo o no, en pleno siglo XXI, es por lo menos curioso. Lo planteo desde la ciencia, no desde la fe, porque realmente se trata de un problema de biología básica.

Todo ser vivo proviene de otro ser vivo. Este es uno de los postulados de la teoría celular sobre la que se basa toda la ciencia biomédica moderna. Básicamente, esta teoría dice que los seres vivos están compuestos por una o más células, y que todos los seres vivos provienen de otros seres vivos. Todos escucharon alguna vez aquello de que la generación espontánea no es posible. Pasteur se encargó en su momento de demostrarlo. Los seres vivos no aparecen de la nada. A su vez, la célula es la unidad fisiológica de la vida y cada célula contiene información genética completa.

Por lo dicho, no es posible obtener vida de algo que no la tiene. Me detengo particularmente en este punto para demostrar por qué no se puede decir que la vida empieza, después de la concepción, en la semana catorce, veinte o cualquier otro momento aleatorio que se quiera elegir.

La vida del nuevo individuo formado en la concepción empieza en ese preciso momento, aunque el estado vital -es decir, de vida- le fue conferido por las dos células que le dieron origen. Si aceptáramos que la vida no empieza en la concepción, el tiempo transcurrido desde la concepción hasta ese momento equis debería ser definido como de "no vida". Es fácil ver por el absurdo que esto no es así.

Estimo que vamos a coincidir en que si un ente está vivo, es un ser. Más aún, de esto se desprende que dado que un ovocito humano es fecundado por un espermatozoide humano, el cigoto, embrión, feto o bebé resultante es también humano. Entonces, es un ser humano. ¿Cómo podría no serlo? Ya que existe, está vivo y es un ser, por fuerza es humano. ¿A alguien se le ocurriría decir que es de otra especie? No; no es de ninguna otra especie más que la humana, la misma que la de sus progenitores. Al unirse las células germinales paterna y materna, mezclan su información genética y de esto surge un nuevo ser, con un genoma enteramente propio, distinto del paterno y del materno, que lo hace único e irrepetible. Este genoma propio de este nuevo ser recién formado está contenido en cuarenta y seis cromosomas, o 2n igual a 46.

Aun las especies más parecidas al hombre, esto es, los simios antropomorfos como el chimpancé o el gorila, cuyos genomas difieren del humano apenas en un 1 o 2 por ciento, o hasta en un 6 por ciento, su 2n es igual a 48.

Además de conocer el número, la forma y el tamaño de los cromosomas -o lo que también llamamos cariotipos-, existen numerosas técnicas de biología molecular -marcadores moleculares, y demás- que permiten determinar con suficiente grado de seguridad y certeza a qué especie pertenece ese embrión, si es que todavía tenemos dudas.

Por lo tanto, el ser único formado a partir del hombre y de la mujer durante la concepción es un ser humano, y lo es desde ese mismo momento. Su genoma lo acompañará toda su vida y definirá toda su fisiología con algunas modificaciones ocasionadas por el ambiente, tanto intra como extrauterino. Esas modificaciones alteran la capacidad de expresión de los genes, pero no los genes en sí, lo que conocemos como epigenética. Más adelante voy a volver sobre este punto.

Otro punto que quisiera aclarar es que este ser humano no es una masa de células, no es un tumor. Un tumor es un conjunto de células que prolifera, que crece descontroladamente y, eventualmente, termina por dañar el tejido u órgano donde se originó e incluso otros, que es lo que conocemos como metástasis. Nada más lejos de lo que ocurre a partir de la concepción: un programa que está perfectamente establecido, ejecutado en tiempo y espacio, autorregulado con la coordinación y perfección de una orquesta en la que cada nueva división celular está maravillosamente ensamblada con la siguiente.

Así, esta primera célula resultante de la concepción va proliferando, va creciendo en número y va diferenciándose: ya no son todas células iguales.

En las filminas que estamos proyectando vemos cómo la primera se divide en dos, en cuatro, y van creciendo. Ya no son todas iguales sino que cada cual va diferenciándose y asumiendo nuevas funciones. De esta manera, van marcando primero la cabeza y en el otro extremo lo que será la cola, después lo que será adentro y afuera; otras formarán estructuras que nutrirán al embrión, la placenta y asociados, y otras al propio embrión, y dentro de éste, a cada uno de sus órganos y sistemas.

Este proceso no se detendrá nunca porque, como muchos saben, las redes neuronales siguen expandiéndose durante los primeros dos años de vida extrauterina e incluso muchos años después. También se irán adquiriendo otras numerosas funciones a lo largo del tiempo: caminar, hablar, controlar esfínteres, funciones cerebrales cada vez más complejas, y finalmente la capacidad reproductora en la adultez.

Es claro que no todos los ovocitos fecundados terminarán en un parto. Las estadísticas nos indican que la tasa de abortos espontáneos en el primer trimestre es de aproximadamente el 30 por ciento. Pero es igualmente claro que cada persona que está escuchando en este recinto hoy, primero fue un cigoto, después fue un embrión, un feto, un bebé, un adolescente, y luego un adulto.

Las circunstancias que rodean a los embarazos humanos son tantas como seres humanos existen, algunas son muy dolorosas, y es necesario y humano reconocerlas y atenderlas, pero esto no cambia el hecho de que un cigoto o bebé o un ser humano en formación es un ser humano y está vivo dentro del cuerpo de la madre, pero es distinto de ella.

El aborto no interrumpe el embarazo sino que termina con la vida del bebé. Un proceso que se interrumpe, en teoría, podría ser retomado luego en otro momento. Esto no sucede en el aborto, porque una niña o un niño mueren y esto no es reversible. Digo bien, niña o niño, porque su identidad genética la tienen desde el momento cero.

La epigenética tiene todavía mucho que enseñarnos pero hoy sabemos, gracias a numerosos estudios, que la exposición intrauterina a determinados factores, como una dieta materna inadecuada, tanto deficiente como excedida en grasas y fructosa, por ejemplo, así como la obesidad y la diabetes materna, programan al bebé en gestación. Es decir que dejan marcas en su ADN aumentando su riesgo de desarrollar de adulto una patología o enfermedad, de tipo cardiovascular o metabólica, como las mencionadas anteriormente.

Así como lo recibido durante la vida intrauterina puede condicionar nuestra vida adulta, el contacto físico afectivo del recién nacido con sus cuidadores -típicamente sus padres pero no necesariamente la biológicos- también deja marcas en su ADN.

En las filminas podemos observar un paper de 2017 de Development...

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Le pedimos que vaya terminando.

SRA. PAGANO Sí, pero es importante.

Esto es maravilloso, porque de alguna manera es como decir que el amor deja una marca física, que es invisible pero que es comprobable a nivel molecular en el ser humano.

Resumiendo: la vida del ser humano comienza con la concepción. Lo que diferencia a un cigoto de un embrión o de un adulto es solo el tiempo. Tomemos conciencia de que en el embarazo que cuidamos hoy estamos cuidando no una ni dos, sino tres generaciones de argentinos. "La vida: consideremos la alternativa". Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Lenin de Janon Quevedo, médico de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Santojanni.

SR. DE JANON QUEVEDO Señor presidente: quiero mencionar que además soy investigador del Instituto de Bioética la Universidad Católica.

Ante todo soy médico, y mi función es prevenir y evitar las muertes de las personas. Me importa la muerte de una mujer tanto como la de cincuenta, porque cada una de ellas encierra un valor como ser humano, imposible de reducir a un número y establecer comparación.

Para actuar debo diagnosticar. Ahí es cuando las estadísticas, en tanto sean objetivas y científicamente obtenidas, otorgan una impresión lo más cercana a la realidad.

En este debate se esgrimen dos argumentos de alto impacto. Uno es que en la Argentina se realizan 500.000 abortos por año y representan la primera causa de muerte de mujeres en edad fértil. El otro es que la despenalización es necesaria para reducir la mortalidad materna, citándose como ejemplo a países que despenalizaron el aborto y fueron exitosos en reducirla.

Lo que voy a comunicar es una investigación que buscó datos que avalaran estos argumentos. Para ello se revisaron estadísticas vitales y publicaciones sobre población del Ministerio de Salud de la Nación, de organismos internacionales y bibliografía conexa.

Luego de comparar y analizar los registros, se evidencia que el número 500.000 -redondeándolo- es un cálculo probabilístico elaborado a partir de datos sustituidos, vía aplicación de métodos que, ya sea sobrestiman el número de abortos inducidos a partir de los egresos hospitalarios, o elaboran proyecciones con conocimiento tangencial fundado sobre presunciones y percepciones -esto es casi citando a la autora del método, no del estudio-, en lugar de mediciones y hechos.

Estas cifras son irreales y reflejan la suma de errores y sesgos metodológicos que, al ser deliberados, dan cuenta del desapego del investigador por mantener su compromiso ético de minimizar sesgos en búsqueda de la máxima objetividad posible.

De existir 500.000 abortos, en la Argentina se estarían cometiendo 57 abortos inducidos por hora, casi un aborto por minuto; o sea, al terminar de hablar aquí habría mínimamente seis mujeres que deberían enfrentar esto, que muchas refieren como un tránsito doloroso.

En cuanto al aborto como causa de muerte, la estadística lo define como embarazo terminado en aborto, categoría que engloba más de treinta diagnósticos, de los cuales solo uno, el aborto no especificado -el famoso código O06 del CIE-, podría tratarse de un aborto inducido.

Los datos muestran con claridad que entre las causas de muerte de mujeres en edad fértil, tal como pueden ver en la diapositiva, el embarazo terminado en aborto corresponde al 0,5 por ciento del total de fallecimientos y ocupa la posición número 40.

El 80 por ciento de las mujeres en edad fértil en la Argentina mueren de tumor de mama, accidentes de tránsito, enfermedad cerebrovascular, tumor de útero, neumonía, suicidio, tumores varios, enfermedades respiratorias y VIH, por citar solamente las más importantes.

Por otro lado, entre las causas de muerte materna, el embarazo terminado en aborto ocupa la tercera posición en relación de 1 a 4,5 con respecto a las dos primeras, las directas e indirectas. Es decir, casi cinco veces más mujeres embarazadas mueren por causas directas e indirectas, que son altamente posibles de eliminar. Estas personas fallecen fundamentalmente por eventos hipertensivos, hemorragias e infecciones.

En cuanto a los países que redujeron la mortalidad materna, los números muestran que ésta disminuyó luego de eliminar causas directas e indirectas.

Loudon examinó la historia de once Estados, hoy considerados desarrollados, divididos en tres grupos, y esquematizó tres períodos: un período previo a 1900, en el que se identificó el problema, eliminaron las causas y desarrollaron cuidados obstétricos accesibles; un segundo período, entre 1900 y 1937, donde se mejoró la calidad de los cuidados y desarrollaron estudios de vigilancia, lo que es muy importante, y un tercer período, a partir de 1937, donde la mortalidad presenta un descenso vertiginoso que se mantiene hasta la actualidad.

Las cifras de los últimos veinte años de estos países que había agrupado Loudon en su estudio -la mayoría de ellos ya con aborto despenalizado- muestran una leve variación en comparación con los períodos históricos de Loudon. Dicho de otro modo, antes de 1950 el descenso de la mortalidad materna para el grupo I fue de 55 puntos promedio versus 3,25 para el período 1920-2015. El grupo II fue de 29 versus 1, y el grupo 3, de 54 versus 4.

La conclusión es obvia: cuando comenzó a despenalizarse el aborto -y entre paréntesis verán los años en que entró en vigencia el aborto despenalizado-, la mortalidad ya estaba sustancialmente reducida en estos países, desde hacía veinte años antes, como mínimo.

No estaría mal aprender un poco de la experiencia de estos países, donde aplicaron un abordaje técnico de búsqueda de datos, profesionalización y mejoras del acceso a los cuidados obstétricos, y otro político, con concienciación pública y compromiso, tanto profesional como político.

En suma, los datos estadísticos no aparecen avalar que en la Argentina existan 500.000 abortos. Tampoco avalarían que el aborto inducido sea la primera causa de muerte en mujeres en edad fértil ni tampoco de muertes maternas. La mortalidad materna no es una variable dependiente del estatus legal del aborto, descartándose la hipótesis de que se necesita despenalizarlo.

Como les decía, yo soy médico y mi función es prevenir las muertes evitables. Lo que he hecho es contarles cómo creo que podríamos evitarlas. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Máximo Fonrouge, abogado y procurador de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

SR. FONROUGE Buenos días. Además de venir aquí como abogado, vengo en mi condición de expresidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires y actual presidente de la ONG Será Justicia.

Agradezco mucho la invitación de la comisión y la paciencia de todos ustedes, a quienes les esperan maratónicas sesiones por delante.

Quiero compartir solamente algunas reflexiones, ya que en estos pocos minutos no vamos a decir nada demasiado novedoso.

En primer lugar y, como abogado, tengo que referirme al aspecto jurídico. Dentro del aspecto jurídico, creo que no hay mucho para discutir. La Academia Nacional de Derecho ha hecho un pronunciamiento muy claro respecto del artículo 75 de la Constitución, inciso 23, que refiere a la protección del niño y de la madre. Claramente dicha protección comienza en el embarazo y se extiende hasta la finalización de la enseñanza elemental.

La Argentina ha adherido a varios tratados con raigambre constitucional -la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos-, y todos ellos reconocen el derecho a la vida. Concretamente, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, conocida como el Pacto de San José de Costa Rica, dispone: "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción".

La Argentina, además, adhirió a la Convención sobre los Derechos del Niño, y con relación al artículo 1°, que refiere al derecho a la vida, nuestro país aclara -cuando adhiere- que debe interpretarse en el sentido de que se entiende por niño a todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad. Este punto está claro.

Los abogados sabemos que el primer método de interpretación de las leyes es el gramatical. Cuando la gramática es clara, no es necesario hacer otra interpretación. De manera que realmente no entiendo por qué aquí se ha hablado de una suerte de posverdad. Para mí gramaticalmente este tema no resiste mucho análisis.

Desde el punto de vista médico -como soy abogado obviamente no voy a expedirme-, creo que ya ha quedado bastante claro y que la ciencia ha probado de modo irrefutable que la vida humana está presente en el embrión, en la célula, en el cigoto.

El hombre es, en su esencia, un ser social. Ello se demuestra, entre otras cosas, porque la concepción es un acto social; íntimo, pero social. Más allá de la causa primera que explica la naturaleza social del hombre, el carácter social se demuestra por el hecho de que para concebir una nueva vida necesariamente deben intervenir dos personas. Ningún ser humano es capaz de transmitir vida por sí solo, ni siquiera por inseminación, ya que ello requiere de los gametos de otra persona de distinto sexo.

La prueba más cabal de la esencia social del hombre es que un ser humano recién nacido necesita del cuidado para sobrevivir.

Por lo tanto, si la concepción es un acto social y si la naturaleza social se demuestra plenamente en el cuidado del recién nacido, impedir su nacimiento es un acto antisocial. Si aceptamos que se admita el aborto por decisión discrecional y unilateral, ello supone admitir que la conveniencia de respetar o quitar la vida humana es una mera decisión sin otra responsabilidad. ¿Nos diferencia esto de algunos planes macabros que se han ideado antaño y que todos reprobamos? Creo que no mucho.

Desde el punto de vista lógico, no puede admitirse que un hecho social como la concepción -que por su carácter social genera obligaciones- pueda ser calificado como malo, indeseable, incómodo o meramente disponible en cuanto a la vida de la persona por nacer a partir de una decisión meramente personal, individual, en suma, antisocial.

Acá estamos discutiendo un proyecto de ley que, como dijimos antes, no tiene viabilidad, ya que una disposición constitucional la prohíbe. Los antiguos ya sabían que la persona por nacer era una persona sin necesidad de la genética y la biología molecular. En ninguna cultura se podía condenar a muerte a una mujer que esperara un hijo, al menos hasta que éste naciera.

Desde la perspectiva de los derechos humanos, y considerando un solo aspecto del derecho humano, se discute sobre los derechos de la mujer, pero acá también está el derecho de una persona que no se puede defender, el de una persona por nacer.

Paradójicamente, en el ámbito de los derechos, en los últimos años se ha avanzado muchísimo, y con justeza, en el sentido de mantener un ambiente sano, en la protección de la fauna y demás. Ahora, la pregunta es la siguiente: ¿merece más protección un árbol o un animal que una persona por nacer? Estas son las cosas que nos tenemos que preguntar.

Después está el tema de la tentación hedonista. En algunas de las exposiciones escuché que alguien sostenía que la mujer tenía derecho al disfrute sexual. La verdad, me parece un poco excesivo relativizar esto de ese modo.

¿Cuál es el remedio? El remedio es la educación; la educación es lo que permite ayudar a prevenir y que, en todo caso, se tomen las precauciones para evitar un embarazo, sin atacar al fruto del acto de la concepción.

En este sentido, existe además la obligación, claramente dispuesta en el artículo 75, inciso 23, de proteger a la mujer embarazada y al niño por nacer; en ese sentido, ya hay un proyecto en el Congreso que se viene presentando desde 2010 y que no ha sido considerado. Se trata de un proyecto de ley de protección integral de los derechos humanos de la mujer embarazada y de las niñas y los niños por nacer. Este es el secreto.

Después está el interés público comprometido. ¿Qué persigue el Estado como interés público? ¿El Estado quiere despenalizar el aborto o fomentarlo? Porque los proyectos que he leído parecen fomentarlo.

El Estado como tal tiene interés en que haya familias y procreación. Desde un punto de vista de política pública, nosotros sabemos que tenemos un problema con la base jubilatoria. A menos nacimientos, van a ser menos los que puedan mantener a otros. Entonces, hay un problema de políticas de Estado, entre otras cuestiones.

¿Cómo se podría solucionar esto? Estableciendo un sistema de adopción exprés para los casos de mujeres que no quieran tener un hijo. El Estado está obligado a cumplir con lo que dice el inciso 23 del artículo 75 de la Constitución. Esto de alguna manera sería una solución. Pasa por la educación.

El otro problema es el de la objeción de conciencia, que considero que no ha sido adecuadamente mensurado. Hay muchos sanatorios y hospitales de comunidades religiosas y obviamente no se va a poder obligar al responsable a hacer este tipo de prácticas. ¿Qué va a pasar, entonces? Van a aparecer clínicas, que me atrevo a denominar "clínicas de la muerte", que van a convertir esto en un negocio, que van a publicitar sus servicios y demás. Todo lo cual, además, va a incrementar el gasto estatal.

En salud pública tenemos necesidades ilimitadas y recursos limitados. Por ejemplo, se destina muchísimo dinero a la fertilización asistida. Quizás un procedimiento de adopción exprés, que permita adoptar un hijo en el mismo sanatorio u hospital en que está naciendo, sería una buena opción para mucha gente. ¿Por qué no nos damos esa oportunidad?

Para terminar, quisiera hacer una reflexión. Todos los presentes tenemos o hemos tenido una madre y un padre con los que estamos profundamente agradecidos porque nos alimentaron, nos educaron y nos permitieron llegar al lugar donde estamos. Lo que nunca se nos hubiera ocurrido era agradecerles por dejarnos nacer en vez de interrumpir el embarazo. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY A continuación vamos a darle la palabra a la última oradora. Luego vamos a empezar con las preguntas. Les pido a los expositores que se queden hasta el final para poder responder a las preguntas, que son muchas.

Tiene la palabra la licenciada en Ciencias Políticas María Inés Frank. Ella también es abogada y docente universitaria.

SRA. FRANK Quiero agradecer a todos por la paciencia que han tenido al seguir esta audiencia hasta el final. Debe de haber sido agotador. También les agradezco por la posibilidad que me han dado de exponer sobre este tema que nos preocupa tanto a todos.

Me voy a referir a una cuestión que siempre ha estado presente en el debate sobre la legalización del aborto y que está incluida en los fundamentos de la mayor parte de los proyectos de ley en tratamiento. Se trata del alcance que tienen las recomendaciones de los organismos internacionales de derechos humanos, particularmente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Además, voy a referirme al modo correcto de realizar la interpretación del punto 1 del artículo 4º de la Convención Americana -ya se ha citado varias veces aquí-, referido al deber de protección de toda vida humana.

En primer lugar, sostengo que sólo serían vinculantes las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en los casos en que el Estado sea parte. Esto se aplica análogamente a otros documentos y recomendaciones de organismos internacionales. Si se aplica a la Corte Interamericana, con más razón se va a aplicar a otros organismos.

El punto 1 del artículo 68 de la Convención Americana de Derechos Humanos es claro: "Los Estados partes en la Convención se comprometen a cumplir la decisión de la Corte en todo caso en que sean partes". Se entiende que, a contrario sensu, no hay compromiso de los Estados a cumplir con las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en aquellos casos en los que no han sido partes, es decir, en cuanto a la jurisprudencia legal del tribunal.

Sabemos que en los últimos años las recomendaciones en torno de la posibilidad de legalizar el aborto, no sólo en la Argentina sino en toda la región, así como otras cuestiones en las que estos organismos han pretendido establecer lineamientos, han llevado a analizar esta acuciante cuestión. El tema del carácter vinculante o no de los informes de la Comisión Interamericana y de las sentencias de la Corte Interamericana en los casos en los que el Estado no sea parte se coloca así en primer plano y puede aplicarse análogamente a la consideración del carácter de las recomendaciones de otros organismos internacionales de derechos humanos.

Los más altos tribunales judiciales de nuestros países -me refiero a los países latinoamericanos- se han hecho estas preguntas y han respondido de diversas maneras. De este modo, lo mínimo que podemos decir es que el asunto es, cuanto menos, muy discutido en la actualidad, y de ninguna manera está zanjado.

Para poner algunos ejemplos, en febrero de 2013 la Corte Suprema de Uruguay ha afirmado que "es preciso señalar, ante todo, que ninguna disposición de la Convención Americana de Derechos Humanos establece que la jurisprudencia sentada en las sentencias u opiniones consultivas de la Corte Interamericana o en los informes de la Comisión Interamericana sea obligatoria para las autoridades nacionales". Estoy citando textualmente la sentencia.

El punto 1 del artículo 68 de la Convención Americana de Derechos Humanos establece: "Los Estados partes en la Convención se comprometen a cumplir la decisión de la Corte en todo caso en que sean partes". No se refiere a la jurisprudencia, sino a la parte resolutiva de la sentencia de la Corte Interamericana.

Por ello, en la Convención Americana de Derechos Humanos -más conocida como Pacto de San José de Costa Rica- no puede encontrarse el fundamento de un deber de derecho internacional de seguir la jurisprudencia de los órganos del sistema interamericano.

La Corte Suprema uruguaya continúa diciendo: "En definitiva, si bien está fuera de toda discusión que la Corte Interamericana de Derechos Humanos es la intérprete última de la Convención Americana de Derechos Humanos -naturalmente en el ámbito de sus competencias-, tampoco puede desconocerse que la intérprete última de la Constitución de la República Oriental del Uruguay es la misma Suprema Corte de Justicia". Acabo de citar la sentencia "Dos coroneles", de febrero de 2013. Uruguay se estaría inclinando, así, por la no obligatoriedad de las sentencias de la Corte en los casos en que los Estados no sean parte.

En la Argentina, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el famoso caso "Ekmekdjian contra Sofovich", precisó que la interpretación del Pacto de San José de Costa Rica debe guiarse por la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Este criterio fue seguido en las causas "Giroldi", "Nápoli", "Felicetti" y "Alianza", así como en dos sentencias más recientes, "Mazzeo" y "Videla". En estas dos últimas la Corte Suprema de Justicia se refiere a la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como "una insoslayable pauta de interpretación".

Así, pese a que cierta doctrina interpreta que aquí se abandonó el temperamento anterior de que la jurisprudencia de la Corte Interamericana era guía, en realidad hablar de "insoslayable pauta de interpretación" es una manera -quizás más enfática pero no diversa- de considerarla una guía respecto de la inteligencia que debe otorgarse al Pacto. Esto es lo que afirma la Cámara Federal de Salta en una sentencia de 2013, que pongo a disposición de ustedes.

En el reciente caso "Fontevecchia" de 2017, la Corte Suprema de Justicia de la Nación de nuestro país ha sostenido finalmente que incluso las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no pueden convertirse en una cuarta instancia, dejando sin efecto las propias sentencias de la Corte Suprema de Justicia.

En México, una decisión del máximo tribunal mexicano señaló que los criterios de la Corte Interamericana son orientadores para todas las decisiones de los jueces mexicanos. Esta sentencia, que es de 2011, también está a disposición para quienes la quieran leer.

Basten estos ejemplos de la Argentina, México y Uruguay para probar que la cuestión no está zanjada y que, al menos en los Estados mencionados, la jurisprudencia del más alto nivel parece inclinarse por darle un gran peso moral a las recomendaciones de la Comisión y a las sentencias de la Corte, pero no un valor vinculante, mucho menos cuando el Estado no es parte.

El segundo tema -y con esto voy concluyendo- tiene que ver con la interpretación del punto 1 del artículo 4º del Pacto de San José de Costa Rica. Podríamos preguntamos qué pasa cuando el organismo encargado de interpretar un tratado emite opiniones contrarias a la letra misma de ese tratado. Puede ser que un tratado sea algo vivo, pero esa vitalidad no debería llevarlo a expresar exactamente lo contrario de lo que se quería expresar cuando fue ratificado por nuestros Estados.

¿Qué pasa cuando las mencionadas recomendaciones controvierten y contradicen el orden público interno de un país, el cual no estaba contradicho a la hora de ratificar el tratado y, justamente por eso, pudo ser ratificado?

El caso emblemático aquí es la interpretación del famoso punto 1 del artículo 4º del Pacto de San José de Costa Rica, que afirma: "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción".

Sin embargo, no siempre se recuerda que el artículo 31 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados nos da las pautas generales para la interpretación de un tratado. Este artículo dice así: "Un tratado deberá interpretarse de buena fe, conforme al sentido corriente que haya de atribuirse a los términos del tratado, en el contexto de éstos y teniendo en cuenta su objeto y su fin".

Ese artículo 31 de la Convención de Viena sigue puntualizando que se dará a un término un sentido especial si consta que tal fue la intención de las partes. No hay más que acudir a los trabajos preparatorios de la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica para aclarar la intención de las partes al definir la redacción de este artículo 4.1 de la Convención.

Lo cierto es que esta cláusula -"en general"- se introdujo en medio de la disconformidad de la mayor parte de los países, quienes pretendían que se eliminara o bien que la definición del inicio de la personalidad fuera dejada a cargo del derecho interno de cada Estado.

Hay que ver los parágrafos 208, 212, 215 y otros para conocer las observaciones que al respecto hicieron los delegados de países como República Dominicana, Uruguay, Brasil, Ecuador, Venezuela, México y Costa Rica, entre otros.

Está claro que la voluntad de los países y el espíritu del artículo 4.1 fue defender la vida en todos los casos, desde el primer momento de la concepción.

Obviamente reconocemos que nuestros países enfrentan serias desigualdades que conciernen a derechos básicos y fundamentales, especialmente por la persistencia de graves situaciones de pobreza y marginación. En tal contexto, el problema de la mortalidad materna es particularmente crítico en algunas regiones de América Latina y de la Argentina.

En consecuencia, es lógico que estas situaciones llamen la atención de los organismos internacionales de derechos humanos. Sin embargo, la respuesta de estos organismos parece desproporcionada en su injerencia en los sistemas de valores y culturas de los países al poner el énfasis en una estrategia unilateralmente focalizada en el problema del aborto.

Esto no solo es cuestionable en sí mismo para solucionar la mortalidad materna -el caso de Chile y su exitosa política pública de reducción es un ejemplo-, sino que además impone una agenda que supone quebrar un principio básico y fundante de la convivencia como el que señala que el derecho a la vida es inviolable. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Muchas gracias a todos. Hemos finalizado con las exposiciones del día de hoy. Quiero agradecer a todos los expositores, porque tanto a la mañana como por la tarde hemos tenido exposiciones brillantes. Creo que han sido muy útiles para todos los diputados.

A continuación comenzamos con las preguntas.

La primera de ellas es del diputado Maquieyra para el doctor de Janon Quevedo y dice así: ¿cómo se pueden disminuir las muertes maternas sin despenalizar el aborto? ¿Hay datos de otros países que lo hayan logrado?

SR. DE JANON QUEVEDO El tema es que la despenalización del aborto y la mortalidad materna son dos cosas que van por su lado. No está dependiente una de la otra. La mortalidad materna en el mundo se está reduciendo; en la Argentina ha bajado y en el resto del mundo también. En muy pocos países está subiendo.

Lo que nosotros podemos hacer es estudiar lo que ha sucedido en otros países. Por ejemplo, un país que tenía el aborto despenalizado desde hace muchos años, como Polonia, que en algún momento alguien lo citó, ha tenido idas y vueltas con las liberalizaciones y las restricciones.

Entonces, uno puede darse cuenta de que la tasa de mortalidad de Polonia ha bajado de 17 muertes de mujeres por 100.000 nacidos vivos a 3, que es la mortalidad actual. Sin embargo, el número de abortos ha bajado de 10,8 a 0,04 y después subió nuevamente. O sea que cursan curvas completamente distintas. No tiene nada que ver lo uno con lo otro. Está completamente demostrado que no son variables dependientes.

Tenemos que hacer una diferenciación respecto de que puede haber algún tipo de correlación pero la correlatividad no es causalidad. Hay que ser concretos en las estadísticas.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY A continuación leeré una pregunta de la diputada Lospennato para el doctor Córdoba.

Dice así: "Su interpretación del artículo 4° de la Convención Americana contradice lo dicho por la Corte Interamericana -órgano de interpretación de la Convención- en el caso Artavia Murillo. ¿Usted está consciente de que la misma interpretación que sostuvo aquí fue sostenida por la Sala Constitucional de Costa Rica y llevó a la condena a ese país en el ámbito interamericano?

SR. CÓRDOBA Por supuesto que estoy consciente de todas las relaciones jurídicas que se han dado respecto de cada una de las cosas sobre las que emití opinión.

Conozco la fuerza vinculante de cada uno de los pronunciamientos de los tribunales que han actuado y conozco la fuerza vinculante de las decisiones de la República Argentina, que a través del ejercicio democrático de un gobierno republicano con división tripartita de poderes y distribución federal de las jurisdicciones sostiene la soberanía sobre las decisiones de sus órganos.

Aquello en que la República no ha sido parte no lo alcanza como doctrina vinculante. La República Argentina es soberana respecto a esto y no ha cedido esa soberanía, no la ha entregado y seguramente no la entregará, porque la entrega de la soberanía no responde a la naturaleza del ser argentino.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY La siguiente pregunta es de la diputada Campagnoli para el rabino, doctor Szlajen. Dice así: "¿Está de acuerdo con que una mujer vaya presa por aborto? ¿Existiría un derecho a abortar?"

SR. SZLAJEN En principio, y tal como lo dije en mi exposición, hay una diferencia entre la despenalización y la legalización, inclusive en términos bíblicos, que se reproduce en el derecho positivo.

Incluso existe una categoría que tiene su propia especificación en hebreo, que se llama patur abal asur, es decir que está prohibido pero está exento de pena jurídica. Eso no quiere decir que esté permitido. La diferencia es que si yo lo legalizo, la legalización implica el amparo y la garantía del Estado en la comisión de ese acto.

En cambio, la despenalización no destruye la categoría prohibitiva diciendo que está prohibido pero en caso de que se cometa esa acción, se establecerá mediante el juez las condiciones particulares de ese determinado caso para ver cuáles fueron las intenciones, el contexto, las causas y los motivos. De la misma forma ocurre con el latrocinio, cuando es robo por cuestiones famélicas, para comer. Es decir, el robo está prohibido pero si se demuestra que robó por cuestiones famélicas no estará penalizado.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Voy a leer una pregunta de la señora diputada del Pla para la doctora Monetti. Dice así: "Usted dijo que en el Hospital Méndez todos los médicos son objetores de conciencia. ¿Cómo se le garantiza a una paciente del hospital su derecho al aborto no punible?"

SRA. MONETTI No; o me expresé mal o se interpretó mal lo que dije. No son todos objetores sino la grandísima mayoría. En el servicio de Ginecología son todos objetores pero hay un obstetra que no lo es.

De todas formas, no se presenta la cuestión materialmente porque en el Sanatorio Julio Méndez no tenemos maternidad. Las mujeres embarazadas son evaluadas, seguidas clínicamente, existe una sección especial de atención a la mujer embarazada para prevención de las enfermedades para el tratamiento y seguimiento de la madre, para patologías concomitantes y como vínculo con los centros a los cuales se deriva a las embarazadas.

Por una cuestión económica, hace ya entre 12 y 15 años, se definió que la tasa de nacimiento de la población municipal no justificaba seguir manteniendo una maternidad, dos obstétricas, un obstetra, una neonatóloga de guardia y un servicio de neonatología. Por cierto, el servicio era muy bueno cuando se desarmó, pero a veces los criterios de distribución de los recursos genuinos de los aportantes determinan políticas que a uno podría no gustarle. Estamos analizando nuevamente la posibilidad de tener nuevamente maternidad. De todas formas, reitero que hay un médico que no es objetor.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY La siguiente pregunta es del diputado Goicoechea para la doctora Pagano. Dice así: "¿Podría repetir el tiempo gestacional en el que se inicia la neurulación y qué simultaneidad tiene con la formación del tubo cardíaco?"

SRA. PAGANO Yo no hablé de la formación del tubo neural. Creo que la pregunta está dirigida a otra persona.

SR. AMADEO Hizo un comentario sobre la posibilidad de la hidrocefalia.

SRA. PAGANO No fui yo. Fue la doctora Martínez Perea.

SRA. MARTÍNEZ PEREA El sistema nervioso comienza a formarse -de acuerdo a la segmentación- en los primeros días; se trata de la notocorda, y es la parte que lo va a proteger. Por eso todo el cerebro está dentro del cráneo. La médula espinal está en el eje, que es la columna vertebral.

Alrededor de los veintiún días se comienza a cerrar el neuroporo posterior y el neuroporo anterior. Las alteraciones producirán la hidroanencefalia arriba, en la parte anterior, y el mielomeningocele, en la parte posterior.

Esta es una de las formas. En la fase embrionaria tenemos tres etapas. Es una de las etapas en la que se realiza la formación. En el slide pueden observar las diferentes formas del cerebro y cómo va evolucionando hasta llegar a un cerebro adulto.

Esto demuestra que está presente desde los primeros estadios y que, cuando se detiene por equis circunstancia, quedan malformaciones, por ejemplo en los ojos, que pueden quedar separados de la línea media, o la parte del iris, que puede quedar abierta y aparecer como los ojos de un gato.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Muchas gracias.

Tengo una pregunta para la doctora María Moscoso, de la diputada Teresita Villavicencio: "La anécdota que usted contó -al margen de que podamos debatir si existió coacción de su parte para que esa mujer cambiara de opinión cuando ya había decidido abortar- parece confundir la diferencia entre libertad de abortar y obligación de abortar. Si usted verdaderamente cree que esa mujer decidió libremente dar a luz, no debería preocuparle la legalización del aborto. Al contrario, debería celebrarlo, porque es el resultado de su autonomía y no de un dilema entre cometer un crimen y poner en riesgo su salud o ser madre contra su voluntad. El proyecto de despenalización y/o legalización del aborto no implica obligar a nadie a abortar si no quiere. ¿Está usted sugiriendo que la penalización del aborto ayuda a las mujeres a decidir con más libertad que su legalización? ¿O está en realidad encubriendo la maternidad forzada?"

SRA. MOSCOSO Creo que hay una aclaración que puede llegar a ser útil en este caso. El deseo no es determinante de la existencia de derechos ni mucho menos de la realidad objetiva de la existencia de una nueva persona cuando una mujer se encuentra en una maternidad inesperada.

Por supuesto que no hubo coacción; en realidad, hubo acompañamiento. Lo que creo es que en cualquiera de los casos la oferta de aborto es una oferta de presión, y cuando hablamos de libertad yo expresé claramente que hablaba de dos formas de vivir la soledad, una soledad objetiva y una soledad subjetiva.

Lo mismo pasa con la libertad. Hay libertades que están limitadas por las condiciones en las que se dan las decisiones o las circunstancias de una maternidad inesperada.

Creo que en todos los casos la maternidad inesperada tiene que ver con la ubicación objetiva de que ya existe un nuevo ser humano en una mujer concreta.

El deseo no puede alcanzar. Yo hablé de maternidad inesperada y no de embarazos no deseados, ya que los deseos no alcanzan para determinar los embarazos ni mucho menos para terminarlos. Justamente, conocemos numerosísimas mujeres que desean fervientemente tener un hijo y no lo consiguen, porque el deseo no alcanza.

Por eso creo que hablar de embarazos no deseados es un error y nos conduce a la mentira. Tenemos que hablar de maternidad inesperada y, la maternidad, considerada como un hecho, tiene que ser contenida. Por eso ni encubro, ni favorezco, ni mucho menos presiono una maternidad forzada; al reconocer que hay una maternidad, nuestra obligación es acompañarla.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Para la doctora Monetti, de la diputada Mayra Mendoza: "Como profesional de la salud, ¿qué haría usted si debe atender a una mujer con discapacidad que ha sido violada y pide interrumpir su embarazo?"

SRA. MONETTI Soy cardióloga, pero creo que he expresado más o menos genéricamente mi formación personal, mi voluntad personal y mi pensamiento ético.

En ninguna condición autorizo el aborto. Acompaño en la decisión de tener al hijo, y ofrezco el acompañamiento. Lo digo honestamente, como lo he dicho, en embarazos de cierto riesgo, algunos muy grandes, incluso en el caso de pacientes oncológicas con cánceres recidivados. Soy extremadamente honesta. Ofrezco el acompañamiento, que me involucra a mí personalmente hasta el mismo parto. He dejado de hacer cosas personales y rendir exámenes para acompañar en el parto a pacientes difíciles. Saben que pueden contar conmigo.

Esto no quiere decir que alguna no haya abortado. En un caso muy lamentable, una persona poco expresiva, sin formación religiosa ni moral, concurrió a mí a hacer una consulta por una cardiopatía concreta que no implicaba riesgo de embarazo, y todas las condiciones anunciaban que podía llevar a cabo concretamente su embarazo a término, sin riesgo ni para ella ni para el producto de su gestación. La cuestión es que la mujer, presionada por su esposo, abortó. Lo más horrible para mí fue que ella me lo vino a comunicar llorando a gritos, y me pedía perdón. Me costó muchísimo poder encarrilarla a un estado emocional más o menos razonable. Nunca la presioné. De buen modo le ofrecí ayuda y le dije que no se asustara.

Todos tenemos subjetividades. Uno presume que la mujer que recurre a uno tiene una necesidad emocional y necesita apoyo. Siempre he estado dispuesta a ayudar. No las he presionado nunca. Me he ofrecido.

En ningún caso y bajo ninguna condición -sea la mujer incapaz de decidir, menor o una persona violada- yo estaría a favor del aborto. No puedo admitir la muerte de un ser vivo. No lo puedo admitir de ninguna manera. Acompañaré la circunstancia lo mejor que pueda, como médica; veré si se entrega en adopción a la criatura o qué es lo que se hace con ella.

Tengo testimonios de madres que han dado a luz a criaturas con defectos graves, retardos de crecimiento, que antes de que nacieran sabían que podían morir tempranamente o iban a tener una vida condenada a dependencias de ellas mismas, su esposo u hermanos. Los han aceptado con mucho cariño, han convivido bien, y esa situación ha favorecido la unión familiar, la resistencia de la familia en todo sentido, y se han sentido enriquecidos. Es más, los he tenido que asistir también en el momento en el que han muerto esas criaturas o esos seres de 35 o 40 años, esas personas que amaban nada más y eran receptoras de cariño; no eran capaces de generar capital. Y dieron sentido al amor que les pudieron dar en la familia.

Nunca se justifica un aborto. Nunca, jamás. Hay que salir en ayuda de la gente. La mujer que quiere abortar es una mujer dolorida, angustiada, necesitada y presionada, también muchas veces abandonada.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Una pregunta para el doctor Lenin de Janon Quevedo, del diputado Schlereth: "Dado que su ponencia se basó en la transmisión de datos estadísticos, ¿qué opinión le merece la cifra de 500 mil abortos anuales en la Argentina, el método para inferir dicha cifra y las conclusiones que de esa cifra se infieren?"

SR. DE JANON QUEVEDO Creo que expliqué el método. Me parece que está claro que ese es un número que no existe; es un número apócrifo.

El método no es bueno, sobreestima los abortos inducidos a partir de los egresos hospitalarios y elabora proyecciones de acuerdo a conocimientos tangenciales. Incluso cito las palabras de Susheela Singh, la creadora del método, quien sostiene que en Latinoamérica el método se fundamenta en que las opiniones de quienes manifiestan su posición están basadas en presunciones y percepciones en lugar de en mediciones y hechos. Por esa razón las cifras no reflejan la realidad, además de tener muchísimas objeciones desde el punto de vista ética porque los investigadores no se han esmerado en minimizar los sesgos y los errores para tratar de ser lo más objetivos posible.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Donda Pérez para el doctor Fonrouge, que dice así: "Si lo que busca este proyecto es una suerte de genocidio, ¿los Estados de Inglaterra, Canadá, España e Italia son genocidas?".

El señor Fonrouge se retiró, de manera que pasamos a otra pregunta.

Tengo una pregunta de la diputada Brenda Austin para María Inés Frank. Dice así: "De su intervención se desprende que los tratados de derechos humanos no obligan a la Argentina a penalizar el aborto, como sostienen algunos colegas, o más bien que la legalización del aborto en la Argentina no violaría los tratados de derechos humanos, ya que sus textos y fallos así lo dicen. Dejando de lado las recomendaciones de los comités que monitorean los tratados que piden a la Argentina la despenalización, ¿usted cree que es una decisión del Estado hacerlo o no? De hacerlo, ¿no sería inconstitucional? Asimismo, ¿cómo explica que países con abortos legalizados sean firmantes del Pacto de San José de Costa Rica? ¿No reconoce que la expresión "en general" fue justamente para incluirlos?

SRA. FRANK La pregunta tiene varias partes.

En principio, sostengo que los tratados de derechos humanos no obligan de ninguna manera a la Argentina a legalizar el aborto. Justamente, la misma reserva o declaración interpretativa de la Argentina con respecto a la Convención sobre los Derechos del Niño es clarísima. La Argentina no quiso nunca interpretar esto de modo que se violente la vida de la persona por nacer. Por supuesto que sostengo esto, así como también es claro el Pacto de San José de Costa Rica.

En relación con la inconstitucionalidad de la legalización del aborto, pienso que, dado que esto está en el bloque de constitucionalidad, legalizar el aborto significaría incurrir en una clara inconstitucionalidad en la Argentina. Además, requeriría una reforma constitucional o una denuncia de los tratados. Al menos esa es mi opinión.

En cuanto a la pregunta que se refiere a los Estados que han legalizado el aborto y son firmantes del Pacto de San José de Costa Rica, justamente la cláusula "en general" se adoptó porque no todos los países estaban de acuerdo en obligarse a no legalizar el aborto, pero la gran mayoría de los Estados latinoamericanos sí. O sea que la interpretación mayoritaria del punto 1 del artículo 4º del Pacto de San José de Costa Rica, por parte de los Estados de la región, incluyendo a la Argentina, era que no querían obligarse a legalizar el aborto. Hay que ir al origen de estas normas para saber cuál fue el espíritu de ese momento.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Cornelia Schmidt Liermann para María Moscoso. Dice así: "Mucho se habló acerca de la colisión de derechos. ¿Es posible que los jueces en sus sentencias encuentren formas de armonización de los derechos para que ninguno elimine a otro?"

SRA. MOSCOSO Yo creo que es la tarea de los jueces. La interpretación de la ley siempre estuvo a cargo del Poder Judicial, y sigue conservándose así. También tiene que ver con el sistema de constitucionalidad que tiene nuestro país, que sigue siendo difuso. Tendrá que expedirse en cada caso concreto.

De todas maneras, cuando hay colisión de derechos tiene que primar el interés superior del niño, consagrado en la Convención Internacional del Derechos del Niño, que además tiene jerarquía constitucional e integra este bloque de constitucionalidad.

De todas maneras, la discusión tiene que ver con la priorización del derecho a la vida como derecho fundamental para la realización de cualquier otro. En tal sentido, nunca podría colisionar la posibilidad de una disposición a un deseo o intención por parte de la madre respecto de un proyecto que aparece trunco en la maternidad inesperada. Esto tiene que ver con prioridades que son insoslayables.

Por otro lado, al momento de hablar de colisión de derechos pareciera que se está pensando en que la maternidad inesperada tiene la única salida en el aborto, y lo que decimos es exactamente lo contrario: que siempre está la posibilidad de que ese problema que rodea al aborto sea atendido de un modo muchísimo más integral, que nos posicione en una mejor realidad social.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada González Seligra para el doctor Esteban de Erquiaga. Dice así: "Toda su exposición estuvo dedicada a los supuestos trastornos post-aborto. ¿Qué opinión le merecen las terribles consecuencias y trastornos que debió padecer la joven tucumana Belén, quien tras sufrir un aborto espontáneo fue condenada injustamente a veintinueve meses de cárcel, como demostró su posterior absolución?".

SR. DE ERQUIAGA No conozco el caso, así que no puedo opinar. Al no conocer los pormenores, no me parece bien emitir una opinión sobre el particular. Lo lamento.



SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY A continuación, voy a leer una pregunta de la diputada Carla Carrizo para el doctor Eduardo Menem. El doctor Menen no se encuentra presente, pero la vamos a leer igual. Dice así: "Ninguno de los países que legalizó el aborto renunció a la Convención de los Derechos del Niño. No lo hizo Uruguay, Italia, Francia ni México, y la lista sigue. Esto es así porque precisamente aceptan las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño, que es la autoridad de aplicación de la Convención, y que ha recomendado a la Argentina cumplir con el derecho de acceso al aborto. ¿Por qué cree que la Argentina no debería seguir ese camino de cumplimiento?".

Le transmitiremos la pregunta al doctor Menem.

Nos quedan cinco minutos para leer algunas preguntas más.

Tengo una pregunta de la diputada Donda Pérez para la señora Camila Duro. Dice así: "El misoprostol está en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud desde 2005. Esta lista se hace teniendo en cuenta la seguridad y la relación costo-efectividad. ¿Podría indicar en qué se basan sus cuestionamientos en relación con la seguridad de esta droga para la interrupción del embarazo?".

SRA. DURO Sí, por supuesto. En primer lugar, son los mismos laboratorios los que están hablando de los trastornos que trae esa droga. Los mismos prospectos están consagrando esas complicaciones posibles.

Por otro lado, están las academias. Los países se fueron pronunciando en contra de la droga. De hecho, en las sociedades donde está legalizado el aborto, las mujeres no la eligen como método porque ya saben de su procedimiento doloroso y de los graves trastornos que trae después.

Por último, quisiera decir algo que en mi intervención no pude incluir porque me faltó tiempo. Según la Sociedad Argentina de Cardiología, muere una de cada tres mujeres por reacciones cardiovasculares, en su gran mayoría sin diagnosticar. A su vez, el Ministerio de Salud informa que una de cada diez mujeres en nuestro país padece de diabetes. Eso quiere decir que tenemos una gran tasa de personas sin diagnóstico y que son probables víctimas de este medicamento. Justamente, está totalmente contraindicado por los laboratorios para personas con estas patologías previas.

Es decir que en nuestro caso estamos ante una bomba de tiempo, sin contar que la muerte de Keyla Jones fue por un aborto hecho con misoprostol y que además existen diferentes calidades de esa droga. La calidad que se usa en los Estados donde está legalizado el aborto -llamémosles gratuitos, o mejor dicho, pagados por los impuestos de los ciudadanos- es la más barata. Y los medicamentos más baratos tienen más contraindicaciones que los más caros.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Voy a leer una pregunta de la diputada Mayra Mendoza para el doctor Pedro Martínez. Dice así: "Con respecto a las imágenes de la intervención, ¿se trataba de un aborto no punible o clandestino? ¿De dónde obtuvo esas imágenes? ¿Puede dar fe de las condiciones y de la cantidad de semanas? ¿Quiénes son los médicos responsables de esa intervención? Nos parece necesario que sean vistas por otros profesionales para que puedan opinar sobre la práctica que se está efectuando, las condiciones y la cantidad de semanas".

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY El doctor Martínez se retiró.

Tengo otra pregunta de la diputada Carla Carrizo para Camila Duro. Dice así: "Es interesante que usted haya traído el caso de Polonia como ejemplo de país que garantiza el derecho a la salud de las mujeres. Tal vez no esté familiarizada con el caso "Tysiac contra Polonia", decidido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2007. Allí, a una mujer que acusaba su tercer embarazo y que padecía severa miopía, le diagnosticaron que continuar con el embarazo podía causarle daños irreversibles en su visión. No obstante, el aborto terapéutico le fue denegado, y al poco tiempo de dar a luz quedó ciega. El Tribunal Europeo estimó que Polonia violó el derecho a la autonomía de la mujer y debió resarcirla con 25.000 euros en concepto de daños y 14.000 en concepto de gastos. ¿De qué forma la penalización del aborto en Polonia es beneficiosa para las mujeres?".

SRA. DURO En primer lugar, no conozco el caso concreto, pero creo que en la misma pregunta está la respuesta. Si el Estado tuvo que resarcir fue porque su norma dice que en los casos donde hay un riesgo grave para la salud de la mujer el aborto está permitido. Entonces, en el caso que usted menciona no se aplicó correctamente la ley. Por eso el Estado tuvo que pagar una indemnización. Me parece que no aplica la pregunta a lo que yo pueda responder.

SR. SCHIAVONE La carrera tiene una estructura organizacional donde tenemos un eje biomédico, un eje de salud pública y un eje bioético. Todos los años de la carrera tienen alguna materia vinculada con la bioética. De hecho, una de ellas es la bioética al inicio de la vida. En ese caso, enseñamos fuertemente este compromiso que el alumno debe tener hacia el respeto de la vida humana. Esto está presente en todo el ciclo de la formación académica del alumno.

SR. JANON QUEVEDO No me referí al respecto. Hablé de estadísticas. No hablé de la condición de persona o no del embrión.