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LEGISLACION PENAL

Comisión Permanente

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Reunión del día 17/04/2018

- IVE

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los diecisiete días del mes de abril de 2018, a la hora 14 y 42:
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Como presidente de la Comisión de Legislación General, les doy la bienvenida a la presente reunión informativa, cuyo objeto es tratar el proyecto de ley sobre despenalización del aborto.

Agradezco a las señoras presidentas de las otras comisiones que también componen este plenario. Me refiero a la diputada Carmen Polledo, presidenta de la Comisión de Acción Social y Salud Pública; a la diputada Silvia Alejandra Martínez, presidenta de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, y a la diputada María Gabriela Burgos, presidenta de la Comisión de Legislación Penal.

Quiero agradecer también a los señores diputados y por supuesto, sobre todo, a los expositores que hoy han concurrido, tanto a quienes lo hicieron por la mañana como a los que se hicieron presentes esta tarde.

Reitero que, conforme a la metodología de trabajo que se ha acordado, cado expositor cuenta con 7 minutos para hacer uso de la palabra. Un minuto antes de que finalice su término se les avisará para que redondeen su exposición.

Una vez que hayamos escuchado todas las exposiciones, los diputados podrán formular preguntas por escrito a fin de que sean respondidas, razón por la cual solicitamos a todos los expositores que dentro de lo posible permanezcan en la sala para poder contestarlas.

Asimismo, quiero comunicarles que no se permitirán alusiones personales sobre exposiciones anteriores, y que solamente podrán exponer quienes hayan sido anotados a tal efecto. Si al momento de nombrar a un expositor otra persona quiere hablar en su lugar, no le será permitido. Es estrictamente la persona acreditada quien podrá realizar la ponencia.

También quisiera hacer una aclaración. A medida que voy presentando a cada orador, si hubiere algún error en cuanto a sus profesiones o antecedentes, les pido que al llegar al estrado aclaren esa situación.

Para comenzar, y respetando el tiempo a fin de cumplir con el objetivo que nos hemos fijado -ya que tenemos anotados en la lista veintiún oradores-, daremos la palabra al primer expositor.

Tiene la palabra la doctora Analía Mas, abogada de la Federación Argentina LGBT y de la Coalición Argentina por un Estado Laico.

SRA. MAS Buenas tardes. Como varios de los expositores que me precedieron esta mañana, soy abogada, egresada de la Pontificia Universidad Católica Argentina, y vengo a exponer en representación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, de la Federación Argentina LGBT y de la Coalición Argentina por un Estado Laico.

Precisamente, hoy vengo a hablar de laicismo, porque en estos días se planteó si el aborto es una cuestión de moral o si es una cuestión de derecho. Quienes se oponen a este proyecto confunden moral y derecho, y pretenden que aquellos comportamientos que la Iglesia Católica considera como inmorales o pecaminosos sean tratados como delitos por parte del Estado.

Del otro lado, estamos quienes consideramos que el Estado Laico es el único que permite la convivencia pacífica entre quienes tienen distintos planes de vida y diferentes opiniones. El Estado jamás debe imponer una moral determinada a toda la ciudadanía. El Derecho no es el brazo armado de ninguna moral religiosa.

En cuanto a la ciencia, hay quienes se oponen a este proyecto pretendiendo hacer decir a la ciencia lo que esta no dice. Si en pleno siglo XXI no hay acuerdo en la comunidad científica sobre cuándo comienza la persona humana, es simplemente porque es incomprobable empíricamente. Es el Derecho el que lo determina a través de convenciones.

Si la solución entonces no la tiene la ciencia, quienes se oponen al aborto legal lo hacen desde sus creencias, que no pueden ser impuestas a quienes sostienen otras creencias o ninguna, ya sean budistas, judíos, protestantes, ateos o agnósticos, a pesar de que todas y todos paguemos con nuestros impuestos subsidios millonarios a la Iglesia.

El posicionamiento de la Iglesia Católica y gran parte de las evangélicas contra todo avance en materia de derechos de género y diversidad sexual es claro y conocido; es responsabilidad del Estado tomar distancia de las posturas clericales al definir sus políticas públicas.

Por eso nos preocupa mucho que, al mismo tiempo que se abrió este debate, comenzara a discutirse el proyecto del Poder Ejecutivo nacional sobre libertad religiosa.

Tal como dijo aquí Claudia Piñeiro, nos roban las palabras, porque ese proyecto poco tiene que ver con la libertad, dado que refuerza la injerencia de las religiones sobre nuestros cuerpos y pone en riesgo el proyecto que estamos tratando, así como la subsistencia de la Argentina como un Estado laico.

El artículo 7° del proyecto prevé la objeción de conciencia tanto individual como institucional sobre la base de convicciones religiosas y morales, y cita como ejemplo, precisamente, el "cumplimiento de tareas profesionales en el ámbito sanitario".

De sancionarse esta norma, un establecimiento educativo podría enseñar la teoría creacionista, negarse a enseñar los contenidos de la Ley de Educación Sexual Integral, negarse a recibir niños o niñas trans, o negarles el ingreso a hijos o hijas de dos personas del mismo sexo.

En el ámbito de la salud, los médicos y médicas en forma individual, o un centro de salud entero, podrían ampararse en la objeción de conciencia para negarse a brindar prestaciones tales como la provisión de anticonceptivos -incluso de emergencia-, las técnicas de reproducción humana asistida, la interrupción legal del embarazo o la operación de ligaduras tubarias, así como también podrían negarse a casar a dos personas del mismo sexo o a realizar el cambio registral de una persona trans.

El artículo 8º del proyecto dispone que los empleadores, tanto estatales como privados, deben adecuar las actividades a las prácticas religiosas de los trabajadores. Esta disposición implica lisa y llanamente modificar el paradigma de la neutralidad del Estado en materia religiosa, ya que admite que se impongan dogmas religiosos a toda la ciudadanía.

La objeción de conciencia, aun la individual, de ser una defensa del individuo frente al Estado pasa a ser un privilegio de los funcionarios públicos para negarse a cumplir con las tareas para las cuales fueron contratados. Esto no es objeción de conciencia: es un delito; es violencia institucional, es abuso de poder, tortura e incumplimiento de los deberes de funcionario público. En este sentido, nos oponemos tajantemente a la objeción de conciencia institucional.

Es increíble haber escuchado en este recinto a médicos que nos amenazaron a las mujeres con negarnos su atención ya que todo el servicio se declararía objetor.

¿No es acaso apología de la sedición? ¿Cómo llegamos a un punto en que las personas jurídicas, sus techos, sus paredes, tengan conciencia y puedan elegir, pero les negamos esa misma libertad y agencia a las mujeres?

Las libertades de culto y de conciencia ya se encuentran garantizadas en nuestro país por una profusa legislación, así que es lógico sospechar que, tal como dice el diario La Nación, es un guiño a la Iglesia Católica.

Así como no existen mujeres más o menos embarazadas, las políticas públicas son laicas o clericales. Es hora de que el Poder Ejecutivo nacional se decida.

También resultan preocupantes algunas legislaciones locales, tales como la ordenanza de la ciudad de Buenos Aires emitida durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica que ordena contratar a capellanes y monjas católicas como empleados públicos en hospitales y hogares de adultos mayores.

La ordenanza cobró notoriedad cuando el entonces jefe de gobierno dio a conocer que a una mujer víctima de trata se le iba a practicar un aborto no punible en el Hospital Ramos Mejía. Además de los abogados antiderechos que intervinieron para impedir la práctica, esta mujer debió soportar un escrache en la puerta de su casa, con misa incluida. ¿Quién celebró la misa? El capellán del Hospital Ramos Mejía, que tenía acceso a sus datos personales.

Hoy más que nunca debemos insistir en la separación de la Iglesia y el Estado. El año pasado tuvimos que defender la educación pública laica de la provincia de Salta ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación a instancias de un grupo de madres que veía cómo sus hijos e hijas eran dejados en el patio mientras sus compañeros recibían educación religiosa católica.

La ley 1.420 fue muy progresista en el siglo XIX, pero que 134 años después la Corte sostenga exactamente lo mismo, es un gran retroceso.

Las militantes por la vida sabemos que luchamos por que no mueran más mujeres por abortos clandestinos. Por eso les pido que sean conscientes de la gran responsabilidad que tienen hoy en sus manos: nuestra vida y nuestra libertad.

Señores diputados y diputadas: no los votamos por sus creencias religiosas, que son respetables, pero deben permanecer en la esfera privada. No necesitan recurrir a textos sagrados para resolver esta situación. En la Constitución Nacional, sobre la cual juraron, van a encontrar todos los elementos necesarios para votar a favor del aborto legal, seguro y gratuito. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Fabián Portnoy, médico de la UBA, de la Coordinación de Salud Sexual, SIDA e ITS del Ministerio de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, integrante de la Comisión Evaluadora de Salud, y docente adscripto de la Facultad de Medicina.

SR. PORTNOY Buenas tardes. Quiero agradecer profundamente la posibilidad de compartir con ustedes algunos argumentos por los que entiendo es imprescindible despenalizar el aborto. Pretendo sumar mis aportes a los sólidos e irrefutables argumentos ya presentados en este lugar para legalizar esta práctica.

Desde hace ya varios años una de mis actividades profesionales en conjunto con otros colegas es, desde la Federación Argentina de Medicina General, la de capacitar a los médicos de atención primaria, los médicos generalistas, que trabajan en los centros de salud barriales a lo largo y a lo ancho del país en temas del campo de la salud sexual y reproductiva, entre los que los referidos al aborto ocupan un lugar fundamental. También promovemos la capacitación en esta temática para que los equipos sanitarios puedan acompañar a las mujeres en la reducción de riesgos y daños, y en la implementación de interrupciones legales del embarazo en los casos contemplados en el marco legal vigente.

En nuestro rol de trabajadores de la salud del primer nivel de atención, los médicos generalistas cotidianamente asistimos a mujeres que, por diferentes motivos, no pueden o no quieren continuar un embarazo.

Son miles, cientos de miles que cada año recurren a abortos clandestinos e inseguros que, en muchas ocasiones, provocan muertes totalmente innecesarias y evitables.

De hecho, ya fue dicho aquí, las complicaciones de abortos provocados son la primera causa individual de muerte materna en la Argentina.

En este recorrido existieron dos hechos que cambiaron la forma de pensar y hacer las cosas. Uno de ellos fue el fallo FAL de la Corte Suprema que permitió a los médicos asumir conductas menos restrictivas a la hora de atender a una mujer que quiere interrumpir un embarazo. El otro, la disponibilidad de misoprostol, uno de los medicamentos para provocar abortos en condiciones más seguras.

Sin lugar a dudas, que muchas mujeres cuenten con misoprostol ha posibilitado la reducción de las graves complicaciones provocadas por los abortos inseguros y clandestinos. Obviamente, muchas mujeres no acceden a estos servicios ni insumos. Ahí están las más de 3.000 mujeres muertas en nuestro país, por complicaciones de aborto provocado, desde la recuperación democrática.

En estos días, y a partir de estos espacios en los que se vuelcan las opiniones a favor y en contra de la despenalización, hemos escuchado cosas realmente insólitas. Algunas tesis de los mal llamados grupos Provida, ubican a las mujeres en lugares tales que las muestran como contentas y entusiastas por hacerse un aborto. La premisa de que hay personas a favor y personas en contra del aborto es un falso dilema, porque es difícil encontrar a alguien a quien le guste practicarse un aborto.

Obviamente, las personas que atraviesan la experiencia de un aborto hubieran preferido no pasar por ello. La diferencia es con los que piensan que para que haya menos abortos hay que prohibirlos y condenar a la mujer. Y eso ya está perfectamente demostrado: no funciona.

Mantener el aborto criminalizado es ineficaz, y es injusto porque solo condena a las mujeres más vulnerables, que no tienen recursos económicos. Todos sabemos que la restricción no es un impedimento para las mujeres. Las que tienen dinero, se someten a un aborto seguro, pero a las mujeres pobres, esta misma situación las expone injusta e innecesariamente a graves consecuencias y costos para ella, su entorno y el sistema de salud.

El caso de México es paradigmático, es un ejemplo muy claro acerca de las concepciones equivocadas en relación con el aborto. En los Estados fuera del Distrito Federal, los legisladores pensaron que si se liberalizaban las leyes sobre aborto se producirían mayor cantidad.

Esta concepción, también escuchada estos días en este recinto, ubica a las mujeres en un lugar de menoscabo y subestimación. Sería algo así como suponer que ellas pensarán: "Ahora que hay aborto legal, me dejo de cuidar, total, si me embarazo, me hago un aborto". Esta concepción es, por lo menos, ofensiva e ignorante. Lo dijimos: aun las mujeres que accedieron a un aborto seguro hubieran preferido no pasar por esa experiencia.

Pero lo más importante es que si uno mira las experiencias de los países que han legalizado el aborto encuentra que, en pocos años, la cantidad de abortos realizados es menor que cuando estaban prohibidos. Lejos de lo que muchos piensan, la experiencia mundial muestra que al legalizar el aborto esta práctica disminuye. Cuando el aborto se descriminaliza, la mujer entra al sistema de salud donde le ofrecerán información, métodos anticonceptivos y continuidad en la atención. Y así se evita la repetición del aborto, situación por demás frecuente. Están las experiencias al respecto de países como Francia, Italia, Bélgica o Alemania, en los que luego de la legalización, bajaron los números de abortos practicados.

Sin ir más lejos, en la ciudad de México más del 90 por ciento de las mujeres que accedieron a un aborto legal, salen de esa práctica con la cobertura de un método anticonceptivo y la repetición del aborto en ese caso, es excepcional. Esto, obviamente, no sucede en el resto de los Estados mexicanos donde el aborto está legalmente restringido. Y en la ciudad de México las mujeres ya no mueren por aborto, mientras que sí ocurre en el resto de los Estados mexicanos.

La reconocida revista científica The Lancet, en el número publicado en septiembre de 2017, señala: "El aborto ha disminuido en los últimos años en el mundo y se estima que la legalización de la práctica ha sido el factor que más ha influido en esto" y que "los países con aborto penalizado son los que presentan las tasas más altas de aborto". En esa misma dirección se pronuncia la Organización Mundial de la Salud.

Cabe destacar que la interrupción voluntaria del embarazo está legalizada en casi todos los países con mayor nivel de desarrollo. Así, contra lo que muchos y muchas piensan, las experiencias concretas muestran que liberalizar legalmente esta práctica disminuye la cantidad de abortos que ocurren.

Señores legisladores: legalizar el aborto significa menos abortos; criminalizar los abortos no soluciona nada y complica todo, en particular la salud y la vida de las mujeres pobres.

La reforma legislativa de las normas restrictivas es un modo fundamental para mejorar el acceso de las mujeres a un procedimiento médico seguro que puede salvar sus vidas y proteger su salud.

Las mujeres necesitan esta ley; los médicos necesitamos esta ley para poder trabajar mejor y sin temores en el acompañamiento de las mujeres; y la sociedad necesita esta ley.

Ya fue dicho: hubo más de 3.000 mujeres muertas por abortos desde la recuperación democrática. El Congreso no puede seguir mirando para otro lado. Necesitamos su voto y su compromiso ético con la autonomía, la justicia social, la salud pública y los derechos humanos. Muchas gracias. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Pío Iván Gómez Sánchez, ginecobstetra y epidemiólogo, y asesor de FLACSO de Chile y Colombia.

SR. GÓMEZ SÁNCHEZ Honorables diputadas y diputados, es para mí un alto honor poder dirigirme a ustedes en el día de hoy en este histórico proceso, que sin duda permitirá que las mujeres de este país avancen en el ejercicio de sus derechos. Este proceso, y en especial el resultado del mismo, será un ejemplo para el mundo de cómo en nuestra región, con un diálogo inteligente y sin apasionamientos ni extremismos, somos capaces de reivindicar la deuda histórica de inequidad e injusticia con las mujeres.

Soy médico ginecólogo colombiano -no chileno, aunque he trabajado en Chile un tiempo-, con más de tres décadas de trabajo en aras de mejorar la calidad de la salud y la vida de las mujeres. He trabajado desde la academia como docente e investigador en el área de salud sexual y salud reproductiva en la universidad pública de Colombia. He recorrido todos y cada uno de los países de la región desde la cooperación internacional y las sociedades científicas con las que compartimos el respeto por el derecho de las mujeres a decidir.

En la Federación Internacional de Obstetricia y Ginecología trabajamos con sociedades científicas de 130 países, incluyendo la de Argentina. Con la Federación Internacional de Planificación de la Familia, con cerca de 170 asociaciones en ámbito global, de las cuales 40 son del hemisferio Occidental, siendo nuestra asociación miembro para Argentina, la conocida FUSA.

He sido testigo de la gran felicidad de las mujeres que tienen embarazos planeados, deseados, y las he acompañado con gran satisfacción. Sin embargo, no es esta la realidad de todas las mujeres. Cuando era un joven médico especializándome en ginecología, a diario veía en nuestro hospital, en Bogotá, mujeres con infecciones severas por abortos y un alto porcentaje moría a pesar de nuestros esfuerzos. De las que sobrevivían, muchas quedaban con lesiones irreparables que afectaban su calidad de vida. Era muy doloroso ver la situación de una mujer que sobrevivía, pero que a temprana edad habíamos tenido que extraerle su útero y ovarios para poder salvarle la vida.

Aprendí de ellas que, a pesar de las prohibiciones de la ley imperante, de sus religiones, la oposición de sus familiares, cuando había tomado la decisión de terminar con el embarazo, lo hacían por encima de todo esto.

Nos limitábamos a tratarlas desde el enfoque de la biología que nos habían enseñado, pero no entendíamos realmente su situación y las juzgábamos. Pensábamos que eran mujeres irresponsables y muchas veces no recibían un trato digno, ni el apoyo psicosocial que requerían. De hecho, nuestros profesores contaban que en sus épocas les hacían los procedimientos de evacuación uterina sin anestesia, para que aprendieran una lección y no lo volvieran a hacer. ¡Que barbarie!

Al madurar profesionalmente, y como ser humano, me interesé por escuchar sus historias y empecé a comprender cómo estas mujeres, al no tener ninguna respuesta de los servicios de salud, habían tenido que recurrir de manera desesperada a abortos inseguros. Muchas, incluso, en su desesperación se habían introducido ellas mismas instrumentos dentro de sus genitales, como puntas de paraguas, alambres, etcétera. Era para mí indignante ver que las mujeres con capacidad adquisitiva sí podían acceder a abortos seguros. Entonces, me dediqué a trabajar en anticoncepción para cambiar esta situación inequitativa. Incluso, apoyé la creación de guías y normas nacionales que ampliaron el acceso. A esto se sumó en mi país la Ley de Educación Sexual que se implementó de manera obligatoria y por fin teníamos lo que creíamos era la solución: educación sexual y anticoncepción.

Más adelante nos dimos cuenta que no era suficiente, entre otras cosas, porque la eficacia teórica de los métodos es muy diferente a la eficacia en la vida real. Por ejemplo, la píldora anticonceptiva que en teoría tiene una falla de menos del uno por ciento, en la práctica fallaba en cerca del 10 por ciento de las mujeres, e igual sucedía con otros métodos. Otra lección aprendida: los métodos, a pesar de usarse de manera responsable, pueden fallar.

De tal manera que, aunque no debemos escatimar esfuerzos en mejorar los programas de educación sexual y anticoncepción, siempre va a haber necesidad de interrupciones de embarazo por la falla anticonceptiva, por incremento en el abuso sexual, por malformaciones fetales o enfermedades que van a afectar la vida o la salud de la madre gestante. La diferencia está en que el sistema de salud acoja integralmente a las mujeres y les brinde servicios seguros de interrupción legal del embarazo, de no ser así, gran parte de ellas pondrán en riesgo su salud o su vida.

Esas mujeres que vi morir me enseñaron que cada quien vive su propia realidad y que mis pensamientos, creencias y valores solo tienen validez para mí. Desde entonces, enseño a mis estudiantes y sugiero a mis colegas que tracemos una línea imaginaria que nos permita recordar que detrás de ella nos ubicamos nosotros como profesionales con nuestras convicciones de vida, y enfrente, tendremos una mujer con pensamientos, ideas, experiencias y proyectos de vida diferentes a las míos, y no puedo ni debo convencerla que mi verdad es la única válida. De igual forma les insisto en hacer el ejercicio empático de pensar como actuarían si esa mujer fuera su hija, compañera o hermana y cambia completamente la perspectiva al ver cercano el caso.

Estamos ante un problema de salud pública. Definitivamente no es un asunto de orientación política o religiosa, por ende su análisis debe estar por encima de estos preceptos; es un asunto de derechos humanos. Al nacer adquirimos una serie de derechos que el Estado no nos otorga, sino que tiene que reconocerlos y defenderlos, constituyéndose estos derechos en límites al ejercicio del poder político.

Siempre ha existido el temor que al legalizar la interrupción del embarazo aumente el número de casos, pero la evidencia científica es apabullante y nos ha mostrado que el tener leyes restrictivas no disminuye el número de casos sino todo lo contrario, los aumenta. Donde las leyes permiten la interrupción del embarazo la tasa de abortos es mucho menor, así como la tasa de embarazo en adolescentes, la mortalidad materna y especialmente el aborto inseguro.

Los objetivos de desarrollo sostenible fueron aprobados por 193 Estados miembro de las Naciones Unidas, entre ellos la Argentina. Recordemos tan solo el quinto objetivo que se relaciona con la igualdad de género y plantea, entre otras muchas metas, terminar la discriminación contra todas las mujeres.

Como ustedes bien saben, la Argentina junto con otros países de la región, en el consenso de Montevideo, se comprometió a trabajar en la integración plena de la población y su dinámica en el desarrollo sostenible con igualdad y respeto de los derechos humanos para erradicar la pobreza, la exclusión y desigualdad.

En este Consenso de Montevideo se insta a los Estados para que modifiquen las leyes sobre la interrupción voluntaria del embarazo para salvaguardar la vida y la salud de mujeres, mejorando su calidad de vida y disminuyendo el número de abortos.

Siempre en estos debates aparece el tema de las cifras de muertes por abortos, se discute si son pocas o muchas. La verdad no importa. ¿Cuánto es mucho? Una sola muerte materna debe bastar para tomar medidas. Si fuera nuestra hija, hermana o compañera qué pensaríamos si fuera ella esa supuesta cifra baja. Para nosotros sería el cien por ciento.

La muerte es importante pero es solo la punta visible de un iceberg bajo la cual subyace una triste realidad que podemos solucionar haciendo legal lo ilegal. Conozco a profundidad nuestra región y siempre he visto a la Argentina como un referente por su pensamiento de avanzada y políticas innovadoras. La Argentina se merece dar este paso necesario. Como dijo Kofi Annan: "No podemos construir la libertad sobre cimientos de injusticia".

Honorables diputadas y diputados, entender la salud sexual y reproductiva desde el enfoque de derechos humanos, es comprender que estamos ante el más preciado de los bienes, la más sublime de las capacidades, y la más humana de las características: la autodeterminación, la dignidad del ser humano.

Ustedes tienen ahora la oportunidad de hacer un cambio trascendental al refrendar el derecho de la autonomía de la mujer ante embarazos no planeados o no deseados. En sus manos está la decisión para que este enfoque de derechos sea un factor primordial para la equidad social de la Argentina que no solo contribuye a la construcción de la democracia, sino que es una de las acciones más costoefectivas en salud y en los procesos de desarrollo de cualquier país.

Muchas gracias por su atención.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Muriel Santa Ana, actriz.

SRA. SANTA ANA Una semana antes del 4 de abril de 1992 fui al consultorio privado de un médico, conocido en ese momento por ser el jefe de Obstetricia de un importantísimo hospital público. Separados por un escritorio hicimos los intercambios: él me dio las recomendaciones y yo le di la plata.

Una semana más tarde fui con mi mamá y mi hermana al departamento de Avenida Santa Fe y Azcuénaga que ese mismo médico usaba para las intervenciones, era un departamento interno totalmente oscuro. Nos sentamos a esperar en un sillón de tres cuerpos que había en el living: mi madre, mi hermana y yo.

De la única puerta que estaba la vista, salió a los 20 minutos, una chica de unos 15 años acompañada por su mamá. Al momento, una mujer de ambo color verde se asomó y dijo mi nombre. Me despedí de mi mamá y de mi hermana. He tenido muchas despedidas en mi vida, ésta no fue la peor y sólo la recuerdo ahora mismo porque la experiencia volvió a mi emoción y a mi carne.

Me prepararon en una habitación más parecida a un pasillo, que al mismo tiempo contenía otra puerta, que luego supe que comunicada con el quirófano. El quirófano era la cocina, amplísima, típica de esos edificios de categoría de Recoleta construidos en los años 50. Lo único que había en el espacio era una camilla ginecológica. El médico era muy amoroso, me dijo: esto va a ser muy rápido, quédate tranquila; después me dormí. Aparecí tendida en otra camilla en el mismo pasillo estrecho del inicio con mi mamá y mi hermana sosteniéndome cada una, una mano. El médico se acercó, me dio un beso y me dijo que ya pasó. Yo quedé embarazada a los 23 años. Usaba un diafragma como método anticonceptivo, y todas mis amigas también. Si aún hoy es conflictivo que los hombres usen preservativo aduciendo pérdida de placer y manipulando así la voluntad de las mujeres, imaginen que hace veinte años el abuso era mucho peor. Nosotras nos poníamos el diafragma y ellos se tranquilizaban. Nosotras también.

Yo tenía una mamá, un papá, una hermana, un trabajo, mis estudios, mis libros, mis amigos y conseguí la plata. No tuve que recurrir a una sonda, a una aguja de tejer ni a un sucucho sórdido sin asepsia. Yo no deseaba ser madre forzadamente; no deseaba inscribir mi cuerpo en el orden simbólico de la maternidad por imposición.

Pasaron muchos años, conocí gente nueva e ideas nuevas, y he cambiado. Pero lo que se mantiene intacto en mí -y quién sabe de dónde me viene- es que desde que tengo la mayoría de edad no admito que nadie se arrogue el derecho de legislar sobre mi deseo. Mías son mis decisiones; míos son mis deseos. Pero mi cuerpo -está visto- es un objeto político, sometido a tensiones ajenas a mí. Me pregunto qué mujer construye el capitalismo. Las mujeres no somos un frasco para que otros observen cómo germina en nosotros la continuidad de un sistema de crimen y exclusión.

Muchas religiones promocionan una vida después de la muerte. También parecen tener muy en claro qué vida existe antes de la vida. Yo me pregunto entonces, en cambio, qué vida hay durante la vida. ¿Qué mundo reproducimos con nuestros actos? ¿Un mundo de igualdad? ¿Igualdad como un punto de partida o como una promesa a plazo fijo? ¿Qué le damos al mundo?

Acá, señoras y señores, por lo visto -y por lo que he visto-, no se trata de debatir o discurrir sobre los límites de la vida y de la muerte, porque si no tengo una pregunta para hacerles, sobre todo a aquellos que todavía no han tomado posición: ¿qué significa para ustedes una mujer muerta?

Acá se trata de aborto clandestino o aborto legal. El aborto existe, existió y existirá, legislen lo que legislen, y sepan ustedes que si este proyecto fuera rechazado tristemente llevarán de por vida sobre sus espaldas a las muertas que de aquí en más produzca la industria del aborto clandestino. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el señor Darío Sztajnszrajber -disculpen mi pronunciación-, licenciado en Filosofía de la UBA, profesor de posgrado en FLACSO, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y CBC.

SR. SZTAJNSZRAJBER Cuando estudié Filosofía en la facultad di con un libro de un pensador norteamericano, cercano a la tradición liberal, llamado John Rawls; un libro denominado "Justicia como equidad: política, no metafísica"

Siempre me resultó intrigante la segunda parte del título. ¿Qué significa la expresión "política, no metafísica"? ¿Y qué significa en relación con la justicia de una sociedad?

Significa que para ciertas cuestiones que atañen a la vida social en común -y sobre todo a las inequidades o desigualdades del orden social-, no sirve discutir posiciones metafísicas ya que nunca vamos a ponernos de acuerdo.

¿Qué es una posición metafísica? Metafísica es una palabra que viene del griego y que quiere decir 'aquello que está más allá de la física', o sea, de la naturaleza. La metafísica es una concepción de las cosas que excede toda posibilidad de comprobación última, y que por ello termina siempre autojustificándose.

Por eso, nunca podría haber acuerdo entre posturas metafísicas. Por ejemplo, jamás podría haber acuerdo entre un creyente y un ateo en temas como la existencia de Dios o la existencia del alma, o sobre el origen del universo.

Pero, para peor, tampoco podría haber acuerdo sobre los criterios que posibilitarían un acuerdo. ¿Qué quiero decir? La discusión entre un ateo y un creyente no se dirime sacándole una fotografía a Dios o llevando a un médico a que revise la espalda de los ángeles.

Es clarísimo el ejemplo del juicio de Galileo, cuando el cardenal Belarmino lo interroga en el juicio y le saca el telescopio con el que Galileo pretendía probar sus teorías. Así, mirándolo a los ojos y con el telescopio en la mano, le dice: "¿Usted me va a decir que hay más verdad en este pedazo de lata que en la palabra de Dios?"

¿Cómo ponernos de acuerdo, si ni siquiera hay acuerdo acerca de lo que es un acuerdo?

Hasta incluso me atrevo a decir que hay ciertas posiciones científicas, o más bien cientificistas, que también suponen oculta una metafísica. De hecho, la misma experiencia empírica -esto es, lo que vemos con nuestros ojos de modo inobjetable-, supone confiar -la palabra "confianza" contiene en su raíz la palabra "fe"- en la transparencia de los sentidos: ¿por qué admito en última instancia que lo que veo es lo que veo y que mis ojos acceden a la realidad tal como es?

Esta falta de acuerdo se manifiesta en este debate con la polémica acerca del origen de la vida: ¿cuándo comienza la vida? ¿Cuándo se trata de una persona? ¿Cuánto abarca la vida? ¿Hay vidas más importantes que otras?

Cada posición va construyendo una red de conceptos asociados y siempre termina justificando lo que previamente quería demostrar. No estamos hablando de otra cosa que de la posverdad.

Por eso creo que el debate sobre el origen de la vida es una discusión que no vale la pena dar ni priorizar frente a las urgencias que día a día nos depara la existencia social del aborto. Pienso que es mejor no discutir metafísica para dirimir cuestiones públicas. Dejemos las discusiones metafísicas -que están buenísimas- para nuestra formación existencial, para la elección que hacemos de nuestra forma de vida privada, para definir con quiénes queremos forjar amistades. Pero para construir el orden social y convivir con la diferencia del otro, hagamos política.

Saquemos a la verdad de la cuestión pública, pongámosla entre paréntesis. En nombre de la verdad, se han cometido los más grandes exterminios de la historia. No pueden convivir nunca la democracia y los absolutos. No pueden convivir nunca la democracia y la verdad. Es que si hay una verdad y alguien cree poseerla, entonces al otro se lo ningunea, se le quita entidad, y automáticamente se lo convierte en un enemigo, en un ignorante o en un asesino.

El aborto es una cuestión política. Hablemos entonces de política.

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de las desigualdades sociales que condenan a muchísimas mujeres en situación de desventaja social a la práctica de abortos en condiciones infrahumanas. Cada mujer que se desangra por falta de acceso a un aborto seguro exige que el Estado intervenga. Política, no metafísica.

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de acompañar el proceso de emancipación del cuerpo de la mujer, históricamente sojuzgado, y naturalizada su expropiación. La naturalización del cuerpo de la mujer como receptáculo reproductor la ha condenado a la desapropiación de su propia autonomía. Una mujer que no decide sobre su propio cuerpo es una ciudadana de segunda. Política, no metafísica.

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de garantizar que cada cual pueda desarrollar en su vida privada la concepción metafísica que desee. Lo único que debe resguardar la ley es que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado.

Cualquier cosmovisión metafísica puede ser para quien la profese muy beneficiosa en la formación del sentido de las personas, pero se vuelve autoritaria cuando se pretende norma universal.

Si se promulgase esta ley de interrupción voluntaria del embarazo, nadie te va a obligar a vos a que abortes.

No sigas vos obligando a muchísimas mujeres a no decidir por sí mismas. Política, no metafísica. El aborto es una cuestión política. Hagámonos cargo. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Cecilia Zerbo, médica clínica, ex directora asociada de la Maternidad Estela de Carlotto, de la provincia de Buenos Aires.

SRA. ZERBO Buenas tardes. Debo confesar que es difícil estar acá después de los dos expositores anteriores.

Sin embargo, lo primero que quisiera hacer es agradecer a los que están aquí y también a los que están allá, en sus casas, pensando, transformándose.

Voy a pedirles permiso para usar algunas diapositivas a fin de que ilustren un poco la charla, así puedo leer menos.

Se proyectan unas filminas en la pantalla de la sala.
SRA. ZERBO En esta diapositiva vemos el marco normativo que cambió en estos últimos diez o trece años para legislar el sistema de salud de la Argentina.

Cada una de estas leyes, que se fueron modificando, fueron cambiando nuestra forma de hacer o debieron haberlo hecho. Sin embargo, desde que una ley sale de las Cámaras hasta que llega al usuario o usuaria pasa mucho tiempo ya que son asignadas a ministerios, que luego las transforman en programas, que luego las transforman en acciones concretas y, por último, nos llegan a los hospitales.

Es así como ustedes saben que, en realidad entre los médicos y médicas, y trabajadores de salud reina el famoso modelo médico hegemónico. El modelo médico hegemónico, hijo del patriarcado y del capitalismo, mecaniza nuestras prácticas médicas, mecaniza nuestras acciones y condena a los pacientes a nuestra voluntad en una relación irregular que requiere sin duda de legislaciones vigentes y cada vez más actualizadas para que esa relación de poder no se ejerza sobre los cuerpos.

Es entonces que sabemos que el sistema de salud en la Argentina es un sistema con indicadores socioeconómicos estancados. También sabemos, todos nosotros y los que están en sus casas también, de la falta de recursos humanos y de su inestabilidad, y de las contrataciones precarias en los diferentes sistemas y subsistemas de salud de nuestro país.

También sabemos del fraccionamiento de nuestros sistemas, de la falta de políticas de salud integral y de una agenda marcada por la salud pública y no por la política partidaria. La mayor de las demostraciones es estar acá, porque nos trajeron las mujeres y no los epidemiólogos.

Monopolios conocidos poderosos; déficits de redes de salud; falta de acceso universal equitativo e igualitario; elevados niveles de error médico -asumamos que más del 80 por ciento de las veces nos equivocamos cuando decimos de qué mueren nuestros pacientes; insuficientes esquemas de financiamiento -de hecho, la ley de coparticipación de nuestro país financia la enfermedad y no la atención primaria de la salud; y una profunda dificultad de los trabajadores de salud para trabajar en interdisciplina, porque queremos seguir conservando la autonomía.

Es entonces que el problema que tenemos en los hospitales es que debemos disminuir el modelo médico hegemónico y transformarnos en garantes de derechos, dejar de conservar esta relación irregular de poder. ¿Pero lo decimos nosotros acá? No, lo dice la Organización Mundial de la Salud, la UNICEF, la OMS; lo dice todo el mundo: el modelo médico hegemónico lastima a los ciudadanos del mundo.

Pero desde que estos cambios de legislaciones ocurren hasta que se cambian las prácticas pasa un largo tiempo. Por ejemplo, en relación con la ley de parto respetado, norma que se aprobó en estas Cámaras en el año 2014, debió haber cambiado que a las madres no les saquen los niños y niñas en el momento del nacimiento y les permitan hacer contacto piel a piel.

También debió haber cambiado que dejásemos de hablar de métodos anticonceptivos para pasar a hablar de Consejería de Salud Sexual Integral. Y también debió haber dejado de pasar que las mujeres estuvieran solo acompañadas cuando sus bebés ya están fuera de su cuerpo y no durante todo el trabajo de parto y parto, como dice la ley.

En la Argentina, como se ve en la diapositiva, y según los datos del Sistema de Información Perinatal a las mujeres primigestas, nosotros, los trabajadores de salud, en el 60 por ciento de los casos les hacemos episiotomía, mutilaciones vaginales, cuya recomendación por la Organización Mundial de la Salud es menor al 15 por ciento.

En la Argentina, según los sistemas de salud, menos del 50 por ciento de las mujeres están acompañadas durante el trabajo de parto y parto -y estamos hablando de una ley del 2014. En la Argentina los porcentajes de cesárea en los hospitales públicos superan el 30 por ciento, cuando es bien sabido que la Organización Mundial de la Salud y muchas organizaciones internacionales recomiendan menos del 20 por ciento; y desconocemos cuál es la tasa de cesárea en los subsistemas de obras sociales y prepagas, porque asciende más del 70 por ciento de los casos.

Imaginen ustedes qué hacemos en los hospitales y clínicas cuando se acercan mujeres con complicaciones por un aborto. La clandestinidad y la doble moral son excusas perfectas para la vulneración de los derechos de las mujeres y la acumulación del poder médico hegemónico. La clandestinidad sostiene negocios con los cuerpos de nuestro pueblo, mujeres trans y lesbianas. La clandestinidad tiene beneficiados y muchos de ellos tiemblan con este debate. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Antes de dar paso a la siguiente oradora, quisiera aclarar algo que ya dije a la mañana pero que me parece que vale la pena reiterar.

Les comento que este tipo de reuniones, al ser informativas, no requieren quórum para funcionar. Las reuniones de comisiones que sí lo requieren son en las que se van a dictaminar proyectos, que no es este caso.

Por el otro lado, en cuanto a la metodología de trabajo que se aprobó en la primera reunión de este plenario de comisiones el 20 de marzo, se estableció que la Comisión podía funcionar con la presencia de solo una de las Presidencias de las cuatro comisiones que intervienen en el tratamiento en estos proyectos sobre despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Quiero aclarar este tema también porque además de estas reuniones informativas que estamos celebrando en la Cámara de Diputados todos los martes y jueves, por supuesto, cada uno de los diputados que integran este cuerpo tiene también otras obligaciones de participar como miembros de otras comisiones. Por ejemplo, en el día de hoy se están realizando paralelamente a esta reunión informativa varias reuniones de comisión. Y, por lo tanto, hay muchos señores diputados que hoy se encuentran asistiendo a esas reuniones.

Además, como ustedes saben, estas reuniones informativas son transmitidas por los medios de comunicación: YouTube y Diputados TV por streaming y, por lo tanto, hay muchos diputados que están siguiendo también estas reuniones en sus propios lugares de trabajos, despachos, mientras trabajan en sus otras obligaciones como diputados nacionales.

Quería hacer estas aclaraciones sobre todo en cuanto al tema del quórum, que es clave, porque muchas veces se habla del quórum de estas reuniones y les reitero que no es necesario alcanzarlo para que estas reuniones informativas se lleven a cabo.

Tiene la palabra la licenciada María Eugenia Estensoro, senadora nacional mandato cumplido, periodista y escritora.

SRA. ESTENSORO Buenas tardes. Quiero agradecer a todos los diputados y diputadas por la invitación a esta Honorable Cámara de Diputados de la Nación.



Esta es la primera vez en nuestro país que el Congreso de la Nación trata un proyecto para despenalizar el aborto; hasta hace poco parecía algo realmente imposible. Agradezco muchísimo poder estar aquí.

Vengo a dar mi testimonio, no sólo como política y periodista, sino y muy especialmente como mujer, como madre de tres hijos, como madre soltera y como la joven que fui cuando a los 21 años en una situación muy difícil, decidió abortar.

Espero que al cabo de estas exposiciones y deliberaciones, los diputados y senadores de la Nación, aprueben el proyecto de ley sobre despenalización del aborto y tengan el coraje de hacerlo.

Digo "coraje" porque estuve hablando con algunos senadores y diputados varones en los últimos días y me dicen que ellos están a favor del aborto legal y seguro, pero que tienen temor y miedo del castigo en sus provincias porque este es un tema tabú y hay una sanción social.

Justamente de lo que estamos hablando acá es de no tener miedo, de hablar con la verdad y hablar de la realidad de lo que pasa en nuestro país. Por eso también quiero señalar que el presidente Macri y muchos funcionarios y funcionarias de su gobierno, tuvieron también el coraje de escuchar el reclamo de las mujeres y de ver lo que pasaba en nuestro país, y decidieron permitir que este Congreso tratara este tema.

En la Argentina hay una epidemia de embarazos adolescentes: el 16 por ciento de los 700.000 nacimientos que hay al año, son de chicas de entre 10 y 18 años. Hay 115.000 nacimientos de madres adolescentes, el 70 por ciento -lo dijo Macri-, son embarazos no deseados. Pero en las provincias donde es un tabú hablar del aborto o de los embarazos no queridos, ese porcentaje sube al 25 por ciento. Eso es lo que pasa cuando no hablamos con verdad y honestidad de lo que está sucediendo. Estas son cifras de la Argentina que figuran en el Fondo de Población de Naciones Unidas.

Voy a hablar en primera persona porque quiero dar testimonio, y darle voz a las millones de mujeres que a través de las décadas, y tal vez siglos, han sido obligadas a traer al mundo hijos que no han querido o a abortar, como me pasó a mí, en la clandestinidad.

A los 21 años, cuando era estudiante y recién empezaba mi vida, quede embarazada. Mi novio vivía en Estados Unidos, él era norteamericano y yo había vuelto al país. Él no iba a vivir acá y yo tampoco me iba a ir. Realmente no veía cómo iba a tener un hijo sola, y además, tengo que confesar que a los 21 años apenas podía con mi propia vida, no me sentía en condiciones ni psicológicas, ni morales -no digo espirituales, porque la espiritualidad no era algo importante en mi vida en esos momentos-, para ser madre y traer un hijo a este mundo.

En ese momento le pedí ayuda a mi hermana mayor que tenía 23 años, no era muy grande. No dije nada a mis padres y mi hermana me dio el dinero para poder abortar. En colectivo y con dos amigas del colegio fuimos a una casa en Olivos. Todavía no sé cómo llegué a ese médico o hasta ese lugar. Hoy me pregunto si la persona que me atendió era un médico porque realmente era todo oscuro y clandestino. En colectivo las tres nos volvimos a mi casa.

En estos días muchas amigas muy cercanas me han confesado que ellas también han abortado. Me gustaría saber en esta sala, en este Congreso, cuántas mujeres y hombres -porque la decisión de abortar es de los varones y de las mujeres, no sólo de las mujeres-, han abortado. Esto es algo muy cotidiano, no es algo abstracto o filosófico.

A los 35 años, cuando yo ya era una mujer adulta, profesional, tenía dos hijos y estaba divorciada, me quedé embarazada en una relación que recién había comenzado. El progenitor -y uso la palabra expresamente porque padre o madre es otra cosa, no es solamente quedarse embarazada, no es un hecho biológico-, me dijo: María Eugenia yo te acompaño para abortar, pero no quiero tener un hijo, no te voy acompañar y no los quiero acompañar a vos y ese hijo.

Yo ya había comenzado un camino espiritual, la dimensión espiritual es muy importante en mi vida. De día decía voy a tener este hijo, pero de noche me despertaba desesperada diciendo no sé cómo voy a hacer. No sólo por mí, sino porque pensaba cómo iba a vivir ese niño o niña con el rechazo de su padre y no sabía cómo decírselo a mis hijos chiquitos, realmente en una situación dramática. Fui a hablar con mi guía espiritual, con una psicoanalista, con un obstetra y hasta con un cura que me dijo: Dios no te va a castigar.

En un momento entré a una iglesia, estaba ahí Jesús, y me dijo: vos sos la luz del mundo. Ahí sentí que yo no podía apagar esa luz que había en mí. Pero en todo ese proceso, les aseguro que no se me ocurrió consultar a un senador o senadora, ni a un diputado, ni a un juez, ni a un gobernador o nadie más, hablé con mi conciencia y con el Dios que llevo adentro, que está entre nosotros los que creemos.

Entonces no podemos legislar pensando y obligando a las personas a tener una fe, o una creencia que no tienen, por respeto no solamente a las mujeres sino a los niños que van a nacer.

Se pregunta cuándo comienza la vida. La ciencia dice que ya hay vida con el embrión, pero no dice que hay una persona. Yo defiendo la vida. Todavía no se sabe cuándo existe la vida o la persona, ni la filosofía ni la ciencia dice que se es persona desde el segundo uno de la gestación.

Dar a luz es un hecho biológico, pero nosotros los humanos no tenemos hijos como los animales: todos los que vienen los tenemos. Porque los humanos necesitamos que nos cuiden desde los nueve meses de embarazo y toda la vida también. Mi mamá me cuidó hasta que tuvo fuerzas y yo necesité de su beso y su abrazo hasta que ya no tuvo fuerzas, y después la cuide yo. Eso es ser humano, esa es la vida sagrada y santa.

En la Argentina, uno de cada dos niños es pobre, las mujeres pobres tienen cuatro o cinco hijos mientras que las mujeres de clase media tenemos dos o tres. Eso es porque nosotras tenemos la plata para abortar pero las mujeres pobres no tienen. Es un tema de justicia social.

Cuando era legisladora fui a Mendoza a visitar a una niña de 12 años que fue obligada por la Iglesia y la Justicia a dar a luz al hijo de una violación. Había sido violada por la pareja de su madre. Entré a esa casa pobre donde había tantas mujeres jóvenes que no sabía cuál era la madre, la hija. Estaba llena de niños sucios que no tenían ni para comer. Había mucha obesidad, porque la malnutrición se expresa con la obesidad también. Ahí no había ningún legislador, ni cura, ni grupo provida, ahí estaban solas y deben seguir solas lidiando con la pobreza. Este es un círculo que se va complicando en nuestro país.

Les pido que tengamos el coraje y el amor para hacer de la paternidad y la maternidad un acto sagrado y responsable. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la pastora Gabriela Soledad Guerreros, pastora de la iglesia Dimensión de Fe.

SRA. GUERREROS Mi nombre es Gabriela Guerreros, soy Pastora Pentecostal. Agradezco poder compartir esta jornada con ustedes y a la vez traer nuestra voz como parte de la comisión política de la iglesia Dimensión de Fe.

Quisiera, antes que nada, hacer presente a través de mi voz a cuatro personas que ya no están entre nosotras, que nos han dejado su testimonio de vida y compromiso militante. para nosotras fueron hermanas, compañeras y camaradas; todavía las lloramos y las extrañamos. Sin duda estarían acá o afuera, orgullosas y organizadas con esa rebeldía que las caracterizaba ante este hecho histórico como es el debate por la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Fanny Edelman, militante por la paz mundial, militante de la Unión de Mujeres de la Argentina, cofundadora del Encuentro Nacional de Mujeres, feminista y comunista, participante del primer proyecto de ley por el aborto legal, seguro y gratuito.



Verónica Marzano, quien nos decía: "Soy lesbiana, peronista y vengo a traerles el aborto", integrante del colectivo de lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto, fundadora de la línea telefónica gratuita "Línea aborto: más información, menos riesgos".

También quiero traer a Amancay Diana Sacayán, militante travesti por los derechos humanos, impulsora de la ley de identidad de género y de la ley de cupo laboral travesti trans. (Aplausos.)

También quiero traer a Lohana Berkins, activista travesti, católica, feminista y comunista, referente mundial de los derechos humanos, también impulsora y una de las autoras de nuestra hermosa ley de identidad de género. (Aplausos.)

Los abortos clandestinos siguen siendo la principal causa de muerte de las personas gestantes en la Argentina: mujeres, lesbianas y varones trans. Esta realidad nos toca de cerca, ya que la mayoría de las comunidades pentecostales históricamente han hecho base en los sectores más pobres y olvidados de nuestra sociedad.

Creemos que la despenalización y legalización del aborto tiene que ver con la ampliación de derechos y que sería un aporte al respeto y la libertad de los cuerpos gestantes.

Interpretamos al pentecostalismo como un gran movimiento popular. Es obvio que, como en todo movimiento popular, existe una variedad de corrientes teológicas. Es un hecho que la pulseada viene siendo favorable a los sectores reaccionarios y conservadores, los que nosotros nombramos como antiderechos.

Para ellos, según su tradición o su dogma, la mujer debe estar situada en casa; la mujer debe ser el baluarte de los valores familiares; la mujer debe casarse y tener hijas e hijos; la mujer debe ser el sostén de esas hijas e hijos y del marido; la mujer entonces se convierte en un virtuoso, casto y casi virginal mito. Iglesias o comunidades que a nuestro entender aceptan estos dogmas y estas tradiciones, reproducen la espiritualidad del capitalismo y el patriarcado.

Nos despojan de nuestros cuerpos y nuestras decisiones por un mito casi fanático, donde prima la dominación masculina a través de una serie de normas, principios y valores relacionados con la propiedad privada, la Iglesia como institución y las funciones del Estado.

Por otro lado, existen también las que velan y preservan sus raíces protestantes y contestatarias, las que desde una teología pentecostal latinoamericana de liberación, y por sobre todas las cosas feminista, construyen poder popular desde la fe y acompañan a los pueblos en el largo camino por su liberación.

Las mujeres son testigos privilegiadas del fundamento de nuestra fe. Son ellas las que, de manera desafiante y decidida, hacen propio el camino trazado por Jesús: sin vida digna y justa para las mujeres, el proyecto de Jesús no es posible.

Los relatos bíblicos dan cuenta de que las mujeres son activas protagonistas, comprometidas con la construcción de un mundo nuevo, de una sociedad igualitaria en la que el amor es la base de todas las relaciones humanas, y en eso también está el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

Por eso decimos que la vida abundante también tiene que ver con nosotras. Se trata de conceptualizar esto de manera integral como acción y fundamento del Evangelio, ya que Jesús proclamó la vida en plenitud para todo ser humano. Juan 10:10 nos dice: "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia."

Como militantes del Evangelio, como personas de fe y desde nuestra identidad pentecostal, defendemos el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Lo hacemos porque amamos y defendemos la vida en su abundancia. Nuestros cuerpos son territorio sagrado, y en eso radica nuestra autodeterminación y libertad de conciencia.

Jesús promovía la libertad de conciencia cuando anteponía la vida humana a la ley y a las tradiciones de su época. La Reforma protestante del siglo XVI promulgó desde sus inicios el ejercicio de la libertad de conciencia y la no imposición de ninguna autoridad moral o religiosa sobre los creyentes.

Queremos decir que para nosotros el único aborto que mata la vida es el aborto del deseo, y el capitalismo es el gran quirófano social. Esto lo dice Rafael Villegas, teólogo y psicólogo, hermano y compañero de camino.

Señores diputados y diputadas: hoy les toca a ustedes escuchar y discernir, ya que el Estado debe legislar por el bien común. Mientras tanto, cada confesión religiosa es responsable de su propia ética y conducta de acuerdo con sus dogmas y sus prácticas o doctrinas. Pero esto nos lo deben: el aborto legal, seguro y gratuito.

Para terminar, queremos traer lo que a nuestro entender ya es una oración popular que se ora, se reza, se grita en las calles, en los templos y en nuestros cuerpos: "El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más".

Estamos convencidas de que el motor del cambio es el amor, y que el amor que nos negaron es el impulso para cambiar el mundo. Con las manos en el arado siempre. Aborto legal, seguro y gratuito. Amén. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Lipovetzky).- Tiene la palabra la señora Raquel Vivanco, coordinadora nacional del movimiento Mujeres de la Matria Latinoamericana.

SRA. VIVANCO Buenas tardes. Tanto Muriel Santa Ana como María Eugenia Estenssoro hicieron referencia a situaciones vividas cuando eran muy jóvenes, y creo que lo primero que hacen esas situaciones es interpelarnos a todas las que pasamos por esa experiencia.

Yo también aborté a los 19 años en una clínica clandestina en Córdoba, y hoy puedo decirlo -al igual que ustedes- porque sobrevivimos. Es decir que no estamos entre esas 3.000 mujeres que hoy ya no están para contarlo, que murieron a causa de la clandestinidad del aborto desde la recuperación de la democracia hasta la actualidad.

No quiero detenerme en el relato de mi historia personal porque ya ellas contaron sus experiencias que, como dije, nos interpelan, nos identifican y nos traen la memoria emotiva de cada una de esas situaciones que atravesamos en absoluta clandestinidad y con la total desprotección del Estado.

Yo aborté, y en esta sala de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación la semana pasada se dijeron cosas horribles. Se dijo que todas las mujeres que abortaban éramos borrachas, trolas y que pensábamos con la bombacha y no con la cabeza. Eso se dijo acá. ¿Ese es el nivel de discusión que quienes están en contra del aborto pretenden dar ante esta realidad que cuesta la salud y la vida de las mujeres? ¿Esa es la discusión que pretenden dar?

La verdad es que nos da vergüenza. Nos avergüenza que sean estos los legisladores que dicen estar sentados acá representando los intereses de la sociedad.

Varios hablan a la vez.
SRA. VIVANCO Yo aborté. Estoy haciendo uso de la palabra...

- Varios señores hablan a la vez.
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Silencio, por favor.

La señora en uso de la palabra no está haciendo alusiones personales. Por lo tanto, puede continuar.

SRA. VIVANCO Yo no hice alusiones personales.

Yo aborté, y la semana pasada, al igual que miles y miles de mujeres de nuestro país...

- Varios señores hablan a la vez.
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Disculpe, señora Vivanco.

Respetemos las opiniones. Hubo declaraciones de todo tipo hoy y nadie interrumpió. Dejemos que la oradora exponga y, por favor, que nadie la interrumpa. (Aplausos.)

SRA. VIVANCO Muchas gracias.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Cuando no hay alusiones personales, no hay agravio posible. Seamos ordenados...

- Varios hablan a la vez.
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY No hay alusiones personales.

Aclaré al comienzo de esta reunión que no iba a permitir que continuara haciendo uso de la palabra quien hiciera alusiones personales. Como ese no ha sido el caso, la señora Vivanco tiene todo el derecho y la libertad de expresión. Por favor, respetémoslo.

SRA. VIVANCO Vivimos en democracia. Gracias. (Aplausos.)

- Varios hablan a la vez.
SRA. SCHMIDT-LIERMANN ¡Ustedes dicen defender a la gente pobre!

- Varios hablan a la vez.
SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Silencio, por favor.

SRA. VIVANCO Vivimos en un país democrático, señora.

Como les decía, yo aborté. Y la semana pasada trajeron a una mujer humilde a decir que las mujeres abortábamos porque pensábamos con la bombacha. Que las niñas de 14 años -en muchos casos abusadas- pensaban con la bombacha y no con la cabeza. Bueno, yo les traje esto.

- La señora Vivanco exhibe una prenda interior femenina.
SRA. VIVANCO Traje esto porque me parece muy alusivo decirles que entonces esas 500.000 mujeres que abortamos lo hacemos con la bombacha en la cabeza, ¿sí?

Esas 500.000 mujeres después de abortar levantamos nuestra bombacha y volvemos a nuestros lugares de trabajo. (Aplausos.) Algunas volvemos al Congreso de la Nación; otras, a cuidar a nuestros hijos -las miro y me emociono-, es decir que muchas seguimos con nuestra vida.

Cuidamos a los viejos y nos encargamos de sostener la vida humana dentro de nuestros hogares. Somos esas 500.000 las que pensamos con la bombacha.

Aproximadamente 76.000 mujeres recurren a las guardias de los hospitales públicos con complicaciones derivadas de los abortos clandestinos. Seguramente, todas esas mujeres van con sus bombachas manchadas de sangre porque muchas de esas prácticas están mal hechas. Por eso tienen que concurrir a la guardia de los hospitales públicos como consecuencia de la clandestinidad.

Yo aborté y muchas de las mujeres y hombres que estuvieron defendiendo el derecho al aborto legal aquí no fueron escuchados o son ninguneados por quienes deben legislar en favor del conjunto de las mujeres, que somos más del 50 por ciento de la sociedad.

Les propongo que hagan una cuenta. Usen sus teléfonos o mejor un ordenador o una computadora porque lo cierto es que cuando queremos sacar la cuenta del negocio clandestino que se mueve detrás de los abortos nos da "error". Si queremos sacar la cuenta de lo que mueve la salud privada a costa de la salud y la vida de las mujeres, vamos a ver que no nos da un número exacto. El que yo hice me dio cerca de 10.000 millones de pesos. Esto es la evidencia de que no estamos hablando de un problema de fe, de religión, creencia, moral y mucho menos de defensa de la vida. Estamos hablando de un negocio millonario a costa de la salud y la vida de las mujeres. Estamos hablando de que quienes se oponen a la legalización del aborto benefician a estos sectores que se enriquecen a costa nuestra salud y nuestra vida.

Entonces, yo aborté y vengo acá a decir, en representación de muchas otras mujeres: ¡Basta! Les digo que legislen en favor de los derechos de las mujeres, voten a favor de la ley de legalización del aborto o se abstengan, pero no voten en contra de nuestros derechos. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Lipovetzky).- Tiene la palabra la señora Débora Plager, periodista.

SRA. PLAGER Muchísimas gracias a todos por la invitación, y por la convocatoria.

La verdad es que después de escuchar las posiciones todos estos días de debate, lo que me parece más saludable es empezar por buscar consensos, ya que aquí no estamos en un ámbito de discusión exclusiva de la problemática de las mujeres que defendemos la posibilidad del aborto seguro, legal y gratuito, sino que estamos en el Parlamento que debe buscar la mejor ley posible en este sentido, y que es un hecho histórico.

En esta búsqueda de consensos, ya que hay por lo menos dos posiciones bien marcadas -quienes están a favor y quienes están en contra-, creo que podríamos empezar por buscar aquello que nos une, que nos unifica. Yo creo que hay muchas cosas que nos unen a quienes defendemos una posición y a quienes defienden otra; todos estamos a favor de la vida; ninguno está a favor del aborto.

Si podemos entender que eso es lo que nos une, entonces podemos empezar a buscar en este ámbito tan interesante de debate, modos de reflexión y también permitirnos cuestionamientos o algunas dudas que me parece que son muy saludables a la hora de buscar una legislación.

Y empecé a preguntarme algo, por ejemplo, interpelando o pensando en aquellos que tienen posiciones históricas en contra. Mi posición personal es conocida, por eso estoy aquí desde hace muchísimos años en el ámbito que me toca, que son los medios de comunicación, tratando de defender estas posiciones. Sin embargo, me preguntaba por aquellos que están en contra o que tienen dudas respecto de la posibilidad de tener una ley de despenalización del aborto.

Estamos muy acostumbrados a hablar para nosotros mismos. Es decir, yo estoy a favor, entonces vengo aquí a plantear las posiciones históricas que todos defendemos casi como eslogan que no hacen más que reafirmar nuestras creencias preexistentes. Eso no sería muy productivo porque lo que me interesaría es que todos pudiéramos pensar cómo hacer la mejor ley posible.

Me pregunto si aquellos que están en contra por ejemplo se han planteado por qué esta sociedad y este Parlamento ha llegado a un consenso respecto de la donación de órganos a través de la sanción de la ley del donante presunto, por la que cuando ya no hay actividad cerebral se permite la ablación de órganos, aunque esos cuerpos todavía tengan signos vitales.

Sin embargo, en la discusión del aborto parecería que eso tiene otra dimensión científica o biológica. Me preguntaba si realmente la discusión es científica, biológica o tiene un condicionamiento moral o quizás religioso detrás, porque se ha establecido un consenso respecto de pensar en un cuerpo que solo tiene un corazón que late y un cerebro que no funciona. Pero pensar en una mujer que tuvo una relación sexual que no tenía fines reproductivos mueve condicionamiento morales o religiosos -o ambos-, y me parece que ese es el condicionamiento principal. Si así fuese, la verdad es que podríamos reflexionar si este no es un Estado laico, que merece una discusión diferente, y si aquellos valores morales no debieran ser respetados -y son respetables- para sí mismos, y para su círculo íntimo, y que no debemos intentar imponérselo al resto de la sociedad que puede tener otros valores y creencias.

También está zanjada la discusión por ejemplo respecto del aborto no punible. Esto ya se resolvió desde el punto de vista jurídico, desde el punto de vista legal e incluso moral, porque ya está zanjado en la discusión preexistente respecto del aborto no punible.

Otra vez me pregunto, en ese caso, si es producto de una violación estamos de acuerdo en que la ley ampare la posibilidad de interrupción del embarazo. Ahora, si no hay una violación, si hay una relación sexual consensuada y placentera de una mujer con un varón, entonces, ¿no merece la discusión respecto de la posibilidad de interrupción del embarazo? Me parece que son interrogantes interesantes que todos podríamos hacernos, los que pensamos de un modo o de otro, a la hora de pensar qué ley podemos tener en la Argentina.

También pensaba, interpelando aquellos que tienen la posibilidad de tomar decisiones, que esta es una discusión de mujeres, y bienvenidos a todos los varones que durante mucho tiempo incluso han apoyado estas posiciones. Pero pensaba que si lo que estuviese en juego fuese el cuerpo de los varones que tuviesen la posibilidad de procrear, quizá esta discusión estaría zanjada desde hace décadas. De modo que me parece que los varones tienen que hacer una introspección y un trabajo de conciencia aun mayor que aquellas mujeres que están en contra o que no están seguras respecto de la posibilidad de aprobar una ley de despenalización.

Y en ese sentido buscando, como dije al principio, los consensos -todos estamos a favor de la vida y ninguno de nosotros está a favor del aborto-, deberíamos interpelar también a aquellos legisladores que desde hace tanto tiempo vienen luchando por este tipo de leyes y pedirles a todos ustedes que nos escuchemos y que no busquemos la ley ideal, sino la ley posible. Hay una enorme distancia entre la ley ideal y la ley posible. Por supuesto que la ley ideal es la que tiene los argumentos esgrimidos por la mayoría de los que escuché en este debate, pero quizás no sea la ley posible. Y entre nada y la ley ideal prefiero la ley posible.

Por eso creo que es muy interesante que nos podamos escuchar y que si aquellos que dudan o están en contra quieren discutir por ejemplo hasta qué semana de gestación se puede realizar, abramos el debate y discutámoslo. Si aquellos que están en contra quieren discutir si una niña, joven o adolescente de trece o catorce años necesita o no el acompañamiento de un adulto mayor, de un tutor o un padre, discutámoslo. Si aquellos que están en contra o dudan quieren discutir la objeción de conciencia de los médicos, discutámoslo.

Aquellos que llevan adelante desde hace tanto tiempo la discusión de la despenalización, abran el debate y busquen consensos; tienen la responsabilidad de hacerlo. Busquemos una ley posible, no una ley ideal, si no nos vamos a quedar con las manos vacías.

También pediría a aquellos que tienen una posición contraria, que nos escuchemos, que entendamos que es una sociedad laica, que ellos que no están de acuerdo con abortar no lo van hacer ni tienen la obligación de hacerlo. La despenalización o legalización no implica obligatoriedad alguna, como pasó en la discusión de la ley de divorcio o de matrimonio igualitario.

Lo que desde mi lugar vengo a pedir es responsabilidad a todos los legisladores de buscar consensos por todas las mujeres que desde hace tantos años tienen que ser sometidas no solamente a la clandestinidad sino también a la muerte. (Aplausos.)



Sr. Presidente (Lipovetzky).- Tiene la palabra la doctora Sabrina Cartabia, abogada feminista, actualmente es investigadora asociada del PIAF, Programa de Abogacía Feminista de la Universidad Torcuato Di Tella y presidente de la asociación civil Red de Mujeres.

SRA. CARTABIA Mucho se ha hablado sobre las consecuencias negativas que tiene la penalización del aborto en este recinto. Podemos afirmar que la prohibición actual habilita una cadena de violencias que recaen en forma excesiva sobre los cuerpos de mujeres, niñas y adolescentes y otras personas que abortan.

El primer eslabón de la cadena lo podemos encontrar en la violación del secreto profesional, que vemos que día a día se da en diferentes lugares de nuestro país donde las mujeres recurren solicitando atención por emergencias obstétricas o por abortos en curso, y se encuentran con la cara más violenta del sistema de salud. Esto, por ejemplo, lo vimos en el caso de Belén. Y acá tenemos un problema, porque nunca el interés estatal de perseguir un delito, puede llevarse puesto el derecho humano a la salud de las mujeres, niñas y adolescentes en nuestro país.

El segundo eslabón es el maltrato que habilita. Sabemos que en muchos lugares de nuestro país están haciendo legrados sin anestesia en forma de castigo, y de ninguna manera podemos tolerar que estas cuestiones sigan siendo moneda común en nuestros servicios de salud.

El tercer eslabón son los obstáculos a los abortos legales que tenemos desde 1921 en nuestro país. Muchas niñas y adolescentes son obligadas a maternidades forzadas, producto de violencia sexual. Hay mujeres que han perdido la vida, como por ejemplo, Ana María Acevedo, a quién se le negó el tratamiento para un cáncer terminal e incluso, se le negó el tratamiento del dolor por estar embarazada.

Un cuarto eslabón es la morbimortalidad materna, producto exclusivo de la prohibición penal. Porque bien sabemos que las mujeres no se mueren por abortar, se mueren porque no pueden ir al sistema de salud cuando tienen una complicación por el aborto; de eso estamos hablando hoy acá.

Por otra parte, la prohibición del aborto genera una herida profunda en la configuración de la subjetividad femenina. No es lo mismo nacer y criarse en una sociedad en que te sabés libre, que nacer y criarse en una sociedad que, en algún momento, y en relación con tus capacidades reproductivas, te pone un límite a tu voluntad y a tus posibilidades: te dice que tenés que ser madre. En ese sentido los desafío a ustedes a buscar en nuestro ordenamiento jurídico otra norma que tenga similar impacto sobre los varones como la que tiene la prohibición del aborto sobre los cuerpos de las mujeres.

Teniendo en cuenta la grandiosa movilización social que tenemos hoy en la Argentina y nuestros reclamos por nuestros derechos por vivir una vida libre de violencia, es indispensable entender que no podemos pensar en lograr el "Ni una menos", si no legalizamos el aborto en la Argentina.

Sin embargo, hace algunos años atrás ha ocurrido un hecho que lo ha cambiado todo y que incluso cambia el eje de este debate: estoy hablando de la generación de redes de acompañamiento, que por medio de difusión de información, eluden la muerte y el desamparo que hoy genera el Estado con la prohibición.

En 2009, un movimiento de mujeres llamado Lesbianas y Feministas por la Discriminación del Aborto, lanzó una línea de teléfonos llamada "Más información menos riesgos". Un año después, sacó este manual que tengo en mi mano. A partir de ese momento, contamos con información muy privilegiada que empezamos a difundir entre redes. Esto fue tomando capilaridad en todo nuestro país a través de movimientos sociales, agrupaciones políticas y también permeó el sistema de salud. Incluso, en la provincia de Buenos Aires tenemos una ley de consejerías de pre y post aborto, que aún no ha sido reglamentada por la gobernadora, pero en ella se le da cabida a este modelo para poder brindar información y sortear los obstáculos que hoy tenemos para poder acceder a abortos seguros.

Desde Red de Mujeres y con la agencia de noticias Latfem, el año pasado sacamos una campaña en redes sociales porque queríamos saber y dimensionar el impacto que estaba teniendo esta nueva forma de transitar las experiencias de aborto. Esa campaña se llamó "Juntas Abortamos". A través de las redes sociales logramos que miles de mujeres contaran sus experiencias de acompañamiento o de contención, con otras mujeres en situación de aborto. Por supuesto nos encontramos con relatos sobre clandestinidad: los miedos, los peligros y los traumas que la clandestinidad genera. Pero sobre todas las cosas nos encontramos con solidaridad entre mujeres. Nos encontramos con abrazos, con redes que se tejen y que permiten salvarnos de esa caída brutal en la soledad. Mientras este Congreso debate, debo celebrar esta compañía, la amistad y la entrega desinteresada que hemos llevado adelante.

En este punto me toca hacer una revisión de mi historia familiar e incluso personal. Mi bisabuela murió en Chaco, producto de un aborto clandestino a fines de la década del 30, principios de la 40. Se llamaba Hipólita, tenía 24 años y tres hijos que luego fueron abandonados por su padre. Porque bien sabemos que en nuestro país los varones abortan cuando quieren, abandonan sus responsabilidades parentales y no hay ninguna sanción penal por ello. Pienso, que si en ese momento hubieran existido las redes feministas de acompañamiento, quizá la historia hubiera sido diferente e Hipólita hubiera transitado su vida, como ahora lo hago yo y como lo hacen las miles de mujeres que abortamos en el mundo.

La penalización no es una herramienta eficaz para proteger la vida en gestación, más bien todo lo contrario. Lo que sí genera son muchos problemas en la vida de las niñas, mujeres y adolescentes que necesitamos y queremos abortar en la Argentina.

Señores diputados y diputadas: frente a esta realidad y reconociendo que el aborto es un hecho, que vamos a seguir abortando exista una ley que nos ampare o el abandono estatal que tenemos hoy en día, las mujeres en la Argentina nos hemos organizado para dar una respuesta solidaria que evita la muerte y el desamparo. Ustedes como representantes del pueblo de la Nación tienen una oportunidad histórica. ¿Qué están esperando para legalizar el aborto? (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Eva Gutiérrez, trabajadora precarizada de Argentina Trabaja, de Hurlingham.

SRA. GUTIÉRREZ Buenas tardes, gracias por permitirme hablar. Vengo a hablar en nombre de las mujeres pobres, trabajadoras y desocupadas de los barrios y villas que estamos a favor de la despenalización del aborto.

Venimos a exigir, o vengo a exigir a los diputados que sancionen la ley de aborto seguro, legal y gratuito. Reclamamos -y se nos niega- el derecho a la maternidad. Basta de hipocresías, las mujeres no vamos alegremente a abortarnos. Fuimos y somos condenadas por el Estado a tener que abortar desde el momento en que nuestro salario no cubre ni siquiera una canasta básica alimenticia. Más del 50 por ciento de las mujeres tenemos salarios por debajo de los 12.000 pesos.

Las compañeras de Argentina Trabaja cobramos 4.800 pesos. La asignación por hijo no llega a más de 1.000 pesos, un poco más por cada hijo. Eso no alcanza para alimentar a ningún niño.

Somos condenadas desde el momento que nos niegan el derecho a la vivienda y vivimos hacinadas con nuestros hijos; somos condenadas a abortar desde el momento en que no tenemos vivienda y queremos alquilar. Si tenemos un hijo nos cuesta conseguir un alquiler, y si tenemos varios se nos hace imposible alquilar. Estamos condenadas a abortar porque no tenemos derecho a la salud y se nos niega la educación para nuestros hijos, y también la posibilidad de acceder a los anticonceptivos gratuitos. Eso es lo que padecemos las mujeres en los barrios pobres. Después nos criminalizan y nos dicen asesinas; no tienen derecho.

Vengo a hablar en nombre de las mujeres que tenemos que recurrir al aborto clandestino. No vamos alegremente; somos las mujeres las que sufrimos los daños producto de abortos mal hechos, somos las que engrosamos las listas que leyeron acá en las distintas reuniones, entre 50.000 y 80.0000 mujeres que van al hospital público por abortos mal practicados.



Somos nosotras las que sufrimos las consecuencias de amputaciones y de pérdidas de úteros u ovarios, cuando no perdemos la vida.

Basta de hipocresía. Se nos condena a abortar clandestinamente porque se nos niega el derecho a abortar en un hospital público, de manera segura y gratuita.

Hablo en nombre de las que luchan por el aborto desde hace muchos años. Las niñas y las estudiantes -que son las jóvenes que engrosan el listado de los embarazos no deseados-, me dicen: "No tenemos los 200 pesos para comprar las pastillas anticonceptivas".

Vengo a decirles "basta", basta de someternos al aborto clandestino. No queremos ser más mutiladas. Basta de hipocresía. Basta de hablar por nosotras. La Iglesia y los gobernantes, ¿qué dicen? Que quieren terminar con la pobreza y con el aborto. ¡Mentiras! Si quieren terminar con la pobreza, legalicen el aborto.

Como mujer que lucha por terminar con la pobreza, que se organiza en los barrios, que pelea por el salario como miles de mujeres que salen a luchar porque son despedidas, que luchan por una guardería o por un trabajo que se nos niega a millones de argentinas, les digo basta de hipocresía. No hablen en nuestro nombre. Si la Iglesia quiere terminar con la pobreza, hay que darle la espalda: acá se tiene que aprobar el derecho al aborto en el hospital.

Por este derecho vienen luchando miles de mujeres, miles de jóvenes en las calles. Hace más de treinta años que venimos tratando de que este tema se discuta en este recinto, y somos nosotras las que logramos que acá se abra este debate.

Millones de mujeres el 8 de marzo pasado marchamos con este reclamo. Millones de jóvenes reclaman la educación sexual, científica y laica. Queremos desembarazarnos de esa pata que nos mantiene oprimidas y quieren que nos resignemos.

Queremos el aborto legal, seguro y gratuito en el hospital. Queremos anticonceptivos para no abortar. Basta de llamarnos asesinas. Basta de hablar en nuestro nombre. Queremos el derecho a tener una familia. Queremos dejar de ser pobres.

No se hagan los distraídos: no les den la espalda a las miles de jóvenes. Sancionen la ley de aborto legal, seguro y gratuito en el hospital público. Se los pido para mis hijas, para todas las hijas y las nietas. Para las miles de mujeres que reclaman el derecho a la vida y a ejercer una sexualidad plena, sancionen la ley de aborto legal, seguro y gratuito en el hospital público. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la señora María Luisa Storani, quien actualmente es diputada del Parlasur. También es diputada nacional mandato cumplido y licenciada en Sociología egresada de la Universidad del Salvador.

Sra. Storani.- Buenas tardes a todos y a todas. La verdad es que es muy fuerte esto, estoy muy emocionada al ver que en este recinto se esté debatiendo este proyecto. Por eso quiero especialmente agradecer a las legisladoras y legisladores que me han posibilitado compartir mi aporte.

Creo que quienes transcurrimos muchos años en esta Cámara buscando los nichos y rincones para debatir este tema, hoy estamos viviendo un momento histórico.

Señor presidente, diputados y diputadas: hablo como diputada mandato cumplido y ahora como parlamentaria del Mercosur por la Unión Cívica Radical. Fui firmante del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo y de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Lo hice desde la militancia en el movimiento de mujeres que generó las condiciones para este debate, posibilitado también por decisión del presidente de la Nación.

Tuvimos que superar no solo la intolerancia secular, sino que con las mayorías de mujeres y hombres progresistas fuimos marginados de las grandes concentraciones por las burocracias organizacionales. Sin embargo, las exclusiones de los palcos y el sectarismo de las declaraciones no nos disuadieron para que ocurra lo de hoy sucede en nuestro país: el debate sobre la despenalización del aborto con los representantes del pueblo.

Ustedes tienen la oportunidad de dar un gran salto histórico en las relaciones sociales si aprueban el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, en el centenario de la Reforma Universitaria, precisamente una gesta libertaria que se derramó en América Latina y nos prestigió en el mundo. Hago votos para que demos ese salto que implicará decir que estuvimos a la altura de las circunstancias, y nos hacemos cargo de que las vergüenzas que quedan son las libertades que faltan. Hablar de penalización es hablar de vergüenzas y de libertades.

Este proyecto va en línea con las decisiones del presidente Raúl Alfonsín, y sobre todo con la ley de divorcio vincular y de patria potestad compartida. También está en sintonía con en el trabajo de la atmósfera transversal, que es lo contrario al sectarismo, que primó en la ley de matrimonio igualitario.

Me reconforta encontrarme aquí con compañeras y compañeros de otros signos políticos, del mismo modo que reconforta mucho que los seis diputados radicales de mi provincia, Buenos Aires, sean firmantes y promuevan el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo.

Es con la empatía entre nosotras y nosotros, y con nuestro pueblo, que ustedes van a dar ese gran salto histórico. La decisión que tomen ustedes nos posibilitará construir una política feminista en línea con nuestro prestigio internacional por los derechos humanos.

La personalidad internacional -tema que también recogemos de Alfonsín- se fortalece de igual manera con estas conductas que tienen y toman las naciones.

Ayer en una nota de un matutino el profesor Juan Tokatlian refería a esa política exterior feminista que, junto con Christine Alwan y Laurel Weldon, definió -y lo leo textualmente-, como "un curso de acción externa guiado por el compromiso con la igualdad de género y apunta a resolver los graves problemas derivados del patriarcado, la inequidad sexual y la estigmatización de las sexualidades diversas".

Como ejemplo de esto, él invoca a Suecia. Su primera ley de despenalización es de 1938, y la actual es de 1975. Permite que se pueda practicar el aborto a las 18 semanas de gestación y que la seguridad social sustente económicamente la decisión política de que las mujeres puedan resolver esa situación, no implicándoles esto ninguna erogación.

En este sentido, en nuestra región Uruguay está más avanzado que la Argentina. Ya dio este debate. Es por eso que la decisión de la Argentina -y la de ustedes, legisladores-, también tendrá impacto internacional.

Quiero anunciarles lo siguiente. Si se aprobara un proyecto de mi autoría de convergencia legislativa en la sesión plenaria del Parlasur de este mes, las iniciativas que acá se consideren tendrían un automático estado parlamentario en países como Paraguay, Brasil y Venezuela.

Igualmente presentamos una declaración en marzo, que dice lo siguiente: "Que desde el Parlamento del Mercosur se recomienda a las Legislaturas Nacionales de los países de la Región que impulsen la despenalización de la interrupción del embarazo no deseado, ya que la libertad de elección resulta un Derecho Humano fundamental."

Además de los parlamentarios radicales, firmaron parlamentarios del Pro, del Frente para la Victoria y del Frente Renovador por Argentina, y otros de diversos partidos políticos de Brasil, Paraguay y Uruguay. Les haré llegar este proyecto para que lo tengan, que, si bien es de declaración, con el proyecto de convergencia se hará recomendable a los países.

Por otro lado, anteriormente me referí a la legislación sueca; así que, como socialdemócrata y radical alfonsinista la tomo como un ejemplo en línea con el divorcio vincular, la patria potestad compartida y el matrimonio igualitario.

Finalmente quiero saludar la decisión del gobierno de Cambiemos por hacerse cargo de nuestra agenda de género. Y en eso reconozco el aporte fundamental de una compañera del movimiento de mujeres que está a cargo del Instituto Nacional de las Mujeres, Fabiana Tuñez.

Por último, ustedes están tratando un tema inherente a la libertad y esta es tan importante que nadie lucha por la libertad propia sino por la libertad de los demás. Esa era una consigna reformista que se pintaba durante la dictadura de Onganía.

Señor presidente: le pido que eleve al presidente Mauricio Macri mi reconocimiento por su decisión de abrir el debate y no vetar la ley, aun cuando pensemos lo específico de un modo distinto. Dígale también que no repita más eso de que está con la vida porque su contrario es que muchas personas, como yo, estamos con la muerte. Yo también pinté paredes en la dictadura de Videla. Nosotras y nosotros somos la vida. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra el doctor Carlos Bigalli, profesor de la Facultad de Derecho de la UBA.

SR. BIGALLI Diputadas y diputados: les agradezco la invitación.

Mi exposición versará sobre dos cuestiones: la inconstitucionalidad de la penalización del aborto temprano a requerimiento de la mujer y la insuficiencia -en términos de derecho efectivo- de su despenalización.

La tipificación como delito del aborto temprano a requerimiento de la mujer repugna a un Estado constitucional, social y democrático de derecho. Ello es porque desconoce el derecho a la autonomía reproductiva, entendida como la facultad de la mujer de decidir procrear o no; implica discriminación contra la mujer, como sostiene el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer; impone a las mujeres un plan de vida: la maternidad coactiva; constituye un acto de violencia por razón de género, como sostiene el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer; desconoce la dignidad de las mujeres, degradándolas a úteros reproductores; impide que las mujeres accedan a abortos seguros, en particular las niñas, como lo ha denunciado el Comité de los Derechos del Niño; y colisiona con la obligación estatal de proteger la vida de las mujeres contra los riesgos generados por los abortos peligrosos.

La penalización se sostiene mediante una espuria fundamentación que convierte en "indesplazable" un derecho expresamente regulado para que no obstaculice los derechos de la mujer.

Con palabras de la Corte Interamericana de Derechos humanos el objeto y fin del artículo 4.1 de la Convención es que no se entienda el derecho a la vida como un derecho absoluto cuya alegada protección pueda justificar la negación de otros derechos, la protección del derecho a la vida es gradual e incremental.

Esa protección incremental de la vida humana, diputadas y diputados, no les es ajena, como puede advertirse con una rápida mirada del Código Penal, producto de vuestra actividad legiferante.

En los casos en los que el aborto resulta penable, se lo conmina con una pena menor que la del hurto de alambre dejado en el campo o la del hurto de una oveja. Hay un hecho delictual, es cierto, diputadas y diputados, que tiene idéntica pena a la del aborto, que es el de provocar una infección en un canario enjaulado.

En la hipótesis argumental de que el test de compatibilidad normativa sea superado, deben abordarse dos cuestiones vinculadas con la operatividad real: el de la idoneidad de la prohibición y el del coste de la prohibición, que deberá ser necesariamente menor que el coste del mal que se evita.

La idoneidad grosera de la prohibición penal es tal que no protege al embrión, no posee eficacia disuasoria sobre la mujer y, ni siquiera, es utilizada para habilitar el ejercicio de poder punitivo formal.

Diputadas y diputados: si los objetivos perseguidos con la prohibición penal no pueden ser alcanzados, y el coste de la prohibición es mayor que el coste del mal que se evita y, pese a ello, la prohibición se mantiene, será necesario preguntarse por las funciones que la prohibición cumple en la realidad.

No se requiere una gran inteligencia para advertir que la prohibición valida un estereotipo de mujer, genera un negocio millonario y habilita la imposición extrajudicial de penas de incapacitación y de muerte sobre las mujeres que no pueden acceder al mercado del aborto seguro.

En nuestro medio, la clandestinidad tiene subcategorías. Quien tenga recursos podrá acceder a un aborto doblemente seguro: en condiciones médicas y de asepsia adecuadas, y sin riesgo de criminalización.

La criminalización secundaria del aborto, aunque excepcional, recae solo sobre las mujeres pobres que concurren a los centros de salud para no morir como consecuencia de un aborto inseguro.

La experiencia de cien años de regulación en nuestro país del aborto por indicaciones, no debe ser soslayada. Durante noventa años los hospitales públicos exigieron a las mujeres pobres que pretendían un aborto permitido, una autorización judicial que ninguna ley imponía, y los órganos jurisdiccionales rechazaron las pretensiones de las mujeres, no sin algún sermón.

En los seis años transcurridos desde el fallo de la Corte Suprema de Justicia, aparecieron nuevas barreras: ausencia de protocolos, existencia de protocolos restrictivos, acciones judiciales para suspender abortos por aplicación de protocolos, alegaciones de objeción de conciencia.

Las barreras al ejercicio de la autonomía reproductiva tienen incidencia directa sobre otros derechos, fundamentalmente, el derecho a la salud, y la efectivización del derecho a la autonomía reproductiva requiere prestaciones concretas del sistema de salud.

El derecho a la salud integral debe hallarse efectivamente disponible para todas las mujeres, con total independencia de la situación socioeconómica en que se encuentren.

Diputadas y diputados: los proyectos en tratamiento ponen fin a una inconstitucional criminalización y garantizan a todas las personas con capacidad de gestar el acceso efectivo al sistema de salud. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Natalia Torres Santome, abogada especialista en Derecho de Familia.

SRA. TORRES SANTOME Muchas gracias por esta convocatoria.

En tanto que soy abogada y doctora en Derecho mi presentación abordará exclusivamente el ámbito jurídico.

Para comenzar les propongo compartir un ejercicio. Imaginemos por un momento que estamos en una habitación con un niño de dos años. En la habitación también hay una crioconservadora con miles de embriones. De repente, comienza un incendio que nos da apenas unos segundos para escapar y solo podemos elegir llevar con nosotros al niño o a los embriones.



¿Qué elegimos? Parece claro que hemos salvado al niño. Esto significa que en nuestro fuero interno un embrión o miles, no están axiológicamente en el mismo lugar que un niño.

Esto es en principio sólo un ejercicio subjetivo, lo que debemos ver es si se corresponde en términos jurídicos. Es interesante partir del ejercicio porque cuando hablamos de derechos humanos debemos recordar que son aquellos que le reconocen a su titular, una persona, prerrogativas que sólo pueden ser limitadas con el fin de proteger otros derechos humanos detentados por otras personas.

Es decir, estos derechos no pueden restringirse o anularse con el fin de salvaguardar intereses colectivos, utilitarios o consecuencialistas. No pueden restringirse en virtud de valores como la vida humana en abstracto o la vida humana potencial. Tampoco pueden ser restringidos en virtud de creencias religiosas o ideologías aun cuando fueran mayoritarias. Sólo pueden restringirse en virtud de los derechos de otras personas.

Entonces, debemos plantearnos si jurídicamente, las personas por nacer tienen la misma jerarquía que las personas nacidas. Quienes aspiran a lograr esta equiparación entienden que la vida comienza con la unión del óvulo y el espermatozoide, incluso fuera del seno materno. En este sentido no habría diferencia entre un embrión, un feto y un niño. De forma tal, que en nuestro ejercicio, al momento de elegir salvar al niño o a los embriones, nos hubiéramos enfrentado a un dilema porque hubiéramos tenido derechos de igual rango.

Para el derecho civil argentino desde los orígenes de su codificación el concepto de persona por nacer no es jurídicamente equiparable al concepto de persona humana. El concepto de persona por nacer, refiere a una entidad pasible de transformarse en una persona humana, pero esta posibilidad está sujeta a una condición que es el nacimiento con vida. Hasta que dicha condición no ocurra para el derecho no hay persona, no se adquieren derechos, y si esta condición no ocurre, jurídicamente se considera como si esa persona nunca hubiera existido.

La Argentina se planteó esto en particular ante el caso de mujeres víctimas de desaparición forzada que al momento de su asesinato por las fuerzas de seguridad cursaban embarazos a término. Embarazos que no habían finalizado en nacimiento por el propio accionar ilegal del terrorismo de Estado. La jurisprudencia rechazó otorgar el beneficio que surge de la ley 24.411 respecto de los no nacidos, por entender que aun frente a todas las circunstancias especiales que habían impedido ese nacimiento, la persona del no nacido, no había existido en términos jurídicos. Este planteo claramente no ocurrió respecto de los niños víctimas.

Existe una clara diferenciación en términos civiles de la entidad embrión, feto, de la entidad niño. Ello no implica bajo ningún punto de vista, considerar que las personas por nacer, al no ser personas en términos jurídicos, sean cosas. Para nada, simplemente significa entender que axiológicamente tienen un tratamiento diferente al momento del reconocimiento de los derechos civiles.

Entonces, hay que determinar respecto de los derechos fundamentales. Es decir, respecto de los derechos humanos, ¿las personas por nacer, tienen axiológicamente la misma jerarquía jurídica que la mujer embarazada? Sólo en virtud una respuesta positiva a esta pregunta, el embarazo podría enfrentamos un dilema, ya que -como hemos dicho- estos derechos sólo pueden restringirse en términos de persona a persona.

¿Podemos restringir el derecho humano de la mujer a su proyecto de vida, a la soberanía sobre su propio cuerpo, a sus decisiones reproductivas? ¿Podemos exigirle que continúe un proceso que puede afectar su salud física o psicológica? Nuestra respuesta es absolutamente negativa, en los mismos términos y por las mismas causas que las personas por nacer no pueden ser equiparadas a los niños.

Nos queda todavía hacernos una pregunta más, ya que mucho se habló en este debate al respecto: ¿existe un derecho a nacer? Porque si tal derecho existe, simultáneamente existe un derecho a no nacer. Esta cuestión ya ha sido debatida jurídicamente. El caso más famoso es el caso Perruche, en Francia, donde una persona reclamaba un resarcimiento por haber nacido con graves problemas de salud, alegando que la información médica errónea le había impedido a su mamá realizarse un aborto terapéutico. En ese caso el tribunal superior francés resolvió la causa entendiendo que el derecho a continuar o no con el embarazo era de titularidad de la mujer, y que no existía un derecho a elegir nacer o elegir no nacer. Pensemos por un momento la cantidad de consecuencias que puede acarrear asumir que existe un derecho a no nacer.

Para finalizar, quiero recordar que tal como se ha dicho repetidamente en este debate, el aborto en la Argentina se encuentra despenalizado en determinadas circunstancias en virtud del artículo 86 del Código Penal. Sin embargo, mientras los profesionales de la salud se nieguen a practicarlo, o la mujer deba recorrer tribunales y clínicas en la búsqueda de la efectivización de un derecho que la propia ley le reconoce desde el año 1921, o que tema atenderse en una clínica o en una urgencia luego de un aborto clandestino por el riesgo de ser denunciada, mientras exista un mercado negro de abortos clandestinos, mientras todo ello ocurra, tenemos un problema, aún con el artículo 86 vigente.

Por eso, señores diputados, necesitamos la ley de aborto. Porque como dijo Scalabrini Ortiz: "Todo aquello que la ley no regula expresamente a favor del más débil, lo regula implícitamente a favor del poderoso". Muchas gracias.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Natalia Volosin, abogada, magíster en derecho de la Universidad de Yale y candidata al doctorado en Derecho por la misma institución.

SRA. VOLOSIN Muchas gracias por la invitación.

Antes de comenzar a debatir los distintos argumentos a favor y en contra de la despenalización del aborto y de la interrupción voluntaria del embarazo, deben ustedes recordar algo un poco básico. Esto es que la democracia constitucional, en la hemos decidido resolver nuestros acuerdos morales más profundos, establece algunas reglas deliberativas básicas. Es decir, las razones por las cuales todos los que estamos acá valoramos a la democracia y la Constitución, implican que no cualquier argumento es legítimo, válido a la hora de decidir, por ejemplo, sobre el alcance y los límites de los derechos de las personas. Si además, se trata de decidir sobre un colectivo cuyos derechos han sido históricamente violados, como es el caso de las mujeres, y sobre una política pública que castiga de manera desproporcionada a un grupo vulnerable -es decir, las mujeres pobres-, entones, señores y señoras legisladores, la responsabilidad que tienen todos ustedes de ofrecer razones públicas para decidir en uno y otro sentido, es mucho mayor aun.

Sin perjuicio de que por supuesto todo puede ser dicho en este Congreso de la Nación, ustedes tienen el deber de discriminar entre todo lo que aquí se dirá durante estos meses, qué argumentos cuentan, porque constituyen razones públicas y qué argumentos no cuentan, porque están basados en prejuicios, porque están basados en gustos personales, porque están basados en reacciones emocionales; lo que ocurriría, por ejemplo, si yo les mostrara ahora en este video cómo se lleva adelante un aborto quirúrgico -como ocurrió esta mañana-, o si yo les hiciera escuchar el sonido de mi ecografía durante mis dos embarazos. Eso no es un argumento, no es una razón.

Tampoco es un argumento de los que cuentan, una proposición que no resiste un mínimo test de evidencia. Tampoco lo es un argumento que es contrario o inconsistente con otro argumento o con otra conducta que yo sostengo, porque eso sería tener una inconsistencia lógica.

En definitiva, lo que ustedes deben hacer es reflexionar y distinguir en otros, pero especialmente en ustedes mismos, la moral positiva o convencional de la moral crítica; son dos cosas distintas. Como dijera Ronald Dworkin en su famosa respuesta a Lord Devlin cuando discutían penalizar la homosexualidad en 1966: "Un legislador concienzudo a quien se le dice que existe un consenso moral tiene el deber de evaluar las credenciales de ese consenso."

Entonces en ese marco, sus creencias personales, sean religiosas o morales, no interesan en este debate, no son relevantes. Su deber en una democracia constitucional, su deber en el marco de la Constitución que juraron respetar y hacer respetar, y en el marco del sistema democrático que es el que los puso donde están, es dar razones públicas, razones de las que cuentan.

¿Es razonable que se escuche aquí a las religiones? Claro, pero solo en la medida que puedan ofrecer argumentos, razones de las que cuentan. Lo que diga el papa, la Torá, el Corán o la institución religiosa que fuera en relación al comienzo de la vida no interesa en este debate. Su deber como legisladores no es votar a conciencia. Su deber no es votar a conciencia, su deber es dar razones públicas, argumentos imparciales que puedan ser aceptados de manera universal por cualquier persona autónoma, cualesquiera que sean sus creencias morales o religiosas.

Tampoco es una razón de las que cuentan el eslogan emocional "Estoy a favor de la vida". Este no es un argumento que pueda clausurar la discusión. Es simplemente una apelación vacía de contenido. Justamente, de lo que se trata este debate es de asignarle valor normativo y consecuencias jurídicas a un gameto, a un embrión o un feto, etcétera. Pero ese valor normativo no puede derivarse de concepciones personales del bien, sean morales o religiosas. Solo dogmáticamente podríamos asignarle el mismo valor a un embrión y a un feto que a un niño, una niña, una mujer o un adolescente, y un dogma no es una razón.

La deliberación democrática presupone el valor de la autonomía personal, es decir, la capacidad de llevar adelante planes de vida, y también presupone un criterio de valoración incremental: valoramos más a una niña que a un feto, valoramos más a un feto que a un embrión, etcétera.

La razón por la que valoramos de manera incremental a cada uno de estos seres biológicos es que la ciencia nos indica, no ya qué es una persona, pues no es ese el rol de la ciencia, pero sí qué características tiene cada uno de estos seres. Y sabemos, entonces, a través de la ciencia, que los estados mentales, y por lo tanto la capacidad de llevar adelante planes de vida, de un embrión no son los mismos que los de un feto, y los de un feto no son los mismos que los de una niña o una adolescente o de una mujer.

Pero además lo que la criminalización parcial del aborto que está vigente pone en riesgo justamente es la vida y la integridad física y emocional de las mujeres. Este argumento de salud pública, el de justicia social y los argumentos constitucionales basados en el derecho a la igualdad y a la autonomía son los que deben impactar en la decisión que ustedes deben tomar sobre cómo evaluar de manera incremental el concepto de persona humana.

Entonces, decir que uno está a favor de la vida no es una razón. En todo caso, lo podría usar ese mismo argumento para justificar y explicar el voto favorable a la despenalización y a la interrupción voluntaria del embarazo. Estar a favor de la vida tampoco le impidió al Congreso sancionar el Código Penal en 1921, que no solo penaliza de manera distinta al aborto y al homicidio, sino que habilita el aborto en determinadas circunstancias. ¿Y a qué atienden esas circunstancias? Justamente, atienden algunos aspectos de la autonomía de la mujer, a su consentimiento, a su integridad física y a su libertad.

Lo que queremos ahora es que ustedes atiendan otros aspectos de esa autonomía, para que todas las mujeres de este país podamos elegir libremente nuestros planes de vida.

Por último, creo que ustedes podrán discutir en los márgenes, dar razones sobre las causales, los plazos, la objeción de conciencia, etcétera. Lo que no pueden hacer, al menos no sin violar los presupuestos de la tarea que se les encomendó a todos y a todas ustedes como representantes de la democracia constitucional, que ustedes juraron respetar -muchos de ustedes incluso juraron respetarla en nombre de sus creencias religiosas y lo que juraron respetar no fueron sus creencias religiosas, usaron sus creencias religiosas para decir que iban a respetar la Constitución y la democracia-, lo que no pueden hacer ahora es alejarse de la razón y esconderse en prejuicios, en inconsistencias lógicas y en dogmas religiosos para seguir condenando a miles de mujeres, niñas y adolescentes todos los años en este país a llevar adelante embarazos que no son compatibles con sus planes de vida, atravesar la clandestinidad y el estigma del derecho penal, a sufrir daños físicos irreparables o a la muerte. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la licenciada María Gutiérrez, psicóloga, especialista en asistencia a adolescentes.

SRA. GUTIÉRREZ (MARÍA) Ante todo, por lo que se dijo al principio, quiero hacer una aclaración: yo soy licenciada en sociología, docente investigadora de la Universidad de Buenos Aires, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y coordinadora del Área de Advocacy e Incidencia Política de FUSA AC.

Muchas gracias por la invitación. Como integrante de la Campaña Nacional, agradezco la escucha de los y las diputadas ante este debate tan necesario y urgente para nuestra democracia y el conjunto de las mujeres y las personas con capacidad de gestar.

Voy a tratar de dar respuesta a una sistemática resonancia sobre la madurez o no de la sociedad para enfrentar el debate sobre el aborto.

En primer lugar, ¿qué significa, para el campo sociológico, el sintagma "sociedad"?. Es quizás uno de los conceptos más controversiales de las ciencias sociales dado que comporta múltiples conceptualizaciones. Entre tantas, sociedad es el espacio comunitario donde la ciudadanía despliega su vida cotidiana, sus deseos, sus necesidades, sus logros y frustraciones, compartiendo determinadas normas y cultura.

Las mujeres y las personas con capacidad de gestar hemos asumido, en el transcurso de una histórica lucha, la importancia de ocupar esos lugares. Nada fue concedido fácilmente: los derechos se conquistan.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito, a través de acciones diversas ha desplegado nuestro lema fundacional: "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir" y consideramos se ha logrado la despenalización social del aborto, como lo expresó aquí en este recinto Marta Alanis.

¿Cómo y dónde se logró? En los colegios, en los institutos, en las universidades se alzó la voz de docentes y estudiantes en la demanda del cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral. Ello significó generar debates entre los y las jóvenes para construir sus propios sentidos sobre la libertad de decidir sobre su propio cuerpo y planes de vida.

Es evidente la transposición generacional que la propia Campaña ha generado. Esto pone de relieve la importancia del acceso de las jóvenes y los jóvenes a los servicios de salud, tomando en consideración la autonomía progresiva para decidir sobre su vida como lo reclama nuestro proyecto.

Creación de cátedras en las universidades nacionales de todo el país dieron cuenta de una demanda del conjunto del estudiantado de entender/entenderse en la complejidad de una vivencia corporal que se instituye con estatuto de ilegalidad y clandestinidad. De ahí la creación de cátedras emblemáticas, como la de la Facultad de Medicina de Rosario, cursos en Medicina, Ciencias Sociales y Psicología de la de Buenos Aires, en la Universidad del Comahue y tantas otras. El Consejo Interuniversitario Nacional, que concentra a todas las universidades nacionales, se expidió claramente sobre la importancia de legislar sobre el aborto.

En concordancia con la legislación existente se organizó la red nacional de profesionales de la salud para llevar adelante, con conocimiento científico y responsabilidad ética, el acceso y el cumplimiento de las interrupciones legales del embarazo contenidas en el propio Código Penal del año 1921, el fallo "F.A.L." de la Corte Suprema de Justicia de 2012 y los protocolos implementados por el Ministerio de Salud de la Nación desde 2010.

Gracias a ello, muchas mujeres, en general de sectores altamente vulnerables, encontraron un espacio cálido, comprensivo y seguro para llevar adelante sus decisiones reproductivas.

Es clave la legalización del aborto que permita el uso del derecho humano de las mujeres y toda persona con capacidad de gestar, de decidir sobre su cuerpo y su vida hasta la semana 14 en condiciones de seguridad y gratuidad. Por ello, hablamos de legalización del aborto, producción y acceso a misoprostol, mifepristona y técnicas de AMEU y no suscribimos a ningún tipo de objeción de conciencia.

Un grupo de abogadas, que desarrollaron el litigio estratégico, han llevado la demanda por los estrados judiciales nacionales e internacionales.

Socorristas en Red, mujeres que acompañan a mujeres a abortar, surgen para dar cuenta de la ineficacia en el acceso al aborto para las mujeres y las personas con capacidad de gestar.

Ello generó espacios de continencia que toman en consideración la decisión de las mujeres sobre sus propias pautas reproductivas y sus proyectos de vida ante la falencia de las políticas públicas.

Muchas otras acciones se desarrollaron en el transcurso de 33 años de encuentros nacionales de mujeres, donde se articularon los feminismos populares y comunitarios que en cada territorio trabajan activamente para el reconocimiento del derecho a una vida digna de ser vivida, tomando la expresión de la filósofa Judith Butler y que tan bien explicaron en estas sesiones las doctoras Barrancos y Rosenberg.

Los estudios de opinión pública que se realizan con metodologías internacionalmente convalidadas dan cuenta de un incremento exponencial del apoyo a la despenalización y la legalización del aborto.

Los medios masivos de comunicación y las redes sociales pusieron el tema en la agenda pública en reconocimiento de una realidad social que, salvo honrosas excepciones, venía silenciado.

Nuestro grupo de comunicación registra y produce nuestros mensajes por todos los medios y las redes sociales. Del mismo modo se expidieron los representantes de diferentes expresiones artísticas.

Y por último, quiero dedicar un párrafo especial a la toma del espacio público por el movimiento de mujeres y feministas. Este espacio, al decir de la filósofa Hannah Arendt, transforma la materialidad del lugar en una expresión clave de la política. Ahí se instituye la política desde tiempos inmemoriales. Los cuerpos encontrados en las calles y las plazas resignifican los íconos de la democracia y transforman un derecho individual en un derecho colectivo. Las manifestaciones del Ni una menos, Grito Global, 8M y los pañuelazos dan cuenta de esta enorme polis que ya dio su veredicto: #abortolegalya. El despliegue del pañuelo verde, metaforizando la historia de derechos humanos de nuestro país, da cuenta de la pertenencia y el apoyo masivo a la demanda de la Campaña.

Esta Honorable Cámara también es la sociedad, aunque el eufemismo "sociedad política" pretenda poner una distancia.

Por ello, solicitamos, con la memoria de la lucha del pasado, la contundencia del presente y el porvenir de la innumerable cantidad de jóvenes que demandan, que los y las diputadas escuchen el sonido de la sociedad de la cual son parte y han asumido la responsabilidad de representar. Tienen la oportunidad y la obligación de dar cuenta de esta histórica lucha en favor de la vida, los derechos, la salud, el disfrute de la sexualidad y los deseos de las mujeres y toda persona con capacidad de gestar. (Aplausos.)

SRA. PRESIDENTA POLLEDO Tiene la palabra la señora María de los Ángeles Roberto.

Sra. Roberto.- Soy profesora en letras, integrante del Paro Internacional de Mujeres 8M, del equipo de comunicación de Madres Víctimas de Trata. Agradezco la oportunidad que me brindan para expresar consideraciones sobre la despenalización del aborto como biblista feminista. Además soy magister en Sagradas Escrituras. Me dedico a estudiar la Biblia en sus idiomas originales, el hebreo bíblico y el griego koiné.

En esta carpeta dejo a disposición de las señoras y señores diputados la lista de textos a los que haré referencia en mi exposición, por si quieren consultarlos con más tiempo.

En la Biblia no se trata el problema del aborto ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. En el Pentateuco, los infantes menores de un mes no eran considerados personas, por eso no ingresaban al registro de los censos. Hay solo dos textos que mencionan sucesos en los que podría producirse un aborto. En Éxodo 21: 22-23 se determina que, si una mujer como consecuencia de estar en medio de una pelea entre su marido y otro hombre y ella resultare herida y perdiere el embarazo, el agresor deberá pagar una multa al esposo. Al feto no se lo consideraba persona, por eso no se castigaba al culpable con la muerte. Recordemos que eran épocas de la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. En Números 5, 11-34, se menciona un aborto ritual practicado por el sacerdote. Si el esposo tenía celos de su esposa y no podía comprobar la infidelidad de ella a través de testigos, se practicaba el ritual de la ordalía, que consistía en obligar a la embarazada a tomar aguas amargas. Forzaban a la mujer a ingerir lo que actualmente se denomina "cadaverina", elemento que se encuentra en la materia orgánica muerta. En el santuario del Templo se realizaban sacrificios de animales a diario, estas aguas amargas estaban mezcladas con ese polvo del santuario. Si ella abortaba después de ingerirla, consideraban que le había sido infiel a su marido y se la castigaba por ese adulterio. Recordemos este detalle: el agente que inducía al aborto era el sacerdote.

En el Nuevo Testamento hay solo una mención a la palabra "aborto" en 1 Corintios 15, 8, en la que San Pablo se atribuye, de manera metafórica, el último lugar entre los apóstoles.

La primera conclusión es que en ninguna página de la Biblia hay condena para el aborto porque no era considerado ni pecado ni crimen dentro de la ley mosaica ni en el período neotestamentario.

Tampoco hay un momento determinado para indicar el comienzo de la vida humana en la Biblia. El único texto del Antiguo Testamento que hace una referencia a lo que hoy entendemos como "embrión" es el versículo 16 del Salmo 139. La palabra hebrea que se utiliza allí es "gelem". Es un hápax legomenon, o sea, una palabra que solo aparece una vez dentro de un texto y se refiere a una sustancia incompleta, imperfecta, que se traduce actualmente como feto o embrión. Hay solo una decena de versículos, en Salmos, Job e Isaías, que aluden al conocimiento de Dios sobre el ser humano desde el vientre materno, pero ninguno refiere al momento específico de la hominización. No podemos hacerle decir a la Biblia aquello que no dice.

El argumento más importante que despliegan los fundamentalistas religiosos contra la despenalización del aborto es el del quinto mandamiento: "No matarás". Como consideran que la vida humana se inicia en el momento de la concepción, en el caso del aborto se estaría cometiendo un asesinato, lo que sería contrario al quinto mandamiento. Voy a recordarles a las señoras y a los señores diputados que tienen estas creencias y que no votarían a favor de la despenalización del aborto por este motivo, que ese quinto mandamiento no era de aplicación universal. Se podía matar a los extranjeros, a los que eran considerados enemigos del pueblo de Israel, a las mujeres adúlteras. De ninguna manera el mandamiento se refiere a los embriones, al gelem. Hay 108 textos en el Antiguo Testamento en los que Dios manda a matar a mujeres, a niñas, a niños o a varones adultos. En el Nuevo Testamento hay tres citas bíblicas en las que Dios de manera directa castiga con la muerte a inocentes. El ejemplo más contundente es el de Jesús, su propio hijo.

La segunda conclusión es, entonces, que la vinculación entre el quinto mandamiento y el aborto es una evidente y flagrante manipulación del texto bíblico. El patriarcado eclesiástico es el que, a lo largo de los siglos, quiere hacer creer a las mujeres que hay un mandamiento que las convierte en asesinas si desean abortar. No es sí. No hay ningún mandamiento que diga: "No abortarás".

En todo el proceso de recopilación, redacción y canonización de los textos bíblicos, que fue obra de varones, realizado desde la perspectiva masculina y dirigido a lectores masculinos, hay claros testimonios en los Evangelios de la participación y presencia de las mujeres en el movimiento de Jesús. En los relatos de la pasión, muerte y resurrección, que constituyen el eje hermenéutico de los Evangelios, las mujeres tienen un papel destacado: ellas son testigos de la crucifixión de Jesús cuando todos los hombres han huido; María Magdalena es citada en los Evangelios como la primera testigo de la resurrección. En el Libro de los Hechos y en las Cartas de los Apóstoles hay mención de discípulas que dirigían iglesias.

En ese protagonismo de las mujeres del Nuevo Testamento, que las interpretaciones posteriores pretendieron ocultar y que las teólogas y biblistas feministas estamos sacando a la luz, hay un Jesús que rompió todas las legislaciones de la época porque hablaba con las mujeres, las curaba y las entendía cuando nadie en ese momento lo hacía. A ese Jesús es muy posible imaginarlo hoy en la calle, con el pañuelo verde al cuello, agitándolo junto con todas nosotras en las veredas del Congreso, cada martes y cada jueves, preguntándoles a ustedes, señoras y señores diputados: "Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Yo tampoco te condeno." (Aplausos.)

SRA. PRESIDENTA POLLEDO Tiene la palabra la señora Brenda Hamilton, presidenta del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

SRA. HAMILTON Soy Brenda, tengo 23 años y soy presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad Filosofía y Letras de la UBA. Soy parte de la generación que empezó a luchar en el movimiento de mujeres al primer grito de "Ni una menos".

No vengo a hablar solamente en mi nombre, porque mi realidad no es la de todas las mujeres y jóvenes de este país. Yo trabajo, estudio Historia y soy militante política, pero ¿ustedes saben que más de medio millón de jóvenes en el país no tiene acceso al estudio ni al trabajo? ¿Y saben que el 74 por ciento de esos "ni-ni", como los han llamado los medios, son mujeres? ¿Saben que el 41 por ciento de esas jóvenes mujeres tiene hijos a su cargo?

En la Argentina, cada cinco minutos nace un bebé de madres que son menores de 19 años. ¿Saben que más de un tercio de las muertes maternas adolescentes son resultado directo de los abortos inseguros? Esas jóvenes no tuvieron acceso a la información, no recibieron educación sexual ni tienen acceso gratuito a la anticoncepción.

Muchas de ellas eligieron ser madres, porque encuentran que esa es la única manera de trascender y realizarse, porque se les niega todas las otras posibilidades de desarrollarse plenamente y de elegir verdaderamente. Por eso, nuestra lucha es también por el libre ejercicio de nuestra sexualidad.

Quiero hablar de esas jóvenes, que son las hijas más pobres y precarizadas del pueblo trabajador. Incluso, de las que hoy no pueden debatir la legalización del aborto, tal como dijo la mamá de Ana María Acevedo a quien el Estado le negó el derecho a un aborto terapéutico y murió dejando huérfanos a sus tres hijos. Todos repiten que era una mujer de Santa Fe. Se trataba de una joven, muy joven, que tenía 19 años cuando murió y tenía tres hijos.

Hoy uno de los ponentes habló del aborto refiriéndose al supuesto trauma de la mujer por "el hijo que ya no está". ¿Pero cuándo van a hablar de las madres que ya no están para los hijos nacidos que quedaron huérfanos? ¿Por qué no hablan de los hijos de Ana María que ya no tienen a su madre con ellos?

También pienso en Juana, la niña wichi de Salta, a quien también le negaron el derecho al aborto no punible después de haber sido víctima de una brutal violación con tan solo 12 años.

También pienso en Belén, a quien metieron presa porque no le creyeron en el hospital a donde llegó con dolores, sin saber qué le pasaba en su cuerpo, y tuvo un aborto espontáneo. Tenía 27 años y ni siquiera sabía qué estaba pasando en su cuerpo. Gracias a la lucha en las calles logramos liberarla y hoy en día tiene su absolución.

A todos los que se vanaglorian de ser los únicos que defienden la vida, las dos vidas supuestamente, la vida del niño por nacer, les digo que ¡no sean hipócritas! ¡No vamos a tolerar más sus discursos de doble moral! ¡No vamos a tolerar que decidan cuáles son los derechos que este Congreso tiene que legislar los mismos que reciben millones de pesos del Estado, por un decreto que impuso la dictadura genocida de Videla y que hoy sigue vigente! ¡Los que encubren a los abusadores de niñas, niños y adolescentes, y cobran más de 50 mil pesos por mes, que salen de nuestros bolsillos! Siempre en las marchas, las jóvenes somos las que terminamos cantando: "¡Que los curas vayan a laburar!"

Esta es la séptima vez que se presenta el proyecto de ley de la "Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito", que apoyamos en las calles, en las escuelas y en las facultades. Este año está recibiendo cada vez mayor apoyo y el impulso de la nueva generación de jóvenes de la cual yo soy parte. Hay pibas y también pibes, que llevan su pañuelo verde en el cuello, en el brazo, en la mochila, en las facultades y en la calle, todos los días y en todos lados.

Vamos a seguir organizándonos en todos nuestros lugares de estudio y de trabajo, para mantenernos movilizadas en las calles. Sabemos que este derecho se debate en el Congreso, pero ningún gobierno nos regaló nada. Por eso, ganaremos el derecho al aborto legal, seguro y gratuito -como siempre hemos conquistado nuestros derechos-, con nuestra lucha y movilización.

Por eso, desde la Facultad de Filosofía y Letras y desde la conducción del Centro de Estudiantes, estamos impulsando debates en todos los cursos, no solamente con los estudiantes sino también con nuestros docentes -varones y mujeres-, que se suman poniéndose el pañuelo en las clases y abriendo los debates para que se sigan sumando más y más compañeros.

Mañana, por ejemplo, convocamos una asamblea y queremos que participen estudiantes, trabajadoras y trabajadores docentes y no docentes, para debatir cómo seguir esta pelea, sumando cada vez más compañeros, como ya se viene expresando en las calles.

Las jóvenes de la agrupación de mujeres Pan y Rosas y de la juventud del PTS en el Frente de Izquierda apostamos a que el ejemplo de organización de la Facultad de Filosofía y Letras se siga expandiendo y se replique en todos los lugares de estudio, multiplicando la solidaridad entre estudiantes y trabajadoras y trabajadores, parando toda la Universidad de Buenos Aires hasta conquistar nuestros derechos.

Queremos algún día poder decidir sobre nuestros cuerpos y decir que no haya más una Ana María Acevedo, ni una Belén, ni una Juana, ni mujeres obligadas a ser madres ni presas ni muertas por las consecuencias del aborto clandestino. (Aplausos.)

SRA. PRESIDENTA POLLEDO Tiene la palabra la señora Julia Mengolini.

SRA. MENGOLINI Buenas tardes. Dado que no soy una experta y ya han pasado por este estrado y seguirán pasando referentes que acumulan años de estudios y de lucha, lo que quiero exponer hoy son algunas observaciones concretas y muy evidentes que surgen de la escucha atenta de las ponencias dichas en este espacio hasta ahora.

Hace años que venimos dando esta discusión pero de forma dispersa: en las calles, en las marchas y contramarchas, en sets de televisión, en escuelas, en iglesias, en los bares, en las casas.

Gracias a esta instancia de debate en el Congreso hemos escuchado a distintos referentes de la sociedad civil exponer ante los y las diputadas de la Nación sus saberes, sus estudios y sus experiencias, pero también sus creencias personales, sus posiciones religiosas, sus prejuicios y su ignorancia.

Asimismo, gracias a esta instancia de debate formal en el Congreso se volvió patente y contrastable la enorme diferencia en la calidad de los argumentos de unos y otros. Hemos sido testigos de cómo quienes han venido a apoyar el proyecto de legalización del aborto vienen con la voluntad de resolver un problema existente, a partir de un diagnóstico realista que es muy claro: las mujeres abortamos, las mujeres abortamos en la clandestinidad, las mujeres de las clases populares lo hacen en condiciones peligrosas que ponen en riesgo su salud y su vida.

Por otro lado, quienes han venido a repudiar el proyecto lo hacen mirando para otro lado, eligen con mucha hipocresía desconocer la realidad, desconocer las cifras oficiales y dramáticas de mortalidad materno infantil producto de la prohibición del aborto, eligen desconocer las historias de mujeres reales con nombre y apellido que pasaron verdaderos calvarios producto de la prohibición.

No se trata de mi interpretación, sino de lo que unos y otros han aportado efectivamente en este debate.

Quienes han venido a repudiar el proyecto en cuestión han hecho enormes esfuerzos de imaginación para poner en un pie de igualdad a un embrión y a una mujer. Para hacer que ambas cosas valgan exactamente lo mismo, hubo que apelar a mentiras y falacias.

"Si mi madre hubiera abortado..." -dijo un pediatra exponiendo fotos de su infancia y sus logros profesionales- "...no hubiera logrado todo esto y mis papás no hubieran sido abuelos". Ese argumento es tan falaz que resulta una burla para la inteligencia de los y las diputadas.

Para valorar a un embrión igual que a una mujer hubo que acudir a una serie de mentiras, porque un embrión no puede escribir poemas de amor. Es mentira y es un argumento tramposo.

También es una mentira hablar del famoso "grito silencioso y desesperado" de la famosa película; si es grito, no es silencioso. Eso es un oxímoron. No existe tal grito. Y lo sabemos todos y todas. ¡Otra mentira!

Considero que pensar que un embrión siente amor por su gestante, valorarlo igual que a una mujer es una renuncia total al sentido común, o -para no ser tan antipática- puedo asumir que es una cuestión de fe.

Para ciertas religiones los embriones son sagrados, son de Dios. Pero, si bien en la Argentina somos respetuosos de todos los cultos, en Argentina la fe no se nos puede imponer. Este es un principio que ningún diputado o diputada puede desconocer. Así sean religiosos deben asumir que vivimos en un Estado laico, donde las ideas de la Iglesia no rigen la vida de los ciudadanos. La Iglesia considera sagrado el matrimonio, pero para nuestro orden legal, es solo un trámite que podemos hacer y deshacer. No es sagrado.

Quienes han venido a apoyar el proyecto en cuestión lo hicieron desde una intuición básica que deja de lado la hipocresía y el pensamiento mágico que otorga carácter de bebito a un embrión o a un feto, sin considerar el deseo de la madre y, en general, los nueve meses en su útero son condiciones necesarias para que ese embrión sea un bebito.

Nadie puede decir que para una mujer perder un embarazo incluso deseado sea lo mismo que perder un hijo. No duele igual, porque para esa mujer, aunque haya deseado ese embarazo y haya soñado con ese hijo, eso que perdió no era un hijo todavía. Lo que da cuenta de que el embrión, aun deseado como proyecto de bebito, no es bebito.

Esto mismo tampoco se le escapa al derecho argentino. Han pasado por aquí juristas de distintas ramas del derecho que dieron cuenta de que para el derecho un embrión tampoco es un bebe. Desde el punto de vista de derecho civil, el nacimiento es un punto crucial para dar una protección distinta al embrión o al feto que al niño nacido.

Desde el punto de vista del derecho penal, un aborto no es un homicidio. Sin embargo, los propios penalistas que pasaron por aquí han entendido desproporcionada, infundada y selectiva esa persecución penal sobre las mujeres que abortan. Han manifestado, además, su frustración en tanto entienden que el derecho está para prevenir daños y en este caso la prohibición está produciendo mucho más daño del que evita. Han entendido que es urgente una modificación de nuestras leyes que despenalice y legalice el aborto.

Porque quienes han venido a apoyar el proyecto en cuestión -cualquiera fuera su disciplina- lo hicieron con empatía hacia las mujeres y las personas gestantes, con empatía hacia las más vulnerables, con respeto a sus libertades, comprendiéndolas como seres autónomos con derecho a decidir sus proyectos de vida. Se ha dicho en este estrado que un embarazo no puede ser una fatalidad, que no se puede tratar a las mujeres como subalternas de un sistema que las entiende como aparatos reproductores. Se ha dicho, en definitiva, que las mujeres somos personas.

Quienes han venido a manifestarse en contra, han demostrado una altísima intolerancia y autoritarismo para con las mujeres en general, y para con las que abortan, para hablar en sus propios términos, muy poca "misericordia"; todo lo contrario, para ellas solo tienen reservados estigmas, recomendaciones moralistas y prejuicios.

Recordemos que acá se dijo que "Son unas trolas las que abortan, porque se fueron a garchar, no pensaron en el hijo que iba a venir por un momento de calentura", anulando de este modo el derecho al goce de las mujeres.

Se puso en duda que una mujer que quiere abortar quiera hacerlo. Eso se dijo. Se preguntó: ¿será libre la mujer si no sabe lo que está consintiendo? Con esa pregunta se anula de este modo por completo el discernimiento y la voluntad de las mujeres negándoles eso en lo que insisten tanto para el embrión, su calidad de personas.

Se llegó a hablar del peligro de despoblar el país, como si legalizar el aborto generara que las mujeres corran a embarazarse para después abortar y esto además anulara el deseo que todavía la mayoría de las mujeres tienen de ser madres en la Argentina.

En conclusión, y dirigiéndome sobre todo a los y las diputadas que entraron a esta reunión de comisión con más dudas que certezas, quedan muchos días de exposición por delante, y ustedes como representantes del pueblo están ante la oportunidad histórica de tomar una decisión responsable que solucione un problema que lleva ya años en nuestro país y que casi todos los países del primer mundo han decidido resolver hace rato.

Traten de advertir de qué lado están los prejuicios, las mentiras y las valoraciones religiosas, y de qué lado están los diagnósticos realistas y la verdadera preocupación por solucionar un problema existente. No perdamos la oportunidad, no perdamos más tiempo, no perdamos más vidas. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra Julieta Valmaggia, secretaria ejecutiva de la Federación Universitaria Argentina.

SRA. VALMAGGIA Buenas tardes a todos y todas, yo soy Julieta Valmaggia, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste, que queda en las provincias del Chaco y de Corrientes.

Hoy me toca hablar en representación de la Federación Universitaria Argentina, que es el gremio máximo de estudiantes, que representa a un millón de estudiantes que hoy estudian en nuestras universidades nacionales.

La realidad es que este debate era inesperado y es histórico, sin lugar a dudas. Estamos debatiendo el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, para traerles a ustedes, legisladoras y legisladores, los argumentos necesarios, que algunos buscan que no se apruebe pero otros estamos totalmente a favor.

En los últimos años, en las distintas universidades y facultades del país, se fue dando este debate, con profundidad, con respeto, con madurez, y sin importar la facultad donde uno pise, se encuentra con la misma posición. No estamos a favor de sí al aborto o no al aborto, estamos a favor de que el Estado se haga cargo de una situación real y concreta. Es una obligación que tiene el Estado nacional, ya que, como dije, el aborto es una realidad, y una realidad que trasciende las clases sociales y las creencias religiosas.

Hoy se estima que más de medio millón de argentinas abortan clandestinamente, es decir que de diez embarazos, cuatro terminan en aborto clandestino.

Estos números asustan. La realidad es que tener el aborto penalizado no solo genera criminalidad de la dignidad de la mujer sino que, también, criminaliza la salud de la mujer, porque pueden llegar a dejarla al filo de la muerte. El problema está en que el Estado no realiza un diagnóstico, se ciega a sí mismo y nos ciega a todos y a todas.

Por estos motivos, estamos convencidos de que el aborto debe ser legal, debe ser seguro y debe ser gratuito, para que todos y todas lo tengan por igual.

Es por eso que somos adherentes a la Campaña desde sus comienzos, porque entendemos que el Estado debe garantizarlo pero también entendemos que el aborto debe ser el último recurso y es así que el Estado debe generar herramientas para prevenirlo.

La Ley de Educación Sexual Integral fue aprobada hace muchos años y recién ahora se está aplicando. Tarde; queda un camino muy largo todavía, pero entendemos que los docentes de todas las asignaturas deben enseñarlo y deben abordar la temática en los salones de clases para que los niños y niñas se preparen para el mañana. Y entendemos también que esto se debe dar en todas las escuelas a lo largo y ancho del país, sean públicas o privadas, sean laicas o religiosas, porque estamos convencidos, tal como dijo Paulo Freire, de que "la única revolución sin sangre es la que se da por la educación".

En atención a la salud pública, entendemos elemental trabajar desde la prevención. Es decir, que los diferentes métodos anticonceptivos deben estar al alcance de todos y todas, pero además creemos que se deben diversificar los que hoy ya están en el sistema público y además deben estar presentes en todos los niveles de la salud.

Pero también hay algo muy importante que decir, y es que estos métodos anticonceptivos no son infalibles y muchas veces fallan.

Estos últimos días, antes de venir a exponer, hablando con los compañeros y compañeras, creímos que era importante contar lo que nosotros vemos desde los centros de estudiantes. Y me pasó a mí, en mi universidad, conocer a militantes feministas, como una de mis compañeras, María -la voy a nombrar así para protegerla-, que tuvo que acompañar a una compañera de la secundaria que hacía muchos años no veía y que un día le mandó un mensaje diciéndole que necesitaba ayuda para afrontar un aborto. Ella tenía una pareja estable, tenía un DIU, es decir que tenía un método anticonceptivo, tomó los recaudos necesarios y a pesar de eso quedó embarazada. Ella no estaba ni en la situación económica ni en el momento de su vida, por su madurez y sus recursos económicos para afrontar una maternidad y es por eso que recurrió a María. Ella no solamente tenía que terminar la facultad, había muchas cosas que la atormentaban, como enfrentar la maternidad sola porque su novio le había dicho que era un problema solamente de ella, y no solamente su familia no podía afrontar el gasto económico sino que ni siquiera pudo llegar a pedir un consejo, porque al ser religiosos tenía miedo de lo que se iba a encontrar. Es así que recurrió a María, quien la contactó con socorristas, pero al final ella decidió acercarse a un médico, en pleno centro de la ciudad de Corrientes, el cual le terminó vendiendo pastillas de misoprostol a 6.000 pesos, cuando en las farmacias, incluso con precios elevados, se las va a encontrar a 1.000 pesos.

Camila estaba sola y encontró ayuda, pero fue una mujer fuerte y decidida que decidió tomar la maternidad como un acto de responsabilidad y decidió prepararse para el día de mañana, cuando tenga los recursos y la madurez necesaria para ser madre.

Camila es una mujer como tantas otras, que decidió pasar por un aborto, una situación sumamente difícil y compleja para todas las mujeres, pero tuvo la suerte de pasarlo porque tuvo la oportunidad de pagarse una pastilla.

Ahora, sabemos también que hay muchísimas otras mujeres que no tienen esa oportunidad y que, lamentablemente, terminan perdiendo la vida. Ante esta situación nos preguntamos cuál es el rol que debe afrontar el Estado. El Estado no puede mirar para otro lado, debe darse cuenta de lo que está sucediendo.

Cien años atrás se concretaba la Reforma Universitaria, un hecho histórico para la militancia estudiantil universitaria. En ese momento, los estudiantes no pidieron, sino que exigieron pelear contra las injusticias y reclamar una universidad democrática y abierta al pueblo.

Hoy nosotros no pedimos, sino exigimos que el Estado se haga cargo de las mujeres que mueren, porque sin estas mujeres, no hay "Ni una menos" real. (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETSKY A continuación, hará uso de la palabra la última oradora de la jornada. Luego daremos lectura a las preguntas, por lo que solicitamos a todos los disertantes que continúen presentes.

Tiene la palabra la doctora Agustina Ramón Michel.

SRA. RAMÓN MICHEL Buenas tardes. Soy abogada, profesora de Derecho de la Universidad de Palermo e investigadora del área de Salud del CEDES, Centro de Estudios de Estado y Sociedad, y hace diez años me dedico al campo jurídico de los derechos reproductivos.

Creo que es conmovedor que hoy estemos aquí haciendo esfuerzos para escucharnos y no sentirnos ofendidos con lo que nos indigna o nos disgusta. Esto me da mucho orgullo.

Nací y viví en Tucumán hasta los 24 años. Mi abuela me contó que durante gran parte de la década del 60 tuvo pavor de quedar embarazada una vez más. A comienzos de 1990 un enfermero fustigó a mi mamá cuando se realizaba un examen de VIH luego de haber recibido una transfusión de sangre por el parto de mi hermano. Una amiga mía a los 15 años fue rechazada de cinco colegios en Tucumán por haber sido madre demasiado joven.

No me sucedió lo mismo que a mi abuela porque gracias a la ley 25.673 tuve acceso a anticonceptivos. Tampoco experimenté el grado de estigma cada vez que me fui a hacer análisis por enfermedades de transmisión sexual.

Gran parte de eso se lo debemos al derecho y también a una ley que ha permitido que las prácticas de expulsión escolar y de discriminación adolescentes sean parte de la historia, a tal punto que a mis primitas les resultaría inconcebible imaginarlo.

Tal como vemos, el derecho puede mantenerse silencioso frente a las humillaciones y violencias, pero en una democracia constitucional el derecho puede cumplir otra función y así lo hemos visto, porque puede reducir el daño, puede limitar el autoritarismo moral, puede fortalecer la igualdad y puede construir dignidad.

La penalización del aborto es, al fin y al cabo, la penalización de un evento reproductivo en la vida de las mujeres. Las mujeres podemos tener abortos espontáneos o inducidos, y es un evento reproductivo.

Me gustará enfocarme en cuatro problemas que nos trae la penalización del aborto. El primero, es la imposición de comportamientos heroicos a las mujeres porque nos obliga bajo amenaza penal a continuar con el embarazo. El derecho argentino no nos exige ni siquiera donar un riñón a un familiar. Esta prohibición legal del aborto, a diferencia de cualquier otra obligación jurídica en nuestro derecho, en realidad es la obligación de atravesar el embarazo, de parir y eventualmente de convertirse en madre.

¿Cómo podemos decir que valoramos la maternidad como sociedad, como Estado, si al mismo tiempo la forzamos? ¿Cómo podemos valorar la maternidad si no valoramos los deseos y las necesidades de las mujeres?

El segundo problema es que la penalización del aborto reproduce la desconfianza hacia la capacidad de las mujeres para tomar decisiones. Esta desconfianza tiene una larguísima tradición en nuestro derecho y políticas públicas, donde otros -jueces, médicos, directores de hospitales o maridos- fueron puestos como guardianes de nuestras decisiones.

Vélez Sársfield declaró incapaces a las mujeres casadas y cedió la representación civil a los maridos. Recién a partir de 1968 las mujeres adquirimos plena capacidad civil.

Si nos acercamos más hacia nuestros días, todavía hoy para acceder a una ligadura de trompas estamos a merced de que el médico establezca si tuvimos o no suficientes hijos.

La penalización del aborto es el último vestigio de este gran linaje de normas que desconfían de las mujeres, normas jurídicas basadas en la desconfianza a nuestra capacidad de tomar decisiones.

El tercer problema es el profundo malentendido que hemos visto en estos días con respecto a lo que significa la autonomía y la reproducción. Por ahí se dice "que ahora se haga cargo". Cuando una mujer decide continuar con un embarazo, incluso cuando no lo planificó, parir y ser madre, estamos frente a un ejercicio de responsabilidad. Del mismo modo, interrumpir un embarazo es un ejercicio vital de responsabilidad y por lo tanto de autonomía.

El cuarto problema sobre el que quiero alertar es el uso banal y desidioso del derecho penal. El derecho penal genera daño y no protege a nadie salvo simbólicamente. Es por esto que no se entiende por qué existe una obsesión por el derecho penal cuando no funciona. Incluso, si acordamos que la vida intrauterina tiene un valor, no significa nada más que eso. La política criminal no es la mejor ni la única alternativa para proteger a las mujeres ni para proteger la vida intrauterina.

El derecho no solo regula comportamientos sino que configura relaciones y da significados. Por eso me pregunto: ¿cómo van a hacer ustedes, diputadas y diputados, en este debate? ¿Qué tipo de relaciones quieren construir? ¿Quieren construir relaciones no coactivas en condiciones de igualdad y de cuidado?

Tengo la convicción de que los proyectos de despenalización le están dando significado a lo que es ser mujer, persona gestante y al tipo de relaciones que queremos tener en la Argentina sobre la paternidad, la maternidad y el cuidado.

Están frente a una oportunidad histórica de aprobar una ley que confíe en la capacidad de las mujeres de tomar decisiones y reconocer algo que las mujeres ya sabemos íntimamente: "Es mi decisión". (Aplausos.)

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Quiero agradecer especialmente a todos los expositores porque han sido muy interesantes sus palabras y ha habido un gran respeto.

A continuación, daremos lectura a las preguntas de los señores diputados.

La primera pregunta la formula la diputada Lucila de Ponti a la pastora Gabriela Soledad Guerreros.



Dice así: "La doctrina de la Iglesia Pentecostal basada en la vida abundante, ¿es compartida por todas las iglesias evangélicas? Desde la óptica de esta doctrina, ¿las mujeres y los varones tienen los mismos derechos?"

Tiene dos minutos para responder.

SRA. GUERREROS Nosotros explicamos humildemente que caracterizamos al Movimiento Pentecostal justamente como un movimiento popular porque hay diversidad de pertenencias y diversidades teológicas. Podríamos explicarlo más sencillamente diciendo que es como el peronismo mismo, que es peronismo pero que tiene una diversidad, desde lo más liberador hasta lo más reaccionario. (Aplausos.)

En el Movimiento Pentecostal -porque así nosotros y nosotras lo caracterizamos- no decimos que esto sea algo que promulguen todas las comunidades, confesiones o instituciones pentecostales. Se trata de nuestra mirada, que es pastoral, que es comunitaria, y que intentamos recuperar desde nuestras raíces protestantes, porque justamente la iglesia o movimiento pentecostal surge por la reforma posterior a las iglesias históricas.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Voy a leer una pregunta de la señora diputada Schmidt Liermann para el doctor Portnoy.

Dice así: "Si entendí bien, usted refirió que en caso de que el aborto sea legal habría menos abortos, pero los números de Uruguay nos muestran otra cosa. ¿Usted reafirma que de legalizarse habría menos abortos? ¿En qué se basa?

SR. PORTNOY En realidad, la experiencia uruguaya como la de los países europeos y de los estados norteamericanos donde está legalizado el aborto viene mostrando taxativamente ese resultado de hace decenas de años.

Como en todo proceso, en el caso uruguayo lo que ha sucedido es que en el primer y segundo años hubo un pequeño aumento en relación con los abortos que se estimaba existían en Uruguay. Digo esto porque al ser clandestinos, no había datos oficiales, y se hacía un cálculo parecido al que hacemos en la Argentina con algún nivel de aproximación veraz.

Las experiencias muestran que en realidad en los primeros años se produce un pequeño repunte en la cantidad de abortos, comparativamente con los datos que uno tiene previamente por estimaciones. Pero en pocos años -y eso se ha visto en todos los países, incluido Uruguay- ese número va cayendo drásticamente. Esto tiene que ver con algunas cuestiones que señalé en mi exposición. Por una parte, las mujeres que acceden a abortos legales, acceden a servicios de cuidados, a anticoncepción y se evita la repetición del aborto. Por otro lado, esos países han asumido formalmente el compromiso no solo del aborto legal sino también de la educación sexual y el acceso amplio a la anticoncepción. Entonces, lógicamente los abortos van a disminuir.

Todo esto lo demuestra la experiencia mundial, la Organización Mundial de la Salud y el artículo que comenté de The Lancet de septiembre 2017. En ese sentido, la evidencia es contundente.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Voy a leer una pregunta de la diputada Araceli Ferreyra para la doctora Mas. Dice así: "¿Por qué sostiene que la objeción de conciencia institucional es inconstitucional? ¿La objeción de conciencia individual debe regularse de algún modo?"

SRA. MAS Yo manifesté que no estoy de acuerdo. La objeción de conciencia es un instituto que surge como una defensa de los ciudadanos y ciudadanas contra intervenciones del Estado, tales como no querer tomar las armas en una guerra y situaciones por el estilo.

En algún momento, esto se dio vuelta y pierde su naturaleza, y es tomado por los funcionarios públicos para no cumplir con las obligaciones que corresponden a su cargo.

En este sentido, mencioné un ejemplo específico que ocurrió luego de la sanción de la ley de matrimonio igualitario. En distintas provincias hubo proyectos de ley por los cuales se solicitaba que se respetara la objeción de conciencia para casar a parejas del mismo sexo. Creo que Tucumán unió objeción de conciencia, aborto y matrimonio igualitario.

Por eso, considero que para mí es inconstitucional. Ni hablar de lo institucional, porque solo las personas tenemos conciencia. Por lo tanto, es ridículo sostener que personas jurídicas e instituciones puedan manifestarlo en forma colectiva, por ejemplo, todo un servicio.

Ya que hablamos de Uruguay, quiero recordar que toda la localidad de Salto, que es una de las más grandes de Uruguay, se declaró absolutamente objetora. He conocido de primera mano a mujeres muy pobres que viven en Salto y tienen que conseguir los recursos económicos para viajar hasta Montevideo, esperar los cinco días del período de reflexión, que después haya un equipo interdisciplinario y posteriormente acceder a la práctica. Creo que es absolutamente injustificado.

Estoy pensando qué pasaría si hubiese testigos de Jehová en un servicio de hemodiálisis. Mi ejemplo parece ridículo pero también es ridículo que haya obstetras que por su fundamentalismo religioso impidan dar anticonceptivos, hacer ligaduras tubarias o una interrupción legal del embarazo.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Voy a leer una pregunta de la señora diputada Del Pla para la doctora Eva Gutiérrez.

-No se encuentra presente.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Continuamos con una pregunta de la diputada Alejandra Martínez para la diputada Storani.

Dice así: "Le pido que aclare en qué consisten las propuestas presentadas en el Parlasur sobre convergencia legislativa y sobre interrupción voluntaria del embarazo, que fueron aprobadas recientemente, y establecen importantes avances en derecho para las mujeres en el Mercosur."

SRA. STORANI En el reglamento interno del Parlasur se puntualiza la búsqueda de legislación en común de los países miembros, pero esto nunca se pudo organizar.

En ese sentido, cuando asumí, presenté un proyecto de convergencia legislativa. Es decir que los proyectos que tengan éxito en los países miembros -como los relativos a temas de corrupción, trata de personas, violencia, tratado de París por el cambio climático, y aborto, o sea todo lo que hace a los derechos sexuales y reproductivos-, se tomen como ejemplo para buscar una convergencia legislativa y que se recomiende a los países miembros que desarrollen el proceso de adaptación -no homologación- a sus legislaciones.

El 12 de marzo fue la sesión. Todos los legisladores que mencioné presentamos un proyecto de declaración, que leí en su momento, donde no solo aplaudimos el debate público que se está desarrollando en Argentina sino que se instaba a los países miembros a que tomen este debate de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo no deseado, y también un proyecto de resolución para abrir el debate dentro del Parlasur.

El proyecto ha sido presentado y va a estar en condiciones -seguramente la semana próxima- de ser aprobado, tuvo firmas de los argentinos de todos bloques. Ya he dicho de casi todos los bloques que existen acá -porque allá son otros bloques- tales como el Frente para la Victoria, el Frente Renovador, el PRO, la Unión Cívica Radical y además cuenta con las firmas de todos los países miembros.

La convergencia es una muy buena idea porque un tema como el de la despenalización del aborto se podría debatir. Si esto se aprueba en la sesión de la semana próxima, se comenzará con el debate en los países miembros.

SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Voy a leer una pregunta de la diputada Moreau para la doctora Volosin. Dice así: "¿Qué opina sobre la objeción de conciencia?

SRA. VOLOSIN Básicamente me gustaría parafrasear lo que dijo Marcelo Alegre la semana pasada acá, porque me parece que se trata de eso.

La objeción de conciencia en realidad nos protege frente a nuestras conductas que no causan daño. Ahora, si eso se convierte en una fatua en donde los religiosos comienzan a convencer al resto de los religiosos que tienen cargos públicos o cargos como médicos, directores y directoras de hospitales, para que se nieguen masivamente a practicar abortos o entregar anticonceptivos gratuitos, etcétera, entonces eso se convierte en una violación masiva de derechos.

Considero que una cosa es la objeción de conciencia que no causa daño, y otra cosa es usar como excusa la objeción de conciencia para violar masivamente derechos que no estamos dispuestos a respetar por motivos religiosos, que no constituyen razones en el ámbito de una democracia constitucional.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la senadora mandato cumplido Estenssoro para hacer un agregado.

SRA. ESTENSSORO Me gustaría agregar algo más sobre la objeción de conciencia.

Yo creo que puede haber en una institución un médico que exprese su objeción de conciencia por razones religiosas o éticas, pero no puede ser la institución entera la que tenga objeción de conciencia. Las instituciones públicas y privadas siempre tienen que tener en su cuerpo médico gente que esté dispuesta a hacer un aborto legal y seguro, porque además lo que hemos visto con la despenalización del aborto en el caso de violación, es que con este tema de la objeción de conciencia, las instituciones directamente violan la ley, no cumplen con esta exigencia porque el aborto en caso de violación es no punible. Entonces, puede haber algún médico que tenga objeción de conciencia, pero no las instituciones.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Victoria Donda para Raquel Vivanco y para María Eugenia Estenssoro: "Mucho se habló del llamado trauma posaborto. ¿Ustedes vivieron un trauma luego de su decisión?"

SRA. ESTENSSORO En ese momento fue un alivio, porque, como dije, no me sentía en condiciones de ser mamá y no estaba en condiciones. Hoy que tengo un compromiso espiritual más importante, yo creo que hay un alma desde el momento de la concepción, pero no creo que es algo que las leyes terrenales tengan que legislar. Me haré cargo yo y mi Dios de haber decidido que esa alma no pueda encarnar. Igualmente hoy creo que no tenía la fuerza para traer un hijo al mundo, no estaba en condiciones psicológicas y morales de hacerlo. Creo que la maternidad exige un compromiso de vida y más cuando uno tiene que traer un hijo al mundo sin un padre al lado para esa criatura y yo volviendo ahí no es algo de lo que me enorgullezco, pero era imposible haber traído un niño al mundo, salvo que me obligaran, que es lo que pasa en nuestro país todavía, especialmente en muchas provincias, donde los abortos ocurren, donde el 25 por ciento de los nacimientos son de madres precoces, adolescentes, pero tienen más hijos por miedo que por amor o valentía. Yo no quiero eso para las jóvenes y las mujeres de nuestro país. Entonces, el aborto no es algo que uno quiere, pero lo que es peor toda la vida es tener un hijo que uno no ha querido o que es fruto de una violación y está obligada a tenerlo porque hubo un objetor de conciencia que así lo decidió. Como tantas cosas en la vida, son duras, pero es una decisión que si tuviera 21 años seguramente tomaría la misma decisión.

SRA. VIVANCO Yo creo que no queda ningún trauma después de la realización de un aborto sobre la base de la decisión de una mujer, independientemente de las condiciones. Lo que sí es traumática es la clandestinidad, porque muchas de nosotras que atravesamos esa situación tuvimos que hacerlo en absoluto silencio, en muchos casos ni nuestras propias familias estaban al tanto de esa realidad, con lo cual, dependiendo incluso de la práctica, el temor principal era sobre nuestra salud, sobre nuestra vida. Entrar a un cuarto clandestino, en un lugar del que nadie sabía en principio y no saber si la anestesia total iba a hacer que volvamos de la misma manera que entramos a esa sala, a ese consultorio. Eso nos generaba temor, o por lo menos a mí me generó temor y miedo. No es que hay un trauma sobre la decisión, sino que hay un trauma o es una situación sumamente difícil de atravesar en las condiciones de clandestinidad, que es lo que sucede hoy y va a seguir sucediendo en tanto no se legalice esta práctica.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta de la diputada Romina del Plá para Eva Gutiérrez: "¿Podría ampliar cómo es la práctica del aborto en los barrios que usted conoce del Conurbano bonaerense?

SRA. GUTIÉRREZ (EVA) Para llegar a estas prácticas, previamente la mujer en los barrios trata de mil formas de perder ese bebé, después de haber pasado por una cantidad de pastillas o aplicaciones para tratar de desprender ese bebé. En muchos casos, según el dinero que uno posea, uno puede ir a un legrado con algún obstetra, a veces muy doloroso o, en general, las mujeres que ya no tienen el dinero se hacen prácticas o con alguien o en forma personal, aplicándose las pastillas, muchas veces mal y después teniendo que ir al hospital con hemorragias muy graves, y aun hoy, como hace 50 o 100 años, la mujer sigue aplicándose formas de distender el útero, formas de terminar con el embrión, con agujas de tejer. Hoy en día también se realizan. No cambió la situación. Por eso yo decía que nos están condenando al aborto y que nos estaban condenando a morir, porque justamente por la culpa y muchas veces por la ignorancia, estamos diez o doce días con esa infección, con los ganglios inflamados hasta terminar en el hospital. Muchas veces es tarde y ya terminamos con parte del útero, de los ovarios, tener que amputarlos o perder la vida. Pero hay muchas prácticas y esas prácticas son las más dolorosas, y esto se hacía antes, hace 30 o 40 años, y ahora. En mi caso personal, a los 17 años también tuve que abortar con un legrado. Yo pude ir a un obstetra pero fue muy doloroso. Y saco la conclusión de que la doctora, que pertenecía a una institución del Churruca, que todos sabemos que el Churruca es policial, es decir que el Estado estaba enterado. Fue seguro porque yo estoy acá, pero fue muy doloroso; muy doloroso, sin anestesia. Y esto, ¿saben por qué? Por la falta de plata. Entonces, es cuando yo pido intervenir y decir basta, basta, porque a las jóvenes no las pueden seguir haciendo padecer de esta forma, impidiéndoles tener el derecho al aborto legal.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tengo una pregunta para Julia Mengolini de parte de la diputada Mayra Mendoza: "La ilegalidad del aborto, ¿deja a las mujeres como incapaces sexuales?"

SRA. MENGOLINI No sé si entiendo mucho el término de incapaces sexuales, pero puedo aventurar algunas cosas que presiento por dónde puede ir la inquietud de la diputada.

La posibilidad de un embarazo nos acecha a las mujeres desde que menstruamos en tanto ningún método anticonceptivo es infalible; por lo mismo, siempre que tenemos una relación sexual, detrás de eso existe el temor de un embarazo, cuando no estamos en una etapa en la que lo estemos buscando. Y no nos vendría mal disfrutar de nuestra sexualidad sin ese temor permanente, porque después vendría la ilegalidad en el caso de un embarazo no deseado y un aborto clandestino. Y además que el aborto clandestino, como ya se dijo muchísimo en este ámbito, puede dejar consecuencias, porque el aborto clandestino es peligroso, incluso puede dejar consecuencias fatales, que sería morir.

Yo me imagino -seguramente los médicos presentes deben saberlo mucho mejor- que la clandestinidad del aborto, además, puede llegar a traer consecuencias en el aparato reproductivo, con lo cual, podría llegar a generar una incapacidad sexual en ese sentido.

En definitiva, creo que la ilegalidad del aborto trae todo tipo de consecuencias que siempre son malas y también lo son para la sexualidad de las mujeres.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La siguiente pregunta la formula la diputada Josefina Mendoza a la doctora Ramón Michel: "En el marco de este debate, el jueves pasado María Inés Franck expuso acerca del alcance de las recomendaciones de los organismos de derechos humanos. Así, citando jurisprudencia nacional, expresó que los estándares del caso Artavia Murillo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no es vinculante para la Argentina. ¿Qué opinión le merecen tales argumentos?"

SRA. RAMÓN MICHEL Como todos saben, la Convención Interamericana tiene estatus constitucional en el país. La Corte Interamericana es el último intérprete de ese instrumento. En el caso Artavia Murillo tuvo la oportunidad de interpretar el artículo 4°, que habla de la vida desde la concepción en general. De acuerdo a lo que se mencionó acá, se trataba de un caso de Costa Rica donde argumentando que había vida desde la concepción, prohibió en forma absoluta la fertilización in vitro. La Corte Suprema de Argentina no controvirtió el rol de la Corte Interamericana como intérprete última de la Convención Americana. Por lo tanto, los estándares que establece y la interpretación que hace la Corte Interamericana del artículo 4° en el caso mencionado siguen absolutamente vigentes. Esta es mi respuesta acotada para el caso de aborto porque, de lo contrario, tendríamos que hablar del fallo Fontevecchia, de la Corte, lo cual sería para otro debate.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La diputada Vanesa Siley le pregunta al doctor Eduardo Bigalli lo siguiente: "Según su expertise, ¿considera que la sanción de una ley que despenalice la interrupción voluntaria del embarazo está en conflicto con alguno de los derechos receptados en la Convención Internacional sobre los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes y su ratificación por la República Argentina, o que implica alguna especie de denuncia de dicho instrumento por parte de nuestro país?

SR. BIGALLI No, en modo alguno. No hay ninguna incompatibilidad, pese a que se sostiene habitualmente que ha habido una reserva cuando se ratifica la Convención sobre los Derechos del Niño por parte de nuestro país. En rigor, no se trata de una reserva, porque la propia ley aclara expresamente que hace una declaración interpretativa y luego formula reservas. No hace falta denunciar la convención mencionada por la sencilla razón de que según la hipótesis argumental de que las declaraciones interpretativas posean el valor de las reservas -lo que no es así-, basta con retirar la reserva. Por lo demás, el Comité de los Derechos del Niño es claro en su última observación general cuando dice expresamente que los Estados parte deben derogar la legislación penal que pune el aborto, porque la punición del aborto obstaculiza el derecho de niñas y adolescentes a acceder a un aborto seguro.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La diputada De Ponti le consulta a María de los Ángeles Roberto: "¿Se puede afirmar que la doctrina de la Iglesia Católica modificó a través del tiempo la afirmación sobre el momento desde el cual se considera que existe la vida?"

SRA. ROBERTO Agradezco la pregunta a la señora diputada porque justamente es uno de los temas que no pude tocar en mi exposición por falta de tiempo.

La doctrina de la Iglesia Católica respecto al tema ha variado mucho. En primer lugar, el primer texto sobre el aborto aparece en el segundo siglo después de Cristo con la Vía Scalia. Haré una serie de saltos porque todo no se puede abarcar. Les sugiero que lean a San Agustín, que de ninguna manera relaciona el inicio de la vida con esto. También les pido que se enfoquen en Santo Tomás de Aquino, quien decía que la vida llegaba a los 40 días después de la concepción en el caso de ser un varón, y a los 80 días en el caso de ser una mujer. Dejo a cada uno la interpretación.

Haré un salto hasta fines del siglo XIX, donde un papa por primera vez dictamina que la consecuencia moral del aborto era la excomunión. Esto es gravísimo. Durante 19 siglos la Iglesia Católica no pena el aborto con la excomunión.

En 1917 la pena de la excomunión para la mujer se extiende a los médicos y a las enfermeras que practiquen el aborto. Acá prestemos mucha atención, porque es donde influye terriblemente el peso de la Iglesia en los objetores de conciencia. Las mujeres estamos muy alertas, porque nuestras compañeras desde Chile ya nos han informado que luego de seis meses de aprobarse las tres causales de aborto en ese país, que tanto le costó al movimiento de mujeres de allá, están planteando la objeción de conciencia. No somos ingenuas, sabemos que esto viene atrás.

Soy protestante y estudio la historia de la Iglesia y les quiero preguntar a los católicos sobre una duda muy grande que tengo: si la excomunión de la mujer implica la imposibilidad de recibir los sacramentos como la comunión, ¿qué ocurre ahora que hace un mes que el papa Francisco informó que el infierno no existe? Hace tres años que el papa Francisco está trabajando con sus teólogos sobre la posibilidad de la inexistencia del infierno. Los que estudiamos las Sagradas Escrituras ya sabemos esto porque conocemos que la concepción del infierno viene de los libros apócrifos.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY La diputada Mayra Mendoza le consulta a Sabrina Cartabia: "¿En qué puede ayudar a las mujeres la legalización del aborto? Más allá de que las mujeres se cuiden entre ellas, ¿a qué riesgos y padecimientos las somete la clandestinidad?

SRA. CARTABIA A esta altura del partido y con todos los argumentos legales que ya se vienen acumulando, es claro que el Estado argentino tiene la obligación de cuidar a esas mujeres. En ese sentido, la legalización del aborto permitiría acceder a la tecnología. Hoy en día estamos utilizando una droga que no cumple con todos los requerimientos y no sirve, conocida como oxaprost, pero que frente a la sonda y a métodos más inseguros para realizar el aborto, salva vidas. Actualmente el misoprostol es considerado un medicamento esencial por la OMS y por lo tanto el Estado argentino tiene la obligación de brindarlo. Esto podríamos hacerlo hoy dado que en el país el aborto es legal para algunos casos y está receptado desde 1921 en nuestro Código Penal. Así es que este Congreso podría estar trabajando en el acceso al medicamento para cumplir con la ley actual.

En segundo lugar, se logrará el acceso al sistema de salud con la seguridad de que la mujer no será criminalizada sino que será recibida para tener la atención digna que requiere frente a una urgencia obstétrica. O sea que cambia radicalmente las posibilidades que tenemos las mujeres de llevar adelante estas prácticas, porque básicamente nos sentiríamos seguras.

En este punto quiero repetir que las mujeres no mueren por abortos, sino justamente mueren porque frente a complicaciones que puede tener el aborto -al igual que ocurre con cualquier práctica médica- no tienen confianza en el sistema de salud.

La legalización del aborto generaría acceso a la tecnología y la confianza de las mujeres en el sistema de salud, que es lo que necesitamos para garantizar el derecho humano a la salud de las mujeres, niñas y adolescentes y otras personas gestantes.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY En caso de saberlo, ¿podría ampliar qué significa que un medicamente sea declarado esencial por la OMS?

SRA. CARTABIA La OMS ha reconocido que este medicamento es muy importante y que justamente es necesario incluirlo dentro de las cartillas médicas de los países porque permite un salto cualitativo muy grande en relación con las emergencias obstétricas. No es lo mismo tratar emergencias obstétricas o tratar a las mujeres en situación de aborto, como tenemos en la Argentina en forma legal, con este medicamento que con tecnologías viejas, como el legrado, que también la OMS ya ha descartado. Con la AMEU, el misoprostol y la mifepristona las condiciones técnicas del acceso a esta práctica mejoran exponencialmente.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Vamos a leer la última pregunta, para concluir la reunión en horario, tal como hacemos habitualmente.

La pregunta es de la señora diputada De Ponti para la señora Cartabia. Dice así: "¿Cuáles considera que son los aspectos positivos del aborto farmacológico? ¿Qué beneficios representaría la producción pública de misoprostol y la inclusión de este fármaco en el Plan Médico Obligatorio?"

SRA. CARTABIA Me parece que este tema lo contesté anteriormente, pero mi compañera tiene algo para agregar.

SR. PRESIDENTE LIPOVETZKY Tiene la palabra la doctora Mas.

SRA. MAS Quiero comentar que la OMS no solamente menciona el misoprostol sino también la mifepristona, pero este segundo medicamento no es accesible en países en vías de desarrollo. Esto me lleva a otra cuestión referida a que la OMS, en el mapa que realiza todos los años, indica que el 98 por ciento de las muertes de personas gestantes ocurre en países en vías de desarrollo. Quiero señalar esto porque, como decía Bill Clinton: "It's the economy, stupid", y es interesante.



SR. PRESIDENTE LIPOVEZTKY Muchas gracias a todos los expositores, porque realmente las intervenciones fueron muy buenas. (Aplausos.)

Además, queremos agradecerles por el respeto y la profundidad en este debate histórico, mostrando que se puede debatir este tema con altura y tolerancia.

Los esperamos el jueves próximo, a las 9 y 30, para comenzar con la primera reunión informativa donde intercalaremos a los diferentes expositores.

Damos por terminada la reunión.